[NÚMERO 5]
QUINTA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
SACRISTÁN: Ahora está usted más aliviado, compadre.
PAYO: Así es la verdad, ¿pero de qué lo infiere usted?
SACRISTÁN: De que anda usted más ligero y alegre.
PAYO: Es así. Sentémonos.
SACRISTÁN-: ¿Aún quiere usted que se premien a los primeros insurgentes?
PAYO: Es muy justo. No sé por qué fatalidad Siempre se han visto estos pobres con desprecio. Apenas se afirmó Iturbide en la silla, cuando les dio su patente(2)como suelen decir, y esto con el mayor escándalo, pues me acuerdo de una orden que salió para que los empleos militares dados por los virreyes de España fueran válidos, y a pocos días me parece que se publicó otra para que no lo fueran los concedidos por los jefes de la insurrección. ¡Error político, que no lo hubiera empatado(3) el mismo don Fernando de Borbón!
A seguida(4) se retiraron a unos insurgentes, se licenciaron a otros, se depositaron a éstos, se enviaron a morir a Veracruz(5) a aquéllos, y se arrinconaron a todos. Bastaba ser de insurgente para salir mal despachada cualquiera instancia. Este procedimiento tan ajeno de la justicia distributiva, comenzó a malquistar a don Agustín de Iturbide más de lo que él pensaba. Aumentábanse cada día los agraviados y en ellos los maldicientes y quejosos. Una odiosísima división se introdujo en el ejército, que pudo haber sido bien funesta. Los antiguos patriotas eran conocidos con el nombre de insurgentes, y los modernos con el de independientes; éstos miraban a aquéllos con desprecio, y los insurgentes veían a los independientes con celo y odio. Iturbide cogió el fruto de su injusticia en la fácil realización del Plan de Casa Mata.(6) Yo deseo que los gobiernos se aprovechen del escarmiento.
SACRISTÁN: En efecto, compadre, no hay cosa que pronostique más seguramente la ruina de un Estado, que la división y el descontento de su ejército; porque los interesados en trastornarlo, fácilmente [se] hallan disgustados con quienes forman partidos. Pero son innegables dos cosas: la primera, que eran tantos los que se apellidaban insurgentes y demandaban premio, que si hubieran de haberse creído y satisfecho era poca la vasta extensión de la República con todas sus minas, haciendas y destinos para premiarlos.
La segunda razón innegable es que muchos de los aspirantes no eran dignos de los empleos que solicitaban, ya por su conducta notoriamente inmoral, y ya por su torpísima ignorancia, pues por más valientes que fueran muchos de ellos, es claro que no podían maniobrar con arte con un batallón, ni imponerse del estado de una mayoría.
PAYO: A esa clase de insurgentes jamás he querido que se premie fuera de su mérito, pues bien sé que la ciencia del soldado es muy diversa de la del coronel. No ignoro que hubo insurgentes que lo fueron por robar; que otros, después de conseguido este fin, se indultaron y se estuvieron quietos en su casa, cuando otros hacían armas contra la patria. Éstos no son dignos de premio, lo confieso; pero no se debieron confundir con los verdaderos patriotas que sacrificaron sus intereses, familias y personas, y permanecieron fieles a la voz de la patria. También hubo muchos independientes a buena hora,(7) que así que la vieron blanca y migada, fueron a incorporarse a Santa Mónica,(8) Atzcapozalco(9) y Tacubaya,(10) y mil que ni de México salieron y se hallan colocados en el día, con agravio de muchos beneméritos. Por esto yo quisiera que el señor presidente crease unos cuerpos de milicia activa, denominados batallones de las legiones de honor de la República, compuestos de gente florida y voluntaria, que se alistasen con tiempo para esperar los primeros al enemigo, cuyos lucidos cuerpos podían crearse en todos los Estados, gozando sus individuos de unas preeminencias no comunes al resto de las tropas, y yo aseguro que en estos batallones se vería la flor de los patriotas y de los esforzados y valientes. El inmortal Napoleón no se gloriaba de otra cosa más que de haber inventado estas brillantes legiones, a quienes debió la mitad de su gloria.
SACRISTÁN: Pero, compadre, todos los soldados quisieran ser de las legiones de honor.
PAYO: Y no habría embarazo para que lo fueran cuantos tuvieran las cualidades necesarias.
SACRISTÁN: ¿Y cuáles fueran las que usted eligiera?
PAYO: En el soldado, talla, robustez, edad de veinte a treinta años, disposición, valor y conocimiento de la causa que iba a defender. En los cabos y sargentos, además de esto, instrucción en la ordenanza; y en los oficiales y jefes, honor, valor y patriotismo; y ya ve usted que si todo nuestro ejército pudiera formarse de semejantes hombres, todo él merecía dividirse en legiones de honor. Repito que en estas legiones no se había de ingerir ningún esforzado ni consentir ningún vicioso.
SACRISTÁN: Pues, compadre, ¡ojalá y se pusiera en planta el proyecto de usted, porque la cosa no anda lejos!
PAYO: ¿Qué quiere usted decir?
SACRISTÁN: Que la Liga(11) ya nos pisa la sombra y nada tarda en darnos el buen día.
PAYO: ¿Es posible?
SACRISTÁN: Sí, señor; en El Águila, número 288, remitiéndose al diario de observaciones de Veracruz se lee lo siguiente: "Domingo 16. Ayer tarde llegó a esta plaza el ayudante general del Estado Mayor, don José Rincón,(12) quien regresó de Tabasco,(13) libre de las convulsiones que tumultuariamente suscitaron en aquel Estado genios malévolos, enemigos del orden y de la tranquilidad. Con este recomendable jefe han vuelto tres de nuestras lanchas que se hallaban operando en aquel río. Con estas fuerzas que pronto vendrán a Sacrificios,(14) reforzaremos la armadilla, y quizá con ellas podremos hacer algún daño a la expedición española que está próxima a llegar a Ulúa, pues se dice que con los buques que la componen, sólo viene la fragata de guerra 'Sabina', y los demás son mercantes armados, que es lo mismo que vestirse los burros las pieles de los leones, pues donde no hay subordinación no hay fuerza física, tan respetable como la que se compromete por deber y obligación."
Conque verá usted que no estamos muy mal.
PAYO: ¡Caramba!, que ni muy bien; pero estos señores mexicanos nada temen. Aquí todo se nos vuelve toros, comedia, gallos, paseos y diversiones y dentro de poco ya los cañonazos de los santos ligadores nos harán volver de nuestro pesado letargo.
SACRISTÁN: No, a la liga de mar no se le debe temer mucho, de la tierra es menester guardarnos.
PAYO: Eso es lo que yo digo.
SACRISTÁN: Y más, que los canónigos ni quieren, ni han querido, ni han de querer poner en Catedral las armas de la América, con lo que prueban lo mucho que aborrecen el sistema republicano, y con no quitar de la lámpara las armas de España, muestran cuanto apetecen el gobierno monárquico.
PAYO: Ellos hacen bien y eso es tener carácter y ser agradecidos, y no tienen maldita la culpa ni merece criticarse su conducta por escandalosa que sea. El gobierno lo ve, sabe que hacen burla de la ley, se ha reconvenido mil veces este exceso por las prensas, puede remediarlo y no lo hace. ¿Qué quiere decir esto, sino que el gobierno de México les tiene mucho respeto a los canónigos
SACRISTÁN: Pues si tanto respeto tiene el gobierno a cuatro clérigos, ¿Cuánto no le tendrá a un obispo? ¿Por qué no toma serias providencias contra el obispo de Sonora?(15) ¿Será porque los obispos no juegan y saben manejar las excomuniones y entredichos?
PAYO: ¿Pues qué ha hecho el obispo de Sonora?
SACRISTÁN: Una friolera. Ha escrito, impreso y circulado un papel alarmante y subversivo en primer grado.
PAYO: ¿Y lo tiene usted a mano?
SACRISTÁN: ¡Ojalá! Si lo tuviera ya lo haría añicos bajo la férula de la justicia crítica; pero lea usted el comunicado que consta en El Águila número 286. Aquí está.
PAYO: En efecto, dice así: "Señor editor: En carta de 5 del corriente del estado de Durango, se comunica a esta ciudad la noticia de que el señor obispo de Sonora, residente en Culiacán, ha dado a luz, por la prensa, un manifiesto en que sostiene que la soberanía reside esencialmente en Dios, y no en el pueblo; y que es un execrable sacrilegio atribuir a éste alguna soberanía. Esta noticia análoga al sistema del propio prelado, es conforme a otras que se han recibido de otros puntos y que afirman que el manifiesto se imprimió en Guadalajara(16) a solicitud de su autor, y que lo ha circulado en todo el estado de Sinaloa.(17) ¿Y cuáles serán los resultados de este papel infraccionario de la Constitución, y de los más sanos principios que se han reconocido por todos los sabios de las naciones? A la consideración de mis conciudadanos lo dejo; pero así se escribe cuando no se respeta ni se teme a ninguna autoridad de las que reconocimos. No es de creerse que nuestro gobierno disimule semejante atentado, que es de una transcendencia demasiado perjudicial a toda la nación, y principalmente a aquellos habitantes de Sinaloa y Sonora que hasta ahora no saben lo que es libertad, y que cada día se ven más oprimidos. Así, pues, se hace preciso que usted, señor editor, se sirva insertar en su periódico la referida noticia, para que sea un estímulo de que se dicten las más activas providencias sobre tan ofensivo papel y se eviten los males que de lo contrario se originarían.
"Usted dispense la molestia de su afectísimo conciudadano que besa su mano. M."
¡Habráse dado infamia semejante! ¡Papel más subversivo y alarmante! Él estará lleno de capciosidades y sofismas. La religión perecerá con los disfraces con que acostumbran vestirla los fanáticos. Se arrastrarán textos de la Escritura para probar que nuestro actual sistema es incompatible con la ley de Jesús. Se probará que nuestros magistrados son herejes y no se omitirá medio para persuadir que todos están excomulgados mientras no vuelvan a las cadenas del amado Fernando.
Tanta sedición apurada por un obispo de Sonora, cuyo prestigio es tan grande sobre aquellas gentes sencillas e ignorantes, fácil es concebir el daño que causará. Daño que, trasmitiéndose de unos a otros pueblos, puede causar no menos que el trastorno general de la República. Sin embargo, el gobierno ve estas cosas, tiene autoridad y no aplica el remedio suficiente... ¡Qué dolor! Puede decirse en este caso lo que en otro igual decía Cicerón al senado de Roma: "Tenéis autoridad, mas no os atrevéis a ejercitarla: está, como el cuchillo guardado en la vaina." Tanquam gladius in vagina reconditus.
No es tanto el influjo que el clero tiene sobre el pueblo, cuanto el respeto o condescendencia con que lo ve el gobierno. Con todo se sale el clero alto. No quiere el Cabildo de Jalisco que el gobierno arregle el culto, pues vaya una adición para que no se haga. El Cabildo de Valladolid(18) no quiere prestar los honores debidos al gobernador de aquel Estado, pues que se disimule y se tolere. El Cabildo de México no quiere colocar las armas de la América en la Catedral, ni quitar de la lámpara las del rey de España, a pesar de estar mandado por la ley, pues ¿qué se ha de hacer? Disimulemos. Últimamente, el obispo de Sonora trata de alarmar su diócesis contra la patria, pues callemos, que es un señor obispo y no conviene disgustarle... ¡Cáspita, el pueblo tan devoto y teocrático! Bien me decía un inglés amigo mío: Más miedo tienen en tu tierra a un fraile con un Cristo, que a un general con un ejército. Así saldrán.
SACRISTÁN: Pero, compadre, ¿qué se le ha de hacer a un señor obispo?
PAYO: ¿Cómo qué? Traerlo a las volandas y juzgarlo según la ley. Si usted o yo hubiéramos impreso un papel semejante, ¿qué nos hicieran?
SACRISTÁN: ¡Jesús mil veces! Las denuncias fiscales se hubieran esforzado, la cárcel nos habría recibido de buena gana, el juri(19) se hubiera hecho, y a buen componer, hubiéramos salido sentenciados a seis años de prisión.
PAYO: Pues, ¿por qué no se ha de hacer lo mismo con un obispo traidor a la nación? ¿Dónde está la igualdad de la ley? ¡Reniego de las mejores si su ejecución ha de ser de compadres! Si han de ejecutarse con energía sobre el desvalido y sobre el pobre, y han de callar delante de los criminales cuando son ricos y tienen representación. Suframos como humildes esclavos; pero no profanemos los sacrosantos nombres de libertad y de igualdad civil. A Dios.
México, enero 29 de 1825.
El Pensador
NOTA. Ya impreso este papel llegó a mis manos el horroroso manifiesto del obispo de Sonora, de que aquí se habla, el que saldrá impugnado el miércoles venidero.
Ainda mais: el ilustrísimo libelo se va a denunciar. Ya veremos cuál es la igualdad de la ley.
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.
(2) dio su patente. Documento que acreditaba haber satisfecho determinada persona el impuesto que la ley exige para el ejercicio de algunas profesiones o industrias. Por extensión, cualquier testimonio que acredita una cualidad o mérito.
(4) a seguida. Forma dialectal de en seguida: a acto continuo.
(5) Veracruz. Cf. nota 15 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(6) Plan de Casa Mata. Cf. nota 23 al núm. 1 de las Conversaciones del Payo el Sacristán.
(7) a buena hora. Forma popular de en buena hora.
(8) Santa Mónica. Distrito de Texcoco. Es de suponer que se trata de este lugar por la proximidad a la capital de la República. También llevó este nombre la ciudad de La Barca, del estado de Jalisco.
(9) Atzcapozalco. Por Azcapotzalco. De azcatl, hormiga; putzalli, terreno y co, en: en los terrenos de las hormigas. Hoy parte del Distrito Federal; antiguamente, capital del reino Tepaneca. Cf. Cecilio A. Robelo, Diccionario de aztequismos, México, Ediciones Fuente Cultural, S. A.
(10) Tacubaya. Actualmente parte del Distrito Federal. En tiempo de Fernández de Lizardi un pueblo que distaba de la Ciudad de México unas siete mil varas. Cf.Diccionario universal de historia y geografía, México, Escalante, 1854, vol. V, p. 1008.
(11) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(12) José Rincón. Tuvo a su mando la fortaleza de Ulúa. Cuando se enteró de la conspiración contra Victoria de parte de Barragán, Santa-Anna y Berdeja, la denunció al presidente, y éste envió a Guerrero a sofocar la rebelión.
(13) Tabasco. Estado de la República que limita al norte con el Golfo de México, al este con Campeche, al sureste con Guatemala, al sur con Chiapas y al oeste con Veracruz.
(14) Isla de Sacrificios. En el Golfo de México, a tres millas al sureste de Veracruz.
(15) Bernardo Martínez y Ocejo, fray Bernardo del Espíritu Santo. Estudió en el convento del Carmen; enseñó teología en el convento de Valladolid, hoy Morelia. Después estuvo en la Casa Religiosa de Toluca. Fue prior en los carmelitas de Querétaro. En 1789 había estado en calidad de prior en Guadalajara, de donde volvió a Puebla para desempeñar el cargo de maestro de novicios; fue el primer catedrático de disciplina eclesiástica de la Real y Pontificia Universidad de México, cura del Sagrario de la Iglesia Metropolitana, capellán del convento de Santa Teresa de la Nueva Fundación. Tuvo otros cargos entre los que destaca el de inquisidor honorario del Tribunal de la Nueva España. Recibió la real orden que lo convertía en obispo de Sonora, Sinaloa y las Californias el 14 de abril de 1817, cuando murió Francisco Rousset de Jesús y Rojas. Tomó la mitra de Sonora el 18 de mayo de 1818 en la iglesia del Mineral del Rosario. Como provincial o superior de la orden carmelita en la Nueva España dio permiso a fray José de San Bartolomé de escribir el libro El duelo de la Inquisición, en el cual combatía y negaba la soberanía del pueblo. Obra que dio lugar a una serie de ataques de parte de Fernández de Lizardi. Era un apasionado borbonista y, a pesar de ser una autoridad puramente eclesiástica, reprobó el Plan de Casa Mata. El 15 de octubre de 1811 escribió la vida de santa Teresa en el Diario de México. En 1815 publicó la Exhortación pastoral que el provincial de carmelitas descalzos de la Nueva España dirige a todos los súbditos de su filiación: en que recuerda la nobleza y destino de su vocación... México, Oficina de doña María Fernández de Jáuregui, 5 de mayo de 1815. Dejó impresas tres cartas pastorales: la primera fechada el día de su consagración; la segunda, en la sede episcopal de Arizpe, Sonora, el 22 de septiembre de 1820, y la tercera el 1º de octubre del mismo año. Su famosa pastoral La soberanía del Altísimo, contra la Independencia, fechada en el Hospicio Episcopal de Culiacán el 4 de octubre de 1824 e impreso en Guadalajara, y que hizo circular desde Culiacán, es analizada y combatida por Fernández de Lizardi. Otros de sus escritos son: carta pastoral del obispo de Sonora, 29 de junio de 1823, Culiacán, provincia de Sinaloa; oficio al secretario del Estado don Pablo de la Llave, Hospicio Episcopal de Culiacán, julio 16 de 1824;Nombramiento de gobierno en sede vacante a favor de don Miguel María Espinosa de los Monteros, Hospicio Episcopal de Culiacán, 1º de julio de 1824; informe a don Pablo de la Llave, secretario de Justicia y Asuntos Eclesiásticos sobre los sucesos de la villa de Sinaloa y la intervención que en ellos tuvo el cura licenciado don Juan Manuel Sepúlveda, Hospicio Episcopal de Culiacán, agosto 20 de 1824; carta a don Pablo de la Llave informándole que no ha embarazado la instalación del Congreso del Estado libre de Occidente y relación con los curiosos sucesos políticos, Culiacán, septiembre 1º de 1824; carta del obispo de Sonora al presidente de la República don Guadalupe Victoria, Hospicio Episcopal de Culiacán, 29 de octubre de 1824 (la reprodujo La Gaceta del Supremo Gobierno de la Federación, México, núm. 26, jueves 30 de diciembre de 1825, t. IV, p. 430); manuscrito a Pablo de la Llave acusando recibo de la comunicación de 5 de febrero de 1825 y ofreciendo publicar la satisfacción que se le exige, 22 de marzo de 1825; una carta a Pablo de la Llave que informa sobre monumentos de arte antiguos en la diócesis, San Sebastián, marzo 29 de 1825; oficio contestando a Pablo de la Llave en relación con la comunicación de mayo anterior referente a la tradición de la Bula, San Sebastián, 23 de junio de 1825. Sus principales biógrafos son: Vicente Andrade, Noticias biográficas de los ilustrísimos prelados de Sonora, Sinaloa y Durango, México, Imprenta del Museo Nacional, S. A. y Héctor R. Olea, Infidencias de fray Bernardo, obispo de Sonora, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1946.
(16) Guadalajara. Cf. nota 16 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(17) Sinaloa. Estado de la República. Sus límites son: al norte, Sonora; al este, Chihuahua y Durango; al sur, Tepic, y al oeste, el Golfo de California y el Océano Pacífico.
(18) Valladolid. Cf. nota 12 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.