Número 2
PULQUE PARA EL REVOLTIJO DEL PADRE SOTO DIÁLOGO
ENTRE BIEN-PICA Y SU CRIADA ANTOÑETA[1]
ANTOÑETA: ¡Ay, señor!, ¡ay, señor! ¿Quién diablos?, ¿quién diablos me traería a este padre en nada? ¡Nunca me había puesto la mano, siñor![2] ¡Yo me voy!
BIEN-PICA: ¡Voto a los diablos!... Espera mujer, siéntate un poco, ínterin, acabo de hacer este apunte. Antoñeta, ¿qué se te ha metido en la cabeza?
ANTOÑETA: Lo que a su merced se le metió en los pies para darme patadas.
BIEN-PICA: Te confieso de buena fe, que me cegué.
ANTOÑETA: Así nos cegamos todos: así se cegó el padre Soto, mas yo veo, que su merced, el padre Soto, y todos los que se ciegan no dejan de ver a los que tiran; y esta ceguera. “No le sale”.
BIEN-PICA: Pero, sí le sale, que no te vayas, ve adentro.
ANTOÑETA: Pues me quedo, pero con la condición de que me ha de traer su merced un revoltijo de papel,[3] de esos que andan gritando los muchachos.
BIEN-PICA: Anda, que te prometo traer veinte; y yo te diré...
ANTOÑETA: Pero no hablemos ya del padre Soto.
BIEN-PICA: ¿Por qué no hija?
ANTOÑETA: Hágame usted ahora el Vinatero, diciendo: hija, ¿qué, a las hijas se les pega?
BIEN-PICA: Perdóname.
ANTOÑETA: Así quedan bien, con salir al último con “me cegué, perdóname. No supe lo que hice”, pero satisfacción verdadera, ninguna, a que no me convida usted del pulque.[4]
BIEN-PICA: Me lo tomé todo, lo acabé, si no...
ANTOÑETA: Lo mismo fuera.
Nunca en mi vida he visto
Tan malos cocineros:
Uno sazona a golpes,
El otro con dic[t]erios
Y al tin de la refriega,
Echan la culpa a su violencia ciega
Diciendo “Usted perdone”
Pero la fama, nunca se repone.
COMADRE: Sólo vengo, comadre, a ver qué le ha sucedido a usted, que hasta allá oí los gritos.
ANTOÑETA: ¡Qué ha de ser! Señor me pegó, y me ha puesto de asco por defender al padre Soto, como si yo lo conociera o...
COMADRE: Pero comadre, ¿quién hace caso de eso?
ANTOÑETA: Ya yo me iba, pero me detuvo señor.
COMADRE: Pues Francisco ya me leyó el papel, pero ¡qué cosa niña! ¿Qué dejará el padre para nosotras? Pero dice Francisco que breve se sosiega, o lo sosiegan.
ANTOÑETA: Sí, por Dios, porque a mi también me alcanzaron estas borucas[5] sin comerlo ni beberlo.[6]
COMADRE: Si oyera usted el papel, ¡bravo!, ¡bravo!
ANTOÑETA: ¿Conque es bueno al machete?
COMADRE: Así toma la pluma, como si fuera un machete.
ANTOÑETA: Yo quisiera que supiera lo que a mí me ha pasado.
COMADRE: ¿Para que le empareje a usted la sangría, comadre?
ANTOÑETA: ¡Que te parió! No, sino para que viera los daños que hace.
COMADRE: Seguró está de que los agregará a su examen.
ANTOÑETA: ¿Pues qué, no se confesará, comadre?
COMADRE: Sí, pero infamando al próximo,[7] quién sabe cómo se compondrá.
ANTOÑETA: Como se compuso señor conmigo: a patadas.
COMADRE: ¡Cuándo amores! No hay quien se dé con una piedra en los dientes.
ANTOÑETA: Ya quedó señor en traerme un papel de esos del revoltijo.
COMADRE: ¡Jesús! Por no verlo tan frión... Apenas le dice tal cual cosa. También me leyó Francisco la Proclama,[8] pero ni la acabé de oír.
ANTOÑETA: ¿Por qué comadre?
COMADRE: Niña, si me pareció cosa de coloquio o quién sabe qué, y más cuando vi el papel que parece un papelote de a cuatro.
ANTOÑETA: Y cómo zumba, ja, ja, ja, ja.
COMADRE: No le había de haber puesto tanta.
ANTOÑETA: ¿Y a qué se atendrá ese padre?
COMADRE: A que es padre; pero, niña, crea usted que hay muchos que piensan lo mismo, pero no se declaran porque no les terequen.
ANTOÑETA: Por eso dicen que los que son así, por la pena son cuerdos.
COMADRE: Comadre, si todas las cabezas están desencordadas.
ANTOÑETA: ¿Cierto?
COMADRE: Toma, ¿vio usted lo que sucedió con su amo? Pues lo mismo sucede en todas partes, con la diferencia de que no hay patadas, porque don Antonio...[9]
ANTOÑETA: ¿Qué don Antonio, comadre?
COMADRE: ¡Que usted tan...! Su amo, su amo, que sí le dio patadas es porque no serán las primeras que da.
ANTOÑETA: ¡Todavía me da coraje!
COMADRE: ¡Y le diera a una beata!
ANTOÑETA: No sé que haga.
COMADRE: Lo que todos comadre, hacer lomo.
ANTOÑETA: Por fin o porfiado, ¿te casas conmigo o con el soldado?
COMADRE: Míreme el ojo comadre.
ANTOÑETA: Ya ve toros, pues no hay fiestas.
COMADRE: Usted vaya con el tiempo, comadre; mi abuelo
Mi nana tenía un perrito;
Mi tata lo matará:
De la piel hará un tambor
Lo que fuere sonará...,
Y a Dios comadre, pues se me hace tarde.
ANTOÑETA: Dígale a aquél, que mi encargo...
[1] México: Oficina de don Manuel Salas, calle de San Francisco [Cf. nota 1 a Revoltijo del padre Soto, en este volumen], 1820. 4 pp. Véase también el número 1 de este folleto, en este volumen.
[2] siñor. Vocalismo propio del habla popular: se usaba indistintamente ‘i’ por ‘e’ siñor por señor y ‘u’ por ‘o’ osté por usted, so por su. Véase este uso en Carta de los indios de Tontonapeque a El Pensador Mexicano, en Obras X-Folletos, pp. 401-408.
[3] Revoltijo del padre Soto, en este volumen.
[4] pulque. Cf. nota 1 al folleto anterior.
[5] borucas. (Del vasco buruka) Bulla, algazara. Boruquear. Armar boruca o bullanga. Santamaría, Dic. mej
[6] sin comerlo ni beberlo. Sin haber tenido parte en la causa o motivo del daño o provecho que se sigue.
[7] Mariano Soto llama a Fernández de Lizardi “censor de arrabales, calificador y criticón de cocheras”, “bufón, soez, autor necio, descocado, corrompido, hombre plebeyo”, etcétera. Véase El carácter de El Pensador Mexicano, descubierto y desafiado, en este volumen.
[8] Proclama en honor de los militares. Cf. nota 5 a Artículos Comunicados, en este volumen.
[9] Don Antonio. Cf. nota 9 a El Ignorante a El Pensador Mexicano, en este volumen.