[NÚMERO 4]

EL HERMANO DEL PERICO QUE

CANTABA LA VICTORIA(1)

Periódico Político Moral


Quid rides? Mutato nomine, de te fabella narratur

¿Qué te ríes? Con diferente nombre de ti habla la fabulilla

"No hay que cansarse —decía el perico—; tú eres demasiado cobarde y cada día pronosticas fatalidades. Pero yo, desde el balcón observo muy contentos a tus paisanos, lo que me hace creer que es más el ruido que las nueces. Y, en efecto, ¿qué es lo que ha hecho el pobrecito de Lemour(2) para que tanto lo aborrezcan? Apenas ha arruinado Veracruz, os ha matado algunos buenos americanos, y no paran sus bombas de día ni de noche; mas esto, a la verdad, es una friolera, y el bendito castellano nada hace sino lo que debe y es muy puesto en razón."

"¿Cómo puesto en razón? —le dije—, ¿qué estás hablando?" Y el loro, sin turbarse, me respondió: "como lo oyes; Lemour y los españoles que lo acompañan no hacen sino defender lo que es suyo."

"Tú te has hecho ánimo de mofarte de mí hoy —le dije—, ¡vea usted qué diablo de loro tan embustero y hablador! ¿De dónde le ha de venir el dominio sobre el Castillo de Ulúa(3) a Lemour, a los españoles ni a ninguna otra potencia del mundo, cuando sabemos que es muy nuestro y por defenderlo están sacrificándose aquellos valientes compatriotas acaudillados del ilustre campeón Victoria?"(4)

"Todo eso es nada —dijo el perico—, el Castillo de Ulúa y todas las Américas descubiertas y por descubrirse son y muy son de los españoles, por muchas y justísimas razones.

"La primera, porque fueron los descubridores de estos Continentes; la segunda, porque os trajeron la religión católica; la tercera, por haberse casado con las indias y dado al Nuevo Mundo una nueva raza de gente, que ni es india ni española; la cuarta, haberse llevado vuestros inmensos tesoros para que no os enseñarais a ambiciosos; la quinta, haberos enseñado a hablar el idioma castellano; la sexta, el honor que resultó a los indios de la Conquista, pues a merced de ella fueron declarados racionales por la silla apostólica y, de consiguiente, hijos de Dios y herederos de su gloria; la séptima, por el derecho justo y santo de conquista; la octava, por la graciosa donación que hizo el señor papa Alejandro VI,(5) de gloriosa memoria, a los señores reyes don Fernando y doña Isabel, de todos los Continentes Americanos hallados y por hallarse, descubiertos y por descubrirse; la nona, por el derecho de prescripción; la décima..." "Vete mucho enhoramala, loro maldito —le dije lleno de cólera—, ¿quién será capaz de sufrir esa descarga cerrada de disparates que estás ensartando? ¡Vea usted y con qué razones tan ridículas quieres apoyar los pretendidos derechos de los españoles!"

"Pues si no te acomodan ésas —dijo el perico con mucha socarra—, oye otras que pueden agradarte, y al menos no las negarás.

"Han hecho muy bien los españoles en no despegar la vista de la América ni perder la esperanza de reconquistarla, después que han visto que los americanos, o a lo menos sus gobiernos, han tratado al Castillo de San Juan de Ulúa como una cosa mostrenca. El señor Iturbide(6) se lo dejó en pacífica posesión al castellano don José Dávila;(7) la Junta Supletoria, como su primera criatura y por imitación de su criador, tampoco se metió con él para nada; el Primer Congreso Mexicano, lejos de tratar de rehacerse de esta ventajosa fortaleza como debía, se entretuvo en dictar infinidad de leyes que, comparadas con la grandeza de este asunto, eran a la verdad una friolera.

"A más de esto, en aquella época todo era condescendencia y miedo a los españoles. Apenas un infeliz como Lagranda(8) tuvo el valor necesario para dar unConsejo prudente a la nación, haciendo ver lo conveniente que era que se marcharan de aquí los españoles, cuando se le fue encima todo un Iturbide, obligando a los capitanes generales a que hicieran una representación contra ese infeliz, como la hicieron estrepitosamente, presentándola a las doce de la noche y denunciando su papel y otros que anunciaban las providencia que se debían tomar para no vernos en la situación que nos vemos. Entre éstos, te acordarás, iba uno tuyo titulado Las cincuenta preguntas de El Pensador,(9) el que también proscribió Iturbide.

"¡Válgame Dios, y qué furiosamente caminó este negocio! A las doce de la noche se presentó la acusación, a las tres de la mañana ya estaba preso Lagranda en el Hospicio de Pobres,(10) al otro día juzgado y sentenciado e intimidados todos los escritores para no atentar contra los señores gachupines.(11)

"Cuando los ingratos capitulados armaron en Toluca(12) su motín, hicieron enojar al señor Iturbide en términos que expidió una Proclama tan terrible que parecía iba a descargar sobre ellos toda la justicia de la ley; pero a los tres días se arrepintió, o les tuvo miedo, o qué sé yo lo que fue; ello es que publicó otra Proclamadisculpándolos y aquietando los ánimos de los que estaban exaltados contra ellos. Tan protegidos así estaban los españoles por el señor Iturbide.

"El Congreso, tan distante de tenerles ningún miedo, procuró granjearles la voluntad y darles mayores pruebas de su adhesión que su decidido patrono Iturbide. Por esta razón redujo al tres o tres y medio por ciento los derechos de la extracción sobre caudales que querían exportar los europeos y cuya salida detenía el quince por ciento que les había impuesto el generalísimo. Este favor jamás lo pagarán bien los españoles al pasado Congreso, pues a su sombra se derramaron los caudales americanos por el Norte, Habana y Península, quedando vosotros pereciendo.

"Sobrándonos excelentes puertos, abundantísimas maderas, tiempo, talentos suficientes y cuantos recursos son necesarios para haber construido en tres años una cuadrilla respetable que hubiera impuesto a Lemour en esta vez, jamás el Congreso pensó en ello, entreteniéndose en cosas ciertamente pueriles y ridículas comparadas con éstas que debían ser de primera atención. Tales fueron las discusiones acaloradas sobre mayorazgos, tratamientos de príncipes y aun diseños de vestido y zapatos del emperador.

"Si vosotros en un respetuoso silencio notabais que vuestro Congreso y gobierno perdiera el tiempo en semejantes menudencias, desentendiéndose de la conquista de Ulúa, organización del ejército y hacienda pública, objetos que debían haber sido los primeros en aquellas apuradas circunstancias, ¿qué mucho es que el castellano Dávila, como viejo experimentado, se burlase abiertamente de vuestros gobernantes, diciéndole a Iturbide en carta de 23 de marzo del año pasado: 'no son los diputados del Congreso Mexicano los pilotos que necesita una nave que surca por mares desconocidos y por escollos no situados; faltan los conocimientos sublimes; el cálculo, sin lo cual aquéllas se estrellarán, siendo todos víctimas del demasiado amor propio y poco juicio. A usted no se oculta esto, así como la preparación que se aumenta de día en día contra de su persona y que ha de tener como resultado cierto el confundirlo, porque la existencia política de usted está en contradicción con la de las Cortes, así como con la de otras personas que por celos han de coadyuvar a que desaparezca... Sí, amigo y señor, el dado está echado y la suerte es contra usted; lo sé por buenas noticias; la indicación más cierta es el tipo de sus hechuras; el de usted se prepara y nada lo retarda.'

"Esta profecía se vio cumplida al pie de la letra al cabo de un año; algunas hechuras de Iturbide ensalzándolo maliciosamente, lo persuadieron a atentar contra el Congreso, para bajo este crimen minarle la opinión y confundirlo en momentos, como lo hicieron.

"Toda esta maroma en su mayor parte fue trama de los borbonistas americanos y europeos, y cuantas desgracias padecéis y os esperan no reconocerán otro origen. Mira pues si con razón no es en ellos infundado el proyecto de volver a dominaros y muy pronto. "¿Y todavía se durará separar a la mayor brevedad a todos los españoles y borbonistas americanos de todo mando civil y militar, sin cuya providencia la ruina de la patria es infalible?

"Mientras subsista la causa no cesa el efecto; luego siendo la causa de vuestras desavenencias intestinas el ascendiente que tienen los españoles sobre vosotros en los empleos que ocupan mientras estén en ellos, jamás os faltarán partidos, divisiones ni desconfianzas. Ninguno de ellos debe quedar con mando alguno en ninguna clase de superioridad sobre los americanos, ni de maestro de escuela, ni de prior de legos de conventos. Ni los buenos ni los malos deben quedar con mando. Los buenos, en tal caso, serán reputados como malos, y éstos no cesarán en sus maquinaciones. De suerte que los malos os dañaran y los buenos serán desopinados por sus paisanos, y nunca cesará la discordia entre vosotros.

"¡Insensatos! Si siempre habíais de estar sujetos al dominio de los españoles, ¿para qué haber derramado tanta sangre en los once años que sostuvisteis una lucha tan desigual? ¡Ah!, todo lo que lograsteis fue que no os mandaran los españoles de allá; pero quedasteis sujetos y dependientes de los de acá. ¡Esto sí es entenderlo!"

"Pero, lorito —le dije—, ¿no ves que hay algunos españoles que se han distinguido en nuestros gritos de independencia y libertad? ¿Por qué razón no han de ser acreedores a nuestra consideración y a los premios del gobierno? Ésta fuera una ingratitud, una bajeza e injusticia punible, que jamás haría honor al suelo americano."

"Mentecato —me dijo el loro, encrespando las plumas del pescuezo—, ¿crees tú que el premio está identificado con mandaros? Si algunos paisanos tuyos piensan tan vilmente como tú, les diré lo que un tirano a los romanos aduladores: Oh homines ad servitutem nati! ¡Oh, hombres nacidos para ser esclavos! Prémiense enhorabuena a los españoles que lo merezcan; pero no se extienda este premio a que os dominen, ni a que mañana caigan en la tentación de entregaros a la Santa Liga.(13) Con que se retiren a sus casas con sus honores y sueldos ¿no quedarán entonces bien premiados? Después que un militar ha trabajado mucho tiempo en la campaña o un oficinista en la oficina, ¿no pide su jubilación o su retiro con media paga, y lo pide como premio de sus pasadas fatigas? ¿Pues qué mejor premio pueden querer estos señores que tener todo su honor y sueldo sin trabajar?

"Por vida mía —le dije—, ¡oh apreciable periquito mío, que quisiera que variaras de opinión! Pues hablando con verdad, gusto de imprimir tus producciones; pero como es un fenómeno tan singular el que haya un perico que hable como tú, nadie cree que tus producciones son tuyas, sino mías."

"¿Y eso qué tiene de malo? —dijo el loro—, las producciones intelectuales valen por sí mismas, cuando son buenas, no por la persona que las dice. Lo que yo te acabo de exponer es mucha verdad y, así, tanto importa que tú lo digas, como que lo diga perico el de los palotes."(14)

"Es cierto —le contesté. Pero has de saber que en muchos papeles he dicho que no aborrezco a ningún español por español; tengo confesado el mérito de muchos; los he elogiado por las prensas y aun en mi Calendario(15) estampado que está para salir a la luz, verás a un Mina(16) y a un O'Donoju(17) colocados entre nuestros héroes. Si ahora voy saliendo con que ningún español debe quedar con mando alguno, dirán que me contradigo y que voy con el día."

"Si alguno lo dijere, se acreditará de majadero —contestó el loro—. Acaso alguna vez has dicho que deben estar los españoles con el mando de vuestras armas, ni injeridos en vuestro gobierno? ¿Dices ahora, por ventura, que los aborreces? ¿Niegas el mérito de muchos? ¿Te opones a que se premien proporcionadamente? Nada de eso haces, Luego ¿dónde está la contradicción? Desde ahora para entonces digo que es un mentecato el que piense que incurres en alguna.

"Además que, aun cuando alguna vez hubiera sido conveniente que obtuvieran los españoles de mérito empleos civiles y militares en vuestra patria, en el día no corre igual paridad, según aquel principio: distingue tiempos y concordarás derechos. Os halláis hoy en guerra abierta con la España, y la nación americana desconfía justamente de que se hallen con las armas y en el gobierno los paisanos de vuestros enemigos. Ninguna nación culta dejará de murmurar vuestra política parda. Estar en guerra con los españoles y tener éstos entre vosotros el mando de las armas y estar en los ministerios sabiendo los secretos más escondidos del gobierno, es cosa para desbautizarse.

"Si el señor diputado Becerra(18) ha tenido a mal que el Soberano Congreso condescienda con la voluntad general de los pueblos, ¿quién habrá que tenga a bien la misma condescendencia con los españoles? ¿Y si éstos merecen tanta, por qué no la ha de merecer la nación?

"Últimamente, si no se hace lo que digo, si no se trata de levantar un ejército de cincuenta mil hombres, de auxiliar al heroico Victoria y aquel puñado de valientes que están en Veracruz...(19) Toca la trompeta, loro, tru, tru, tru, tru, etcétera"

Me avergonzó el malvado perico, y sólo me dio lugar de manifestarle al público el plano de Veracruz, para que vea la poca dificultad que costará a la Santa Liga desembarcar en nuestras costas, y los trabajos que padece nuestra guarnición en aquella plaza.

Plano de Veracruz

 


(1) Imprenta de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros.

(2) Lemour. Cf. nota 6 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(3) Castillo de Ulúa. Cfnota 19 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(4) Victoria. Cf. nota 6 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(5) Alejandro VI (1451-1503). Rodrigo de Borja. Pontífice español. Obispo y arzobispo de Valencia. Padre de César, Juan y Lucrecia. La donación aludida por Fernández de Lizardi está expresada en la Bula Inter Caetera, dada por Alejandro VI en 1493.

(6) Iturbide. Cf. nota 2 al núm. 1 de El Amigo de la Paz y de la Patria.

(7) José Dávila. La contrarrevolución que se desató contra Iturbide, de parte de las tropas capituladas, fue dirigida por José Dávila y Francisco Lemour. Esta rebelión dio lugar al rompimiento de Iturbide y el Congreso.

(8) Francisco Lagranda. En los primeros días de 1821 apareció impreso el artículoConsejo prudente sobre una de las garantías, en el que se atacaba la unión de los españoles y americanos, señalada en el Plan de Iguala. Inmediatamente los generales mexicanos llevaron una representación a la Regencia pidiendo la represión del articulista y que se evitara la circulación de ese impreso. Iturbide ordenó que se formase la causa correspondiente y que se detuviese la salida del correo para evitar la propagación del artículo. En el proceso apareció el responsable del impreso: Francisco Lagranda. Fue condenado por el juez de letras Pedro Galindo a sufrir seis años de prisión en el Hospicio de Pobres; asimismo, se le quitaron los derechos de ciudadano americano.

(9) Las cincuenta preguntas de El Pensador Mexicano a quien quiera responderlas.México, Imprenta Imperial de Alejandro Valdés1821, 8 pp. en 4º.

(10) Hospicio de Pobres. Debió estar en la calle del mismo nombre, hoy tercera de Guatemala.

(11) gachupines. Ya en 1810 gachupín era sinónimo, más o menos despectivo, de español. Actualmente continúa usándose como despectivo cuando se quiere herir y otras veces significando persona venida de España.

(12) Toluca. Estado de México.

(13) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(14) Perico el de los palotes. Personaje proverbial, una persona cualquiera, indeterminada.

(15) Calendario histórico y político. Por El Pensador Mexicano. Para el año bisiesto de 1824. Incluía láminas de cobre que representaban los héroes de la Independencia.

(16) Francisco Javier Mina (1789-1817). Caudillo español de la Independencia de México.

(17) Juan de O'Donoju (1762-1821) 63º y último virrey de la Nueva España (3 de agosto a 27 de septiembre de 1821). Teniente general y uno de los jefes de la masonería. Firmó con Iturbide los Tratados de Córdoba que pusieron fin a la guerra de Independencia. Hizo reconocer su autoridad al virrey intruso Novella, y entró en lo que actualmente es el Distrito Federal para entregarlo a Iturbide el 26 de septiembre de 1821. El 28 tomó parte de la Junta que hizo el Acta de Independencia. Fue miembro de la primera Regencia.

(18) José María Luciano Becerra y Jiménez (1784-1854). Diputado, senador, ministro y obispo de Chiapas y Puebla. Catedrático de humanidades, filosofía y teología en el Seminario Palafoxiano de Puebla. Cura de Acatzingo, Tepejí de la Seda y Santiago Tecali. En el cabildo de Catedral, magistral y chantre. De 1820 a 23, diputado de las Cortes de España, y poco después, al Primer Congreso Constituyente de México. Más tarde fue consejero y senador. En 1846, ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos. Becerra no estuvo de acuerdo en la anulación del Plan de Iguala: "difería de opinión, arguyendo que el Plan de Iguala sobre no ser asunto de la comisión, entendía que el Congreso no tenía facultad de anularlo, puesto que a él debía su formación ese alto cuerpo, y sus diputados los poderes respectivos con arreglo a las prescripciones del mismo Plan". Cf. México a través de los siglos, escrito por Enrique Olavarría y Ferrari, Publicaciones Herrerías, s. a., p. 100.

(19) Veracruz. Cf. Nota 15 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.