[NÚMERO 23]
EL CONDUCTOR ELÉCTRICO(1)
COMUNICADO
Justas quejas, en diálogo, de dos morenos(2) compadres llamados Cristóbal y Lorencillo,y manifiesto que el primero hace a su majestad a su nombre y el de todos los morenos,incluyéndose las demás castas, por medio de los señores diputados que deben ir a las próximas Cortes de los años 1821 y 22
CRISTÓBAL: Dígame usted, compadre, ¿qué beneficios nos ha traído esa Constitución tan decantada?
LORENCILLO: ¡Ay, compadre mío! Ese nuevo Código que para el resto de los hombres es el antídoto y remedio de sus males, para nosotros es el veneno que, lejos de remediar los nuestros, los origina mayores.
CRISTÓBAL: ¿Cómo así, compadre? ¿Pues qué nosotros no somos hombres?
LORENCILLO: Parece que no, pues en nosotros y nuestros descendientes prosigue la impiedad antigua de tratarnos como animales, poniendo entre nosotros las castas de lobos, coyotes y otras.
CRISTÓBAL: ¿Pues no dicen que es una ley de libertad, igualdad y justicia?
LORENCILLO: Lo es para los que lo es, pero no para los que no.
CRISTÓBAL: ¿Conque, según eso, hemos salido de miserias y entrado en calamidades? ¡Estamos frescos!
LORENCILLO: Así es, porque nos excluyen de los privilegios de ciudadanos que disfrutan ya otros más desarrapados que nosotros.
CRISTÓBAL: ¿Y qué culpa hemos cometido para tan cruel castigo?
LORENCILLO: Ninguna otra que la original de descender de africanos y, aunque ésta no es ni puede ser culpa, dicen que es infamia.
CRISTÓBAL: ¿Pues no dice la Constitución que la infamia de un sujeto no ha de pasar a sus descendientes ni parientes?
LORENCILLO: Sí, pero a nosotros nos excluyen los señores de las Cortes.
CRISTÓBAL: ¿Luego estamos en el caso de que si ya no van las leyes donde quieren los reyes, ahora van los favores donde quieren los señores?
LORENCILLO: En efecto que así es; pero no todos los señores de las Cortes influyeron en esto, sino principalmente los americanos, y no todos, pues el señor Cisneros (3) nos defendió. Lo más sensible es que muchos a quienes hemos enriquecido trabajando sus minas, beneficiando sus algodones, cultivando sus campos, labrando su azúcar y defendiendo sus vidas, estos mismos fueron los que nos han tiranizado.
CRISTÓBAL: ¿Y qué motivo tuvieron para tamaña iniquidad?
LORENCILLO: Yo no lo sé, porque si atiendo a la sangre, veo ser igual en todos por sus principios esenciales y hasta ahora no he descubierto sea azul la de los nobles. Todos descendemos por una propagación universal de Adán y en todos hay vicios y virtudes; lo que sucede es que aquello que en el pobre es borrachera, en el rico es alegría. La África es una parte de la Tierra que, como tal, compone el todo del globo; su fecundidad siempre lleva cosas nuevas y, si produce monstruos en la naturaleza, también los ha producido en la gracia, como un Agustino y otros de que abunda el martirologio. No veo que los africanos lleven en la frente el signo de la maldición de Caín, y en los demás que no son africanos hay innumerables con las propiedades de canalla. Si es por la nota de esclavitud, ésta o dimana de haber sido conquistados por las potencias extranjeras, o de ser vendidos como bestias. Si es por haber sido conquistados, también lo ha sido toda la América, y la misma España lo fue por los romanos, moros y otros muchos. Si es por la venta que unas leyes inicuas introdujeron, ya éstas fueron abolidas: La Constitución para ser ley universal, ha de ser pedida por todos los vasallos y si no, no ha de ser igual en todos, y si no ha de dar libertad a los cautivos, y si no, no.
CRISTÓBAL: Dígame usted compadre ¿en qué se fundó la contaduría general de retasas(4) (a que se refiere la junta de hombres buenos de la ciudad de México) para formar el censo de que deben ser excluidos de la provincia mexicana, doscientos catorce mil seiscientos seis?
LORENCILLO: En que como allí dice el Bando: éste es el número de las castas de origen africano, sin entrar las de mestizos españoles.
CRISTÓBAL: ¿Pues qué todas las castas que no sean de mestizos españoles, lo son de africanos?
LORENCILLO: Es verdad que no, porque si atendemos a las Leyes de la Recopilación(5) y otras antiguas, descubrimos que éstas, por la codicia de coger cuatrocientos reales por cada esclavo que se vendía, se hacía venta de los originarios de Filipinas, Buenos Aires, Paraguay y de otros, los que propagando aquí su generación han formado innumerables descendientes que los tiranos han llamado mulatos, lobos, coyotes y otras razas, como si fueran caballos, de lo que se lamentó el señor Jovellanos en su Pan y toros;(6) y estos infelices a quienes la Constitución no comprende por no provenir de africanos ¿por qué los ha de incluir la contaduría de retasas?
CRISTÓBAL: ¿Y hasta qué grado se extiende este impedimento o infamia?
LORENCILLO: Tampoco nos lo han dicho. Lo que yo he oído decir es que la cognación(7) carnal o parentesco se extiende en línea recta desde el primero hasta el último hombre; de tal manera que, si Adán resucitara, con nadie se podría casar por ser todos sus parientes; pero, sin embargo de que el fuero eclesiástico es más estricto en sus impedimentos que el civil, que los que se hallen fuera del cuarto grado, se puedan casar como lo hacen y sin dispensa. Y es decir, que el parentesco sólo llega al cuarto grado y es conforme a esto el civil.
CRISTÓBAL: ¿Luego en probando uno que sus ascendientes hasta el cuarto grado no han sido africanos, éste queda libre de la mácula y en el número de ciudadanos?
LORENCILLO: Así debe ser y, de lo contrario, la España estaría llena de estas castas, pues ha sido dominada muchos siglos de africanos; tienen éstos su generación muy extendida, especialmente en los gitanos, y aun todavía dicen los moros berberiscos y argelinos a los andaluces: sangre gerbe.
CRISTÓBAL: ¿Según esto, las juntas de hombres buenos de España habrán hecho también una rebaja notable de ciudadanos?
LORENCILLO: No lo sé, ni tampoco si las islas Canarias y Ceuta que son de África y, por lo mismo, sus nativos africanos, hayan sido excluidos de los privilegios como nosotros; pero yo preguntaré a El Pensador Mexicano por qué a nosotros nos excluyen y a ellos no, y que nos expliquen las demás dudas que hemos tenido.
CRISTÓBAL: Sí, compadre, propóngaselas usted y suplíquele publique nuestras quejas, para que los señores que van a Cortes las hagan presentes al rey, ya que nosotros no podemos llegar a su trono, y le digan en mi nombre y el de todos los morenos lo siguiente. Inmortal Fernando: las guirnaldas con que han orlado tus sienes los que has libertado del cautiverio en que yacían; la prepotencia que ha recobrado tu real cetro, ensalzando la nación española para ser el terror de las demás; la libertad con que has vivificado a tus súbditos para que, valerosos, conserven y defiendan tu persona y dinastía; la igualdad con que los has condecorado, para que una emulación heroica les sirva de aliciente a disfrutar los trofeos en los campos de Marte y de Minerva, dándoles con el alto título de ciudadanos los derechos a toda clase de dignidades con otros tantos motivos que exigen de justicia el que no desoigáis las listas y fundadas quejas de una porción del género humano, la más oprimida y agobiada cuantas han sido el objeto de la tiranía. Sí, rey amado, los más de tus súbditos han logrado por la Constitución el colmo de sus grandezas; pero los desventurados morenos o descendientes de africanos; los que componen una parte tan considerable entre los habitantes de América que, según el cálculo, aprobado por la junta mexicana, son doscientos catorce mil seiscientos y seis en sólo esta nueva provincia; los que con sus fuerzas personales han movido y sostienen los ingenios de la caña y otros; los que pueblan las costas beneficiando los algodones y tintes; los que penetran las entrañas de la tierra para sacar sus tesoros de las minas; los que, con un valor admirable, al indio y al europeo han defendido éstos, tus dominios, con las armas; los que han manifestado aptitud y talentos, no sólo en los talleres y bufetes, sino en las cátedras, gabinetes y títulos, cuando las dispensas y gracias se les han dado a cambio de dinero, éstos, éstos son los abatidos ¿Y es posible que no hayan llegado a tu real trono los méritos de los que lo han ensalzado con tan brillantes lauros? Que diga la ciudad de México quién la sostuvo y libró de ochenta mil insurgentes acaudillados por Hidalgo, sino los denodados negros de las haciendas de Yermo, (8) que bañaron sus lanzas con la sangre enemiga, y no desfallecieron un momento hasta obligar a los contrarios a fugar despavoridos. Hable Antequera(9) lo que debió a doscientos campechanos, de los que materialmente ninguno quedó vivo en su defensa; lo que debió a una porción de negros costeños mandados por el valiente Caldelas;(10) díganlo los centenares de insurgentes que murieron al filo de los machetes, que mandó el comandante Reguera, Zapotido, Rionda y otros. Últimamente, el denodado valor con que pelearon siempre, defendiendo a la dicha ciudad de Antequera un piquete de negritos de Trujillo y Omoa,(11) conocidos con el nombre de negros de Dambrini.(12)Numere el reino todas las victorias que han ganado los fieles del Potosí y los demás regimientos del reino, que no se componen de indios débiles, sino de las castas robustas. Si atestiguan los generales, un Armijo(13) dirá que con sólo los morenos y sus castas ha podido reconquistar y apaciguar las costas del sur. Lo dirá también Cruz(14) en la Nueva Galicia,(15) Arredondo(16) en las colonias, los de Veracruz, Misantla(17) y otros puntos y, por último, lo confirmarán los virreyes Venegas,(18) Calleja(19) y el excelentísimo señor conde del Venadito.(20) Y si a unos méritos tan gloriosos se da la retribución del oprobio, deberá temer todo el reino las funestidades que los negros causaron en la isla de Santo Domingo contra los españoles y toda clase de blancos. Ya dieron pruebas de disgusto por el gobierno antiguo y opresión con que se les ha tratado, manifestándose su valor en los costeños que se reunieron al insurgente Morelos, como se vio en Acapulco,(21) su Veladero,(22) Zacatula,(23) Tixtla,(24) Chilapa,(25) Ch[i]autla,(26) Izúcar,(27) Cuautla de Amilpas,(28) Tenancingo,(29) el Pinal y otros puntos donde destruyeron a Paris, Cosío, Fuentes, Sánchez, Garrote,(30) Musito, Rul, Michelena, tres jefes marinos, regimiento de Asturias y otros. Vio también el gobierno la sangre que costó apaciguar la tierra caliente de Veracruz a barlovento y a sotavento, cuyas divisiones no se compusieron sino de negros de ambas costas comandados por Victoria.(31) Tampoco se ignora que las dos divisiones de los insurgentes Galeana(32) y Sesma,(33) compuestas de costeños, tomaron la ciudad de Antequera, causaron la muerte de un teniente general González Saravia,(34) Regules,(35) Caldelas y Aristi; y aún existen dando guerra algunos pocos que acaudilla Guerrero en el sur y los morenos en la Huasteca. ¿Y qué sería si a éstos y otros se reunieran los despreciados y abolidos por la Constitución? Los que componen no sólo el número de doscientos mil y pico que nos dice la junta, sino el duplo y, sin duda, el triple, atendiendo a que también los mestizos, castizos y otros que, comprendiéndose en la infame clasificación de castas, lo son en sus injurias; a más de que entre morenos y morenos, es moralmente imposible hallar la distinción de castas y castas, lo primero, porque no les pueden favorecer las ejecutorias de Pelayos,(36) Pavías y otros y, lo segundo, porque aunque se hallen algunas armas de nobleza en Tlaxcala, y hayan traído otras en cartas muchos europeos, no podrán sus descendientes vanagloriarse en ellas, puesto que la sangre de las castas se ha visto y ve circular en casi toda la plebe del reino, en los puestos de honor cívico y eclesiástico, y no reconoce exentas las casas de almenas y cadenas.
Quítense, pues, señor, los motivos de tan fundados disgustos; extermínese el cautiverio en los que sostienen la libertad a costa de sus propias vidas y trabajos; háganse iguales en la participación del honor a los que lo defienden con las armas, pues no es justo que mientras unos, en el abandono de una vida perezosa, y más que de egoísta envidiosa, se glorian en el goce de comodidad y honor por sus tesoros, los infelices que se los han adquirido conservan, aumentan y defienden su existencia con detrimento de la propia, sean el objeto del oprobio y tiranía. Disfruten en buena hora los bienes que el Criador, la naturaleza o el arte les ha dado; pero los que da una ley universal no deben ser exclusivos. No intentamos, no (lo que algún depravado espíritu pretendiera imputarnos), que se haga al injusto, justo; al ignorante, sabio; al vicioso, virtuoso y al pobre, rico; no señor, lo que queremos es que a todos se franqueen con igualdad las puertas al honor, virtud y sabiduría. Si para Dios son unos mismos todos los que creen en él y no puso distinción en el judío y el griego, ¿vuestra majestad podrá tolerarla entre unos mismos vasallos? ¡Ah! ¡Qué mal se compadecería entonces que hablando en su proclama a los habitantes de ultramar como cariñoso padre y rey benigno, a nosotros nos repudiase como extraños; que, convidando a los americanos al asiento de un turno en Cortes, a nosotros nos excluyese; que buscando y recibiendo a la participación de sus deleites hasta los pródigos y descarriados insurgentes que han disipado su hacienda, a nosotros, que la hemos defendido y conservado, no sólo nos reciba sin agasajo, sino que nos extrañe de su mesa, nos prive de sus bienes y haga de una condición despreciable a los demás! ¡Mas oh dolor! Permítaseme en este momento exponer mi queja y la de todos los morenos, contra los autores y causantes de nuestros males; no han sido los extraños, sino nuestros mismos hermanos, que lo deben ser espurios; los americanos que fueron de vocales a las Cortes de 1812, éstos fueron los representantes de nuestros poderes; los conservadores y defensores de nuestros derechos, las salvaguardias de nuestras prerrogativas, y la magnificencia y honor de nuestro suelo. Si todos hubieran imitado a un Cisneros, todos seríamos iguales, seríamos libres, seríamos hombres; pero una pandilla de egoístas, cuyos nombres omito por conviene, nos hicieron infelices, nos hicieron esclavos y nos hicieron raza de bestias. ¡Oh americanos desleales! ¿Así desempeñasteis nuestra comisión? ¿Ésa es la retribución que disteis a la magnanimidad con que os condecoramos con nuestros votos? Vosotros sabéis muy bien que las castas constituyen las poblaciones de vuestro Hemisferio; que en las ciudades forman la plebe y mucho más; que son el todo de las costas, de los ingenios, obrajes, haciendas de cría y labor, y que en todos los reales de minas se tienen como noventa y cinco al ciento. ¿Y quiénes os defienden con las armas, os alimentan con los frutos, os enriquecen con el manejo de las recuas, os trasladan de uno a otro país, y os ministran en las casas? Si vuestras madres no os pudieron alimentar con su leche ¿os criasteis con ambrosía, o la recibisteis de las criadas mestizas, coyotas, lobas o mulatas? Mirad y remirad que todos estos motivos inducían obligación forzosa que hubierais defendido de otro modo a vuestra patria y hermanos; pero vosotros, o por un egoísmo refinado, por una ignorancia crasa, por una indolencia culpable o por otros principios rateros, cuando debías hablar, enmudecías; cuando debías enmudecer, hablabais. En los cafés parecíais unos Tulios y Demóstenes, y a la presencia de los Argüelles, Villanuevas y Torenos,(37)hacíais los papeles de los Demócritos y Heráclitos, siguiendo en los dictámenes el ejemplo de las grullas, que todas van por donde una las dirige. ¡Míseros pigmeos! ¿Qué ceguedad os fascinó? ¿Qué interés os movió a influir en el oprobio de un país, cuyo clima os dio ser y subsistencias? Disfrutad las togas, bastones y dignidades que os mereció vuestra condescendencia criminal, mientras que nosotros gemimos y arrastramos las duras cadenas del cautiverio y el oprobio. Invicto Quiroga, valerosos Riego, Arcoagüero y Agar,(38) ¿se ha refundido en vosotros, y negado a los demás la grandeza del heroísmo? Amantes de la Constitución, despatriados a Londres, confinados a Ceuta, ¿no es verdad que el hombre debe, por su misma condición, antes morir que sucumbir al cautiverio? Vosotros los habéis manifestado y comprobado, como los Porlieres y Lacys. ¿Y podremos nosotros sobrellevar un cautiverio mayor incomparablemente que el que terminó la España? Si vosotros pagabais gabelas por los animales que comprabais, nosotros los pagamos porque nos han vendido como bestias, etcétera, etcétera, etcétera.
¡Oh Fernando! ¿Hasta cuándo acabará de reinar el despotismo? ¡Qué contraste! Para unos ha brillado la aurora de la libertad; mas para nosotros se condensan las tinieblas del cautiverio. Aquéllos gozan ya, ¡con qué alegría!, los laureles del honor; pero nosotros, ¡con qué dolor!, arrastramos, y ahora más que nunca, por la ominosa exclusión, las cadenas de la tiranía. Por tanto, rey benigno, si ellos gozan estas prerrogativas porque se las dio naturaleza, no somos nosotros de otra especie. Si se los dio la Constitución por privilegio, ella misma reprueba las exclusiones. Si la infamia no ha de ser trascendental a los deudos no se nos impute la de nuestros ascendientes y, si la soberanía reside en la nación, no es compatible el ser esclavo y soberano. En Oaxaca, a 26 de agosto de 1820.
OTRO
Señor Pensador Mexicano, mi amigo: he observado que todo buen ciudadano se dirige a usted comunicándole o las favorables noticias que adquiere, o las malas que desea remediar. Yo, pues, incluso en el número de éstos, también ando procurando saber, y entre las indagaciones hechas con mi nariz de podenco, cuyo objeto se interna hasta lo más sagrado del claustro, quedo en ellos abismado al oír las dolorosas quejas que un corro de religiosas exhalaba mutuamente del tiranicidio que con cada una en particular se ejecuta. Éste es el caso que, cuando profesa una de éstas, introduce sus cuatro mil pesos bajo la confianza de que le han de dar casa habitable correspondiente a su humilde estado, un tanto escaso semanario, algunos repartimientos y reserva para subvenir a los gastos precisos e indispensables de chocolate, sirvienta y ropa. ¿Mas qué diremos si alguna de éstas, por desgracia (que es general) necesita reponer su celda para evitar la ruina que le amenaza? El primer paso es abocarse con la prelada, ésta participárselo al mayordomo del convento, el que, habiendo hecho el reconocimiento, mete oficiales y peones de albañiles y carpinteros para reponer aquel notable daño, lo que se hace muy pausadamente y mal. ¿Pero qué le diré a usted, señor Pensador? Que todo el gasto causado y el mucho más que aglomeran, montando la cuenta de ciento se le agrega un cero y a Dios infeliz monja que cayó en la red para toda su vida, a donde de los más sagrado se le quita para pagar la compostura de la casa. Y muerta ésta, ¿le parece a usted acaba la dependencia? Pues no, mi amigo; es pecado de trascendencia. Porque si una o diez monjas entran a habitarla con el transcurso del tiempo, remudándose según van falleciendo todas, nemine discrepante, han de ir devengando el costo primitivo, cuya deuda es interminable por ser necesaria de tiempo en tiempo su reposición. Y he aquí cómo comparada una religiosa con un pasajero que en un mesón le cobran por el indecente cuarto que ocupa, sin aliño ni aseo, dos reales para cada noche que en él duerma o vele, del que sale renegando, si ha tenido en él que dilatarse, protestando no volver por el mal servicio y mucho sacrificio, así es que aquélla se encuentra en el mismo caso; pues sin moverse del punto fijo de su situación local, tiene que estar sufragando expendio continuo; tanto más penoso cuanto perecen en las mayores necesidades; las que en el público, se ocultan. No extrañe usted, amigo mío, que me extensione en la materia, por ser asunto inmediato; pues teniendo una tía religiosa en esta capital, que cuenta sus sesenta de edad y cuarenta largos de profesa, ésta es la hora que aún no ha podido librarse de la primera compostura por haberse ido eslabonando las subsecuentes; pagando, no como el transéunte, ocho pesos mensuales, sino doce. Y por esta razón carecerá mientras viva, no sólo ella sino la que le suceda, de los socorros con que contó o se debía prometer para en lo sucesivo. Creo que al ilustrísimo señor arzobispo de esta diócesis no se halla impuesto a fondo en estos conocimientos, sino sólo lo que quieran insinuarle superficialmente, quedando solapada la ponzoña entre las que se interesan en la vana complacencia de aumentar los fondos: y gima la que gimiere. Es positivo que, en tiempo del excelentísimo e ilustrísimo señor don Luis Borbón de Borbón,(40) en la ciudad de Sevilla, hubo representación acerca de este mismo punto y su excelencia ilustrísima, impuesto en ello, miró con tanto horror el abuso de tan perniciosa y abominable costumbre, que inmediatamente mandó extinguirse aquella inicua contribución. No crea usted tampoco que en esta capital carecemos de ejemplares, pues en la época que gobernó el ilustrísimo señor don Antonio Bergosa y Jordán,(41) se suscitó igualmente este reclamo, el que surtió los buenos efectos que deseaban las querellantas en varios conventos. Pero como el tiempo todo lo borra... don Antonio siempre el mismo. En obsequio de la humanidad, ya que es llegado el momento de que un ciudadano pueda hablar, echando borrones y verdades, me he valido de este arbitrio para que, si usted lo tiene a bien, lo inserte en uno de sus periódicos, coadyuvando de esta suerte a mis laudables sentimientos.
Es de usted como siempre su más atento y seguro servidor que su mano besa.
F. J. B.
El Amante de la Felicidad Común
(1) Imprenta de Ontiveros, año de 1820.
(2) morenos. Generalización que abarca a negros y mulatos, es decir, a descendientes de africanos que conservan acentuadamente los rasgos de su raza.
(3) José Belle Cisneros. Diputado en las Cortes de Cádiz. Defensor de la revolución de Independencia.
(4) Contaduría general de retasas. Oficina encargada de la contabilidad. Aquí se volvían a tasar los impuestos o los precios de mercancías.
(5) Leyes de la Recopilación. En este documento se reunieron las disposiciones legales concernientes a la administración y gobierno del Nuevo Mundo. Felipe II fue el que ordenó esta recopilación con el objetivo de aclarar las disposiciones dudosas y eliminar las contradictorias. En 1660 se reunió una junta para este menester, y veintiún años más tarde se publicó este documento en Madrid bajo el título deRecopilación de leyes de los reinos de las Indias, mandadas a imprimir y publicar por la Majestad Católica del Rey don Carlos II. Entre los colaboradores más distinguidos de esta edición contamos a Alvar Gómez de Albanza, Diego Zorrilla, Hernando de Villagómez, Rodrigo Aguiar y Acuña, León Pinelo y Juan de Solórzano y Pereira.
(6) Pan y toros. Cf. nota 47 a los números 4 a 10 de El Conductor Eléctrico.
(7) cognación. Parentesco de consanguineidad por la línea femenina entre los descendientes de un tronco común.
(8) haciendas de Yermo. Bravo y sus compañeros se instalaron en Mal País, lugar estratégico para interceptar los convoyes de México que enviaban provisiones a Calleja; aquí lograron atacar uno de los convoyes que conducía el teniente José Martín Andrade; éste se pudo salvar gracias a la valentía de los sirvientes de Gabriel J. de Yermo. Los actos heroicos de los servidores de Yermo fueron famosos durante la Independencia.
(10) Caldelas. Jefe realista que combatió contra Valerio Trujano en Oaxaca.
(11) Trujillo y Omoa. Omoa es un municipio mexicano de Tuxtla el Chico, Chiapas. Trujillo es un municipio de Fresnillo, Zacatecas. Quizá los negros de Dambrini procedían de estos lugares.
(12) Negros de Dambrini. "Mientras las tropas al mando inmediato de Morelos alcanzaban la brillante victoria de Acapulco, en los confines de México y Guatemala (situados entonces en el istmo de Tehuantepec) obtenía Matamoros un triunfo completo sobre los realistas procedentes de aquella capitanía general. El gobernante superior de ésta, don José Bustamante y Guerra, acogiendo favorablemente los propósitos de venganza de la familia de González Saravia, fusilado por orden de Morelos en Oaxaca, y las sugestiones del arzobispo don Ramón Casasús, que se había hecho célebre por su publicación del Anti-Hidalgo, organizó una expedición al mando del teniente coronel don Manuel Dambrini, destinada a la reconquista de la ciudad que acabamos de nombrar." Cf. México a través de los siglos, la guerra de independencia, escrita por Julio Zárate, México, publ. Herrerías, s. f., t. III, pp. 377-378. Dambrini fue vencido por Matamoros.
(13) José Gabriel de Armijo (1774-1830). General de brigada mexicano de las tropas realistas. Estuvo encargado de destruir las intercepciones de convoyes que realizaban los insurgentes. Peleó y venció a Bravo en Mal País. Con una brigada de caballería, auxiliado por las guarniciones de Taxco e Iguala, cubrió la ribera derecha de Mexcala, venciendo varias veces a los insurgentes.
(14) Cruz. General realista que hizo gala de crueldad en Nueva Galicia y Michoacán. Como muchos realistas consideró a los insurgentes fuera de la ley y derecho. Se asentó en la creencia de que mayores serían los servicios que se hicieran al rey y la religión mientras más fuese el número de rebeldes que se mataran.
(15) Nueva Galicia. Su capital era Guadalajara. La Nueva Galicia, con Audiencia propia, comprendía, aproximadamente, lo que hoy son los Estados de Jalisco, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas y parte de lo que hoy es Durango.
(16) Arredondo. Luchó contra la expedición de Mina. Contuvo a los insurgentes en el sur de lo que era Nuevo Santander.
(17) Misantla. Cantón del estado de Veracruz. Dividido en los municipios de Misantla, Nautla, Juchique de Ferrer, Viga de Alatorre, Yecuatla y Colipa.
(18) Francisco Javier Venegas (1760-1838). 59° virrey de la Nueva España (1810-1813). Hizo fracasar la conspiración de Valladolid.
(19) Félix María Calleja del Rey (1775?-1828). 60° virrey de la Nueva España. Organizador y jefe del Ejército del Centro. Le hizo frente a Morelos y venció a Hidalgo.
(20) conde del Venadito. Cf. nota 6 al número 18 de El Conductor Eléctrico.
(21) Acapulco fue centro de operaciones insurgentes. El 5 de abril de 1813 Morelos atacó el fuerte de San Diego. El 19 de agosto se firmó la capitulación entre Morelos y Pedro Vélez, comandante del castillo. La marcha de Morelos hacia Acapulco la intentó detener Paris, pero fue derrotado.
(22) Su Veladero. Morelos mandó a 770 hombres para apoderarse de este cerro. Luis de Calatayud, jefe de la fortaleza, respondió con un ejército de 400 realistas. El combate empezó el 13 de noviembre de 1810, y finalmente vencieron los insurgentes. La victoria propició que las tropas, al mando de Morelos y Galeana, se animaran a capturar y atrincherar el cerro de Aguacatillo, Las Cruces, El Marqués y San Marcos.
(23) Zacatula. Después de dejar fortificado el Veladero, Morelos se dirigió a este lugar, situado en la margen derecha del Balsas, su paso fue decisivo por la expansión que tuvieron las ideas revolucionarias.
(24) Tixtla. En la defensa de Tixtla estaban, entre otros, Nicolás Cosío, comandante general de la división del sur, y Garrote. Morelos se apoderó de esta población el 26 de mayo de 1811. Poco después emprendió la marcha a Chilpancingo. Galeana, que se quedó fortificado en Tixtla, fue atacado el 15 de agosto por Fuentes. Al día siguiente regresó Morelos y junto con Galeana lograron derrotar a los realistas.
(25) Chilapa. Después de la Victoria de Tixtla, Morelos entró en Chilapa, donde se apoderó de cuatrocientos fusiles y del mismo número de prisioneros.
(26) Chiautla. En noviembre de 1811 Morelos tomó la villa de Chiautla de la Sal, ahora Estado de Puebla. Aquí venció a Mateo Musitu, encargado de la defensa de este lugar.
(27) Izúcar. Después de derrotar a Musitu, Morelos avanzó hacia Izúcar. Entró allí el 10 de diciembre de 1811, y salió en dirección a Taxco el 1º de enero de 1812. Soto Maceda y Pedro Micheo fueron los realistas que combatieron en su contra en Izúcar.
(28) Cuautla. En Cuautla de Amilpas fue la famosa batalla con las tropas realistas de Calleja y Llano. Entre esta contienda también estuvo el conde de la casa Rul.
(29) Tenancingo. Después de ocupar Taxco, Morelos derrotó a Porlier en Tenango, poco después se fue a Tenancingo, donde permaneció tres días.
(30) El comandante Garrote es conocido por su ataque a la hacienda de Chichihualco, donde fue derrotado por los dueños de ésta, la familia Bravo.
(31) Francisco Victoria (¿-1830). Luchó al lado de Vicente Guerrero. Fue derrocado por el general Bustamante.
(32) Galeana (1772-1814). Morelos lo consideró uno de sus principales ayudantes, el otro era Matamoros. Combatió en Llano Grande, Sabana, Campo de Coyotes, etcétera. Murió peleando en Salitral, cerca de Coyuca.
(33) Sesma. Estuvo en la batalla del Palmar. En el fortín de la Soledad, Oaxaca, peleó contra el regimiento de San Lorenzo, mientras Matamoros y Galeana atacaban la calle del Marquesado. Lograron vencer a los realistas después de una sangrienta batalla.
(34) Antonio de González Saravia defendió Oaxaca contra Morelos. Fue vencido y poco después fusilado.
(35) José Regules Villasante fue el segundo de González Saravia en Oaxaca.
(36) Pelayos. "Al día siguiente Muñiz dirigió a Trujillo una intimación concediéndole veinticuatro horas de término para que entregara la plaza. El 21, después de circunvalar enteramente la ciudad, mandó romper el fuego de cañón que hizo poco daño por lo alto de la puntería. 'Un soldado de Trujillo llamado Pelayo, dice un historiador [Bustamante], escribió una carta a Muñiz diciéndole que advirtiese que sus cañones estaban mal servidos, pues el estrago lo habían causado en las torres de la ciudad: denunciólo el que llevaba la carta, y Pelayo fue fusilado al instante en la plaza, cuyo cadáver quedó colgado de la picota y se le puso sobre la espada dicha carta'." Cf. Lucas Alamán Historia de México, México, Imprenta de Victoriano Agüeros y Cía., 1883, p. 306.
(37) Agustín Argüelles, Villanuevas y el conde de Torenos fueron diputados liberales de las Cortes de Cádiz.
(38) Pedro Agar. Oficial de marina. Miembro de la Regencia en las Cortes de Cádiz de 1812.
(39) Sólo se tiene noticia de José Francisco Álvarez, cura de Matehuala.
(40) Puede ser alusión a Luis María de Borbón (1777-1823). Sobrino de Carlos III; arzobispo de Sevilla y Toledo. Presidente de la Junta de Regencia en Cádiz. Defendió la Independencia contra José Bonaparte. A él se debe, en buena parte, la abolición de la Santa Inquisición.
(41) Antonio Bergosa y Jordán (fines del s. XVIII y principios del XIX). Inquisidor español en México. Obispo de Oaxaca. Consejero de Calleja.