[NÚMERO 19]
DECIMANONA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
PAYO: Compadre, ¿cómo va?
SACRISTÁN: No hay novedad, ¿cómo va de piernas? ¿Cómo está Rosita?
PAYO: Rosita, buena; la pierna, endiablada. Estos malditos fríos son más fatales para el reumatismo que los calores para las fiebres. ¿Qué se dice por ahí de nuestras conversaciones?
SACRISTÁN: ¿Qué quiere usted que se diga? Bien y mal como de todo; porque es imposible que un impreso guste generalmente. Acuérdome de un soneto del sabio jesuita padre Francisco Javier Lozano,(2) que en su poema tituladoRecuerdo de las eternas verdades dice así:
SONETO
Por más que lo investigo yo no sé
si en todo el mundo universal habrá
un ingenio a manera de maná,
que a todo paladar gusto le dé.
Cuando se imprime un libro advierto que
apenas a la luz expuesto está,
uno su aprobación luego le da;
otro lo tilda luego que lo ve.
¡Oh cuántas veces!, preguntando yo
si es útil un escrito oigo que sí
a tal doctor; y a tal doctor que no;
éste así, y así aquél, y así de mí,
el uno hablará en contra y otro en pro,
así va el mundo, y todos van así.
Conque si no hay en el mundo una sola obra que agrade generalmente a todos, ¿cuál puede ser la suerte de nuestras Conversaciones? Unos las vituperan y otros las celebran; éstos las pisan, cuando aquéllos las besan. A nosotros nada se nos debe dar de los elogios ni de los sarcasmos. Hablaremos cuanto nos parezca justo y nuestra crítica se ejercitará sobre cuanto sea digno de corrección, y remédiese lo que se pueda o lo que se quiera.
PAYO: Pero si las autoridades a quienes corresponde extirpar los abusos comunes del pueblo, se desentienden de las advertencias que se les hacen por las prensas, o tal vez, y sin tal vez, jamás las leen, ¿qué provecho sacaremos de nuestros avisos? Trabajar, gastar nuestra saliva y nuestro dinerillo, malquistarnos(3) con los bribones, los necios y fanáticos, exponernos a las rabiosas mordeduras de nuestros Zoylos(4) y Aristarcos(5) y quedarse todo como está.
SACRISTÁN: Eso poco importa. Cumplamos con nuestra obligación, y los demás cumplan o no cumplan con la suya.
PAYO: ¿Pues qué estamos obligados a delatar los abusos públicos, a proponer sus remedios y, en una palabra, a meternos a chismosos generales de los vicios?
SACRISTÁN: Sí, compadre.
PAYO: ¿Cómo puede ser eso? ¿Quién nos [ha] constituido [en] pedagogos de los otros ni en reformadores del mundo? Reformemos primero nuestras costumbres, arreglemos nuestras casas y familias y dejemos a los demás que hagan lo que quieran, que a bien que no somos magistrados ni autoridades, ni tenemos ninguna responsabilidad.
SACRISTÁN: Este razonamiento es muy falso y capcioso. ¿Sabe usted quién nos impone la obligación de denunciar los vicios públicos y de proponer los medios de su extirpación?
PAYO: ¿Quien, compadre?
SACRISTÁN: La patria misma. Ésta impone a todo ciudadano, luego que nace, la obligación de serla útil en cuanto pueda. No hemos nacido para nosotros mismos, sino para la república, como decía Cicerón: non nobis, sed reipublicae nati sumus. Así es que debemos servirla a proporción de nuestras facultades; unos en el campo, otros en las ciudades; éstos en la campaña con la espada, aquéllos en el bufete con la pluma y cada uno en su respectivo oficio, ejercicio o ministerio, dejando para los egoístas y los flojos esos temores de las sátiras de los envidiosos y de las deturpaciones(6) del malvado, como también el que nuestros trabajos sean inútiles. Cooperemos con los buenos a la reforma de los malos, declamemos contra los públicos abusos, propongamos los remedios, según nuestras cortas luces lo permitan, y si los magistrados, si las autoridades o bien no escuchan nuestras producciones o se desentendieren de ellas y nada se remedia, la culpa será suya, y mientras más avisos, mayor será su responsabilidad ante Dios y los hombres; pero nosotros moriremos con el dulce placer de que en cuanto nos fue dable, procuramos ser útiles a nuestros semejantes.
PAYO: Usted dice muy bien; pero esto de ser reformador de corruptelas viejas, es mal oficio.
SACRISTÁN: Eso ya lo sé bien a mi costa. Los abusos cuando son antiguos adquieren el carácter de costumbres. El refrán dice que la costumbre tiene fuerza de ley y, fundándose en este peligroso axioma, sostienen muchos que se deben respetar las costumbres de los pueblos, aun cuando sean perniciosas a la sociedad. Ésta es una herejía política; pero tiene muchos sectarios.
PAYO: ¿Y por qué dice usted que es herejía?
SACRISTÁN: Porque lo es, en efecto. Sólo con llevarla adelante, basta para que el mundo no sólo no se reforme, sino que se desmoralice más cada día. Hay costumbres o llámense abusos que son indiferentes y nada influyen contra la moral, la religión ni la política, supongamos las modas que no son escandalosamente obscenas. Éstas no dependen sino del gusto de unas naciones y de la imitación de otras, y además favorecen el lujo, que es el resorte de la industria y comercio; pero hay otros abusos caracterizados por la costumbre, que ofenden a la religión y la moralidad; por ejemplo, el tirar monedas en los bautismos es un abuso que se debe cortar de raíz. La otra noche me convidaron a uno, el padrino era un hombre decente, pero no rico. Arrojó las pocas monedas que llevaba, y no teniendo más, comenzaron los zaragates(7) a insultarlo con los denuestos más groseros, a tirar chinas o tepalcates(8) hasta dentro del coche y a proferirse con las más torpes indecencias. Usted considere la vergüenza con que iría este pobre señor y su esposa con el coche rodeado de léperos gritando, mezquinos, tacaños, etcétera. Permitir esta costumbre es una falta de policía, que trae las resultas de que ningún pobre de mediana suerte quiera apadrinar a ningún niño, por no exponerse a sufrir públicamente los insultos de un leperaje(9)inmoral y soez.
PAYO: Pero, compadre, ¿qué remedio se puede imponer para darle por el pie a este abuso?
SACRISTÁN: Uno muy fácil, y consiste en que los gobiernos manden, pena de multa, que nadie arroje monedas en los bautismos; publicada esta orden yo aseguro que se cortará el abuso de raíz... Pero ahí viene Rosita con un papel en la mano.
ROSITA: Muy buenos días, señor padrino.
SACRISTÁN: Así los tengas, querida, ¿te has divertido mucho?
ROSITA: Algo, no tanto como quisiera. El lunes en la noche fui al Coliseo,(10) con licencia de mi padre. La comedia fue muy buena.
SACRISTÁN: ¿Y dónde la viste?
ROSITA: En los terceros; pero a mí me pareció que la había visto en un camino real.
SACRISTÁN: ¿Cómo en un camino real? ¿Pues en qué se parece éste a un Coliseo de una capital ilustrada?
ROSITA: ¿Cómo en qué? En aquel continuo xo, xo que hacen los arrieros a las mulas cuando las arrean.
SACRISTÁN: ¿Pues que eso hacían en el Coliseo?
ROSITA: Sí, señor.
SACRISTÁN: ¿Y quién lo hacía?
ROSITA: Los más prudentes y bien criados para imponer silencio a los imprudentes y faltos de educación que no dejaban oír la comedia.
SACRISTÁN: ¿Pues que en ese estado está la ilustración de México?
ROSITA: Sí, señor; no es capaz [de] oír a los actores según la bulla que meten en el patio los malcriados, platicando en alta voz mientras se representa.
SACRISTÁN: Pero en esa falta de educación incurrirán solamente los mosqueteros.
ROSITA: ¡Oh!, no señor; quizá en el mosquete se guarda mayor orden. De los palcos, de las bancas y lunetas sale el murmullo.
SACRISTÁN: Como yo no voy al Coliseo, apenas puedo creerte; pero si es así, será una desesperación ir al teatro.
'ROSITA: Y tanto lo es, que un francés que iba con nosotros y ya posee razonablemente nuestro idioma, se daba al diablo; de no poder entender a Amada(11) ni a Amador,(12) sin embargo de la claridad de voz de este actor; y decía el francés: "¿Ésta es la culta México?, ¡ah, futre(13) en su ilustración y buen gusto! Los teatros son los barómetros por donde se miden los grados de finura y civilización de los pueblos y unas salas de sociedad en donde los hombres se reúnen para aprender a dirigirse consigo y con los demás hombres, por lo que se llaman escuelas de las costumbres; ¿pero qué podemos aprender aquí, que más parece pulquería que Coliseo? Si esta bulla saliera del mosquete, sería más disculpable; pero que se advierta en los palcos, bancas y lunetas, es un escándalo, una nota que jamás hará ningún honor a la ilustrada México. Si estos señores habladores platican en alta voz porque ya han visto la comedia y sólo vienen por una costumbre o por no perder el abono, casas tienen, y tertulias y cafés sobran donde pudieran platicar a su salvo, y no venir a interrumpir a los que no están abonados y van a ver la comedia por la primera vez. Yo les pondría en todos los palcos, lunetas y bancas, como también en la cazuela y mosquete, de trecho en trecho unos letreros que dijeran con letras gordas estas palabras: TODO EL QUE PLATICARE EN ALTA VOZ MIENTRAS SE REPRESENTA, SEA TENIDO POR UN MALCRIADO Y DE RUINES PRINCIPIOS." Así se explicó el francés.
PAYO: Y a fe que no se explicó fuera de orden y sin razón pero ¿cuál fue esa comedia que medio oíste?
ROSITA: La víctima en el claustro.
SACRISTÁN: Será muy buena comedia; ¿y a qué se reduce su argumento?
ROSITA: Como no la oí bien, no lo puedo explicar, lo que entendí fue que un padre de familia por su interés metió a monja a una hija suya llamada Matilde, que estaba enamorada de un joven militar, y la quería hacer profesar a fuerza.
SACRISTÁN: ¡A fuerza!
ROSITA: Sí señor, a fuerza.
SACRISTÁN: ¡Válgame Dios, cuantas Matildes habrá a estas horas en los conventos de México!
ROSITA: Pero porque no han tenido la bárbara resolución de la Matilde de la comedia.
PAYO: ¿Pues qué hizo?
ROSITA: Se dio un veneno por no ser esclava contra su voluntad, y por eso se llamaLa víctima en el claustro.
SACRISTÁN: ¡Oh, padres crueles e interesables! ¡Oh, confesores ignorantes y fanáticos! ¡Cuántas víctimas lloran ahora mismo su esclavitud y sus tormentos interiores por vuestra ambición, por vuestro falso celo religioso, por vuestra supina ignorancia y desmedida hipocresía! No, Rosita, no, hija, nunca jamás pienses en ser monja por respetos humanos, ni por una falsa devoción. Cásate, cásate mil veces, si se te mueren novecientos noventa y nueve maridos, antes que hacer un pacto tan terrible contra Dios y la naturaleza, como el voto de castidad hecho por interés, rutina o por capricho. Tales votos ni son, ni han sido ni serán agradables al Ser Supremo.
ROSITA: Pues señor, usted es un hereje en el concepto de la Pretendienta.
PAYO. ¿Qué pretendiente es ésa?
ROSITA: La autora de este papel que salió de la casa de Ontiveros el mismo día que se representó la comedia de La víctima en el claustro.
SACRISTÁN: A ver, léelo.
ROSITA: Ya lo leo...
SACRISTÁN: ¡Jesús! ¡Qué mamarracho tan tonto y desatinado!, pero no es producción de ninguna mujer.
ROSITA: Ya se ve que no; a mí me han dicho que su autor es un clérigo y sinodal de este arzobispado.
SACRISTÁN: Pues hemos quedado bien lucidos; cuando yo pensé que el autor era una mujercilla fanática y sin letras, como lo dice y se conoce a primera vista, resultamos con que es un señor eclesiástico, y cuando menos teologazo, pues de otro modo, ¿cómo había de ser sinodal?
ROSITA: ¿Qué quiere usted? Donde se piensa que hay jamones, no hay ni estacas; donde se cree que habla un hombre sabio y literato, nos encontramos con un pedante mamarrachero, lleno de orgullo y arrogancia que ignora aun el idioma que escribe, como éste, que no sabiendo distinguir su sexo, se nos volvió epiceno o común de dos, pues en el rubro de su papel dice,Contestación de una Pretendiente, y en la firma dice: la Pretendienta y así no se sabe si el autor pertenece al género masculino o femenino.
SACRISTÁN: Pues, Rosita, será una vergüenza el que nosotros nos empeñemos en refutar los disparates de ese bárbaro; y así te comisionamos para que le contestes.
ROSITA: A pesar de mi ignorancia, yo les protesto a ustedes darle una revolcada a ese fanático que le ha de parecer día de fiesta.
SACRISTÁN: ¿Y cuándo será?
ROSITA: El miércoles venidero.
SACRISTÁN: Pues a Dios.
ROSITA: A Dios.
México, noviembre 11 de 1824.
El Pensador
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.
(2) Francisco Javier Lozano (¿-1821). Escritor español. Autor de Los atributos de Dios y misterios de Dios Hombre, Barcelona (2 vols.) y Verdades eternas confirmadas en la Santa Escritura y puestas en verso castellano, México, Imprenta de Jáuregui, 1794.
(3) malquistarnos. De malquistar. Poner mal a una persona con otra u otras.
(4) Zoylos. Por Zoilos. Alusión al sofista y crítico griego muy severo y maligno censurador de las obras ajenas.
(5) Aristarcos. También emplea sinécdoque para aludir a Aristarco de Samos (215?-131 a. C.). Crítico y gran filólogo y gramático griego. Por extensión, críticos severos.
(6) deturpaciones. Sustantiva el verbo deturpar: afear, manchar, estropear.
(7) zaragates. Personas despreciables, truhanes, pícaros, tarambanas. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(8) tepalcates. Fragmento de vasija quebrada. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(9) leperaje. Conjunto de léperos. Cf. nota 2 al núm. 3 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(10) Coliseo. Desde su estreno en 1753 fue el teatro principal de la capital de la República. Por más de un siglo se le llamó Coliseo Nuevo, Teatro de México y Teatro Principal. Estaba en la calle del Coliseo Nuevo, antes Colegio de Niñas y ahora tercera de Bolívar. Se incendió en 1931.
(12) José María Amador. Él, Arias y Garay eran los galanes del teatro mexicano de su época. "José Ma. Amador teme las venganzas de Manuel Díaz, a quien fue preferido y el cual ha jurado sublevarle una noche a los inquietos concurrentes almosquete..." Cf. Enrique Olavarría y Ferrari, Reseña histórica del teatro en México 1538-1911, pról. de Salvador Novo, 3ª ed., t. I, México, Porrúa, 1961, p. 166.
(13) Futre. Exclamación. El vocablo significa también un lechugino o persona vestida con atildamiento.