[NÚMERO 5]
Miércoles 20 de diciembre de 1826
El precio de la subscripción a este periódico serán 6 reales mensales en México y un peso fuera. Se reciben las subscripciones en esta capital en la Librería del difunto Ontiveros; en Durango,(2) en casa del ciudadano Pedro Carrasco; en Guadalajara,(3) en la del ciudadano José Ignacio Herrera; en Tlacotalpan,(4) en la del ciudadano coronel Joaquín García Terán; en Perote,(5) en la Administración de Correos, y se irá advirtiendo en qué otras de otros lugares, según se proporcionen correspondientes.
PAPAS
11 SOTERO
De 168 a 177
A san Sotero se atribuyen muchas disposiciones relativas a la disciplina eclesiástica y culto, pero sin otro fundamento que las falsas decretales. Sólo sabemos que san Dionisio,(6) obispo de Corinto, le envió diputados con carta pidiendo socorros para los cristianos pobres condenados al trabajo de las minas. San Sotero le respondió y socorrió con limosnas; en cuya vista san Dionisio volvió a escribirle, dando gracias y manifestando que leería su carta todos los domingos siguientes a los fieles para su instrucción, así como lo hacía con la que anteriormente se había recibido de Clemente. Con esto se ve que la carta de san Sotero no era constitución, sino sólo exhortación a las virtudes cristianas. Ni esto tenía nada de particular relativo al poder de los papas; pues era costumbre general el leer en las congregaciones de los domingos todas las cartas que los obispos de otras ciudades o cualesquiera otros cristianos devotos escribiesen a las iglesias comunicando algún acaecimiento importante o dando algunas instrucciones virtuosas.
En el año 170 Melitón,(7) obispo de Sárdica, en Asia, presentó al emperador Marco Aurelio una apología de los cristianos pidiendo se mandase a los jueces no perseguirlos, pues así estaba mandado sin más excepción que la del caso de conspirar contra las leyes del Imperio. El efecto fue favorable, pues Marco Aurelio no sólo mandó a todos los jueces de Asia cumplirlo, sino que añadió que si alguno fuese castigado por sólo ser cristiano, resultase acción contra el acusador. San Sotero no tuvo parte en esta apología, siendo notable que de las muchas escritas en los tres primeros siglos y presentadas a los emperadores, ninguna fue obra de los papas, siendo así que por vivir ellos en la capital del Imperio parecía más propio tomar la voz. Si con efecto hubieran sido monarcas espirituales de la Iglesia y de la religión, no podrían excusarse de hacerlo, ni los otros tenían representación jurídica, sino autorizados por los papas. Todo hace ver que hasta san Sotero ninguno tuvo la idea de gobierno monárquico en la Iglesia.
El mismo Melitón, entre otras obras favorables al cristianismo, dirigió a Onésimo(8)un extracto del contenido del Antiguo Testamento, de cuyos libros hace mención, porque parece que muchas iglesias no sólo estaban aún sin estos libros, sino aun sin noticias de ellos, lo que se confirma por san Irineo,(9) que por aquellos mismos tiempos dice que algunas iglesias carecían de todas las Santas Escrituras. Esto sería crimen enorme de omisión de los papas, si ellos tuviesen a su cargo el cuidado de todas las iglesias, como se jactan en siglos modernos. Pero no les imputaré yo este delito por saber la falsedad del supuesto. Cada iglesia se gobernaba por su obispo, y éste procedía conforme las circunstancias le permitiesen.
Claudio Apolinario,(10) obispo de Hierápolis, presentó al emperador otra Apología, y escribió distintas obras contra el heresiarca Montano,(11) que comenzó entonces a producir sus errores. Felipe,(12) obispo de Gortinia, contra Marción;(13) Musano(14)contra Tación,(15) autor de la herejía de los encratitas. Otros varios cristianos doctos combatieron el error y las falsas profecías de Montano y sus compañeras Prisca y Maximila,(16) de manera que Serapión,(17) obispo de Antioquía, los condenó en un Concilio que consta de su Carta Sinódica, dirigida a todas las iglesias con quienes pudo tener comunicación, firmada por muchos obispos. El papa no sólo no resulta autor de este celo, sino que, por el contrario, se dejó engañar por un montanista, y escribió a las iglesias de Asia, interponiendo su mediación en favor de Montano, para que Serapión y los otros obispos revocasen la sentencia en nuevo Concilio.(18) Los antioquenos conocieron haber sido mal informado el papa y Prajeas(19) (antes montanista, después heresiarca de distinta herejía) hizo demostración de los errores de Montano, en consecuencia de lo cual el papa tuvo por condenados a los montanistas. ¡Oh cuántas consecuencias produce aquel suceso contra las exorbitantes pretensiones de los papas modernos!
12 ELEUTERIO
De 177 a 192
En el pontificado de san Eleuterio escribió su tratado de las herejías san Irineo, obispo de Lyon, y es el primer escritor en que hallamos designada la primacía de los obispos de Roma entre todos los de la iglesia católica, dando por razón haber sido fundada y enseñada la iglesia romana por los apóstoles san Pedro y san Pablo, y encargada por ellos a san Lino, el cual y sus sucesores habían conservado pura la doctrina hasta su tiempo, lo cual comprobaba porque siendo joven el mismo san Irineo en Asia, fue discípulo de san Policarpo,(20) el cual lo había sido del apóstol san Juan, y su doctrina era la misma que oyó después en Roma a Higinio, Pío, Aniceto y Sotero; y porque también había sido el mismo Irineo discípulo de san Papías,(21) el cual había tratado con varios apóstoles en Asia y conformaba del mismo modo en la doctrina. Todo esto perjudica mucho a las máximas inventadas por los papas posteriores; porque al mismo tiempo que acredita la verdad del primado romano, hace ver que se reduce al estado de los doce primeros papas, los cuales en nada se metieron con las demás iglesias; antes bien, confesaron que no podían absolver a nadie sin consentimiento del obispo que hubiera excomulgado; y tuvieron que ceder a la de Antioquía en la condenación de Montano.(22)
Por otra parte, consta que aun el asunto delicado de dogma, examen de la doctrina y condenación de personas, todos los otros obispos se creían autorizados para proceder por sí mismos sin dar aviso al papa cuando el reo no estaba en Roma. Admira el crecido número de heresiarcas en el corto tiempo de siglo y medio que contaba la religión cristiana, pues (prescindiendo de los subalternos que, siendo discípulos de alguno principal, enseñaba después errores distintos de los de sus maestros) hubo veinte y seis muy distinguidos, a saber: Simón el Mago,(23) Apolonio de Tiana,(24) Nicolás el Diácono(25) (o quien usurpó su nombre, pues esto es dudoso), Ebión,(26) Cerinto,(27) Menandro,(28) Eufrates de Tiro, Elxai el Ossenio,(29)Saturnino,(30) Basílides,(31) Barcocebas,(32) Valentín,(33) Cerdón,(34) Marción, Apeles,(35) Peregrino el Cínico,(36) Montano, Taciano el Encrátila,(37) Bardesanes,(38) Carpócrates,(39) Heracleón,(40) Marcos el Valentiniano,(41) Hermógenes,(42)Teodoto el Bizantino,(43) Teodoto el Cambista(44) y Praxeas. Sin embargo, sólo se mezclaron los papas en la condenación de los que estuvieron en Roma, como Simón el Mago, Apolonio el de Tiana, Valentín, Cerdón y Marción y alguno otro, pero sin incomodar las personas, sólo así absteniéndose de su trato, mirándolos como a étnicos y publicanos(45) conforme al Evangelio. Los condenados proseguían viviendo en Roma tranquilos, como si no estuviesen excomulgados. ¡Qué sistema tan distinto del que ha prevalecido después en tiempo de los papas modernos!
En el pontificado de san Eleuterio se descubrieron otros dos heresiarcas, Blasto(46) y Florino,(47) ambos presbíteros romanos. Blasto pretendía persuadir que aún obligaba la ley de Moisés a los cristianos, y en particular la celebración de la Pascua, en el día catorce de la luna de marzo. Florino, que había dos dioses, uno autor del bien y otro del mal, suponiendo ser una injuria el atribuir a un Dios infinitamente bueno la creación de lo malo. Consta que san Eleuterio condenó sus errores, y san Irineo escribió a Florino, procurando convencerle de que eran muy contrarios a las Santas Escrituras y a la tradición venida puramente desde los apóstoles. Dícele san lrineo, entre otras cosas, que recuerde la doctrina que en compañía suya recibió de san Policarpo, cuando ambos eran muy jóvenes, y que reflexionara mejor la falsedad de lo que ahora intenta persuadir.
En tiempo de Eleuterio, tradujo del hebreo al griego la Sagrada Escritura Teodoción de Éfeso, que recibió la religión cristiana, después fue hereje marcionita y, por último, judío; no obstante lo cual, prosiguió estimándose la traducción como digna de leerse en la Iglesia. Ya en el pontificado de san Telésforo había hecho lo mismo Aquila de Sínope,(48) cristiano expelido de la Iglesia por adhesión a la astrología judiciaria. Él se hizo judío por despique y tradujo el Viejo Testamento, corrigiendo la versión de los setenta intérpretes en los pasajes relativos a la venida del Mesías, de modo que admitiesen sentido contrario al que daban los cristianos.
Hasta el mismo pontificado de Eleuterio se puede contar que hubo veinte y cinco escritores apologistas y defensores de la religión cristiana, sin incluir los que no hayan llegado a nuestra noticia; particularmente Arístides,(49) Atenágoras,(50)Apolonio, Apiano,(51) Arbiano, Claudio Apolinario, Cándido, san Clemente Alejandrino,(52) san Dionisio de Corinto,(53) Felipe, obispo de Gortina, Hermas,(54)Heráclito,(55) Hegesipo,(56) san Ignacio,(57) san Irineo, san Justino,(58) san Melitón, obispo de Sárdica, Máximo Musano, san Policarpo, san Papías, san Cuadrato,(59)Rodón, Sexto Teófilo, obispo de Antioquía, y san Clemente Romano, que después fue papa, sin que conste que ninguno de todos éstos escribiese por orden o impulso pontifical, excepto el citado san Clemente Romano, observación que deja de disminuir la idea del cuidado universal de todas las iglesias.
DISENSIONES FUNESTAS DE DURANGO
Hace la discordia tanto daño en el cuerpo político, como las enfermedades contagiosas en el físico. A unas y a otras es necesario oponerse al principio para que no tomen incremento e inficionen todo el cuerpo. Principiis objecta: Si los durangueños no hubiesen olvidado esta máxima, acaso hoy no se verían tan enfermos de las voluntades, tan infestados del odio más criminal, y tan dispuestos algunos de ellos a sacrificar todo el Estado por satisfacer sus pasiones ruines. Haré una ligera reseña de la crisis en que se halla Durango, guardándome de decidirme por otro partido que no sea el de la razón y la justicia.
El 15 del presente recibí un impreso de Durango, titulado: Respuesta a los folletistas que se elogian a sí mismos, en que su autor, después de asentar (página 5) que "ningún hombre de buenos principios se expresa con sarcasmos y hace uso de personalidades", raja y acribilla hasta más no poder a varios individuos del partido opuesto, encarnizándose contra el gobernador, curas, Escarzagas y senador Alcalde, ofendiendo la moralidad, la decencia pública, la caridad evangélica y las leyes civiles, que mandan acatar al magistrado y respetar a los ciudadanos, sin sacarles públicamente sus defectos privados.
El autor del folleto en cuestión, que se titula el Citador, zahiere al cura don Manuel Escarzaga con los indignos epítetos de capataz, clérigo revoltoso, sacrílego, etcétera. Al senador Alcalde lo injuria hasta el extremo, tratándolo de ladrón, así como al señor Escudero(60) de borracho(a) sin olvidarse de acusar a unos de tontos y a otros de su escasa fortuna; y esto después de esparcir en todo el folleto las especies más sediciosas y subversivas contra lo poderes de aquel Estado, aplicando con la mayor violencia textos no bien entendidos de Watel,(61) Rousseau y otros publicistas que jamás aprobarían la conducta de los facciosos que desvergonzadamente apedrearon desde las galerías al señor Escarzaga, según que lo confiesa el mismoCitador con estas notables palabras: "la piedra que le tiraron (dice a las páginas 8 y 9) no era una reseña de romper... era sí, una reseña del desprecio con que oían a este corifeo de ustedes, y como allí no había lodo con que tirarle a la cara, fue necesario arrojarle una piedra pequeña... El señor cura Zuviría llamó al orden y mandó al centinela observase quién tiraba."
Este parrafito basta para hacer ver hasta qué punto de insolencia llenó el atrevimiento de los facciosos, pues se atrevieron a apedrear a un senador, cuya persona es inviolable, y esto en el mismo santuario de la ley; con cuyo hecho sacrílego atropellaron con toda la soberanía del Estado, representada en sus miembros.
Es aún más descarado el insulto que le hace el dicho Citador, queriendo canonizar este delito con la especiota criminal y ridícula de que fue "reseña del desprecio con que lo oían [sus enemigos] y porque allí no había lodo con que tirarle a la cara". Es hasta donde puede llegar el desenfreno de este escritor. Conque, según él, nos es lícito arrojar piedras a falta de lodo al diputado que se profiera contra nuestra opinión, y esto aunque sea sacerdote, aunque sea inviolable. ¡Valiente doctrina de rebelión! Aprehendido el grosero apedreador, debía haber expiado su crimen de lesa nación en un patíbulo, y esto si hubiera sido lícito ejecutar al señor gobernador.
Protesto que no conozco ni al autor a quien refuto, ni a ninguno de cuantos se han presentado en la escena; pero la justicia me dicta que tales procederes no son justos, y mucho menos lo son los que se leen en la carta que sigue:
Victoria de Durango, diciembre 2 de 1826. Ciudadano Joaquín Fernández de Lizardi. Amigo y señor de mi primera atención: el sábado 25 del próximo pasado noviembre estalló segunda conjuración, cuyos planes eran dar muerte al gobernador, a los Escarzagas y a Alcalde, para después establecer el Congreso, Gobierno y Tribunal de Justicia, conforme al gusto de los aristócratas.
Capitaneaban a los conjurados, José María Sida, Trinidad Barrasa, hermano del senador al Congreso de la Unión, don Loreto Barrasa,(62)Tomás Ceniceros, primo hermano del diputado al Congreso del Estado, Juan Antonio Pescador, Martín Valenzuela y Luis Galindo.
Ya se ve, que estos corifeos son agentes de los canónigos Zubiría, licenciado Ramos y doctor don Mariano Herrera, quienes, para salir con sus proyectos sanguinarios, habían corrompido a los soldados por medio del capitán Salas.
A éste lo sedujo don Joaquín Basave, contador de esta comisaría, y el presbítero Gandarilla,(63) diputado también del Congreso de la Unión, le dio doscientos pesos sin perjuicio de quinientos que por no sé qué individuos se mandaron a los presos, para que repartieran entre los militares, los que tenían por seña para el rompimiento una reunión de doscientos y más individuos que, a las diez de la mañana del indicado día, se debían presentar al frente del cuartel para ir, con auxilio de la tropa, a la consecución de sus depravados fines, los que pretendían cohonestar con pedir el cumplimiento del artículo 6º de la convocatoria; no obstante que tal petición se hacía con desprecio de la ley que últimamente ha dado esta augusta asamblea.
En efecto, se presentó la reunión a la hora indicada, y otros grupos de gentes, ocupando varios puntos de esta capital; pero quedaron frustrados sus designios por cuanto, avisado un honrado y nunca bien elogiado oficial, por otros cabos de su compañía de los planes que se meditaban, se apoderó del cuartel, exhortó a la tropa y desbarató sus proyectos, por cuya causa viendo los revolucionarios que no eran seguidos de la fuerza militar, como se los había ofrecido, cedieron a las instancias del comandante general y de otros patriotas que eficaz y oportunamente salieron a dividirlos.
Por ahora se ha sofocado el fuego; pero no se ha extinguido, y sería muy conducente para la felicidad de este Estado que el excelentísimo señor presidente oficiara a este gobernador, manifestándole el desagrado que le causaban los conjurados y los principales agentes que movían estas revoluciones: que encargara a estas autoridades le dieran aviso del estado de tranquilidad en que se hallaba la capital, y que las estimulara para que a los reos castigaran con arreglo a las leyes de conspiración. Yo creo que bastaría a corregirlos el que éstos advirtieran el disgusto de los Supremos Poderes de la Federación.
Dígnese usted cooperar, del modo que le dicte su conocido patriotismo, a conseguir la tranquilidad de esta capital, que tanto interesa al bien de los ciudadanos.
Para este fin es necesario avisarle a usted que ya van en camino para México los doctores Landa(64) y Herrera(65) y el canónigo San Vicente,(66)éste patrocinado de un señor ministro, y Herrera, de los escoceses, a cuyo rito dicen pertenece, intentan favorecer el empeño que los canónigos tienen en despreciar las leyes de esta legislatura dada al efecto de que se introduzcan en el tesoro del Estado los gruesos caudales de los señores arcedianos Esquivel y Alcántara, cuyas testamentarías hace muchos años que se hallan sin cumplir. El doctor Landa lleva instrucciones para representar, contra lo dispuesto por el honorable Congreso, y anular cuanto ha hecho, para burlarse plenamente del sistema de federación y envolver a los Estados en sangre.
No dudo, amigo que, por su patriotismo y amor a sus semejantes, trabajará en desbaratar las intrigas de los perversos. Haga como encarecidamente le ruego, y reciba el corazón de su amigo.
No salgo por fiador de la verdad de estos hechos, porque no me constan de vista; pero si atendemos a los antecedentes, es preciso inclinarse a creer que son verídicos.
El lector habrá advertido que de propósito hemos prescindido de tomar cartas en las disputas de los durangueños, porque no se nos note de partidarios; mas no podemos hacer otro tanto en las materias generales que inducen a la rebelión, a la anarquía y a la disolución del sistema. El mal ejemplo de insubordinación, de rebelión y de motín que da un Estado a los demás es muy temible, ¿cuánto no lo será el que da no un Estado entero, sino un complot o una facción de vecinos? Si tales excesos se toleran, si no se reprimen pronta y enérgicamente, si las autoridades sufren que un particular las insulte y befe por las prensas y, por último, si los gobiernos callan delante de los que lo amenazan y aconsejan la desobediencia, muy breve el descaro se extenderá, y tanto más se envalentonará, cuanto advierta la cobardía y afeminación del gobierno. Entonces las pasiones se orgullecen, los insultos se aumentan, se pierde hasta el nombre de respeto, los débiles gobernantes son vistos por el populacho desenfrenado como tímidos conejos que al menor ruido huyen a su madriguera, y éste es el punto seguro y ventajoso para cometer impunemente cuantos excesos se quieran, para perder un Estado y para poner en equilibrio la tranquilidad de la República.
Quiera Dios que Durango no sea el año de [18]27 el teatro en que se representen estas trágicas escenas. Estamos en que los gobernantes deben ser justos, prudentes y benignos; pero, en los casos que amenace el alarma funesto de la sedición y el desorden, deben ser intrépidos, terribles e inexorables para hacer respetar las leyes, defendiendo con una mano al ciudadano pacífico y sumiso, y separando con la otra la cabeza del revoltoso que osare atentar contra su persona y turbar la pública tranquilidad.
EXORCISMO Y EVANGELIOS DE SEÑOR SAN JOSÉ
Hay cosas impresas que no están escritas. En prueba de esta verdad presentamos a nuestros lectores los que se dicen evangelios y exorcismos de señor san José, que dizque sirven para ahuyentar a los demonios de la cabecera de los enfermos, devotos del santo patriarca, para que no los tienten en la hora de la muerte; aunque si va a decir verdad, yo creo que son más propios para llamarlos a que se diviertan de sus penas con las necedades que contienen.
El doctor don Antonio Dionisio de Arellano, autor de este prodigioso conjuro, o por lo menos su fomentador, pudo haber dado una manita al reverendo padre Tellechea,(67) que nos acaba de regalar su estupenda doctrina a los tarahumaras, y así hubiera salido más brillante. Dice pues el exorcismo:
En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y debajo de su ira e indignación.(b) En el nombre de Jesucristo, su único Hijo, y debajo de su ira e indignación.(c) En el nombre del Santísimo Sacramento del Altar, y debajo de su ira e indignación. En el nombre de María Santísima y de todos sus misterios, y en especial de su purísima Concepción, y debajo de su ira e indignación. En el nombre de todos los santos y santas del Cielo, y debajo de su ira e indignación, y debajo de todas las penas, censuras, maldiciones, iras e indignaciones, que todos los exorcistas del mundo suelen poner, y con lo que la omnipotencia de Dios los puede castigar, conjuro, notifico,(d) y mando a todos los demonios del infierno, desde Lucifer hasta el más mínimo, de cualquier grado, calidad y condición que sean,(e) especialmente a aquellos que están destinados para tentar e inquietar a este enfermo (o enferma) que luego al punto, sin dilación alguna, salgan de este aposento. Y debajo de dichas penas y de todas aquellas que se les puede y suelen poner, tantas cuantas estrellas tiene el cielo, átomos el sol, hojas el campo, arenas el mar, y toda la tierra gotas de agua(f) y criaturas de cualquier especie y calidad del mundo, con aumento de todas ellas de instante a instante, de momento a momento, que durarán mientras yo (aunque indigno ministro de Dios)(g) no quedare obedecido, no se atrevan a entrar en él, ni a inquietar ni perturbar dicho enfermo (o enferma) hasta que si la voluntad fuere así, entregue su alma a su Majestad, para todo lo cual debajo de dichas penas, y con su aumento de instante a instante (como dicho es) les pongo entredicho por todo el dicho tiempo, en todo el distrito, que su indignación puede alcanzar a perturbar, tentar e inquietar, e inducir a dicho enfermo (o enferma) a cualquiera falta e imperfección.(h) Y si por acaso no hubiese comprehendido esta mi sentencia y penas a todos los demonios, notifico y mando, debajo de todas las dichas penas, con su aumento de instante a instante, a cualquiera de ellos que les comprehenden o alcanzan, les notifico y hago notorio a todos ellos para dicho efecto.(i) Y dejando en su vigor y fuerza todas las dichas penas con su aumento de instante a instante, en que me ratifico y confirmo de nuevo, las vuelvo a poner en la misma forma y calidad que quedan puestas, para que a ninguno se subrogue o substituya uno en lugar de otro.(j)
Se acabó el exorcismo: los Evangelios son el primero según san Marcos:Recumbentibus undecima discipulis suis. Y el segundo según san Juan: In principio erat Verbum; pero la leyenda dice que éstos son los evangelios de señor san José, noticia nueva y digna del conocimiento de los curas.
Estos desatinos se publicaron con licencia del ordinario de este arzobispado, y están reimpresos en el año de [1]816 en la calle de santo Domingo.(68) Ya iré denunciando al señor provisor, por medio de mi periódico, novenas y devocioncitas tan desatinadas como ésta, para que su señoría las mande recoger, pues ya se ve que esos millones de novenas, con excepción de bien pocas, no son sino romances piadosos, que sólo sirven de aumentar el fanatismo de las beatas misionarias, de desacreditar la religión, de inspirar una falsa confianza en Dios y sus santos, sin añadir jamás un grado de virtud al que las reza.
AVISO A LOS ALBAÑILES
En la primera calle de Mesones(69) número 24, a la izquierda, están pintadas en la pared las armas del rey de España, y en dos columnas este mote VIVA NUESTRO AMADO FERNANDO. Me dicen que esta casa pertenece a los canónigos de México. No lo sé, ni me importa indagarlo. Lo cierto es que cualquiera que sea su dueño es criminal por no haberlas mandado borrar; sin servirle de disculpa que ha sido por olvido, pues a fe que no se habrán olvidado de cobrar la renta a los inquilinos.
Lista de los ciudadanos que componen el Ayuntamiento de México,
Ciudad Federal, en el año de 1827
ALCALDES
Licenciado Juan Wenceslao Barquera.(70)
Regidores que continúan
Mariano Manzano.
Licenciado Mariano Calderón.(74)
Coronel Manuel Barrera.
Idem. Nuevos nombrados
Manuel Castro.
Catalino Horta.
Antonio Escobar.
Juan Echeverría.
Licenciado José Zúñiga.
Joaquín Mata.
Isidoro Corona.
Licenciado Hernández Chico.(82)
SÍNDICOS
Licenciado José María Cuevas Inclán.
Licenciado Francisco Azcárate.(83)
Conocemos a los más de estos señores, y cierto que hay de todo en la viña del Señor; deseáramos que todos fueran para el caso; pero supuesto que el pueblo dizque los eligió, y el pueblo rara vez se engaña en su contra, acaso saldrán todos como deseamos.
Estas cosas el tiempo las aclara: si viéremos en el año de [1]827 componerse los empedrados y embaquetados de las calles, mantener en éstas la debida limpieza, especialmente a las inmediaciones a Catedral, Palacio, etcétera, no permitir borrachos tirados por las calles al día claro, examinar los pesos y medidas de carniceros, panaderos y semilleros, y arreglarse en un todo nuestra abandonada policía, diremos que salieron excelentes los alcaldes y regidores, aunque entre ellos haya sastres, pulqueros, pobres y tontos; los bendeciremos y ensalzaremos la elección; pero si todo se queda en el mismo pie que hoy está, diremos que nada valen los alcaldes regidores ni síndicos, aunque entre ellos haya letrados, coroneles y exgenerales. El buen resultado de las acertadas providencias de los que mandan es lo que nos importa, que no el color, la sabiduría, el brillo, el empleo ni la fortuna de los mandarines. A otra cosa.
ALGO DE MASONES
El lunes 18 de éste salió al público un folleto contra los masones de lo más insulso que se ha escrito en la materia. Su autor se propuso insultar a esos duendes inventando preguntas para contestarlas con respuestas del padre Ripalda.(84) Se conoce que quedó muy satisfecho de su invención, sin advertir que semejante jugarreta es tan fácil que se puede hacer a los fanáticos por el mismo estilo. Verbi gratia.
Pregunta. ¿Trae algún provecho el fanatismo?
Respuesta. No, ni antes ni después del medio día.
Pregunta. ¿Por qué permite Dios a los fanáticos, hipócritas, tontos sobre la Tierra?
Respuesta. Para nuestro ejercicio y mayor corona.
Pregunta. ¿Qué daños hace a los fanáticos su intolerancia?
Respuesta. Quítales la caridad y a Dios, que es vida suya, la gracia y condénalos al infierno.
Pregunta. ¿Por qué son tan temibles los frailes y clérigos fanáticos?
Respuesta. Porque son cabezas de otros muchos.
Pregunta. ¿Qué remedio habrá contra estos santos?
Respuesta. El mejor de todos es huirlos.
Basta con esto para que la maestra de amiga(85) y el filósofo por antífrasis vean qué pamplina nos han recalado tan insulsa. Argumentos, pruebas, hechos, razones y demostraciones, son las armas que convencen el entendimiento que no las injurias, calumnias, sarcasmos ni demás invenctivas odiosas. Tal modo de persuadir se queda para los borrachos y las tomateras de la plaza, no para hombres juiciosos que se precian de cristianos y aun de los filósofos.
RECUERDO
Se han concluido los ocho primeros pliegos de este periódico, que corresponden a la primera suscripción. Las personas que gusten continuar favoreciéndonos, podrán entregar la siguiente subscripción al repartidor, quien les dará su correspondiente recibo.
(1) Oficina de la Testamentaría de Ontiveros.
(2) Durango. Cf. nota 2 al núm. 1.
(3) Guadalajara. Cf. nota 3 al núm. 1.
(4) Tlacotalpan. Cf. nota 4 al núm. 1.
(5) Perote. Cf. nota 5 al núm. 1.
(6) Dionisio (¿-180). Obispo de Corinto y escritor eclesiástico. En una carta habla de la caridad que tuvo Sotero para con los pobres.
(7) Melitón. Prelado y escritor francés de fines del siglo II, obispo de Sardes. De sus obras, entre las que se contaba una Apología dedicada a Marco Aurelio, no nos han llegado mas que fragmentos. Se le han atribuido: Discurso pronunciado ante el emperador Antonino, un glosario de la Biblia y De transitu beatae Mariae que, al parecer, fue escrito dos siglos más tarde de la época en que vivió Melitón.
(8) Onésimo. Convertido por san Pablo. Fue obispo de Berce, Macedonia.
(9) san Irineo. Cf. nota 6 al núm. 3.
(10) Claudio Apolinario o Apolinar. Obispo de Hierápolis, en Frigia (siglo II). Impugnador de los montanistas. Escribió algunos libros contra los gentiles y uno sobre la fe de los cristianos.
(11) Montano. Heresiarca frigio del siglo II. Se proclamó profeta del Espíritu Santo; anunció la proximidad del Milenio y predicó un riguroso ascetismo.
(12) Felipe (¿-180). Obispo de Gorinta, Creta.
(13) Marción. Cf. nota 10 al núm. 4.
(14) Musano. En su Historia eclesiástica, IV,XXI, 28, Eusebio dice que Musanus escribió el libro más elegante de todos los de los hermanos que han caído en la herejía de los encratitas.
(15) Tación (¿-304). Mártir cristiano de Isauria, Asia Menor.
(16) Prisca y Maximila. Partidarias de los catafrigios o montanistas.
(17) Serapión (¿-211). Obispo y mártir de Antioquía.
(18) Se le atribuyen dos cartas: una sobre la Encarnación y otra sobre el decreto que prohibía a las mujeres quemar incienso en las congregaciones de fieles y tocar los sagrados corporales. "Se le atribuye erróneamente también un tratado contra el heresiarca Montano; también debió de intervenir en la cuestión del día en que había de celebrarse la Pascua, pero es difícil determinar la medida en que lo hizo", Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 26.
(19) Prajeas o Praxeas. Hereje del Asia Menor de fines del siglo II y principios del III. Vivió en Roma y Cartago. Uno de los principales representantes del patripasianismo. Su doctrina fue impugnada por Tertuliano en Adversus Praxeas.
(20) Policarpo. Cf. nota 11 al núm 3.
(21) Papías. Cf. nota 14 al núm. 2.
(22) "Eleuterio hubo de seguir con vigilante prudencia el movimiento de los montanistas; pero no se decidió por el momento a una condenación hasta que hubo conocido perfectamente el veneno de sus argumentos. Esta conducta suya ha hecho pensar que hubiese favorecido a los herejes, y un pasaje de Tertuliano sobre el particular ha turbado el juicio de los historiadores." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 28.
(23) Simón el Mago. Cf. nota 17 a1 núm. 3.
(24) Apolonio de Tiana. Cf. nota 18 al núm. 3.
(25) Nicolás el Diácono. San Cipríano, escribiendo al papa Cornelio, le cuenta el abandono en que un tal Nicostrato, del partido de los novacianos, dejó el diaconio, y el sacrílego fraude de dinero depositado ahí para el socorro de viudas y enfermos.
(26) Ebión. Cf. nota 19 al núm. 3.
(27) Cerinto. Cf. nota 15 al núm. 3.
(28) Menandro. Quizá el retórico griego, autor del tratado Acerca de los discursos epidícticos o género demostrativo.
(29) Elxai el Ossenio. Alude a Elxai y Jexeo, hermanos que, hacia el año 105, sostenían que durante la Persecución el pecado no era negar a Cristo de palabra, sino de corazón.
(30) Saturnino. Filósofo gnóstico, fundador de la escuela de Siria. Su doctrina era una modificación del cristianismo primitivo mediante elementos orientales, en su mayoría provenientes de Zendavesta.
(31) Basílides. Cf. nota 21 al núm. 3.
(32) Barcocebas. Por Barcochebas. Impostor judío que se hizo pasar por el Mesías, de común acuerdo con el rabino Akiba, excitando una rebelión de judíos contra romanos. Fue muerto el año 135.
(33) Valentín. Cf. nota 8 al núm. 4.
(34) Cerdón. Cf. nota 16 al núm. 3.
(35) Apeles. Sus seguidores se llamaban apelitas. Aceptaban un principio de donde salió Dios.
(36) Peregrino el Cínico. Peregrino Proteo fue un filósofo cínico del siglo II que antes fue cristiano. Se tiró a una hoguera durante los juegos olímpicos del año 165.
(37) Taciano el Encrátila. Filósofo neoplatónico. Se convirtió al cristianismo y fue uno de los discípulos de san Justino. Hacia 172 cayó en los errores de los gnósticos y fue considerado heresiarca.
(38) Bardesanes (154-222). Teólogo y escritor sirio. Uno de los evangelizadores de Mesopotamia. Escribió Himnos del alma y Actas de Tomás. Su tendencia gnóstica lo llevó a defender la tesis de que Dios sólo era organizador y no creador del mundo.
(39) Carpócrates. Cf. nota 20 al núm. 3.
(40) Heracleón. Gnóstico discípulo de Valentín. Predicó sus tesis entre 145 y 180.
(41) Marcos el Valentiniano. Gnóstico del siglo II. Discípulo de Valentín. Fue partidario de la mística pitagórica y practicó la magia. Fue combatido como hereje por san Ireneo.
(42) Hermógenes. Hereje africano que intentó conciliar el paganismo con el cristianismo. Su heterodoxia fue atacada por Tertuliano.
(43) Teodoto el Bizantino. Heresiarca del siglo II que fue excomulgado por el papa Víctor. Sostenía que Jesús había asumido la dignidad de Cristo al recibir el bautismo.
(44) Teodoto el Cambista. Hereje de fines del siglo II, que se apellidó el Zurrador. Renegó de Jesucristo a causa de los tormentos que le infligió Marco Aurelio.
(45) étnicos y publicanos. Gentiles.
(46) Blasto. Marcionista. Teodoreto nos dice en Compendio de fábulas heréticas, I, 25, que fue uno de los jefes de los grupos marcionistas, cuando tales herejes se subdividieron en varias sectas. No obstante, esto parece ser un error puesto que Teodoreto toma la noticia de Rhodón citado por Eusebio en la Historia eclesiástica (I, V, capítulo XVIII, nota 3); pero Rhodón da el nombre de Basiliscus en lugar de Blastus. De ello se ha inferido que probablemente el marcionista Blasto nunca existió.
(47) Florino. Heresiarca de fines del siglo II, discípulo de san Policarpo. Fundador de la secta de los flavianos o florianos. Sostuvo que el mal, como el bien, procede de Dios y que, por tanto, no existe la ley moral ni la libertad. Su doctrina fue condenada por el papa Víctor I.
(48) Aquila de Sínope. Cf. nota 12 al núm. 2.
(49) Arístides. Cf. nota 14 al núm. 3.
(50) Atenágoras. Filósofo platónico convertido al cristianismo. Su filosofía es ecléctica. Se conservan dos de sus obras: Súplica o petición a favor de los cristianos... dedícala a los emperadores Marco Aurelio y Cómodo y En torno a la resurrección de los muertos.
(51) Apiano. Quizá el historiador griego, autor de los veinticuatro libros de Historia de Roma.
(52) Clemente Alejandrino. Escritor eclesiástico del siglo II. Padre de la Iglesia. Escribió: Exhortación a los griegos, El Pedagogo y Stromata o tapicerías.
(53) Dionisio de Corinto (¿-180). Fue obispo de Corinto y escritor.
(54) Hermas. Cf. nota 9 al núm. 3.
(55) Heráclito. Sólo conocemos una obra titulada: El Heráclito cristiano, traducida del francés por Juan de Lanaie, París, 1614.
(56) Hegesipo. Cf. nota 11 al núm. 4.
(57) Ignacio. Cf. nota 10 al núm. 3.
(58) Justino. Cf. nota 15 al núm. 2.
(59) Cuadrato. Cf. nota 13 al núm. 3.
(60) José Agustín Escudero (1801-1862). Político, abogado y escritor. Varias veces diputado y senador. Tuvo cargos en Chihuahua.
(a) La ley de imprenta manda que aun cuando el calumniador ofrezca probar las calumnias que acusa, no se exima de sufrir una prisión ni pagar una multa. El folleto dicho es por lo mismo denunciable.
(61) Watel. Alude a Emerico de Vattel (1714-1767). Jurisconsulto y diplomático suizo. Ejerció gran influjo en el derecho internacional con su obra Les droits des gens ou principes de la loi naturelle appliqués à la conduite et aux affaires, des nations et des souverains (1758).
(62) Loreto Barrasa. Por José Loreto Barraza (1787-1843). Jesuita y político mexicano. Profesor de filosofía en el Seminario de Durango. Fue senador al Congreso General de 1825 a 1826.
(63) Narciso Gandarilla pertenecía a la Cámara de Diputados. Tuvo una licencia de 1825 a 1826.
(64) Francisco Landa fue diputado por Durango
(65) Había dos diputados que respondían a este apellido: Manuel Herrera, que lo era por Tlaxcala y José Joaquín Herrera, que lo era por Veracruz.
(66) Agustín Fernández de San Vicente fue prebendado de la iglesia de Durango. "Por decreto de 19 de junio de 1823 resolvió el Congreso que el gobierno excitase al R. Obpo. de Durango para que ínterin no se erige un obispado en Nuevo México, pusiese un Vicario foráneo en Santa Fé, su capital, autorizado competentemente para el desempeño de sus funciones. Después de repetidas contestaciones sobre este punto tan interesante á los dignos habitantes de Nuevo México, el Gobierno creyó vencer toda dificultad consignando sobre la cuarta episcopal de la misma diócesis una dotación de tres mil pesos, destinable desde luego á Escuelas de primeras letras del mismo Nuevo México hasta que el R. Obpo. nombrase á dicho Vicario. La medida llenó los deseos del Gobierno, y se halla nombrado para ese destino d. Agustín Fernández de S. Vicente, Prebendado de la Iglesia de Durango." Cf. Ramos Arizpe, op. cit., p. 19.
(67) Tellechea. Cf. nota 18 al núm. 2.
(b) Desde aquí se comienza pintando al Ser Supremo hecho un energúmeno de coraje contra los diablos, y así se sigue con la Santísima Virgen y todos los santos y santas del Cielo.
(c) Hablar del Santísimo Sacramento del Altar, después de haberlo hecho de Jesuscristo, como si fueran dos distintas divinidades, es herejía.
(d) Esto de notificar huele a cosa de escribano, y por cierto que el diablo por no verse amagado de semejante gente, huirá más que de paso del exorcista. Quizá en esto y en la elocuencia del conjuro estará su eficacia.
(e) Esto es muy gracioso. Desde luego que entre los diablos los hay empleados y graduados civil y militarmente, y los habrá españoles, indios, mulatos, negros... en fin, de diferentes calidades; mas no sino que los íncubos y súcubos habían de procrear una misma generación.
(f) Hasta ahora todos pensaban que el mar abundaba en agua y la Tierra en arena; pero ya ven que es al revés. ¡Oh y lo que alcanzan los conjuradores por las letras!
(g) Así se le habla al diablo con gaznate, para que tenga miedo y obedezca el perrazo al exorcista.
(h) Claro está que los demonios tienen sus distritos respectivos hasta donde puede alcanzar su indignación o jurisdicción.
(i) El autor tenía poca memoria; o lo más cierto, desconfiaba de la eficacia del conjuro al tiempo de escribirlo, y por eso después de haber notificado a todos los diablos de cualquier grado, calidad o condición que fuesen, dice ahora que "si acaso estuviesen todos comprehendidos en su sentencia, les notifica, manda y hace notorio a todos ellos para dicho efecto". A ver ahora si podrán los diablos alegar ignorancia después de tantas notificaciones.
(j) Se ratifica el exorcista en lo dicho, leída que les sea a los diablos su declaración; y por si no lo hubieren entendido, vuelve a imponerles de nuevo dichas penas, y siempre con su aumento de instante a instante, de momento a momento y de disparates a desatinos, y esto para que ningún diablillo sea osado a substituir su poder a otro compañero, porque eso sí sería burlarse del conjuro y tirar los patos a las escopetas.
(68) calle de Santo Domingo. Una de las calles que bordean la plaza del mismo nombre, las otras se llaman hoy: Brasil, Cuba y Belisario Domínguez.
(69) Mesones. Hoy tiene el mismo nombre (1ª y 2ª) e incluye la antigua calle de El Fuerte de San Dimas,
(70) Juan Wenceslao de la Barquera (1779-1840). Dirigió el Diario de México de 1806 a 1810. Simpatizó y colaboró con el movimiento de Independencia. En 1801 publicó el Semanario Económico, en 1811 El Mentor Mexicano. Formó parte del grupo de Los Guadalupes. A raíz de la Independencia tuvo a su cargo la redacción de laGaceta Oficial. Fue senador, ministro del Tribunal de Guerra y Marina y ministro del Supremo Tribunal de Justicia.
(71) Ignacio Paz de Tagle. Masón escocés. Es citado en: Solemnes honras que a la buena memoria de los ciudadanos bachiller José Sartorio y teniente coronel Ignacio Paz de Tagle, dedicó la muy ilustre Archicofradía de Ciudadanos de la Parroquia de la Santa Veracruz de México, México, Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés, 1829.
(72) Manuel Reyes Veramendi. Vicegobernador del Estado de México y uno de los más fuertes propugnadores de la expulsión de los españoles.
(73) José María Moreno. Tenemos noticia de José María Moreno Tejeda (1796-1841). Abogado mexicano. Magistrado del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Occidente (noviembre de 1826), fundador y primer maestro de la logia masónica del rito de York "Aurora Occidental número 45". También fue juez de primera instancia, prefecto, diputado local y vocal de la Junta Departamental de Sonora.
(74) Mariano Calderón. Sólo sabemos que José María Calderón era gobernador del estado de Puebla en 1827.
(75) Juan Batres. Tenemos noticia que un hombre apellidado Batres fue destituido de su empleo en el ejército a raíz del decreto de 10 de mayo de 1827 porque era español por nacimiento.
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