[NÚMERO 6]
EL SEDICIOSO MANIFIESTO
DEL OBISPO DE SONORA(1)
Impugnado por El Pensador en la sexta Conversación del Payo y el Sacristán
SACRISTÁN: Ahora estará usted contento, compadrito.
PAYO: ¿Por qué?
SACRISTÁN: Porque es en mi poder el furioso manifiesto del obispo de Sonora.(2)Hele aquí.
PAYO: Pues no perdamos tiempo. Vamos a leerlo,
SACRISTÁN: ¿A leerlo sólo? A impugnarlo, a hacerlo añicos, como le ofrecí a usted.
PAYO: Sea enhorabuena. Comencemos. Yo leeré y usted impugnará.
SACRISTÁN: No, los dos a la par, según alcancemos.
PAYO: Me parece bien. Ya leo. "La soberanía del Altísimo, defendida por el Ilustrísimo señor don fray Bernardo del Espíritu Santo, acusado corno reo a la superioridad."
SACRISTÁN: Este título me parece tan ridículo como éste, la luz del sol, defendida de los que la quieren extinguir. ¿Quién será capaz de extinguir la luz del sol?, y ¿quién de usurpar la soberanía del Ser Eterno, cuyos atributos son también esencialmente eternos e inmutables? Si nos reiríamos con toda la boca de un mosquito que gritara, voy a defender a aquel león del gozquecillo que le ladra, ¿con cuánta más razón no debemos burlarnos de la gasconada del señor obispo de Sonora, cuando presume constituirse defensor del Ser Supremo? Pero no es la soberanía del Altísimo la que quiere defender el ilustrísimo, sino la de Fernando VII, como largamente se contiene en su discurso. Nosotros como buenos patriotas ni defenderemos la soberanía de Dios, que nadie ataca, ni la del rey que detestamos, sino la soberanía nacional y representativa.
PAYO: Y dice su reverendísima que está acusado como reo a la superioridad.
SACRISTÁN: Dice muy bien, y habrá como seis meses.
PAYO: ¿Pues por qué no se habrá castigado? ¿Será porque es obispo?
SACRISTÁN: Qué sé yo... ¡Tristes sombras de García, Valdés y Rosemberg!,(3)retiraos de mi memoria en este instante. Sigo leyendo el texto: "Mihi autem pro minimo est ut a vobis judicer, aut ab humano die: sed neque meipsum judico... qui autem judicat me, Dominus deus. Nada me importa ser juzgado por vosotros, o ser aprobado por el favor humano: ni a mí mismo me juzgo, el Señor es mi juez. Epístola 1, Ad Corinth, capítulo 4."(4)
PAYO: Eso quiere decir, que nada se le da al señor obispo del supremo gobierno, que es quien puede y debe juzgarlo; y esto lo dice escudándose con el ejemplo y autoridad de san Pablo. Bien que me parece que el texto está mal traducido y peor aplicado.
SACRISTÁN: Así es. El texto dice Mihi pro minimo est, que quiere decir "tengo en muy poco", y el señor obispo traduce, nada me importa. Y entre tener una cosa en algo a tenerla en nada hay bastante diferencia. El texto está mal aplicado, porque san Pablo dice a los de Corinto que poco le importa ser juzgado de ellos, porque no le arguye la conciencia, sin embargo de que no se cree justificado. El apóstol habla a sus discípulos sobre los juicios privados que hacían de su conducta o, si se quiere, de los murmuradores. De éstos dice que se le da poco cuidado, no empero de los jueces, ni de sus juicios legales, porque de éstos sí se le daba cuidado, y lo manifiesta, ya diciendo que es judío, ya que es romano, ya alegando el derecho de ciudadanía, para librarse de los azotes, y ya por último apelando al César. Pero el señor obispo de Sonora, después de estar acusado como reo, dice: nada me importa el ser juzgado por vosotros, esto es, por vosotros, jueces de la República Mexicana, sin acordarse que el mismo apóstol en la Epístola a los Romanos dice toda alma esté sometida a las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios, por lo cual el que resiste a la potestad, resiste a la ordenación de Dios, y los que le resisten atraen a sí la condenación.(5)
PAYO: Todo esto está bueno; pero si va usted analizando el discurso del señor obispo, de aquí a tres meses no acabamos.
SACRISTÁN: Dice usted bien, laconizaré lo más que pueda. Siga usted leyendo.
PAYO: Dice así: "Desde que se adoptaron los planes de Casa Mata(6) de Veracruz,(7) cada provincia, cada ciudad, y aun cada pueblo, meditó hacer su gobierno peculiar independiente de los otros, sancionar sus leyes, poner en ejercicio su soberanía y constituirse libres de otra autoridad que no fuese la suya propia. A imitación de Guadalajara,(8) Durango,(9) Zacatecas,(10)Guanajuato(11) el Real del Rosario,(12) en este obispado, Cosalá,(13) otros pueblos formaron sus actas, los indios mayos se alborotan, reclaman la reposición de Iturbide al trono de México, ellos ofrecen sus personas, sus armas, sus arbitrios, sus vidas al efecto. Todo se conmueve, y el Ayuntamiento de esta ciudad padece los mismos síntomas, meditando gobernarse por sí propio. El pastor que vela incesantemente sobre la conservación y felicidad de su rebaño, que prevé los males y horrores de la anarquía en que va a ser envuelto, si con tiempo y por los medios más eficaces de la religión y de la razón ilustrada, no se le refrena, y que conoce el origen primario de su frenesí, cual es la libertad, la igualdad, la soberanía peculiar personal, innata, imprescriptible, tan fija ya en su aprensión, que no creerán mejor, o con más fijeza, un artículo de nuestra santa fe, corre los velos del error, patentiza la divina revelación, hace resonar la voz del Altísimo, explica las verdades de la religión, clama, ruega, reprende con toda paciencia y doctrina, según el consejo del apóstol, echa mano, en fin, del apoyo único en que es protegido el estado de la fe santa de Jesucristo. Éstos son sus deberes, ésta es su misión, es el complemento de su alto ministerio. Los mayos se contienen, se apaciguan con una pastoral, esta ciudad se suspende por la predicación continua, los demás pueblos se aquietan de improviso, la herida de la palabra divina, que dice el apóstol, ha penetrado como espada de dos filos sus corazones, y la lluvia del cielo, en frase de un profeta, no ha caído en vano: causó todo su efecto."
SACRISTÁN: Luego, luego falta su ilustrísimo a la verdad cuando dice que: desde que se adoptaron los planes de Casa Mata, cada provincia, ciudad y pueblo pensó en constituirse libre de otra autoridad que no fuera la suya. Todo el mundo sabe que lo que quisieron fue substraerse de la dominación monárquica de Iturbide, sujetándose al Congreso General, a quien respetaron de consuno. Después, no queriendo que el gobierno se centralizara y volviera a parar en monarquía, Guadalajara, Durango, Zacatecas, etcétera, se pronunciaron por la federación. ¡Tan lejos estuvieron de reclamar la reposición de Iturbide al trono de México! Y si los indios mayos lo pensaron, ningún influjo tenían entre nosotros para hacer valer su pensamiento.
El obispo de Sonora, enemigo declarado de la soberanía popular, tiene por locura esta misma soberanía, la libertad y la igualdad civil, que son derechos imprescriptibles del hombre, y para desvanecer los nobles y patrióticos sentimientos de sus miserables diocesanos, echa mano de la seducción en el púlpito, aturdiendo a unos, escrupulizando a otros y aterrorizando a todos. De esta manera consigue hacer odioso nuestro sistema y resfriar el amor patrio en aquellos lugares. De esto se gloria cuando dice: que la lluvia del cielo causó todo su efecto; pero este efecto no fue del cielo, sino de su chaquetismo(14) pastoral. Siga usted leyendo.
PAYO: "Estas fatigas y desvelos, estos afanes y tareas, esta solicitud y vigilancia del pastor, estas señales nada equívocas de un buen padre, estas significaciones de la mejor amistad y benevolencia, que parece debía conciliar la correspondencia general para un perpetuo reconocimiento, han sido de ningún mérito a unos cuantos particulares atolondrados,(15)corrompidos en las costumbres, llenos de pasiones vergonzosas que no caben en parte alguna, que por resentimientos de mi gobierno, a quienes ninguno acomoda, han maquinado las ruinas de mi honor, por medios opuestos a la humanidad, tomando por instrumento a este alcalde subdelegado don Miguel Antonio Quirós,(16) a quien asiste mensualmente con ocho pesos de limosna, por cuya mano han dirigido a la superioridad sus acusaciones. Cotéjese esta graciosa antítesis, el obispo beneficiándolo con ocho pesos mensuales de caridad, y el subdelegado acusándolo repetidas veces de malo a la superioridad. Entre otros capítulos, uno es el crimen de haber predicado contra la Constitución, cuyo eco ha llamado la atención del Soberano Congreso en términos de juzgarlo digno de discusión de que se le forme causa al obispo, y de que desde luego se le considere reo de esa majestad, según los repetidos avisos que he tenido de la Corte. Si predicar el Evangelio, las verdades reveladas en uno y otro Testamento, instruir a los fieles en la santa ley de Dios, en la obligación que tienen de respetar y obedecer a sus superiores por necesidad de la salvación, como intimada en el cuarto precepto, hacerles reconocer la autoridad del Altísimo, de que están revestidos para el gobierno de los pueblos y que ocupan su lugar sobre la Tierra, en cuyo nombre y con cuya potestad los mandan, y cuyo desprecio e inobediencia cede en desprecio del mismo Dios, etcétera: no hay duda, he predicado contra el artículo 3 de la Constitución española que sanciona como ley fundamental, 'reside esencialmente la soberanía en la nación'."
SACRISTÁN: Nada tienen que ver los ocho pesos que daba al subdelegado Quirós con el asunto que se trata. Si se los daba por mera caridad no debía publicarlo, acordándose de aquel precepto del Evangelio que dice que lo que dé la mano derecha no lo sepa la izquierda.(17) Si el tal don Antonio era un pobre, era acreedor a la limosna del obispo, que no debe tomar de las rentas de su obispado sino lo muy preciso para vestir y comer frugalmente, porque los pobres son los legítimos dueños de las rentas de los obispos, y éstos cuanto gastan en superfluidades, se los roban. Conque vea usted qué gracia hacía el obispo de Sonora con socorrer a un pobre con ocho pesos, la misma que yo hiciera en pagar los réditos del capital que se me hubiera impuesto.
Por otra parte, se conoce que el subdelegado Quirós es un hombre de bien y buen patriota, que cumplió con su obligación en denunciar a un obispo sedicioso. ¿Ni cómo bastaban ocho pesos rateros para tapar la boca a un hombre honrado? Siga usted.
PAYO: "Desde que leí este código el año de doce, califiqué la proposición de anticatólica. Así la anotaron los diputados más sabios del Congreso, la reclamaron, se opusieron a ella, y le negaron su voto. Callaron porque así convenía. Eclesiásticos insignes y sabios, que son muchos en la América con los mismos sentimientos, han callado también por la propia razón. Calló el obispo hasta tanto que fue preciso contener el torrente del desenfreno que ya había rompido [sic] los diques de la razón, sin que en lo humano se hallaran otros muros que los detuviesen, sino los insuperables de la religión santa que profesamos. Ya los he insinuado, y si por mi alto carácter, por mi divina misión, por apacentar el rebaño de Jesucristo, he hablado, he dado voces con excelsa voz como dice el padre san Hilario,(18) he dado testimonio de la religión santa del Crucificado, religión a quien íntimamente está adherido nuestro gobierno, a quien respeta con el mayor rendimiento y piedad, y a quien ama con la mayor ternura como me lo ha significado el Supremo Poder Ejecutivo en las correspondencias que han ocurrido con su alteza serenísima.(19) Ahora voy a formar el proceso de mi delito, voy a hablar como reo, pero con la entereza apostólica; voy a revestirme del espíritu del Altísimo; voy, en fin, a autorizarme con la verdad increada."
SACRISTÁN: La calificación del padre obispo es tan notoriamente absurda, que sería perder el tiempo en demostrarlo. La cita que hace de que le negaron su voto algunos diputados de España y eclesiásticos de la América, no prueba más sino que en todas partes hay fanáticos necios y viles egoístas, que pugnan contra las instituciones liberales, porque éstas, haciendo conocer al hombre sus derechos, les arrebatan a ellos el prestigio que tienen para dominarlos, y los benditos arbitrios para estafarlos. ¡Es cosa dura saber que la naturaleza de un obispo es igual a la de un cargador, y que mientras menos bobos haya en el mundo, o se han de ejercitar más brazos, o han de entrar en dieta más barrigas! Siga usted.
PAYO: "Es de fe divina de que sobre la Tierra no hay autoridad que no venga de Dios,(a) ora sea el gobierno monárquico, ora democrático, aristocrático, republicano, ora gobierne uno solo, gobiernen pocos o muchos, su autoridad para mandar no es un don de los hombres, no la pueden dar los hombres, si no es sólo en los términos que explicaremos. Es de Dios, Dios la confiere, Dios los reviste de ella, en cuya persona encaminan a los pueblos por el arreglo civil al fin de la creación. Non est potestas nisi a Deo. Es de fe divina que los soberanos no toman la autoridad de la sucesión, de la elección, o de la aceptación del pueblo, sino del mismo Dios que les confirió su derecho, aquel que tiene como Señor Universal de todas las criaturas y que él mismo ejercería en persona, si no obstara la materialidad del hombre para arreglar sus acciones conforme a la ley eterna, valiéndose para estos oficios del hombre mismo, confiriéndole la superioridad sobre los demás, como lo dice el real profeta hablando con Dios: Pusiste, Señor, a los hombres sobre nuestras cabezas.(b) Y el Espíritu Santo en el libro de la Sabiduría a los Reyes: prestad vuestros oídos, vosotros los que gobernáis la multitud, la potestad que ejercéis no es vuestra, sino dada de Dios, y la virtud de vuestro poder es dimanada de[l]Altísimo.(c),(20) Es de fe divina que la potestad directiva, coercitiva y penal que ejercen sobre el hombre, no es inventada por el orgullo, por la ambición, ni por la tiranía, como han pretendido los herejes para denigrar la autoridad soberana, hacerla odiosa a los pueblos, introducir la división de ánimos, la insubordinación y la anarquía, sino originada del Altísimo, que hace firmes, estables y obligatorias sus leyes, que los forma dignos y acreedores de sus respetos y veneración, y que no se deben de considerar en razón de reyes como hombres, sino que son el mismo Dios en la representación y en los oficios. Por mí reinan los reyes, y los legisladores establecen lo justo. Por mí mandan los príncipes, y los poderosos decretan la justicia.(d) Cualquiera interpretación, como alguno lo ha hecho sobre esta autoridad, que no sea literal es violenta, dice el padre san Agustín. Dios es sabiduría, Dios es omnipotencia, Dios es justicia, Dios es misericordia, etcétera, Dios es el que habla. La sabiduría que introduce el intérprete o que supone, es una ficción genérica de la imaginación muerta, sin entidad, sin existencia in rerum natura. De otra suerte no se terminarían en la divina majestad los respetos, o los agravios que a ellos se hacen. A quien vosotros oye, a mí me oye, y quien a vosotros desprecia, a mí me menosprecia;(e) quien resiste a la potestad,resiste a la ordenación de Dios."(f)
SACRISTÁN: Todo ese fárrago(21) no es sino una cansada repetición de los realistas, que no prueba más, sino que toda potestad viene de Dios, que es lo que ha dicho san Pablo; pero no que se límite a sólo los reyes, que es lo que quisiera encajarnos el señor obispo. Todas las autoridades de la Tierra tienen el poder de mandar los pueblos, emanado de Dios, y los textos que en favor de los reyes alega nuestro fray Bernardo, están sacados de su quicio. Siga usted.
PAYO: "Es de fe divina que la obediencia, sumisión y respeto que se les debe no es arbitraria ni de solo consejo, ni tampoco de precepto humano, sino de precepto divino y natural, que no cae bajo la autoridad del hombre para dispensarse en él, a pesar del odio mortal contra la soberanía y contra la religión de Bayle, Montesquieu, Punfendor, Maquiavelo, Diderot, Helvecio, Voltaire, D'Alamber[t](22) y demás herejes obstinados de estos siglos; publicado por el apóstol escribiendo a su discípulo Tito, por estas palabras:persuade a los fieles que se sujeten a los príncipes y potestades; que los obedezcan con voluntad y exactitud, y que estén siempre dispuestos para hacer cuanto les manden siendo bueno.(g) Pues que ellos ciñen la espada no por ostentación o adorno, sino para castigar en nombre del Señor los excesos de los malos e insubordinados, introducir el buen orden en la República y hacerlos buenos ciudadanos y mejores cristianos. No sin causa ciñen la espada.(h)
"Y he aquí cómo la sujeción que se les debe no es puramente política, económica o externa, cuyas faltas se castigan con penas temporales, sino interna, espiritual, que liga la conciencia, y deja la responsabilidad para la eternidad. La necesidad los obliga a la sujeción, no sólo por evitar la ira, sino por la conciencia.(i)
"Es, en fin, de fe divina, que son ministros de Dios en beneficio de los vasallos,(j) y que los que les fueren rebeldes resistiendo sus leyes justas, faltándoles a la debida obediencia, al amor y respeto que demanda su alto origen, y la naturaleza de los oficios que ejercen, no sólo experimentarán los efectos de su airada justicia, el castigo temporal correspondiente a su delito, sino que ellos mismos por sólo esto deciden la suerte de su eterna perdición. Los que resisten fabrican su condenación.(k) Estas verdades irrefragables y divinas que no están sujetas a la prudencia, a la sabiduría, ni al consejo humano, son comunes a toda legítima dominación, sin excepción de judío ni de gentil, católico ni de hereje, de bueno ni de malo en las costumbres, pues que nada puede inficionar(23) la naturaleza de la autoridad que tiene la participación y el origen del trono del Altísimo, sin que de los influjos de su dominación nadie de los súbditos pueda substraerse, ora sea noble o plebeyo, docto o ignorante, eclesiástico o secular, de alta o de baja esfera. La soberanía popular es un robo sacrílego hecho al Altísimo, a quien pertenece exclusivamente por necesidad de naturaleza, sin que la soberbia y presunción del hombre obste al ser infinito e inmutable del Criador, ni pueda alegar más derecho a ella que el que lo destruye, a saber: el principio de la nada y el nacimiento de dependencia, después de ser práctico apóstata de la única y santa religión, negando las verdades reveladas."
SACRISTÁN: Todo el empeño de este prelado es persuadir que la soberanía sólo reside en los reyes; de consiguiente que siendo, como dice, la soberanía popular un robo sacrílego hecho al Altísimo, no pudiendo el hombre dispensarse de reconocer la soberanía del rey, y haciéndose dignos de castigo temporal y eterno los que fueren rebeldes, resistiendo sus leyes y faltándoles a la obediencia y respeto que demanda su alto origen, todos los republicanos somos rebeldes, apóstatas, excomulgados, y dignos del más severo castigo porque negamos las verdades o mentiras del obispo, porque reconocemos la soberanía popular, porque detestamos la dominación de don Fernando el Siete, y porque nos hemos constituido ladrones, no de la soberanía del Altísimo, sino de la nuestra que nos tenía usurpada el gobierno español, es decir, que nos hemos robado lo muy nuestro. Siga usted.
PAYO: "El consentimiento, la voluntad o proclamación del pueblo para instalar un gobierno que más le acomode en uno solo o en muchos, bajo de ésta o la otra forma, como de facto lo puede hacer, es un pretexto fútil y fementido para apropiarse la soberanía como lo han fingido los ateos para borrar del mundo toda idea de Dios."
SACRISTÁN: ¡Qué desatino! ¡Qué insulto tan descarado a toda la nación americana! ¿Conque el unánime y heroico consentimiento con que este pueblo generoso se pronunció para recobrar sus derechos, fue una ficción de ateístas para borrar toda idea de Dios? ¡Sólo en la América se pueden escribir tales execraciones sin castigo! Siga usted.
PAYO: "El querer del hombre es estéril, mezquino, inmanente, tan solamente afectivo que no inmuta el objeto ni hace impresión alguna en cosa amada, a pesar de las ilusiones de la imaginación. Conviene, presta su consentimiento, allí paró, a nadie más alcanza. La autoridad, la soberanía es dimanada del Altísimo, Él la confiere y la participa a la persona o personas elegidas para que gobiernen en su nombre, y con su misma potestad. La Divina Providencia que ordenó todas las cosas con admirable sabiduría, como dice el profeta, sin alterar el curso y orden de las causas segundas a los fines de la creación, dispuso dulce y suavemente conservar ilesos los derechos del libre albedrío del hombre, criatura la más noble de todas, para atemperar su condición flaca a las necesidades de la naturaleza de los divinos preceptos, exigiendo el concurso de su voluntad y consentimiento para obviar las fatales consecuencias que se originarían de un gobierno involuntario y violento. Así hizo que Saúl y David, escogidos y ungidos con anticipación por su Majestad para reyes de su pueblo, no quiso entrasen en el gobierno hasta tanto no fuesen proclamados por el reino.
"Son innumerables los títulos honoríficos y misteriosos con que Dios ha honrado a los reyes llamándolos dioses, cristos, ungidos, príncipes, potestades, padres de los vasallos y de sus pueblos; para inspirarles de este modo el alto origen de su autoridad, y los respetos de la divinidad de que están revestidos, obligándolos a que los reverencien, los obedezcan, los amen con aquel amor, respeto y sumisión que se debe a la Majestad infinita, cuya persona representan, y en cuyo nombre ejercen la soberanía.
"Los llama dioses en el capítulo veintidós del Éxodo:(24) No murmurarás de tus dioses, nombrándolos con este dictado divino, propio del Ser Supremo, y exclusivo de todo otro ente, para darnos a entender la analogía y semejanza que el rey tiene con Dios, como vicegerente que es en su reino de la Eterna Majestad, e imagen visible de su poder.
"En el segundo de los Reyes los llama cristos o ungidos, que aunque significan una misma cosa, expresan con más energía su alto carácter, y la inmediación al Todopoderoso, con quienes repartió el poder y la soberanía para el gobierno de los pueblos, comunicada íntimamente de su Majestad y no de la elección de los vasallos. 'Cogió Samuel el vaso pequeño de óleo y lo derramó sobre la cabeza de Saúl diciéndole: he aquí cómo el Señor te ha ungido en príncipe de su heredad; librarás a su pueblo de los enemigos que lo rodean.'(25) Y cuando éste fue testigo de la conducta que observó Samuel en el gobierno del pueblo a quien convocó para este fin les dijo: 'Por vuestra boca habéis confesado de no tener queja contra mí; habla delante del Señor y de su Cristo; testigo es el Señor y testigo su Cristo en este día.' El mismo concepto sublime lo mereció David perseguido por él, instigado por sus compañeros en las cuevas de Engadi(26) para que lo matara: 'No haré tal, dice, no permita el Cielo haga yo semejante cosa a mi Señor Cristo de Dios. No pondré mi mano en el que es Cristo de mi Criador.'(27) Y mandó quitar la vida al amalecita(28) que fingió haberlo muerto en los montes de Gelboe,(29)diciéndole '¿Cómo no has temido poner tu mano en el Cristo del Señor?'
"El nombre de príncipe es nombre de sucesión en la corona, o por la elección de los vasallos, y en este sentido llama la Divina Escritura a los reyes, príncipes del Señor; porque no permitiendo la materialidad del hombre sino un gobierno visible, los reyes hacen las veces de Dios visible, y ocupan aquel supremo puesto de la divinidad, donde ejercen los oficios que ella ejercería sobre los hombres, si el estado de viadores lo permitiera. Los príncipes de los pueblos se congregaron con el Dios de Abraham,(l) ungieron [por] segunda vez a Salomón, hijo de David. Lo ungieron para el Señor en príncipe. Se sentó, pues, Salomón sobre el solio del Señor como rey, después que murió David su padre.(m)
"Son potestades sublimes a distinción de las subalternas, que ellos destinan para el mejor orden de la jerarquía, y llevar por estas segundas manos la felicidad a los pueblos distantes del trono, quedando del todo sujetos a la regia potestad. Todo hombre debe estar sujeto a las potestades más sublimes.(n)
"Salomón sucedió inmediatamente en el trono a David, su padre, y es digna de atención la frase de la Divina Escritura. 'Empuñó su cetro, ciñó las sienes con su corona, se sentó en su solio, no de otra suerte que lo hacen los demás reyes del mundo aunque sean gentiles.' Aquel trono, aquella sucesión, aquella soberanía nada tiene de particular que no tengan las otras. En lo humano, en lo historial bastaba con decir que Salomón sucedió en la corona a David, su padre. Pero no bastaba el intento del Espíritu Santo. Se habían de levantar espíritus presumidos, soberbios como Lucifer, ciegos, atrevidos, que disputarían la dominación del Altísimo, se erigirían sobre él, lo despojarían de sus infinitas perfecciones, se colocarían ellos en su trono, lo postrarían a sus pies: y fue preciso desengañase al orbe de la malignidad de estos perversos incrédulos, de que el trono que ocupó Salomón no era de David, su padre en la soberanía, sino del mismo Dios."
SACRISTÁN Toda esta parola o compilación de elogios a los reyes no se trae con otro fin, sino con el de alucinar a un pueblo devotamente tonto, haciéndole creer que en el mundo ni ha habido ni puede haber otro gobierno sancionado por Dios sino el monárquico; que estamos todos obligados a ser vasallos de los reyes, pena de condenarnos; que éstos solos son los soberanos de la Tierra, y nos deben de mandar, porque Dios quiere, como a los caballos de su coche; y para infundirles estas patrañas, no sólo se les induce a venerarlos como reyes, sino a adorarlos como a dioses. Si esto no es enseñar la idolatría un obispo, yo no sé qué cosa pueda ser; pero es menester hacerle ver al pobre pueblo lo contrario.
La soberanía no es otra cosa que el ejercicio de la voluntad, y, como cada hombre tiene su voluntad, cada uno tiene su soberanía. Crió Dios al hombre absolutamente libre, sin dependencia de ningún ente criado; de manera que, en el estado natural, todo hombre podía hacer lo que quería, sin responder a nadie de sus acciones. Pero como multiplicándose los hombres, se multiplicaron también sus necesidades y placeres, resultó que los fuertes se aprovechaban de las personas y propiedades de los débiles para satisfacer las unas y contentar los otros.
Los débiles entonces se reunieron para defenderse de los fuertes. He aquí el origen de las sociedades; pero como ninguno tenía un derecho para mandar a los demás, resultaba una confusión de entre la misma sociedad. ¿Qué hicieron entonces los débiles para ordenarse? Depositaron todos y cada uno una parte de su libertad en uno o en muchos, contribuyéndole con algo de sus propiedades, jurando obedecerlo, y el jefe o jefes depositarios de estas libertades se comprometieron a conservarles sus derechos, defenderlos de los enemigos exteriores, y hacer guardar el orden entre ellos mismos. Éste es el pacto social estipulado entre los reyes y los pueblos, o entre las naciones y sus gobiernos; de manera que los hombres reunidos en sociedad, jamás renunciaron su libertad o su soberanía sino que depositaron una parte de ellas en uno o en muchos para lograr mayores ventajas. Y así es que los reyes tan lejos están de ser soberanos como se dicen, y como quiere el obispo de Sonora, como lo está un apoderado de ser dueño de los bienes de su poderdante, pues la soberanía que ejercita no es real sino representativa.
Los nombres de dioses y de cristos, de imágenes de Dios o semejantes al Altísimo que se hallan en las Sagradas Letras aplicados a los reyes, deben entenderse en sentido alegórico, y nunca con ultraje del Ser Supremo. ¿Quién es ante esta terrible Majestad el monarca mayor del Universo? Un átomo imperceptible, un escarabajo miserable que se arrastra en el cieno de su nada, que se parece tanto a Dios como las tinieblas a la luz, el pecado a la gracia, y el no ser al ser; pero el obispo de Sonora, olvidándose de estas verdades y queriendo que incensemos los americanos con la rodilla en tierra a su ídolo, Fernando, nos le quiere sentar en el mismo trono del Eterno. ¡Qué blasfemia!
El pueblo debe entender que cuando en la Escritura se dan estos epítetos honoríficos a los reyes, es en sentido alegórico para infundirles respeto a los vasallos. Así también para que los criados respeten a sus amos, se les dice en el catecismo que se deben portar como quien sirve a Dios en ellos. A los hijos se les insinúa que sus padres ocupan el lugar de Dios en la Tierra. A los casados que deben vivir con sus mujeres, como Cristo con la Iglesia; a las mujeres, que se deben manejar con sus maridos como la Iglesia con Cristo; y a todos, finalmente, que somos hechos a semejanza del Altísimo; y no por estas expresiones debe persuadirse que los amos y padres son semejantes a Dios, los maridos a Cristo, ni las mujeres a la Iglesia.
El trilladísimo texto de que los reyes mandan por Dios, tan alegado por los realistas, quiere decir que Dios es la causa primera de todo, y así como por Dios mandan los reyes, así también por el mismo Señor mandan los Congresos y demás gobiernos republicanos. Y esto no es parola, ni sofisma, consta del mismo texto, óigalo el pueblo: "por mí reinan los reyes", dice Dios, y añade "y los que hacen las leyes (esto es, los diputados a Cortes), por mí determinan lo justo." He aquí cómo la autoridad que ejercitan los reyes y la que ejercitan los gobiernos republicanos toda emana de Dios.
Hasta aquí pudiéramos estar a mano; pero es menester que el obispo de Sonora (para que otro día no trate de fascinar al pueblo, persuadiéndolo de que desobedece a Dios cuando no se sujeta al rey) sepa que Dios detesta el gobierno de los reyes; que su pueblo escogido de Israel fue gobernado republicanamente por jueces o senadores; que estos israelitas hostigaron a Samuel para que les diera rey a imitación de los gentiles, que el Señor se irritó con la petición de este pueblo servil, y le dijo al profeta: "anda y diles o adviérteles el derecho del rey que ha de reinar sobre ellos". Entonces Samuel les dijo: "Éste es el derecho del rey que os ha de dominar. Tomará vuestros hijos y se hará llevar sobre sus hombros. Paseará las ciudades en triunfo; los unos de vuestros hijos irán a pie delante de él y los otros lo seguirán como viles esclavos. Por fuerza los hará entrar en sus ejércitos. Los hará servir a la labor de sus tierras, y les hará cortar sus mieses. Entre ellos escogerá los artesanos de su lujo y pompa. Destinará vuestras hijas a servicios viles y bajos. Dará a sus favorecidos y servidores vuestras mejores haciendas. Para enriquecer a sus cortesanos os sacará el diezmo de vuestros productos. Vosotros, finalmente, seréis sus esclavos, y será inútil que imploréis su clemencia, porque Dios no os oirá, pues vosotros mismos os fabricasteis las desgracias. Entonces sabréis y veréis el grande mal que os habéis acarreado delante del Señor, pidiendo un rey sobre vosotros... aquí clamó Samuel al Señor, y envió el Señor truenos y lluvias en aquel día... Y temió todo el pueblo en gran manera al Señor y a Samuel, y dijo todo el pueblo a Samuel: 'ruega por tus siervos al Señor Dios tuyo para que no muramos; porque hemos añadido a todos nuestros pecados este más, de pedir un rey para nosotros'."(30) Yo quiero que el obispo de Sonora desmienta estas verdades; y si no puede desmentirlas, que conozca el triste pueblo a quien trata de seducir, que el gobierno monárquico es el más duro, déspota, cruel, tirano y opuesto a los naturales derechos del hombre libre, y que esos reyes y soberanos de la Tierra, esos dioses y cristos, tan de la devoción de fray Bernardo, fueron dados por Dios a Israel en castigo de su idiotez y servilismo. Siga usted leyendo.
PAYO: "La soberanía reside esencialmente en la nación. ¿Se ha desentido la nación española de aquella ley en que sanciona su adhesión invariable a la santa religión católica ¿No advierte de que sus testimonios no concuerdan? ¿Adhesión a la religión única y negar sus verdades reveladas? Si los reyes de la Tierra no son dueños de sus reinos, de sus cerros, de sus coronas, porque no lo son de la soberanía, la que pertenece exclusivamente al Criador, sino tan solamente unos depositarios, unos administradores, unos ministros del reino, ¿la nación la plebe, los que nacieron en la ínfima condición pretenderán disputársela? ¡Bravo arrojo, osada temeridad, insulto sacrílego!"
SACRISTÁN: El arrojo, la temeridad, el sacrilegio y la osadía son del obispo de Sonora que trata de subvertir el sistema adoptado de la nación, alarmando a los pueblos contra ella. Siga usted.
PAYO: "Oíd reyes y entended; aprended jueces de la Tierra; prestad los oídos vosotros que abarcáis la multitud, y os complacéis en las turbas de las naciones, la potestad os fue dada de Dios, y la virtud por el Altísimo que juzgará vuestras obras y escudriñará vuestros pensamientos. Porque como habiendo sido ministros de su reino no juzgasteis rectamente, ni guardasteis la ley de la justicia, ni obrasteis según la voluntad de Dios. Audite ergo Reges et inteligite, discite judices finium terrae. Prebete aures vos qui continetis multitudines et placetis vobis in turbis nationum: quoniam data est a Domino potestas vobis et virtus ab Altisimo qui interrogavit opera vestra et cogitationes scrutabitur, quoniam cum essetis ministri regni illius, non recte judicastis, nec custodistis legem justitiae neque secundum Dei voluntatem ambulastis."(o)
SACRISTÁN: Éstas son impertinencias repetidas. Siga usted.
PAYO: "Esta divina soberanía, que reside visiblemente en los príncipes, en las supremas autoridades que mandan los pueblos en su nombre, ungidos con su propia potestad, como dice el Eclesiástico Ungit principes in gente sua,(p)cuyos corazones están en las manos del Todopoderoso, para ser dirigidos según su voluntad, como se dice en los Proverbios: cor regis in manu Domini;(31) y que celando la Divina Majestad su honor, cela igualmente el de las potestades que lo representan, prohibiendo con su severo precepto en el Éxodo, sea murmurado o maldecido el príncipe del pueblo. Principi populi tui non maledices,(q) ha sido en esta época desgraciada arrollada por las lenguas serpentinas, envolviéndola igualmente que al obispo en su envenenada perfidia."
SACRISTÁN: Bien se ve aquí la ponzoña del obispo, pues aunque dice que la divina soberanía reside visiblemente en las supremas autoridades que mandan a los pueblos, no es su intención tratar de nuestras supremas autoridades, sino de los reyes, por eso dice de los ungidos en nombre de Dios. Siga usted leyendo.
PAYO: "No trata éste de indemnizarse, como es constante al Supremo Gobierno: el celo de la gloria de Dios ultrajada, blasfemado su santo nombre, atropellados los que hacen sus veces en la soberanía de los pueblos, es el resorte que ha movido su lengua, cuando lo ha exigido la necesidad, como en estos dos últimos domingos sucesivamente en el púlpito, y es el que dirige su pluma.
"No me es extraño hablen de mí, estoy prevenido con anticipación de mi divino Maestro. Si a mí me han perseguido, también han de perseguir a vosotros. Si al padre de familia llamaron Belcebú, mucho más a sus domésticos. No ha de ser el discípulo sobre el maestro. El gobierno superior ha sido zaherido por estos Aristarcos,(32) el Criador lo ha sido también. Son unos mismos los respetos, porque lo es la potestad."
SACRISTÁN: Que su servilismo y orgullo no le permita indemnizarse ante el Supremo Gobierno, es verdad; pero que con nuestro sistema se halle ultrajada la gloria de Dios, blasfemado su santo nombre, ni atropellados los que hacen sus veces en la soberanía de los pueblos, es mentira. Ni este celo divino, hipócritamente cacareado, es el resorte que ha movido su lengua, ni su pluma, sino el deseo de vernos otra vez dominados por su amo y señor Fernando VII. Pierda cuidado el padre obispo, pues le viviremos reconocidos. Lea usted.
PAYO: "No podía el obispo sufrir este desenfreno en paciencia, y menos ser indolente en lo más sagrado de sus deberes, mirándolo con indiferencia."
SACRISTÁN: ¿Cómo había de sufrirlo cuando lo más sagrado de sus deberes, según manifiesta, es adular a su rey y hacernos sus esclavos? Pero no se verá en ese espejo. Siga usted.
PAYO: "El concepto ordinario y abatido que las gentes han formado de la soberanía, por popular, les ha borrado su verdadero origen; les ha hecho sea desestimable en los que la ejercen, y sus respetos son conformes a los que merece el ínfimo de la plebe que los iguala."
SACRISTÁN: Todo esto es totalmente falso. El pueblo no ha olvidado su verdadero origen con el concepto que tiene de su soberanía; antes con la posesión de ésta, ha borrado la propensión de esclavo con que nació; ni menos le es desestimable la cualidad de hombres libres en los que gobiernan. Cuando la malicia y la ignorancia mienten a un tiempo, son las mentiras impasables. Siga usted.
PAYO: "La creencia, pues, de la soberanía de Dios en las autoridades que nos gobiernan, es de necesidad de la salvación. Esto ha predicado el obispo en desempeño de su misión, y para llenar los muchos y delicados deberes de su ministerio; que sus leyes justas son leyes dimanadas de Dios, que nadie se puede salvar obstinándose en la voluntad de no cumplirlas, que su voz no es voz como de hombres, sino del mismo Dios, que sus respetos, la sumisión y la obediencia, así como el vicio contrario, cede y se termina en la persona del mismo Dios. En una palabra, que es fácil el tránsito al total olvido de Dios, para negar su existencia comunica a los hombres constituidos en dignidad sin su dependencia."
SACRISTÁN: Este párrafo contiene una capciosidad para ponerse a cubierto con nuestro gobierno, y un pito para alucinar a los incautos. La capciosidad consiste en confesar soberanía en las autoridades que nos gobiernan; pero habiendo esforzado que la soberanía no reside en el pueblo, sino en los reyes, es claro que no habiendo aquí autoridades reales, no fue su ánimo reconocer tal soberanía en las autoridades que nos mandan. El pito es decir que es fácil negar la existencia de Dios, cuando se consideran a los hombres constituidos en dignidad, sin su dependencia. Es un pito, digo, porque aquí nadie se considera independiente de Dios; pero es un pito malicioso después que ha dicho que la proclamación de un pueblo, para instalar un gobierno en uno o en muchos, bajo ésta o la otra forma, es un pretexto fútil y fementido para borrar del mundo, toda idea de Dios. Atando aquel cabo con éste, quiere decir que somos ateístas; mas esta criminal impostura la desmiente nuestro público catolicismo, pues no se instala un Congreso, no se nombra un presidente, no se elige un Ayuntamiento, ni se da un paso, sin rendirle justos homenajes al Ser Supremo con solemnes Te Deum, y humildes acciones de gracias. Siga usted.
PAYO: "El obispo, en fin, ha sacado al Supremo Gobierno de la bajeza, y de la hez de una autoridad villana, del abismo de la humillación y de la nada en donde ha sido hundido por el filosofismo, y lo ha sublimado hasta el trono del Altísimo, en donde tiene su origen."
SACRISTÁN: Es decir, que ha querido poner en el trono del Altísimo al gobierno español, sacándolo de la bajeza donde lo ha humillado la hez [de] una autoridad villana, verbigracia, el Soberano Congreso, el Supremo Poder Ejecutivo y hoy las Cámaras, el presidente y los Congresos de los demás Estados. Éstas son las heces de una autoridad villana que ha hundido en el abismo de la humillación la soberanía borbónica, que se jacta de haber sublimado hasta el trono del Altísimo. Siga usted.
PAYO: "Ambos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo están unánimes e idénticos en esta divina verdad. Véase al ilustrísimo Bo[s]suet en su Política sagrada.(33)Los siglos han hecho su curso de acuerdo en este consentimiento sin interrupción hasta nuestros tiempos.
"Lutero en la Sajonia a principios del siglo diez y seis, Calvino en París, y en la Saboya Carlostadio,(34) Zuinglio,(35) Ecolampadio(36) en Holanda, Baviera y Países Bajos, Ro[us]seau en las montañas de Ginebra, son los primeros inventores de la soberanía popular, tuvieron y aún tienen otros muchos prosélitos; pero el orbe cristiano los ha abatido, los ha postrado, los ha arrojado de sí, no componen en el mundo para formar opinión, si no es por los que están tan corrompidos y ciegos como ellos."
SACRISTÁN: Prescindiendo de opiniones religiosas, esos hombres fueron, sin comparación, más sabios, virtuosos y humanos que todo el obispo de Sonora; ni un renglón ha visto de sus obras, y si ha leído un renglón no lo ha entendido. Otro día para pronunciar tan respetables nombres debe purificarse los labios con cuidado.(37) Prosiga usted.
PAYO: "No se habían oído en la Península estas voces hasta el 24 de septiembre en las Cortes de Cádiz al otro día de instaladas el año de [18]10. Siguió la manía, y aparecieron insertas como ley fundamental el 11 de agosto del siguiente en la Constitución española. Ella es una copia fiel, sacada literalmente en parte de la jacobina, sansculota, fra[n]cmasona que derribó del trono a Luis XVI para subirlo al cadalso; ella desapareció como el fuego fatuo. Doscientos dos artículos fueron tomados a la letra, y los restantes hasta trescientos ochenta y cuatro de que se compone el Código en la substancia. ¡Qué horrorosa es la prosapia!"
SACRISTÁN: ¡Qué malicia tan fina es la de su reverencia! Apunta el tiro a la Constitución de España, que ya no existe, y lo dispara sobre la nuestra que actualmente rige. ¿No es gracioso el angelito? Dice que la Constitución española es una "copia fiel, sacada literalmente en parte de la jacobina, sansculota y fra[n]cmasona que derribó del trono a Luis XVI..." Que "doscientos dos artículos fueron tomados a la letra, y los restantes hasta trescientos ochenta y cuatro de que se compone el Código en la substancia". Es decir, que toda la Constitución española es copia fiel de la jacobina, etcétera. Ignoro para qué fue la división de números que hace el obispo; pero sí sé que los jacobinos, sansculotes y fra[n]cmasones son españoles, que sus territorios son españoles, que su religión es la católica intolerante, etcétera; porque todo esto consta en la Constitución española, copiada literalmente de la maldita fra[nlcmasona, según el padre obispo... ¿Se ríe usted, compadre? Pues no hay más que leer el texto; pero, ya se ve, el triste fray Bernardo me parece que no ha visto ni la Constitución de san Elías. Siga usted.
PAYO: "No ignoramos la inhumana ley de pena de la vida a los que hablaren contra la Constitución. Juzguen los liberales más acérrimos si en el gobierno tiránico y opresor de la monarquía, como lo apellidan, se halla ley tan bárbara y tan fiera. Ellos que se jactan de ilustrados, de restauradores de los derechos del hombre, de no rozarse con costumbres inveteradas y carcomidas, de ser originales en la delicadeza del pensar y del proceder, y de sobresalir en sus Constituciones sobre lo más pulido y delicado de toda la Europa, ¿qué criterio han formado del Alcorán de Mahoma, que no admite otra razón que la de la espada? Mírense, pues, transformados en esta barbarie, y colocada su Constitución en el rango de aquél. ¿Qué juicio formará el orbe de esta finura?"
SACRISTÁN: No hay puta que no sea asquerosa. Yo ignoro semejante ley; pero aun suponiendo que la hubiera, ¿qué tiene que escandalizarse de ella el obispo de Sonora, el obispo que condena los americanos a herejes ateístas, y que quisiera verlos excomulgados? ¿Conque no se halla ley tan bárbara en el Código de la monarquía española?(38) ¡Qué atrasado está su reverencia en la historia de su misma tierra! No quiero citarle leyes cruelísimas; pero ¿es posible que tan breve se le olvidaron los horrorosos e infandos procederes de su santa y divina madre la Inquisición? Ese negro tribunal de Plutón cuyo santo oficio era calumniar, robar y asesinar en nombre de Dios al género humano, y ante quien no estaban seguros ni los potentados, ni los pobres, ni los ignorantes ni los sabios, ni los judíos, ni los cristianos, ni los herejes, ni los santos. Ese impío tribunal, repito, abominado de Dios y de la naturaleza, le merecía mil respetos y veneraciones a ese obispo que hoy afecta espantarse por una ley que, si la hubo, sería dada justamente ad terrorem, por mera precaución, ¡y luego hacer la comparación con la espada de Mahoma! Los inquisidores jugaban esta espada con más destreza que el mismo Mahoma. Éste, dicen que dice, o crees o te mato; pero los inquisidores decían: aunque creas, como seas rico, te quemamos, te robamos,y te infamamos tu familia; y cuando te veamos con piedad, te dejaremos vivir,infamado, robado y castigado. De esto no se escandaliza fray Bernardo. Si digo yo bien, no hay puta que no sea asquerosa. Siga usted.
PAYO: "Nuestro Supremo Gobierno de México tiene diverso carácter, es más moderado, más humano, más piadoso y más cristiano."
SACRISTÁN: Ésa es una hipocresía y un miedo conocido del obispo. Después de insultar al gobierno y a toda la nación, después de compararlo con la Constitución española, esto es, con las Cortes a quienes trata de rebeldes, jacobinas, herejes y tiranas, dice que es más moderado, esto es, un poco menos perverso que aquéllas. Y esto lo dice sin ningunas ganas, sino de puro miedo; pero, perdone usted señor obispo, que no hay de qué: nuestro gobierno es demasiado manso y religioso, le tiene demasiado respeto a los eclesiásticos, y más a los obispos. Yo lo respeto mucho, pero quisiera infundirle más energía y reclamarle que su primer deber es cuidar de la salvación de la patria, mas que por ésta se lleve en las espuelas a todos los obispos de Sonora. Siga usted, compadre.
PAYO: Queda ya hecha la vindicación de la soberanía del Altísimo.
SACRISTÁN: Fernando VII para fray Bernardo. Éste es el altísimo que hemos agraviado con nuestra Independencia. Siga usted.
PAYO: Y el artículo tercero de la Constitución española notado de anticatólico.
SACRISTÁN: ¡Divinamente! Y también el primero de nuestra Constitución, que nos constituye independientes de España y de toda dominación extranjera. Estas gallardas vindicaciones estaban reservadas desde la eternidad a la incomparable virtud del muy patriota y benemérito español, obispo de Sonora y Sinaloa, fray Bernardo del Espíritu Santo. Siga usted.
PAYO: No nos autorizamos más con otros testimonios y ejemplos de la Divina Escritura, huyendo del vicio de la redundancia. Ni hacemos análisis del citado artículo, de su nulidad, de la torpe contradicción que envuelve de la falsa independencia individual, de la ridícula igualdad, de su imprescriptibilidad soñada, de la inexistencia de toda ley humana y de la disolubilidad de toda sociedad a que induce por ser obvios casi a la primera vista, o por no desviarnos de nuestro primer objeto. Queda formado el proceso, está patente el cuerpo del delito, el reo está confeso plena y claramente, no hay necesidad de otros trámites, nada más resta que la sentencia: reus est,mortis crucifigatur.
SACRISTÁN: En verdad que está formado el proceso, patente el cuerpo del delito, el reo confeso y la causa substanciada en plenario; pero no haya miedo que se pronuncie la sentencia. ¡Sobre que somos tan cristianos! Siga usted.
PAYO: "Jamás creí vivir los años que he vivido; ya me considero por demás en el mundo."
SACRISTÁN: Por mí, ¡ojalá jamás hubiera existido un enemigo tan declarado de mi patria! Siga usted.
PAYO: "Esta vida por su propia virtud se va consumiendo, no me resta sino el sepulcro, cada día lo tengo por el último, y así no la apetezco, si no es para que sea sacrificada en obsequio de mi Dios y Redentor por motivo de religión, y tener la dicha de devolvérsela en el mismo precio de sangre con que su Majestad entregó la suya por salvarme."
SACRISTÁN: ¡Santico se me ha vuelto el obispo de Sonora! ¡Hola! ¿Tan desprendido está del mundo, de sus intereses y de su misma vida el obispo comerciante contra los cánones? ¿Tan perfecto es el que usurpa las facultades temporales a las autoridades legítimas? ¿Y tan en la unitiva se halla el que prefiere un rey, a una nación, a cuya cuenta está rico contra el Evangelio, cacarea ocho pesos que da de limosna, se mantiene regalado y gordo como provincial de mendicantes? Éstos son unos santos nuevos que no están en el calendario; porque David dice beatus vir qui post aurum non abit, dichoso el hombre que no anda tras el oro. El obispo de Sonora es dichoso andando tras de este metal,(39) es un santo que quiere ser mártir sin qué, ni para qué en una nación cristiana, teocrática, que venera las palabras de un fraile como si fueran dichas por el mismo Dios, y por último, tan mansa que su constelación es el signo de ovejo. Yo quisiera ver a este apostólico obispo predicando en Constantinopla contra el sistema de Mahoma; es mi última voluntad que me lleven todos los diablos si no era el primer renegado. Aun digo poco, doble número de diablos quiero que me lleven si se atreve el año de [18]12 a escribir en España las blasfemias que ahora ha impreso contra la Constitución española, y si las escribe, quiero que me lleve triple número de diablos si las Cortes no lo mandan ahorcar, y a fe que habrían hecho muy bien; pero en la América... chitón, que los obispos son dioses... ¡Ah gobiernos, vuestro miedo, vuestra falta de energía, vuestra debilidad ha de perdernos! Ser piadosos con el infeliz criminal a las veces es clemencia; ser condescend[i]ente con el poderoso criminal es abatimiento, es debilidad, es cobardía de cuyas resultas responderéis a Dios y a los hombres. Siga usted.
PAYO: "Nada de este mundo hay que me amedrente en esta empresa, y si por el Supremo Gobierno se [me] manda callar, con el debido decoro responderé lo que los santos apóstoles en iguales circunstancias: si será justo obedecer a los hombres más bien que a Dios. Si justum est in conspectu Dei vos potius audire quam Deum judicate."(r)
En Culiacán a 4 de octubre de 1824. Fray Bernardo, obispo de Sonora.
SACRISTÁN: Aquí echó fray Bernardo el resto de su insubordinación, escondiéndose tras del ejemplo de los apóstoles; pero muy mal traído. Intimándole los judíos a san Pedro que no hablara mal de Jesús, él y Juan les dijeron: Si es justo delante de Dios oíros a vosotros antes que a Dios, juzgadlo. ¿Qué tiene que ver esto con que si el Supremo Gobierno manda callar al obispo de Sonora en asuntos políticos, él no quiera obedecerlo, como si le mandara que no hablara de Jesús? Pero ya se ve, ya no hay mártires, y en América, ni confesores. Siga usted.
PAYO: ¿Qué he de seguir si ya concluí hasta la firma?
SACRISTÁN: Pueblos de Sonora(40) y Sinaloa,(41) labradores miserables y sencillos, artistas infelices e incautos, comerciantes honrados y sin letras, vecinos humildes e inocentes, no os dejéis seducir por los envenenados sofismas de vuestro obispo; es fanático, gachupín,(42) borbonista y, por todo, es enemigo vuestro. Dios os crió libres y debéis morir libres. Fernando VII es un usurpador y debéis detestarlo como a ladrón: esperad vuestra felicidad de vuestros representantes, que son vuestros paisanos y elegidos por vosotros, y jamás de un extranjero que no exige de vosotros otras cosas, sino vuestra humillación y vuestros pesos. No os deslumbre la representación de obispo, ni creáis sus palabras como de un oráculo o de un Dios. Un obispo con su mitra es lo mismo que yo con mi sombrero. Todos hacen votos de ser santos, pero muy raros cumplen con ese voto. Ha habido mil obispos herejes, ladrones, adúlteros, perjuros, sacrílegos, fornicarios, excomulgados y traidores; así como ha habido otros humildes, conscientes, caritativos, benéficos y santos; pero los buenos colóquense en los altares y los malos adornen los suplicios y los destierros. Creedme: os amo, os deseo vuestra felicidad y, por tanto, os doy este consejo: acusad a vuestro obispo ante el gobierno y quitaos de él, porque es vuestro capital enemigo. Ya yo lo voy a denunciar ante la ley.(43) Veremos si el gobierno la aplica sin diferencia de personas; pues, porque a mí me han puesto en la cárcel cuarenta veces por unos papeles zonzos y patriotas, veremos qué hace el gobierno con un obispo autor de un libelo tan calumnioso, subversivo, sedicioso y alarmante; y entre tanto Dios os guarde y os libre de los borbonistas como de la sarna, el zaratán,(44) las bubas(45) y los sabañones.
PAYO: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Deseando he estado que se acabara el sermón para ir a curarme mi pierna. A Dios, compadre.
SACRISTÁN: Sí, compadre, a Dios. Hasta otro día.
México, 4 de febrero de 1825.
El Pensador
NOTA DEL AUTOR. Después de impreso este papel me dijeron que cuando entró en Sinaloa el señor obispo fray Bernardo, aquellos milicianos sencillos le rindieron las armas. Su reverencia se dejó querer, y habiéndole advertido uno de su comitiva este hecho, respondió muy tranquilo: No hacen mucho; al fin soy un príncipe de la Iglesia. Considérese por esto, cuál será el orgullo y despotismo de este santo prelado.
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