[NÚMERO 4]

CUARTA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)

 

 

Manifiesto del Congreso de las Tamaulipas a los habitantes
del propio Estado


"Ciudadanos: once años de sacrificios produjeron la libertad de la patria. Ella, recobrando a esfuerzos de sus hijos sus derechos usurpados, se erigió en libre y soberana a la par de las otras naciones del globo. Las naciones que adoptaron las instituciones liberales, ven a la mexicana con entusiasmo y admiración; al paso que las demás en que aún domina la arbitrariedad, meditan medios para destruir la libertad que nos adquirimos. La caduca España, aunque impotente por sí sola para subyugarnos, echará mano de cuantos medios se le presenten, para volvernos a poner las cadenas que nos hizo arrastrar tres siglos. Amenazas, promesas, cábalas, seducciones, intrigas, son los resortes que pondrá en movimiento para imponernos un nuevo yugo, tanto más pesado que el primero, cuanto que está convencida que, instruidos ya de nuestros derechos, sabemos reclamarlos y sostenerlos.

"Contestes(3) los papeles públicos, anuncian una irrupción por nuestras costas; y según los últimos recientes sucesos, es creíble que está muy próxima la invasión. Unámonos, pues, alrededor del árbol de la libertad; seamos fieles al juramento que hicimos de sostenerla; confiemos en los Supremos Poderes de la Federación y obedezcamos sus resoluciones. Pospongamos todos los resentimientos y los intereses, a la salud de la patria; sacrifiquemos todo por librarla y seremos felices.

"Pero es preciso evitar también los escollos y lazos, en que pudieran caer los incautos. Nuestros enemigos os harán promesas de engrandecimiento; no os dejéis deslumbrar. Ellos prometen mucho para no cumplir nada. Recordad lo que se veía a cada paso en la revolución. Miles de infelices mexicanos eran fusilados después de que se entregaban bajo las solemnes protestas de que no serían perjudicados. A nombre del rey, se daban indultos; y en el mismo nombre se hacían ejecuciones en los que se dejaban engañar. ¿Y merecerán fe unos hombres que jamás la tuvieron en cumplir sus promesas? ¿Y os sujetaréis a un gobierno que obra con felonía, y que no tiene otra base de sus procedimientos que el capricho, otra ley que el antojo, ni otra fe y palabra, que su ambición y su soberbia? ¿Cumplirán promesas los que contra ellas mataban, sin horror a la sangre, ni compasión a la humanidad? No hay que creer a esos enemigos del género humano; a esos egoístas que se fingen allá en su imaginación que son de distinta especie que los demás hombres. Guerra eterna a cuantos sean enemigos de nuestra preciosa Independencia.

"Ya se anuncia que viene una expedición de tropas francesas y españolas, y a su cabeza un príncipe Borbón. Acaso se quiere hacer valer el Plan de Iguala, que llamaba a Fernando de España, y por su defecto a otro de la sangre para ocupar el trono de México. Mas esto no da fundamento, pues el Congreso Soberano de la nación mexicana solemnemente declaró revocado dicho Plan en esta parte, fuera de que don Agustín de Iturbide sin autoridad hizo aquel Plan, y sin ella firmó los Tratados de Córdoba.(4)Tenemos una Constitución Federal que hemos jurado, y a ella debemos atenernos. La España jamás pudo tener ni asomos de derecho para dominarnos, y por ningún título debemos depender de ella.

"Puede ser que nuestros enemigos intenten introducir papeles seductivos. No hay que creerlos. Cualquiera ciudadano está autorizado para avisar si otro tiene papeles de esta clase; y el que los llegare a tener, los debe entregar a la autoridad inmediata. Retener semejantes papeles, o darlos a leer a otros, es un crimen, y los que incurran en tal delito serán tratados como traidores y castigados con el rigor de la ley. Debe evitarse toda comunicación con los enemigos que vengan a nuestras costas. Corresponderse con ellos, de palabra o por escrito, es hacer traición a la patria, así como lo es prestarles auxilios sean los que fueren, y no avisar si alguno los presta, o se comunica con ellos.

"Alerta, ciudadanos: no os alucinen las promesas, ni os intimiden las amenazas. Unidos seremos vencedores. Confiad en vuestros representantes, que protestan solemnemente sacrificar su existencia antes que sucumbir a cualquiera cosa que ataque la Independencia, al sistema adoptado, las resoluciones supremas de la Federación, o los derechos de los mexicanos. Obedeced a vuestro gobierno. Fiad de sus medidas, que todas se dirigirán a asegurar vuestras libertades y derechos. Lejos de nosotros rivalidades odiosas. No haya distinción entre los habitantes de la República Mexicana. Sólo los que se descubran enemigos de nuestro sistema, lo serán nuestros: los demás tendrán asilo y la protección de las leyes.

"A las armas, tamaulipecos. El rico, el pobre, el artesano, el labrador, todos sin distinción volemos, cuando el caso llegue, a socorrer a la patria. Esperad las órdenes de las autoridades, y obrad conforme a ellas; pero con honor y valentía, seguros del vencimiento. Todos los mexicanos están penetrados de sentimientos patrióticos; todos correrán en nuestro auxilio. Las autoridades de los otros Estados de la Confederación Mexicana están animadas del mayor celo por las libertades patrias, y todas unánimes coadyuvarán a la conservación de ellas. Los padres de la patria se desvelan por asegurarla, y dictarán las providencias más conducentes al efecto. El presidente de la República, demasiado conocido por su constante adhesión a la Independencia y por su valor denodado, tomará las medidas más enérgicas y eficaces para conservar los derechos de la nación mexicana. Descansemos, pues, en estas confianzas; pero estemos vigilantes y en alarma, para no ser víctimas de la impudencia y de la inacción. Unidos triunfaremos; si nos desunimos, si los unos desconfiamos de los otros, seremos uncidos al carro de la tiranía. No, antes sepultarnos en nuestras cenizas, que volver a dominación extranjera, sea la que fuere. Muramos primero que perder la libertad y nuestras instituciones. La gloria de la patria sea nuestra ambición, la libertad nuestra divisa, y vencer o morir nuestra resolución.

"Padilla, diciembre 31 de 1824. Primero de la instalación del Congreso de este Estado. Juan Echandia, presidente. José Feliciano Ortiz, diputado secretario."

¿Qué le parece a usted, compadre?

 

Facultad del jefe del Estado Mayor

Organizar los cuerpos del ejército, establecer guarniciones, cantones y puestos militares.


Atribución del presidente

Disponer de la fuerza armada permanente de mar y tierra, y de la milicia activa, para la seguridad interior y defensa exterior del lugar de la Federación.


Facultad del jefe del Estado Mayor

Dar los retiros y licencias temporales o absolutas, y revisar todos los gastos y cuentas de los cuerpos de todas armas.


Atribución del presidente

Dar retiros, conceder licencias y arreglar las pensiones de los militares conforme a las leyes.

Basta esto solamente para dudar quién de los dos puede hacer estas cosas, si el presidente de la República o el jefe del Estado Mayor. Por fuerza se han de conceder estas atribuciones o a los dos conjuntos o a uno o a otro. Si a los dos juntos, es una monstruosidad intolerable; si al presidente, es excusado el Estado Mayor; y si a éste, es erigirlo en jefe de presidente, lo que también es un desatino enorme. Conque resulta, que no debiendo ser divisible la autoridad suprema militar, y hallándose el presidente colocado por el voto general de la nación a su cabeza para hacer cumplir las leyes, debe por tanto reasumir él solo el mando general de las armas, sin cuya absoluta supremacía, y dependiendo de cualquiera manera de otro jefe, todas sus demás facultades son precarias, su rango ridículo y su prestigio nulo, puesto que en algún caso clara o simuladamente el jefe del Estado Mayor puede hacer ilusorias sus disposiciones.

Ya restituida al presidente toda su autoridad, quisiera que éste fuese colocando a la cabeza de los regimientos, jefes americanos y sujetos beneméritos que merecieran su confianza, y separando honrosamente del mando de las armas a todo individuo que no mereciese la confianza pública ni de la tropa: porque el soldado se bate con doble valor cuando tiene confianza en los generales y jefes que lo mandan.

Mil españoles habrá tan entusiastas por la libertad común del hombre, que sean capaces de exponer su vida por la nuestra. ¡Gloria inmortal a tan ilustres defensores del hombre libre! Pero en clase de jefes, ni uno de éstos debe mandar las tropas mexicanas contra la Santa Liga cuando se ofrezca; porque el soldado criollo siempre entrará a la lid acobardado y desconfiado, creyendo que el jefe gachupín lo va a entregar; y este mismo jefe, por bien que obre, está siempre expuesto a ser víctima de la desconfianza de su tropa. Vea usted, compadre, cuán impolítico es fiar el mando de las armas a sujetos que son sospechosos al soldado.

También quisiera que el gobierno premiase sin distinción a los antiguos insurgentes; todos son patriotas; todos han hecho servicios a la nación, los antiguos y los modernos; pero aquéllos han padecido más y se distinguieron primero, justo es que no se queden confundidos. Ellos son buenos, están aguerridos y en el año de [18]25, si se ofreciere, empuñarán la espada con el mismo valor que en el de [18]10. Ese depósito encierra más de cuatro militares dignos de este nombre, no por escuadronistas ni por bonitos, sino por patriotas y valientes. Prémiense, colóquense, que así lo exige la gratitud y la justicia...

Pero ya me revienta esta pierna. A Dios, compadre, continuaré.

México, enero 26 de 1825.

El Pensador

 


(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.

(2) Santa Liga Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(3) contestes. Testigo que declara lo mismo que otro sin discrepancia.

(4) Tratados de Córdoba. Convenio firmado por Iturbide, Guerrero y el virrey O'Donojú. En él se reconoce la Independencia dentro de un gobierno monárquico moderado, y que Fernando VII gobernará la Nueva España.