[NÚMERO 4]

CUARTA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)

 

Díjome también que nuestra caballería es la mejor del mundo, porque aquí ya nacen jinetes, y sólo tienen que aprender las evoluciones militares y uso de la arma, cuando en la Europa solamente para aprender a manejar el caballo, se tarda un dragón un año.

Me hizo ver el valor y constancia de nuestros guerreros que sufren la desnudez y el hambre con más serenidad que los afamados espartanos. Me acordó el singular modo que tienen algunos de pelear con lazo, lanza y machete sin temor de las balas enemigas. Me ánimo con la protección quepueden darnos los ingleses, y me aseguró que en esto de conservar nuestra Independencia a cualquier costa, la opinión está generalizada, concluyendo con que si toda la Europa viene a reconquistarnos, toda ella se estrellará en nuestras playas y en nuestras bayonetas. Con esto he quedado tranquilo enteramente.

Éste no pueden ni deben hacerlo por un solo punto, y menos por el más peligroso, ofreciéndoles la costa tantos otros, menos enfermizos y más provistos de recursos. Yo entiendo que en Veracruz harán una llamada falsa; pero el desembarco lo verificarán por Alvarado,(7) Tlacotalpan,(8)Tuxpa[n],(9) Soto la Marina(10) y otras partes. En este caso no sé con qué fuerza cuenta el gobierno, ni con qué diestros generales, así para atender tantos puntos, como para guardar el orden interior en los Estados.

Convengo en que nuestra tierra abunda de barrancas, desfiladeros, cañadas, cerros escarpados y caminos intransitables; más sé que en la Europa no faltan estos incómodos y peligrosos lugares donde se ha hecho la guerra muchas veces, y el arte de ésta enseña a evolucionar conforme al terreno.

A más de esto, la pericia de los jefes y la firmeza de la tropa se burla casi siempre de estos estorbos de la naturaleza, o bien haciendo nuevos caminos, aunque más largos, o venciendo los obstáculos que se presentan a fuerza de brazos; para esto son los gastadores,(11) zapadores, etcétera.

Que nuestros insurgentes tenían una táctica nueva de lazo y machete, que muchas veces desordenó y derrotó ejércitos de línea españoles, es una verdad; pero yo no atribuyo estos felices éxitos a la barbaridad de esta táctica, sino a la sorpresa que causaba en unas tropas que ignoraban semejante modo de pelear, pero en el día tienen una larga noticia de él, se burlarán muy fácilmente de esos lazos. Ya he dicho a usted que la guerra es un arte. La malicia del hombre ha llegado a prescribir reglas fijas para matar a los hombres con ventaja. ¿Sabe usted cuánta tiene la tropa disciplinada sobre la valiente sin disciplina? La misma que tiene un floretista sobre un espadachín. Éste, en el furor de su ardimiento, tirará tajos y reveces a lo desesperado, pero sin orden; aquél los reparará con destreza, y a la primera ocasión que se descubra el valiente (que será muy pronto) lo atravesará sin duda alguna.

Tampoco negaré que nuestra caballería sea la mejor del mundo, ni nuestros soldados valientes y sufridos como ningunos; pero nuestros enemigos no han de traer dragones colegiales, sino jinetes aguerridos; además que si hemos de hacerles la guerra en desfiladeros y barrancas, en estos lugares obra mejor la infantería. La caballería no sólo es inútil sino estorbosa.

Por lo que toca al valor y sufrimiento, no les puede faltar a los contrarios, y quizá serán más valientes y sufridos que nosotros. La razón es clara; las guerras se comienzan por subordinación, se siguen por necesidad de salvar la propia vida, y se concluyen por venganza e interés. El americano cobarde puede pasarse a las filas enemigas en un caso apurado, el español o francés no tiene seguridad en imitarlo; y así debe pelear con doble valor, como que peleará sin más esperanza que vencer para no morir.

Lo mismo digo sobre el sufrimiento; éste es hijo no del gusto ni de la elección, sino de la necesidad, y esta necesidad de sufrir debe ser mayor en los enemigos que en los nuestros. El soldado americano puede desertarse bajo la seguridad de que está en su tierra, donde tiene amigos y parientes y no le faltará qué comer; al soldado extranjero no le queda ese recurso porque, no conociendo el terreno ni teniendo en él ningún asilo, si deserta, debe considerar su muerte más segura, y por consiguiente ha de ser sufrido aunque no quiera.

Por lo que toca al auxilio que pueden franquearnos de los ingleses, no me consuela esa esperanza. Cuánto ha que lo estamos esperando y no parece. Llena está la América de ingleses; pero éstos no han venido a favorecernos, sino a hacer su negocio. Nuestros puertos están abiertos a su nación. El gabinete de ésta no puede menos que calcular las grandes ventajas que deben resultarle a su comercio de la alianza con nosotros; sin embargo aún no podemos conseguir que reconozca nuestra Independencia, ni tampoco los Estados Unidos. Tal resistencia no nos promete ningunas resueltas favorables.

Ni nos debemos alucinar con que los extranjeros se vengan a avecindar entre nosotros, ni que compren posesiones, fomenten las minas, ni presten algún dinero. Todo esto es efecto del interés personal a que todo hombre aspira. Ningún hombre hay que se tome el más mínimo trabajo ni haga unos grandes servicios a otro, si no espera alguna recompensa. Este interés tan general en todos es común a las grandes naciones. La inglesa lo tiene y mucho más que ninguna otra, como que es la árbitra de los mares, en aliarse con las Américas, para aprovecharse casi exclusivamente de sus riquezas. No lo hace aún, luego aquí hay algún misterio político, y no es prudencia atenernos únicamente a sus presuntos socorros.

Conque ya ve usted que no debemos fiarnos ni en la impotencia de España, ni en la intemperie del clima, ni en lo fragoso del terreno, ni en nuestra buena caballería, ni en la táctica de lazo y reata, ni en la protección extranjera, ni en cosa alguna que no sea en la energía de parte del gobierno y en la unión y patriotismo de la nuestra.

Ya no es tiempo de fiarnos de barullos, ya hemos visto que esta tropa, esto es, la que carece de lo necesario, de disciplina y subordinación militar, por valiente y sufrida que sea, gana por casualidad una acción a mucha costa, por veinte que pierde. He dicho y no me parece ocioso repetirlo, que la guerra es arte y tiene reglas fijas y seguras, que en ignorándose no puede ser la guerra ventajosa. El que disputa con lógica siempre concluye al que la ignora, y el que pelea con arte vence a su contrario.

No ignoro cuánto es el valor americano; pero éste siempre debe acompañarse con la disciplina; y, por ahora, la desconfianza de nuestras fuerzas es el primer escudo que nos ha de salvar.

El adagio dice, y muy bien, que hombre prevenido es menos combatido. Debemos prevenirnos contra la Liga, lo mismo que si estuviera a la vista de nuestros puertos, y no esperar a la hora horada(12) para ponernos en defensa; porque entonces todo será carreras, gritos, vanos proyectos y confusión. No sabemos el día ni la hora en que se avistarán las velas o buques enemigos, y así debemos estar en atalaya y bien dispuestos, no sea que nos suceda lo que a las vírgenes necias del Evangelio, que por no prevenirse de aceite a tiempo, cuando volvieron de comprarlo, ya se encontraban con la puerta cerrada.

México, 7 de septiembre de 1824.

El Pensador

Nota. El Supremo Gobierno ha mandado que todos guarden armonía con los extranjeros, como que viven bajo la protección de las leyes, y ofrece castigar al que por cualquier motivo los insulte.
Los cónsules de su majestad británica y de los Estados Unidos del Norte, han ofrecido dos mil pesos a quien entregue a la justicia al asesino del extranjero Seth Hayden.(17)

 


(1) Oficina de Mariano Ontiveros.

(2) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(3) Veracruz. Cf. nota 15 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(4) vómito. Por antonomasia, el vómito prieto o fiebre amarilla. Enfermedad endémica del trópico. Provocó muchas muertes en México, especialmente en la costa oriental. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(5) encarrujos. Encarrujado es el terreno muy quebrado, con arrugas. Encarrujo es una de las arrugas.

(6) fragosidades. Con asperezas o breñas.

(7) Alvarado. Ciudad y puerto de la municipalidad del mismo nombre, en el estado de Veracruz.

(8) Tlacotalpan. Municipio del estado de Veracruz. Situado a la margen izquierda del Papaloapan.

(9) Tuxpa[n].Cantón del estado de Veracruz.

(10) Soto la Marina. Cf. nota 2 al núm. 1 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.

(11) gastadores. Soldados destinados a franquear el paso en las marchas, para lo cual llevan picos, palas y hachas. Abren el camino, construyen trincheras, etcétera.

(12) hora horada. Locución familiar; a la hora precisa. Se dice para inculpar a los que piden, recuerdan o tratan de hacer algo cuando ya es difícil o imposible hacerse o remediarse.

(13) Puente del Rey. Proyectado por el virrey Revillagigedo y concluido por el consulado de Veracruz con el nombre de Puente del Rey en 1811. Según los mapas de Diego García Conde, está a la mitad del camino entre Jalapa y Veracruz. Fue un lugar estratégico que aprovechó varias veces el insurgente Guadalupe Victoria.

(14) Villas. Región dividida en tres villas: Orizaba, Jalapa y Córdoba.

(15) Perote. Municipio del estado de Veracruz.

(16) pilatuna. Acción indecorosa, jugarreta, pillería.

(17) Seth Hayden. Cf. nota 3 al núm. 2 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.