[NÚMERO 3]
TERCERA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
SACRISTÁN: ¿Qué le parece a usted compadre?, y luego dicen que dos alesnas(2)no se pican.
PAYO: ¿Pero por qué lo dice usted?
SACRISTÁN: Porque El Payo del Rosario ya le tiende la capa a El Pensador, comprometiéndolo a que responda sus preguntas.
PAYO: Como que preguntar es fácil, el responder es lo difícil. Ya le haremos al Payo unas cuantas preguntas a ver si las responde. Por ahora responderemos las segundas nosotros que somos la misma persona que El Pensador.
SACRISTÁN: Pues pregunte usted que yo responderé.
PAYO: Pregunta primera. ¿Qué querrá hacer España con la gran suma de dinero que ha negociado en la capital de Francia? ¿Será para gastarla en infiernitos(3) o para encajarnos una expedición que venga a invadir nuestras costas y arrancarnos esta libertad que tan segura se declama por algunos bien intencionados?
SACRISTÁN: Respuesta. Lo segundo.
PAYO: Pregunta segunda. ¿Doscientos millones de francos no serán bastantes para equipar y transportar a nuestras playas, su pestilente armada, si a esto se agrega el ejército de reserva con que cuentan entre nosotros, según los informes que deben recibir de los partidarios enmascarados que todo el día nos quiebran la cabeza con aquello de la tercera garantía?(4)
SACRISTÁN: Respuesta. Sí serán bastantes; y por eso el gobierno debe velar sobre los falsos patriotas que pueden hacernos mal juego.
PAYO: Tercera pregunta. Estando la Península tan revuelta y exhausta de recursos que no se le puede fiar un saco de alacranes ¿sobre qué prenda le habrán facilitado tantos millones? ¿Será sobre las veneras(5) y manto real de Fernando VII, sobre el faldellín de doña Isabel la Católica, o sobre la América "para cuando la tener", como decía el indio de las bolitas de oro?
SACRISTÁN: Respuesta. Es claro que sobre la América.
PAYO: Cuarta Pregunta. ¿Quién habrá garantido la seguridad de este préstamo? ¿Serán los soberanos aliados de la Europa que llaman Santa Liga,(6)conforme al repartimiento que se les ha prometido de las Américas después de reconquistarlas?
SACRISTÁN: Respuesta. Es claro que ninguno da palos de balde, y así las potencias aliadas que auxiliarán a España para nuestra reconquista, jamás creerían resarcir los gastos de la guerra de la España que no tiene dinero, sino de la América donde están los ricos minerales.
PAYO: Quinta pregunta. Es público que nuestra nación está empeñada con la Inglaterra en una cantidad muy considerable de millones de pesos; la buena fe de los gobiernos anteriores nos excusa de toda sospecha en el particular; pero así como el señor ministro de Hacienda, don Ignacio Esteva,(7) nos da, sin pedírselo, en las gacetas un estado de las entradas y salidas diarias de la tesorería nacional ¿no sería muy justo que le diese a la nación el presupuesto de lo gastado, el plan en que se invirtieron aquellos caudales, y la existencia con que la nación debe contar, supuesto que es la hipotecada y lo ha de venir a pagar al fin?
SACRISTÁN: Respuesta. A mí me parece que sí, porque al fin la nación es la hipotecada. Lo ha de pagar y satisfacérsele de las cantidades que se han pedido en su nombre y de las urgencias públicas que se han cubierto con ellas.
PAYO: Sexta Pregunta. En el caso de una invasión española, si nos dijese el inglés (que hasta ahora no reconoce nuestra Independencia): páganos lo que te hemos prestado sobre el crédito nacional con sus réditos correspondientes; y si en las apuraciones no tenemos con qué cubrirles ¿no podrán formar de esta falta un pretexto para declararnos la guerra en unión de las potencias coligadas?
SACRISTÁN: Respuesta. Es muy temible: aún no conocemos la política de los gabinetes europeos; el de Inglaterra obrará de muy buena fe, pero es muy sospechosa la resistencia que manifiesta en reconocer nuestra Independencia, al mismo tiempo que tiene ministros suyos cerca de nuestro gobierno, que comprenden nuestro sistema, y saben cuál es nuestra fuerza militar.
PAYO: Séptima pregunta. ¿Convendrá a los intereses mercantiles de la Gran Bretaña, a sus relaciones con las monarquías extranjeras y a su sistema de gobierno el reconocimiento de nuestra emancipación?
SACRISTÁN: Respuesta. Era menester estar en el corazón de los ministros de la Gran Bretaña para responder con acierto esta pregunta, porque ¿cómo hemos de saber lo que ellos piensan con respecto a las relaciones que tienen con las potencias extranjeras? Por lo que toca a su sistema de gobierno monárquico, tal vez no les conviene reconocer nuestra emancipación por no dar mal ejemplo a sus vasallos. Lo que ciertamente les conviene a las casas fuertes de Londres es llevarse nuestras monedas por vía de lícita negociación y, reconozca su pabellón o no reconozca nuestra Independencia, nunca perderán un peso en sus negociaciones; porque fijándose éstas en el crédito de la nación, ella pagará si la España sucumbe; y si ésta nos reconquista, ésta pagará de buena gana: de suerte que de cualquier modo nosotros vamos a jugar al gana pierde.
PAYO: Octava pregunta. Si los gobiernos pasados no han podido abrazar por sus muchas ocupaciones algunos objetos recomendables y de preferencia a la común seguridad, los que meditamos a sangre fría y desde nuestras casas en algunos medios de conservarla, porque siempre advierte más el mirón que el jugador, ¿no podemos preguntar al presente gobierno si estaría en el orden que cuantos extranjeros se están introduciendo en nuestro país le hicieran patentes los motivos de su emigración, el objeto de sus negocios, y las ciencias, artes u oficios sobre que se vienen a establecer, prohibiéndoles la introducción de manufacturas en que se dañan a los artesanos del país, y sólo concediéndoles el comercio en los efectos que se crean de primera necesidad?
SACRISTÁN: Respuesta. Me parece que está muy en el orden que nuestro gobierno se informe radicalmente del origen de cuantos extranjeros se hallan en esta República, y lo mismo de cuantos vengan en lo de adelante, como también del objeto de su venida, de los arbitrios con que subsisten, de sus nombres, apellidos y filiaciones, de las casas en que viven, y de su conducta política. Esta parece escrupulosidad; pero es muy necesario en las circunstancias en que estamos, y lo exige la buena policía, porque ¿quién quita que los reyes aliados contra la libertad nos introduzcan poco a poco, bajo el pretexto de comerciantes, cuarenta o cincuenta mil hombres que, en combinación con los malos españoles y americanos, que por desgracia viven entre nosotros, el día menos pensado den el grito de alarma y pongan a la nación en un sangriento choque cuyo éxito sea mal aventurado, y todo esto sin necesidad de atracar un buque de guerra en nuestras costas? Esto me parece lo más fácil, consultada nuestra impolítica confianza; y si no se aprovechan de ella los reyes aliados, seguramente son los hombres más tontos del universo; porque no se puede hacer otro juicio del ladrón que desea robarme, ve abiertas las puertas de mi casa, a mí dormido y a mi familia desarmada, y no entra. Hasta para ser pícaros se necesita talento. Vivan enhorabuena con nosotros todos los hombres del mundo; sea nuestro Continente la patria común del género humano y sepan los más infelices de la tierra que en la América reina la hospitalidad y la tolerancia; pero por ahora y mientras nuestra Independencia no se afirme con el reconocimiento general de las demás potencias, es menester que el gobierno sea no sólo prudente, sino desconfiado; entendiendo que por hoy ninguna precaución está por demás.
PAYO: Nona pregunta. En la proposición que el Congreso Constituyente del Estado de México hace al Constitucional de la Federación, y se publicó como suplemento de El Sol el 16 de éste, se dice que la legislatura "se halla persuadida de que está en sus más estrechos deberes reclamar su capital". Pregunto: ¿esta Ciudad de México pertenece a la nación, o es propiedad de cuatro señores que componen la legislatura?, porque ese su, o lo parió la malicia, o la ignorancia.
SACRISTÁN: Respuesta. Ya está contestada esta pregunta en nuestra Segunda Conversación.
PAYO. Décima pregunta. ¿Es lo mismo en formación de ley el Congreso Constituyente que el Constitucional;(8) y está en las atribuciones del segundo reformar las leyes del primero, cuando hay una que lo prohíbe hasta cierto tiempo determinado?
SACRISTÁN: Respuesta. Creo que el Congreso Constitucional podrá reformar lo que sea conveniente, aunque esté decretado por el Congreso Constituyente; sin embargo de lo que dice el artículo 166 del título 7 de la Constitución.(9) Yo tuve por absurdo otro artículo semejante de la Constitución Española, porque prohibir que se reforme una ley notoriamente mala es lo mismo que mandar que se revoque una ley notoriamente buena. A esto daba lugar la Constitución Española, no sé si lo dará igual la nuestra. En lo que no cabe duda es en que las leyes buenas se deben sostener, y las malas derogar sin limitación de tiempo; porque así como sería un absurdo continuar dándole a un enfermo como remedio un brebaje que notoriamente le perjudicaba, así lo es continuar en el cuerpo político una ley cuando notoriamente le es dañosa. Las preguntas restantes de El Payo del Rosario no necesitan contestarse: hablaremos sobre cosas más importantes.
Ese Estado Mayor, cuyas facultades están en contradicción con las del Congreso General y con las del presidente de la República, fue trazado en España por dos diputados americanos para contener las arbitrariedades de los virreyes: no estando ya en ese caso, y siendo evidentemente peligrosa a nuestra libertad e Independencia la permanencia de un tribunal militar revestido de todo el carácter del despotismo, es de suma necesidad el deshacerlo lo más pronto para que el Congreso General quede en el goce de sus atribuciones, los demás Estados con el presidente de la Federación en el goce de las suyas, la tropa y oficialidad, menos expuesta a vejaciones arbitrarias, y la salud de la patria más segura; y si esto no se hace cuanto antes, el presidente no puede responder de la seguridad de la nación.
PAYO: Bueno está eso, compadre; pero ¿qué le parece a usted de aquella nota de mi compañero el del Rosario, donde dice que sabe de cierto que hay sujetos que quieren atentar contra su persona?
SACRISTÁN: El del Rosario dice bien: las bestias disputan con la razón. Cuando un escritor infringe la ley, se acusa ante ella misma para que lo castiguen; pero si alguno quiere tomar la venganza por su mano, se expone a ser víctima de su alevosía o de su arrojo. Cuando el escritor tiene amigos, anda prevenido y no es cobarde.
PAYO: Está bien, compadre, ¿pero los canónigos de México han puesto sobre la Catedral las armas de la América?
SACRISTÁN: No las han puesto ni las pondrán, porque ni los muchachos hacen caso del maestro, ni el maestro de ellos.
PAYO: Pues compadre, a Dios, que ya me duele mucho la pierna y me voy a curar. Hasta otro día.
SACRISTÁN: Sí, compadre, que se alivie usted.
PREGUNTAS AL PAYO DEL ROSARIO
1. ¿Está en las facultades del presente Congreso Constitucional destruir el Estado Mayor General?
2. ¿En qué caso debe hacerlo?
3. ¿Debemos reírnos o llorar de que aún se den, por algunos, los tratamientos de títulos de Castilla?
4. ¿Por qué se mudan los ministros con tanta frecuencia?
5. ¿Por qué están en choque los periódicos Águila(10) y Sol?(11)
6. ¿No fuera mejor que obraran de consuno en obsequio de la patria, y se quitaran de andar en dimes y diretes?
7. Supuesto que amnistía quiere decir olvido total de lo pasado, ¿por qué aún existen tantos oficiales incursos en los movimientos del señor Lobato,(12)arrinconados en el depósito, varados en sus carreras y sufriendo mil perjuicios?
8. ¿Se atribuiría esto a justificación del gobierno?
9. ¿Tendría éste la culpa, o el Estado Mayor General?
10. Supuesto que están para concluirse los dos meses señalados para cerrar los premios a los antiguos patriotas, ¿no fuera bueno que los señores vocales aumentaran sus trabajos en obsequio de los beneméritos defensores de la nación?
Si se respondieron estas preguntas sin miedo, sin adulación ni respetos humanos, haremos otras más interesantes.
México, enero 22 de 1825.
El Pensador
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.
(2) alesnas. Por lesna o lezna: instrumento de hierro con punta afilada y un mango de madera. Lo usan los zapateros y otros artesanos para agujerear, coser y pespuntear.
(3) infiernitos. Infiernito es un juguete de muchachos que consiste en un petardo de pólvora, a modo de cohete. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(4) La tercera garantía sostiene que no se aceptará otra religión que la católica.
(5) veneras. Insignia distintiva que traen pendiente al pecho los caballeros de cada una de las órdenes.
(6) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(7) José Ignacio Esteva (¿-1830). Diputado en 1822 por Veracruz al primer Congreso Constitucional. Cuando éste fue disuelto por Iturbide, formó parte de la Junta Representativa como delegado de su Estado. En 1824, intendente de Jalapa; después, comisario general de Veracruz y ministro de Hacienda. En 1825 coopera con el general Barragán en la rendición de San Juan de Ulúa. En el motín suscitado en el puerto de Veracruz por el restablecimiento del estanco de tabaco, su presencia calmó los ánimos, e intervino posteriormente para que fuera derogado el decreto. Colaboró en El Veracruzano Libre.
(8) El Constituyente elabora la Constitución, y el Constitucional funciona conforme a ella.
(9) artículo 166, título 7 de la Constitución, sección única: "Las legislaturas de los Estados podrán hacer observaciones, según les parezca conveniente, sobre determinados artículos de esta constitución y del acta constitutiva; pero el Congreso General no las tomará en consideración sino precisamente el año de 1830." Cf.Derechos del pueblo mexicano. México a través de sus Constituciones. Historia Constitucional 1812-1842. XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados, 1967, t. I, p. 526.
(10) El Águila. Cf. nota 9 de El Payaso de los Periódicos.
(11) El Sol. Cf. nota 7 de El Payaso de los Periódicos.
(12) Lobato (1785-1829). General de brigada. En 1821 fueron reformados los cuerpos de infantería, y se crearon nuevos regimientos. Entre los coroneles que se nombraron para tales regimientos se encontraba Lobato, en el quinto. Cuando se dio la insurrección de Santa-Anna, Lobato, Echávarri y Córtazar estuvieron al mando de algunas fuerzas para combatirla. A fines de enero de 1824, Lobato emprendió una revuelta en la capital de la República. Secundaba el plan de Hernández de despojar a los españoles de su empleo y correrlos del territorio; pero viendo las amenazas del Congreso y la deserción de las tropas, depuso las armas.