[NÚMERO XIII]

LOS CONSEJOS DE BIRJÁN(1)A SUS DISCÍPULOS NUEVOS(2)

 

Martes 20 de junio de 1815(3)

Muchachos: ya que una mano piadosa me ha sacado hoy a la plaza del mundo en mi macilenta sombra de los lúgubres espacios que habito, sería un ingrato, un maestro abandonado y, sobre todo, de un conciencia de gamuza si perdiendo estos preciosos instantes, no los dedicara a vuestra mejor ilustración y aprovechamiento.

Sí, hijos míos, oídme y escuchad con cuidado mis lecciones, pues no sabéis cuánto os pueden servir en la nueva carrera que tratáis de emprender.

Yo no ignoro que hallaréis por esos mundos sujetos inteligentísimos y diestrísimos, sin comparación, más que yo en la arte lusoria,(4) o en la ciencia del juego; porque es problemático en el día si es ciencia o arte. Sí, hijos míos, hallaréis hombres maravillosos, titereros(5) admirables, fulleros incomprensibles y ladrones decentísimos; pero aunque os arranquen la camisa con sus suertes, y aunque os dejen a un pan pedir con sus magias, no serán capaces de daros una lección que os aproveche, pues en vuestra ignorancia consiste su utilidad.

Yo sí, queridos míos, como desengañado y arrepentido de haber puesto en sus manos los débiles instrumentos de vuestra destrucción, os daré cuantas lecciones pueda y os advertiré de todos sus engaños para que, ya que juguéis, a lo menos ni permitáis que os enreden con sus sutiles drogas, ni vosotros mismos las hagáis jamás a otros inocentes novicios.

Mas advertid, que os enseñaré las drogas que yo sé, pues os aseguro ingenuamente que no sé todas las que ellos hacen, porque yo sólo inventé las barajas, según dicen (que eso anda en opiniones), pero ni noticia tuve de la mitad de los juegos y fullerías que ellos han inventado; de modo que, si yo volviera al mundo, a mí me habían de envolver como un tamal esos bribones. Conque si yo no me juzgo seguro de sus uñas, ¿qué podréis hacer vosotros, pobres jovencitos aprendices?

Por esto, y en descargo de mi conciencia, voy a instruiros un poquito para que no abracéis tan ciegos la carrera, que siempre fuera mejor no comenzarla; pero sabed que si os desentendéis de mis avisos y no aprovecháis estas lecciones, no tendréis que quejaros de mí, ni menos maldecirme como hacen tantos pícaros tontos o desperdiciados que al perder un albur o el último medio, prorrumpen en maldiciones contra mí, y empiezan: mal haya Birján, reniego de Birján, y torna Birján y vuelve Birján sin tener el menor respeto a mi sombra, a la que no le dejan hueso sano, y la que se podría quejar con razón y decirles:

 

De vuestra mala elección
me hacéis autor ¡cosa torpe!,
que erréis el albur vosotros
y yo cargue los baldones.
 
Necios, ¿por qué maltratáis
de Birján la sombra pobre?,
ya murió, ya está enterrado,
no despedacéis su nombre.

 

Caigan sobre ellos, amén, todas las maldiciones con que me hieren y sobre vosotros también, tiernos alumnos, si a pesar de mis buenos deseos no os aprovecháis de mi doctrina. Basta de exordio.

El juego, racionalmente tomado, no sólo no es vicio, sino antes una virtud moral que se llama eutropelía,(6) o algarabía si no me entendéis; mas yo no trato de dejaros en duda de cuanto pueda conducir a vuestra ilustración. Eutropelía es aquella prudencia moral que nos enseña a dar treguas a nuestras fatigas ya corporales, ya espirituales, mediante una moderada diversión que, restableciendo con la alegría la natural laxitud de nuestro espíritu, nos vuelva más alegres y entonados al trabajo.

Éste es el juego virtuoso, ya restablezca nuestros espíritus disipados por la continua atención del alma a objetos serios, ya reagilite(7) nuestros miembros cansados con un monótono ejercicio; y ya veis que el juego tomado de esta suerte no es vicio; antes sí, una virtud moral que pone medio entre la pereza y la fatiga: entonces, claro es que son laudables los juegos de bolos, pelota, billar, malilla,(8)tresillo(9) y otros; pero, ¿qué circunstancias se requieren para que sean inocentes los juegos? Ahí está el busilis de la dificultad, porque son tantas, tales, y tan repugantes a vosotros, amados discípulos míos, que sin temeridad aseguro que no os han de gustar, y por lo mismo no las observaréis a tres tirones.

En primer lugar, es preciso que el tiempo que se gasta en el juego sea el justamente necesario para reparar, o nuestros espíritus, o nuestras fuerzas; y no un tiempo ilimitado o que propase esta primera ley. ¿Y quién será aquel jugador tan prudente que tenga cuidado con el tiempo, y más si está perdiendo, cuando no lo tiene de su dinero, de su destino, de su honor, de su casa, de su mujer, de su salud ni de su alma? La respuesta queda a vuestra juiciosa consideración.

En segundo lugar, el interés que media en el juego, y que es circunstanciasimpliciter necesaria y conditio sine qua non el dicho juego no divierte... Permitidme estos pedantismos alguna vez, porque como soy viejo y acuñado o vaciado en el molde de los peripatéticos, no me hallo sin echar mis latinajos de cuando en cuando, vengan o no al caso, entiéndanme o no las personas con quienes converso, y soy tal que encajo un ergo, un texto latino y un silogismo en frisesomorum en un estrado de señoras o en un corrillo de barberos; pero no soy yo sólo quien incurre en este grosero defecto: tengo muchos compañeros parciales de esta misma doctrina, contando por mi parte la ventaja de que yo confieso mi error, y ellos ni lo conocen. Vamos al caso. Dije que en no mediando interés no hay diversión en el juego. De manera que la diversión se aumenta a proporción que se aumenta el número de pesos, onzas o ya medios o reales que se apuestan.

Es lícito que medie algún interés en el juego y que se deposite como premio destinado al más hábil, supuesto el convenio o pacto mutuo de los contendientes. Esto es evidentemente justo, un contrato legal, y hasta aquí no tenemos novedad, ¿pero cuál ha de ser la calidad con que, de justicia, se deba adquirir este interés o premio depositado? ¿Cuál su cantidad? ¿Quiénes los que lícitamente puedan comprometerse? ¿Y de qué clase de bienes se han de celebrar las apuestas? Son éstas unas dificultades tan peliagudas, tan poco comprehensibles a la mayor parte de vosotros y tan despreciadas de todos que, si no fuera por el natural cariño que os profeso ¡oh noveles hijos míos!, me echaría un cuerno en la boca y no os hablara sobre esto una palabra; mas me he propuesto ilustraros. Si quisiéreis, escucharéis mis doctrinas; y si no, haced lo que se os antojare, que ni a mí me han de llevar los diablos, ni me han de pelar los fulleros; conque así, cuidado y atención.

Dicen los que lo entienden, que una de las calidades que deben constituir el juego lícito es que el interés se lleve sin ventaja maliciosa, que quiere decir, sin droga, pues la ventaja que resulta de la mejor inteligencia de uno de los jugadores no es maliciosa y por lo mismo no es ilícita, y así los engaños mutuos que se hacen, verbigracia, tapando una bola en el billar, o jugando bajo el siete en la malilla,(10)etcétera, son trampas legales y se pueden hacer sin reato;(11) pero las diligencias de los fulleros en amarrar(12) un albur, espejearse,(13) colearse,(14) florear las cartas,(15) dar empalmadas,(16) y otras gracias de éstas, de que ya os hablaré, son ventajas ilícitas y endiabladas: estas habilidades de tales maestros substituyen los trabucos, pistolas y carabinas de que usan los salteadores. Tanto roban, y tanto mal hacen los ladrones de caminos de que hablo, como los ladrones de la ciudad en las mesas de juego con los naipes en las manos; tan ladrones son unos como otros; no hay más diferencia sino que aquéllos exponen su vida y se puede alguno librar de ellos, y éstos roban impunemente sin ningún riesgo, y el infeliz tonto que cae en sus manos no puede escaparse de sus uñas, porque ignora su mala fe y no sabe comprehender sus sutilezas.

¿Y os parece, hijos míos, que esta clase de ladrones es muy rara? ¡Pluguiera a Dios que en cada mesa de juego no hubiera más que seis o siete! Pero, a la verdad, se pueden contar en docenas, y si no hacen todos de las suyas es, o porque ya son conocidos, o porque hay otro más vivo que ellos a quien respetan.

Y no entendáis que mi proposición es avanzada. El juego dicen que es el crisol de los hombres y dicen bien, porque en el juego media el interés y este interés es un resorte que mueve, más que otra cosa, las pasiones de los hombres en un grado violentísimo; y por esto, el hombre que en su trato particular es muy legal, muy fiel, hombre de bien, afable, atento, cortés y bien hablado, en el juego lo vemos con frecuencia grosero, malcriado, iracundo, provocativo, y lo que es peor, fullero y droguerillo,(17) que se la hará al primero que se descuide. Ésta es la fuerza del maldito interés que perturba la razón más bien ordenada y hace unas transformaciones endiabladas.

Hablaremos ahora de las demás circunstancias que el juego ha menester para ser lícito, del reato tan grave que tienen sobre sí estos tramposos y lo difícil que les es salvarse según las más seguras reglas de la moral; pero esto será el jueves próximo porque ahora tengo que encolar unas barajas.(18) Esperadme.

 

REFLEXIONCILLA

SOBRE LAS LIMOSNAS MANDADAS EN TESTAMENTOS

Santa y loable costumbre es dejar en los testamentos algunas mandas en favor de las niñas doncellas pobres; pero no serían menos generosas y ordenadas las limosnas que se dejaran en favor de los casados pobres de ambos sexos; antes, en mi concepto, serían, tal vez, más gratas a Dios y útiles al Estado.

Prescindiendo de los grados de perfección a que puede llegar la limosna considerada como virtud moral, es indudable que el beneficio se agradece a proporción de la necesidad con que se recibe, y es inconcuso que el más indigente es el más acreedor a los socorros. Pues bien ¿quién será más necesitado una niña doncella pobre, o un pobre casado o casada? Yo afirmo que éstos con preferencia a aquélla, suponiendo en todos una necesidad legítima y una conducta arreglada.

La niña doncella o es bonita o no lo es; si lo primero, ya con su carita tiene una ayuda de costa para pasarlo sin miserias, o por bien o por mal; aunque esto último es fatal. Si lo segundo, esto es, si no es bonita, procurará ser honrada, juiciosa, humilde y hacendosa, en cuyo caso logrará un buen casamiento por su virtud, o una protección honesta, o una casa honrada. Esto no es imposible: cada día se ve, y si no se ve con frecuencia es porque hay mujeres con quienes fue mezquina la naturaleza, y ellas, por otra parte, no han cuidado de adornar su espíritu, y con todo eso aún se dice que: la fortuna de la fea la bonita la desea. Conque queda probado que las niñas doncellas no son las más desgraciadas ni las más acreedoras a las limosnas públicas en clase de pobres.

Pero un pobre casado con una mujer y tres, cuatro o más muchachos que lo esperan al medio día para comer, y va llegando a su casa cansado de andar y apurar sus infructuosos arbitrios, sin un real en la bolsa, ¿no será, sin duda, más digno de lástima, más necesitado y más acreedor a un socorro generoso que una niña doncella?

Una pobre casada con familia y con un marido que, lejos de serle apoyo, le es embarazo por su inutilidad y una cruz por sus vicios ¿no es más digna de compasión y de limosna? Pero de esta clase de pobres no hay quien se duela. Es hombre; es casada, tiene marido. He aquí el caudal que se considera en estos infelices para no ejercitar con ellos la caridad que la exijen con más justicia que las doncellas.

Ricos, consultad esto con los doctos, veréis apoyada esta verdad, y extenderéis vuestras piedades a esta clase de infelices que son tan útiles al Estado.


(1) Birján. Vilhán, a quien se le atribuye la invención de los naipes. Se tuvo a este personaje como un ser mítico, dios del juego. También habla de él Cervantes enRinconete y Cortadillo.

(2) Fernández de Lizardi insiste frecuentemente en el tema del juego. En Todos contra el Payo dice:

"Las noches y días pasaba
en el Birján divertido.
A ver si ahora restauráis
el juicio que habéis perdido."

 

Cf. José Joaquín Fernández de Lizardi, Obras II. Teatro, edición y notas de Jacobo Chencinsky, prólogo de Ubaldo Vargas Martínez, México, Centro de Estudios Literarios, Universidad Nacional Autónoma de México, 1965 (Nueva Biblioteca Mexicana 8), p. 161. Una de sus poesías se titula De Venus, Baco y Birján. ¿A cuál van? o continuación del juguetillo titulado El Bando de Lucifer. Cf. José Joaquín Fernández de Lizardi, Obras I. Poesías y fábulas. Investigación, recopilación y edición de Jacobo Chencinsky y Luis Mario Schneider, estudio preliminar de Jacobo Chencinsky, México, Centro de Estudios Literarios, Universidad Nacional Autónoma de México, 1963 (Nueva Biblioteca Mexicana 7).

(3) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui

(4) arte lusoria. Fernández de Lizardi emplea esta palabra en el sentido que le dio Plinio: arte de lo perteneciente al juego y a sus instrumentos.

(5) titereros. Titiriteros.

(6) eutropelia. Eutropelía es el discurso, juego cualquier ocupación inocente quese toma, por vía de recreación honesta, con templanza.

(7) reagilite. Vuelva a dar agilidad.

(8) malilla. Juego de naipes en que la carta superior malilla es para cada palo el nueve.

(9) tresillo. Juego de naipes.

(10) jugando bajo el siete en la malilla. Posiblemente cuando la carta superior —malilla— es el siete.

(11) reato. Obligación que queda a la pena correspondiente al pecado, aun después de perdonado.

(12) amarrar. Atar, disponer algo de modo que el éxito no esté sujeto a contingencias. Cf. Santamaría. Dic. mej.

(13) espejearse. Esta voz se empleó con el sentido de dejarse ver la puerta en la baraja, haciendo en seguida el cambio del naipe para robar al punto que espía, y que resulta así fallido en su intento de hacer otro tanto al montero, cargándose la carta vista. Cf. Santamaría Dic. mej.

(14) colearse. En El Periquillo Sarniento también dedica varias páginas al juego. En esta novela emplea este vocablo... "colearte, espejearte y varias otras cositas tan finas y curiosas como éstas..." Cf. José Joaquín Fernández de Lizardi, El Periquillo Sarniento, pról. de Jefferson Rea Spell, México, 4ª ed., Porrúa, 1962, p. 121

(15) florear las cartas. Disponer el naipe para hacer la trampa.

(16) dar empalmadas. Empalmar es juntar dos cosas. Dar empalmadas es dar dos cartas juntas en vez de una, o sea, hacer una trampa.

(17) droguerillo. Droguero, tramposo, mal jugador. Cf. Santamaría. Dic. mej.

(18) encolar unas barajas. Probablemente pegar dos cartas, para tomar dos en lugar de una, o bien darles una mano de cola para que queden brillosas y adquieran consistencia de nuevas.