[NÚMERO 17]
Jueves 23 de diciembre de 1813(1)
Sigue el diálogo entre el Francés y el Italiano
ITALIANO: ¡Oh, excelentísimo señor, mi señor, y qué temprano he logrado el favor de usted!
FRANCÉS: Me agrada cumplir mi palabra con puntualidad. ¿Cómo va, monsieur?
ITALIANO: No hay novedad. ¿Y usted, está bueno?
FRANCÉS: Siempre a las órdenes de usted.
ITALIANO: ¿Todavía está usted muy apasionado por los americanos?
FRANCÉS: Ya he dicho a usted que a mí no me apasiona sino la verdad y la justicia, y fuera de esto, yo no tengo amigos, deudos ni paisanos. Contra mi padre he de declamar, si mi padre está poseído de los vicios; y al contrario, al verdugo del Japón alabaré, si en él encuentro motivos de alabanzas.
ITALIANO: Ese carácter es digno de la bondad de usted.
FRANCÉS: Yo diría que es propio de todo hombre de bien.
ITALIANO: Siguiendo nuestra conversación, dígame usted, ¿qué tal es México? Porque he oído hablar con variedad acerca de esto.
FRANCÉS: México es una ciudad populosa: su vecindario, en el tiempo que estuve (que no ha mucho), podría llegar a doscientas cincuenta mil almas (si no pasaba), digan lo que quieran los padrones (que raras veces son exactos); goza un famoso temperamento, distinguiéndose las cuatro estaciones del año con moderación; siempre hallará en sus plazas flores y frutas frescas, que es como que gozara de primavera continuada; su cielo es muy alegre; su ambiente sano; sus aguas deliciosas; tiene 397 calles(a) anchas, rectas y no muy altas, lo que la hace estar bien bañada de luz y, por lo mismo, muy cómoda, vistosa y alegre, careciendo de las nulidades de la angostura, altura, obscuridad y quiebras que advertimos en las mejores ciudades de la Europa, como Londres, París, Madrid y tal vez Roma... (usted perdone). Tiene 15 parroquias (si contamos la metropolitana), 56 conventos de ambos sexos, 10 colegios, 7 hospitales (contándose entre ellos el hospicio de pobres), 3 casas de recogimiento, 26 casas particulares como arzobispal, aduana, lotería, la que fue de Inquisición, etcétera, etcétera. Su latitud de la garita de Peralvillo a la de la Piedad, o del este al oeste, 4030 varas castellanas,(b) (2) y de la garita de San Cosme hasta el Peñón, o de norte a sur, tiene de longitud 4830, con que viene a ser su figura casi cuadrilátera, según el plan más moderno que tenemos de ella.
ITALIANO: Bien, será hermosa, pero dígame usted, ¿qué tal es su Catedral?
FRANCÉS: Es la iglesia mayor del reino, no sólo de México: su arquitectura no es delicada, pues la sobra bastante cargazón. En el crucero tiene un pino que parece pinal: hechura antigua y digna del desprecio del gusto del día; dentro tiene un tabernáculo de plata de tosca hechura, que concluye dentro otro de oro, en el que lo más primoroso es el metal. Detrás de esta pirámide, o llámese ciprés, está en la testera del templo un retablo conocido por el altar de los Reyes, que no es más que un acopio de leña, dorado a lo antiguo y bien indecente. Sus capillas laterales (a excepción de tres que están renovadas al estilo del día y muy curiosas) las más parecen mejor calabozos que capillas, porque están muy obscuras, estrechas y desnudas de toda curiosidad. Tiene alguna riqueza en alhajas; pero no la que podía tener la metropolitana de las Indias, o de la tierra del oro y la plata; y así, aun cuando sus columnas fueran de alabastro, su pavimento de mármol, sus puertas de ébano, su crujía de oro y sus preseas innumerables, sería una Catedral magnífica entre las del universo, pero regular a proporción del lugar en que se había erigido.
ITALIANO: Paréceme que usted más bien ha murmurado que descrito la Catedral de México.
FRANCÉS: No he hecho más que decir la verdad. ¡Ojalá y llegue tiempo en que me desmientan, enmendando todos los defectos que he notado! Si estuviéramos cerca, yo llevara a usted de la mano a ver si podía decirme: esto es falso. Allí, amigo, ustedes los italianos, tan exquisitos en esto de pinturas, no hallarían cosa que los admirara, y ciertamente que es lástima que no se hayan afanado tantos ilustrísimos cabildos que han precedido en enriquecer y mejorar un templo que podría ser hoy el más suntuoso del mundo; y mucho más habiendo disfrutado de unos tiempos en que no había en las Indias otra cosa que oro y plata. Pero ¿qué se ha de hacer? Allá se lo hayan, que a bien que nosotros nos hemos de morir y atrás vendrá quien arree.
ITALIANO: Pues ¿qué me dirá usted de las demás iglesias, si así opina de la mayor?
FRANCÉS: Hay de todo. Unas muy tristes, opacas y antiguas, y otras muy vistosas, lucidas y adornadas. Entre éstas merece, en mi concepto, el primer lugar el convento de señoras religiosas de Jesús María,(3) no por lo grande ni alhajado, sino por lo curioso y bien dispuesto, pues sobre un zócalo negro se levanta un hermosos blanco de alabastro, que es el color de toda la iglesia; con lo cual y ser sus altares muy curiosos y sencillos, se deja penetrar toda la luz con libertad, luciendo bastante los filetes dorados que tienen sus molduras, los que resaltan mucho sobre el blanco y hacen un templo decente, curioso y alegre.
ITALIANO: Y en esto de los paseos, ¿qué me dirá usted?, porque ya sabe que los europeos tenemos gusto en eso.
FRANCÉS: Debo decir a usted que hay tres lugares que sirven de paseo, aunque a la verdad no merecen ese nombre. El primero es la Alameda,(4) y es una a modo de huerta redonda y adornada de árboles silvestres como álamos, fresnos, sauces, etcétera, medio cercada por algunas partes de unos pretiles (en que se sienta la gente), guarnecidos de una estacas indecentísimas, y en parte hasta éstas faltan. Está distribuida en calles, pero sin ningunos cuadros ni tiestos de flores algunas, ni en ningún tiempo. Tiene cuatro fuentecillas secas, con sus estatuas en medio, que representan algunos semidioses del gentilismo; éstas son piedra, pero nada exquisitas. A más de estas fuentes, tiene una mayor en el medio, guarnecida de iguales figuras con otras de sirenas, patos y perros que echan agua por sus conductos, pero por Pascuas y San Juan. En el medio de esta fuente hay un pedestal, que lo es de una gran taza de cobre sostenida por cuatro genios, y sobre ella se levantan cuatro delfines asidos por las colas, en cuyos extremos, en un tiempo, estuvo parada en un pie la estatua de un hombre en ademán de pescador con su red al hombro, la cual, aunque algún día tuvo movimiento por estar sobre un perno flojo a la manera de los de las veletas de las torres, después estuvo más firme que un tonto en su capricho, hasta que la dieron su retiro, con lo que quedó la tal fuente más desairada. Éste es, en suma, el paseo de la Alameda. Síguese el que llaman Paseo Nuevo,(5) que no es otra cosa que una corta calzada, cercada por ambos lados de árboles silvestres, y en el medio tienen una placita que da lugar a una fuentecilla, de cuyo centro se levanta una pirámide como de veinte varas sobre cuya cúspide están las armas de México, que son una águila sobre un nopal destrozando una víbora. Éste es todo el dicho Paseo Nuevo. El de Revillagigedo o de la Orilla(6) es el más agradable en su tiempo, porque además de su calzada, que no es corta, por la que pasean los carruajes y caballerías, tiene un buen pedazo muy verdecito, por el que andan sin incomodidad alguna las gentes de a pie, divirtiéndose con las muchas canoas que navegan por una larga (aunque enzolvada) acequia que está a la orilla del paseo de donde toma el nombre. Como a un tiempo se presenta a la vista la sencillez del campo en el pradito, el lujo de la ciudad en la calzada y la diversión de las canoas por agua, hacen un todo el más agradable de los paseos de México.
Hay otros como el de Belén y Campo florido,(7) que no merecen nombrarse por ser más bien potreros donde retozan los muchachos que paseos donde concurre el público decente con frecuencia.
ITALIANO: Pues siendo así, no puede México entrar en el rango de las civilizadas de la Europa, pues ya usted ve que en ella tenemos caminos de mucha más diversión y curiosidad.
FRANCÉS: Así es puntualmente; ¿cómo se habían de comparar su Alameda ni Orilla con un Pardo, con un Escorial, con una Granja en España; ni menos con el parque de San James y el Green Park o Parque Verde en Inglaterra; con los canales de Amsterdam en Holanda; con los jardines de Versalles en Francia; con las viñas de Roma (aquí entra usted) en Italia, etcétera, etcétera, etcétera?
ITALIANO: Ya se ve que no. Allí hallan mil objetos hermosos los sentidos con qué recrear el espíritu.
FRANCÉS: Pues se había usted de morir de risa cuando oyera a muchos pobrecitos americanos, que no han dado un paseo por el mundo ni en carruajes de papel, decir, públicamente y a boca llena, que no hay otro México, para explicar el gran concepto que les debe su capital Septentrional, que en efecto, ya dije, es hermosa, sana, alegre, bien delineada y lleva sus ventajas en esto a algunas de nuestras mejores cortes; y vista con cuidado e interés pueden algún día llegar a competir con las capitales de primer orden, porque a más de lo dicho, posee un vastísimo terreno desmurallado, y en plano, y con abundancia de agua, de modo que puede ser una ciudad tal vez mayor que Pekín, y con sobrada extensión para hacer en ella mil paseos y jardines deliciosos; pero por ahora está muy en mantillas y necesita de muy buenas amas para que se críe robusta.
ITALIANO: Según eso ¿su policía estará deteriorada?
FRANCÉS: No había de estar tanto. Cuando yo estuve allí, como había sus turbulencias intestinas, faltaba lugar para guardar la policía, a lo menos en el pie en que dejó la ciudad el excelentísimo señor conde Revillagigedo, virrey que fue de aquel reino habrá cosa de 25 años; y con esto estaba la policía perdida cuando estuve en México, como he dicho, que fue por los años de 1810, 11, 12 y 13, en que me embarqué para Cádiz.
ITALIANO: Pues me dicen que había alumbrado, guardas nocturnas, carros de limpieza, obligación de barrer y regar las calles con frecuencia, y mucha vigilancia para que no se ensuciaran.
FRANCÉS: Todo eso era cierto; pero hoy está muy abandonado todo, porque el alumbrado es muy escaso (ya se ve, el ayuntamiento no tiene fondos); los serenos, pocos y descuidados; los carros pocos también; y los más antes de hoy, indecentes y rotos, de modo que muchos, después de recoger la basura, la van regando por las calles.
ITALIANO: Aguarde usted, que me han dicho que los de la basura están muy curiosos y pintados de verde, y los de las inmundicias están muy bien construidos y pintados de obscuro, y hasta sus conductores vestidos de cotense y con su cinta blanca en el sombrero. Esto falsifica la proposición de usted, si es cierto.
FRANCÉS: Es verdad que hay los tales carros aseados que usted ha dicho; pero son muy pocos, de modo que no bastan a la limpieza de la ciudad, lo que ocasiona que las calles estén llenas de la basura que debían recoger de día y de los excrementos que debían extraer de noche.
ITALIANO: Eso es muy preciso, porque son efectos que no se pueden almacenar. Y aun esos pocos carros servirán malísimamente.
FRANCÉS: Tanto, que en muchas calles pasan los carros nocturnos a las diez, once y doce de la noche. Yo soy muy curioso. Vea usted, en la calle en que viví el mes de diciembre de [1]813, tuve la paciencia de observar las horas en que transitaba el carro, y fueron éstas.
Día 1°, a las nueve y media.
Día 2°, a las diez y siete minutos.
Día 3°, a las diez y once.
Día 4°, a las once y tres.
Día 5°, a las nueve y treinta y cinco.
Día 6°, a las diez y veinte.
Día 7°, a las diez y cuatro.
Día 8°, a las nueve y doce.
Día 9°, a las diez y cuarenta y cinco.
Día 10°, a las once menos seis.
Día 11°, a las ocho de la noche.
Día 12°, a las nueve menos seis.
Día 13°, a las diez y quince.
Día 14°, a las diez y treinta.
Día 15°, a las once y seis.
Hasta este día observé. Esto sucede en muchas calles, y en no pocas no pasan los dichos carros, y ya usted considerará que, a esas horas, ¿cómo ha de bajar la vieja que no ve, la pobre enferma, la sirvienta doncella, etcétera. ¿Y qué sucede? Que sabiendo que el carro no pasa a una hora oportuna, vacían en las tarjeas, en los zaguanes o en las calles. Usted dirá cómo estará la ciudad con este bálsamo. Por lo que toca a la vigilancia para que no se ensucien, no sé cuál puede ser; cuando no se ven sino asquerosidades aun en el centro de la ciudad, ¿qué será en los arrabales?
ITALIANO: Ciertamente es lástima que una ciudad tan hermosa como usted me ha pintado a México se halle tan abandonada en el ramo de policía, cuando se pudiera remediar fácilmente sólo con una poquita de más actividad.
FRANCÉS: Hay otras cosas que la deslucen, que no penden del arbitrio de los que mandan, sino de la preocupación de las gentes. Tal es la de las señoras en ir a los paseos embanastadas en sus coches, que no saldrán de ellos si el mundo se viene abajo. Ya usted sabe la loable costumbre de muchas señoras de la Europa, que se apean en los paseos y van a ellos a caballo o a pie, lo que, después de auxiliarlas a su salud, hace los paseos más alegres y divertidos, pues lucen así sus trajes como sus hermosuras; y no en México, que parecen estatuas dentro de los coches, sin dar más lucimiento a los paseos que mucho ruido y estorbo a la gente de a pie. Ya se ve, son tan acochadas las madamas de México, que el Jueves y Viernes Santo que no pueden ir arrastradas por las calles, sacan a lo menos sus lacayos para que sepan que son de coche. Y creo que hay personas que duermen en coche, y hacen vida maridable en coche, y paren en coche; quizá por eso les acomoda tanto. Pero ésta es materia muy larga.
ITALIANO: ¡Qué bueno fuera que los impusieran a los coches un buen gravamen para las urgencias del Estado, pues quien tiene coche no puede ser pobre!
Se concluirá
La subscripción al tercer tomo de El Pensador se recibe desde hoy en el lugar acostumbrado. Dicho tomo se dividirá en cuatro trozos, y así la subscripción será por trimestres, siendo el importe tres pesos por cada trimestre y los papeles dos semanarios, como hasta aquí.
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.
(a) Aquí entran algunos callejones.
(b) Cerca de una legua castellana [medida itineraria de España de veinte mil pies o seis mil seiscientas sesenta y seis varas y dos tercias, equivalente a cinco mil quinientos setenta y dos metros y siete decímetros; pero varía de unas a otras regiones entre cuatro mil ciento ochenta metros y seis mil seiscientos ochenta y siete metros. En México su equivalente es de cuatro mil ciento noventa metros].
(2) varas castellanas. Medida de longitud dividida en tres pies o cuatro palmas equivalente a 835 mm. y 9 décimos.
(3) el convento de las señoras religiosas de Jesús María. Fray Alonso Ponce afirmó que en México existían siete monasterios; los tres de la Concepción eran: la Concepción, Regina y Jesús María. Cf. Artemio del Valle-Arizpe, op. cit., p. 301.
(4) la Alameda. Las calles que la rodean recibían el nombre de: San Juan de Dios y Santa Veracruz, hoy avenida Hidalgo; Corpus Christi, parte de la avenida Juárez; calle del Mirador, emplazada hacia donde está actualmente la pérgola de la Alameda, y la de San Diego. Orozco y Berra afirmaba que había siete fuentes con nombres mitológicos porque las figuras que poseían no se sabía qué simbolizaban.
(5) Paseo Nuevo. También llamado Bucareli —nombre que conserva— en honor del virrey que ordenó su fundación.
(6) El de Revillagigedo o de la Orilla. Hoy de la Viga.
(7) el de Belén y Campo florido. El primero es hoy Arcos de Belén y el segundo, Niños Héroes.