[NÚMERO 2]

EL HERMANO DEL PERICO

QUE CANTABA LA VICTORIA(1)


Periódico Político Moral

Quid rides? Mutato nomine, de te fabella narratur

¿Qué te ríes? Con diferente nombre de ti habla la fabulilla

 

Luego que la mujer se fue muy contenta con sus cuatro pesos, y yo me quedé más con mi perico, quise continuar mi conversación, al tiempo que entró uno de mis domésticos y comenzó el loro a gritar: ¿quién pasa?, ¿quién pasa?, ¿hay pan para el loro?, azotitos(2) y todo, y mil majaderías lorunas.

No dejé de apesadumbrarme, creyendo que la mujer me había cambiado el loro a mi vista, hasta que, habiendo salido de mi cuarto la persona que dije, habló el perico y me dijo: "Sólo tú has tenido la fortuna de que te descubre quién soy, porque oí decir a la mujer que me vendió que eras El Pensador; he oído leer tus papeles en las diversas casas en que he estado y por eso tenía formado de ti un concepto muy ventajoso; pero no lo tengo igual de nadie. Ten, pues, mucho cuidado de que no nos escuche ninguno, pues aunque no hay Inquisición, si llegan a entender que un perico se explica razonadamente, darán conmigo en el brasero de la cocina. ¡Tan tontos así y tan fanáticos son muchos en tu tierra! Tendrían por endiablado al perico que oyeran hablar como gente, al tiempo mismo que veneran como oráculos a muchos hombres que hablan como pericos."

"Dices muy bien periquito; pero vamos politiqueando por ahora, que es lo que importa. Muy bien conozco que es empresa de locos querer remediar el mundo; sin embargo, no me negarás que es un gusto meterse uno a legislador en su gabinete y dar leyes al universo, disparatado en compañía de un amigo que sea de las mismas ideas, sin que haya quien le diga oste ni moste."(3)

"Es una verdad —contestó el loro—, por eso Platón hizo su República; Aristóteles su Gobierno; Tomás Moro su Utopía; Fenelón su Telémaco; el padre Causino(4) suCorte Santa, y todos los días amanecen legisladores como chinches, y no contentos los hombres con ser reformadores de las costumbres civiles, se introducen a reformar y prescribir reglas a la misma naturaleza, y aun a fijar destino a sus almas, que ellos, por más que hagan, no sólo no tienen imperio sobre ellas, pero ni saben lo que son.

"Unas veces han fijado el mundo con un clavo, dando al sol y a los demás astros y planetas un movimiento rapidísimo sobre el globo que habitamos; otras veces, como hoy, desencajaron al mundo de la quietud que le habían fijado y lo hacen dar sobre el sol, al cabo del año, más vueltas que una perinola.(5) Yo mismo, cuando era hombre, inventé mi metempsicosis o paseo de las almas por diferentes cuerpos, y no carecí de fundamentos para creerlo posible: conque nada nuevo es que todo hombre quiera reformar el mundo. Este prurito puede tener uno de tres principios: o un sincero deseo de hacer bien a vuestros semejantes, o un egoísmo refinado que os hace creer que nada bueno puede hacerse en el mundo sin vuestra intervención, o una loca vanidad de lucir cada cual sus talentos, proponiendo proyectos y medidas que creen que a todos se les esconden.

"El primer objeto es laudabilísimo y los errores merecen disculpa por el buen deseo que lo origina; los otros dos son harto ridículos y aun criminales. Y así, suponiendo que tú estas poseído del primero, vamos politiqueando y reformando el mundo a tu placer, a bien que si hablamos bien, no nos harán aprecio, pues todos los hombres son como tú: harto te digo. Se avergonzarían los jefes de tu patria si admitieran un proyecto de ley que dictaras; y si hablamos mal, esto es, si hablamos disparates, te tendrán por un tonto, y de manera alguna, hablemos bien o mal, te harán aprecio tus Cortes ni tu gobierno, pero te quedará el consuelo de desahogar tus filantrópicos sentimientos. Conque, vamos, anda, politiquea y proyecta como te dé la gana, que yo te haré el bajo grandemente."

"Pues oye, periquito mío —le dije—, ¿sabes qué me parece? Que el Supremo Poder Ejecutivo ni está, ni ha estado, ni estará bien en los generales militares; y de no estar donde debe estar, se sigue el entorpecimiento de los negocios, el neutralismo, la apatía y la ruina de la nación. ¿Qué juicio formas de mi dictamen?"

"El que debo y el que formarán todos los hombres sabios del mundo —dijo el loro—; pues ha de ser o muy majadero o muy adulador el que diga que el señor Victoria,(6) el señor Guerrero,(7) el señor Bravo,(8) el señor Santana,(9) ni ningún otro general son propios para componer el Supremo Poder Ejecutivo. Estos señores son muy patriotas, muy aptos y muy todo para la campaña; pero son nada para este pesadísimo empleo. Éste no necesita intrepidez, escuadronismo ni arrojo militar, sino literatura, política, historia y mundo de gabinete. Estas circunstancias las reúnen los literatos, no los militares: no es muy fácil conciliar la táctica militar, agitada siempre y unida al belicoso Marte, con la calma de un filósofo hijo de la ley e identificado con la pacífica Astrea. Cada uno es bueno para lo que es bueno, no para lo que le dicen que lo es. Una monja en un teatro, si quiere cantar un sainete, chillará; y si una cómica quiere cantar maitines y laudes en un coro de monjas, aullará. Las dos cantarán; pero las dos mal, porque ninguna canta en su tono. Los antiguos bien conocieron que cada uno debe emplearse en lo que entiende:

Quam quisque norit artem, in hac se exerceat

"El señor Victoria hará muy bien en no desamparar a Veracruz por más que lo conviden con empleos de Cortes; el señor Guerrero hará del mismo modo muy bien en renunciar semejante destino; el señor Bravo debe imitar esta renuncia; el señor Santana no debe admitir tal empleo, ni ningún militar. Los militares al campo con las armas; los literatos al gabinete y tribunales con la pluma. Pero si al militar se le dan libros y plumas en vez de espadas y cañones, y al literato lo arman con bayonetas, ninguno obrará bien; se hallarán embarazados como David cuando lo armó Saúl para combatir con Goliat,(10) y dirán: non habeo usum, no conozco el manejo de estas armas; todo lo errarán y se llevará el diablo la nación. Tractent fabrilia fabri, cada uno en lo que entiende"

"Muy bien charlas, lorito —le dije—. En efecto nuestros generales que tienen conocimientos militares y opinión, no deben ocuparse en los fríos encargos de la judicatura, sino en el manejo vigoroso de las armas. Yo quisiera que ni vivieran en México. Las grandes ciudades son los abrigaderos de los vicios; en ellas se enerva el valor, se apaga el entusiasmo, las costumbres se corrompen, y el lujo, la adulación y los placeres muy en breve convierten en un vicioso disipado al más fuerte y morigerado general. Nada debilitó el valor de los romanos sino el lujo a que llegó Roma, engreída con sus gloriosas conquistas.

"No digo que nuestros generales sucumban del mismo modo a esa afeminación; los hemos visto abandonar la Corte, empuñar la espada en los campos del honor, y aun derramar su sangre, como un Guerrero, por sostener la libertad de la patria. Pero así como digo que no ha sucedido, así también diré que no puede suceder: ¿quién es capaz de asegurar al hombre? Para que no llegue tan funesto caso, sería muy bueno que estos generales de nombre permanecieran fuera de México, a lo menos durante la guerra. Concluida ésta y asegurada la independencia y libertad de la patria, enhorabuena que descansen en el lugar que más les agradara."

"Esto está bien —dijo el perico—, pero tú ¿a quien pondrías de administradores del Supremo Poder Ejecutivo?" "Sobran sujetos aptos para desempeñar tan alto cargo", le contesté. "Sin agraviar a los que conozco, ¿qué les falta a un Barrera y Andonegui,(11) a un Quintana Roo,(12) a un Florentino Conejo(13) y aun a otros muchos cuya literatura y patriotismo son bien conocidos? El caso en que los sabios y letrados deben ser los magistrados y los jueces; y los militares valientes, los generales, que dirijan la fuerza armada. Donde así no se haga, mientras los frenos se cambien y al militar se le dé la pluma y al letrado el fusil, nada andará bien, no habrá orden y, de consiguiente, se perderá la patria."

"De esto parece que tienes mucho temor —dijo el loro, y prosiguió—, no ignoro los tristes sucesos de Veracruz,(14) ni las ocurrencias de Guadalajara(15) con el señor Negrete, que serán en lo que te fundas para temer la pérdida de la patria; pero no es para tanto. Por lo menos yo sólo a ti te veo tan desconfiado y temeroso; sólo tú andas vaticinando fatalidades, y sólo en tu corazón sombrío parece que se abrigan esas ideas tristes y melancólicas; pero en los demás no advierto sino mucha tranquilidad y gusto. Vuestras diversiones se aumentan: tenéis dos comedias diarias y a veces cuatro; los juegos son muchos y diversos; los títeres, bailes y paseos no son pocos, y aun vais a correr vuestros toritos. Esto prueba una de dos cosas: a que no hay el peligro que se dice, o que los mexicanos son los más apáticos del mundo, que danzan en medio de los riesgos y ven su esclavitud o libertad con una misma helada indiferencia."

"¡Ay, lorito mío! —le dije—, eso último es seguramente lo más cierto; porque los males que nos amenazan son ciertos y no están lejos. Lemour(16) está destruyendo la plaza de Veracruz y matándonos la gente poco a poco; la Santa Liga(17) nos amenaza por la Martinica; Jalisco está con disensiones con México; ésta le tiene fuerza armada al frente; lo más de los españoles que viven con nosotros aborrecen nuestro sistema; tenemos, además, una multitud de extranjeros que han venido, no sé a qué, que no tienen talleres ni comercio y se mantienen con decencia y sin trabajar... ¡Cuánto me temo que ya hay aquí muchos emisarios de la Santa Liga, y se pasean entre nosotros los generales, oficiales y tropa que nos han de dar el asalto el día menos pensado!(a)

"Y no son estos datos unos precursores infalibles de nuestra ruina y esclavitud futura? Por mí jamás los tendré por favorables."

"Pero siendo innegable cuanto dices —pregunta el loro— ¿por qué no se activan las más prontas y eficaces providencias para levantar muchas tropas de línea para hacer traer cobre de Coahuila(18) y acuñar muchos millones? ¿Por qué no se les impide el ingreso a los extranjeros y se despachan a sus tierras a cuantos no garanticen a satisfacción del gobierno y del público su pacífica conducta, manifestando los justos motivos de su venida y residencia en la América? ¿Por qué no toma el gobierno cuatro o cinco millones de las platas más sagradas, y compra con ellos seis u ocho fragatas de guerra para bloquear ese malhadado Castillo?(19)¿Por qué no admite tu proyecto para aumentar las milicias nacionales, siendo tal que no le cuesta nada? ¿Por qué no hace que se retire con sus tropas el señor Negrete, así para utilizar éstas contra el enemigo, como para que, quedando en buena armonía con Jalisco(20) y las demás provincias, todas a una desplieguen sus recursos a favor del bien general de la nación? Y ¿por qué, por último, no se ven dictar éstas o mejores providencias en unos momentos en que se halla vuestra libertad en equilibrio?"

"Eso es puntualmente lo que ignoro —le respondí. Creer que a nuestro gobierno no se alcanzan estos remedios de precaución, sería temeridad; pensar que no quiera efectuarlos, fuera injuria. Conque la verdad es que ignoro en qué consiste esta quietud. Tal vez habrá consistido en la instalación del nuevo Soberano Congreso,(21) de cuyas luces, autoridad y patriotismo esperará las providencias más acertadas para hacerlas ejecutar en beneficio de la patria. Hasta el miércoles, lorito.

CONTESTACIÓN A LA CARTA

Inclusa en el número anterior


México, noviembre 22 de 1823. Señorita que estimo: el aprecio con que recibí su grata lo manifiesto con haberla dado a la luz pública, como lo verá usted por los ejemplares que le envío.

Todo buen liberal elogia juntamente el patriotismo de usted y la gracia de su pluma. Suspenda usted por ahora sus temores, que Dios querrá que nuestro nuevo Congreso sea el iris que serene nuestras políticas tempestades. Y, entre tanto y siempre, admita usted mis respetos y consideración con que soy su atento servidor que le desea salud y libertad. Joaquín Fernández de Lizardi. Señora Patriota Vallesoletana.

 


(1) Imprenta de don Mariano Ontiveros, año de 1823.

(2) azotitos. Golpes dados con la mano en las nalgas.

(3) oste ni moste. También se dice ¡moxte!, interjección. "Sin decir oxte ni moxte" es una expresión familiar que significa sin pedir licencia, sin hablar palabra, sin despegar los labios.

(4) Nicolás Causino. Autor de La Corte Santa. Se conoce la tradición del francés al español de Francisco Antonio Cruzado y Aragón, Madrid, 1664. Trece volúmenes en 4º.

(5) perinola o peruza. Peonza pequeña que baila cuando se hace girar con dos dedos o un cordel un manguillo que tiene en la parte superior.

(6) Guadalupe Victoria (1786-1843). Su nombre verdadero era Miguel Félix Fernández (otros autores invierten el orden diciendo Fernández Félix). Insurgente mexicano y primer presidente de la República. Al comienzo de sus actividades como guerrillero cambió su nombre por el de Guadalupe Victoria.

(7) Vicente Guerrero (1738-1831). Caudillo de la Independencia y posteriormente presidente de la República.

(8) Nicolás Bravo (1776-1854). Caudillo de la Independencia.

(9) Antonio López de Santa-Anna (1791-1876). Político y general mexicano. Fue once veces presidente de la República: 16 de mayo-1º de junio de 1833; 18 de junio-5 de julio de 1833; 28 de octubre-4 de diciembre de 1833; 24 de abril de 1834-27 de enero de 1835; 18 de marzo-9 de julio de 1839; 9 de octubre de 1841-25 de octubre de 1842; 5 de marzo-3 de octubre de 1843; 4 de junio-11 de septiembre de 1844; 21-31 de marzo de 1847,; 20 de mayo-15 de septiembre de 1847; 20 de abril de 1853-9 de agosto de 1855. Fue él quien destronó a Iturbide gracias a las acciones que realizó en el Plan de Casa Mata.

(10) Cf. Samuel, 16 y 17.

(11) Se conoce a Juan de Andonegui, citado en el artículo 11 de la sesión extraordinario de Cortes del día 9 de febrero de 1825, donde se dice que el ejército no atentará contra el presidente; Andonegui firma como miembro del cuartel general de Casa Mata. A Ignacio Barrera, que presentó sus documentos al Congreso General Constituyente en solicitud de una de las plazas de la Contaduría Mayor, y a Mariano Barrera, que tuvo la custodia de los presos políticos en la época de Iturbide.

(12) Andrés Quintana Roo (1787-1851). Abogado. Se desposó con Leona Vicario. Propagó las ideas insurgentes en el Semanario Patriótico Americano y en el Ilustrador Americano. Presidió la Asamblea Nacional Constituyente, que hizo la declaración de Independencia en 1813. Subsecretario de Relaciones con Iturbide, del 11 de agosto de 1822 a febrero de 1823. Cuando manifestó su desacuerdo con el gobierno iturbidista, fue destituido y mandado a procesar. A la caída del Imperio fue diputado a varios congresos. A causa de la muerte de Guerrero, atacó al gobierno desde su periódico El Federalista. En un periodo presidencial de Santa-Anna estuvo en el ministerio de Justicia. Entonces escribía El Correo de la Federación. También fue escritor romántico. Muestras de su obra poética están en el Diario de México. Fue el primer presidente de la Academia de Letrán, fundada por Guillermo Prieto y por los hermanos Lacunza en 1836.

(13) Florentino Conejo. Fue miembro de la Junta Provincial: "Puesto en marcha el ejército [formado en Puebla por el Marqués de Vivanco, Negrete, Echávarri y Bravo] el día 15, los generales Negrete y Bravo que venían juntos por el camino de Texmelucan, encontraron en un coche a los señores diputados Tagle y Mangino, que iban en comisión del Congreso, con objeto de manifestar a aquellos jefes, que la representación nacional deliberaba ya con plena libertad. Acompañábalos el licenciado don Florentino Conejo como individuo de la Junta Provincial." Cf. Carlos María Bustamante, Historia del emperador Agustín de Iturbide hasta su muerte y sus consecuencias; y establecimiento de la república popular federal, México, Imprenta de I. Cumplido, 1846, p. 111.

(14) sucesos de Veracruz. "Por una parte se sabía que de Veracruz a Jalapa habían pasado los señores Osces e Irisarri, comisionados del gobierno español, y a lo que parece sus agentes privados; no faltó quien sospechase que eran espías; entraron en relaciones con el general Victoria, que gobernaba la provincia, pero no se pudo saber cuál era su verdadera misión ni si tuvieron algunas pretensiones más que las de hacer un tratado provisional de comercio para el cual el Congreso facultó al gobierno reservándose darle su aprobación. Los comisionados regresaron a San Juan de Ulúa [sic] sin haber concluido ningún arreglo, y pocos días después un general Leamur [sic], que había sustituido a Dávila en el mando de aquella fortaleza, rompió fuego sobre la ciudad de Veracruz, causando en ella graves daños." Cf.México a través de los siglos, escrito por Olavarría y Ferrari, México, Publicaciones Herrerías, s. a., t. V, p. 106.

(15) ocurrencias de Guadalajara. La anarquía que surgió después de la caída de Iturbide, provocó que varias provincias quisieran su independencia, entre ellas se cuenta Guadalajara, que la pronunció por medio de su Junta Provisional, y se declaró contra el Congreso. El 12 de mayo de 1824 hubo un levantamiento, al que sucedieron otros, incluso hubo algunos contra la institución de un nuevo Congreso. Los sofocaron Bravo y Negrete.

(16) Lemour. Cf. nota 6 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.

(17) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 del mismo periódico.

(a) Véase la carta que me escribieron de La Habana con fecha 10 de septiembre y consta en Segundo ataque al Castillo de Ulúa. Su autor está en aquel gobierno.

(18) Coahuila. Estado de la República. Limita al norte con Estados Unidos; al este con Nuevo León; al oeste con Chihuahua y Durango, y al sur con San Luis Potosí y Zacatecas.

(19) Castillo de San Juan de Ulúa. Se hallaba en un islote. Ha servido como fortaleza y como cárcel. "Después de consumada la Independencia de México de su antigua metrópoli, pocas han sido las obras materiales que se han hecho en aquella fortaleza. Entregada por las tropas españolas al gobierno de la nueva República el 23 de noviembre de 1825, después de un bombardeo a la ciudad de Veracruz, sostenido por más de dos años con una constancia que hará siempre honor a la fidelidad de las tropas que la guarnecían." Cf. Apéndice al Diccionario universal de historia y geografía, México, Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante, 1856. San Juan de Ulúa quedó en poder español después de 1821, de esta manera se impedía la entrada y salida de barcos a Veracruz, nulificando tan importante puerto. No fue fácil tomarlo puesto que la República no tenía barcos, y los españoles que se habían fortalecido en ese lugar eran rearmados y provistos de alimentos por barcos españoles que venían de La Habana.

(20) Jalisco. Estado de la República Mexicana. Sus límites: al norte, Durango, Zacatecas y Aguascalientes; al este Zacatecas, Guanajuato y Michoacán, al sur Michoacán y Colima; al oeste el Océano Pacífico, y al noroeste Tepic.

(21) Soberano Congreso. Después de la caída de Iturbide el Congreso formó un Poder Ejecutivo para que fuera un gobierno provisorio. Lo formaban: Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y Pedro Celestino Negrete. Suplentes de Victoria y Bravo, en ausencia, fueron José Mariano Michelena y José Miguel Domínguez. Las sublevaciones de las provincias que se querían proclamar independientes motivó que se hiciera un nuevo Poder Ejecutivo. Éste fue integrado por Bravo, Michelena y Negrete. A su vez, se procedió a formar un ministerio, para el cual fueron nombrados Lucas Alamán, secretario de Relaciones Exteriores e Interiores; Francisco Arriaga, de Hacienda; Pedro de la Llave, de Justicia y Negocios Eclesiásticos, y García Illuesca, de Guerra (al morir fue sustituido por José Joaquín Herrera).