[NÚMERO 6]
EL HERMANO DEL PERICO QUE
Periódico Político Moral
Quid rides? Mutato nomine, de te fabella narratur
¿Qué te ríes? Con diferente nombre de ti habla la fabulilla
En el que se le sigue el bulto al voto del señor Becerra,(2) impreso por mayor en la imprenta del Supremo Gobierno en Palacio.
PERICO: ¿Conque el señor diputado Becerra no ha dicho una palabra a lo que dije en mi número cinco sobre su voto?
PENSADOR: No, nada ha dicho ni debe decir; ¿quién ha de entrar en disputas con un loro? ¿Ni qué entiendes tú de alta política para meter tu pico en semejantes materias? Por eso ha hecho muy bien su señoría en no hacerte caso, como la luna que pasa sin cuidarse de los gozquecillos que la ladran.
PERICO: Es verdad; pero el voto se imprimió como lo parió su madre, ¿no es esto?
PENSADOR: Sí, en efecto, corre impreso en dos pliegos útiles y de buena impresión.
PERICO: Con eso me contento; en corriendo impreso el voto y mis pericadas, el público juzgará sin que se entienda que pretendo rozarme con la instrucción de este señor, ni menos degradar un ápice sus talentos que tiene tan acreditados; pero como no me excede en el amor a la patria, y ésta se interesa tanto en la gran cuestión del día sobre si conviene constituirnos en república central o federada, seré disculpable en manifestar mi opinión, aunque no sea la mejor, protestando siempre mis respetos a ese señor diputado y aun mi deferencia a la suya, siempre que la sostenga con mejores pruebas que hasta aquí. ¿Qué dice, pues, el voto por mayor?
PENSADOR: En substancia, lo mismo que por menor, aunque más elucidado. Por ejemplo, dice que no hay voluntad general en la nación para constituirse en república federada, y lo prueba con que hay centralistas, iturbidistas, borbonistas, y a seguida alega unos textos de Rousseau.
PERICO: ¿Quién es ese Rousseau? ¿Es algún apóstol o evangelista, o algún numen infalible, descendido del azul alcázar para iluminar a los mortales?
PENSADOR: Nada de eso; es un filósofo de Ginebra, gran político y de tan profundo talento, que probó públicamente que las ciencias eran nocivas a los hombres, porque con ellas se hacían perversos, deduciendo que el más sabio era el más pícaro. Ya ves qué absurdo. Pues tan bien lo probó, que su disertación mereció el premio por la academia de Dijon.
PERICO: ¡Ah!, sí, ya me acuerdo; ese Rousseau es aquel tan enemigo del clero y de las instituciones monásticas, y el mismo que dice que no hay religión más propia para hacer esclavos y brutos que la cristiana, por aquello de la abnegación de sí mismos. ¡Cuántas veces he oído maldecir en los púlpitos a este grande hombre! Él erró en unas cosas y acertó en otras, con lo que basta para que yo no tenga por infalibles sus decisiones. Y volviendo al asunto, digo que si el señor Becerra se atiene a los partidos y al ginebrino para probar que no hay voluntad general de constituirse la nación en república federada, la yerra; porque no hay fundamentos más fallidos que los suyos; ya dije mucho en mi quinto número y es fastidioso repetir. Ahora añado, preguntándole al señor Becerra, ¿cuál es el barómetro que tiene para medir la voluntad general? Desde luego no me lo señalará.
PENSADOR: Dice que esta pretensa voluntad no está bien manifestada.
PERICO: ¡Cáspita! ¿Cómo querrá su señoría que se manifieste? ¿Qué no bastan los pronunciamientos de Jalisco,(3) Zacatecas,(4) Oaxaca(5) y otras provincias? ¿Nada dicen las instrucciones que han dado algunas provincias a sus diputados, previniéndoles las constituyan en Estado libres, federados e independientes? ¿A qué fueron los señores Bravo(6) y Negrete(7) con tropa armada cerca de Jalisco? ¿Por qué no vuelan a auxiliar a Veracruz,(8)dejando libres las inocentes provincias que ocupan? Y, finalmente, ¿cuántos escritores se han decidido a defender el centralismo, ni en México donde tiene su foco? Conque si con todo esto no está bien manifestada la opinión del federalismo, no sé de qué mejor modo puedan explicarse las provincias. Retírenseles la fuerza armada, manifiéstese México indiferente sobre la forma de gobierno que elijan, y veremos si no gritan por las calles: ¡federalismo!
PENSADOR: Hay mucho que decir sobre eso. Un señor diputado dice que no saben qué es república federada y que de cada cien hombres acaso lo sabrá uno.
PERICO: ¿Y de eso arguye ese señor que no nos conviene tal gobierno? Es mala consecuencia. De la ignorancia de una nación no se puede argüir nulidad en su gobierno. Y así como de que yo ignore la virtud y modo de obrar de las drogas de la botica, no se podrá deducir que no conviene aplicármelas estando enfermo, así tampoco se puede inferir que no conviene constituir la nación en república federada, porque su mayor parte ignore qué cosa esfederación independiente. Le retorcería el argumento a ese señor diputado y le diría que de los mismos cien hombres, noventa y nueve ignoran qué es centralismo, oligarquía, democracia, aristocracia, etcétera, luego, ningún gobierno les conviene. ¡Graciosa consecuencia! Sin embargo, aun con esta ignorancia, a los más les acomoda porque oyen decir que es el mejor gobierno conocido, y todo hombre ama lo mejor antes de experimentarlo. Pero yo pregunto, ¿por qué ese empeño que se nota en deprimir el federalismo y en soñar fantasmas y pronosticar ruinas y fatalidades, [y] si se admite, no se pone en explicarle a los pueblos lo que es, pero con verdad y sencillez? Entonces es claro que se decidirían por lo mejor; mas aunque sea a loro, yo les diré en su lengua qué cosa es
SOBERANÍA
Es el ejercicio absoluto de nuestra voluntad y el supremo poder de hacer lo que se nos antoje, bueno o malo, sin consultar otra cosa que nuestro gusto. De aquí es que un déspota o tirano son, sin embargo de serlo, soberanos, por el supremo poder que ejercen sobre sus míseros esclavos o vasallos. Síguese de esto que cualquiera nación, provincia o individuo, es soberano de sí mismo, siempre que goce el ejercicio absoluto de su voluntad.
INDEPENDENCIA
Es el ningún reconocimiento o sujeción a otro, y éste es el estado natural en que nacemos; de modo que, mientras menos subordinación o sujeción tiene un hombre respecto de otro, o una nación o provincia respecto de otras, tanto es más independiente de ellas.
Tal estado sería bueno en sí mismo si los hombres fueran lo que debían ser y no lo que son; pero por cuanto los fuertes siempre se sobreponen a los débiles, éstos se reunieron en juntas que se llaman sociedades e inventaron unas reglas que se llaman leyes, sujetándose a ellas para defenderse de los fuertes.
Como no todos podían a un tiempo hacer observar estas leyes, establecieron unos administradores de ellas, que conocemos con los nombres de reyes,gobernantes, jueces y magistrados, en quienes depositaron una parte de su soberanía e independencia para asegurar su
LIBERTAD
Este don precioso, que no significa libertinaje ni licencia, es una dulce sujeción con que sacrifica todo hombre una parte de su soberanía o libertad natural, que por sí misma le es dañosa para asegurar el resto que se reserva y del que nadie puede despojarlo sin violencia; si bien así como el que paga un almacén y unos cajeros que cuiden sus intereses, se desprende de algún dinero para pagarles por conservar el resto de su caudal con seguridad. Ésta se llama libertad civil, y es dulce esclavitud el ser esclavo de la ley.
FEDERACIÓN
Esto quiere decir alianza, unión, amistad, pacto social y compromiso de hermanos, mediante cuyos pactos se comprometen a auxiliarse mutuamente unas naciones con otras, unos Estados con otros y unos con otros hombres; repetidos signos de alianza o de federación dio a su pueblo el Dios de Jacob e Israel, y constan en las Sagradas Letras.
PENSADOR: ¿Luego, la federación no es mala?
PERICO: Si lo fuera, Dios no habría querido que el pueblo se le federara. Ves pues cómo no hay embarazo para confesar la soberanía respectiva a cada estado, ni a cada hombre, y que es una equivocación querer que la soberanía resida en toda la masa de la nación y no separada de sus provincias, como se ha dicho en el Salón de Cortes y se ha impreso, no sin escándalo de los que examinan a fondo las cuestiones de nombre. La misma razón hay para decir que la soberanía de una nación está esencialmente en toda su masa y nunca repartida en fracciones, que para asentar esta proposición: la soberanía reside esencialmente en el mundo y no en ninguna nación determinada. Así que se me pruebe la disparidad, me convenceré de que ni Jalisco, ni Oaxaca, ni México, ni ninguno de nuestros Estados, es soberano de sí mismo ni por sí mismo, si no entra mancornado(9) con todos los demás. Tal proposición me parece tan absurda como esta otra: todos los hombres son dueños de su voluntad; pero los frailes no tienen voluntad, ni los clérigos, ni los soldados, etcétera. Eso vale decir, la nación es soberana; pero no tiene soberanía o uso de su voluntad Puebla,(10) Durango,(11)Zacatecas, Valladolid,(12) etcétera; ¿puedes comprender tal paradoja? Pues lo cierto es que Jalisco, negada esa soberanía, ha contenido las disposiciones hostiles del pasado Soberano Congreso.
PENSADOR: Pero yo he dicho que la soberanía es indivisible e inenajenable, y esto se contradice con mi doctrina o la común de los publicistas.
PERICO: De ninguna manera: tú has dicho bien. El ejercicio de la voluntad de los pueblos y de los hombres, que es lo que entendemos por soberanía, es indivisible e inenajenable. Indivisible, porque así como el hombre no puede dividir su voluntad a una misma cosa y en iguales circunstancias, sino que ha de querer o no querer, pues es imposible que a un mismo tiempo una cosa sea y no sea, así tampoco un Estado bien regulado, y mucho menos una nación, puede dividir la suya sobre una misma cosa y en circunstancias iguales. Por ejemplo, yo no puedo amar a una cotorra si me muerde, ni aborrecerla si me acaricia; mi voluntad tiene sus diques, pero menos puedo amarla por lo que la aborrezco, ni aborrecerla por lo que la amo. ¿Lo comprendes?
PENSADOR: Está muy claro.
PERICO: Pues lo mismo pasa en las naciones, no pueden dividir su voluntad o soberanía en unas mismas circunstancias: o quieren o no quieren, y este dique que tiene la voluntad es lo que significa que es indivisible.
PENSADOR: Pero entonces se sigue que la voluntad de una nación ha de ser igual en todos sus individuos, pues siendo diversa en éstos ya ésta dividida y, de consiguiente, ya no es general.
PERICO: Esto es lo que dice el señor Becerra; pero no lo que es, según entiendo. Una voluntad generalizada de esa suerte ni se ha dado ni puede darse; en una concurrencia de tres hombres apenas se manifestará la voluntad general en una cosa. En el Congreso nunca hay voluntad general, porque siempre hay choque de opiniones; sin embargo, así que la mayoría gana la votación, se dice que el Soberano Congreso decretó esto o lo otro y se cree y se cumple; y lo más chulo, se dice que esto determinó la nación. ¿No ves cómo los hombres son locos que no se entienden? Pues esto basta para que conozcas que por voluntad general se entiende el voto y consentimiento de lo más, sean corporaciones, Estados o naciones.
PENSADOR: Eso es muy claro, periquito mío. Dime ahora, cómo es inenajenable la voluntad.
PERICO: Sí, te diré. Pero manda que me traigan mis sopas de chocolate que se han olvidado, y ya con tanto hablar tengo mi estómago en un hilo.
PENSADOR: Voy, lorito, ¿y cuándo vuelves a continuar tu charla?
PERICO: El viernes.
PENSADOR: Pues ya vendrá la moza con un tazón de sopas.
Miércoles 17 de diciembre de 1823.
(1) Imprenta de don Mariano Ontiveros.
(2) Becerra. Cf. nota 18 al núm. 4 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(3) Jalisco. Cf. nota 20 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(4) Zacatecas. Cf. nota 8 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(5) Oaxaca. Cf. nota 10 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(6) Bravo. Cf. nota 8 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(7) Pedro Celestino Negrete (1777-1846). Fue un general español de las tropas realistas, pero el 13 de junio de 1821 se adhirió al Plan de Iguala. Se mostró adversario de Iturbide al secundar el Plan de Casa Mata.
(8) Veracruz. Cf. nota 15 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(9) mancornado. Amarrar de los cuernos. Atar el cuerno de un toro o novillo con el cuerno de otro, para domar a uno de ellos y obligarlos a ir juntos. El sentido del texto es que los Estados deben estar juntos (como atados) en la Federación, para caminar juntos.
(10) Puebla. Estado de la República Mexicana. Sus límites son: al norte y este Veracruz; al sur Oaxaca y Guerrero; al oeste el Estado de México, Morelos y Tlaxcala, y al noroeste Hidalgo.
(11) Durango. Cf. nota 11 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(12) Valladolid. Cf. nota 12 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.