[NÚMERO 19]

CORREO SEMANARIO DE MÉXICO(1)

Miércoles 28 de marzo de 1827


El precio de la subscripción a este periódico serán 6 reales mensales en México y un peso fuera. Se reciben las subscripciones en esta capital en la Librería del difunto Ontiveros; en Durango,(2) en casa del ciudadano Pedro Carrasco; en Guadalajara,(3) en la del ciudadano José Ignacio Herrera; en Tlacotalpan,(4) en la del ciudadano coronel Joaquín García Terán; en Perote,(5) en la Administración de Correos, y se irá advirtiendo en qué otras de otros lugares, según se proporcionen correspondientes.

 

PAPAS

 

159 URBANO II

De 1087 a 1099

SIGUE EL CISMA 18

Otón, obispo de Ostia, era uno de los tres que Gregorio VII propuso para sucederle, y fue ahora elegido por muerte de Víctor III en 12 de marzo de 1088. Era francés, hijo de Encherio, señor de Lageri, cerca de Reims; había sido primero canónigo de Reims, después monje de Cluny, posteriormente abad de Montecasino, luego obispo y cardenal, y por último papa. Sus opiniones anteriores habían sido de que no se debía celebrar elección pontificia sin licencia del emperador soberano de Roma, ni consagrar o entronizar al electo sin preceder aprobación imperial de las actas. Así lo había defendido en disputa con el papa Víctor III, siendo abad de Montecasino. Pero viéndose ahora sumo pontífice mudó su modo de pensar, y miró el honor de la independencia como sagrado, sin merecerle atención lo que antes creía justicia. Siguió el mismo sistema que Gregorio VII, por lo cual no se acordó de procurar la cesación del cisma que aún sostenía Clemente III y Enrique IV, sino de seguir persiguiendo a estos dos y a todos los obispos de su partido; de manera que no se descubría el carácter de un vicario de Jesucristo que buscaba la oveja perdida y cargaba con ella sobre los hombros, sino de un príncipe temporal o rey de gentiles que respira venganzas y muertes.

Fue a Francia, y en un Concilio de Clermont,(6) exhortó a los franceses a formar un ejército y pasar al Oriente a la conquista de la Palestina, para librar del poder de los mahometanos los pueblos de Jerusalén, Belén, Nazaret y otros consagrados por las huellas de Nuestro Redentor Jesucristo, y por haber sido el teatro en que se obraron grandes misterios. Las preocupaciones del siglo hicieron adoptar un proyecto cuyo final éxito debía ser el que fue, de quedar el país tarde o temprano en poder de los orientales, y disminuir inútilmente la población de la Europa con emigraciones de trescientos mil hombres en una ocasión, cuatrocientos mil en otra, y así sucesivamente hasta cinco o seis millones de personas que perecieron entre todas las Cruzadas. Éstas produjeron la inmoralidad propia de las costumbres soldadescas, al mismo tiempo que las ideas caballerescas del honor mal entendido, para los duelos y males diferentes. Ellas hicieron nacer las corporaciones de caballeros, de distintos institutos, del templo de San Juan del Sepulcro(7) y otros que dieron idea en Europa a crear los de Calatrava,(8) Santiago,(9) Alcántara(10) y otros, que aumentando el número de los célibes, multiplicaban los gérmenes de la despoblación. Ellas dieron a conocer y trasplantaron el instituto de los ermitaños delCarmelo, que luego fue imitado por otros llamados agustinos, y sin pasar mucho tiempo los trinitarios, los mercedarios; a lo que se subsiguieron, como era de presumir, nuevos proyectos como los de dominicos y franciscanos: mina fecundísima de institutos mendicantes que no ha cesado de producir corporaciones reglares hasta nuestros días; de manera que si comparamos el número de célibes eclesiásticos de hoy con el de los tiempos del Concilio General de Nicea,(11)resultarán hoy mil por uno de aquel tiempo en que ya la religión cristiana dominaba en Asia, África y Europa. Debe agregarse a esto la reunión de bienes cuantiosos, raíces y dominicales en corporaciones eclesiásticas, con daño de los habitantes de un país reducido a la clase de siervos o colonos pobres. Todos estos malos efectos, y otros varios resultaron sucesivamente de las Cruzadas, por una serie de ideas encadenadas entre sí conforme cada una se desarrollaba. Urbano II murió en Roma día 29 de julio de 1099.

 

160 PASCUAL II

De 1099 a 1118

FIN DEL CISMA 18

Rainero, cardenal presbítero del título de San Clemente, fue elegido papa en tres de agosto de 1099, quince días después de muerto Urbano II. Tomó el nombre de Pascual II, y tuvo el disgusto de ver continuado el cisma comenzado en tiempo de Gregorio VII, bien que se le subsiguió el placer de verlo extinguido. El antipapaClemente III murió año 1106. Sus partidarios eligieron inmediatamente otro papa: en su lugar nombrado Alberto; pero los de Pascual pudieron prenderle el mismo día de su elección y lo recluyeron en San Lorenzo. Los otros escogieron por sucesor a un tal Teodorico. Éste pudo hacer de sumo pontífice como cuatro meses, pero también fue sorprendido por sus contrarios y cerrado en el monasterio de Cava. Después los partidarios del primer antipapa eligieron un tal Maginulfo, que pasaba plaza de profeta para con unos y de adivino supersticioso para con otros. Éste murió desterrado en grande miseria, y no se le nombró ya sucesor, porque muerto el emperador Enrique IV, se disminuía por días el número de disidentes excomulgados como cismáticos, y aun antes de morir, desde que su hijo Enrique V usurpó el reino de Alemania por sublevación, diciendo hacerlo para extinguir el cisma. El mismo Enrique V se sometió a Pascual, y merecía mejores procedimientos que los de éste, pues escribió a todos que le hiciesen la guerra. El clero de Lieja se adquirió gloria eterna respondiéndole entre otras cosas:

El papa Hildebrando fue autor del cisma por haber sido el primero de todos los papas que esgrimió la lanza sacerdotal contra la diadema... Si el emperador es hereje, lo sentimos mucho: no diremos ahora nada en su defensa, pero añadiremos que aun cuando lo sea le obedeceremos cuanto nos mande, creyendo que nuestros pecados nos producirían esta desgracia y que no nos es lícito tomar armas contra él sino sólo pedir a Dios por su conversión. Los reyes de quienes san Pablo mandaba que se les sirviesen con fidelidad no eran cristianos: y dice que se debe orar por los malos príncipes a fin de vivir tranquilos. Sería conducta apostólica imitar al apóstol: pero por nuestros pecados el apostólico, el papa, en lugar de orar a Dios por la conversión del rey de quien dice ser hereje, excita la guerra contra él y pone obstáculos a la tranquilidad. ¿De dónde saca el pontífice autoridad para manejar la espada temporal, además de la espiritual? El pontífice Gregorio I dijo que si él hubiera querido mezclarse en hacer morir a los lombardos, hubiesen muerto sus reyes y sus duques; pero que no quería tener parte en la muerte de un solo hombre porque temía a Dios. Los papas siguientes imitando este ejemplo se contentaban con la espada espiritual, hasta que el último papa, Gregorio Hildebrando se armó militarmente contra el emperador y dio a los sucesores el ejemplo de guerrear.

El defensor de la iglesia de Lieja, viendo la carta del papa Pascual II al conde de Flandes, en que le manda hacer al emperador la guerra por la remisión de sus pecados, dijo:

Yo me he dedicado a registrar la Sagrada Escritura y todos sus intérpretes, y no hallo ejemplar alguno de semejante precepto. Hildebrando es el único que, sepultando ya en el olvido los Santos Cánones, mandó a la condesa Matilde(12) hacer la guerra, por la remisión de los pecados, al emperador Enrique. Nosotros sabemos que nadie puede ser absuelto ni condenado sin examen. Ésta es la regla seguida por la iglesia romana hasta ahora. ¿De dónde ha nacido pues esta máxima nueva de conceder a los pecadores absolución sin confesión ni penitencia, dejándolos impunes por sus culpas pasadas y libres para cometer otras de nuevo? ¡Oh qué puerta se abre a la malicia de los hombres!

Pascual II forzó al emperador Enrique IV a renunciar en favor de su hijo, y sin embargo no levantó las censuras impuestas contra él y los obispos que le permanecían fieles, los cuales fueron privados de sus mitras. Murió el emperador en 7 de agosto de 1106; el obispo de Lieja lo enterró en su iglesia. La furia del papa y sus legados traspasó los límites de la humanidad, pues sin embargo de que los dos últimos años de su vida hizo Enrique muchas sumisiones a la iglesia romana y su pontífice Pascual, no sólo se le desenterró, sino que, habiendo trasladado su cadáver a Espira su hijo Enrique V, mandó Pascual II que careciese de sepultura eclesiástica por espacio de cinco años.

Habiendo ido Enrique V a Roma para ser coronado emperador, sostuvo que lo debía ser sin perder ningún derecho de aquellos con que lo fueron Carlo Magno, su hijo Luis Pío y los demás inmediatos sucesores. Hubo muchas ocurrencias escandalosas, pero por fin el papa consintió y al partir la hostia en la misa dijo: "Así como esta parte del cuerpo de Jesucristo es separada de la otra, así sea separado también del reino del mismo Jesucristo cualquiera que quebrantara lo pactado." Esto se reducía por parte del emperador a restituir a la iglesia romana los lugares que tuviese ocupados; y por la del pontífice, a dejar el derecho de investiduras como había estado desde Carlo Magno, y mandar a los obispos restituir los señoríos de lugares usurpados. El papa no era muy libre entonces, pues estaba rodeado de tropas del emperador, pero ratificó el tratado después que ya lo estaba y, sin embargo, por instigación de los cardenales quebrantó el tratado y libró bula protestando haber sido hecho por violencia, y amenazando al emperador que si no renunciaba las investiduras, le declararía excomulgado, decaído del derecho de reinar, y exhortaría a los príncipes y obispos a hacerle la guerra y despojarle del trono. Dejó excomulgado por un Concilio al emperador, y murió en 18 de enero de 1118, encargando mucho a los cardenales la unión entre sí mismos y no fiarse de los alemanes ni de los guibertinos, bajo cuyo último nombre designaba los secuaces del cisma ya extinguido de Guiberto, arzobispo de Ravenna.

En este papa se notó la fuerte impresión de la nueva doctrina de Gregorio VII, pues habiéndosele hecho presente por parte del emperador Enrique V que san Pablo le prohibía meterse en negocios seculares y, por consiguiente, el fomentar más guerras, trató de herejes enemigos de la Iglesia a los que daban esa interpretación. Así es que la mala doctrina de Gregorio fue recibida como dogma por los papas sucesores especulativa y prácticamente, de tal manera que han sido delatados como herejes a la Inquisición los que han impugnado el poder indirecto pontificio para destronar a los soberanos por medio de la excomunión y de la dispensa del juramento de fidelidad y vasallaje.

 

192 CELESTINO V

De 1292 a 1294

Dos años, tres meses y algunos días estuvieron sin poderse acordar entre sí mismos once cardenales, para elegir papa después de la muerte de Nicolás IV, por no guardar la constitución del Concilio de Lyon.(13) ¿Qué mayor testimonio de ser ambiciosos cuando menos ocho cardenales de los once? Carlos II, rey de Nápoles, y su hijo Carlos Martel,(14) rey titular de Hungría, les reconvinieron exhortándoles a la concordia, sobre lo cual hubo graves contestaciones entre Carlos II y el cardenal Cayetano, que después se hizo famoso cuando fue papa con el nombre de Bonifacio VIII. Por fin, de resultas de una conversación casual del cardenal Napoleón de los Ursinos, resultó elegido sumo pontífice Pedro Morón, en 5 de julio de 1294. El nuevo papa se nombró Celestino V, porque era fundador de la congregación de los celestinos, con la regla de san Benito y constituciones particulares.

Luego que fue consagrado, renovó la constitución del Concilio Lugdunense(15)sobre cónclave de las elecciones pontificias, revocando las bulas de sus antecesores que habían dispensado su cumplimiento; con lo cual incomodó mucho a los cardenales que deseaban libertad para sus intrigas. Hoy es venerado en los altares con el nombre de san Pedro Celestino, y tal vez es el único santo verdadero que hubo entre los papas, desde muchos siglos antes; a lo menos la crítica más severa no encontró por dónde tachar la rectitud de sus intenciones.

Su vida privada testifica en su favor, y no poco el acto de renunciar la dignidad de sumo pontífice después de posesión pacífica. Con efecto, renunció en 13 de diciembre del mismo año, habiendo antes aprobado un tratado de paz entre Carlos II de Nápoles y Jaime II de Aragón sobre la Sicilia. Vivió hasta 19 de mayo de 1296, en que murió santamente; pero preso en el castillo de Fumona, y guardado a vista por orden del sucesor Bonifacio, que lo canonizó por santo, apenas asistió a sus honras, con tanto gusto que los autores del Arte de verificar fechas(16) (sin embargo de ser muy píos) dijeron con razón que Bonifacio imitó en esto a los tiranos de Roma, que concedían el apoteosis a los emperadores mismos a quienes acababan de asesinar. Esto alude a los medios inicuos con que Bonifacio procuró que Celestino renunciase y después muriese.

 

193 BONIFACIO VIII

De 1294 a 1303

Benito Gayetano, natural de Agnania, cardenal del título de San Silvestre, fue elegido papa en 14 de diciembre de 1294 con el nombre de Bonifacio VIII, y murió día 11 de octubre de 1303. Muchos escritores le acusan de haber intrigado horriblemente para que renunciara su antecesor, y algunos le atribuyen su muerte para librarse de cuidados. Su orgullo, su ambición y su avaricia no tuvieron límites, y parece difícil la existencia de otro más atrevido para abusar de la Sagrada Escritura, queriendo con ella justificar sus atentados. Llegó a declarar, en tres bulas, por dogmática la nueva opinión de pertenecer a los papas el derecho de dar y quitar reinos, y de resolver las disputas sobre pertenencia de coronas, y ejecutar sus resoluciones, por medios espirituales y temporales, según consideren conveniente. Apenas hubo país católico donde no quisiera ejercer este pretendido derecho de alta soberanía divina sobre los soberanos; y se gobernó en este punto tan arbitrariamente, que no reparó en inconsecuencias si le convenía variar su conducta por ocurrencias políticas posteriores.

Por muerte del emperador Rodolfo, se dividieron los votos de los electores entre Adolfo, conde de Nassau y Alberto de Austria,(17) hijo del emperador difunto. Resultó guerra civil. Sus daños fueron enormes. Los electores, deseosos de cortarla, quisieron reunirse, anular la elección del uno y votar todos en el otro. Bonifacio lo prohibió, pena de excomunión, diciendo que sólo él tenía poder ya en la materia, y daría el imperio a quien quisiese, aunque fuese distinto de los dos competidores, a los cuales emplazó para que compareciesen ante la Santa Sede, alegando su respectivo derecho. Muerto Adolfo en la guerra, imputó el homicidio a Alberto y lo excomulgó. Los electores querían reconocerlo por rey de romanos, y Bonifacio lo impidió. Posteriormente, ocurridas las grandes altercaciones con el rey de Francia, mudó su conducta, y absolviendo a Alberto, lo reconoció por verdadero rey de romanos; bien que obligándole a confesar que los papas tenían el derecho anunciado en sus bulas, y a confirmar las donaciones antiguas de que tenemos hablado.

Excomulgó a Fadrique de Aragón, hermano de Jaime II, rey de Aragón, porque retenía el reino de Sicilia; le declaró inhábil para toda dignidad, y renovó el entredicho general de la isla, cuyos habitantes lo despreciaron eligiendo y aclamando por su rey a Fadrique, y publicando que no querían sujetarse a Carlos, rey de Nápoles. Pero mudadas las circunstancias por su discordia con el rey Felipe IV, el Hermoso, de Francia, no paró hasta celebrar paces con Fadrique, absolverle, y levantar el entredicho con tal que se confesase tributario de la Santa Sede, y le ofreciese auxilios contra sus enemigos.

Tenía excomulgado a Jaime II, rey de Aragón, y puesto entredicho en el reino, que tampoco guardaron los aragoneses; y por la citada novedad no sólo absolvió a Jaime, sino que lo hizo confalonier o capitán general de la Santa Sede, y le dio las islas de Cerdeña y de Córcega, para que auxiliase a los papas, bien que haciendo a Jaime confesarse vasallo y tributario de Roma.

Excomulgó al rey de Dinamarca Enrico VIII, porque había puesto preso al arzobispo de Lunden, y con este motivo turbó la paz interior de aquel reino para mucho tiempo.

Fulminó excomunión contra Eduardo I, rey de Inglaterra, por haber reivindicado el reino de Escocia, feudo del suyo, y formó empeño de persuadir como cosa exenta de dudas que la Escocia era propiedad directa de los papas, y que solos éstos podían disponer de su corona. No bastó acreditar Eduardo con testimonios auténticos, haber comenzado a ser reino por desmembración de Inglaterra, y reconocídose por muchos reyes escoceses esta verdad. Bonifacio no era hombre de ceder a razones, sino a necesidades, y sólo desistió cuando se vio amenazado por Francia.

Excomulgó a Wenceslao IV, rey de Bohemia, y a su hijo Wenceslao V, porque éste aceptó el reino de Hungría llamado por los húngaros, a quienes Bonifacio quería poner por rey Carlos Roberto,(18) nieto de Carlos II, rey de Nápoles, y fomentó guerra civil que acabó en favor de Wenceslao, pero después de veinte mil calamidades de todo género, causadas por el ambicioso pontífice.

Citaba Wenceslao en sus cartas por incidencia el reino de Polonia (que con efecto llegó a ocupar), y sólo el citarle bastó para que Bonifacio se creyese dueño de darlo a quien le pareciese, por lo que mandó que Wenceslao, y los demás que pretendiesen la corona, compareciesen ante la Santa Sede a exponer sus razones.

En Castilla hizo una cosa buena porque le valió muchísimo dinero, pero si nos hubiéramos de gobernar por las reglas del derecho, ningún valor podía tener su determinación. Sancho IV, el Bravo, había muerto excomulgado, y lo estaba su viuda, la reina doña María,(19) porque no habían querido separarse, aunque los papas antecesores declararon nulo su matrimonio por impedimento dirimente de parentesco. Ahora declaró legítimos a sus hijos, con lo que Fernando IV se consolidó en el trono contra el infante de la Cerda, pretendiente de la corona, en virtud de la primogenitura de su padre. Algo bueno había de hacer un hombre tan malo, pues lo fue aun en esto, ya porque no se puede revalidar el matrimonio de un muerto, ya porque no tenía poder de legitimar para honores temporales, y menos con perjuicio de derecho de tercero, ya porque lo hizo a fuerza de dinero, vendiendo el uso de su autoridad pontifical.

Depuso de la dignidad de cardenales y de otras que tenían Jacobo Colona y Pedro Icaona,(20) su sobrino, y los excomulgó con todos los otros Colonas, despojándolos de los feudos y bienes, sólo porque se opusieron a su despotismo en las ocurrencias de asuntos relativos al imperio, cuyo partido de gibelinos seguían contra los güelfos; y con este motivo toda la familia de Colona descubrió muchos crímenes de Bonifacio, sin exceptuar el de concubinato y procreación de algunos hijos.

Pero nada llegó al extremo de sus desavenencias con el rey de Francia, comenzadas con ocasión de haber mandado Felipe IV, el Hermoso, prender al obispo de Pamiers,(21) por crimen de conspiración. Bonifacio, declarándose juez del rey sin distinguir asuntos, y llamando hereje al que no confiese la doctrina de destronación, recibió la respuesta que convenía dieran siempre todos los soberanos en casos semejantes. Bonifacio excomulgó a Felipe y a sus adherentes. El rey convocó asamblea general, de prelados y barones del reino, y varios de éstos reclamaron un Concilio General para deponer a Bonifacio, prometiendo probar algunos capítulos de acusación gravísima, particularmente del crimen de simonía, y el de varias herejías contra distintos artículos de fe, además de vida muy desarreglada, y uso tiránico y cruel de su potestad, con daño de la religión y de todos los reinos cristianos. Guillermo de Nogaret,(22) no contentándose con palabras, prendió a Bonifacio en Agnania, su patria, para hacerle firmar una bula de convocación de Concilio General. No completó, su empresa por no haberlo transportado a otra parte, pues los compatriotas le sacaron del arresto y lo condujeron a Roma. La rabia y el furor de Bonifacio le produjeron una calentura tan ardiente, que lo llevó a la sepultura sin ver de nuevo a Roma. El año 1605, se halló su cuerpo incorrupto. Los que piensan que la incorrupción es prueba de santidad, se pueden desengañar con este papa, que fue tizón infernal de discordia en todo el orbe cristiano, y dejó malditos ejemplos para imitación. El papa Clemente V formó proceso contra su memoria, por instancia del rey de Francia y de los que le habían acusado en vida. Muchos testigos juraron haber oído al mismo Bonifacio que la alma moría con el cuerpo; que el mundo era eterno; que todas las relaciones eran iguales; que la simonía no era pecado, y otras proposiciones heréticas. El papa pudo lograr del rey que desistiese de su acusación, y temió que la declaración de haber sido hereje Bonifacio, produjese consecuencias contra sí mismo si se declaraban nulos los actos papales, y entre ellos los nombramientos de cardenales que habían elegido a Clemente. Así absolvió a Bonifacio de la instancia. La Inquisición condena por herejes a cualquiera vivo o muerto, con menos pruebas que la centésima parte de los que hubo contra Bonifacio. Yo lo tengo por materialista.


De la tolerancia religiosa

Amad a vuestros enemigos, haced bien al que os aborrezca, y rogad por los que os persiguen y calumnien.(a) Todo lo que quisiereis que los hombres hagan con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos.(b) Los sanos no tienen necesidad de medicina, sino los enfermos: misericordia quiero, y no sacrificio. No he venido a llamar justos, sino pecadores.(c) Todo el que no os recibiera ni oyere vuestras palabras, al salir fuera de la casa o de la ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies.(d) Maestro, dijo san Juan, hemos visto a uno que lanzaba demonios en tu nombre, que no nos sigue y se lo vedamos. No se lo vedeis, repuso, porque no hay alguno que haga milagros en mi nombre y que pueda luego decir mal de mí.(e) Resistiéndose una ciudad de Samaria a recibir al Salvador y a sus discípulos, Santiago y Juan llenos de celo le dijeron: ¿Señor, queréis que digamos que descienda fuego del cielo y le acabe? Más Jesús, volviéndose a ellos, les respondió, añadiendo, no sabéis de qué espíritu sois. El hijo del hombre no ha venido a perder las almas, sino a salvarlas.(f)

Estas máximas consoladoras, que encierran el plan de la dulce tolerancia de la iglesia católica, condenando las escenas de horror y de sangre, con que ministros ilusos o corrompidos tratan de difundir y sostener al cristianismo, son las que el Salvador inculcó como reglas invulnerables de su Iglesia. La caridad es el gran precepto del maestro Dios, y la persuasión, la mansedumbre y la humildad las únicas armas de su Iglesia. Son contrarias a su espíritu las violencias, el terror y la dominación exclusiva: en una palabra, la tolerancia es su base. Consiguiente a este principio, ni la Iglesia, ni el papa, ni los obispos tienen autoridad para extender las doctrinas del catolicismo por otros medios que por los de la predicación apoyada en las virtudes; para pretender que aquélla sola domine entre los hombres, ni para obligarlos a recibirla con violencia.

La benéfica novedad del espíritu evangélico, la conducta ejemplar y moderada de los apóstoles, y el heroico sufrimiento de los cristianos, ayudaron eficazmente a introducir la religión católica en las naciones: éstas la abrazaron, y algunos de sus jefes, penetrados de su utilidad e importancia y deseosos de asegurar a sus sometidos las ventajas que producía, la declararon exclusiva en sus Estados, asegurando con una ley su ejercicio.

La tolerancia o intolerancia de la religión católica, más claro, la prohibición de ejercer otro oculto que el que ésta señala, pende absolutamente de las leyes civiles. La autoridad soberana de las naciones es el único juez de la materia. Toda intervención de la eclesiástica es un abuso tan chocante como el que, a pretexto de dilatar la fe de Jesucristo, atribuyó a los papas el derecho de disponer de los cetros, deponiendo a los que legítimamente los tenían en sus manos.

Ni la diferencia de gobiernos es un motivo bastante para que la autoridad eclesiástica se entrometa a establecer la intolerancia. La religión católica, toda espiritual, prescinde de la forma de las sociedades: sólo ve a los hombres como hijos de Dios; para ella todos son iguales; su territorio son las almas, y la moral su objeto. Nobles y plebeyos, pobres y ricos, libres y esclavos, negros y blancos componen [la] iglesia católica, porque ante Dios no hay clases, y todos fueron comprehendidos en la grande obra de la redención, sin que puedan alegar privilegio alguno los que obedecen a un monarca sobre los republicanos, ni éstos sobre los que gimen bajo el despotismo. Los que se empeñan en sostener que la intolerancia católica es el apoyo de los gobiernos, desconocen las bases fundamentales de lareligión cristiana, reputan máximas fundamentales de ella los crímenes, y dando un color de divino a lo que es humano, vilipendian la augusta autoridad de las naciones. "¡Gran campo se nos descubre aquí —exclamaba el padre Márquez—,(23)contra los políticos del tiempo que quieren que los príncipes hagan materia de estado la religión...! ¡Increíble ceguedad, abominable torpeza!"(g)

Mientras la Península sufrió el yugo de los romanos, la religión de Jesucristo progresó a la merced de la tolerancia. Subvertido el Imperio por los bárbaros del norte, y ocupada la España por los godos, aunque trajeron consigo el arrianismo, los de creencia opuesta no sufrieron por eso persecuciones. Al fin abrazado el catolicismo por el rey Recaredo, y convertidos los sacerdotes de su secta más por la razón que por la fuerza, se promulgó la intolerancia, quemando los libros de la antigua profesión. Recaredus sacerdotes sectae arrianae... ratione potius quam imperio converti ad catholicam fidem facit.(h) Omnes libros sectae arrianae apud Toletum uno in loco adunari praecipiens igne cremavit; et gothos ad verae fidei unitatem adduxit.(i) Por consecuencia de este plan de intolerancia, el rey Sisebuto, a súplica del emperador Heraclio, desterró de la Península a los judíos.(j)

Después de la irrupción de los moros, la tolerancia religiosa fue un dogma político de los oprimidos y opresores. Las leyes civiles la sostuvieron muchos siglos, y la autoridad temporal la hizo desaparecer con ruina de la pública prosperidad. Los moros dejaban a los cristianos en el libre uso de su religión: y éstos, cuando volvían a rescatar los pueblos, protegían a los agarenos, y a los judíos en ellos establecidos, en el ejercicio de sus ritos religiosos, sin mezclar lo sagrado con lo profano. Si alguna vez se procedió contra ellos fue efecto de medidas tomadas para contener insurrecciones, y no por odio a su creencia. Cuando don Jaime I de Aragón desterró en 1253 a los moros que habían quedado en Valencia, lo hizo por castigo de los alborotos que fomentaban.(k)

El historiador Sandoval(24) demuestra con una escritura pública, que entre los moros vivían pacíficamente los cristianos y los monjes, sin que se les incomodara, en orden a sus opiniones. Don Ginés Pérez Chirino(25) pasó, en el año de 1231, a predicar el cristianismo a los moros de Valencia, con permiso de su rey,(l) y Hali, monarca de Denia, por decreto dado en 1058, convino en que los cristianos que allí moraban estuvieran sujetos al obispo de Barcelona. Don Alfonso y doña Urraca, reyes de León, regalaron al monasterio de San Millán el pueblo de Nájera, poblado de cristianos, moros y judíos:(m) y los monjes, recibiéndole sin reservas, acreditaron que no miraban la tolerancia con el ceño que los del día. Conquistada Toledo en 1085, concedió el rey la mezquita mayor a los moros para su culto;(n) y elegido don Bernardo(26) por arzobispo, de acuerdo con la reina, se apoderó de aquélla, convirtiéndola en iglesia católica: quejáronse los musulmanes del despojo, y el rey lo tomó tan a mal que resolvió quemar al arzobispo y a la reina, resolución que no realizó por las súplicas de los agraviados.(o) Este dato nos hace ver que aun en medio de la ignorancia del tiempo, el clero no tenía influjo en la materia, y que se mantenía con entereza la tolerancia.

Se continuará


Equívoco imperdonable de imprenta

Que saquen erratas los más de los impresos, es cosa muy corriente; pero que las saquen tales como las del Correo anterior número 18 es cosa extraordinaria, digna de la pública admiración, y para que se vea a dónde llegan los impresores por las letras.

En primer lugar el número anterior no salió el 21 de éste, como dice, porque se empasteló la forma y sufrió la demora hasta el 24, en cuya virtud es una errata garrafal indicarse en dicho número la prisión de los generales Negrete(27) y Echávarri,(28) que fue la noche del 21, y salir el papel con esa fecha, lo que es suponer que era yo adivino.

En segundo, es aún más garrafal el que omitieron la noticia de la prisión de dichos generales, y pusieran solamente mis reflexiones. Los subscriptores se sorprenderían al ver que, acabándose de hablar de los indios de Querétaro,(29) salta con el pito(30) de: "Éstos son los españoles", etcétera. Sea por Dios, es menester tener paciencia con nuestros impresores, quienes si se ponen a estudiar el modo de echar a perder una cosa, no lo van a desempeñar con más acierto.


Satisfacción de los impresores

Habiéndonos dicho el autor desde el patio de la imprenta, que si no cabía, omitiéramos una nota que quería poner, entendimos que nos hablaba de la noticia de la prisión de los generales, que tampoco cabía, y esto fue la causa del yerro crasoen que se incurrió, siendo de advertir que el autor está enfermo del pecho y no se le oye la voz, lo que favorece nuestra disculpa.

Los Cajistas

 


(1) México: 1827. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros.

(2) Durango. Cf. nota 2 al núm. 1.

(3) Guadalajara. Cf. nota 3 al núm. 1.

(4) Tlacotalpan. Cf. nota 4 al núm. 1.

(5) Perote. Cf. nota 5 al núm. 1.

(6) Concilio de Clermont. Este lugar ha sido sede de varios Concilios. Entre ellos el de 1095, en el que Urbano II propuso dirigir una Cruzada a Tierra Santa.

(7) caballeros... de San Juan del Sepulcro. Orden del Santo Sepulcro instituida por Godofredo de Bouillon en Jerusalén a fines del siglo XI para servicio de la iglesia del Santo Sepulcro. Quienes la integraban se llamaron "canónigos del Santo Sepulcro." Inocencio VIII los suprimió en 1484. En 1477 se había fundado la Orden de los Caballeros del Santo Sepulcro, luego incorporada a la de Caballeros de Malta.

(8) caballeros de... Calatrava. Orden religiosa y militar española, fundada por Raimundo, abad del monasterio de Fitero (Navarra) para defender la plaza de Calatrava de los ataques de los moros. Fue disuelta en 1931 y restablecida después de la Guerra Civil.

(9) caballeros... de Santiago. Orden militar española creada por Fernando II de León. Dedicada a la protección de los romeros que peregrinaban a Santiago de Compostela. Su maestrazgo fue incorporado a la corona de los Reyes Católicos. Disuelta en 1931, fue restablecida después de la Guerra Civil.

(10) caballeros de... Alcántara. Orden religioso-militar española de caballería fundada en 1196 con el nombre de San Julián del Peral y confirmada al año siguiente por el papa Celestino III. En 1217, el rey de León le confió la defensa de la ciudad de Alcántara. En 1494, dos años después de la conquista de Granada, el cargo de gran maestre de la Orden se incorporó a la corona real.

(11) Concilio General de Nicea. Cf. nota 19 al núm. 8.

(12) condesa Matilde. Cf. nota 9 al núm. 18.

(13) Concilio de Lyon. Cf. nota 14 al núm. 6.

(14) Carlos Martel. "Carlos II y el hijo Carlos Martel fueron a Perusa y procuraron que se erigiese un papa a capricho de ellos, pero hallaron resistencia en la gallardía de Caetani. Transcurridos 27 meses, el cardenal Latino, mostrando unas cartas del piadoso ermitaño Pedro de Morrone, en las que amenazaba con el castigo de Dios, logró llamar la atención de los cardenales hacia aquel asceta, que fue elegido papa en Perusa el 5 de julio de 1294." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 680.

(15) Concilio Lugdunense. Segundo Concilio ecuménico.

(16) Arte de verificar fechas. Cf. nota 15 al núm. 17.

(17) Alberto de Austria. "Con objeto de extirpar la mala raíz del gibelinismo, que fomentaba las disenciones civiles en la Toscana y en los territorios de la Iglesia, Bonifacio concibió el plan de incorporar al Estado Pontificio primero la Toscana y luego la ciudad de Florencia. A esta meta quiso llegar no con las armas, sino por medio de acuerdos diplomáticos. Dirigióse, pues, por escrito al duque de Sajonia (13 de marzo de 1300), gran mariscal del Imperio, para que le sirviese de mediador cerca de Alberto de Austria, Rey de los Romanos, que esperaba ceñir la corona imperial... Al proyecto de Bonifacio no era quizá del todo contrario Alberto de Austria, y esta actitud no desfavorable se reflejaba en el hecho de no haber acudido a las invitaciones de los gibelinos a montar a caballo de aquella fiera indómita y salvaje que era Italia, y a consolar a Roma, sumida en llanto, viuda de su César (véase [Divina comedia] Purgatorio, VI)." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. II, p. 9.

(18) Carlos Roberto. "Apenas entronizado en el solio pontificio, Bonifacio, afligido por las guerras que azotaban a toda la cristiandad, anunció con palabras de paz su nombramiento a todos los soberanos. Conforme a esto, su primer desvelo fue la pacificación de la Italia meridional, desolada por la guerra subsiguiente a las Vísperas Sicilianas. El 5 de junio de 1295, en una reunión celebrada en Anagni en presencia del pontífice, Jaime de Aragón se reconcilió con Carlos II de Anjou, renunciando a todos sus derechos sobre Sicilia y recibiendo en cambio, del legado pontificio, la investidura del reino de Aragón. Bonifacio nombró luego a Jaime almirante general de la Iglesia (4-5 de abril de 1297) para cimentar la paz con el angevino, Violante, hermana de Jaime dió su mano al hijo de Carlos II, Roberto, llevándole en arras los derechos aragoneses sobre la isla de Sicilia." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. II, p. 4.

(19) María de Molina.

(20) Al morir Federico, Sicilia volvió a los angevinos de Nápoles. En el Sacro Colegio de los cardenales, Giacomo y Pietro Colonna, tío y sobrino, se declararon en favor de la rebelión de Sicilia contra los angevinos. La rivalidad de los Colonna y los Caetani degeneró en hostilidad y odio. El papa, en calidad de juez, citó a los Colonna, los cuales no se presentaron. Varios Colonnas habían recurrido al papa para que sus parientes cardenales le regresasen los castillos que se habían apoderado. Bonifacio mandó que regresasen los castillos de Palestina y Zagarolo. Los cardenales desobedecieron. En el Consistorio de 10 de mayo de 1297, el pontífice tomó varios acuerdos respecto a los cardenales: además de excomulgarles, ordenó la confiscación de sus bienes.

(21) "Bonifacio envió a París, con título de nuncio, a Bernardo Saisset, obispo de Pamiers, con la doble misión de apremiar al rey a que tomase parte en la cruzada que iba a emprender pronto y de presentarle alguna queja respecto a la violación de los derechos eclesiásticos. El nuncio, por la franqueza y claridad con que se expresó, no debió de complacer a Felipe el Hermoso, el cual de pronto le mandó encarcelar, en la noche del 13 de julio de 1301. Pierre Flotte, consejero particular del rey, acusó a Saisset ante el Consejo de Estado, el cual le declaró reo de alta traición, alegando que había conspirado contra el rey." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. II, pp. 19-20.

(22) Guillermo de Nogaret (¿-1514). Canciller de Francia. Entró al servicio de Felipe el Hermoso, y éste le encargó que detuviese a Bonifacio VIII, que acababa de excomulgarle. Nogaret insultó al papa. Por orden de Nogaret se realizó la expulsión de los judíos que vivían en Languedoc. El rey Felipe lo nombró canciller en Francia.

(a) Evangelio de san Mateo, capítulo 5 [Copiamos estas citas textualmente. En el versículo 44 dice "Pero yo les digo: Tengan un amor para sus enemigos, bendigan a los que les maldicen, hagan bien a los que les odian, oren por los que les insultan y les maltrataran".]

(b) Idem capítulo 7, versículo 12 ["Así pues, hagan siempre a otros lo que ustedes quieren que ellos les hagan a ustedes; porque esto es lo que mandan la ley de Moisés y los libros de los profetas".]

(c) Idem capítulo 19, versículos 12 y 13. Capítulo [sin texto], versículo 7. [En realidad se trata de Mat. 9, 13.]

(d) Idem capítulo 10.

(e) Evangelio de san Marcos, capítulo 9, versículo 37 y 38 [En realidad se trata de los versículos 38 y 39. "Entonces Juan le dijo: Maestro, vimos a uno que en tu nombre echaba fuera los espíritus malos, pero como no anda con nosotros, se lo prohibimos." "Pero Jesús dijo: —No se lo prohíban; porque no hay ninguno que haga un milagro en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí".]

(f) [La nota es ilegible. Se trata de S. J., 12, 47].

(23) Juan Márquez (1565-1621). Escritor español. Agustino que escribió la obraLos dos estados de la espiritual Jerusalén (1603), comentario sobre los salmos CXXV y CXXVI, y El gobernador cristiano (1619), que traza el retrato del gobierno ideal, inspirándose en Moisés y Josué.

(g) Gobernador cristiano, libro 2, capitulo 34.

(h) Cronicón Viclariense [Cronicón Villarense. Primera historia compuesta en español. Escrita de los primeros años del siglo XIII. Obra de un monje de Fitero, Navarra. Empieza por la descendencia de Adán hasta Cristo. Inserta luego a los emperadores romanos, a los reyes visigodos; posteriormente habla de la reconquista de España, abarcando a los reyes desde Pelayo hasta Alfonso VIII, y termina con los de Navarra, Aragón y Francia, de la misma época.]

(i) San Isidoro, Corona gótica. [Sólo conocemos Corona gótica castellana y Austríacade Diego de Saavedra Fajardo.]

(j) Mariana, Historia de España, libro 6, capítulo 3 [Juan de Mariana (1535-1624). Jesuita español. Su obra es Historia de rebus hispaniae, aunque también escribió un tratado de la moneda y Del rey y de su institución.]

(k) Ortiz, Historia de España, tomo 4, página 82 [José Ortiz y Sanz: Presbítero y deán de la Colegiatura de Játiva en 1819. Autor de Compendio cronológico de la historia de España desde su población hasta el reinado del señor rey don Carlos Tercero, los 7 primeros volúmenes se publicaron de 1795 a 1820; el 8 después de 1820.]

(24) Prudencio Sandoval (1533-1622). Benedictino e historiador español. Fue designado cronista en 1600 para que confirmase los trabajos de Florián de Ocampo y de Ambrosio Morales. Compuso su Historia de los reyes de Castilla y León, llamada generalmente "de los cinco reyes", porque comprehende los reinados de: Fernando I, Sancho II, Alfonso VI, doña Urraca y Alfonso VII. También escribió una Crónica del ínclito emperador de España don Alfonso VII. Por órdenes de Felipe III, escribió Historia de Carlos V.

(25) Ginés Pérez Chirino (¿-1280). Arcediano de la catedral de Cuenca. El rey moro Ceit Abuceit lo hizo prisionero. Este rey le pidió que consumara en su presencia el sacrificio de la misa. La tradición cuenta que como no le llevaron la Cruz, descendieron dos ángeles con una, de modo que Pérez Chirino pudo concluir la misa. El rey se convirtió al cristianismo y fue bautizado con el nombre de Vicente Belvis. A partir de entonces éste fue uno de los fieles súbditos de san Fernando, al que ayudó en la conquista de Sevilla y en otras guerras contra los moros.

(l) Rizo, Historia de Cuenca, capítulo 11 [Juan Pablo Martín Rizo. Escritor español del siglo XVII. Citado por Lope de Vega en el Laurel de Apolo. Escribió: Historia de Cuenca, Madrid, 1609; Historia de la vida de Lucio Anneo Séneca, Madrid, 1625; Historia de la vida del Mecenas, Madrid, 1626, Norte de príncipes, Madrid, 1626, e Historia trágica de la vida y muerte del duque de Virón, Barcelona, 1629.]

(m) Sandoval, Crónicas, tomo 2.

(n) Pisa, Historia de Toledo, libro 3, capítulo 17 [El título completo de la obra de Francisco de Pisa es: Descripción de la imperial ciudad de Toledo, e historia de sus antigüedades y grandezas; y cosas memorables que en ella han acontecido, de los reyes que la han señoreado, repartida en cinco libros.]

(26) Bernardo. Prelado español. Primer arzobispo de la ciudad de Toledo después de que fue reconquistada por Alfonso VI (1085). Era de origen francés. Reorganizó la sede de Tarragona por encargo del papa Urbano II. Escribió cuatro sermones sobre la Salve Regina.

(o) Idem capítulo 23.

(27) Pedro Celestino Negrete. Cf. nota 30 al núm. 18.

(28) José Antonio Echávarri. Primero jefe realista que peleó en las tropas de Calleja; posteriormente se adhirió al Plan de Iguala. Iturbide le nombró general. Después se adhirió al Plan de Casa Mata. En 1827 fue desterrado por suponérsele mezclado en la conspiración de Arenas.

(29) Querétaro. Cf. nota 18 al núm. 18.

(30) pito. Ser inútil y sin ninguna importancia.