[NÚMERO 2]
SEGUNDA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
SACRISTÁN: Compadre, por amor de Dios, ¿qué se ha hecho usted?
PAYO: Esta maldita pierna no me dejó venir el sábado; pero ya estoy aquí para que refutemos los impresos de Guadalajara y México.
SACRISTÁN: No, por ahora dejaremos descansar a los canónigos, y responderemos a las preguntas de El Payo del Rosario,(2) pues que no hay quién le haga el favor de sacarlo de sus dudas.
PAYO: Sea enhorabuena. Cualquier cosa útil a la patria debe ocupar nuestra atención. Lea usted las preguntas, y yo veré si con mi pechera y manga las puedo responder.
SACRISTÁN: Pues comienzo.
Primera Pregunta. ¿Le será difícil al gobierno averiguar los sujetos que componen el complot de Yucatán,(3) y sacar por las declaraciones de ellos los iniciados con las expediciones de sus enemigos?
[PAYO]: Respuesta. Acaso sí, porque los superiores están expuestos al engaño, y si los que están a sus inmediaciones no son fieles, nada hay más difícil que saber la verdad.
SACRISTÁN. Segunda pregunta. ¿Se ocultará a sus arbitrios y conocimientos los individuos que forman esos club[e]s secretos contra nuestra libertad, cuando salieron a plaza con tanta facilidad las conspiraciones de los americanos que hemos visto descubiertas?
PAYO: Respuesta. Siendo esta pregunta una repetición de la primera, podemos repetir igual respuesta. Si los autores de las conspiraciones de México se descubrieron tan fácilmente, sería porque no tendrían la protección con que acaso habrán contado los facciosos de Yucatán, o quizá por la diferencia de la distancia.
SACRISTÁN: Tercera pregunta. Los conductores de las armas que venían para hacernos la guerra, como se sospecha, ¿no sabrán descubrir a qué sujeto venían consignadas?
PAYO: Respuesta. Si los aprehenden y ellos quieren, sí; si no, no.
SACRISTÁN: Cuarta pregunta. Y una vez practicadas estas diligencias, con toda la energía que demanda el celo de la patria amenazada, ¿no se podrán ahorcar a los autores de tal traición y lanzar a los extranjeros sospechosos, así como lo hizo el gobierno pasado con los americanos Stávali,(4) Infanzón,(5) Barberi,(6) Esparza, Rodríguez,(7) Melgarejo(8) etcétera, Andrade,(9)Castrejón, Lubián, Berdeja(10) y otros, que no querían más que algo de descoyotamiento?(11)
PAYO: Respuesta. Sí.
SACRISTÁN: Quinta pregunta. ¿Qué querrá decir la España con estar sosteniendo el Castillo(12) a toda costa, y no haber querido en tanto tiempo entrar por nuestra libertad; estará pobre y llena de partidos, como dice El Sol, o nos querrá dar paloma(13) en unión de los reyes aliados de la Europa?
PAYO: Respuesta. Quiere decir que no pierde la esperanza de dominarnos.
SACRISTÁN: Sexta pregunta. Los daños que causa a los intereses nacionales y particulares Ulúa con su fuego sobre Veracruz, ¿no sería justo que se resarcieran de los bienes de los españoles que se averigüen traidores, y de los que emigraron a la Península dejando aquí posesiones, previo aviso al comandante de aquella fortaleza?
PAYO: Respuesta. Sí.
SACRISTÁN: Séptima pregunta. ¿En qué consistirá que cuando los editores de El Soldan algunas noticias sobre la venida de la Liga,(14) nos encajan un sermoncico al fin de ellas, en que nos hacen ver cómo tres y dos son siete, que es imposible se verifique, cuando nadie los compele a que las redacten; y les haría más honor, ciertamente, ahorrarse de publicarlas, si conocen que son mentiras?
PAYO: Respuesta. En que cada autor es dueño de su opinión, y discurrirá sobre una noticia como le parezca.
SACRISTÁN: Octava Pregunta. ¿Por qué les daría tanto coraje a estos señores contra el que imprimió la noticia del levantamiento del gachupín Rascón, y por qué le meterían tanto chismal(15) al gobierno para que lo castigaran, cuando los partes oficiales que ellos no pudieron desmentir, fueron positivos, y el que los publicó no salió por garante de su resultado? Y si por esa leve mentirilla de que no tuvo culpa, le creen digno de castigo, ¿cuál será el que merecen los que de propósito y a sabiendas nos encajan un centenario todos los días a título de que vienen de allende de los mares?
PAYO: Respuesta. Córrase traslado a la parte.
SACRISTÁN: Nona pregunta. ¿Qué obsequio sería mejor para un borbonista, regalarle cien onzas de oro o ahorcarle diez iturbidistas?
PAYO: Respuesta. Si el borbonista es ambicioso, las cien onzas de oro; si es aristócrata, los diez iturbidistas ahorcados.
SACRISTÁN: Décima pregunta. ¿Insistirán por fin los señores de la legislatura de México en que salgamos a cantar posadas con los Supremos Poderes de la Federación por esos mundos de Dios, a pesar de la declaración que hizo el pasado Congreso, cuyas leyes no admiten reformas hasta el año de treinta?
PAYO: Respuesta. No, según su última proposición, inserta como suplemento en El Sol del 16 de éste, en la que se conforma con que los Supremos Poderes permanezcan en México sin condenarlos a ir a comer camotes a Querétaro;(16) pero dos gatos no pueden caber en un costal.
Para todos los Estados, México siempre ha sido ciudad federal. Más claro, ciudad central, y no puede ser otra cosa; aunque pertenezca mañana al Gran Turco o al Gran Mogol. Sus cortes precisamente se fijarían en México, como en una ciudad con cuyo cielo, extensión, lujo, ilustración y magnificencia no pueden competir, no digo las capitales de la América, pero ni muchas de las celebradas de la Europa.
SACRISTAN: Compadre, ésa es mucha arrogancia. Usted, como nacido en México, echa por copas;(17) pero en su boca es muy sospechoso tanto elogio.
PAYO: No lo es. El barón de Humbold[t](18) no era mexicano, pero era un sabio, es decir, un hombre de bien, y éste dice que no había visto ciudad más linda que México, y no exageró, porque aunque París y Londres, Viena y Roma, Constantinopla, Pekín, etcétera, nos aventajen unas en ilustración, otras en edificios, éstas en industria, aquéllas en comercio, etcétera, nosotros aventajamos a todas en cielo hermoso, en estaciones arregladas, en naturales suaves, en talentos gigantes(a) y en nuestra innegable riqueza; porque poseemos cerros de oro y plata que envidia todo el mundo, y además la grana y el cacao, el algodón, el azúcar y otras mil producciones de la naturaleza que parece que Dios las quiso estancar en las Américas. De lo que se concluye que México siempre debe ser un punto de apoyo para todos los Estados, una ciudad central independiente donde los Supremos Poderes obren sin contraposición con la majestad del trono, sin que a su alrededor sienta ninguna superioridad. Aquí, aquí han de venir los comisarios de la Europa. Aquí se han de sancionar los tratados con las naciones extranjeras; y de aquí ha de emanar la felicidad general. Pero es fuerza, es de necesidad que México sea el trono augusto de la libertad, donde los Supremos Poderes obren como deben, sin contrapeso y sin reconocer autoridades subalternas que le entorpezcan su grande ruta. Esto es centralismo; pero es el mazo de la rueda del coche. Reniego de El Payo del Rosario, que me ha hecho hablar tanto para responder su décima pregunta. Vamos a las demás.
SACRISTÁN: Undécima pregunta. ¿No es un insulto declarado a tantos americanos militares y sabios aquella rapadilla que se da al señor Vivanco en un comunicado de El Águila, número 262, sobre que él solo fue capaz de arreglar, disciplinar y poner bajo un pie respetable el ejército de la República, como si sólo en su excelencia se encontrasen los vastos conocimientos militares, con aquello de: "¿Dio luz a la República de México el inmortal Morán?...(19) ¡Sí, Morán, tú solo y ningún otro, pudo reglar las tropas mexicanas! ... ¡Morán, por último fue el genio de la guerra, cuya memoria triunfará del olvido y de la muerte..." ¿Y no sería bueno que yo le dijera al apologista ¡Oh, barba, vos alzasteis el nombre de la moranería hasta los cuernos de la luna!, o como le dijo don Quijote a maese Nicolás ¡Oh, seor rapista!, ¡seor rapista!, ¿pensáis que no os entiendo?
PAYO: Respuesta. Cuando un elogio se pasa de la raya en el arte de la retórica, se nota de falta de economía. Los elogios en vida de los elogiados deben ser medidos e innegables; así es que decir que el señor marqués de Vivanco es el genio de la guerra, es un elogio desmesurado y agravia a tantos militares beneméritos que honran la nación. El elogiador obraría con gratitud pero sin crítica.
SACRISTÁN: Duodécima. Quisiera saber, ¿en cuántas campañas se halló el señor Vivanco ejercitando su loable táctica militar para conseguir la Independencia del Anáhuac,(20) cuándo se enarboló el estandarte de ella en el pueblo de Iguala,(21) y qué fue lo que prometió su excelencia para ayudar al héroe que la emprendió? ...
PAYO: Respuesta. Yo no trataré de desconceptuar al señor Morán. Su patriotismo es demasiado notorio, y si capituló tres veces, sería por un extravío de opinión, en que han incurrido tantos, tantos y tantos.
SACRISTÁN: Pregunta decimatercia. Ya que nos hemos constituido en república federal, ¿no sería muy bonito abolir por una ley aquello del marqués fulano y el conde zutano, que indican servidumbre y vasallaje?
PAYO: Respuesta. No es bonito, sino justo, el señor marqués de Vivanco dice que se firma marqués porque el gobierno le da ese tratamiento; pero, protestando mis respetos al gobierno, me parece que no debiera dar tratamientos de títulos de Castilla a nadie, después que se ha separado de la Castilla opresora. ¿Qué es esto de condes y marqueses, de títulos vanos que nada significan en el idioma del filósofo? ¿Quién es un conde o marqués sino un mortal miserable como todos, que tiene hambre y sed, que se cansa con el trabajo, que un catarrito lo postra en una cama, que siente las injurias de los elementos y que, perdido en un naufragio, o desposeído por unos ladrones de sus cuatro reales, será un infeliz como tantos, y tendrá a mucha dicha tener en clase de criado un pedazo de pan en casa de un mesonero? Vanidades, soberbias, altanerías, que conoció Salomón, el más poderoso de los reyes, después de disfrutar el mundo, según las Sagradas Letras. Yo soy un ranchero; pero me avergonzara de que me dijeran conde o marqués; porque este título, entre los sabios, me acreditara de un majadero, pues me quería distinguir con un nombrecillo hueco e insignificante.
SACRISTÁN: Pregunta decimacuarta. Supuesto que amnistía quiere decir olvido de lo pasado, y toda privación y despojo sería un castigo, ¿restituirán a sus destinos a los ciudadanos Quintanar,(22) Bustamante,(23) y a cuantos se consideraron comprendidos en el extravío de opinión?
PAYO: Respuesta. Los señores Quintanar y Bustamante han sido unos honrados militares. Se les acusó de iturbidistas. Yo no fui el fiscal de sus causas; pero aun siéndolo y siendo ellos iturbidistas, no encuentro un delito para proscribirlos, porque todo iturbidista es americano. Con el borbonista no se puede transigir. Así es que, en mi opinión, los señores Quintanar y Bustamante deben ser indemnizados y restituidos a sus primeros empleos con el decoro que merecen, y la nación puede dormir sobre sus espadas con la misma confianza que duerme un niño en los brazos de su madre.
SACRISTÁN: Pregunta decimaquinta. Por último, desearía saber, ¿cuál gobierno estaba más armónico con el gusto de los señores europeos, si el triunvirato(24) de antaño o la presidencia de hogaño?
PAYO: Respuesta. El triunvirato de antaño debió ser más lisonjero para los señores europeos hipócritas y enemigos de nuestra Independencia (no para los españoles hombres de bien); porque él tuvo gracia para correr de México a El Pensador y a El Payo del Rosario, para desterrar al benemérito capitán Marchena(25) y al ilustrado y patriota Francisco Prisset,(26) y para fusilar en la plazuela de la Paja(27) al infeliz Basiliso Valdés,(28) joven patriota, militar y que prometía muchas esperanzas; pero con el presidente de hogaño los españoles maletas de que hablé, no pueden estar muy contentos, porque este presidente es insurgente viejo, sabe lo que es patria, cuánto vale su libertad, está curtido en la guerra, conoce los derechos del hombre americano; no es enamorado, ni jugador, ni borracho, ni interesable; sabe comer perros muertos y lagartijas. ¿Quién será capaz de torcer la virtud de este hombre benemérito, escogido por Dios para dirigir la fluctuante nave de la República Mexicana, combatida por las furiosas olas de la intriga, de la envidia, del interés, del aristocratismo, del fanatismo y, lo peor de todo, del borbonismo enmascarado? ¡Dios lo bendiga y lo libre de todos sus enemigos!
SACRISTÁN: Usted, amigo, ha respuesto completamente, según mi genio, las preguntas de El Payo del Rosario; ¿pero qué me dice de ese Estado Mayor?
PAYO: ¡Válgame santa Bárbara y san Cristóbal, que es el santo más grande de la corte del Cielo! Un Estado Mayor en una república es una monarquía militar y absoluta, es la salamandra, es el fénix, es el fuego ardiendo dentro del agua, y es, en fin, el déspota Constantinopla gobernando tranquilamente en medio de la república de Esparta.
SACRISTÁN. ¿Es posible, compadre, que tan mal concepto le debe a usted el Estado Mayor?
PAYO: Sí, compadre.
SACRISTÁN: ¿Y por qué?
PAYO: Por las absolutas y generales facultades de que está investido su jefe general.
SACRISTÁN: ¿Pues qué tanto puede?
PAYO: Oiga usted algo de lo que puede. Las funciones de la secretaría general, que es el departamento particular del jefe del Estado Mayor son las siguientes:
"1ª Organizar los cuerpos del ejército, establecer guarniciones, cantones y puestos militares.
"2ª Destinar a los oficiales generales, jefes y oficiales de los Estados Mayores.
"3ª Extender todas las órdenes de marcha y movimientos relativos a las operaciones militares.
"4ª Formar y remitir el santo y orden del día.
"5ª Corresponderse con el ministerio de la Guerra.
"6ª Corresponderse con los comandantes generales de provincia y los cuerpos de artillería o ingenieros. A esta secretaría pertenecen todos los negocios reservados; y en tiempo de guerra lo relativo a espías, correspondencias secretas y noticias del enemigo."
Por el departamento de su administración puede formar los estados generales de fuerza, armas, municiones, vestuario y montura. Tendrá correspondencia con el ministro de Hacienda y demás ramos de ésta, particularmente con los intendentes y tesoreros, acerca de los suministros de haberes que se hacen en los cuerpos. Le toca la revisión de todos los gastos y cuentas de los cuerpos de todas armas. Tiene que intervenir con los retirados, inválidos, viudas y menores militares, con lo perteneciente a guías, prisioneros de guerra, desertores del enemigo y presas. Puede señalar las escoltas para los convoyes. Dar licencias temporales a los oficiales, las absolutas por cumplidos o inútiles y, para no cansarnos, el Estado Mayor puede hacer cuanto quiera con la oficialidad y con la tropa, que es decir que si quiere ahorcar al presidente de un balcón y entregar la patria a los Borbones, también puede: porque sus facultades son inmensas. El que las dude que lea el reglamento provisional de la materia.
SACRISTÁN: ¡Jesús, compadre!, pues si el que tiene las armas tiene el poder, yo no sé qué es lo que puede el presidente de la república delante de ese formidable Estado Mayor, que es quien lo puede todo. Ni por un momento quiero que lo que voy a decir se entienda contra el señor marqués de Vivanco, cuya buena opinión y fama debe quedarse en el lugar que se ha granjeado con su instrucción y servicios militares; pero hacer una suposición no quimérica sino muy posible de suceder, me parece que lejos de merecer encono, antes es digno de la gratitud de la patria, pues por la patria se hace. Hecha esta salva, supongamos que mañana ya no es jefe del Estado Mayor el señor Morán, y que por un yerro de elección recae este empleo en un mal americano borbonista, pregunto, ¿con semejantes facultades, le será difícil ir retirando y licenciando a los oficiales patriotas, y poner en su lugar a otros de sus mismas ideas? ¿Tendrá embarazo para disgustar a las tropas, obligándolas a la deserción? Y, en este caso, ¿con un ejército debilitado, disgustado dirigido por jefes borbonistas, le costará mucho trabajo a la Santa Liga reconquistamos?
PAYO: Yo no lo entiendo; pero no sé cómo combinar las facultades del presidente de la República con las del jefe del Estado Mayor General. No lo entiendo, repito, vuelvo a protestar mi ignorancia en la materia; pero me parece que con este soberbio coloso nuestra libertad está muy mal segura.
Al mismo ejército no le tiene cuenta semejante monarca disimulado. En tiempo del gobierno español, para despojar a un oficial de su empleo se requerían gravísimos delitos y la confirmación del rey. En el día, por quítame allí esas pajas, un jefe de un Estado Mayor General puede darle su licencia a un coronel, sin que a éste le quede recurso ni apelación alguna.
SACRISTÁN: Lo que más me admira es que se han hecho mil alharacas(29) y escándalos por las facultades extraordinarias que el Soberano Congreso concedió a nuestro digno presidente, quien no es capaz de abusar de ellas en ningún tiempo, y nadie se ha movido con las asombrosas y extraordinarias facultades concedidas al jefe del Estado Mayor General.
PAYO: Lo peor es que, si este asunto no se toma en consideración cuanto antes, muy cerca estamos de experimentar por bien o por mal, todo el poder de este coloso. Del Congreso de las Tamaulipas se le participa al señor presidente la aproximación de una fragata de guerra francesa, que se supone espía o descubierta de la Liga. Durmamos, arrullémonos en la confianza de la impotencia de España, limitemos a nuestro presidente sus facultades, dejémosle a su lado ese espantajo del Estado Mayor General, y quizá, muy breve, sacudirá nuestra modorra la sangrienta garra del león que aspira a devorarnos.
SACRISTÁN: Yo no puedo continuar esta conversación sin conmoverme, y así, compadre, a Dios, hasta otro día.
México, enero 19 de 1825.
El Pensador
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.
(2) EI Payo del Rosario. Seudónimo de Pablo de Villavicencio (1792-1832). Escritor mexicano considerado uno de los precursores del liberalismo en México junto con Fernández de Lizardi, Rafael Dávila, Francisco Ibar y Luis Espino. En 1822 vino de Sonora al Distrito Federal, y aquí publicó varios folletos sobre asuntos políticos que le valieron su confinamiento al Fuerte de San Diego, en Acapulco. Escribió Ya El Pensador se declaró hereje, por El Payo del Rosario, México, Imprenta de doña Herculana del Villar y Socios, 1822, en el que le formula algunas objeciones. También escribió no se destierra al coyote o mata a nuestras gallinas. (1ª y 2ª parte), 1824. Fernández de Lizardi escribió Carta de El Pensador a El Payo del Rosario por el cuento del coyote y zurra al señor Bustamante con un epitafio a su Centzontli, México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1824. Los mismos títulos manifiestan las públicas objeciones que se hicieron. No obstante, eran amigos, camaradería que no era de extrañar entre dos precursores del liberalismo. Entre los trabajos de El Payo tenemos: O se destruye el Congreso o se lleva el diablo al reyno, 1822; El hijito del coyote, 1824; Si no se van los ingleses hemos de ser sus esclavos, 1825; Plan de desgachupinar si vienen los de la Liga, 1826; Si vienen los godos, nos cuelgan a todos, 1826; Testamento del padre Arenas, 1827. Villavicencio acompañó a Zavala, como su secretario, a la ciudad de Toluca en 1832, y allí fue asesinado en un movimiento político.
(3) Yucatán, Guadalajara, Guatemala, Oaxaca, Morelia y otros lugares luchaban por ser Estados federados.
(4) Stávali. El teniente coronel Stávali fue rebelde al gobierno independiente "...permaneciendo hostil, fue necesario reducirlo por la fuerza, después de lo cual fue condenado á la última pena, conmutada en destierro á petición del Poder Ejecutivo, que creyó encontrar razones de generosidad y de conveniencia para pedir el indulto en favor de un hombre que, pocos años después, reapareció en México tomando activa parte en la guerra civil". Cf. México a través de los siglos. México independiente 1821-1855 escrito por Olavarría y Ferrari, México, Publicaciones Herrerías, S. A., t. IV, pp. 108-109.
(5) Infanzón. Tenemos noticia de Mariano Infazón, miembro del quinto regimiento de caballería.
(6) Barberi. También se le llama traidor en una carta de José Mariano Guasque que transcribe Fernández de Lizardi en En donde murió Iturbide viven en paz los traidores, México, Imprenta de la Testamentaría de Ontiveros, junio 3 de 1826.
(7) Rodríguez. Sólo tenemos noticia de Luis Rodríguez Alconedo (1749-1815). Pintor y político. Iturrigaray lo envió prisionero a España como sospechoso de conspirar a favor de la Independencia. Cuando salió de la prisión vino a México y se incorporó a las tropas de Morelos (1810) y llegó a ser su secretario. Los realistas lo fusilaron en 1815.
(8)Melgarejo. Tenemos noticia de dos Melgarejo. Ambrosio Melgarejo y Aponte, abogado cubano, colegial de San Ramón en México, abogado de la Real Audiencia, fiscal y oidor de Guatemala, alcalde, fiscal y oidor de México. Y Ambrosio Melgarejo, también abogado de Audiencia, alcalde ordinario y oidor. Escribió Defensa de los derechos de la Iglesia Metropolitana sobre diezmos.
(9) Andrade. Quizá José Antonio Andrade, quien conspiró contra el Congreso Constituyente y a favor de Iturbide: "en la calle de la Pulquería de Celaya número 13 y 14, donde se tomaron papeles, planes y un acta, dispuestos para remitirse, á Iturbide á Londres. Veinticinco de los conjurados, entre ellos el general diputado José Antonio Andrade y el coronel Reyes Veramendi, fueron reducidos a prisión, quedando así desconectados de los revoltosos". Cf. México a través de los siglos. La guerra de Independencia escrita por Julio Zárate, México, Publicaciones Herrerías, S. A., t. III, p. 110.
(10) Berdeja. Justo Berdeja, fiscal militar. Estuvo complicado en la conspiración del padre Arenas que trataba de restablecer en México el dominio español. También estuvo implicado en una conspiración contra Victoria de parte de los generales Barragán, Santa-Anna y Berdeja, que acabó Vicente Guerrero.
(11) descoyotamiento. Quitar el orden, la armonía establecida.
(12) Castillo de San Juan de Ulúa. Cf. nota 19 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(13) dar paloma. Expresión figurada y familiar en México, propiamente tabasqueña y del sureste. Significa ceder, conceder, por galantería o caballerosidad, que su pareja de baile pase a bailar con otro, que a su vez, pide paloma. Cf. Santamaría,Dic. mej.
(14) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(15) chismal. Conjunto de chismes, enredos.
(16) ir a comer camotes a Querétaro. Camote: bulbo o tubérculo que se come cocido, asado, guisado o confitado Son muy estimados en Querétaro. Por tal la expresión denota condenar a una cosa agradable. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(17) echar por copas. Frase familiar: ponderar o calcular exageradamente. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(18) Alejandro von Humboldt (1769-1859). Naturalista y geógrafo alemán. En 1802-3 visitó la Nueva España. En 1827 se le otorgó la carta de ciudadanía. Escribió:Cosmos; Examen crítico de la historia de la geografía del Nuevo Continente; Ensayo político del reino de la Nueva España y muchas obras más.
(a) Si no han descollado como debían ha sido por haber caído esta nación, por conquista, en manos de los españoles, que ahora trescientos años eran más bárbaros que los indios americanos. Si éstos se rayaban las caras para aterrorizar a sus enemigos en la campaña, los españoles se dejaban crecer las barbas y se teñían los dientes de negro con el mismo objeto; si los indios sacrificaban víctimas humanas a Huitzilopochtli, también los españoles, antes de ser conquistados por los griegos, sacrificaban muchachos a sus dioses. He dicho que ahora trescientos años los españoles eran más bárbaros que los indios, esto es, tenían menos policía y menos industria que los indios. Sea ejemplo, los indios sin hierro sacaban la plata de las minas, sin azogue, la separaban de los demás metales, y sin cinceles vaciaban un vaso de un golpe, representando una historia, lo que ahora no hay quien lo haga con la ayuda del hierro y del azogue. La policía de los indios era tal que entre ellos, sin Montesquieu ni Filangieri, sin Dumas ni Rousseau, no había ladrones, ni mendigos, ni ociosos; y ahora, con toda nuestra ilustración, no podemos salir de día sin encontrar mil pordioseros, y de noche... cuidado. Basta de nota.
(19) José Morán y del Villar, marqués de Vivanco (1774-1841). Militar mexicano. Cadete de los Dragones de México en 1789; alférez en 1795 y luego maestro de cadetes. Llegó a ser coronel. Luchó contra los insurgentes, Iturbide le dio título de brigadier y después lo hizo inspector general de caballería (1821) y mariscal de campo en 1822. Tiempo después se opuso al emperador. Caído éste se le nombró comandante general de México y se le otorgó el grado de divisionario. Levantó planos de Veracruz para preparar el contraataque a una invasión. Creó academias científicas en el Estado Mayor y mejoró el sistema escalafonario. En 1827 cesó en su empleo y se marchó a Europa. Regresó en 1830 y tres años después quedó incluido en el decreto de proscripción. En 1837 fue presidente del Consejo; ministro de Guerra y Marina, del 6 de febrero al 3 de diciembre de 1838.
(20) Anáhuac. Cf. nota 4 al núm. 1 de El Amigo de la Paz y de la Patria.
(21) Iguala. Cf. nota 8 al núm. 2 de El Amigo de la Paz y de la Patria. Alude al Plan de Iguala, obra de Agustín de Iturbide.
(22) Quizá Luis Quintanar (1782-1837). General graduado, ministro de Guerra y Marina.
(23) Anastasio Bustamante (1780-1853). Distinguido insurgente. Se adhirió al Plan de Iguala; vicepresidente en la época en que gobernó Guerrero, y posteriormente presidente de la República Mexicana.
(24) triunvirato. Cf. nota 21 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(25) José Marchena. Cf. nota 8 al núm. 17 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(26) Por Prissette. "Al día siguiente de fusilado Valdés, se le hizo salir de México, mal de su agrado, á Mr. Priset, declarado defensor de Iturbide, que comenzó á publicar un periódico intitulado: El Archivista; protegíalo el Lic. Gómez Navarrete, apoderado de Iturbide; murió en Jalapa, pues estaba paralítico, y andaba con un diestro; mas esto no le impedía á este aventurero francés, que viniese a sembrar zizaña [sic] entre nosotros." Cf. Bustamante, Historia del emperador Agustín de Iturbide hasta su muerte y sus consecuencias; y establecimiento de la República Popular Federal, México, Imprenta de I. Cumplido, 1846, p. 234. Fue coeditor de El Águila Mexicana. A causa de sus ataques a Alamán fue expulsado en 1823. Murió en su marcha para salir al destierro.
(27) Plazuela de la Paja. Cf. nota 7 al núm. 1 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(28) Basiliso Valdés, Cf. nota 7 al núm. 17 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(29) alharacas. Expresión o demostración que manifiesta gran vehemencia de algún afecto y por causa baladí.