[NÚMERO 2]

CORREO SEMANARIO DE MÉXICO(1)

Miércoles 29 de noviembre de 1826


El precio de la subscripción a este periódico serán 6 reales mensales en México y un peso fuera. Se reciben las subscripciones en esta capital en la Librería del difunto Ontiveros; en Durango,(2) en casa del ciudadano Pedro Carrasco; en Guadalajara,(3) en la del ciudadano José Ignacio Herrera; en Tlacotalpan,(4) en la del ciudadano coronel Joaquín García Terán; en Perote,(5) en la Administración de Correos, y se irá advirtiendo en qué otras de otros lugares, según se proporcionen correspondientes.

PAPAS

 
SIGLO I
Año
  San Pedro, del año 43 de Cristo al de 67
Lino 78
Cleto 91
Clemente I 100
 
SIGLO II
Año

Evaristo 109

Alejandro I 119

Sixto I 127

Telésforo 139
Higinio 142
Pío I 157
10 Aniceto 168
11 Sotero 177
12 Eleuterio 192
13 Víctor I 202
 
SIGLO III
Año
14 Ceferino 219
15 Calixto I 222
16 Urbano I 230
17 Ponciano 235
18 Antero 236
19 Fabián 250
20 Cornelio 252
21 Lucio I 253
22 Esteban I 257
23 Sixto II 258
24 Dionisio 269
25 Félix I 274
26 Eutichiano 283
27 Cayo 296
28 Marcelino 304
 
SIGLO IV
Año
29 Marcelo I 310
30 Eusebio 310
31 Melquiades 314
32 Silvestre I 335
33 Marcos 336
34 Julio I 352
35 Librerio 366
36 Félix II 378
37 Dámaso I 384
38 Siricio 398
39 Anastasio I 402
 
SIGLO V
Año
40 Inocencio 417
41 Zósimo 418
42 Bonifacio I 422
43 Celestino I 432
44 Sixto III 440
45 León I el Magno 461
46 Hilario 468
47 Simplicio 483
48 Félix III 492
49 Gelasio I 496
50 Anastasio II 498
51 Símaco 514
 
SIGLO VI
Año
52 Hormisdas 523
53 Juan I 526
54 Félix IV 530
55 Bonifacio II 532
56 Juan II 535
57 Agapito I 536
58 Silverio 538
59 Virgilio 555
60 Pelagio I 560
61 Juan III 573
62 Benito I 578
63 Pelagio II 590
 
SIGLO VII
Año
64 Gregorio Magno 604
65 Sabiniano 606
66 Bonifacio III 607
67 Bonifacio IV 615
68 Deusdedit 618
69 Bonifacio V 625
70 Honorio I 638
71 Severino 640
72 Juan IV 642
73 Teodoro I 649
74 Martino I 655
75 Eugenio I 657
76 Vitaliano 672
77 Adeodato 676
78 Domno I 678
79 Agatón 682
80 León II 683
81 Benito II 685
82 Juan V 686
83 Conón 687
84 Sergio I 701
 
SIGLO VIII
Año
85 Juan VI 705
86 Juan VII 707
87 Sisinio 708
88 Constantino 715
89 Gregorio II 731
90 Gregorio III 741
91 Zacarías 752
92 Esteban II 757
93 Paulo I 767
94 Esteban III 772
95 Adriano I 795
96 León III 816
 
SIGLO IX
Año
97 Esteban IV 817
98 Pascual I 824
99 Eugenio II 827
100 Valentín 827
101 Gregorio IV 844
102 Sergio II 847
103 León IV 854
Sin número Juan Anglicano, o papisa Juana 855
104 Benito III 858
105 Nicolao I 867
106 Adriano II 872
107 Juan VIII 882
108 Martino II 884
109 Adriano III 885
110 Esteban V 891
111 Formoso 896
112 Bonifacio VI 896
113 Esteban VI 897
114 Romano 897
115 Teodoro II 899
116 Juan IX 900
 
SIGLO X
Año
117 Benito IV 903
118 León V 903
119 Cristóbal 904
120 Sergio III 911
121 Anastasio III 913
122 Landonio 914
123 Juan X 928
124 León VI 929
125 Esteban VII 931
126 Juan XI 936
127 León VII       939
128 Esteban VIII 942
129 Martino III 946
130 Agapito II 955
131 Juan XII 964
132 León VIII 965
133 Juan XIII 972
134 Benito VI 973
135 Domno II 974
136 Benito VII 983
137 Juan XIV 984
138 Bonifacio VII 985
139 Juan XV 985
140 Juan XVI 996
141 Gregorio V 999
142 Silvestre II 1003
 
SIGLO XI
Año
143 Juan XVII 1003
144 Juan XVIII 1009
145 Sergio IV 1012
146 Benito VIII 1024
147 Juan XIX 1033
148 Benito IX 1044
149 Gregorio VI 1046
150 Clemente II 1047
151 Dámaso II 1048
152 León IX 1054
153 Víctor II 1057
154 Esteban IX 1058
155 Nicolao II 1061
156 Alejandro II 1073
157 Gregorio VII 1086
158 Víctor III 1087
159 Urbano II 1099
160 Pascual II 1118(6)

 

 

 SIGLO PRIMERO. SAN PEDRO

Año 45 al 67


Determinados a reunir bajo un solo punto de vista las cosas más notables y chocantes(7) de los papas, no podemos excusarnos de hablar contra lo que suelen creer los más en orden a san Pedro. La verdad es una cosa divina tan respetable que Jesucristo mismo dijo: "yo soy la verdad, el camino y la vida."(8) El que no sigue la verdad no sigue a Jesucristo: quien escriba historia oponiéndose a la verdad lo hace oponiéndose a Jesucristo. Ni este señor puede darse por servido de la mentira, ni la religión cristiana sería buena si necesitase mantenerse con mentiras.

Desde que comenzaron las disputas acerca de la primacía del obispo de Roma sobre los demás obispos del orbe cristiano, y sobre los límites de esa misma primacía, procuraron los escritores del partido romano, interesado en el aumento de su grandeza, persuadir como verdades dogmáticas no sujetas a controversia varias proposiciones puramente históricas que les ofrecían fundamento para sus ideas.

Primera: que la presidencia del colegio apostólico, dada por Jesucristo a san Pedro, fue prerrogativa, no personal, sino transmisible al obispo que le sucediera en el gobierno de la iglesia particular, regida por el mismo san Pedro, después de la ascensión de Jesucristo a los Cielos.

Segunda: que la Iglesia gobernada por san Pedro, como suya en particular, fue la de Roma, durante cuyo gobierno padeció martirio.

Tercera: que san Lino, san Cleto y san Clemente, obispos de Roma después de la muerte de san Pedro, tuvieron por disposición divina y concesión de Jesucristo, las mismas prerrogativas y preeminencias que san Pedro tuvo durante su vida respecto de los otros once apóstoles.

Cuarta: que esta prerrogativa y preferencia era tan indefinida, universal y grande cual correspondía en su concepto a quien fuese verdadero vicario y lugarteniente general de Cristo en la Tierra para gobernar la Iglesia universal, con potestad igual a la que Cristo ejercería si no se hubiera subido a los Cielos, y gobernase por sí mismo personalmente.

Sobre las cuatro proposiciones hay infinito que decir y están escritas obras doctísimas en que se aclara lo que hay de verdad en cada una de ellas, y se demuestra el abuso que la corte de los papas ha hecho de la credulidad pública para ejercer un poder continuamente arbitrario y muchas veces injusto, cubriendo sus procedimientos con el velo de la religión, cuya palabra impone al mayor número de personas, aun a costa de su propio daño, cuyo sufrimiento prefieren al más mínimo defecto de lo que se les dice ser parte de la religión.

Yo no me propongo examinar ahora las cuatro proposiciones a fondo, pero debo asegurar a mis lectores no constar de texto alguno de la Sagrada Escritura, ni de autor particular coetáneo que merezca estimación en sana crítica, concurriendo circunstancias que hacen dudar con gravísimo fundamento que san Pedro estuviera jamás en Roma, y padeciese allí martirio; y mucho más que la iglesia romana fuese fundada por san Pedro, como cátedra suya particular, de manera que los obispos posteriores romanos fuesen sucesores universales del poder y de las prerrogativas de san Pedro.

San Lucas escribió la historia de los Hechos apostólicos(9) estando con san Pablo en Roma, año de 61. Se dice que san Pedro había fundado aquella iglesia en el de 43; que salió de la ciudad desterrado como todos los judíos en el 49, y que asistió en el 50 al Concilio de Jerusalén(10) sobre la observancia de la circuncisión. ¿No es extraño el silencio de san Lucas? Cuenta muchas cosas infinito más leves que la fundación de la iglesia de la capital del Imperio. Si san Lucas hubiese tenido las opiniones de siglos modernos, debía mirar la iglesia romana no sólo como apostólica, sino como principal y soberana de todas las apostólicas. Sin embargo, no hay en aquella historia la más leve palabra de donde se pueda inferir que san Pedro había estado en Roma y fundado su iglesia.(11)

Consta que unos de los cristianos que salieron de Roma con los demás judíos, por el decreto de Claudio, fueron Aquila(12) y su esposa Prisca o Priscila; pero asimismo, que muerto aquel emperador el año 54 y sucediéndole Nerón, cesaron los efectos del decreto; volvieron a Roma los judíos desterrados, y entre ellos los referidos Aquila y su esposa. En este supuesto, si san Pedro había fundado la iglesia romana, ¿por qué no volvió a Roma luego que pudo, como lo hicieron los demás? ¿Por qué prefería predicar en otras partes a residir en su iglesia propia?

San Pablo, en las diferentes Cartas que escribió desde Roma a Filemón, a los colosenses, a los filipenses y a los hebreos, no sólo no hace mención de san Pedro ni de que le perteneciera la iglesia de Roma, sino que habla en términos de que el principal obispo que la gobernaba en el año 61 era Clemente. Cualquiera conocerá que su silencio tan repetido acerca de Pedro, unido al hecho de no venir éste a Roma en once años pasados desde el de 49, da fuertes motivos de dudar que no sea cierto el supuesto gratuito del viaje que se le atribuye, año de 43, para fundar la iglesia.

El mismo san Pablo, después de grandes peregrinaciones, volvió a Roma en el año 66; fue acusado ante Nerón y se defendió por sí solo, sin tener ninguno que le asistiese, según escribió después a su discípulo san Timoteo en la Segunda carta.(13)Si san Pedro hubiera estado en Roma entonces, parece imposible creer que dejase de asistir a san Pablo.

Sin embargo, casi todos los historiadores desde el siglo tercero aseguran que san Pedro y san Pablo padecieron martirio en Roma imperando Nerón, año de 67, porque así lo dijeron Papías(14) y san Justino,(15) su discípulo, en el segundo siglo, a pesar de que Papías está reputado por escritor crédulo y adoptador de tradiciones falsas, aun en cosas tocantes a los apóstoles, y de que san Clemente, autor del primer siglo, escribiendo desde Roma a los corintios, habla de san Pedro como muerto en el Occidente, sin designar la ciudad de Roma, y parecía regular por escribir en ella su Carta.

Demos crédito a Papías. A lo menos resultará que san Pedro fue a Roma el año de 66, y fue martirizado allí el 67; pero no que había estado [el] año 43. Si estuvo y fundó su iglesia, no la miró como suya en particular por espacio de veinte y tres años; pues ni residió en ella, ni la gobernó por cartas como san Pablo las de Creta, Éfeso, Tesalónica, Filipos, Coloso, y aun la misma de Roma, que le debió, según parece por esta conducta, mucho mayor cuidado y celo que a san Pedro en este punto particular.

Los críticos que censuran libremente las acciones humanas como filósofos, gobernados por la sola razón natural, no reconocen en san Pedro tanta virtud como los católicos píos. Las muertes de Ananías y Safira(16) son miradas como asesinatos injustos. Los filósofos no creen que la ocultación de una parte de bienes propios, cuando voluntariamente donaban otra buena porción, fuese delito digno de pena capital. Lo extrañan tanto más cuanto más choca el castigo a la vista de dejar impunes los asesinos de Jesucristo, y de restituir la vida a Doreas en Jope,(17)porque les había hecho algún pequeño servicio. A la verdad, si nosotros no acudiésemos a la fácil interpretación católica de que todos los hechos apostólicos contenían misterio superior a nuestras luces, era difícil desatar tales argumentos.

Los mismos filósofos dicen que si Nerón hizo morir a san Pedro, no fue precisamente porque fuese cristiano, sino porque turbaba el orden civil excitando los ánimos de los ciudadanos, al desprecio de los dioses del Imperio, cuyo culto y veneración era parte de sus leyes; pues podía muy bien creer por sí mismo lo que tuviese por cierto y despreciar en su corazón lo que reputase falso, y aun decir sus opiniones a los que se las preguntasen; pero no quebrantar las leyes más sagradas del Imperio, predicando su desprecio y contravención.

 

IMPRESO SIN IGUAL

Si estuviéramos en alguno de los siglos de las resurrecciones, seguramente podríamos sospechar que había resucitado en nuestros días el célebre autor de la famosa obra titulada Vida de la muerte.(18) En efecto, al ver un religioso del mismo convento que aquél, con un libro en la mano tan parecido al de aquel autor, que parece un segundo tomo de aquella admirable obra, y al considerar que en el primer lustro de nuestra libertad, a pesar de hallarnos en la infancia de los conocimientos, no ha aparecido un escritor siquiera comparable con el padre Bolaños.(19) ¿Quién no entraría en sospecha de que éste había resucitado, viendo repentinamente un libro como el del padre Tellechea, religioso, predicador, y misionero apostólico del colegio de Guadalupe de Zacatecas,(20) ministro del pueblo de Chinipas(21) y expresidente de las misiones de la Tarahumara,(22) etcétera?

El título de Compendio, que tiene en el frontis, de letras muy hermosas, fue lo primero que yo vi desde lejos, teniendo un sujeto en las manos el tal libro, que es un tomo en cuarto, de dos dedos de grueso; y este enorme tamaño me hizo pensar antes de leer lo demás, que aquél sería un compendio de toda la teología, o de toda la historia o de toda la enciclopedia; pero conocí mi engaño luego que vi que era unCompendio gramatical para la inteligencia del idioma tarahumara, oraciones, doctrina cristiana, pláticas, y otras cosas necesarias, etcétera, el cual consta de 162 páginas y cuyo índice de capítulos llena medio pliego de papel. ¿Quién, pues, no dirá que el tal es un libro hermosísimo a vista de su tamaño?

El autor para darse a conocer, como era justo, y sin intentar ofender la modestia y humildad, propias de un religioso, nuevo apóstol, tuvo la felicísima ocurrencia de hacer que se pusiera en la siguiente hoja su retrato, teniendo arrodillados a sus pies dos indios encuerados recibiendo de mano del padre un libro, seguramente para leerlo (porque ellos saben leer mucho y muy bien) en sus ratos desocupados. Así que el lector con sólo abrir el libro logra la dicha de conocer al reverendo autor; pero para conocer la obra, siquiera superficialmente, es necesario que se le dé de ella alguna idea: y he aquí lo que yo me he propuesto en este artículo.

La lectura del Compendio gramatical para entender la lengua de los tarahumares, pone desde luego al lector en la duda (difícil de resolverse) sobre en cuál de las dos funciones se halló su paternidad; si en la de Pentecostés, cuando se hizo la distribución de los idiomas, o en la de Babel, cuando se hizo la confusión de las lenguas. Yo dejo este juicio a la discreción de los lectores imparciales, y paso a mi propósito.

El autor comienza con el Gloria patri, y sigue con la ortografía, y todo lo demás que llama Compendio. Después, pasando a la doctrina, pone el Per signum crucis en castellano en estos términos: "De la Santa Cruz, la señal de nuestros enemigos a nosotros defiende Dios de Dios Padre, en el nombre, de Dios Hijo, y de Dios Espíritu-Santo."

Padre Nuestro. "Nuestro Padre arriba en el Cielo morador, tu nombre santo se haga, tu hermosura en el Cielo estando, a nosotros envía tu querer aquí en la Tierra, se haga de la manera que se está haciendo en el Cielo. De cada día nuestro bastimento hoy a nosotros da, a nosotros perdona nuestros malos hechos(a) todos, así como nosotros perdonamos a nuestros ofensores, y todo lo que fuere malo(b)lejos échalo para que nosotros no lo hagamos."

Ave María. "Hermosa eres María, de gracia,(c) llena eres tú; contigo Dios está, a todas las mujeres tú aventajas buena siendo dicha, y mucho bien tú siendo amada, en tu vientre hombre fue hecho.(d) Amén Jesús."

En el Credo, trae cosas muy graciosas, y entre ellas la herejía de que todos los pecadores han de ser perdonados, y que en otra vida nosotros siempre hemos de vivir todos. Éste sí que es pico de oro.

En los Mandamientos, hablando del 3º da a entender que las fiestas se santifican con la ociosidad. Y para enseñar que no se debe levantar falso testimonio ni mentir, se vale de estas expresiones [d]el 8º. No tú mintiendo en las casas de los hombres ni de los cristianos hablando mal.(e)

De la Extremaunción dice: que es la última untada de los Santos Óleos; del Ordendice: que es para hacerse. (S. C.).


Respuesta al comunicado inserto en el número 1 de este periódico

El articulista M. M. pregunta ¿qué a dónde van a parar los productos de las fincas de las monjas? Córrase traslado de esta duda a los mayordomos de los conventos, que son los que podrán responder con acierto.

 

MONJAS Y REGLAS

Por una casualidad he leído una constitución, compilación de reglas, o qué sé yo cómo se llama, dirigida a las religiosas de esta diócesis por el doctor don Juan Bautista Arechederreta,(23) prebendado de la Santa Iglesia Metropolitana de México, y vicario general de los conventos de monjas, etcétera.

Desde luego se advierte que dicha constitución abunda en las ideas más loables de mortificación, abnegación y perfección cristiana; pero como no es de creer que todas las monjas tengan un mismo espíritu de fortaleza, me parece que muchas no han de haber recibido bien tal reglamento, y que otras muchas no lo obedecerán en todas sus partes. En efecto, tiene sus preceptos harto fuertes para observarlos todos y con constancia.

¿Cómo se cumplirá con el precepto de que en las porterías no se permitan conversaciones secretas? Allí por lo común hay varias monjas que hablan con sus deudos o bienhechores, cada una de su asunto; pues he aquí cómo si hablan todas a un tiempo y en voz alta, será una confusión y parecerán golondrinas más bien que monjas.

Asimismo me parece un nimio escrúpulo no permitirlas que abracen ni a sus padres ni hermanos sin licencia de la prelada. Jamás he tenido por falta las expresiones cariñosas usadas con los padres y hermanos. La vida monástica ni vuelve a los hombres de otra especie, ni extingue en ellos los sentimientos naturales. ¿A qué pues inventar prohibiciones de lo lícito para inventar nuevos pecados y turbar las conciencias escrupulosas?

También se manda que las preladas reconozcan todas las cartas, y aun las que tengan el rubro de conciencia, no se escaparán del escrutinio de la firma.

Yo entiendo que esto puede traer graves inconvenientes, ¿qué imposible será que una enemiga de una monja haga introducir una carta falsa, rotulada a ella, en que se le haga hablar mal de la prelada? Ésta ve la carta e ignora la intriga, ¿cuál será el resultado que se temerá la pobre monja? Esto es lo menos.

Se les prohíben también muebles de madera fina... y aun servicio de loza fina. Ignoro qué pecado será beber chocolate en un pocillo de China, ni qué virtud tomarlo en uno de Puebla.(24)

No se les permiten animales como conejos, patos, perros, ni pericos, y sólo se les consienten pájaros, pero no en pajareras sino en jaulas. Esto me hace creer que será porque la castidad brille hasta en los pájaros; pero ¿cómo se les permiten gallineros y palomares a las monjas? Supongo que no habrá gallos ni palomos, y de consiguiente, ni huevos ni pichones; y si hay esto ¿qué privilegio gozan los gallos y palomos, que no gozan los gorriones, cenzontles,(25) etcétera?

En la página 11 del cuaderno de estos estatutos se prohíben hasta las visitas de los animales de pelo; pero como a las ratas y ratones, que son animales de pelo, no les alcanza este anatema y las ratoneras sean poco eficaces para desterrarles, creo que bien pudieran lograr una indulgencia los gatos, aunque fuera bajo la condición de que sólo entraran los gatos eunucos.

Se prohíbe también que entre las religiosas, seglaras o criadas, haya amistades particulares ni demasiada confianza; esto junto con todo lo demás que contiene dicho cuaderno, me parece muy conducente para que las niñas seglaras abran los ojos antes de ser monjas, y consulten muy despacio con su conciencia para examinar si podrán sufrir esta vida tan dura, y obedecer unas reglas tan oportunas para inspirar el ceño y la misantropía.

En otro cuadernito igual, titulado: Regla y constituciones de las religiosas descalzas de la orden de la gloriosísima virgen María del Monte Carmelo, reimpreso este año en la Oficina del difunto Ontiveros, he leído dos preceptos, que me han chocado mucho. El primero es el que consta en el capítulo III que dice: "que si alguna monja enferma se hubiere de confesar, una de las terceras esté de tal manera cerca de ella, que sin oír lo que se dice en la confesión, pueda ver a la que se confiesa y al confesor." Esta precaución será muy buena; pero no hace mucho honor a la virtud de las monjas y de los confesores, pues indica tan clara desconfianza. A fe que una prostituta se confesará sin este requisito vergonzoso. Yo si fuere sacerdote, no me abatiría a confesar a ninguna monja con testigos de asistencia.

El otro precepto durísimo es el que se lee en el capítulo 16 del mismo librito, página 173, dice:

Exhortamos a las preladas conserven la costumbre loable, que siempre ha habido en nuestra orden, de dar disciplinas a las religiosas, así en capítulo como en refectorio, aunque no sea por culpas de mucha consideración, para que así se conserve la humildad.

¡Cáspita!, dije al leer esto ¿conque las monjas no pueden conservar la humildad si no están bien cuarteadas? Buen provecho les haga y con su pan se lo coman; pero yo creo a lo mundano, que los azotes son más propios para irritar el ánimo que para humillarlo.

Pero volviendo al cuaderno del señor Arechederreta, en la página 28 se lee:

que en él se han compendiado todos los mandamientos que de cincuenta años a esta parte han dictado los ilustrísimos señores diocesanos, los cuales, aunque hayan fallecido... viven... para su observancia... Están vigentes, ínterin no las revoquen sus sucesores expresamente, y al contrario, los señores arzobispos (aquí lo mero bueno) incluso el señor don Pedro Fonte,(26) que actualmente gobierna esta Sagrada Mitra, y en su nombre el ilustrísimo y venerable señor deán y Cabildo, las ratificó todas (las providencias) y es preciso desengañarse de que su tenor y forma obliga a las religiosas a su debida observancia.

Parece que el señor prebendado se equivoca en creer que el señor Fonteactualmente gobierna esta sagrada Mitra, y el Cabildo a su nombre, siendo muy notable que se desentienda de lo mandado por el Concilio de Trento,(27) acerca de los obispos que abandonan sus iglesias. A la pérdida de la cuarta parte de sus rentas condena a los que las abandonan por seis meses, a doble pena a los que la abandonan otros seis y al despojo de su iglesia, al que fuere más contumaz en su ausencia. (Decreto sobre reformas; Sesión 6ª capítulo 1º). Ahora bien, el señor Fonte, sin causa legítima, abandonó la iglesia, se marchó sin decir: ahí quedan las llaves, y abandonó a su esposa más ha de tres años, luego canónicamente está despojado de su iglesia. También lo está civilmente, pues habiéndose ido por no querer reconocer nuestro sistema, las leyes lo excluyen de todo mando, honor y gobierno americano, mucho más cuando fue uno de los miembros que en España compusieron la Junta que instaló Fernando VII, para proyectar la reconquista de nuestra República, y ¿aún pensará el señor Arechederreta en persuadir a las monjas que actualmente gobierna esta sagrada Mitra el señor Fonte, es decir, un obispo infiel a su esposa y traidor a la patria? ¡Qué candor!

Lo peor es que asegura que el Cabildo gobierna a su nombre, que es lo mismo que decir que el Cabildo es de sus mismas ideas, que lo obedece y se corresponde con su señoría ilustrísima.

La prudencia o miedo del gobierno para con la capichola,(28) ha dado lugar de que así se le falte al respeto y a toda la nación. Si hubiese mandado tocar vacante, no se alucinara hoy a las monjas, haciéndolas creer que un obispo, enemigo de la nación, manda la Metropolitana de México.

Es bien notable que, habiendo reclamado el señor diputado Cañedo(29) el 6 de éste al señor ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos(30) el modo con que el Cabildo supo la noticia de la muerte del canónigo Cortina, añadiendo que era capciosa su contestación y que bastaba la resistencia del canónigo para venir a su coro, para haber dado por vacante su beneficio, mucho más cuando se dijo que era también miembro de la Junta de Reconquista; es bien notable, digo, que a los dos días después (el 8 de éste) saliera fechada e impresa por el señor Arechederreta la especiota de que don Pedro Fonte gobierna actualmente la Mitra de México, es decir, a su Cabildo, y yo no dudo de que sea así de hecho; quién sabe si aquel ilustrísimo les habrá mandado a los canónigos de México que desobedezcan el artículo 22 de la ley de 19 de julio de 1823, y por eso no levantan el mausoleo a los primeros héroes.

Yo siempre diré que, hablando con el debido respeto, el gobierno es el culpado en la materia, más que los canónigos, y por esto quizá le exigió dicho señor Cañedo la responsabilidad.

Es mucho el orgullo del alto clero, aun cuando trata de sostener sus caprichos o sus más criminales abusos. Se necesita mucha energía para reprimirlo y contenerlo en sus deberes. Cualquier disimulo de sus infracciones, que advierte en el gobierno, lo atribuye a temor y prosigue con más descaro. Mil ejemplares tenemos de esta verdad. Apenas se quedó impune el sedicioso obispo de Sonora,(31) cuando han venido frailes y clérigos emisarios de España. Tema el gobierno al clero, no se haga obedecer y respetar, y muy en breve puede que le pese con daño suyo y tal vez de toda la nación.

 

MUERTO QUE SE LE APARECE AL DUENDE
DEL COLISEO

Señor Duende: he visto como diez pliegos impresos por usted en que (aquí no nos oye el casuelero,(32) el apuntador ni alma viviente) habla mucho y dice nada. Omita usted los episodios fastidiosos; si su objeto es reformar el teatro, no incline usted favorable ni crudamente la balanza de la crítica a ninguno en particular. Ataque los defectos de la escena, de los bastidores, del despacho, etcétera, que en todas partes los hay; hágalo con gracia, endulzando su crítica con ella para no lastimar a los actores, de los cuales unos hacen lo que pueden, otros ya lo han hecho y aun cargados de años representan, cantan y bailan sin desagradar al público, porque el público no se compone de cuatro cocoras(33) o mosqueteros que se han pasado a la luneta para murmurar cuanto no les agrada.

En fin, amigo duende, admita usted mis consejos y verá su persona más querida y sus papeles más acreditados. Si usted no se enfada con mi conversación, otro día tendré el gusto de conferenciar con usted.

El muerto alegre o C. M.

 

GENDARMES

Ya que se nos ha dicho por papeles públicos cuál es el reglamento de los gendarmes o nuevos guardas de policía, sería muy útil que se nos explicasen hasta dónde llegan las facultades de estos señores en el ejercicio de sus funciones, de qué delitos deben conocer, sobre qué personas, y el modo con que deben portarse con ellas según su clase; porque se dice que sus facultades son extraordinarias, que no respetan fuero, y que ellos califican la falta de respeto que se les tenga. Si esto es cierto, es más necesario que lo sepamos para no incurrir en su alta indignación llegando el caso.

 

ADVERTENCIA INTERESANTE

Se acerca ya el tiempo en que los ministros deberán leer a las Cámaras las memorias de sus correspondientes ramos. Esperamos que el de Justicia no volverá a quedar desairado por los frailes agustinos de México, que se negaron a dar las noticias sobre sus rentas, etcétera, [que] les pidió dicho señor, así como los de Michoacán omitieron enviar las notas de los productos de sus fincas rústicas y urbanas. Lo mismo hicieron los camilos no declarando los productos de tres fincas rústicas, de las que una que tienen en tierra dentro es de las más ricas de la Federación.(34) Igualmente esperamos que los impresores de dichas memorias pondrán un poquito más cuidado para que las sumas de los Estados salgan sin tantos equívocos como las del número 10 de la del señor Arizpe, leída a principio de este año en las Cámaras, en la cual también se nota que sólo hay tres partidas buenas en la columna de réditos anuales, y en la tercera y undécima de la misma, se omitió el producto del capital expreso en la antepenúltima. Finalmente, esperamos como buenos republicanos y enemigos de ocultaciones y reservas en los asuntos de común interés, que se nos diafanice el ramo de diezmos para que sepamos sus productos, gastos, inversion o distribución, etcétera.

 


(1) Oficina de la Testamentaría de Ontiveros.

(2) Durango. Cf. nota 2 al núm. 1.

(3) Guadalajara. Cf. nota 3 al núm. 1.

(4) Tlacotalpan. Cf. nota 4 al núm. 1.

(5) Perote. Cf. nota 5 al núm. 1.

(6) En esta relación de papas y antipapas, Fernández de Lizardi da como fecha de san Pedro 43-67. Cuando en páginas posteriores expone algunos datos sobre el gobierno de san Pedro, apunta las fechas de 45-67. Otras fechas admitidas por algunos historiadores son las que apuntamos a continuación: Lino (65-76); Cleto o Anacleto (100-112); Evaristo (112-121); Alejandro (121-132); Sixto (132-142); Telésforo (142-154); Higinio (154-158); Pío (158-167); Aniceto (175); Sotero (182); Eleuterio (193); Víctor (193-203); Ceferino (203-221); Calixto (221-227); Urbano (227-233); Ponciano (233-238); Antero (238-239); Fabián (239-253); Cornelio (253-255); Lucio (255-257); Esteban (257-260); Sixto II (260-261); Dionisio (261-272); Félix I (272-275); Eutichiano o Eutiquiano (275-283); Cayo (283-296); Marcelino (296-304); sede vacante de 304 a 307; Marcelo (307-309); Eusebio (309-311); Melquiades (311-314); Silvestre (314-337); Marcos (337-340); Julio (341-352); Liberio (352-366); Félix II (355-358); Dámaso (367-384); Siricio (384-398); Anastasio (399-402); Inocencio (402-407); Zósimo (417-418); Bonifacio (418-423); Celestino (423-432); las fechas dadas por Fernández de Lizardi referentes a los papas que van de Sixto III a Silverio coinciden con las generalmente aceptadas; Virgilio se considera que ocupó la silla de 538-555; Pelagio I (555-560); Juan III (560-573); Benedicto (574-578); Pelagio II (578-590); Gregorio I el Magno (590-604); Sabiniano (604-606); Bonifacio III (607); Bonifacio IV (608-615); Adeodato (615-619); Bonifacio V (619-625); Honorio I (625-638) Severino (640); Juan IV (640-642); Teodoro I (642-649); Martín I (649-655) Eugenio (655-657); Vitaliano (657-672); Adeodato II (672-676); Domno I (676-678); Agatón (678-682) León II (682-683) Benedicto II (684-685); Juan V (685-686); Conón (686-687); Sergio (687-701); Juan VI (701-705); Juan VII (705-707); Sisinio (708); Constantino (708-715); Gregorio II (715-731); Gregorio III (731-741); Zacarías (741-752); Esteban II (752); Esteban III (752-757); Paulo (757-767); Esteban IV (758-771); Adriano I (771-795); León III (795-816); Esteban V (816-817); Pascual I (817-824); Eugenio II (824-827); Valentín (827); Gregorio IV (827-844); Sergio II (844-847); León IV (847-855); Fernández de Lizardi apunta aquí a Juan el Anglicano, aunque varios historiadores ponen en tela de juicio su existencia; Benedicto III (855-858); Nicolás I (858-867); Adriano II (867-872); Juan VIII (872-882); Martín II (882-884); Adriano III (884-885); Esteban VI (885-891); Formoso (891-896); Esteban VII (896-897); Romano (897-898); Teodoro II (898); Juan IX (898-900); Benedicto IV (900-903); León V (903); Cristóbal (903-904); Sergio III (904-911); Anastasio III (911-913); Landón (913-914); Juan X (915-928); León VI (928-929); Esteban VIII (929-931); Juan XI (931-936); León VII (936-939); Esteban IX (939-942); Martín III (942-946); Agapito II (946-956); Juan XII (956-964); Benedicto V (964-965); Juan XIII (965-972); Benedicto VI (972-973); Domno II (973); Benedicto VII (975-984); Juan XIV (984-985); Juan XV (985-995); la existencia de Juan XVI se ha puesto en duda; Gregorio V (996-999); Silvestre II (999-1003); Juan XVII (1003); Juan XVIII (1003-1009); Sergio IV (1009-1012); Benedicto VIII (1012-1024); Juan XIX (1024-1033); Benedicto IX (1033-1044); Gregorio VI (1044-1046); Clemente II (1046-1047); Dámaso II (1048); León IX (1049-1054); Víctor II (1055-1057); Esteban X (1057-1058); Nicolás II (1059-1061); Alejandro XII (1061-1073); Gregorio VII (1073-1085); Víctor III (1086-1087); Urbano II (1088-1099); Pascual II (1099-1118); Gelasio II (1118-1119); Calixto II (1119-1124); Honorio II (1124-1130); Inocencio II (1130-1143); Celestino II (1143-1144); Lucio II (1144-1145); Eugenio III (1145-1153); Anastasio IV (1153-1154); Adriano IV (1154-1159); Alejandro III (1159-1181); Lucio III (1181-1185); Urbano III (1185-1187); Gregorio VIII (1187); Clemente III (1187-1191); Celestino III (1191-1198); Inocencio III (1198-1216); Honorio III (1216-1227); Gregorio IX (1227-1241); Celestino IV (1241); Inocencio IV (1243-1254); Alejandro IV (1254-I261); Urbano IV (1261-1264); Clemente IV (1265-1268); Gregorio X (1271-1276); Inocencio V (1276); Adriano V (1276); Juan XXI (1276-1277); Nicolás III (1277-1280) ; Martín IV (1281-1285); Hororio IV (1285-1287); Nicolás IV (1288-1292): Celestino V (1294); Bonifacio VIII (1294-1303); Benedicto XI (1303-1304); Clemente V (1305-1314); Juan XXII (1316-1334); Benedicto XII (1334-1342); Clemente IV (1342-1352); Inocencio VI (1352-1362); Urbano V (1362-1370); Gregorio XI (1370-1378); Urbano VI (1378-1389); Bonifacio IX (1389-1404); Inocencio VII (1404-1406); Gregorio XII (1406-1417); Martín V (1417-1431); Eugenio IV (1431-1447); Nicolás V (1447-1455); Calixto III (1455-1458); Pío II (1458-1464); Paulo II (1464-1471); Sixto IV (1471-1484); Inocencio VIII (1484-1492); Alejandro VI (1492-1503); Pío III (1503); Julio II (1503-1513); León X (1513-1521); Adriano VI (1522-1523); Clemente VII (1523-1534); Paulo III (1534-1549); Julio III (1550-1555); Marcelo II (1555); Paulo IV (1555-1559); Pío V (1559-1565); san Pío V (1566-1572); Gregorio XIII (1572-1585); Sixto V (1585-1590); Urbano VII (1590); Gregorio XIV (1590-1591); Inocencio IX (1591); Clemente VIII (1592-1605); León XI (1605); Paulo V (1605-1621); Gregorio XV (1621-1623); Urbano III (1623-1644); Inocencio X (1644-1655); Alejandro VII (1655-1667); Clemente IX (1667-1669); Clemente X (1670-1676); Inocencio XI (1676-1689); Alejandro VIII (1689-1691); Inocencio XII (1691-1700); Clemente XI (1700-1721); Inocencio XIII (1721-1724); Benedicto XIII (1724-1730); Clemente XII (1730-1740); Benedicto XIV (1740-1758); Clemente XIII (1758-1759); Clemente XIV (1769-1774); Pío VI (1775-1799); Pío VII (1800-1823); León XII (1823-1829). Los antipapas se ubican en las siguientes fechas: Novaciano (251-268); Dioscoso (530); Pascual (687-692); Constantino II (767-768) Anastasio (855); Bonifacio VI (896); León VIII (962-964); Bonifacio VII (974); Juan XVI (974); Gregorio (1013); Silvestre III (1045); Benedicto X (1058-1059); Honorio II (1061-1064); Clemente III (1080-1100); Teodorico (1100); Alberto (1102); Silvestre IV (1105-1111); Gregorio VIII (1118-1121); Celestino (1124) Anacleto III (1130-1137); Víctor IV (1138); Víctor V (1159-1164); Pascual III (1164-1168); Calixto III (1178); Inocencio III (1179-1180); Nicolás V (1328-1330); Clemente VII (1378-1394); Benedicto XIII (1394-1424); Clemente VIII (1429); y Félix V (1439-1449). Como se ve existen varias alteraciones, sea en las fechas, sea en el orden de sucesión de los diversos papas.

(7) chocantes. Uso del término castizo: cosa que sorprende o choca. En México chocante se emplea como algo fastidioso.

(8) J. 14, 6.

(9) Hechos apostólicos. A. Harnack asegura que se escribió hacía el año 62.

(10) Concilio de Jerusalén. "Habiendo surgido, entre los primeros cristianos, discusiones sobre las formalidades que habían de observarse en la conversión de los gentiles esto es, si éstos habían de observar todavía la ley mosaica y circuncidarse, se hizo necesario dejar la decisión a la autoridad de los apóstoles y los presbíteros de Jerusalén. Celebróse así el Concilio apostólico de Jerusalén hacia el año 50, con la participación de varios apóstoles. De manera expresa se nombran: Pablo, Bernabé, Pedro y Santiago el Menor." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 4.

(11) La fecha de llegada a Roma, la duración del episcopado y el año del martirio de san Pedro son cuestiones inciertas. La tradición dice que san Pedro gobernó la cristiandad veinticinco años, desde el 42 al 67. El 42, fecha establecida por san Jerónimo es poco segura. Asimismo, el año 50 o 51 se encontraba en Jerusalén, y parece que no estaba en Roma el año 58, porque san Pablo no lo manda saludar en su Epístola a los romanos. La narración de los Hechos de los apóstoles, que da noticia de la llegada de Pablo a Roma, tampoco menciona a Pedro. Una opinión conciliadora admite una segunda llegada de san Pedro a Roma en el reinado de Nerón.

(12) Aquila. Discípulo de san Pablo en el Ponto; colaboró con su esposa en la obra evangelizadora de éste. Cf. Hechos de los apóstoles, XVIII. También se dice que san Pedro trabajó junto a las habitaciones de Aquila y Prisca.

(13) Cf. 1, 16; 2, 9; especialmente 3, 11 y 4, 16 y 17.

(14) Papías. Eclesiástico del siglo II. Obispo de Hierápolis en Frigia. Escribió cinco libros titulados Explicaciones de las sentencias del Señor.

(15) Justino. Filósofo cristiano (100?-165?). Escribió dos Apologías que dirigió a Antonino Pío; así como De resurrectione y Diálogo de Tifón.

(16) Ananías y Safira. Judío converso que cayó muerto, junto con su esposa Safira, por haberle mentido a san Pedro.

(17) Jope por Joppé, la actual Jafa.

(18) Vida de la muerte de Miguel Tellechea. Efectivamente fue misionero apostólico del Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe de Zacatecas, ministro del pueblo de Chinipas y presidente de las misiones de la tarahumara. Su obra se titula Compendio gramatical para la inteligencia del idioma tarahumara. Oraciones, doctrina cristiana,pláticas y otras cosas necesarias para la recta administración de los santos sacramentosen el mismo idioma, México, Imprenta de la Federación en Palacio, 1826.

(19) Joaquín Bolaños. Franciscano. Fue residente del Colegio Seminario de Guadalupe Zacatecas y examinador sinodal del obispado del Nuevo Reino de León. Su obra La portentosa vida de la muerte, emperatriz de los sepulcros, vengadora de agravios del Altísimo y muy señora de la humana naturaleza, México, 1792, es un esfuerzo por impulsar la novela criolla en México.

(20) Guadalupe de Zacatecas. Colegio de propaganda fide constituido por noventa y cuatro religiosos. Tuvieron veintidós misiones en Tarahumara y Texas. A su vez es un municipio que limitaba con Zacatecas, Veta Grande, Pánuco, Villa de Cos, Ojocaliente, la Blanca y el estado de San Luis Potosí. El mismo nombre recibe la villa cabecera del municipio del mismo nombre.

(21) Chinipas. Municipalidad del distrito de Arteaga, Chihuahua. Limitada con los municipios de Uráchic, Guazapares y con el estado de Sonora. También se llama así la cabecera de esa municipalidad.

(22) misiones de la Tarahumara. "Para cubrirse el erario nacional de parte de estos gastos y sostener las misiones de las Californias, administra y percibe los frutos de varias fincas de valor considerable, dejadas con ese objeto por la piedad de varios particulares; mas como todo ha venido en decadencia, los religiosos de estas misiones subsisten con privaciones que llaman justamente la atención del gobierno. El comisario de las misiones del Nayarit, Tarahumara y Texas, servidas por religiosos del Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe de Zacatecas, acaba de hacer los más interesantes reclamos..." Cf. Memoria que en cumplimiento del artículo 120 de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, leyó el Secretario de estado y del despacho universal de Justicia y Negocios Eclesiásticos, en la Cámara de Diputados el día 3 y en la de Senadores el día 4 de enero de 1826, sobre los ramos del ministerio de su cargo, México, Imprenta del Supremo Gobierno de Palacio, 1º de enero de 1826, p. 17.

(a) Parece que los tarahumaras tienen privilegio de no pecar de palabra ni de pensamiento, puesto que sólo piden perdón de sus malos hechos.

(b) Como verbigracia los compendios hechos por frailes misioneros y los cuadernitos con título de confesionario, como el que promete hacer el padre Tellechea, en el folio 155.

(c) ¿Qué entenderán los tarahumaras por gracia? Dios quiera que no piensen que es alguna cosa como sarna u otra peor.

(d) No se dice quién; pero ellos allá lo adivinarán.

(e) Seguramente no se quebrantará el precepto si se habla mal en las casas de las mujeres, ni cuando se habla mal de los gentiles.

(23) Juan Bautista Arechederreta y Escalada (1771-1836). Canónigo y cronista. Rector de San Juan de Letrán, prebendado de la Catedral Metropolitana y vicario general de los conventos de monjas, citado en las Conversaciones del Payo y el Sacristán, número 24.

(24) Puebla. Cf. nota 31 al núm. 1.

(25) cenzontles. Por centzontles, aves canoras. Cf. Santamaría, Dicmej.

(26) Pedro José de Fonte y Hernández Miravete (1777-1830). Último arzobispo español en México. Doctor en cánones y canónigo penitenciario en Zaragoza. En México, juez de testamentos, provisor, vicario general, cura del Sagrario, canónigo doctoral, inquisidor honorario y primer catedrático de disciplina eclesiástica en la Universidad. Se opuso a la Independencia. En 1821 la reconoció condicionalmente y colaboró a su implantación. Al deshacerse el Tratado de Córdoba, en España, se retiró a Cuernavaca, después se embarcó en Tampico para España. No volvió ni renunció hasta que lo obligó la Santa Sede.

(27) Concilio de Trento. Vigésimo Concilio. Reunido para definir la doctrina católica atacada por Lutero y otros reformadores, y para acabar los abusos que se habían introducido en la Iglesia.

(28) capichola. Tela de seda que forma cordoncillo.

(29) Manuel Antonio Cañedo (1782?-1855?). Militar mexicano. Fue insurgente; diputado por Jalisco al Congreso General.

(30) Alude a Miguel Ramos Arizpe, que fue ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos del 30 de noviembre de 1825 al 7 de marzo de 1828.

(31) Bernardo Martínez y Ocejo, fray Bernardo del Espíritu Santo (1779-1825). Estudió en el Convento del Carmen, enseñó teología en el Convento de Valladolid, hoy Morelia. Después estuvo en la Casa Religiosa de Toluca. Fue prior de los Carmelitas de Querétaro. En 1798 había estado en calidad de prior en Guadalajara, de donde volvió a Puebla para desempeñar el cargo de maestro de novicios; fue el primer catedrático de disciplina eclesiástica de la Real y Pontificia Universidad de México, cura del Sagrario de la Iglesia Metropolitana, capellán del convento de Santa Teresa de la Nueva Fundación. Tuvo otros cargos entre los que se destaca el de inquisidor honorario del tribunal de la Nueva España. Recibió la real orden que lo convertía en obispo de Sonora, Sinaloa y las Californias el 14 de abril de 1817, cuando murió Francisco Rousset de Jesús y Rojas, que era el obispo anterior. Tomó la mitra de Sonora el 18 de mayo de 1818 en la iglesia del Mineral del Rosario. Como provincial o superior de la orden carmelita en la Nueva España dio permiso a fray José de San Bartolomé de escribir el libro Duelo de la Inquisición, en el cual combatía y negaba la soberanía del pueblo. Obra que dio lugar a una serie de ataques de parte de Fernández de Lizardi. Era un apasionado borbonista. A pesar de ser una autoridad meramente eclesiástica reprobó el Plan de Casa Mata. El 15 de octubre de 1811 escribió la vida de santa Teresa en el Diario de México. En 1815 publicó laExhortación pastoral que el provincial de carmelitas descalzos de la Nueva España, dirige a todos los súbditos de su filiación en que recuerda la nobleza y destino de su vocación... México, Oficina de doña María Fernández de Jáuregui, 5 de mayo de 1815. Dejó impresas tres cartas pastorales: la primera fechada el día de su consagración; la segunda, en la sede episcopal de Arizpe, Sonora, el 22 de septiembre de 1820, y la tercera el 1º de octubre del mismo año. Su famosa pastoral La soberanía del Altísimo,contra la Independencia, fechada en el Hospicio Episcopal de Culiacán el 4 de oc