[NÚMERO XXVIII]
FÁBULA
Viernes 29 de marzo de 1816(1)
La Rata Moribunda
Una rata vieja,
estando muy mala
y para morir,
a sus hijos llama
diciéndoles tierna:
vuestra madre os habla,
hijos de mi vida,
oíd mis palabras.
Yo no tengo bienes,
ni ropa ni alhajas
que poder dejaros
en esta volada;
pero sin embargo,
porque veo que os falta
muy mucha experiencia
de esta vida ingrata,
os dejaré al menos
advertencias varias
que os servirán harto
si sabéis guardarlas.
Una gran despensa
hay en esta casa,
provista de queso,
jamones y pastas,
para el gusto; dulces,
para la hambre; sanas.
Mas también en ella
hay gentes malvadas
que a vuestra existencia
la tienen jurada,
y os previenen miles,
miles de acechanzas;
y así es menester
saber observarlas
si queréis gozar
una vida larga.
No con voraz gula
comáis toda vianda,
porque en muchas de ellas
la muerte os preparan
en píldoras, chongos,
dulces y ensaladas;
y así cuando viereis
que no os las recatan,
sino que os las dejan
do quiera tiradas,
no querráis comerlas
pues condimentadas
están con venenos
y ponzoñas malas.
Cuando unas cajitas,
viereis en la casa,
abiertas y en ellas
el queso sin guarda,
no entréis ni por pienso,
porque esas son trampas,
y si entráis en ellas
vuestra vida acaba.
Tened entendido
el que nunca basta
para con los hombres
toda desconfianza.
Son muy traicioneros:
astutos engañan,
amistades fingen
y traman venganzas.
También os persuado
que de día no salgan,
porque hay muchos ojos
en criados y criadas.
En vuestras alcobas
que os tienen y guardan,
estáis más seguros,
que no por la casa.
Pero todos estos
riesgos y acechanzas
con el señor gato
son fruta pintada.
Este inicuo bicho,
de habilidad rara,
tiene mil malicias,
tienen muchas maulas,
que todas emplea
con grande constancia
por ver si concluye
la ratona casta.
Mas, entre las de él
exquisitas mañas,
es la hipocresía
la que más adapta.
Cuando en la cocina
y junto las brasas
lo veáis sentadito,
sin hablar palabra:
los ojos cerrados,
las uñas guardadas,
rezongando sólo
dentro su garganta,
cuidado, hijos míos,
con fiar en sus mansos,
pues con ese modo,
con esa socarra
os asesta el tiro
mortal, si os atrapa.
De todos guardaos,
vuestra madre os habla;
pero del que finge
que a ninguno daña
y, bajo del nombre
de virtud, solapa
el crimen horrendo,
la fatal venganza,
guardaos otra vez,
guardaos, prendas caras,
con mayor empeño,
con más eficacia,
pues del que nos quiere
dañar a las claras,
fácil es librarnos
y dejar burladas
todas sus astucias
con prudencia cauta;
pero del que finge
que nos quiere y ama
o al menos, que nunca
de dañarnos trata,
alagando el oído
con dulces palabras,
mientras que en su pecho
nuestro daño fragua,
de éste sí es difícil
eludir la saña,
y por eso mismo
es más necesaria
la prudencia... A Dios.
A Dios... se me arranca.
El hipócrita daña de contado
aún más que el enemigo declarado.
Por eso el cuerdo trata
de tomar los consejos de la rata.
CONCLUYE EL BANDO DE LA RAZÓN, EL TIEMPO Y LA EXPERIENCIA
Nota Preventiva
Días ha que debía haber visto la luz Pública esta conclusión; pero sucedió que se deshizo el tribunal, porque el Tiempo y la Experiencia han tenido que hacer una gran viajata por el mundo, visitando a muchos que se quejan de que no tienen tiempo ni experiencia. La Razón no ha tenido que caminar, porque aunque a muchos falta, nadie lo confiesa, antes todos dicen que tienen razón para cuanto quieren, por más que sea la más declarada injusticia.
En fin, ya vueltos los dos personajes de su viaje han continuado y concluido su pragmática en esta forma.
Por cuanto ha llegado a nuestra noticia que en muchas tiendas de pulquería, donde prestan sobre prendas con el lucro de un real en cada peso, suelen perderse éstas sin más que porque se pierden, sin tener sus dueños el más mínimo documento con que acreditar haberlas empeñado, ni acción a demandárselas al tendero en juicio, mandamos: que de hoy en adelante ningún comerciante que preste públicamente sobre prendas, lo haga sin sus respectivos boletos impresos por los que conste el empeño, el plazo y cantidad, para que con este documento queden más asegurados los dueños de la ropa o alhajas empeñadas,(a) so pena de que a los contraventores se les multará en cincuenta pesos por cada vez que se les justifique el desobedecimiento de esta orden, los que se aplicarán por tercias partes: una, para el denunciante; otra, para el juez, y la tercera, para la nuestra cámara.
Habiendo sido informados de que algunas veces suelen solicitar con ansia varios libros los forasteros que vienen a México, y no los hallan porque ignoran dónde los hay, mandamos y ordenamos: que la compañía volante de libreros de hoy en adelante anden con sus respectivas divisas para que los conozcan y se hagan más útiles a la sociedad. Las divisas serán las siguientes: los capitanes, oficiales de plana mayor, hasta sargentos inclusive, traerán sus sombreros montados de pasta fina. Los soldados rasos, de pergamino, y lo inválidos, de papel.
Mandamos: que a las mamilas de las mujeres se digan tetas, que es su nombre propio, y no pechos como se han llamado hasta hoy, pues es claro que no tiene nadie tres pechos, y si alguna señora se enojare por esta mutación de nombre, atribuyéndolo a falta de urbanidad, establecemos que nadie diga que destetó a su hijo, sino que lo despechó, lo que ciertamente acreditará a dichas madres de crueles, y más que Herodes.
Siendo tan repetidos los abusos que se han introducido en la administración del alquiler de los coches que llaman de providencia, no siendo el menos frecuente el que demanden los cocheros un tanto al que deja el coche, a más del flete que han pagado por el tiempo que los ocupan, alegando dichos cocheros que los administradores se los demanden por razón del tiempo que tardan en volver al sitio; lo que es un abuso intolerable, pues nadie debe pagar más tiempo que el que ocupa dichos muebles, y más dentro de la capital. Ordenamos: que ninguno pague tales demasías a los cocheros, aunque las cobren y aleguen que se las exigen los administradores; y en el caso de que insistan, les pedirán les manifiesten la cartilla o reglamento de tales coches, pues desde el tiempo de su invención está mandado, para evitar estas disputas, que todo cochero las lleve consigo para satisfacer al público; aunque fuera mejor que dichos aranceles estuviesen fijados en las testeras de los coches para excusar excesos y reclamos.
Y para que éstas, nuestras determinaciones, tengan el más cabal y debido cumplimiento, mandamos: que sean publicadas por bando en esta capital y las demás villas y lugares de noreste.
Dado en nuestro palacio intelectual en México a 29 de marzo de 1816.
El Tiempo. La Razón. La Experiencia
(a) Ésta que parece friolera es un abuso de los que merecen corregirse, y se corregirán con una providencia como la presente. Sucede que en una casa pobre empeña la criada las prendas de ella donde se le antoja. Se sale de ella, y si es de mala fe, saca las prendas que puede y las vende. Ocurren después los dueños por ellas, y se les dice que ya las sacó la criada, a la que no se le vuelve a dar palmada.
Esto es por lo que toca a la mala fe de los empeñadores. Por lo que respecta a los tenderos, también saben algunos solaparse las prendecillas que les gustan , sin el menor escrúpulo, y luego, en diciendo: no parece; no se empeñó acá; ya lo sacaron, etcétera, quedan muy bien. Así es que el cajero tiene arbitrio para obsequiar a la madama con la mejor mascada o tuniquito, el muchacho carbonero para espumar [robar. La palabra se toma en el sentido de diluir, evaporar. En el número VIII emplea la palabra en el mismo sentido: "espuman con la mano todo lo que pueden a cuantos se descuidan"]. La sábana o lo que les hace más falta, y cuantos manejan la negociación, en siendo un poquito anchos de conciencia. Éste es abuso cierto: los pobres exigen su remedio, y éste es fácil con tal que sea dictado por el superior a quien toca.
(1) Imprenta de la calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba.