[NÚMERO 24]
VIGESIMACUARTA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
PAYO: Conque, compadre, ¿no ha vuelto a visitar a usted el ángel Chismosiel?
SACRISTÁN: Sí, vino a decirme que el señor rector de Letrán doctor don Juan Bautista Arechederreta,(2) luego que supo que el niño Pozo estaba preso sin formalidad de causa, lo hizo poner en libertad desde el martes de la semana pasada, es decir, un día antes de que saliera nuestra Conversación.
PAYO: En eso dio ese señor un golpe de imparcialidad y justificación. ¡Ojalá todos lo imitaran! ¡Cuántos oprimen la inocencia sólo por sostener las injusticias de sus subalternos! Y ¿qué tenemos de Jalisco?(3)
SACRISTÁN: ¡Oh!, cosas grandes. Aquel Cabildo Eclesiástico y los frailes no quisieron jurar la Constitución del Estado;(4) se portaron con tanta... no sé si diga grosería, que sólo al perrero dejaron en la Catedral para recibir al Congreso y corporaciones, y les franquearon el ornamento más viejo.
PAYO: Fue mucho desacato; pero de los canónigos no me hace fuerza, por fin éstos defienden no los derechos de la Iglesia, sino los redondos(5) de la bolsa; pero los frailes ¿qué motivo tuvieron para no querer jurar la Constitución?
SACRISTÁN: Qué sé yo. Ni ciudadanos son, y así fue muy extraña su resistencia. Ya se ve que no fue mucha, en virtud de que se negó a jurar la misma ley un individuo de aquel Ayuntamiento.
PAYO: ¿Y qué le hicieron?
SACRISTÁN: En el acto lo degradaron públicamente en la puerta de la Catedral, lo privaron de los derechos de ciudadano y lo expatriaron.
PAYO: Golpes tan fuertes así se necesitan para afianzar nuestra Independencia. Amula tonta, arriero loco, dice el refrán.
SACRISTÁN: Pero con el clero alto ni con los frailes, no se pueden emplear esos golpes; o a lo menos no es prudencia.
PAYO: ¿Y por qué?
SACRISTÁN: Por el grande influjo que tienen sobre el pueblo, y es muy temible que nos formen una revolución en que se pierda la Independencia.
PAYO: Mas que se pierda, que se pierda en regla; que se pierda por sostener las leyes y las autoridades: llegaremos al rompimiento y ya veremos lo que sucede. Yo aseguro que no se perderá.
SACRISTÁN: Es que dicen que en España se perdió la libertad por querer reformar el clero.
PAYO: Es una equivocación. El clero de España, sin embargo, era un cuerpo inerme, y nunca hubiera obrado contra la libertad si los traidores de España, que no eran clérigos, no hubieran fomentado la división y traído a su patria una avenida de soldados franceses, que no pudieron contener los liberales; pero aquí que el clero es corto, que está dividido entre sí, que no hay rey ni franceses que nos vengan a acuchillar, es un temor pánico(6) el que quieren que se le tenga al clero, siempre que se tomen las providencias debidas para hacerlo entrar en sus derechos; pero si no se toman oportunamente, si se les da a entender este miedo, y se contemporiza con lo que quieran porque no se enojen los padrecitos,(7) nos fuimos noramala con nuestra Constitución(8) e Independencia.
Antes de publicarse la ley, se puede discutir; después de publicada, sólo nos toca obedecerla, desde el presidente hasta el pito,(9) y desde el obispo hasta el perrero. ¿Y por fin, en que paró lo de Jalisco? ¿Se juró la Constitución?
SACRISTÁN: Y con mucha pompa.
PAYO: Bien haya aquel Congreso que se sostuvo como los hombres, sin temer a los frailes ni a los canónigos. Como hagan eso todos los Estados, las reformas eclesiásticas se harán muy quieta y pacíficamente.
SACRISTÁN: Pero, ¿y los entredichos y las excomuniones?
PAYO: A esas armas cuando se juegan injustamente, ya se les ha hallado la contra.
SACRISTÁN: ¿Y Cuál es?
PAYO: Energía de parte del gobierno y nada más. El Supremo Congreso General ha decretado que aquel venerable Cabildo jure sin protesta alguna la Constitución, en lo que su soberanía se ha manejado como quizá no se esperaba, porque, la verdad, esa propensión que tenemos al teocracismo es tan temible como antigua; pero si no lo hace así, la Independencia quedaba mal segura, pues si cuatro canónigos se podían sobreponer impunemente a la Constitución de Jalisco, mañana reunidos todos los cabildos podrían abjurar la Constitución General, alarmar al pueblo y entregarnos santa y devotamente a los Borbones.
SACRISTÁN: ¿Y por qué ha sido ese alboroto dominical en Guadalajara?(10)
PAYO: Porque aquel Congreso quiere distribuir los diezmos en el culto y arreglar éste.
SACRISTÁN: No puede ser más legal ni más justo el querer del Congreso. Es cuestionable si los diezmos son de derecho divino o eclesiástico: lo cierto es que desde los principios del cristianismo estas décimas y oblaciones de los fieles fueron puestas en las manos de los sacerdotes para que éstos vivieran frugalmente y repartieran lo sobrante entre los pobres; pero tan rigurosamente mandaron esto los padres y concilios que dicen que los clérigos y obispos ricos no deben usar sin necesidad los bienes de la Iglesia, porque éstos son el patrimonio de los pobres. San Juan Crisóstomo dice al clero: conviene que tengáis la fortaleza del soldado, el afán del labrador y el cuidado del pastor; después de esto, no debéis buscar otra cosa que lo necesario.(a) ¿Y a qué se reduce lo necesario en un párroco, en un sacerdote o en un obispo? Ya lo dice san Pablo a Timoteo: Teniendo qué comer y qué vestir, estemos contentos.(b),(11) En los Cánones de los Apóstoles se dice que el obispo tome de los bienes de la Iglesia lo que necesite (si en efecto necesita algo) para socorrerse, de manera que no te sobre nada.(c),(12) El Concilio de Antioquía dice: el obispo puede usar de los bienes de la Iglesia con mucho miramiento para socorrer a todos los necesitados y aun a él mismo (si realmente es necesitado)(d) San Agustín dice: si somos pobres, los bienes de la Iglesia no son sólo nuestros, sino de los demás pobres, y si nosotros solos nos aprovechamos de ellos, debemos advertir que somos reos de una usurpación,porque esos bienes no son nuestros, sino de los pobres, y los manejamos no como dueños sino como administradores.(e) El Sínodo de Aquisgrán es más estrecho, pues dice: Ni aquellos obispos o presbíteros, que poseen bienes propios pueden, sin cometer un gran pecado, tomar para sí lo que puede servir de alimentar a un pobre.(f)
PAYO: Compadre, usted es un costal de textos; pero advierta usted que ninguno de ellos habla con los canónigos, porque no los había cuando se escribieron.
SACRISTÁN: Es verdad. Los canónigos son una cuarta entidad de los peripatéticos, que a nada pertenecen. Ellos no son instituidos por Jesucristo ni necesarios en su Iglesia; antes le son demasiado gravosos, y algunos parece que no quieren ser presbíteros, por eso dicen cuando yo sea clérigo; pero en realidad los canónigos en Alemania, donde según sé tuvieron su principio, fueron unos frailes o monjes sujetos a reglas y tan observantes del primer instituto de la Iglesia o del espíritu de sus cánones, que de ahí tomaron el nombre decanónigos u observadores de los cánones. Después se derramaron en Francia, donde se ejercitaban en el culto divino y enseñar la juventud. Los nombres de sus dignidades nos aclaran esta verdad. El chantre era el cantor de la Iglesia, el maestre escuela era el monje maestro de la escuela en que se enseñaba a leer a los niños, etcétera. Pasaron después a España y otras partes donde, según su instituto, les confiaban el culto de las catedrales o principales iglesias, y los reyes los comenzaron a llenar de privilegios hasta nombrarlos sus capellanes reales. Ellos, que no se descuidaron, aprovecharon la coyuntura y se levantaron con el santo y la limosna, usurpando a los fieles las décimas y oblaciones que eran destinadas desde el principio al sustento de los curas y a los pobres necesitados del pueblo; y como una corruptela o un abuso toma fuerza de ley cuando es muy viejo, de aquí es que los venerables Cabildos saltan y chillan ahora que Jalisco (pueblo ilustrado de la República) quiere el primero quitarles la presa de las manos. Yo disculpo a sus señorías y los acompaño en su dolor, porque más se siente lo que se cría que lo que se pare; y lo cierto es que los diezmos ni pertenecen ni han pertenecido jamás sino a los curas, al ornato de los templos y a los pobres donde se pagan: lo cierto es que los canónigos los han tenido en usurpación; lo cierto es que los han exigido sin justicia sino con el derecho del fuerte y sin arreglo a la décima que no es lo que suena ni lo que puede ser. No es lo que suena, porque diezmo quiere decir la décima parte de la utilidad que percibimos, no la décima parte de la cosecha que levantamos, pues de esta cosecha se deben deducir los costos, y a nuestros pobres labradores jamás se les ha hecho tal deducción sino que se les cobra y ha cobrado el diezmo total como si todo fuera utilidad. Esto se llamausurpar en buen castellano, y esto es lo que se ha hecho por todos los cabildos eclesiásticos. Un ejemplito nos sacará de escrúpulos. Pedro sembró este año diez fanegas de trigo que valen a cuatro pesos cada una; suman cuarenta pesos. Gastó en su labor el valor de cien fanegas, que son cuatrocientos pesos, levantó mil fanegas de trigo; le cobran de diezmo cien fanegas, que al precio de cuatro pesos, importan cuatrocientos pesos. He aquí al pobre de Pedro pagando más diezmo del que le prescriben los cánones, pues paga diezmo de la utilidad y de los costos, de los que ya había pagado diezmo el año anterior.
Demostración
Pedro levantó mil fanegas de trigo; pero deduciendo de éstas el importe de ciento diez que gastó en su labor, resulta que utilizó únicamente ochocientas noventa. De éstas deberá pagar el diezmo y serán fanegas noventa, que a cuatro pesos, son trescientos sesenta pesos. Luego los cuarenta más que le exigen, hasta cuatrocientos, son usurpados; porque es cobrar diezmo de lo diezmado.
El año siguiente gasta el mismo Pedro todo el valor de las mil fanegas que levantó; se pierde la cosecha y sólo levanta cuatrocientas fanegas (ya estamos en que pagó el diezmo de las mil fanegas el año anterior). Es decir, sale perdiendo el valor de seiscientas fanegas. No le hace: Pedro ha de pagar cuarenta fanegas de diezmo, por lo que perdió; porque los canónigos no entienden de temporales. Ellos han de ir en las maduras siempre, y nunca en las duras, y el caso es cobrar los diezmos que se deben a la Iglesia. Amén, Jesús. Yo me espanto de la paciencia y bobería con que los pueblos han sufrido y sufren semejantes... quién sabe cómo llamarles; pero san Agustín dice: ¿Por qué admitió Jesucristo a Judas en su apostolado siendo un ladrón? No por otra cosa, sino porque su Iglesia (esto es, todos los cristianos) sufrieran con paciencia sus ladrones, o los que usurpan en su favor los bienes de la misma Iglesia, que son el patrimonio de los pobres.(g)
PAYO: De manera que los señores canónigos se han soplado los diezmos que pertenecen a los curas y a los pobres; porque así lo han permitido los reyes, y ahora llaman herejes y enemigos de la religión a las autoridades que quieren reformar estos abusos.
SACRISTÁN: Pero ¿usted no sabe que muchos aspiran al sacerdocio por las ventajas que este estado promete? San Jerónimo dice: Hay algunos que de monjes son más ricos que lo que habían sido de seculares; y hay clérigos que tienen riquezas sirviendo a Cristo pobre, las que no tuvieron bajo el diablo rico y engañador; de manera que hoy sostiene la Iglesia ricos a muchos que antes el mundo tenía como mendigos.(h),(13)
PAYO: Pero como los canónigos son padres y sirven al altar deben comer del altar.
SACRISTÁN: Oiga usted a san Bernardo sobre eso: El que sirve al altar, debe comer del altar; se te concede que si sirves bien al altar, vivas del altar; pero no que seas soberbio ni lujurioso a cuenta del altar, ni que te compres para tus caballos frenos de oro, sillas pintadas, espuelas de plata y costosos trajes. Finalmente,sábete que cualquier cosa que retengas del altar, a más del necesario alimento y un vestido humilde, no es tuyo, lo has rapiñado y cometes un sacrilegio.(i),(14)
PAYO: ¡Caramba, compadre! ¡Qué claridosos(15) son los santos padres!
SACRISTÁN: La sencillez es el idioma de la verdad. No parece sino que hablaba con los canónigos de nuestros días el Concilio IV Mediolanense cuando dice:Vosotros cualquiera que seáis a quienes se ha encomendado el patrimonio de Cristo, destinado al culto divino y al beneficio de los pobres, guardaos de no emplearlo por ambición o codicia, en otras cosas, que aquellas a que está consagrado; pues de otra manera, cometeréis un sacrilegio digno del fuego eterno.(j)
PAYO: Conque sale de todo lo dicho, que los diezmos están consagrados al culto, a la moderada sustentación de sus ministros y al socorro de los pobres; pero de ningún modo a los canónigos. Que donde éstos tienen la administración de los diezmos, se los soplan(16) todos, sin dárseles un pito de las sentencias de los padres y decretos de la Iglesia; que el modo con que se han cobrado y cobrado los diezmos, es un modo de usurpación, pues que año con año, se cobra diezmo de lo diezmado, lo que es un arbitrio muy oportuno para aniquilar a los labradores; que estando los diezmos en poder de los canónigos, los curas para subsistir no pueden menos que ser unos traficantes simoníacos, que venden los Sacramentos, siendo los canónigos la causa de los escándalos del pueblo católico, y de que su parte pobre sea una eterna tributaria de los curas; que los canónigos no sólo son inútiles en la Iglesia, porque no hacen ningún bien, sino perjudiciales por los daños que se originan a los pueblos de la usurpación que hacen de los diezmos, destinando, para su lujo y regalo, el patrimonio de la Iglesia que no les pertenece; y por último, que el honorable Congreso de Jalisco ha hecho muy bien en tratar de arreglar el culto, aunque les pese a los canónigos, y todos los demás Estados harán santamente en imitarlo si quieren cumplir con sus deberes; y procederán benéfica y prudentemente con moderar al mínimo las rentas de los que viven, y conforme vayan muriendo, que se vayan ocupando las vacantes por curas viejos y meritorios destinados a servir el culto en las catedrales sin nombre ni traje de canónigos, pues es muy ridículo república con capellanes de reyes.
SACRISTÁN: En efecto que así debe de ser: la abolición de esta parte descansante de la Iglesia, como le llama el compadre de la tapatía,(17) es de la mayor importancia. Ni hay una razón para que el pobre pueblo mantenga y no como quiera, sino con mucho lujo a estos caballeros que de nada le sirven. No son por cierto de mejor condición que san Pablo que era obispo y apóstol, y sin embargo trabajaba para comer. No comimos de balde el pan de ninguno (dice a los de Tesalónica) antes con trabajo y con fatiga, trabajando de día y de noche para no seros gravosos; y así el que no quiera trabajar que no coma.(k),(18)
PAYO: Mucho trabajo nos ha de costar con todo eso el desprendernos de los canónigos: están muy bien hallados con su oficio.
SACRISTÁN: Más lo estaban los jesuitas y los inquisidores; y la humanidad y la filosofía los abolieron. Con una poquita de energía en los Congresos basta, y yo pronostico que de aquí a diez años muy pocos canónigos han de existir en la República.
PAYO: ¿Y no se opondrá el fanatismo de los pueblos, atizado en los confesionarios?
SACRISTÁN No, porque la imprenta basta para desvanecer cualquiera seducción; y porque el pueblo nunca es fanático contra su bolsa. En cuanto vaya mirando que los curas casan, bautizan, entierran, predican, confiesan y celebran las festividades sin que a nadie le cueste un real, yo le aseguro a usted que levantarán las manos al Cielo y bendecirán a las autoridades benéficas que los exoneraron de tan pesado yugo, de tan desmedidos tributos.
PAYO: Así es, compadre, como los pueblos experimenten luego luego(19) el grande beneficio que les debe resultar de que las autoridades civiles administren los diezmos, y no los canónigos; como vean que estando los curas dotados ya no los oprimen, exigiéndoles por un casamiento o un entierro lo que el arancel reza o lo que ellos cantan, y cuando adviertan que pueden ser cristianos sin ser tributarios, entonces yo aseguro que lejos de abominar nuestras nuevas instituciones las bendecirán y llenarán de execraciones las antiguas leyes de España que, bajo el pretexto del Patronato, forjaron la pesada y terrible cadena con que el trono y altar siempre, siempre, han oprimido a los pueblos débiles y fanáticos. Es, pues, necesario que los pueblos vean la diferencia que hay entre un gobierno liberal y un tirano, entre uno ilustrado y otro supersticioso e ignorante; pero esto lo han de verrealmente, esto es, encontrándose con más reales en la bolsa. Así ve el pueblo, así compara, cree y aprecia, cuando palpa materialmente su provecho; pero si no experimenta ningunas ventajas, si lejos de verse mejorado, se ve oprimido, considera y considera bien que las palabras deindependencia, igualdad y libertad son insignificantes, vagas y de ningún provecho, y en este caso lo mismo se les da de llamarse independientes que esclavos, ciudadanos o vasallos; porque todo eso es cuestión de nombre. De semejante aprensión el pueblo forma juicios muy consiguientes y terribles, que ni quiero insinuar, y solamente les diré al oído a los que gobiernan: ningún sistema de gobierno está seguro si está sin opinión, y ningún pueblo forma buena opinión de su gobierno, si no ve y toca la felicidad que se le promete por el mismo. ¡Ojalá lo veamos, compadre!
SACRISTÁN: Creo que no tarda tan feliz día en que los Estados imiten al sabio y liberal de Jalisco. A Dios.
México, diciembre 10 de 1824.
El Pensador
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.
(2) Juan Bautista Arechederreta y Escalada (1771-1836). Prebendado de la Santa Iglesia Metropolitana de México y vicario general de los conventos de monjas. También lo cita en el Correo Semanario de México, núm. 2, México, Oficina de la Testamentaría de Ontiveros, 1826, p. 29.
(3) Jalisco. Cf. nota 20 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(4) Los disturbios se sucedían en Jalisco. Guadalajara quería la federación y se hubo de mandar una expedición encabezada por Negrete y Bravo para reducirla al orden. Con el fin de promover la federación, el 12 de mayo de 1824 las autoridades reclamaron el cumplimiento del Plan de Casa Mata en lo que toca a la convocación del Congreso Constituyente. Las asonadas se sucedían una tras otra. Cuando fue enviado el general Herrera para que se encargase de la comandancia militar no fue reconocido: actitud rebelde promovida por el partido iturbidista, porque se hablaba del regreso de Iturbide en escritos sediciosos. Nuevamente regresaron Bravo y Negrete, que avanzaron sobre la ciudad de Guadalajara después de firmar un convenio con Bustamante y Quintanar.
(5) redondos. En forma familiar, moneda.
(6) temor pánico. En la antigüedad pánico era un adjetivo. Luego esta construcción significa un "temor terrible".
(7) padrecitos. Así se llama a los sacerdotes en México.
(8) Constitución. Se discutió el proyecto de la Constitución desde el 1º de abril de 1824, y fue aprobada el 3 de octubre de ese año con el título de Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos.
(9) pito. Ser inútil y de ninguna importancia.
(10) Guadalajara. Cf. nota 16 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(a) [copiamos textualmente las anotaciones de Fernández de Lizardi]. Hom. 22, in Ep. I ad Cor.
(11) En Tim. 3, 1-7 habla san Pablo de que un obispo debe ser irreprensible, esposo de una sola mujer, sobrio, prudente, morigerado, hospitalario, capaz de enseñar, no dado al vino ni pendenciero, pero sí ecuánime, pacífico y no codicioso, que sepa gobernar su casa, no neófito y con buena fama. En varias partes de Tit. sostiene que los obispos deben ser irreprochables, monógamos, hijos fieles, no livianos ni desobedientes, no soberbios ni iracundos, ni dados al vino, no pendencieros, ni codiciosos de torpes ganancias, hospitalarios, amadores de los buenos, modestos, justos, santos, continentes, guardadores de la palabra fiel y que se ajusten a la doctrina para poder exhortar a los fieles y argüir a los contradictores.
(12) Del mismo tema habla en Del trabajo de los monjes.
(d) [Aparece consignada la nota sin texto]. En el número siguiente se aclara que es el capítulo 23.
(13) Tenemos ideas similares en su obra Regula monachorum, IV, C.
(14) San Bernardo habla profusamente de esta cuestión en Tractatus de moribus et officii episcoparum y en la Vida de san Malaquías, XIX, 44.
(15) claridosos. que acostumbran a decir claridades o frases amargas y ofensivas, sin rebozo ni atenuación. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(16) soplan. Hurtan o quitan una cosa a escondidas.
(17) tapatía. Tanto a la ciudad de Guadalajara como cada una de sus habitantes del sexo femenino se les llama "tapatía".
(18) En realidad, en Tes. II, 3, 8 dice: "no de balde comimos el pan de nadie, sino que con afán y con fatiga trabajamos día y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros". Y en el versículo 10 completa: "Y mientras estuvimos entre vosotros, os advertimos que el que no quiera trabajar, que no coma."