[NÚMERO II]
SOBRE LA DIVERSIÓN DE TOROS
Mariquita y Serafina
MARIQUITA: ¡Gracias a Dios que te encuentro, Serafina! ¡Jesús, y lo que te das a desear!
SERAFINA: Eso te he de decir a ti. El otro día te fui a buscar a tu casa y no te hallé en ella.
MARIQUITA: ¿A mí?
SERAFINA: Sí, a ti.
MARIQUITA: ¿Qué día fue?
SERAFINA: El martes de la semana pasada.
MARIQUITA: ¡Ah, sí! Estaría yo en los toros.
SERAFINA: Pues, ¿qué dices?, en los toros. Eso sí, tú te diviertes alegremente. Haces muy bien, gozas del sol mientras dura.
MARIQUITA: Pues, dices bien, ¿y tú no te diviertes? ¡Pobrecita!
SERAFINA: Yo, apenas.
MARIQUITA: ¿Apenas? No te digo, me aseguran que no has perdido toro.
SERAFINA: Es cierto niña, pero ¿qué hemos de hacer? Gozaremos de nuestra edad, pues en llegando la vejez ¿quién hará caso de nosotras?
MARIQUITA: Por eso yo trato de divertirme ahora que puedo. ¿Y qué has hecho para habilitarte?
SERAFINA: ¿Qué he de hacer, mi alma...? Don Crisanto...
MARIQUITA: ¡Cómo! ¿Qué dices? Ya por fin ese viejo disfrutó de...
SERAFINA: Calla, mi alma, ni lo permita Dios. ¿Cómo había yo de emplear tan mal mi tercera virginidad? ¡Jesús!, y luego con un viejo tan sucio y tan baboso. Lo que estoy haciendo es entreteniéndolo o chongueándolo(2) mientras pasan las corridas de toros. Él es un guaje;(3) está nevando y creyendo, como dicen, en el tecolote.(4) Me ha hecho tres túnicos,(5) un tápalo,(6) dos pares de medias, seis de zapatos; he comido y bebido y he visto toros, y he de ver todos los que faltan.
MARIQUITA: Pero en acabándose los toros, tú te quedas con el buey.
SERAFINA: ¿Quedarme como el diantre?, quizá soy de las muy zonzas.
MARIQUITA: Pues ¿qué has de hacer?
SERAFINA: ¿Cómo qué? Le echaré encima otro, y si no basta, le echaré dos o tres.
MARIQUITA: O diez, o doce, que eres bonita, y no te faltará un regimiento; aunque está el tiempo, niña, dado a Judas. Es fortuna hallar un viejo bobo que medio aliñe a una mujer y la lleve a los toros, porque los mocitos currutaquillos(7) tienen mil prendas, pero en la tienda.
SERAFINA: Es verdad, niña. Yo, antes de los toros, tenía un muchacho como una vida, pero pelado como un tomate. Lo despedí, mi alma, ¿qué había de hacer si no tenía ni para llevarme al tendido?
MARIQUITA: Yo he tenido grandísima fortuna, porque don Ciríaco, aunque no es muchacho bonito, pero en fin es pasadero, y tiene dinero que es lo más.
SERAFINA: Pues, niña, ¿qué ya hiciste las paces con don Ciríaco?
MARIQUITA: Sí, mi alma, ¿y qué había de hacer?
SERAFINA: Pues, ¿y aquellos juramentos, y aquellos propósitos que hiciste cuando entraste a Belén a ejercicios? ¿En eso pararon?
MARIQUITA: Sí, niña, el diablo tienen estos toros; no he visto cosa más bonita, ni diversión más alborotadora, aún los que afectan moderación y dicen que los toros son un espectáculo bárbaro y unos residuos del gentilismo, que es unquid pro quo (así dicen, y no sé qué quiere decir este latinajo). Que es, dicen, un suplemento de los gladiatores de Roma, que es una diversión sangrienta y propia para hacer corazones feroces y desnudar a los simples de toda idea de sensibilidad, acostumbrándolos a ver derramar sangre, ya de brutos y alguna vez de hombres... Aun estos hipócritas camanduleros, que declaman tanto contra esta diversión, concurren a ella de tropel, y si alguno les da con el trapo sucio en la cara, diciéndoles ¿que cómo hacen contra lo que abominan?, responden: que sus mujeres, que sus hijas, que no hay más que ver, y otras impertinencias a este modo. Pues si esto hacen los sensatos, los vejancones, los que presumen de sabios y moderados, ¿qué haré yo que no presumo de nada de eso? Quebrantara, no digo un juramento, una docena; aunque los acabara de hacer ante un escribano real y público.
SERAFINA: Sí, mi alma, peor es verse una en la necesidad de empeñar los tuniquitos y aun las naguas blancas, como la pobre de Pachita: no le ha quedado a la infeliz más que la cascarita; pero eso sí, ella todo lo tiene en la tienda con un real en cada peso, pero no ha perdido toro.
MARIQUITA: Por eso yo quebranté mi juramento.
SERAFINA: Y yo por eso tengo mi viejo.
MARIQUITA: ¿Habrá cosa más bonita que ver el circo coronado de gente lucida? ¿Hay rato más alegre como el que media entre el paseo y la partición de plaza?
SERAFINA: Y cómo que no, niña, a mí me complace demasiado ver a los tunantillos pasearse y hacer sus muecas a las lumbreras. El otro día iba yo a tener una del demonio por eso con el viejo; pasó un mi querido... pues, no por mal, y me echó el anteojito encima...
MARIQUITA: Pues qué, ¿es viejo, mi alma?
SERAFINA: No, no es viejo, es muchacho criatura; pero como ahora es moda usar anteojito aun los que no lo han menester, y algunos he visto yo que no teniendo seis reales para un anteojito, traen un vidrito cualquiera embutido en hoja de lata porque es moda, y no se pueden pasar sin él.
MARIQUITA: Sí, vamos, ¿qué te sucedió con el currillo?(8)
SERAFINA: Que me conoció y me gritó: ¡A Dios!, linda, me alegro de verte tan bien empleada.
MARIQUITA: Pues qué, ¿iba el viejo contigo?
SERAFINA: ¿Pues cuándo se separa?, parece cadera con cola.
MARIQUITA: ¿Y qué te dijo?
SERAFINA: ¿Qué? Me armó un cuarto terrible; pero yo le dije que era mi primo, que si quería lo creyera, y si no, que se fuera a la... y él como está esperando la hora de la promesa, se calló el hocico y pasó la cosa.
MARIQUITA: Yo me alegro. Conque, mi alma, a Dios.
SERAFINA: A Dios, negrita. Hasta el sábado.
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.
(2) chongueándolos. Chonguear significa requebrar por pasatiempo, embromar, dar zumba. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(3) guaje. Bobo, sandio. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(4) tecolote. Creer en el tecolote es una expresión familiar que denota la creencia en consejas o cuentos. Aquí está empleada con el sentido de creer mentiras, cuentos. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(5) túnicos. Las definiciones que figuran en los diccionarios de la Real Academia, Santamaría, Malaret, etcétera, no son aplicables al túnico de los tiempos de Fernández de Lizardi. A juzgar por las sátiras que se leen en el Diario de México e incluso por lo que Fernández de Lizardi escribe en diversas composiciones, el túnico era el vestido femenino a la moda francesa, de los tiempos del Directorio a los primeros años del Imperio, tardíamente llegada a la Nueva España. Por extensión, durante algunas décadas siguió aplicándose ese nombre a los vestidos femeninos en general, aunque ya no fuesen en forma de túnica sino compuestos de corpiño y falda muy ancha.
(6) tápalo. Rebozo o manto con que se tapan las mujeres.
(7) currutaquillos. Afectados en el uso de las modas.
(8) currillo. Diminutivo de curro: señorito o señor bien puestos. Cf. Santamaría, Dic. mej.