[NÚMERO 17]

CORREO SEMANARIO DE MÉXICO(1)

Miércoles 14 de marzo de 1827


El precio de la subscripción a este periódico serán 6 reales mensales en México y un peso fuera. Se reciben las subscripciones en esta capital en la Librería del difunto Ontiveros; en Durango,(2) en casa del ciudadano Pedro Carrasco; en Guadalajara,(3) en la del ciudadano José Ignacio Herrera; en Tlacotalpan,(4) en la del ciudadano coronel Joaquín García Terán; en Perote,(5) en la Administración de Correos, y se irá advirtiendo en qué otras de otros lugares, según se proporcionen correspondientes.

 

PAPAS

 

113 ESTEBAN VI

De 896 a 897

Desde el décimo cisma causado por Anastasio contra el papa Benito III, quedó y prosiguió Roma dividida en dos facciones, a cual más poderosas y encarnizadas; una de los parientes del papa Benito, y otra de los protectores y parientes del antipapa Anastasio. La primera venció en las elecciones de Nicolás I y Adriano II. Su contraria en la de Juan VIII. Es verosímil que hubiese muerto Anastasio cuando no volvió a sonar en las turbaciones posteriores. El partido de Benito III no lo pudo soportar con indiferencia, y cuando se creyó poderoso, asesinó al papa Juan VIII, y eligió a Martino II. Murió éste trágicamente, y no sé a cuál facción pertenecieron los papas Adriano III y Esteban V; pero sí que la de Benito III y de Martino II venció en la del papa Formoso, y fue vencida en las de Bonifacio VI y Esteban VI, de quien vamos a tratar.

Este bárbaro, indigno de ser contado por hombre, cuanto menos por sumo pontífice, convocó Concilio de obispos y presbíteros de su facción; hizo desenterrar el cadáver del papa Formoso y conducirlo a la sala misma conciliar. Allí le interrogó diciendo: ¿Por qué siendo obispo de Oporto abandonaste aquella diócesis y usurpaste la de Roma por ambición? Repitió hasta tres veces la pregunta, y no respondiendo el cadáver, condenó el nombre de Formoso a infamia perpetua, declaró nulos todos los actos de su pontificado, reordenó a los obispos, presbíteros y diáconos ordenados por él; hizo cortar allí mismo al cadáver los tres dedos con que Formoso había echado la bendición papal y la cabeza, que mandó arrojar al río Tíber.(6) No pudiendo la facción contraria sufrir tan horrible proceder, formó a poco tiempo una conjuración, en cuya virtud Esteban fue puesto en cárcel, cargado de cadenas y, por último, sofocado en garrote por mano de verdugo. Su pontificado execrable duró desde 20 de agosto de 896 hasta junio de [8]97.

 

120 SERGIO III

De 904 a 911

Sergio, competidor de Juan IX y refugiado en Toscana desde 898, volvió a Roma para expeler a Cristóbal; y con el favor de los marqueses de Toscana, subió al trono pontificio, cometiendo los propios crímenes que su antecesor, a los cuales añadió el de haberse amancebado con Marocia,(7) mujer de Adalberto, marqués de Toscana,(8) hija de Teodora la Mayor,(9) hermana de Teodora la Menor.(10) Teodora Mayor fue mujer de mucho talento, aunque impúdica, y contribuyó al amancebamiento de Marocia, su hija, por ambición de mandarlo todo en Roma despóticamente, como se verificaba. Sergio tuvo en Marocia un hijo llamado Juan, que llegó a ser papa con el favor de sus parientes, aunque pasó plaza de que su padre era Alberico, duque de Espoleto, marido de Maroica, mas no entonces. Enemigo declarado de la memoria de Formoso y partidario eficaz de Esteban VI, anuló el Concilio Romano(11) de Sergio, Juan IX y los decretos de los papas Roman y de Teodoro, sus antecesores; en consecuencia de lo cual hizo trasladar con grandes honores el cadáver de Esteban VI, restaurando su memoria, y renovando sus decretos contra la de Formoso. Puso epitafio muy honorífico a Esteban e infamante a Juan IX, calificando a éste de intruso y cismático. Murió en agosto de 911.

 

123 JUAN X

De 914 a 928

Parece que la historia se cansaba ya de no presentarnos ejemplos escandalosos. Juan, clérigo de Ravenna, residió mucho tiempo en Roma y formó alianza criminal deshonesta con Teodora la Joven, hermana de Marocia. Fue elegido obispo de Bolonia, y antes de ser consagrado lo nombraron arzobispo de Ravenna y le consagró el papa Landonio. Muerto éste, intrigó Teodora para que su amante fuera sumo pontífice, y lo consiguió por malos medios. Teodora disponía del gobierno de la Iglesia en vida de Juan, como había dispuesto Marocia en la de Sergio.(12) El papa Juan X salió en 915 a la guerra contra los sarracenos, con ejército mandado por Alberico, marqués de Toscana. La inicua Marocia, envidiosa de su hermana Teodora y de que Pedro, hermano del papa Juan X, mandaba en Roma más que ella y que su esposo Guido,(13) duque de Espoleto, persuadió a éste la iniquidad de perseguir mortalmente a los dos hermanos. Los soldados de Guido entraron en el Palacio de Letrán, mataron a Pedro, prendieron al papa, y lo condujeron a una penosísima cárcel, donde poco tiempo después le quitaron la vida en fines de mayo de 928. Algunos dicen que Juan X había hecho asesinar, año 926, a Alberico,(14) duque de Espoleto, marido de Marocia en aquel tiempo.

 

126 JUAN XI

De 931 a 936

Juan fue hijo sacrílego del papa Sergio III y de la famosa Marocia, por más que pretendan negarlo sin fundamento suficiente los autores del Arte de verificar fechas,(15) suponiéndolo hijo legítimo de Alberico, duque de Espoleto y de Marocia. Juan entró a ser papa por la prepotencia de su madre, Marocia, y de su padrastro, el marqués Guido.(16) Tenía solos veinte y cinco años, y se dejó gobernar por su madre. Murió poco después Guido, y aquella mujer singular, Marocia, tuvo sagacidad para persuadir a Hugo, rey de Italia, hermano uterino de Guido, que se casara con ella, prometiéndole hacer que lo reconociesen por soberano de Roma. Se verificó; pero Hugo, creyendo consolidada su autoridad, trató mal a muchos principales y aun a su entenado Alberico, que después fue príncipe de Roma, hijo de la misma Marocia y de Alberico, duque de Espoleto, patricio de Roma, su primer marido. Alberico irritado inflama los ánimos de los romanos, y poniéndose al frente cierra y asedia, en el Castillo de San Ángel, al rey Hugo, con la reina Marocia y con el papa Juan, y se hace príncipe de Roma, como lo fue mucho tiempo; de manera que, pidiendo los papas el señorío, se formó una república cuyo supremo poder tuvo Alberico toda su vida, y aun lo traspasó por su muerte a su hijo Octaviano, en quien se volvió a reunir con el sumo sacerdocio. El rey pudo escapar por las murallas; pero el pontífice Juan XI permaneció preso y murió en la cárcel, año 936.

 

130 AGAPITO II

De 946 a 955

Fue consagrado a 8 de marzo de 946 y murió en fines del año 955. Fue amante de la paz y puro en sus costumbres. No hay fundamento en la historia para imputarle culpa de los sucesos que indicó Prudhome.(17)

 

131 JUAN XII

De 956 a 964

Alberico, marqués de Toscana, murió en 954 y le sucedió su hijo Octaviano, no sólo en estos Estados hereditarios, sino también en los títulos y autoridad de príncipe y patricio de Roma, jefe de su república. Muerto el sumo pontífice Agapito cuando sólo tenía Octaviano 18 años de edad, aconsejaron a éste sus confidentes que se hiciera elegir papa, y el joven ambicioso adoptó el consejo.

Fue consagrado sumo sacerdote en enero de 956, porque los obispos de la provincia no se atrevieron a negarse, a pesar de ser la elección notoriamente nula, ya por falta de libertad en los electores, ya principalmente por no tener el electo treinta años de edad, designada por los Concilios para cualquiera obispado, y no haber quién pudiese dispensar el defecto. Mudó su nombre en el de Juan XII cuyo ejemplo siguieron después otros muchos. El joven papa tenía espíritu militar y no eclesiástico, de que dio pruebas mandando sus ejércitos en distintas ocasiones. Su vida manifestaba igualmente la licencia militar, entregándose a los placeres sensuales con escándalo, sin freno ni aun moderación, pues convirtió el palacio pontifical en serrallo, cuyo harén contenía crecido número de concubinas; bien que una le dominaba con tal despotismo que tomaba partido en los negocios eclesiásticos y disponía libremente su resolución; de lo que algunos escritores, antagonistas de la existencia de la papisa Juana, tomaron ocasión para decir que la fábula tuvo principio en el imperio de una mujer sobre el papa Juan, y en la debilidad y subordinación de éste; pero esto es incierto.

Viéndose oprimido por Berengario II, rey de Italia, segundo del nombre, llamó a Otón, rey de Germania, ofreciéndole coronar emperador de Occidente, cuyo título había cesado año 923 por muerte de Berengario I, abuelo del actual rey de Italia. Otón vino: Juan le coronó; el clero y el pueblo de Roma le juraron, con el papa, obediencia y fidelidad, reconociéndose vasallos suyos. Se celebró Concilio, donde Otón confirmó a la iglesia romana el señorío de Roma y demás Estados pontificios; el papa, clero y pueblo se obligaron a no elegir pontífices sin autoridad imperial, y Juan XII declaró que el reino de Italia se entendiera unido perpetuamente al título de emperador romano. Salió de Roma Otón; a poco tiempo, le buscaron algunos romanos, expresando que no eran ya soportables los escándalos ni la debilidad del papa. Otón respondió que Juan XII era muy joven y se debía esperar volviera luego sobre sí, a cuyo fin le escribiría. El pontífice no sólo no se enmendó, sino que, olvidado de la fidelidad prometida al emperador, se confederó con Adalberto, rey de Italia, hijo de Berengario, contra Otón, a lo que contribuyó el dictamen de algunos romanos que llevaron muy a mal sujetarse a los alemanes, y dieron principio a las famosas facciones de güelfos y gibelinos, que duraron muchos siglos, con cuyos renombres se designaban los partidarios respectivos de papas y emperadores. Otón volvió resentido a Roma; hizo juntar Concilio de muchos obispos de Italia, los cuales depusieron del pontificado al papa Juan XII, y consagraron por sumo pontífice, el día 22 de noviembre de 963, a León VIII, protoarchivero de Roma. Otón exigió del clero y pueblo juramento de reconocer y obedecer al nuevo papa. Juan huyó de la ciudad cuando supo la venida de Otón; pero volvió luego que se retiró el emperador, y el pueblo le recibió con aclamaciones, a pesar de su vida desordenada por odio a la dominación alemana. Juan hizo quitar la vida a varios cardenales y a otros caballeros principales del partido adverso; y celebró Concilio de diez y seis obispos en 26 de febrero de 964, en el cual declaró nulo todo lo actuado y los conciertos con Otón, pero gozó poco de su triunfo, porque un marido fatigado de sufrir, le quitó la vida, habiéndole sorprendido en crimen flagrante, día 14 de mayo.

 

134 BENITO VI

De 972 a 973

CISMA XII

Las noticias originales de los papas del tiempo que recorremos son tan oscuras como las luces literarias del siglo X, por lo cual no hay que admitir la diversidad de opiniones acerca del orden sucesivo de Benito VI, Domno II y Benito VII. Yo sigo el de Platina,(18) de Fleuri,(19) y de los autores del Arte de verificar fechas, mejor que el de Prudhome. Benito VI, natural de Roma, hijo de Hildebrando, fue elegido papa en fines de 972; pero a poco tiempo, el senador Patricio Crescencio(20) (hijo sacrílego del papa Juan X, y de Teodora, hermana de la reina Marocia), resentido de la conducta de Benito, lo prendió a fuerza armada, y lo cerró en un oscuro y fétido calabozo, donde le dio muerte: unos dicen que de hambre; otros de garrote, y otros de veneno. Faltando la persona del sumo pontífice, se procedió a nombrar otro, bien porque hubiese muerto Benito, como piensa el crítico Pagi,(21) bien lo contrario, como creyó el cardenal Fleuri. Lo cierto es que resultó electo Franconio, diácono de Roma, hijo de Ferrucio.(22) El nuevo papa tomó el nombre de Bonifacio VII, y comenzó a ejercer su pontificado con auxilio de Crescencio. No pudo proseguir más que un mes, porque el pueblo le aborrecía y amenazaba. Él robó los tesoros y alhajas de la iglesia de San Pedro, y marchó a Constantinopla, elección de su asilo: las circunstancias de su elección y el suceso de su antecesor dan motivo de creer que Crescencio y Bonifacio tramaban intriga contra el emperador Otón II, en favor del de Oriente, sobre la soberanía de Roma.

 

142 SILVESTRE II

De 999 a 1003

El emperador Otón III había sido discípulo del famoso francés Gerberto, natural de Auvernia, discípulo de los moros de Córdoba, en matemáticas, maestro de ellas en Reims, donde las enseñó al mismo emperador y a Roberto II, rey de Francia. Los franceses paisanos suyos le trataron de nigromántico, como a casi todos los que sabían algo de física, matemáticas y astronomía en aquellos tiempos bárbaros. Gerberto fue monje benedictino en Aurillac de Auvernia, luego de Bovio en Lombardía; después arzobispo de Reims por la protección de Roberto, y depuesto de esta silla por Juan XVI en 995; fue posteriormente arzobispo de Ravenna por la de Otón en 998, y éste completó la obra de modo que fuera elegido y entronizado, en 3 de abril del año 999, pontífice romano. Gerberto tomó el nombre Silvestre II, y fue tan ambicioso como todos sus antecesores; mas no de modo que irritase jamás a los soberanos, con quienes fue siempre atento y moderado. El cardenal Baronio(23) lo trata de adulador; en esto dio testimonio cierto de serlo él para con los papas.

Silvestre conocía perfectamente cuánto desprecio merecía entonces la silla pontificia, considerada con respecto a las personas sentadas en ella, pues siendo arzobispo de Reims en un Concilio del año 990, dijo, entre otras cosas:

Reverendos padres: ¿qué pensáis ser ese a quien veis sentado en solio sublime de Roma, resplandeciente por el oro y la púrpura? Si carece de caridad y sólo tiene la ciencia que envanece, será el anticristo sentado en el templo de Dios, ostentando ser Dios. Si faltando la caridad, tampoco tiene ciencia, será estatua colocada en el templo como ídolo, y el hacerle consultas será pedir las respuestas al mármol... ¡Oh Roma digna de ser llorada! Tú diste a nuestros mayores las lumbreras ilustrísimas de los padres; pero en nuestros tiempos únicamente tienes monstruosas tinieblas que serán famosísimas en el siglo futuro... ¿Qué nos falta por ver? Hemos visto a Juan Octaviano conjurarse, en medio de mil prostituciones, aun contra el mismo Otón, a quien él había proclamado augusto. Es arrojado, y le sucede León Neófito. Se retira de Roma Otón y vuelve Octaviano: expele a León, corta a Juan Diácono los dedos, las manos y la nariz, quitando a otros muchos principales la vida, perece luego. Le sustituyen los romanos, Benito el Gramático. Poco después León el Neófito le ataca juntamente con su césar, lo sitia, coge, depone y lo dirige a la Alemania para destierro perpetuo. Muere el césar Otón, y le sucede otro del mismo nombre; pero en Roma se nombra por sucesor un horrible monstruo. Tal fue Molifacio, superior a todos los mortales en iniquidad, y manchado con la sangre del anterior pontífice. Tuvo también que huir, y fue depuesto en Concilio numeroso. ¿Será posible que aun así esté declarado que innumerables sacerdotes de Dios, capaces de ilustrar al orbe con su vida y méritos, hayan de sujetarse a tales monstruos, ignominia del género humano, destituidos de todo conocimiento de ciencias divinas y humanas?

Con estas luces ascendió Silvestre al sumo sacerdocio, y se condujo bien hasta 12 de mayo del año 1003 en que murió. Algunos sospecharon que Estefanía, viuda de Patricio Crescencio, contribuyó a ella, con veneno, como a la del emperador; pero no hay pruebas ni motivos de presumirle como en el otro caso, pues Silvestre no tuvo parte en la desgracia del marido.

 

CATECISMO DEL PADRE RIPALDA(24)

Tengo ofrecido proponer algunas dudas más que las que dirigí a doña Tecla o a don Teclo, y conforme a este ofrecimiento, comienzo.

Duda primera. En el prefacio o introducción a las declaraciones, pregunta el padre Ripalda "¿qué doctrina enseñó Jesucristo? La doctrina cristiana." Y luego sigue "¿cuántas partes contiene la doctrina cristiana?", y responde "cuatro principales:Credo, Mandamientos, oraciones y Sacramentos." En primer lugar, sabemos que elCredo no fue obra de los apóstoles, ni se conoció hasta después de cuatrocientos años, cuando los apóstoles habían muerto; luego ellos no pudieron hacerlo. También prueba que no lo hicieron la diferencia que se nota entre el Credo, que se reza o canta en la misa, y el que reza el común de los fieles, diferencia que aunque no sea substancial, basta para probar que o son dos símbolos, o los apóstoles no hicieron ninguno, pues es claro que si hubieran hecho alguno, éste sería el que se usara generalmente en las iglesias y en las casas.

Para que los que ignoran el idioma latino vean la diferencia que hay entre ambosCredos, les traduciré el que se usa en la misa.

Creo en un Dios, Padre Todopoderoso, hacedor del Cielo y de la Tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles, y en un Señor Jesucristo, hijo unigénito de Dios, que nació del padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, luz de luz. Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consubstancial al Padre, por el cual fueron hechas todas las cosas, el que por nosotros los hombres y por nuestra salud bajó de los cielos y encarnó del Espíritu Santo, y de María Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado por nosotros bajo la autoridad de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado, y resucitó al tercero día, según las Escrituras, y subió al Cielo, sentóse a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos: su reino no tendrá fin; y creo en el Espíritu Santo, señor y vivificador, que procede del Padre y del Hijo, el que es glorificado juntamente con el Padre y con el Hijo, que habló por boca de los profetas; y creo en una santa, católica y apostólica Iglesia; confieso un Bautismo para el perdón de los pecados, y aguardo la resurrección de los muertos y la vida eterna.

Ya advierte el lector la diferencia que hay entre este Credo y el común, que aprenden los fieles. Ahora bien, si los apóstoles no enseñaron el Credo, menos lo enseñó Jesucristo, o que digan los amigos del padre Ripalda quién lo enseñó; porque este buen jesuita dice que lo enseñó Jesucristo, y luego dice que locompusieron los apóstoles. ¿En qué quedamos?

Es claro que Jesucristo no enseñó el Credo, ni tampoco los Mandamientos, pues cuando vino al mundo ya muchos siglos antes los había enseñado Moisés al pueblo hebreo. Tampoco enseñó Jesucristo el Ave María y la Salve, que llama oraciones el padre Ripalda. Lo que nos enseñó fue la oración domínica o el Padre Nuestro, y en clase de oraciones nada más. Menos se puede decir que enseñó los sacramentos, sino que los instituyó, y no es lo mismo enseñar que instituir. Conque he aquí al padre Ripalda enseñando mentiras, cuando dice que Jesucristo enseñó el Credo,mandamientos, oraciones y sacramentos, pues hemos visto que nada de esto enseñó, sino el Padre Nuestro. Si hubiera dicho que con sus palabras y ejemplos nos enseñó a adorar y reconocer al Ser Supremo, amar a nuestros semejantes, y todo lo que conduce a una moral perfecta, cuya doctrina adoptó justamente la Iglesia, no habría quien le echara en cara la falta de reflexión con que escribió.

Duda segunda. En el Credo que se reza en la misa vemos que dice que el Hijo de Dios bajó de los Cielos a hacerse hombre, y entonces pregunto: ¿no estaba el Verbo Divino en el mundo al tiempo de la Encarnación? O sí, o no. Si sí, luego no bajó. Si no, luego no es inmenso, luego no está en todo lugar, luego no es Dios. Yo deseo la solución a esta duda.

Duda tercera. Pregunta el padre Ripalda: "¿cómo se hizo hombre nuestro señor Jesucristo?", y responde: "en el vientre virginal de Nuestra Señora Virgen María." Esto se llama salir con un pito, si la pregunta no es de dónde se hizo hombre, sino cómo se hizo hombre. Si a alguno le preguntaran ¿cómo fue eso de la coronación de Iturbide?, y él respondiera: en la Catedral, nos reiríamos de la respuesta, y ¿qué, no tendremos derecho para reírnos de ésta del buen jesuita?

Duda cuarta. A seguida dice el padre Ripalda: "¿Para qué se hizo Dios hombre? Para poder morir por los hombres." Y luego pregunta: "Siendo Dios inmortal, ¿cómopudo morir?" Estas preguntas y respuestas suponen que Dios pudo morir y que murió en efecto, y esto ya no es sufrible, porque es una herejía que no la discurrieron ni los gentiles, ni los arrianos, hugonotes, luteranos, calvinistas, moros, husitas, molmistas, preadamitas, trinitarios, filósofos, ni los mismos diablos. Creer que Dios pudo morir es el mayor absurdo. Morir es lo mismo que no existir, y Dios ni pudo, ni puede, ni podrá jamás dejar de existir, porque es inmutable y eterno de toda eternidad.

Si el padre Ripalda quiso decir que Dios murió en cuanto hombre, es el mismo desatino; pues eso prueba que murió el hombre, pero no Dios; y así estas preguntas no tienen más remedio que borrarlas, sustituyendo en su lugar otras claras que no induzcan a errores a los ignorantes y a los niños, en cuyas manos anda el famoso Catecismo ripaldeño.

Duda quinta. Pregunta el padre Ripalda: "¿Cómo sabremos bien creer?", y responde: "entendiendo bien el Credo y los artículos de la fe." Ahora bien: ¿qué son cosas distintas el Credo y los artículos, o una misma? Es claro que son una misma cosa: el Credo son los artículos de la fe y los artículos de la fe son el Credo; pero tata Ripalda no lo entendió y los hizo cosas distintas.

No está aquí todo lo malo de la respuesta: lo peor es aquello de que entendiendo bien, no como quiera, sino bien, los artículos de la fe, sabremos bien creer; pues en verdad que nadie cree bien, según esta doctrina, pues nadie entiende bien el Credo o los artículos. Yo por mí confieso que no entiendo ni bien ni mal cómo es Dios uno y trino; cómo una viren pudo concebir y parir sin varón y quedar virgen; cómo un Dios inmenso, impasible e inmortal pudo ceñirse a una naturaleza corruptible: cómo será que el Día del Juicio vuelvan a reunirse nuestros cuerpos con nuestras almas... Yo no lo entiendo(a) y creo que ninguno. Desafío al mismo san Agustín a que me los explique. Ya se ve ¿cómo habían de ser misterios si estuvieran sujetos a nuestra limitada inteligencia? Sólo el padre Ripalda creyó que esto era muy fácil, y por eso muy cargado de razón dice: "¿luego obligados estamos a saber y entender todo esto?" "Sí estamos —responde— porque no lo podemos cumplir sin entenderlo." Éste es otro disparate imperdonable. El Credo no está sujeto a la voluntad, sino al cautiverio de la razón, y así el Credo es creíble, no entendible ni cumplible. Los mandamientos del Decálogo son entendibles y cumplibles; así es que sin que podamos penetrar los misterios de la fe, podemos cumplir los preceptos del Decálogo, luego para cumplir éstos no es menester entender aquéllos. Si esto es verdad, como lo es, el padre Ripalda claudicó según lo ha de costumbre.

Duda sexta. En la declaración del Ave María pregunta: "¿Quién hizo el Ave María?", y responde: "el arcángel san Gabriel cuando vino a saludar a nuestra señora la Virgen María, y júntanse algunas palabras de santa Isabel y de la santa Iglesia." Esto, en su sentido literal y según el padre Ripalda lo dice, es mentira; porque supone que el arcángel hizo toda la oración del Ave María, y que se le agregó la menor parte, esto es, algunas palabras de santa Isabel y de la santa Iglesia, y no es así. El arcángel no dijo sino estas palabras: Dios te guarde, María, llena eres de gracia,el Señor es contigo, y se acabó. Santa Isabel cuando la visitó la santísima Virgen dijo éstas: Bendita eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. He aquí que santa Isabel dijo tanto como el arcángel. La Iglesia añadió lo demás y dijo más que san Gabriel y santa Isabel; luego el Ave María no es obra del arcángel, sino de tres ingenios, de él mismo, de santa Isabel y de la Iglesia; luego es falsa la respuesta del padre Ripalda.

Basta, por ahora, advirtiendo que todavía hay paño de que cortar. He oído asegurar que en la casa de Profesa(25) hay de noche unas juntas, en que se trata de impugnar al Hueso y otros papeles semejantes: yo quisiera que esa junta nos hiciera favor de sacarnos de estas dudas, y que se dedicaran a componer un catecismo más correcto y con menos disparates que los de éste de Ripalda, a quien tanto celebra doña Tecla, o sea el P. V.(26)

 

EMPLEO

El señor don Lorenzo Zavala(27) ha tomado posesión del de gobernador del Estado de México:(28) tenemos por muy acertada la elección, y creemos que el Estado debe prometerse muchas ventajas del gobierno de este recomendable ciudadano, cuyas luces y patriotismo no perdonará fatiga ni desvelo que conduzca a la prosperidad y engrandecimiento de los pueblos, que se han confiado a su dirección; mucho más cuando aquel honorable Congreso desplegará al mismo fin la ilustración y energía de que lo juzgamos adornado, sin transigir con el fanatismo, el interés, la superstición ni otras pasiones bajas.

 

COMUNICADO

Señor editor del Correo Semanario. Muy señor mío: en el número 131 del Correo de la Federación,(29) en la sesión del 5 del corriente en la Cámara de Senadores, se lee lo que sigue: "Se leyó por primera vez una proposición del señor Martínez Zurita(30)sobre que se conceda indulto al exdiputado don Manuel de León,(31) que tiene causa en la Cámara de Diputados por un homicidio de que se le acusó."

Confieso a usted, señor editor, que me han puesto en mucho cuidado estos pocos renglones, y no he podido menos que hacer las reflexiones siguientes. O don Manuel de León cometió el homicidio antes de ser diputado, o ya siéndolo. Si antes, ¿cómo es que se eligen asesinos para representantes de los pueblos?, y si lo cometió ya siéndolo ¿qué clase de inviolabilidad tienen los diputados para matar impunemente a los ciudadanos?

Mas, o León cometió el homicidio en defensa de su misma vida, o alevosamente. En el primer caso, no ha menester indulto, porque la ley lo absuelve; y en el segundo, las Cámaras no pueden indultarlo, pues el homicidio proditorio jamás ha gozado del indulto. De que se infiere que las Cámaras, lejos de indultarlo, debenabsolverlo o condenarlo conforme a lo que la causa presentare; pero de ninguna manera indultarlo, pues esto sería autorizarse los diputados y senadores para asesinar al que quisieran, seguros de que los compañeros les indultarían, y entonces mejor fuera vivir entre los cafres que entre unos padres de la patria, que podían constituirse cuando quieran en asesinos impunes de sus hijos.

Yo, señor editor, estoy persuadido de que las Cámaras tratarán este asunto con mucha delicadeza. Hemos visto crudas sentencias irremisiblemente ejecutadas en individuos que tal vez debían haber logrado alguna indulgencia. No ha mucho que fue depuesto del empleo de capitán don Juan Galindo, y confinado a Perote por ocho años, y ¿por qué?, porque mató a un negro chaqueta y público bribón, hijo de Cuautla de Amilpas, que fue armado con un puñal a provocar a la esposa de Galindo a su misma casa, estando éste durmiendo siesta. A los gritos e insultos del negro, despertó, se batió con él, huyó el negro y Galindo, ciego de cólera, lo mató en la carrera; esto bastó para que hubiera perdido el destino y la libertad. ¿Y quién piensa usted que es Galindo? Un español que apenas desembarcó el año de [18]11, se pasó con los insurgentes, se halló en más de cuarenta campañas, en una de ellas perdió la mano derecha y en otras recibió mil heridas; tiene su cuerpo hecho una criba. Jamás se indultó: fue hecho prisionero por sus paisanos en Valladolid(32)y apenas pudo escaparse, cuando voló a reunirse a los americanos. Últimamente, con decir que sirvió entre éstos con tal constancia, honradez y valor que, desde la clase de soldado raso que sentó plaza, llegó, a fuerza de méritos, a coronel, y siendo gachupín, lo que hace brillar más su buena conducta: pues nada de esto le valió al pobre. Como éste hay otros ejemplares. ¡Qué bien quedáramos con que se indulte el exdiputado homicida! A Dios, señor editor. El Amante de la Igualdad.

Arenga que hizo el excelentísimo señor don Lorenzo Zavalaal tomar posesión del empleo de gobernador del Estado de México, y contestación del señor presidente del Congreso del dicho Estado.

Señores diputados. Llamado por vuestros sufragios al Poder Ejecutivo del Estado, he venido hoy a cumplir la primera obligación que me impone la ley: he venido a jurar en manos de los representantes del pueblo el pacto sagrado entre el poder y los asociados. Una vasta y penosa carrera se abre desde este momento delante de mí, y entro en ella lleno de temor, aunque animado por los deseos más vehementes de servir a mi patria. El ejemplo de vuestras virtudes, y la senda que enseñan vuestras luces y vuestro patriotismo, serán mucha parte en los aciertos del gobierno. La ley será mi única regla, y el beneficio de los pueblos el único objeto de mis votos. Todos observan nuestra marcha, y tienen puestos los ojos sobre nuestra conducta. Muchas necesidades tiene el Estado, y muchos elementos de riqueza; pero nuestra patria perece de hambre en medio de la opulencia. De vuestras manos depende en gran parte el bienestar de un millón de habitantes; y el gobernador no omitirá ningún paso que pueda servir para cooperar a tan interesantes tareas.

El ciudadano presidente del Congreso le contestó en estos términos:

Esta honorable Asamblea ha oído con agrado el discurso que acaba de pronunciar el primer gobernador constitucional del Estado libre de México.

Se complace al considerar que su elección ha sido acertada, y por lo mismo espera que la prosperidad y bien general de los ciudadanos del propio Estado tomarán un nuevo ser, bajo la protección de un gobierno que, depositado en tan digno jefe, verdadera y exclusivamente va a ocuparse en hacer la felicidad de esta preciosa parte de la República.

En efecto, el Poder Ejecutivo, identificado en un todo con los sentimientos que animan al Legislativo y Judicial, comienza desde hoy a manifestar al pueblo mexicano la senda que lo conducirá a la inmortalidad, si como hasta aquí, se consagra al fiel y escrupuloso cumplimiento de la ley.

 


(1) México: 1827. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros.

(2) Durango. Cf. nota 2 al núm. 1.

(3) Guadalajara. Cf. nota 3 al núm. 1.

(4) Tlacotalpan. Cf. nota 4 al núm. 1.

(5) Perote. Cf. nota 5 al núm. 1.

(6) Muratori apunta: "Pregonóse un juicio solemne contra Formoso: el difunto fué llamado a comparecer en persona ante un tribunal de un Sínodo. Era en febrero o marzo del año 897, en ocasión en que el mismo Lamberto emperador se hallaba con su madre en Roma, donde ya mandaba de hecho. Congregáronse en sanedrín los cardenales y obispos y muchos otros dignatarios eclesiásticos. El cadáver del papa, sacado de la tumba donde descansaba hacía ocho meses, fué vestido con paludamento pontifical y colocado en un trono en la sala del Concilio. Levantándose el abogado del papa Esteban, volvióse hacia aquella horrible momia, al lado de la cual estaba sentado un diácono tembloroso que había de hacer de defensor y pronunció las acusaciones, y el papa viviente interrogó con insana furia al difunto:

'¿Por qué, hombre ambicioso, usurpaste la cátedra apostólica de Roma, tú que eras ya obispo de Porto?' El abogado de Formoso habló en defensa de éste, si ya el terror no le paralizó la lengua. El muerto quedó convicto y fué juzgado, el Sínodo firmó el decreto de deposición, pronunció sentencia condenatoria y decidió que cuantos hubiesen recibido las sagradas órdenes de manos de Formoso habían de ser ordenados de nuevo." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 424.

(7) Marocia. No es Marocia ni Maroica, como apunta Fernández de Lizardi, sino Marozia. Se casó con el marqués de Camerino y conde de Túsculo, pariente de Sergio III, y luego, en posteriores nupcias, con Guido de Toscana y Hugo de Provenza. Algunos comentaristas —Liutprando, Flodoardo— así como el catálogo contenido en la continuación del Liber pontificalis dan pie para suponer que hubo relaciones amorosas entre Marozia y Sergio III, de las que nació Juan XI.

(8) Duque de Toscana (890-917). Peleó contra el duque Guido de Spoleto y contra Arnulfo, rey de Alemania.

(9) Teodora la Mayor. La familia de Teofilacto salió de la oscuridad gracias al pontificado de Sergio III. Teodora será encomiada por Eugenio Vulgario como dotada de las que consideraba las más conspicuas dotes femeninas: fidelidad al marido, piedad para los pobres, espíritu de oración, meditación de las Divinas Escrituras. Era esposa de Teofilacto y madre de Marozia y Teodora II.

(10) Teodora la Menor. Suponemos que se trata de Teodora II, que no es la hermana, sino la hija de la esposa de Teofilacto.

(11) Concilio Romano. Cf. nota 8 al núm. 6.

(12) Juan X. "...pero la noticia dada por el cronista Liutprando de que su elevación al trono pontificio fué fruto de sus ilícitos amores con Teodora, la cual no podía resistir el tormento de tenerle tan lejos de Roma, da lugar a serias dudas, incluso por la forma en que nos la transmite, no exenta de inexactitud cronológica..." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 438.

(13) Guido. Marozia, al enviudar de Alberico, se casó con Guido, margrave de Tuscia.

(14) Alberico. "En los siete años en que peregrinó por Italia [Sergio III], preparó tenazmente el camino para volver a Roma y conquistar el papado. Y lo consiguió en 904 con las armas del conde Alberico de Espoleto, según cree Liutprando, mientras que hay historiadores que lo ponen en duda; pero lo cierto es que subió al trono pontificio con la ayuda que le prestó la familia de Teofilacto. Berengario puso tropas al mando del papa, compuestas sobre todo de toscanos, de gente de Espoleto y de Camerino; las primeras mandadas por Adalberto, las segundas dirigidas por Alberico." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 433.

(15) Arte de verificar fechas. L'Art de verifier les dates fue escrito por el benedictino Carlos Clemencent.

(16) Castiglioni da fe de que era hijo de Marozia y Alberico I. "Algunas fuentes históricas que le hacen fruto de los incestuosos amores de Marozia y Sergio III, son inciertas y discutibles." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 444.

(17) Prodhomme. Cf. nota 18 al núm. 1.

(18) Platina. Cf. nota 27 al núm. 3.

(19) Fleuri. Cf. nota 10 al núm. 1.

(20) Crescencio. Los romanos, valiéndose de la ausencia de Otón I por causa de su muerte, conspiraron contra el papa y le opusieron su candidatura. Al frente de los partidarios nacionales estaba la familia de los Cuscenzi, también conocida como Cresencio. La integraban dos ramas: una representada por Juan, marido de Teodora II, senador y padre de Juan, Teodora III, Cresencio de Theodora, Marozia II y Estefanía; la otra, por: Cresencio del Caballo Marmóreo, padre de Teodoranda, casada con Benedetto, sobrino del papa Juan XIII. Cresencio de Theodora logró hacer encerrar al papa en el castillo de Sant'Angelo y elevó al pontificado al cardenal Bonifacio Francone, que se llamó Bonifacio VII; pero que al mes fue odioso incluso a sus partidarios y huyó para refugiarse en la corte del emperador Juan Zemisce.

(21) Francisco Pagi. Franciscano que murió en 1799. Colaboró con su tío a la Crítica histórico-cronológica de los anales eclesiásticos del cardenal Baronio. También escribió una historia compendiada de los papas, Breviarium Historico-chronologico-criticum..., 4 vol. (1717-1747) que publicó en parte y concluyó su sobrino Antonio.

(22) El padre del antipapa Bonifacio VII era Ferrucio.

(23) Baronio. Cf. nota 10 al núm. 8.

(24) Ripalda. Cf. nota 84 al núm. 5.

(a) Mis enemigos los fanáticos pongan cuidado que digo que "no lo entiendo", no que "no lo creo."

(25) casa de Profesa. Antiguo convento jesuítico de este nombre. Su templo está situado en la esquina noroeste del cruce de las que eran calles de San Francisco y San José el Real (actualmente Francisco I. Madero e Isabel la Católica).

(26) P. V. Estas iniciales correspondían al mismo autor que editó la Defensa de El Pensador Mexicano, o sea reflexión sobre su causa y estado, México, Imprenta de Betancourt, 1822.

(27) Lorenzo Zavala. Cf. nota 28 al núm. 8.

(28) Estado de México. Sus límites son: Hidalgo, Querétaro, Morelos, Tlaxcala, Puebla, Michoacán y Distrito Federal.

(29) Correo de la Federación. Cf. nota 30 al núm. 1.

(30) José Domingo Martínez Zurita también fue diputado en México. Vivía en la primera calle de Vanegas, núm. 9.

(31) Manuel de León. "Antonio León y su hermano Manuel, en Oaxaca, resucitaron el proyecto que Lobato había proclamado en la capital, de despojar á los españoles de sus empleos, pero en esta vez al proyecto seguíanse las vías de hecho, y la primera de éstas se manifiesta por el asesinato del receptor de alcabalas de Huajuapám [sic] don Cayetano Machado." Cf. México a través de los siglos. México independiente 1821-1853, escrito por Enrique Olavarría y Ferrari, Publicaciones Herrerías, s.a., t, IV, p. 119. El encargado de este asesinato fue el sargento Trinidad Reina. Éste confesó haber actuado por orden de Guadalupe Lamadrid, y éste acusó a los hermanos León de haber ordenado el crimen.

(32) Valladolid. Cf. nota 33 al núm. 3.