[NÚMERO 18]
DECIMAOCTAVA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
PAYO: Muy bien lo ha hecho usted, compadre, el miércoles estuve en espera de usted y ni su sombra. ¿Por qué no vino usted?
SACRISTÁN: Porque estuve ayudando a quitar unas tumbas y a enterrar unos muertos que se habían salido de los sepulcros en el Panteón de San Pablo.(2)
PAYO: ¿Cómo es eso de que se habían salido? ¿Pues qué los muertos se salen cuando quieren de las sepulturas?
SACRISTÁN: ¡Oh! Serían éstos tan malos que no los consentiría la tierra.
PAYO: Ésas son brujerías.
SACRISTÁN: Pues yo no sé; lo cierto es que estaban fuera de la tierra causando asco y horror, e inficionando el aire con los miasmas pútridos que exhalaban.
PAYO: ¿Qué son miasmas, compadre?
SACRISTÁN: Unas partículas imperceptibles que se desprenden de los cuerpos y nadando en el aire pueden introducirse al pulmón del que lo respira, mezclarse con su sangre y corromper toda su masa.
PAYO: Pues es muy grande falta de policía consentir que se mantengan sobre la tierra unos cadáveres medios podridos,(3) que pueden causar tanto daño.
SACRISTÁN: ¿Y qué le ha contado a usted Rosita? Yo procuré pasearla bien.
PAYO: Y ella está muy agradecida a usted. Vino muy admirada y me contó cosas que no son creíbles.
SACRISTÁN: Sí, pues ¿qué le contó a usted?
PAYO: Díjome que había visto en la Plaza muchas calaveras, unas bonitas dentro de unos sombreros formidables que a ella le parecieron paraguas; pero que por fin no se desfiguraban tanto porque eran bonitas, masque había algunas calaveras feas o viejas dentro de los mismos jacales que ciertamente parecían lechuzas en su nido. Díjome que había visto en la Plaza currutacas(4) y pinpajosas(5) de venta y muy baratas; que también vio muchas ánimas que salieron solas y volvieron acompañadas a sus casas; que el lujo fue espantoso y tanto me lo quiso ponderar que me aseguró que la vela era de punto, y hasta aquí, eso no quise creer.
SACRISTÁN: Hizo usted muy bien; Rosita es buena picarona; lo que quiso decir a usted fue que ya está la pobre vela tan hecha pedazos que por donde no tiene un rasgón tiene diez agujeros, de modo que parece de punto; pero con razón, si no me engaño ya tiene treinta y cinco años que no es poca fecha. ¿Y no le contó Rosita cómo me sacaron mi reloj de la bolsa?
PAYO: ¡Oh! Sí me lo contó, haciéndose cruces de la ligereza de los ladrones mexicanos. ¡Caramba! Y qué aguiluchos son para robar.
SACRISTÁN: Es mucho el descaro con que se roba en México. Pero ¿quiénes piensa usted que son los ladrones?
PAYO: ¿Quiénes han de ser?, los viciosos, los holgazanes, y cuantos quieren vivir a expensas de otro sin trabajar.
SACRISTÁN: Pues no son ésos los legítimos ladrones, sino las autoridades y jueces que los disimulan o dan lugar con sus morosidades a que se fuguen de la cárcel antes que sufran la sentencia; pues es cosa bien sabida que el medio más eficaz de aumentar los delincuentes, es fomentar la impunidad de los delitos. Si éstos se castigaran pronto y públicamente, no experimentaríamos esa inundación de asesinos y ladrones que infestan esta ciudad y los demás Estados, que ciertamente ya es intolerable y escandalosa, y de la que viven asombrados los extranjeros, resultando de su asombro el descrédito de nuestro gobierno.
PAYO: Para tanto mal no encuentro otro remedio que la Acordada.(6) El establecimiento de este tribunal, con facultades privativas y extraordinarias para juzgar a los ladrones y asesinos, creo sería el modo más eficaz para contener esta clase de malhechores.
SACRISTÁN: En efecto, la Santa Hermandad o la Acordada fue el tribunal a cuyo celo y vigilancia se debió, por muchos años, la casi total disminución de los ladrones, en términos que cualquiera podía caminar solo y seguro sin temor de ser robado y muerto en los caminos; lo que no sucede ahora que no se puede salir seguro ni a las garitas, si no es bien armados y con compañía.
PAYO' Así es: los Velázquez(7) y los Conchas,(8) los Santamarías(9) y los Barberis(10) con su actividad y celo lograron aterrorizar los malhechores, y asegurar la vida y propiedad de los ciudadanos pacíficos; pero hoy tal vez no se podría poner la Acordada por ser un tribunal de comisión y, de consiguiente, anticonstitucional.
SACRISTÁN: Nada me parece anticonstitucional cuando se dirige a conservar el orden público, y estando probada de hecho la utilidad de la Acordada, bien podría facultarse de derecho. Nunca sería tolerable el sistema inquisitorial y tiránico que antiguamente usaba la Acordada, ni tampoco la reunión de los poderes en sus jueces para evitar el despotismo; pero no encuentro embarazo para que, ejerciendo el poder judicial con arreglo a las leyes, sustanciaran las causas de los reos y las remitieran a las audiencias inmediatas para que éstas confirmaran las sentencias o las moderaran, si eran notoriamente ilegales; mas como este caso sería como imposible que se verificara, nombrándose como se debían nombrar, jueces rectos y desinteresados, sus sentencias serían inapelables.
PAYO: Entonces a los ladrones y asesinos se les escasearan las defensas.
SACRISTÁN: Eso es puntualmente lo que se necesita. A estos malhechores, como tan nocivos a las sociedades que tienen la desgracia de abrigarlos, se les deben negar los recursos de eludir la pena de sus crímenes.
PAYO: Pero esa severidad, ¿no es ilegal?
SACRISTÁN: No, porque les serían permitidas las defensas de estilo, y sólo se les debían negar los recursos de apelación en segunda instancia.
PAYO: ¿Y a qué conducía esta negativa?
SACRISTÁN: A autorizar más al juez de la Acordada, haciéndolo más temible, y aun formidable a los ladrones, quienes sabrían que de su sentencia no había de haber apelación. Estos jueces no juzgarían otra clase de delitos sino los expresados. Las autoridades de los Estados los facultarían amplísimamente para la persecución y exterminio de los ladrones y asesinos. Los Congresos, en consideración a la responsabilidad que han contraído ante Dios y los hombres de mantener a sus comitentes en el orden y seguridad posible, en atención también a la experiencia que tienen de que la morosidad en la secuela de las causas y de la suavidad de las penas se sigue la elución(11)de éstas, la multiplicación de los delincuentes, decretaría este sencillo formulario de ley.
Decreto contra ladrones
Artículo lº. Todo hombre de diez y seis años adelante que no tenga oficio ni modo de vivir conocido, se reputará como sospechoso en el lugar de su residencia, y los gobernadores y ayuntamientos cuidarán de hacerlos útiles y trabajadores, a proporción del estado de agricultura, minería, industria o comercio floreciente en el país. La pronta colonización es indispensable para que este artículo se lleve a efecto.
2º. Todo el que robe el valor de diez pesos abajo, sea cual fuere la cantidad, sufrirá la pena de seis años de trabajos públicos con grillete y cadena, y estos trabajos serán en el mismo lugar donde cometió el robo.
3º. Todo el que robe el valor de diez pesos arriba, sea cual fuere la cantidad excesiva, sufrirá irremediablemente la pena de muerte dentro de quince días a lo más tarde.
4°. Todo asesino alevoso, sorprendido in fraganti o en el acto, será juzgado y sentenciado dentro del tercer día, en cuyo tiempo se mantendrá insepulto el cadáver asesinado, para que después de ejecutado el asesino, se entierren los dos en una misma sepultura.
5°. En toda población donde haya jueces de Acordada suficientes para juzgar definitivamente a estos malhechores, y autoridades competentes que confirmen sus sentencias, habrá a extramuros o en los arrabales un camposanto dedicado privativamente para los cadáveres de los ladrones y asesinos, cercado y cerrado con puertas, que se abrirán cada año el día de finados. Sobre cada sepulcro de estos desgraciados se levantará una columna de dos varas que contenga una piedra en que se grabará este preciso epitafio: Aquí yace el cadáver de Pedro, Juan o Martín (omitiendo siempre el apellido) fusilado en este pueblo a la edad de tantos años por ladrón o asesino, o por ambas cosas. Encomendadlo a Dios y escarmentad.
Estos saludables calvarios servirían así para inspirar horror al vicio, como para graduar como con un barómetro los grados de la mejora de costumbres que año con año se advertirán en cada Estado con arreglo a esta ley.
6°. Los jueces de Acordada tendrían facultad para poner en los caminos sus capitanes y auxiliares, militarmente aforados, lo mismo que sus dependientes, y desde luego lo serían, por carga consejil inexcusable, todos los administradores de haciendas, dueños de ventas y posadas de caminos; así como todos sus dependientes serían comisarios militares para honrarlos debidamente y quitarles el odioso nombre de soplones.(12)
7º y último. Los capitanes de Acordada serían responsables anualmente ante las audiencias territoriales en el foro y ante el público por la prensa de su desidia o interés; siendo esta responsabilidad comparativa, pues el capitán que había ahorcado diez ladrones el año de [18]25, y el de [18]26, tres o cuatro, debería ser premiado con mejor empleo; y al contrario, el que al año de [18]25 ahorcara diez, y el de [18]26 ahorcara catorce o quince, sería depuesto del empleo con la nota de inepto para obtener empleos judiciales. La utilidad de este artículo sólo se puede conocer en la práctica.
PAYO: A mí me parece muy bueno el proyecto; pero no se admitirá.
SACRISTÁN: ¿Por qué?
PAYO: Porque lo propone usted... Si lo propusiera un diputado en el Congreso... tal vez se admitiría; pero propuesto por un sacristán como usted, no se le dará ni primera lectura.
SACRISTÁN: Tales son los caprichos de los hombres. Pero dígame usted, los señores canónigos ¿han dado en declararse borbonistas?
PAYO: ¿Por qué?
SACRISTÁN: Porque no hay modo de que pongan las armas de la América sobre la fachada principal de la Catedral ni con carbón ni con almagre, por más reconvenciones públicas que se les hacen. Ni les valga decir que éstas son exterioridades, que en nada prueban el patriotismo verdadero; porque también las ceremonias de los Sacramentos son puras ritualidades y exterioridades que nada agregan a su esencia; y sin embargo, la Iglesia las usa y las manda. Y así, mientras los canónigos no pongan las armas de la América en el lugar más visible del templo principal, serán tenidos porsospechosos contra el sistema republicano.
PAYO: Compadre, yo las pusiera de hoja de lata, de buena gana, si me lo permitieran o siquiera pintadas con almagre, y no que está ese hueco vacío maliciosísimo.
SACRISTÁN: Bien haya el administrador de tabacos don Félix Senande que a las ocho de la mañana se le enseñó nuestro papel en que avisamos que la estatua de la América estaba aprisionada, y a las nueve ya se le habían quitado, de su orden, las prisiones, diciendo este buen ciudadano que no lo habían advertido, lo que es muy creíble, pues si hubieran tenido una puntita de borbonismo se habría desentendido de nuestra advertencia.
PAYO: Efectivamente parecen frioleras estas cosas y no son sino de gravedad. Consentir que permanezcan en los parajes públicos signos de la dominación española, como en Mexicalzingo,(13) en cuyo puente se hallan las armas del rey de España, es un desacato a la ley que manda quitarlos.
SACRISTÁN: Deje usted, compadre, Dios querrá que todo se remedie poco a poco. Hasta el miércoles.
PAYO: A Dios compadre.
AVISO. Muchas personas desean tener completas estas Conversaciones. Faltan seis o siete números cuya reimpresión es costosa; sin embargo la emprenderemos, si nos favorecen suscribiéndose a todo el tomito que se compondrá de veinticinco Conversaciones, y todas se darán por dos pesos de suscripción que se recibirá en la librería de Ontiveros.
México, noviembre 6 de 1824.
El Pensador
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.
(2) panteón de San Pablo. Posiblemente cementerio anexo a la iglesia del mismo nombre. La plazuela donde está la iglesia se halla frente a lo que fue el Hospital Juárez. Desembocan a ella las calles de José María Izazaga, Escuela Médico Militar, Correo Mayor y San Jerónimo.
(3) medios podridos. Falsa concordancia que proviene de la adjetivación del adverbio, que califica al participio pasado, y que debiera ser invariable. Esta falsa concordancia es frecuente en el habla de México.
(4) currutacas. Afectadas en el uso de las modas.
(6) Acordada. Cf. nota 9 al núm. 17 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(7) Miguel Velázquez (1670-1732). Capitán de la Acordada. También puede aludir a José Velázquez, alguacil mayor del Tribunal de la Inquisición, guarda mayor de caminos, alcalde de la Santa Hermandad y juez por su majestad de la real Acordada. Siendo teniente de su padre, Miguel Velázquez, destruyó la cuadrilla de Pedro Raso, la de Garfias, a Miguel del Valle, Juan Manuel González, Miguel de Ojeda y a otros.
(8) coronel Manuel de la Concha. Al ir a Veracruz para embarcarse fue asaltado y asesinado cerca de Jalapa. Alamán inculpa a Iturbide de ese atentado. En México a través de los siglos se pone en tela de juicio esa afirmación.
(9) Miguel Santa María, una de las personas que conspiró contra lturbide, y que incluso se señaló como el autor del Plan de Veracruz.
(10) Barberis. Posiblemente Juan Barbieri. Alumno del Colegio de Cristo, abogado de la Audiencia de México y rector del Colegio de Abogados, asesor y teniente de juez del real tribunal de la Acordada.
Su obra es Instrucción para los tenientes, comisarios y subalternos del real tribunal de la Acordada de la Nueva España, México, 1776.
(11) elución. Purificación, depuración. Generalmente se emplea para aludir a la limpieza de los minerales lograda por una corriente de agua.
(12) soplones. Delatores o bien el nombre despectivo del gendarme.
(13) Mexicalzingo. Fue un pueblo hoy absorbido por la Ciudad de México, que estaba al sur, en General Anaya. El puente de Mexicalzingo estaba sobre el río Churubusco.