[NÚMERO 7]
CORREO SEMANARIO DE MÉXICO(1)
Miércoles 3 de enero de 1827
El precio de la subscripción a este periódico serán 6 reales mensales en México y un peso fuera. Se reciben las subscripciones en esta capital en la Librería del difunto Ontiveros; en Durango,(2) en casa del ciudadano Pedro Carrasco; en Guadalajara,(3) en la del ciudadano José Ignacio Herrera; en Tlacotalpan,(4) en la del ciudadano coronel Joaquín García Terán; en Perote,(5) en la Administración de Correos, y se irá advirtiendo en qué otras de otros lugares, según se proporcionen correspondientes.
PAPAS
20 CORNELIO
De 250 a 252
Cisma primero
Los cristianos de Roma pensaron que podía ser útil suspender la elección de sucesor de san Fabián hasta que cesara la persecución de Decio, o que a lo menos se mitigase; por lo cual san Cornelio no fue obispo romano hasta 4 de junio de 251, después de quince meses cumplidos de vacante.
Pero este suceso nos confirma el juicio de que el espíritu de ambición dominaba en el clero romano pues, a pesar del peligro de las persecuciones, se miraba ya el pontificado como empleo digno de apetecerse. Novaciano,(6) presbítero de Roma, formó partido en su favor para ser elegido sumo pontífice; perdió la votación; pero pretextando varias nulidades a los votos dados a favor de Cornelio, intentó persuadir que sólo él era obispo legítimo de Roma. Procuró hacerse consagrar y fue el primer antipapa de la Iglesia universal. Formó cisma, y aun añadió la herejía, porque negó a la Iglesia la potestad de perdonar los pecados cometidos después del Bautismo, diciendo que esto sólo pertenecía a Dios, en cuyo asunto y el de cisma se auxilió de Novato el Africano.(7)
Cornelio fue desterrado, después de vuelto a Roma, y murió por orden de los emperadores Galo y Volusiano. Es forzoso creer que el pontificado romano suponía posesión de cosas agradables para que hubiese candidatos tan eficaces, sin embargo del peligro de perder la vida. San Dionisio de Alejandría(8) escribió a Novaciano que renunciase por su bien propio y por el de la Iglesia; pero éste no siguió el consejo, Cornelio escribió también a las iglesias de Alejandría, Antioquía, Cartago y otras muchas principales del orbe cristiano, dando razón de lo sucedido, y tampoco renunció por evitar el cisma. ¿Cuál sería el aliciente de un destino tan peligroso? El deseo natural del hombre de tener más honores, más poder y más riquezas. El número de los cristianos había crecido mucho. La constancia y alegría con que morían los mártires era semilla que multiplicaba ciento por uno. Había ya muchos personajes de alto rango y muy ricos. Éstos hacían oblaciones cuantiosas para socorro de los cristianos encarcelados o condenados a trabajos públicos. Todo se depositaba en poder de la persona designada por el sumo pontífice, quien por sí mismo (después de oír los informes y dictámenes del clero) distribuía el dinero en favor de aquéllos o de viudas, huérfanos, enfermos, pobres y demás necesitados que profesasen el cristianismo. Esta facultad y la de ser distinguido ya de todos los otros obispos con el título de sumo pontífice, fueron estímulos bastantes para desear con ansia el empleo, a pesar de los peligros que llevaba consigo.(a)
21 LUCIO I
De 252 a 253
Muerto san Cornelio en catorce de septiembre del año de 252, fue nombrado por sucesor san Lucio I, a quien sin verdad se atribuyen constituciones pontificias en la colección de Isidoro Mercator.(9) Apenas hubo tiempo para que pudiese mandar nada, pues sólo fue papa cinco meses, siendo decapitado en 4 de marzo de 253.(10)
22 ESTEBAN I
De 253 a 257
El papa san Esteban murió mártir en la persecución general octava, ordenada en 257 por el emperador Valeriano. En otro caso sería difícil canonizarle. Su conducta con los obispos de España y con san Cipriano,(11) obispo primado de África, y setenta y tantos obispos africanos, con san Firmiliano,(12) obispo primado de Cesarea, de Palestina y muchos obispos de Asia, fue violentísima y despótica. Los obispos de España condenaron a Basílides, obispo de Astorga y a Marcial,(13)obispo de Mérida, como herejes libeláticos, y los depusieron de sus iglesias; éstos marcharon a Roma e hicieron falsa relación al papa. Éste los admitió a comunión, ostentando superioridad de poder; los obispos españoles llevaron a mal semejante usurpación, y aún más la ligereza con que dio crédito a los fugitivos sin oír antes a los muchos prelados que habían conocido de la causa. Consultaron a san Cipriano, primado de África, quien les dijo que tenían razón y que debían sacar del error al papa, como lo hicieron.(b)
No fue menor el atentado con que procedió con los obispos de África y Asia.
Separó de la comunión de la Iglesia a todos ellos, porque no se sujetaban a su opinión en la disputa de si se habían de rebautizar o no los que abrazaban la religión católica después de haber profesado la herejía y sido bautizados por herejes. Esteban defendía que no, porque el bautismo dado por los herejes debía reputarse válido. Los africanos y asiáticos que sí, porque suponían faltar en el hereje bautizante la verdadera intención, faltándoles la fe. San Cipriano manifestó en una carta que Esteban ostentaba ser obispo de los obispos, y proceder aterrando; pero que no se le debía tener miedo. Le dio en cara con el buen ejemplo de san Cornelio, predecesor del mismo Esteban, pues había seguido la misma opinión que Esteban; pero había dejado tranquilos a los que seguían la contraria. Hizo ver que: el obispado es uno solo, cuyas facultades estaban poseídas lo mismo por un obispo que por otro, que cada obispo en su diócesis es sucesor del poder de uno de los once apóstoles, y que cada uno de éstos tuvo potestad igual a la de san Pedro, excepto sólo aquello que es propio de la presidencia para servir de centro de unidad de todos; y dio por fin a entender que el papa Esteban se atribuía ejercicio de poderes mayores que los recibidos de Cristo.
Los obispos de Palestina escribieron una carta todavía más acre a los de África.
Decían, entre otras cosas, lo que sigue:
El hombre animoso produce pleitos, y el varón iracundo exagera los pecados. ¿Cuántos pleitos y cuántas disensiones has preparado entre las iglesias de todo el mundo?, ¡oh, Esteban! ¿Cuán grande no es el pecado que te has impuesto separándote de la comunión de todos? Tú mismo te has separado. No quieras engañarte: pues es un cismático verdadero quien apostata de la unidad eclesiástica. Cuando piensas que todos pueden estar separados de ti, tú eres el único que te separas de ellos. Seguid la vocación que habéis tenido; caminad dignamente con humildad y mansedumbre, sufriéndoos unos a otros con paciencia y caridad, trabajando lo necesario para conservar la unidad del espíritu en paz. ¿Cómo ha cumplido Esteban estos preceptos y saludables avisos del apóstol? ¡Qué bien los ha seguido, conservando ante todas cosas la humildad y el decoro! ¿Puede haber cosa más humilde y más llena de mansedumbre que separarse de la comunión de tantos obispos esparcidos en todo el orbe? ¿Puede haber cosa que se compare con la de romper la paz de varios modos, una vez con los obispos orientales, como suponemos que ya estáis noticiosos, y otra con vosotros que habitáis en el Mediodía? ¿No recibió vuestros legados con tal paciencia y mansedumbre que no quiso admitirlos ni aun a conversaciones indiferentes? ¿No mandó además que ninguno comunicase con ellos, ni los recibiera en su casa, ni aun les proporcionasen hospedería? ¿Podrá haber unidad de cuerpo ni de alma con un hombre que tal vez no la tiene o es lúbrica, voluble, inconstante? Sin embargo, Esteban no se avergüenza de prestar patrocinio a los hombres de esta especie contra la Iglesia; ni de romper la unidad de los hermanos por favorecer a los herejes; ni de llamar a Cipriano "seudo-Cristo" y "seudo-apóstol" y todo lo hizo con pleno conocimiento de que sólo podían decir a él, para que otro escuchase por medio de mentiras, lo que él merecía escuchar con verdad.
Los orientales escribieron a los africanos esta terrible carta de resultas de la disputa de la Pascua, cuando los otros padecían igual suerte por la cuestión de rebautizar los bautizados por hereje.
San Agustín, pasado algún tiempo, escribió del asunto diciendo que en el fondo de la disputa principal estaba de acuerdo con las opiniones de Esteban, pero no en el modo con que se condujo: acerca del cual añadió que san Cipriano prosiguió practicando la rebautización hasta su martirio, verificado en la misma persecución octava; pero que esto no debía producir obstáculos a la veneración que merecía y se le daba como a santo mártir, mediante que pudo proseguir en su opinión sin faltar a la fe mientras tanto que la disputa no fuese terminada por un Concilio plenario, pues no bastaba la determinación del papa Esteban ni las del Concilio particular de Roma y obispados vecinos, con cuyo acuerdo había procedido.
Esta doctrina de san Agustín, que ha sido respetada por los hombres sabios y piadosos de todos los siglos, debía estar en la memoria de los que han intentado persuadir que el papa es infalible por asistencia particular del Espíritu Santo, siempre que habla ex cathedra, esto es, cuando declara, por sí mismo o de acuerdo con los obispos cardenales, algún punto de dogma, de moral o de disciplina universal como sumo pontífice romano, y lo propone como tal a la Iglesia católica de todo el orbe cristiano para su creencia y conformidad. San Agustín sabía este punto mejor que los romanos modernos, y afirmaba lo contrario, no como quien anuncia opinión nueva, sino manifestando verdad notoria en su tiempo. San Cipriano y los otros obispos de África y Asia (de los cuales el mayor número padeció martirio) no hubieran insistido en su práctica despreciando las censuras, si creyesen que el papa Esteban, procediendo de acuerdo con los obispos de su Concilio Romano, era infalible por asistencia del Espíritu Santo. Ni san Policrates(14) y los obispos de Asia hubieran hecho lo mismo en el siglo anterior, cuando el papa Víctor decidió con su Concilio Romano(15) la controversia de celebración de la Pascua. Es necesario cegarse mucho por el espíritu de partido para sostener la infalibilidad, después de un ejemplo tan terminante. La historia nos hará ver otros que destruyen radicalmente la pretensión interesada de los romanos modernos.(c)
23 SIXTO II
De 257 a 258
El emperador Valeriano no sólo prohibió a los cristianos predicar, sino aun concurrir a los cementerios. San Sixto quebrantó esta ley, fue sorprendido en el cementerio de Calixto y condenado a pena capital.(16) No hizo nada que tenga relación con el objeto que nos hemos propuesto. Incluimos este papa y otros muchos en quienes se verificó lo mismo, por seguir la cronología y quitar ocasión de que alguno presuma nacer la omisión del recelo de hallar en su historia sucesos contrarios a la proposición principal que nos propusimos en el capítulo primero.
24 DIONISIO
De 258 a 269
En tiempo de san Dionisio hubo disputas que indicó monsieur Prudhome,(17) año 1792, en su obra intitulada Crímenes de los papas, pero padeció enormes equivocaciones por no haber consultado las fuentes originales, o haberlo hecho de prisa y superficialmente. Lo mismo sucedió a su compendiador monsieur R..., año de 1800.
Por eso en muchos artículos anteriores he hablado en tono muy diferente que los dos escritores, y sucederá lo mismo en algunos siguientes, porque las exageraciones en los hechos y las declamaciones irreligiosas no deben convencer a nadie, sino las verdades sencillas y las reflexiones justas.
Pablo de Samosata,(18) obispo de Antioquía, incurrió en la herejía de Sabelio(19) y después en otras distintas. Los obispos de Asia y del Oriente celebraron varios concilios, lo depusieron del obispado y nombraron sucesor. Lo avisaron al papa san Dionisio diciendo que le daban esta noticia para que tuviese por hereje a Paulo y entrara en comunicación con el sucesor Domno. Este suceso acredita que se consideraban autorizados para ello sin necesidad de consultar con el papa; ejemplar incompatible (como otros muchos de esta naturaleza en aquel tiempo) con la supuesta expedición de las decretales fingidas antesiricianas, y ejemplar que, unido con los de san Policrates y san Cipriano, enseñan los límites del primado romano en muchos puntos que después pretenden los papas de siglos modernos persuadirnos como verdades casi dogmáticas, contra todo cuanto resulta de la historia eclesiástica.
25 FÉLIX I
De 269 a 274
San Félix fue martirizado el 30 de mayo de 274 en la persecución general nona decretada por el emperador Aureliano.(20) Reconoció por buena la condenación de los errores y persona de Paulo de Samosata en los Concilios de Antioquía,(21) y envió a los obispos de aquel patriarcado su confesión de fe para que viesen que no conformaba con la de Paulo. Este modo de proceder es muy diferente del soberano y despótico que los papas de los siglos posteriores usaron en casos análogos. Los padres del Concilio Antioquiano acudieron al emperador Aureliano, contra Paulo, porque no quiso tenerse como depuesto. El emperador, aunque idólatra, mandó que fuese obispo aquel que determinara el de Roma. Esta resolución de un gentil en tiempo de paz era muy natural; todos conocen que Aureliano tendría por obispo más elevado el de su corte que a los demás. Si los papas no tuviesen otras pruebas de su primado, mal estarían.
COMUNICADO
Señor editor. Luego que leí el "Comunicado" inserto en El Águila(22) del sábado 7 del próximo pasado que suscribe el Payo del Rosario,(23) correspondiendo a la memoria que el cura Matapulgas le da en su folleto, me entró demasiada curiosidad, y estuve bastante ansioso por saber quiénes eran los diputados electos por aquel Estado al Congreso General y Particular, pues entre otras cosas anunciaba, con anticipación, quiénes deberían venir al General de la Unión; lo que manifestaba, o que se tenían datos ciertos, o conocimiento del modo de pensar de los electores. Al fin conseguí ver impresa la lista y en ella a los mismos que presagió el citado Payo, con lo que me convencí de que dicho señor sabía el complot de antemano. En efecto, acertó cuando dijo que los diputados serían dos curas, que lo son don Juan Santiago Pombo,(24) y el licenciado Castellanos;(25) un coronelito, que lo es don José López Ortigosa,(26) quien por su tamaño y figura merece el diminutivo; un beato, que lo es don Marcos Celis,(27) quien por su virtud y frecuencia de sacramentos es acreedor a este nombre; y si erró en el canónigo, no fue tanto que dejara de salir electo para el Congreso del Estado, quien por su genio poltrón o porque su persona será más necesaria allá, rehusó venir a México.
Prescindo ya que este genio previsivo se salió con su anuncio, de examinar si acertó igualmente con lo que dijo en el folleto sobre aquello de servilismo y fanatismo, que atribuye a los diputados que salieron, porque será mejor dejar esta observación para cuando manifiesten sus opiniones en el futuro Congreso; las que si fueren conforme al deseo de cierto partido que influyó en las elecciones, importa poco, porque cuatro o cinco votos jamás prevalecerán entre una mayoría de liberales y despreocupados con que ya se cuenta, debida al patriotismo de otros Estados, a más de que dos señores de los cinco, no serán los que persuadirán demasiado con la palabra, si la toman, porque carecen de este don. Gracias sean dadas a Dios por todo.
Resta examinar si se ha verificado en parte algo de lo que nuestro Payo anunció en su citado folleto, sobre la elección de diputados y senadores al Congreso del Estado. Recuerdo que aseguró, según el modo y objeto con que fueron hechas las elecciones primarias, que se procuraría sacar una mayoría en ambas Cámaras, compuesta de canónigos, curas y clérigos, y el resto de serviles e ignorantes. Hemos visto que se salió con ello, pues en la de diputados, compuesta de once, hay nombrados un canónigo, tres curas y un clérigo; y aunque cinco no son mayoría, la habrá con el suplente que es cura, puesto que ya se sabe que ha de renunciar un secular para que aquél entre a fungir; y en la del Senado, compuesta de siete, habrá cuatro, a saber: un canónigo, dos curas y un clérigo, debiéndose notar que el resto de seculares para eso fue escogido entre hombres sin carrera y algo necios, que es regular voten las más veces tan sólo porque el padre lo dice. Ello es que no sé si con astucia se ha colocado un señor canónigo(d) en cada Cámara, los que por su ilustración, máximas y opiniones conocidas e influjo que gozan, se llevarán las votaciones que gusten, de manera que si por desgracia no tuvieren a bien ser liberales y hacer la felicidad del país, estoy cierto de que no se logrará hasta que concluyan su bienio. Lo más sensible es que entre los electos hay muchos que jamás han dado una sola prueba de patriotismo, y algunos hasta de desafecto; pero después de todo, no me aventuraré a confirmar los vaticinios del Payo sobre las opiniones de estos señores, porque será mejor dejarlo al tiempo y a la calificación del pueblo, que execrará su memoria, o los perpetuará, en su gratitud.
Concluiré, señor editor, congratulándome con los oaxaqueños, porque a lo menos no hemos visto en la lista de los electos los nombres de ciertos malos españoles que cooperaron activamente en las elecciones primarias y estaban en sal para diputados (gracias a los gritos y a los sombrerazos), como también porque se han quedado con sus ganas hechas y sus gestos estudiados, ciertos clérigos que capitanearon al populacho, los que ya se consideraban legislando y reformando al Estado en su Congreso. ¡Pobrecitos!, ¡qué poco conocen a sus patronos y aquellos personajes a quienes sólo sirvieron de instrumento para lograr sus intenciones y planes que se propusieron! ¿Cómo en medio de la aristocracia y orgullo que profesan habían de querer igualarse y familiarizarse con aquellos cuya nobleza desconocen, cuyo origen tachan, y cuya conducta viciosa saben y palpan? Quizá a la hora de ésta se la dan al diablo por tal desaire; pero que estudien en el libro del mundo, y aprendan a conocer a los hombres. Yo me alegro (como decía el otro) por las chinches cuando se le quemaba la casa.
Dispense usted, señor editor, lo largo de este Comunicado, cuya inserción suplico, supuesta la imparcialidad que lo caracteriza, quedando de usted su afectísimo que lo estima. El Matapí ...
EL PARTO DE LOS MONTES
Después de tantas profecías funestas que anunciaban revoluciones, guerras civiles, anarquías, muertes y desgracias por el escandaloso suceso acaecido por las elecciones de Toluca,(28) venimos a salir con que todo se convirtió en el parto de los montes. Las elecciones se quedaron hechas y todos en la más perfecta calma, menos el Congresito del Estado, que en su mayoría, no ha recibido bien la disposición de la Cámara de Senadores.
Pero, en cambio de esta cólera, ha recibido el desengaño de que no tiene en el Estado el prestigio que pensaba. Tales conjeturas son muy vanas: ya los americanos van conociendo sus derechos y apreciando su sangre y sus familias: ya saben que no son patrimonio de ningún individuo ni corporación, y que sería la mayor necedad y vileza exponerse a perder la vida y perder a la patria por sostener la vanidad o capricho de uno o de muchos funcionarios. Últimamente, ya se balean(29) los soldados y los gendarmes dentro de la misma México, sin que el pueblo tome parte en sus desavenencias. Este último y moderno ejemplo deben las autoridades tener muy presente para obrar siempre con rectitud y no fiarse en que el pueblo las sostendrá.
El pueblo mexicano jamás contribuirá contra sí mismo por lisonjear las ideas de sus gobernantes, si éstas no van apoyadas con la ley. Sólo contra un gobierno tiránico e infractor de sus leyes se alarmará para derrocarlo, como ya se vio con el desgraciado Iturbide.(30) Éste es el derecho de insurrección, concedido por la naturaleza a todo pueblo y a todo hombre, pues a cualquiera le es lícito el repeler la fuerza con la fuerza.
Mas volviendo al Congreso del Estado, parece que piensa en grande, según lo que se lee en el Correo de la Federación,(31) número 60, que a la letra es como sigue:
México 29 de diciembre
Sentimos mucho decirlo; pero es preciso. El Congreso Constituyente de México, con excepción siempre de algunos pocos de sus miembros, provoca de todos modos una revolución por el deseo que tienen de perpetuarse sus individuos en las sillas. Ayer se ha declamado con motivo de la discusión sobre el viaje a Texcoco,(32) contra el Senado y la Cámara de diputados, llamándolo déspota al primero por el acuerdo que declara anticonstitucional el decreto de 22 de noviembre sobre elecciones de Toluca, y a la segunda nula por haber admitido diputados que a la fuerza se quiere que se les llame nulos. La resolución tomada ayer de trasladarse a Texcoco el día 15 de enero, anuncia que ni quieren dejar las sillas, cansadas de llevarlos por tres años, ni concluir la Constitución, que debe ser su principal obligación. Es necesario que se convenzan los directores de la legislatura de México, de que cada día se comprometen más y excitan contra sí la opinión pública, que ya está bastante dispuesta con lo que han hecho. ¿Y qué?, ¿tienen ánimos de oponerse a las resoluciones del Congreso de la Unión? Cuidado: hay quien castigue a los revoltosos.
Si esto es así, es menester formar un concepto poco favorable al Congreso del Estado. Véase lo que ha costado al Estado de México su Constitución hasta ahora.
21 diputados a tres mil pesos anuales cada uno por el espacio de tres años que ha que están trabajando en este único negocio, importan ciento ochenta y nueve mil pesos: 189 000
Por gastos de secretaría, etcétera, los ignoramos; pero supongamos que no bajan de veinte mil pesos al año. en tres años: 60 000
Costo de la Constitución: 249 000
Es muy regular que una Constitución que sobre poco más o menos tiene de costo al Estado de México doscientos cuarenta y nueve mil pesos, y la espera de tres y pico de años, sea una obra maestra, la flor del derecho público y la sola capaz de hacer la felicidad de los comitentes. Dios lo haga, y a otra cosa.
DE LOS OBISPOS NI EL CLERO
No hay que esperar la reforma
En el Correo de la Federación de 31 del último diciembre hay un discurso harto piadoso, en el que su autor declama contra los abusos que los curas cometen en daño de sus feligreses y especialmente de los indios. Alega que muchos curas hacen pasar a estos miserables derechos iguales a los que llaman aún españoles.
Acuerda el autor que en el curato de Etla,(33) perteneciente al estado de Oaxaca,(34) distante cuatro leguas de la capital, paga cada indio dos reales mensuales con nombre de derechos de herraduras, porque los dominicos que fundaron aquel curato, establecieron esta gabela, dizque para herrar las mulas o caballos en que iban a las confesiones.
Dice que en Guadalajara cada año va un eclesiástico al pueblo de Ostotipaquillo, forma el padrón de los adultos que se han de confesar, y las mujeres, antes de llegar al tribunal de la penitencia, han de dar dos reales, y los hombres tres. Añade que en el obispado de Puebla(35) los indios están obligados a mantener al cura y a los vicarios que los van a confesar en tiempo de Cuaresma, y les deben poner mesas espléndidas.
En el mismo obispado dice que las haciendas pasan seis pesos al cura y los ranchos doce por el derecho de las confesiones que hacen en el año. Estos últimos infelices aldeanos pasan las primicias, el respectivo diezmo y toda clase de obvenciones, y sin embargo de esto, son obligados a pagar el duplo más que los hacendados para recibir los últimos auxilios espirituales.
Cuenta el autor que en la Villa de Córdoba,(36) estando de cura Esteves, el gallego, se leían amonestaciones para casamientos. Si las anunciaba el notario, los derechos eran cuatro reales por cada una; si el mismo preste que celebraba la misa, un peso; si éstas las anunciaba desde el púlpito, dos pesos; si se ponía la capa pluvial, el bonete y venían los acólitos con los ciriales, cincuenta pesos.
Después de referir estos abusos o estafas escandalosas, para llamarlas con su propio nombre, y las que, a la verdad, son venialidades, respecto a peores iniquidades que se cometen en los curatos, pasa el piadoso autor a excitar el celo de los obispos para que reformen los actuales aranceles y formen uno equitativo; pero hoc opus hic labor est. Aquí está la dificultad. Las reformas eclesiásticas deben comenzar por los obispos. Deben cercenarse a éstos esas cuantiosas y escandalosas rentas que disfrutan de ochenta, cien mil y más pesos anuales; rentas que no vieron jamás san Pedro ni todos los apóstoles; rentas que no cuentan los presidentes de la República, ni en su mitad; rentas que pesan sobre la parte más laboriosa y útil de la sociedad, cual es la agricultora, y rentas, en fin, que añadidas a las que se absorben los canónigos, no son sino un continuo saco que hace odiosa la religión y destruye insensiblemente el Estado.
Para ocurrir a tamaños males se necesita una cura radical, no paliativa. Es necesario extinguir los capellanes reales, o sean canónigos, que son unas sanguijuelas insaciables y unos lunares ridiculísimos en una república: inútiles por un lado y gravosos por otro.
Después se deben arreglar los sueldos de los obispos, no pasando la renta de la mayor diócesis de tres mil pesos, muy suficientes para vivir no sólo con comodidad, sino con el lujo que les está prohibido.
Últimamente, y para que los pueblos perciban realmente y no de oídas los bienes que tanto se les cacarean(37) con la pluma y aún no experimentan en sí mismos, es necesario exonerarles del vasallaje en que viven respecto de sus curas, aliviándolos de los enormes tributos que los agobian con nombre de derechos. Para esto es necesario abolir los diezmos enteramente e imponer una contribución general, que no pese solamente sobre los labradores, sino sobre todas las clases del Estado, puesto que todas disfrutan de la administración de los sacramentos y demás beneficios espirituales.
Esta contribución será muy ligera y tolerable, y ella sola bastará para dotar suficientemente a los curas, a efecto de que ellos tenían lo necesario para subsistir sin tener que oprimir a los pueblos con las continuas exacciones de: tanto por el Bautismo, tanto por la Confesión, tanto por casamiento, tanto por entierro, etcétera, etcétera.
Con semejantes reformas alzarían las manos al Cielo los labradores y los que no lo fueran, pues serían los unos dueños de su trabajo, y los demás se verían libres de una contribución, la más pesada que se les exige siempre, y que nunca acaban de pagar. Entonces sí conocerían las ventajas que les proporcionaba el sistema republicano en un país libre e ilustrado, y no cesarían de bendecir la mano que les proporcionaba unos beneficios verdaderos y no pintados.
Pero estas reformas tan necesarias ¿se deberán esperar de los obispos? Yo resueltamente digo que no, ni aun de los Concilios, pues componiéndose éstos de aquéllos, y siendo los primeros interesados en la perpetuidad de los diezmos, es claro que no han de querer dictar ninguna ley canónica que les cercene un peso de sus cuantiosas rentas.
Cualquier reforma puede esperarse de estos prelados; pero ninguna contra la que se lamenten sus bolsillos morados.
A los representantes de los pueblos toca hacer la felicidad, de los pueblos. A ellos está cometida esta grande empresa. Si por fanatismo, ignorancia, cohecho o venalidad, no tocaren este punto o lo tocaren mal y sin energía, bien podemos perder para siempre las esperanzas de ver reformada la ambición eclesiástica: porque los obispos no la han de hacer, ni los clérigos la han de proponer; y entonces creeré que los obispos traten estos puntos, cuando los diputados de los Estados decreten que se reduzcan sus dietas a mil pesos.
PREGUNTA TEOLÓGICA
Supuesto que ningún sacerdote puede absolverse a sí mismo ni en artículo de muerte ni en ningún caso, se pregunta: ¿por qué, teniendo los sacerdotes en su mano las llaves del Cielo y pudiendo abrirlo a todo el mundo, ellos no pueden franquearse la entrada? La cosa es algo dura.
AVISO
En la calle de Vergara(38) número 14 se vende una obrita titulada la Lógica en compendio,(39) su precio, cuatro reales.
(1) Oficina de la Testamentaría de Ontiveros.
(2) Durango. Cf. nota 2 al núm. 1.
(3) Guadalajara. Cf. nota 3 al núm. 1.
(4) Tlacotalpan. Cf. nota 4 al núm. 1.
(5) Perote. Cf. nota 5 al núm. 1.
(6) Novaciano. Escritor eclesiástico del siglo III. Segundo antipapa que registra la historia. Escribió varias cartas a san Cipriano y los tratados: De Trinitate; De cibis iudaicis, De spectaculis y De bono pudicitiae.
(7) Novato el Africano. Presbítero cartaginés cismático.
(8) Dionisio de Alejandría. Escritor y prelado del siglo III. Obispo de Alejandría en 248. Fragmentos de sus obras se conservan en la obra de Eusebio. Son interesantes las cartas al antipapa Novaciano y otra a Basílides, obispo de Pentápolis.
(a) Este papa prohibió que a ningún sacerdote ni ministro de Dios se le exigiera juramento, si no fuese en confirmación de la fe. Él mismo extrajo de las catacumbas los cuerpos de san Pedro y san Pablo en compañía de Lucina [noble matrona romana que visitaba a los cristianos encarcelados y daba sepultura a los cuerpos de los mártires. Está enterrada en el cementerio de la vía Appia], mujer muy virtuosa, y colocó el de san Pedro no lejos del lugar donde fue crucificado.
(9) "El Seudo-Isidoro le atribuye seis decretos tocantes a la iglesia de las Galias y a la de España, y en el Código de Graciano hay también tres decretos de Lucio; pero son documentos evidentemente espurios." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 43.
(10) "... hay que tener en cuenta que la palabra 'mártir' se daba incluso a los confesores de la fe, y el Catálogo Liberiano —fuente antigua— no hace alusión alguna a su martirio". Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 43.
(11) Cipriano (200?-258). Padre de la Iglesia. Obispo de Cartago.
(12) Firmiliano. Obispo de Cesarea. Combatió el cisma de Novaciano: en el Concilio de Iconium condenó a los montanistas y se opuso a la validez del bautismo administrado por los herejes.
(13) Marcial. "Durante la persecución, dos obispos españoles Basílides y Marcial, de Mérida el primero y de León y Astorga el segundo, habían escapado al martirio solicitando un certificado que atestiguase su adhesión a los sacrificios paganos. Los tales, que además habían cometido otras culpas, fueron depuestos y sustituidos por Sabino y Félix. Basílides se trasladó a Roma, y después de informar al pontífice de la contienda surgida por este motivo, logró que éste le reintegrase en su dignidad, porque el papa no pudo conocer la exactitud de las acusaciones." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 44.
(b) Bajo el pontificado de Lucio murió el grande Orígenes [Cf. nota 23 al núm. 6], aquel que se castró por alcanzar el reino de los Cielos, o por no haber entendido el Evangelio sino literalmente.
(14) Policrates. Cf. nota 7 al núm. 6.
(15) Concilio Romano Cf. nota 8 al núm. 6.
(c) Bajo el gobierno de este papa, prohibió el Concilio que los sacerdotes fueran tutores.
(16) "En cuanto a Sixto, fue sorprendido en las catacumbas de Pretextato, en ocasión en que celebraba los misterios y bárbaramente asesinado, regando con su sangre la cátedra episcopal, la cual fue colocada cerca de él en el Cementerio de Calixto donde se le sepultó." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 48.
(17) Luis María Prudhomme (1752-1830). Periodista y compilador francés. EscribióGeografía de la República Francesa (1795), Diccionario universal de la Francia (1805),Historia de los crímenes de la Revolución (1798) y Los crímenes de los papas (1795).
(18) Pablo de Samosanta. Prelado y hereje. Fue obispo de Antioquía. Condenado por un Sínodo de Antioquía (269), lo depuso el emperador Aureliano. "Un tal Pablo, originario de Samosanta, hombre hábil y de habla fácil, logró captarse el aprecio de la reina Zenobia y hacerse elevar al episcopado de Antioquía. Altivo y arrogante, no parece que fuese demasiado rígido en su vida privada. Para agradar a Zenobia y por tendencias personales, adoptó algo de la doctrina ortodoxa y tradicional a las simpatías heréticas y enseñó que Jesucristo había venido a ser Dios progresivamente y por adopción. Los obispos de Oriente protestaron en muchos Sínodos, capitaneados por el célebre Firmiliano de Capadocia. Dionisio de Alejandría manifestó su parecer en una carta dirigida a la iglesia de Antioquía.
"La astucia de Pablo de Samosanta prolongó la disensión, porque en otras discusiones no fijaba su oscilante pensamiento; pero al fin fue depuesto y sustituído por Domno. La sentencia fue comunicada a Roma..." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 50.
(19) Sabelio. Heresiarca del siglo III fundador del Sabelianismo. Vivió en Roma en tiempos de san Ceferino y, según san Hipólito, ejerció influjo en san Calixto. Sin embargo, apenas fue elegido papa lo condenó como hereje.
(20) "Nuestro papa Félix I no murió mártir. La tradición de su martirio y de su sepulcro en la vía Aurelia surgió de haberlo confundido con el papa Félix II." Cf. Carlos Castiglioni, Historia de los papas, t. I, p. 53.
(21) "En la carta dirigida por el Sínodo de Antioquía al papa Dionisio se describe con poca benevolencia la figura de Pablo: 'orgulloso de su persona —dice—, todo en él respira fausto y arrogancia. Desempeña muchos cargos civiles, cuya función antepone a los cargos eclesiásticos. Exhíbese en el Foro y pasea con gran pompa por las plazas públicas, precedido de gran número de siervos y seguido de una turba de aduladores. Va tras los aplausos como un actor de teatro. Dice que el hijo de Dios no bajó del cielo y que es un hombre como todos. Vergüenza nos da decir que vive públicamente con mujeres impúdicas. Los presbíteros y diáconos partidarios suyos imitan sus costumbres. Y ¿cómo puede un obispo predicar a los fieles la castidad y exhortarles a que huyan de las ocasiones de pecar... viviendo él rodeado de delicias y comiendo sin mesura?'" Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 53.
(22) El Águila. Cf. nota 33 al núm. 4.
(23) Payo del Rosario. Pablo de Villavicencio (1792-1832) usó ese seudónimo. Escritor mexicano. Uno de los precursores del liberalismo en México, junto con Fernández de Lizardi, Rafael Dávila, Francisco Ibar y Luis Espino. Entre sus papeles más importantes se cuenta: O se destruye el Congreso o se lleva el diablo al reyno; O se destierra el coyote o mata nuestras gallinas; El hijo del coyote; Si no se van los ingleses hemos de ser sus esclavos; Plan de desgachupinar si vienen los de la Liga; Si vienen los godos, nos cuelgan a todos; Testamento del padre Arenas; Ya El Pensador se declaró por hereje. No obstante que se sucedieron varias objeciones y ataques impresos entre el Payo y Fernández de Lizardi, hubo una fuerte amistad entre ellos, lo que no debe extrañarnos entre dos liberales.
(24) Juan Santiago Pombo fue diputado por Oaxaca, vivía en la tercera calle de Vanegas núm. 3.
(25) Luis Paulino Castellanos fue diputado por Oaxaca.
(26) José López Ortigosa. También fue diputado por Oaxaca.
(27) Marcos Díaz de Celis. Diputado por Oaxaca que tenía licencia en esta época.
(d) Cuando hablo de la sagacidad, o bien casualidad, con que está colocado el señor canónigo Castillo [cf. nota 32 al núm. 4] en la Cámara de Diputados, recuerdo la ocurrencia de un amigo que conoce la habilidad de este americano y a los demás de sus compañeros tanto como yo. Le comparó con Noé en el Arca, no sé por qué motivo: acaso sería suponiendo la ciega obediencia que algunos le prestarían en las sesiones a su señoría.
(30) Agustín de Iturbide (1783-1824). Caudillo de la Independencia y emperador de México.
(31) Correo de la Federación. Cf. nota 30 al núm. 1.
(32) Texcoco. Municipio del actual Estado de México..
(33) Etla. Valle que se inicia en Las Sedas, extendiéndose hacia el sureste y llega hasta el estrechamiento que se forma entre el cerro del Fortín y las colinas de Monte Albán. Lo limita por el noreste la Sierra de Ixtlán, por el sureste la sierra que prolonga hacia el noreste las colinas de Monte Albán.
(34) Oaxaca. Estado de la República Mexicana cuyos límites son: al noroeste el estado de Puebla, al oeste el de Guerrero, al noreste el de Veracruz y al este el de Chiapas y al sur el Océano Pacífico.
(35) Puebla. Cf. nota 31 al núm.1.
(36) Córdoba. Ciudad cabecera del municipio del mismo nombre, en el estado de Veracruz. Fue fundada el 29 de noviembre de 1617 con el nombre de Villa de Córdoba.
(37) cacarear. Ponderar con exceso o repetir demasiado una cosa.
(38) Vergara. Hoy primera y segunda de Bolívar.
(39) Lógica en compendio. Sólo tenemos noticia de la Logica sive cogitandi elementa faciliora via accuratiorique delecta puerorum captui optata, editada en 1826.