[NÚMERO 9]

PRIMER SOMBRERAZO DE EL PENSADOR MEXICANO

 

AL NÚMERO 6 DE LA AVISPA DE CHILPANCINGO,

EN LA NOVENA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)

 

Primero. El que toca al señor presidente de la República.

Segundo. Sobre el que trata de trabar o, por mejor decir, abolir la libertad de imprenta.

Tercero. Sobre el que me toca a mí como impugnador del manifiesto sedicioso del obispo de Sonora.

Cuarto. Sobre la defensa que hace del Estado Mayor. Si logro impugnar a este caballero con el decoro que tanto recomienda, creo que habré llenado mis deberes. Comenzaremos.

Dice: "Que la moderación del presidente nos está matando, y en cierto modo está envalentonando a dos o tres sediciosos (en este número voy yo seguramente) para que nos armen una chirinola(3) tal, que cuando quiera hacer valer sus facultades, ya sea muy tarde. Esta templanza toca ya en el extremo de la impunidad, y ésta pasa a insolencia si no se contiene con mano fuerte." Esto quiere decir que el señor presidente es un papanatas, o un hombre para nada, que no sabe reprimir los abusos que hacen de la libertad de imprenta dos o tres escritores sediciosos, a quienes debe temer más que a la Liga.(4)

Lo más espantoso que trae el número 6 de La Avispa es el remedio que el gobierno propone a la Cámara para cortar de raíz los abusos de la libertad de imprenta.

Los obispos están sujetos a las leyes lo mismo que el último plebeyo, y como donde la ley no distingue ni nosotros debemos distinguir, se sigue que al obispo de Sonora se debe castigar como a un sedicioso y traidor de la patria, sin que haya miedo el señor Bustamante de que el pueblo católico pierda el respeto a la dignidad episcopal, porque vea castigar a un obispo traidor. Los primeros cristianos no le perdieron el respeto a los apóstoles porque vieron a un apóstol ahorcado. Supplicium est poena pecati: siempre el castigo sigue al delito, lo mismo que el premio a la virtud. Lo temible es que el pueblo, viendo el disimulo, indiferencia o miedo con que se ha conducido en esta vez, dejando impune el delito mayor que puede someterse en la República, le falte al respeto a las leyes.

Los primeros culpados en esta escandalosa impunidad fueron los jurados, quienes tuvieron la debilidad de asentar bajo sus firmas que yo con mi denuncia los había comprometido.

Quisiera preguntarles, ¿a qué, con quién, o cómo? Yo hice lo que todo buen patriota, celoso de la conservación de los derechos de su patria, que es denunciar los impresos notoriamente sediciosos. Los jueces de hecho deberían haber procedido con justicia y energía, declarando haber lugar a formación de causa, sin salir con la ridícula especiota de que no lo podían declarar así porque su autor no estaba en este Estado. Efugio(13) tan absurdo no hubiera tenido lugar en las desconcertadas cabezas de los locos de San Hipólito,(14) pues con él nada menos se autoriza que la pública sedición. Basta por ahora.

México, 5 de marzo de 1825.

El Pensador

 

NOTAEl señor Bustamante con una confianza admirable dice: "que el público no ha visto con agrado la declaración que se acaba de hacer por la Cámara de Diputados de que las milicias provinciales estén sujetas inmediatamente a un inspector, con total separación del Estado Mayor General". Se le puede asegurar al señor Bustamante que se equivoca de medio a medio en su concepto. Al público poco le interesa que sea éste o aquél el régimen militar en su gobierno. Lo que le importa es que la milicia lo defienda de las agresiones extranjeras, y que conserve el orden interior. En esto siempre toma parte; pero en la economía militar jamás se mete. Para el público lo mismo es que las tropas se distingan por nombres que por números, que se vistan de ésta o aquella manera, que tengan inspector o Estado Mayor, etcétera, etcétera.
El público que desea la abolición del Estado Mayor, es el público militar, y éste está violentísimo con tal sobrehueso. Indague la opinión el señor Bustamante en los portales, cafés, sociedades, cuarteles y calles, y se convencerá de que por cuarenta individuos que desean la perpetuidad del Estado Mayor, hay cuarenta mil que desean su extinción.
Soy imparcial en la materia, porque ni me favorece el Estado Mayor ni me perjudica; y así cuando he expuesto mi opinión en este particular, solamente he repetido la común.
OTRA. Los calendarios(15) de El Pensador dedicados a las señoras patriotas, se venden en esta oficina a dos reales.

 


(1) Imprenta de don Mariano Ontiveros.

(2) Bustamante. Cf. nota 8 al núm. 5 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria. Respecto a La Abispa [sic] de Chilpancingo diremos que el volumen I, integrado por treinta números y un suplemento en forma de cartas, fue editado en la Imprenta de don Mariano Ontiveros, México, de 1821 a 1822. El volumen dos está integrado por diez números, los cinco primeros editados por la Imprenta de Martín Rivera y los cinco segundos en la Imprenta de La Águila. Concretamente el número 6 está editado en México, Imprenta de La Águila, el 19 de febrero de 1825, y abarca las páginas 45 a 52. Cf. Guía bibliográfica de Carlos María de Bustamante, trabajo realizado por el Seminario de Historiografía de la Facultad de Filosofía y Letras, bajo la dirección del doctor Edmundo O'Gorman, México, UNAM, 1967 (Centro de Estudios de Historia de México).

(3) chirinola. Pendencia, disputa.

(4) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(5) atarantados. Aturdidos, espantados.

(6) juri. Cf. nota 17 a El Payaso de los Periódicos.

(7) Prisset. Cf. nota 26 al núm. 2 del t. II de las Conversaciones del Payo y el Sacristán

(8) José Marchena. Cf. nota 8 al núm. I7 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán

(9) Iturbide. Cf. nota 2 al núm. 1 de El Amigo de la Paz y de la Patria.

(10) Payo del Rosario. Cfnota 2 al núm. 2 del t. II de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.

(11) José González Retana. Natural de la Nueva España, colegial del Seminario Tridentino de México, abogado de su Audiencia y del Colegio de Abogados. Escribió:Informe en derecho a favor de los legatarios de don Francisco Linares, y contra los albaceas de éste. Imprenta de Ontiveros, 1807.

(12) Solamente tenemos datos muy ambiguos de un Francisco Santoyo, quien pidió al Congreso en sesión de 5 de abril de 1825 la lista de expedientes que habían pasado a las comisiones, salvo los que se habían despachado, y de los que quedaban pendientes. El 28 del mismo mes Francisco Santoyo pidió que le fueran regresados catorce mil seiscientos pesos en tabaco en rama, de los dieciocho mil que se le adeudaban, y cedía cuatro mil pesos a la nación.

(13) efugio. Evasión, salida, recurso para sortear una dificultad.

(14) San Hipólito. La iglesia, el convento y el hospital de San Hipólito no fueron en un tiempo más que una sola cosa. Su fundador, Bernardino Álvarez, obtuvo los terrenos junto a la ermita de San Hipólito para la construcción de este hospital. Actualmente el edificio está en Avenida Hidalgo. A éste se le dio el uso de manicomio.

(15) Calendario. Cf. nota 12 al núm 1 del t. II de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.