[NÚMERO 21]

VIGESIMAPRIMA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)

 

En nuestra Conversación 16, hablando no de las monjas generalmente; sino de la infeliz que ha profesado castidad sin saber lo que hacía... porque su vocación no fue cierta, porque no consultó sus inclinaciones, etcétera, se la pinta entre el apetito y la privación, entre el delito y el castigo, entre el escrúpulo, el temor y desesperación; y hallar una, una sola monja reducida a este estado infeliz es cosa tan fácil de suceder, que mil veces ha sucedido; pero hablar mi señor padrino el sacristán, de una monja particular e imaginaria en suposición, ¿es decir que es muy difícil que las monjas se salven, ni suponerlas generalmente sacrílegas como usted escribe? ¡Vamos, mi doctor, que es menester muy poca vergüenza para calumniar tan a las claras a un autor, viviendo él y corriendo sus opiniones y palabras impresas! Sólo con leer la Conversación 16 y confrontarla con el párrafo octavo de su papel de usted, página 3, se prueba hasta la evidencia que usted es un impostor, que a fuer de fanático de siete suelas, echa mano de la calumnia cuando se halla falto de razones.

En el párrafo once de su página 4 dice usted que "El Pensador asienta que ¡oh, si viera a todas las mujeres casadas! (luego ninguna religiosa)." ¡Válgame Dios!, y que estas consecuencias deduzcan los doctores.

¡Oh Júpiter!, ¿para cuándo son tus rayos? Si esto es ser cultos, vale más ser payos. En la Conversación 16, página 4, hablándose no más de lasmuchachas dijo mi padrino: quisiera verlas casadas a todas. Y pregunto, señor doctor, ¿qué todas las mujeres son muchachas? Esto era menester para que fuera buena la consecuencia de usted. Mi padrino desea ver casadas a todas las muchachas, no a todas las mujeres; luego quedando mujeres que no son muchachas, no están comprendidas en el deseo de mi padrino, pues las viejas no se deben casar.

En el párrafo doce de la página 4, dice usted "que qué pocos bigotes tiene El Pensador para impugnar los motivos que tuvieron los padres de la Iglesia, para resolver la perpetuidad de los votos religiosos". En efecto, dice usted bien, El Pensador tiene pocos bigotes; si fuera lego, barbón belemita, o gastador de la columna de granaderos,(3) puede que impugnara el Concilio de Trento; pero es lampiño, ¿quién hace caso de él? Sin embargo, yo como mujer (con calzones como usted) tengo menos bigotes, y estoy rabiando por ver cómo impugna... (pues, con juicio, no con algarabías) miConversación 20 y mientras lo piensa y estudia, puedo morirme. Tan largo plazo doy a la impugnación de mis doctrinas.

Se admira usted en el párrafo 17, de su página 6, de que las casadas, que son las más, entren al Cielo con más facilidad que las monjas, yendo por un camino angosto y teniendo que entrar por una puerta estrecha; pues perdone usted que no hay de qué. La casada camina por esa angosta víacargada con diez canastos de varitas, cuyo peso, cuyo yugo es muy suave, como dijo el Salvador, pues los hizo la naturaleza; pero la monja, además de esas diez canastas de varitas, tiene que cargar cuatro cruces terribles y pesadas, cuales son los votos perpetuos de pobreza, obediencia, castidad evangélica, clausura, cárcel perpetua, presidio e infierno de diez mil demonios, que todo esto y más es un convento para las que están forzadas en él, y cuántas... ¡cuántas habrá! Diga usted ahora ¿quién caminará más ligera y entrará más fácilmente por esa puerta estrecha, la monja o la castigada? Ni me salga usted con la gracia, porque a las casadas no se les niega tan buen Cirineo(4) para llevar su cruz.

Se espanta usted en su párrafo 18, página 7 y 8, de que El Pensador o mi padrino digan que "nunca aconsejaría el celibatismo como el matrimonio". ¡Hombre bárbaro de Barrabás!, usted se espanta de su misma religión. En ésta es preferible el precepto al consejo, y el matrimonio es un precepto invivito(5) en aquel creceos y multiplicaos, que Dios mandó al género humano. El matrimonio es Sacramento y grande, y el celibatismo religioso no lo es. El matrimonio da una nueva gracia especial; el voto de castidad añade un gravamen sin dar gracia, como el Sacramento, luego ¿qué blasfemia halla usted en que El Pensador diga, yo más bien aconsejaré que cumplan con el precepto de Dios, que con su consejo, y que reciban la gracia de un Sacramento que no que contraigan la obligación de un voto que una entre mil cumplirá como se debe.

Sobre su párrafo 20, página 8, no quiero decir nada, porque peor es meneallo.(6)

El párrafo 24 de la página 9 es a más de fanático, chusco. En él cita usted a El Pensador ante el tribunal de Dios, y no como quiera, sino como fiscal, si no se enmienda de decir verdades, y lo amenaza con que su muerte puede ser pronta. Éstas mi galgo las pesca. El Pensador, muy débil y enfermo, y con cuarenta y seis años en el lomo no puede vivir mucho. Debe destruirse su máquina cuanto antes. Él admite la cita de usted, quien morirá también a la hora que él, para que comparezcan a un tiempo en el tribunal de Dios, el acusado y el acusador, el fiscal y el reo... Vaya usted a espantar con sus profecías a ojos vistas y con sus citas de templario a los fanáticos necios y a las viejas noveneras.

En su página 10, párrafo 26, critica usted o murmura a El Pensador porque dice "que las mujeres no fueron criadas para monjas, sino para casadas". Y dice usted, ni lo uno ni lo otro es cierto, porque lo fueron para amar y servir a Dios en esta vida, y después gozarlo eternamente. ¡Vaya! ¡Qué salida tan magistral! ¡Qué quite teológico tan diestro! Et tamen apellamini doctores?(7) O tempora! O mores!(8) Conque porque el fin primario de la creación del hombre fue hacerlo Dios feliz eternamente, después de exigirle su amor y reconocimiento, se deduce ¿qué?, nada de la lógica de usted, porque no fue criado el hombre ni para celibato, ni para procreador de su especie. ¡Valiente solución! Si su madre de usted la sabe, me ahorra el trabajo de contestarle; pero sepa usted, doctor mío, y sépalo a su pesar, que el fin con que Dios crió a la mujer (después del fin primario) fue con el de que pariera hijos, y como ella sola no pudiera hacer esta maniobra, juntóla con el hombre, dando a cada sexo diversas señales en su uso y figura, y he aquí resuelta la dificultad.

Conque desengáñese usted: Dios crió a las mujeres para que propaguen su especie humana con la ayuda de sus maridos. Elevó el matrimonio a Sacramento; y no la virginidad, y yo veo a Jesucristo de convidado haciendo primores en unas bodas y no lo veo de padrino de un monjío.

En la página 8, párrafo 18, dice usted: "¡Oh, si tocaran a descasarse, yo le aseguro que de cien matrimonios no correspondería ni a un desmonjío!" ¡Válgate Dios por el hombre tan cándido! Si tocaran a desmonjar, yo le aseguro a usted que viera los conventos habilitados de viejas. Los casados se descasan cuando quieren: un divorcio lo hace bueno; pero para las monjas no hay divorcio que valga. Yo he visto casados que después de divorciados se han reunido, y por mi persuasión he logrado reunir dos divorciados; pero de las pocas monjas que logran salir de un convento, ni un ejemplar hay de una que haya vuelto a él. ¿Qué tal, doctor? ¿Qué tal?

Por otra parte, entre una casada con mal marido y una monja forzada hay esta diferencia, que es bien notable. La casada tiene la esperanza de verse libre del marido con la muerte de éste; pero la infeliz monja sólo con la suya puede redimir su esclavitud. Por eso no dudo decir que si tocaran a desmonjar, empleos habían de faltar en los conventos para las viejas y las feas.

Y por ventura, sentada la posibilidad, confirmada por la experiencia de que hay no pocas mujeres que hacen unos votos tan terribles, que ciertamente no son de meliori bono, como lo probaré, por fanatismo, por falsa devoción o por fuerza, y que arrastran una vida infeliz e infernal, ¿no pudiéramos encontrar un remedio para impedir los tristes efectos de estas imprudencias, sin oponernos al consejo evangélico? Sí lo hay y muy justo, fácil y racional, y consiste en hacer que los votos no sean perpetuos, sino temporales y obligatorios, a lo más, por sólo un año. En este caso, la doncella llamada por Dios al celibatismo, seguro está que dejara de renovar el voto año con año, y sería monja toda su vida, granjeándose más grados de mérito, y de consiguiente de gracia, en cada renovación, pues en cada una repetía el sacrificio de su voluntad y sus pasiones; y la que al año o dos se experimentaba flaca y débil para resistir a los estímulos de la naturaleza, tendría toda su libertad para salir y casarse, antes que abrasarse, que también éste es consejo de san Pablo. Éste mismo apóstol dice: yo os doy el consejo de la virginidad; pero no os tiendo un lazo;(9) esto es, no os hago violencia.

He dicho que el voto de la virginidad perpetua no es de mejor bien y mil veces ni deliberada promesa hecha a Dios, las promesas forzadas no pueden ser deliberadas. Tampoco es mejor bien, prometer lo que nos es como imposible cumplir como se debe, esto es, ser castos toda la vida en palabras, obras y pensamientos; pues para cumplir el voto no basta ser vírgenes en cuanto el cuerpo, es necesario serlo también en el espíritu. No es necesario dejar de ser vírgenes en el cuerpo, un pensamientillo consentido, una delectación morosa hace de la virgen de Israel una ramera(10) ante los ojos del Señor. Con esta diferencia, que el secular que peca contra la castidad de obra, supongamos, con la simple fornicación, comete un pecado mortal; el celibato religioso con sólo el deseo de la tal travesura, comete dos, uno contra el sexto precepto y otro contra el voto. ¿Será pues mejor bien exponernos a hacer dos pecados mortales, cuando apenas podemos no cometer uno? Pero ya me cansé. Concluiremos el sábado.

México, noviembre 24 de 1824.

El Pensador

 


(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.

(a) Por esto de la contumacia tan mal entendida, creo que usted es el mismo fanático que pidió la excomunión contra El Pensador, y si no es usted el mismo, será su primo hermano.

(2) no sudar el ahorcado y sudar su reverencia. Variante de "no suda el ahorcado, y suda el Teatino". "Refrán con que se reprehende a alguno, que se lastima de los males de otro, que los padece con conformidad, o que no le tocan, ni le pertenecen". Cf. Diccionario de autoridades, t. II, Madrid, Gredos, 1964 (Biblioteca Románica Hispánica).

(3) gastador de la columna de granaderos. Quien va al frente. Sargento con pelotón. Todos los elementos con barbas.

(4) Cirineo. Por Cireneo. Simón Cireneo ayudó a Jesús a llevar la cruz en el camino del calvario. En expresión familiar denota la persona que ayuda a otra en algún empleo o trabajo.

(5) invivito. Latinismo: implícito, implicado.

(6) meneallo. Forma arcaica de menear en sentido de estudiar, ver, analizar.

(7) Esta parte es de Fernández de Lizardi.

(8) Esta cita es de Cicerón, Oratio in C. L. Catilinam, I.

(9) Cor. I, 3 5.

(10) Is. I, 21.