[NÚMERO 3]

TERCERA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)

 

¿Qué nos pareciera a nosotros si oyéramos decir que un lépero(2) de Londres había matado al señor Michelena(3) porque era católico romano? ¿No nos escandalizaríamos, y no hallaríamos sarcasmos con que apodar tan bárbaro e impolítico procedimiento, no del lépero, sino de los ingleses en general? Pues lo mismo, lo mismo van a decir ellos de nosotros, y mucho más cuando sepan la segunda parte de la tragedia.

Figúrese usted la consternación en que se hallarían aquellos extranjeros al verse insultados por un populacho bárbaro y feroz, que no conoce ni por el forro la civilización ni la política; pero ni la religión de que se finge tan celoso defensor. Esta misma religión nos manda amar y respetar a nuestros semejantes sean los que fueren; pero la religión de estos brutos estriba en exterioridades e hipocresías. Uno de éstos hará mucho escrúpulo de quedarse sin misa el domingo, y no hará el más mínimo de robar en ese día al que pueda, y si se ofrece, de matar al robado, como lo saben hacer y no de tarde en tarde. Líbrenos Dios de estos cristianos tan pícaros y escrupulosos.

La tronería de los confites en las bancas, los chillidos de los niños chiquillos a quienes les alcanza una pedrada, la gritería y carreras de los muchachos grandes por cogerlos, el habladero y risa de la gente, la raspadora música y los desatinos que aullan en el coro los indios, quizá beodos, forman una algarabía, un retozo y una bulla, que en una pulquería no se sufriera, y esto en la iglesia, en el mismo Altar Mayor, delante del Santísimo Sacramento y del preste que asiste de capa, y tal vez del cura, como yo mismo lo vi el año de [1]821, y lo puede asegurar su actual párroco, el doctor don Jacinto Sánchez de Aparicio.(6) Conque no hay que escandalizarnos de las supersticiones de los extranjeros; porque en cuanto a supersticiones, no sirven para nuestros aprendices.

A más de esto, tan cocida la ven, que ya se vuelven muchos de los que nos hicieron el fiero y se marcharon por no ser independientes; y ha sido necesario que el honorable Congreso de Veracruz les haya impedido el desembarco, para que no nos vengan a tiznar.(9) ¡Aleluya eterna y gloria inmortal al señor Illanes,(10),(a) a la ilustre corporación, y a nuestro Supremo Poder Ejecutivo, que han rechazado a estos ingratos y traidores a la patria!

México, 4 de septiembre de 1824.

El Pensador

 


(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.

(2) lépero. Pícaro, bribón, canalla de baja condición moral. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(3) José Mariano Michelena (1772-1852). Precursor de la Independencia. Después de que ésta fue consumada, fue diputado al Congreso Constituyente; miembro del Poder Ejecutivo (1822-1824) y ministro plenipotenciario ante la Gran Bretaña.

(4) Puente de la Mariscala. Unía las hoy calles de Tacuba con la Avenida Hidalgo, cruzando la gran acequia que corría por las calles de San Juan de Letrán y Santa María la Redonda. Luego, estaba en la esquina frente al edificio del Correo.

(5) Xochimilco. Fue un Estado pequeño establecido en la parte meridional del Valle de México. Posteriormente, parte del Distrito Federal.

(6) Jacinto Sánchez de Aparicio. Tenemos el dato de una persona de este nombre que fue catedrático de astrología en la Real y Pontificia Universidad de México.

(7) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(8) Castillo de San Juan de Ulúa. Cf. nota 19 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(9) tiznar. Eufemismo por fregar o chingar. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(10) Illanes. El ciudadano Illanes escribió al Congreso con el objeto de que éste diera las órdenes pertinentes para que el gobierno de Veracruz no permitiera la entrada a ese puerto de otros oficiales que emigraron de la República a tiempo que se hacía la Independencia. Jalapa, agosto 18 de 1824.

(a) Este señor diputado de aquel Congreso fue el que hizo la proposición para que no se admitieran.