[NÚMERO XXVII]
PRAGMÁTICA, BANDO, O QUIÉN SABE QUÉ,
MANDADOPUBLICAR POR LA RAZÓN,
EL TIEMPO Y LA EXPERIENCIA
Viernes 19 de enero de 1816(1)
Nos el Tiempo, la Razón y la Experiencia, moderadores, a veces, de los mortales,etcétera, etcétera, etcétera.
Hacemos saber a los dichos que aunque en otros siglos, más felices que el maldito en que vivimos, escribió el inmortal Quevedo la Pragmática del Tiempo,(2) y también otra Pragmática general y particular para todos sexos y cada uno estantes, habitantes y transeúntes en este tramposo valle del orbe,(3) fue dada a las prensas por don Francisco de Horta Aguilera, natural de Córdoba, de quien no muchos tendrán noticia, hemos visto, con el mayor dolor, el poco o ningún provecho que han hecho sus sanciones morales en los hombres, según lo cual, nos deberíamos abandonar a su instrucción en todos tiempos pues, a fuer de necios y malagradecidos, se han hecho indignos de nuestra benevolencia y enseñanza; pero, por cuanto la venganza no nos es permitida, y antes sí, cooperando por nuestra parte con los saludables designios del Criador, debemos, por segundo instrumento, hacer ver a los míseros mortales muchos de sus inveterados extravíos para que los detesten; repetimos algunos muy útiles documentos en este nuestro edicto general, así por los fines indicados, como porque siendo estos aciagos días los más turbulentos en estos nuestros dominios septentrionales, están en ellos más desenfrenadas las pasiones, y es muy hacedero que en cada siglo haya algún intérprete de nuestros mandamientos y de las penas que imponemos a los transgresores.
Por tanto, mandamos primeramente: que respecto a haberse hecho los Dones tan comunes, que ya no sirven para distinguir las alcurnias, sino para indicar el que viste chaqueta, se calza o tiene cuatro reales, de hoy en adelante nadie se atreva a tratar de tú, ni vos, ni menos de señor Fulano a ninguno que no tenga alguna de las tres circunstancias referidas de chaqueta, zapatos, o dinero; y de tal manera, es nuestra voluntad que se observe este precepto, que se ha de decir don cochero, don aguador, doña gallinera y doña frutera, como ya por algunos loablemente se practica en estos días.
Otro sí, mandamos y ordenamos: que todos los caballeros cruzados, especialmente si lo son de las cuatro órdenes militares, de hoy en adelante anden en la calle con sus mantos capitulares, para que el común del pueblo no los confunda con los caballeros descruzados o desmantados, como vemos que lo hacen diariamente, tratando como caballeros hechos y derechos a cualquier hombre decente de ropa, sin meterse en más averiguaciones.
Item, por el mismo motivo, mandamos: que todos los doctores, recibidos en cualquiera universidad, anden en sus respectivos distritos con sus borlas y capelos puestos, así para no confundirse con los que no se han borlado, aunque sean doctos, como para que estos adornos de Minerva desquiten, haciendo lucir a las personas, algo de lo que han costado en gajes, propinas, estudios y desvelos.
Item, mandamos: que todo hombre casado, que se haya dejado dominar de su mujer, no tenga de hoy en adelante lugar en ningún empleo, destino, honra o corporación de los hombres, pues el que se sobaja al débil sexo femenino no es apto ni para gobernar una recua de burros; y asimismo mandamos que a los tales, aunque lo pretendan, no se les dé cargo alguno de los que son peculiares a las mujeres como coser, lavar, guisar, criar, etcétera, etcétera, pues es claro que el que siendo hombre hace un mal hombre, si quiere ser mujer, hará un jumento; y así, no debiéndose estos miserables reputar por hombres ni mujeres, ni estándoles bien los calzones ni las enaguas, ordenamos: que de hoy en adelante se reputen por legítimos hermafroditas, y no manfloritas(4) como dicen por ahí.
Item, por la razón antecedente, mandamos: que la mujer que advierta que tiene un marido de badana, que se deja dominar de ella, no sólo lo enfrene y lo ensille, sino que lo enjalme, encabestre y espolee como mejor le pareciere, asegurada, que por lo que toca a nuestra jurisdicción, no se le seguirá ningún perjuicio; antes bien, en el remoto y no esperado caso de que el marido interponga ante nos alguna querella criminal por sólo esto, será emplazado y degradado de la dignidad de hombre y marido públicamente, quitándole en el acto el sombrero, capa, levita, y, antes que todo, los calzones, y en este estado será entregado al brazo secular de los muchachos, para que dispongan de él a su talante.
Por el contrario, a la mujer demandada que, a pesar de la imbecilidad de su sexo y de la superioridad de su marido, ha sabido engallotarse(5) sobre él, alzarse con el mando de la casa y ambas personas y avasallarlo enteramente, ordenamos: que vestida a lo varón con pantalones, peto, morrión,(6) engarzotado y manto corto, caballera sobre un alazán del Betis, o a más no poder, sobre un retinto brioso de su tierra, con espada y bastón, sea paseada por las calles de la ciudad entre vivas y aclamaciones para honor de su sexo y confusión del masculino, pues de la altanería de las mujeres nadie tiene la culpa, sino los hombres afeminados y cobardes, porque la mujer es naturalmente dócil, humilde y amable, y sólo trueca estas bellas cualidades en sus contrarias cuando el hombre, que es su cabeza, la gobierna o la dirige mal.
Otro sí, advertimos: que no por éstos, nuestros mandamientos, queremos, ni por pienso, que los maridos sean unos tiranos de sus mujeres, ni facultamos a éstas para que se levanten sobre aquéllos con el santo y la limosna. Estamos muy lejos de semejante absurdo: esto sería huir de Scyla y sumergirse en Caribdis. Cada uno debe contenerse en sus límites. El hombre ha de ser superior como padre, y no señor como sarraceno, y la mujer ha de ser compañera sin propasarse a ser señora de su marido.
Item, mandamos: que ninguna hermosa pretendida se deje lisonjear sino con los pesos mexicanos; aunque estamos entendidos de que las más lo hacen así sin que se los manden.
Otro sí, ordenamos: que los hombres no den a ciertas mujeres sino flores, estrellas, luceros, alabastro, marfil, rubíes, rosas, jazmines, oro y perlas; pero en verso, porque esto de dar dinero cuesta mucho, y no están los tiempos para eso.
Item, mandamos: que a todo el que jurare mucho, no se le crea nada, desconfiando de él, aun cuando se presuma que no miente; como también decretamos que a los desvergonzados y hazañeros no se les tenga el más mínimo miedo, cuando se ofrezca, pues no tienen corazón, sino lengua.
Item, mandamos: que los señores jueces, aun cuando no sean togados, sean oidores, para cuyo desempeño necesitarán dos orejas, una para los ricos y otra para los pobres, teniendo cuidado que la que toque a éstos esté bien limpia de cerilla, porque como su voz es lánguida han menester la oreja del juez muy desembarazada para penetrarse.
Otro sí, mandamos: que los pobres que, a título de tales o de necios, molestan continuamente a los jueces con chismes y frioleras impertinentes, y muchas ocasiones sin justicia, no sean atendidos ni por los jueces indios, que suelen tener cuatro orejas, sino que éstos remitan sus demandas ante los maestros de escuela, maestras de amigas, celadores de la plaza del Volador(7) y caseras de casas de vecindad, que les despacharán mejor como personas acostumbradas a oír y deslindar esta clase de querellas.
Item, ordenamos: que así como los jueces han de tener dos orejas, los amigos no han de tener dos caras para mostrar una en la fortuna favorable y otra en la adversa, sino siempre una cara y ésta igual, so pena de ser tenidos por indignos de la amistad de ningún hombre de bien.
Item, mandamos: que los médicos, cirujanos y confesores que llamados de noche, con las precauciones que exige la seguridad de sus personas, y consiste en que quien llame y acompañe sea el guarda o serenero, no quisieren ir, sino que olvidados de su instituto dejen perecer a los pacientes por falta de sus auxilios materiales o espirituales, sean delatados ante sus respectivos superiores, quienes los castigarán según convenga, y después sean acusados al público en los periódicos del día siguiente, con relación del caso y noticia de su nombre, casa y ejercicio, para que todos conozcan y detesten a un asesino más de la especie humana, pues lo mismo mata al hombre el que lo priva positivamente de la vida, que el que no se la conserva pudiendo, y más en grave necesidad.
Item, mandamos: que esa tropa de ciegos y ciegas que embarazan la entrada a los templos, en especial el de la Catedral, particularmente los domingos, mendigando la limosna y atormentando a cuantos los oyen con sus plegarias, sea conducida al estanco del tabaco, donde por mal que trabajen, no dejarán dentro de pocos días de ganar su subsistencia de un modo más honroso y menos molesto a la República.
Otro sí, mandamos: que los tullidos, cojos y mudos, como que tienen sus manos buenas, sean destinados al mismo ejercicio, o enseñados a cardar, hilar, tejer, coser u cosa semejante, cuya labor no necesite de pies sino de manos, haciéndoles ver a estos probrecillos que serán menos infelices ganando por las suyas el alimento, que no viviendo atenidos al socorro ajeno, que acaso defraudan al legítimamente necesitado.
Otro sí: que los ciegos y ciegas de que hablamos, que no hallen lugar en el estanco dicho, soliciten sus fiadores, y bajo la responsabilidad de éstos, los habiliten en los estanquillos con billetes, y los autores con sus papeles, siempre con preferencia a los que tienen su vista completa y pueden buscar el medio en otra cosa.(a) De cuya práctica se seguirán infaliblemente dos grandes bienes. El primero, que estos pobres tendrán en qué buscar la vida sin importunar al público, y el segundo, que se harán más útiles tantos muchachos flojos que andan azotando las calles todo el día con un pliego de billetes en la mano, sin saber si hay Dios, y ni acaso persinarse, atenidos al mediecillo o al realillo que adquieran paseando y gritando sin cesar. Estos pobres, no teniendo este feo recurso de la ociosidad, tal vez irán a la escuela, se enseñarán a servir, aprenderán un oficio honrado, y cuando grandes hallarán qué comer con más descanso, sin pesarles de haber cedido el lugar a los miserables ciegos, sus semejantes, que necesitan este débil arbitrio con más justicia, que ellos y otros como ellos.(b)
Item. Que por cuanto tenemos noticia por personas fidedignas y timoratas de que muchos tratantes en carnes defraudan el peso que ofrecen en sus tablitas, abusando en la ciega confianza del público, con grave perjuicio de los pobres, mandamos: que todos estén alerta sobre estos robos, y a los carniceros, a quienes se convenciere de ellos, condenamos a que se les corte de la carne más momia de su cuerpo lo bastante a reemplazar el peso que robaron, dejándolos después en quieta y pacífica posesión de su oficio y si volvieren a robar, se les volverá a cercenar carne viva para reemplazar la muerta. De manera que observando fielmente esta providencia, aseguramos que dentro de poco tiempo o se acabarán estos hurtos, o se gastarán los ladrones.
Item, rogamos y encargamos a los señores censores: no dilaten mucho las obras de los autores que se someten a su revisión, así por excusar a éstos los atrasos que se les siguen de la dilación, como por estar mandada la más posible prontitud en su despacho por decreto de marzo último, dado por el señor don Fernando VII (que Dios guarde). Teniendo dichos señores presente que hay papeles que son como los arbolillos de pólvora que hacen los coheteros, que en no estando para el día y la hora de la fiesta, se quedan con ellos y pierden su trabajo, y hay otros que en no saliendo a la luz del día que el público los espera, según los autores le previenen, pierden el crédito, y ya después, aunque salgan, tienen poca aceptación y compradores.
Otro sí, mandamos a todos los impresores o cajistas: que de hoy en adelante pongan más cuidado al tiempo de componer y corregir sus plantas, porque son muy garrafales sus yerros, y la peor es que hay personas que los imputan a los autores.(c)
Item, mandamos: que, con arreglo a lo ya mandado por el superior gobierno sobre que no se vendan licores en las tabernas y pulquerías los días festivos hasta las doce y media, se observe dicho precepto en los cafés, pues nos han informado que lo menos que en tales casas se vende es café.
Concluirá
(1) Imprenta de la calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba.
(2) Pragmática del tiempo. La premática del tiempo "Bosquejo y fundamento de esta composición fueron las Premáticas y Aranceles generales, que van insertas, escritas, en mi sentir, a principios del año de 1613.
"...retocadas y mejoradas sobre todo encarecimiento en 1628, aparecieron con el nombre de Premática del tiempo, al folio 152 del libro que se titula Desvelos soñolientos y discursos de verdades soñadas, impreso en Barcelona por febrero de 1629." Cf. Obras de don Francisco de Quevedo y Villegas I en Biblioteca de autores españoles desde la formación del lenguaje hasta nuestros días, col. completa, corregida y aumentada por don Aureliano Fernández Guerra y Orbe, Ed. Atlas, s. f., t. XXIII, p. 438, nota a.
(3) Pragmática general y particular... Seguramente apareció en las Premáticas y Aranceles.
(4) manfloritas. Variante de manflor. Se aplica con el sentido de hermafrodita y, por extensión, afeminado, marica. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(5) engallotarse. Ponerse altanero. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(6) morrión. La prenda del uniforme militar a manera de sombrero de copa. El morrión era el alto quepis de los uniformes de la época napoleónica.
(7) plaza del Volador. Cf. nota 3 al núm. XXIII.
(a) Ya estoy pronto a dar el ejemplo, y aun deseara que este ramo de industria fuera privativo de los ciegos mendigos. Traemos noticia de que en Cádiz, Madrid y otras partes así se practica, teniendo los ciegos otro compañero, que llaman capitán, el que les reparte los billetes y papeles, sin que otros puedan usar éstos.
(b) No quieran decir los ciegos que para esta diligencia necesitan un lazarillo que los lleve de diestro, porque ésta es una disculpa frívola, y si no díganme ¿cuántos de ellos andan pidiendo limosna sin más auxilio que un bordón? ¿Y cuántos también ciegos (a lo menos conozco dos) andan solos, buscando su vida con billetes? Conque no hay disculpa. Fuera de que muchos y muchas, mientras van a pedir limosna, dejan en sus casas a sus muchachos solos ¿y haciendo qué? ¿No fuera mejor traerlos consigo?
(c) En el diario del 1° de este año, echándole la culpa al padre Alzate [José Antonio Alzate y Ramírez (1737-1799). Mexicano. Bachiller en teología. Inició un semanario Diario literario de México que ulteriormente se llamó Asuntos varios sobre ciencias y artes. En 1787 fundó otra revista científica Observaciones sobre la física,historia natural y artes útiles que dejó para dedicarse a la edición de sus Gazetas de literatura, donde recoge todo el movimiento científico de su época. Como homenaje a este personaje se fundó la sociedad científica "Antonio Alzate", actualmente, "Academia Nacional de Ciencias de México"]. Se habla sobre el tiempo propio para sembrar alcaparrosa. El original diría alcaparras, pero un descuido tamaño sujetó a la siembra de un mineral.