[NÚMERO 15]

CORREO SEMANARIO DE MÉXICO(1)

Miércoles 25 de febrero de 1827


El precio de la subscripción a este periódico serán 6 reales mensales en México y un peso fuera. Se reciben las subscripciones en esta capital en la Librería del difunto Ontiveros; en Durango,(2) en casa del ciudadano Pedro Carrasco; en Guadalajara,(3) en la del ciudadano José Ignacio Herrera; en Tlacotalpan,(4) en la del ciudadano coronel Joaquín García Terán; en Perote,(5) en la Administración de Correos, y se irá advirtiendo en qué otras de otros lugares, según se proporcionen correspondientes.

 

PAPAS

 

58 SILVERIO

De 536 a 538

San Silverio, subdiácono de Roma, hijo legítimo del papa san Hormisdas, fue electo por el rey hereje Teodato y consagrado sumo pontífice día 8 de junio de 536.

Vigilio (aquel diácono de la misma iglesia que el papa Bonifacio II había elegido en el Concilio de 532 para sucesor suyo por efecto de grandes intrigas y tramas inicuas) quedó ahora resentido en sumo grado de no haber sido electo para el pontificado, como esperaba. Era ya dueño de gran parte de Italia el emperador Justiniano, de cuyo Imperio disponía despóticamente su mujer Teodora. Vigilio había prometido a ésta que si lo hacía papa satisfaría sus deseos de restituir a Antimo(6)el patriarcado de Constantinopla, condenar el Concilio de Calcedonia,(7) tener comunicación con los obispos eutiquianos, a quien Teodora favorecía, y dar a esta soberana, setecientas libras de oro. Le prometió el sumo pontificado la emperatriz, y escribió al general Belisario(8) para que lo proporcionase. Viendo la silla romana ocupada ya por Silverio, ofreció a Belisario doscientas libras de oro si le proporcionaba el papado por cualesquiera medios. Belisario tomó en 10 de diciembre de 536 la ciudad de Roma, que se rindió a persuasión de Silverio. Vigilio intrigó de manera que se fingiesen cartas en que aparecía que Silverio había dado avisos a Witiges, rey de los godos, contra los intereses del ejército imperial. Esto bastó para que Belisario prendiese al papa Silverio, le remitiese a Pátara de Licia, e hiciese elegir a Vigilio por papa en 22 de noviembre de 537. Silverio escribió al emperador; éste lo ignoraba todo, y mandó que se le diese libertad para volver a su iglesia. Entre tanto Belisario pidió las doscientas libras de oro; Vigilio dijo no poder pagarlas si volvía Silverio. El general envió entonces a este desgraciado pontífice a la isla de Palmaria, interviniendo en todo esto Pelagio, diácono de Roma, legado de la silla pontificio en Constantinopla, por complacer a la emperatriz Teodora. Vigilio pagó las doscientas libras de oro con bienes de las iglesias de Roma, y Silverio murió de hambre en la isla en 20 de julio de 538.

¿Intervino en estas intrigas el influjo del Espíritu Santo? Silverio entró sin elección canónica en el pontificado por orden de un hereje. Vigilio por la de un mal católico. Éste resulta inicuo; pero en aquél no descubro los méritos para que fuese canonizado por santo mártir; pues la persecución no fue por odio a la fe católica, sino por ideas puramente ambiciosas de Teodora, Belisario, Vigilio y Pelagio.

 

59 VIGILIO

De 537 a 555

El intrigante Vigilio, papa intruso con expulsión de Silverio, supo la muerte de Silverio y proyectó legitimar su elección renunciando el pontificado, en la confianza de que Belisario proporcionaría su reelección, como se verificó.

Consideró forzoso cumplir a la emperatriz Teodora sus promesas, y escribió cartas de comunicación a Teodosio,(9) patriarca de Alejandría, Antimo, patriarca de Constantinopla, y Severo,(10) patriarca de Antioquía; todos tres depuestos por herejes eutiquianos, anatematizando en ellas el Concilio de Calcedonia y la epístola dogmática del papa san León Magno, y asegurándoles que creía y profesaba la misma doctrina que ellos, advirtiéndoles no publicar entonces el contenido de las cartas porque no consideraba ser aún tiempo oportuno. He aquí un papa hereje positivo, a lo menos externo, juzgándolo por lo escrito en sus cartas; pues si gobernándonos por su conducta hemos de formar concepto de lo que fue deveras en lo interno, deberemos creer que fue no hereje eutiquiano, sino ateísta.

Sin embargo, en 540 escribió al emperador Justiniano como verdadero católico, confirmando el Concilio de Calcedonia y la epístola de san León, anatematizando a los tres patriarcas y demás obispos de su partido, y satisfaciendo a las quejas y sospechas de Justiniano, formadas con motivo de no haberle participado su elección ni respondido a la carta del patriarca Mena.(11)

El emperador hizo condenar después las obras de Ibas el Persa,(12) arzobispo de Edesa, de Teodoro de Mopsuestia,(13) y de Teodoreto de Ciro,(14) designadas entonces con el nombre de los Tres capítulos, por haberse persuadido con engaño Teodoro de Capadocia,(15) obispo de Cesarea, que contenían errores favorables a las herejías atribuidas a Orígenes,(16) Nestorio(17) y otros; la cual condenación disminuía la autoridad del Concilio de Calcedonia, porque se hallaban en él citadas con elogio como sus autores contra Eutiques(18) y otros. De aquí resultaron varios escándalos y nuevos cismas. Justiniano quiso que el papa Vigilio fuese a Constantinopla, cuando toda la Europa estaba dividida en opiniones, defendiendo unos y condenando otros las obras de los Tres capítulos. Vigilio entró en Constantinopla día 27 de enero de 547, y al instante suspendió por tres meses al patriarca Mena, porque se había conformado con el edicto del emperador, relativo a los Tres capítulos. Justiniano le amenazó con su ira: Vigilio convocó algunos obispos a Concilio: se celebraron algunas sesiones, y disolvió sin resolver definitivamente nada. Entregó al emperador las actas y dijo después haberlo hecho para que no se vieran en Roma. En fin, condenó los Tres capítulos por complacer al emperador; pero añadiendo la cláusula de que fuera sin perjuicio de la autoridad del Concilio de Calcedonia. Los obispos de África, Iliria y Dalmacia tuvieron al papa por hereje y se separaron de su comunión. Luego lo descomulgaron en un Concilio de África. Vigilio propuso la celebración de un Concilio General, Justiniano lo convocó. Los obispos de África y otros muchos se negaron a concurrir. Teodoro de Cesarea de Capadocia y sus adherentes instaban a que la condenación de los Tres capítulos fuese sin la cláusula relativa al Concilio de Calcedonia. El emperador le apura. Vigilio se refugió en la iglesia de San Pedro del palacio de Hormisdas. El pretor de Constantinopla y tropas armadas le sacaron con violencia y malos tratamientos, año de 553. Pudo aún esconderse después en el palacio de Placidia; salir de la ciudad una noche dejándose caer por la muralla; refugiarse en la iglesia de Santa Eufemia de Constantinopla. Justiniano le hizo volver a la corte; tuvo Concilio a que no quiso asistir Vigilio; pero escribió carta condescendiendo en una parte con los votos del Concilio, y contradiciendo otra. Por fin cedió en todo a la opinión del Concilio, confesando haber faltado a la caridad en separarse de la comunión de sus hermanos, y que habiendo considerado mejor el asunto, condenaba los Tres capítulos y sus autores, cómplices y defensores, y se reconciliaba con sus censores y condenadores. El autor crítico de Los viajes de los papas dijo bien que la vacilación de Vigilio en orden a la doctrina de los Tres capítulos y su alternativa reprobación, aprobación parcial y definitiva condenación total, demuestran que los papas pueden errar en puntos de dogma.

El Concilio de que hablamos es contado por quinto de los Generales con título deConstantinopolitano Segundo, compuesto de sólo ciento y sesenta obispos; pero no logró en la Iglesia universal semejante concepto ni denominación hasta que, pasados muchos tiempos y borrada la memoria de los Tres capítulos, fue recibiéndose poco a poco en el Occidente, aunque no consta que las iglesias de España y Francia hiciesen acto especial de conformidad con la doctrina del Concilio.

Vigilio no logró ni aun con toda su condescendencia que Justiniano le permitiese volver a Roma en mucho tiempo. Antes bien, dijo a los romanos, por medio del general Narses,(19) su virrey de Italia, que si no estaban contentos con Vigilio pudiesen elegir otro, a cuyo fin les designaba la persona del diácono Pelagio, legado de la silla pontificia en Constantinopla, como hemos visto. Los de Roma dijeron que no pensaban elegir mientras viviese Vigilio; pero que muerto éste, harían su voluntad en la designación de sucesor. Este pasaje prueba la grande autoridad del soberano de Roma en la elección de sumo pontífice, y la corrupción moral con que se manejaban los nombramientos.

La promesa de los romanos fue como sentencia de muerte de Vigilio. Salió para Sicilia con permiso de Justiniano y murió allí en 10 de enero de 555. San Pedro Damiano,(20) cardenal de Roma en el siglo XI, habla de Vigilio como de un impío, malvado y execrable. A la verdad este juicio de un santo romano está confirmado sólidamente con la conducta herética, inmoral, inicua del papa, de manera que debe admirarnos el lenguaje de Baronio(21) en los Anales, aun conociendo su empeño de hablar bien de los papas en todo caso posible.

 

CONTINÚAN LAS DUDAS SOBRE
EL CATECISMO DEL PADRE RIPALDA(22)

Duda novena. Hablando del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, pregunta ¿quién está en el Santísimo Sacramento del Altar?, y responde: "Jesucristo Nuestro Señor, en cuerpo y alma glorioso. Así como está en el Cielo, tanto está en la hostia como en el cáliz y en cualquiera partícula." Hasta aquí estamos bien y así lo creemos todos; pero luego pregunta ¿queda el pan en la hostia y el vino en el cáliz, después de haber dicho el sacerdote las palabras de la Consagración?, y responde: "no, porque por virtud de las palabras que el sacerdote dice en persona de Cristo, el pan se convierte en el cuerpo, y el vino en la sangre de Nuestro Señor Jesucristo."

Aquí tiene usted, doña Tecla, una respuesta que lleva por la mano a los ignorantes a persuadirse de que en la hostia está el cuerpo sin sangre, y en el cáliz la sangre sin cuerpo, lo que es una herejía.

Aun más se persuadirán a ella si saben que las palabras que el sacerdote profiere sobre el pan, son éstas: "éste es mi cuerpo." Y las que pronuncia sobre el vino, éstas: "éste es el cáliz de mi sangre." Agregue usted a esto que los devocionaritos de oír misa que andan en manos de las viejas y gente idiota, coinciden en este error, cuando en las oraciones de adoración al Sacramento, dicen al alzar la hostia:adorámoste verdadero cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo; y al alzar el cáliz,adorámoste, preciosísima sangre de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Cuántas veces habrá usted rezado esto con sus muchachas!

Con semejantes oraciones y doctrina, los ignorantes que son los más, creen que en la hostia está el cuerpo solo, y en el cáliz la sangre sola de Nuestro Señor Jesucristo. Si el padre Ripalda se hubiera contentado con su primera explicación, nada tendríamos que decir; pero hizo la segunda y la respondió mal, me parece. Si hubiera dicho ¿queda el pan en la hostia y el vino en el cáliz, etcétera?, y respondiera: no, porque por virtud de las palabras que el sacerdote dice en persona de Cristo, el pan se convierte en su cuerpo y sangre, y el vino en su sangre y cuerposacrosanto, estaría mejor explicado, y no provocaría la errónea distinción en que están los más de los fieles. Pregunte usted a cuantos quiera (que no sean teólogos ni estudiantes) ¿qué adoran en la hostia y en el cáliz?, y verá cómo los más le responden que en la hostia el cuerpo y en el cáliz la sangre de Cristo. Me parece, pues, que el padre Ripalda, erró también la respuesta criticada. ¿Qué dice usted?

Duda décima. La mayor parte de las gentes de nuestra tierra creen de fe cuanto dice el Catecismo de Ripalda, y éste afirma como tales, cosas que no son de fe. Por ejemplo, pregunta en la declaración del Ave María ¿dónde está nuestra Señora la Virgen María?, y responde: "está en el Cielo en cuerpo y alma gloriosa." Esto no es de fe, como no lo es su Concepción en gracia. Una cosa es que la Iglesia lo creapiadosamente, y otra que sea de fe. De consiguiente, es un abuso afirmarlo como tal en un catecismo. Es abuso o séase ligereza, puede ser origen de pecados reales y verdaderos, y aun de odios, malas voluntades, juicios falsos y escándalos de niños; ¿qué dirá de mí la vieja fanática o el devoto ignorante que, como usted, solamente se ha atenido al padre Ripalda para aprender su doctrina?; ¿qué dirá, repito, cuando oiga decir, "que El Pensador dice que ni la Concepción de María Santísima en gracia, ni su Asunción al Cielo en cuerpo y alma, son misterios de fe, ni la Iglesia nos obliga a creerlos"? ¡Jesús!, dirán que soy hereje, me aborrecerán y el que pueda me hará algún daño para vengar a la Madre de Dios, a quien creerá agraviada por mí. ¡Tales son los efectos del fanatismo! ¿Cuáles no serán apoyado éste, nada menos que por el único Catecismo que han aprendido nuestros paisanos, y por el único que enseñan a sus hijos?

En los artículos, hablando el padre Ripalda de los infiernos, los divide en cuatro senos o lugares, señalando el limbo como el primero, y por cierto que el tal limbo no es de fe: ni una vez siquiera se mienta en ninguno de los dos Testamentos. Parece que este departamento se encontró en el siglo IV de la Iglesia. Si me engaño, usted me instruirá, doña Tecla, para eso le consulto mis dudas. San Agustín, que despacha al infierno a los niños que mueren sin bautismo, o no creyó en el limbo, o en su tiempo no se había descubierto.

Se continuará

 

CONCORDATOS CON LA SILLA APOSTÓLICA

La liberal y benéfica resolución del estado de Guanajuato(23) sobre arreglo de diezmos, sin necesidad de concordato, nos facilita ocasión de decir algo sobre esto.

Es muy natural que el actual pontífice no entre con nosotros en ninguna especie de convenio sobre puntos de dinero, especialmente si ha visto el dictamen de las Comisiones Unidas sobre las instrucciones del enviado a Roma.

La corte del Tíber, poco acostumbrada a ceder cuando pierde algo de las que juzga sus regalías, se obstinará en no formar concordatos con las Américas, con el objeto de infundirles un divino temor para hacerlos ella con entera libertad e independencia de las luces del día y de la autoridad civil. Así nos lo ha pronosticado el reverendo obispo(24) y Cabildo Eclesiástico de Oaxaca.(25)

Es pues necesario que los pueblos sepan que en Roma está a un mismo tiempo la silla de san Pedro y el trono de un monarca absoluto; que el papa es el sucesor de los apóstoles, el lugarteniente del humilde y pobre Jesús, y el siervo de los siervos de Dios; pero también es el papa un rey con tres coronas: un señor de vasallos con su corte y tropas que mantener; que esta corte es muy pobre y ociosa, y que desde que dejó de ser ilustrada y valiente y pasó a ser apostólica, se ha mantenido a costa de los fieles cristianos.

Así es que es necesario advertir que el papa es un soberano pobre e insignificante en la Europa, a quien se ha rebajado inmensamente el prestigio que obtuvo sobre todos los príncipes cristianos en los siglos de la servidumbre y la barbarie; pero como no por esto se han disminuido sus necesidades, de ahí es el fuerte empeño que su curia tiene en sostener sus pretendidos privilegios; porque ¿cuál fuera el estado de Roma si el pescador universal quedase únicamente en posesión de las facultades espirituales que concedió Jesucristo a san Pedro? Sería necesario o trabajar con sus manos para comer, como lo hacían san Pablo y los demás apóstoles, o ir vendiendo los Estados que donaron a la silla apostólica Carlo Magno, su hijo, Constantino y otros.(a)

Considerado, pues, el papa como un soberano temporal, pobre y sin más recursos para subsistir que los plomos de sus sellos y los pergaminos de sus bulas, es de temerse que no entre por concordato alguno que no le proporcione ventajas reales y efectivas; pero el pueblo debe saber que los concordatos no son disposiciones apostólicas, sino invenciones de la curia romana: que los concordatos son ilegales, como lo es todo contrato en que una parte se obliga a mucho, y la otra a nada, y, por último, que los concordatos son innecesarios, y que sin ellos se puede mantener la fe, la religión católica, la unidad de aquélla, y arreglarse la disciplina exterior de la Iglesia, así como se arregló en Francia en los reinados de san Luis y Carlos VII, y así como se está arreglando actualmente en Colombia.

¿Y qué son los concordatos?, ¿qué efectos producen? "Son —decía el célebre don Manuel de Roda—(26) unos pactos radicalmente injustos por contravenirse en ellos el axioma legal de nemo rei alienae legem dicere potest",(b) y según un ilustrado español:

un aborto de la monarquía universal de los papas amalgamada con el mando absoluto de los reyes, para cuya formación jamás se ha contado con los derechos de las naciones, siendo pactos entre dos personas sin memoria o rastro de éstos, fundados sobre la idea de unos puros privilegios concedidos por los papas a los reyes. Éste es el verdadero significado que en el diccionario de Roma tiene la voz concordato. El cimiento es el señorío temporal de los papas sobre las autoridades civiles, el desprecio del derecho metropolítico, y el olvido de los antiguos cánones que forman el derecho común de la Iglesia.(c)

"Los concordatos —añadía Vargas(27) en carta al cardenal Granvella—(28) son tratados en que el papa quita a todos lo que parece que da, tratados en que éste no se cree ligado, pudiendo anularlos y observarlos ya directa o ya indirectamente." España puede presentar ejemplares de su debilidad en los celebrados por los reyes católicos; y los señores Campomanes(29) y Moñino(30) aseguraron que, en un expediente reservado, constaba al Consejo que "en Roma se buscaban papeles y razones y arbitrios para dar por nulo el concordato del año de 1753", que se miró como una obra maestra de la política, y que en mi opinión no hizo más que paliar el mal, dejando en pie la causa.

Y a la verdad ¿qué fruto ha sacado España de su concordato, obra grande sin duda para la época en que se ajustó? Partir con Roma el patronato eclesiástico que, según vimos, es todo de la nación; radicar en aquella corte la confirmación de los obispos; hacer dependiente de ella el derecho de imponer contribuciones sobre el clero; dejar en depresión los derechos de los obispos; y sacrificar del modo más vergonzoso la riqueza pública por adquirir de mano ajena ciertas prerrogativas, que tenía en sí radicalmente la autoridad soberana, y que en el hecho de comprarlas a Roma, reconoció ser suyas. Cuando el ajuste del concordato, la curia exigió por una vez 6 000 000 de reales en recompensa de lo que supuso que perdía en la parte del patronato que abandonaba, y 12 000 000 por la renuncia que hizo de las pensiones bancarias que sin derecho exigía, se quedó con el de expedir bulas de todas clases, y con la facultad de exigir por ellas remuneraciones pecuniarias: gravó a España con la manutención del nuncio, y con la obligación de acudir con una cantidad anual para la fábrica de San Pedro y de San Juan de Letrán. De suerte que hecha la regulación, por lo que han producido estas gracias en el sexenio corrido desde 1814 a 1820, resulta que la nación española habrá desembolsado desde el año de 1753 hasta el día, 521 671 104 reales por la adquisición de un tratado, que no compensa con sus ventajas la magnitud de la pérdida que ha padecido y está padeciendo.

Un gobierno robustecido con la opinión deberá contener estos desórdenes, enfrenar las arrogantes pretensiones de Roma, y restablecer a los obispos en sus derechos, seguro de que como decía Cano(d) "no conoce a Roma quien pretende sanarla. Enferma, y entrada más que en tercera ética,(31) la calentura metida en los huesos, y en fin, llegada a tales términos que no puede sufrir su mal ningún remedio."

Si en Roma conocen de nosotros la flaqueza y miedo de religión y que, con títulos de "obediencia y respeto a la Santa Sede, dejamos de resistirlos y remediar los males que nos hacen, con los mismos temores nos asombrarán cada y cuando que quisieren hacer sus hechos, y tendrán por cierto que harán lo que quisieren." La América al abrazar el sistema republicano, está destinada para poner término al absolutismo pontificio, como ha sabido desterrar el de los reyes. Los gobiernos del Nuevo Mundo, adoptando una política diáfana, proscribiendo los manejos secretos de egoísmo y de la superstición de que se valen los déspotas para sostenerse, llevando por norma de su conducta la felicidad general y no el engrandecimiento de una familia, deben al fin romper las cadenas ominosas que los errores y las pasiones han impuesto a la humanidad bajo el especioso pretexto de una religión toda divina y benéfica, que recomienda y acata los principios sociales y mira con afición a las repúblicas y a los gobiernos moderados.

Las Américas independientes, al abrir un asilo seguro a la ilustración y a las virtudes que huyen del Viejo Continente holladas, perseguidas y atormentadas por la mano del despotismo civil y religioso, deben con firme denuedo dar a la corte romana el último desengaño, y huyendo de concordatos y de transacciones, con el código sagrado de la iglesia antigua española en sus manos, y el alma llena de las verdades que conserva la historia, deberán decir a la curia que su jefe no ejercerá en aquellos venturosos países otra autoridad que la que le reconocen los cánones de la primitiva, y que celosos los hijos de Anáhuac(32) en mantener la libertad civil y la independencia religiosa, emplearán su poder en apartar los obstáculos que pudiere hallar su decisión. Los gobiernos nuevos de América, penetrados de que como dice el sabio Mier(33) "cada iglesia tiene en su seno los elementos necesarios para conservarse y extenderse, mientras tenga obispos y presbíteros", deberán añadir con toda la firmeza del convencimiento "que si Roma se obstina, recurrirán al mismo medio que en circunstancias iguales han sostenido otras naciones católicas, volviendo a la primitiva y santa disciplina de la Iglesia."

¿Y acaso la libertad civil se puede avenir con la opresión religiosa? ¿Los americanos estarán seguros en el goce de sus derechos, mientras una fatal deferencia a la corte romana los haga ciegamente sumisos a la voluntad de un soberano extranjero, cuya política sabe relajar los lazos sociales, cuando conviene a sus intereses, corromper la opinión y socavar los cimientos de los gobiernos que no les juran una absoluta obediencia? ¿Y los americanos sé detendrán por el respeto a unos caducos cánones, cuya falsedad leal es conocida, o por miedo a unas decretales promulgadas por la violencia? "Si temores de piedad y religión —continúa Melchor Cano— hacen a vuestra majestad alzar la mano del reparo de tantos daños... ese miedo cubierto en forma de reverencia y respeto religioso, será más cierto, y para más breve y total destrucción de la Iglesia." ¿Retroceden las Américas de su actual empresa por el acatamiento a las leyes civiles que condenan como criminales sus esfuerzos? ¿No hubieron de vencer mayores estorbos para emanciparse de la Metrópoli, que los que puede ofrecer ya la consumación de la grande obra de la libertad, poniendo término a las usurpaciones romanas?

Si por una desgracia inconcebible, a los gobiernos nuevos de la América les faltare el valor y decisión necesaria para llevarlo al cabo, los amantes de las libertades llorarán amargamente el infortunio de sus habitantes, y al fundirse en las sombras impenetrables de la eternidad, llevarán consigo el triste desconsuelo de no ser dado mejorar la suerte del linaje humano.

 

SENTENCIA DEL PADRE ARENAS(34)

Concluida la sumaria información por el fiscal de la causa sobre las circunstancias de la conspiración contra nuestra Independencia, intentada por los enemigos de ella, en la que se halla comprehendido el padre fray Joaquín Arenas, religioso de San Diego, se mandó elevar a proceso; y estando en estado de sentencia, se mandó juzgar en Consejo de Guerra Ordinario, el que comenzó el 22 del presente a las nueve de la mañana, se suspendió a las dos de la tarde, y el 23 del mismo se ha concluido en uno de los salones del Palacio Nacional.

Se oyó la petición fiscal y la defensa del reo, y a continuación los señores vocales del Consejo, teniendo presente el decreto del Soberano Congreso Constituyente de 13 de mayo de 1822, que dice:

deseando el Soberano Congreso Constituyente combinar la clemencia con la justicia para asegurar en todo lo posible el orden y tranquilidad interior, evitando por cuantos medios estén a su alcance la efusión de sangre, ha tenido a bien decretar: Que la pena de delito de conspiración contra la Independencia, cuya imposición se reservó a su majestad, por el artículo 22 del Plan de Iguala, es la misma que señalan las leyes vigentes, promulgadas hasta el año de 1810, para castigar el de lesa majestad humana, declararon con unanimidad de votos que el reo fray Joaquín Arenas sea pasado por las armas en la Plaza Nacional, dejando su cadáver a la expectación pública por espacio de tres horas.

 

COMUNICADO

Señor editor del Correo Semanario de México, Oaxaca, enero 26 de [1]827. Muy señor mío: la nación debe sentir siempre la pérdida de aquellos hombres que son el apoyo y sostén de su Independencia, y que contribuyen de cuantos modos pueden a la propagación de las luces, tan necesarias hoy para destruir el fanatismo, que incesantemente trabaja por derribar el sistema más análogo, más justo y benéfico que felizmente nos rige, como el más opuesto a los abusos de éstos, pues jamás se conformarán con él, en virtud de que están convencidos que en llegando el hombre a conocer sus derechos, han de rebajarse los que ellos así han llamado, no siendo otra cosa en realidad que unas estafas.

Me iba divagando, señor editor, usted dispense, y vamos al caso. Soy uno de los que tengo el honor de ser su subscriptor, y he visto en uno de sus números estampada la funesta noticia de la muerte del ciudadano Prisciliano Sánchez,(35)gobernador de Jalisco:(36) muerte que debe sentir todo verdadero patriota, pues sus hechos acreditaron lo útil que fue a aquel Estado, ¿y debe sentirse menos la del ciudadano Manuel Santaella, senador del Estado de Oaxaca? Dígase lo que se quiera, Santaella era un patriota, era un hombre de bien, lo que ciertamente no podrán negar ni aun sus más acérrimos enemigos, pues éstos así lo deben confesar en el fondo de su corazón, a pesar de que se expresen de distinto modo; pues si así lo hacen es (como he dicho antes) porque Santaella deseaba la ilustración, y ésta se opone a los abusos de los que se llaman defensores de la religión; como si a ésta no fuera opuesto el desopinar a un hombre de bien, y que observaba una conducta irreprehensible, en contraste de sus émulos que la observan la más escandalosa como, verbigracia..., basta, señor editor, ya esto va largo, restándome sólo suplicar a usted se sirva estampar la siguiente décima, que aunque tendrá mil defectos, así como este Comunicado, procedentes de que jamás he sido ni poeta, ni escritor, no he podido menos que poner ambas cosas en obsequio de los dos expresados patriotas.

 

¡Oh muerte cruel! ¡Oh tirana!
¿Todavía no te has saciado
con tanto héroe que has matado,
y aún eres tan inhumana?
 
La nación americana
hoy te pone esta querella
¿por qué matas a SANTAELLA
y conservas al tirano?
Te llevaste a PRISCILIANO
¿y aún vive el hijo de Estrella?

 *

 

Otrosí, señor editor, por si usted tuviere a bien darlo al público.

Se dio por el Congreso de este Estado una ley de contribución, y para llevarla a efecto en el capítulo 2º, artículo 8º dice: que en las cabeceras de parroquia se formará una Junta de Clasificación, compuesta de dos individuos de su seno, de un labrador, un comerciante, un empleado en rentas y el cura. Sucedió, pues, que en la cabecera de Zola,(37) distante diez leguas de esta capital, reunida ya la Junta, se llamó al padre vicario (que cuidaba el curato para muerte del propietario, quien lejos de tratarlo como su vicario o compañero le llamaba su potro), se llamó pues como dije, y habiendo llegado preguntó el objeto, y habiéndosele manifestado, prorrumpió en improperios y execraciones contra el Congreso, diciendo que éstos eran unos pícaros ladrones, que allí nadie mandaba sino sólo él, y concluyó rompiendo el cuadernito que se mandó por el gobierno de norma, y la Junta quedó disuelta. ¿Qué le parece a usted, señor editor, seremos independientes? Ya usted sabe el caso, sírvase usted decirme lo que le parece, siendo mi opinión que en este caso el culpable sería el alcalde que presidía la Junta, siempre que exponiendo su queja se tomasen medidas por un atentado tan criminal; pero como sabe, y es público, que tales hechos, como los cometa un clérigo, se quedan impunes, no tuvo otra cosa que hacer que callarse la boca; yo protesto que si lo hubiera hecho un particular (como se ha visto en menos delitos) en minutos se le habría formado la causa, y cuando menos se le hubiera destinado a la Marina.

Soy de la opinión de usted, señor editor, Fernando VII es un tonto; si mandara uno o dos batallones de clérigos y frailes, siendo los canónigos los oficiales y jefes los obispos antindependientes, la cosa era hecha. Ellos insultan al gobierno, y éste se calla, sus órdenes no las obedecen, atacan la propiedad del infeliz impunemente, y últimamente hacen lo que les da la gana a pretexto de religión.

He visto muchas cosas escritas en su apreciable Correo; mas si usted tiene a bien dar un lugarcito a mis comunicados, sabrá muchas cosas que deben salir a la luz pública, para desengaño de los ignorantes, dispensando lo molesto de su afectísimo seguro servidor. El Enemigo de los Fanáticos y Amante de los Patriotas.

 

NOTA

Desde el número 16 que sigue, notarán mis lectores interrumpido el orden cronológico de los papas, y no quiero tenerlos con la duda, antes sí satisfacerlos desde ahora.

Es el caso que tuve la imprudencia de emprender este periódico sin contar con el número de subscriptores suficientes a costearlo, fiado en que por el corto precio sobrarían; mas no fue así, no se han colectado los suficientes, y aun de los que hay, se han salido algunos devotos que se han espantado con las vidas de los papas; y aun ha habido quien diga "que el Correo es un impío, porque critica el Catecismo del padre Tellechea,(38) los exorcismos de san José, habla contra los diezmos, sobre concordatos, patronatos y el padre Arenas, añadiendo además las vidas de los papas, como si todos quisieran saber vidas ajenas." Por este motivo se han borrado algunos de estos escrupulosos, que bien casados con su antigua ignorancia, tienen por irreligioso toda verdad, todo descubrimiento que ataque los abusos del clero, y por herético, cuanto se dijere a combatir los excesos de la corte del Tíber, y a referir los crímenes de muchos de los sucesores de san Pedro.

Por mí, desprecio como debo a estos fanáticos: mas que se vayan todos y ni uno siquiera lea mis obras, al fin no las entienden. Por la única razón de que no me costeó, parará este periódico en el número 24; pero en los números que faltan daré a mis subscriptores los retratos de los papas que más han sobresalido en vicios y virtudes. Yo no tengo la culpa de que aquéllos sean más que éstos, ni de que la historia nos haya transmitido sus hechos.

 


(1) México: 1827. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros.

(2) Durango. Cf. nota 2 al núm. 1.

(3) Guadalajara. Cf. nota 3 al núm. 1.

(4) Tlacotalpan. Cf. nota 4 al núm. 1.

(5) Perote. Cf. nota 5 al núm. 1.

(6) Antimo. Cf. nota 16 al núm. 14.

(7) Concilio de Calcedonia. Cf. nota 10 al núm. 10.

(8) Belisario (505-560). Caudillo bizantino. Justiniano le confió el mando de sus tropas. Derrotó a los vándalos en África y a los godos en Italia. En 547 la ciudad de Roma era incorporada al Imperio de Justiniano gracias a las condiciones que logró Belisario.

(9) Teodosio. Gramático griego.

(10) Severo. Patriarca de Antioquía. Publicó su Philalethes que es una controversia dentro del monofisismo. Por ende, combatió la doctrina de las dos naturalezas de Cristo.

(11) Mena. Cf. nota 16 al núm. 14.

(12) Ibas el Persa. Obispo de Edesa (435). Tradujo al siriaco algunos escritos de Teodoro de Mopsuestia, y fue acusado de nestoriano y depuesto de sus cargos por el llamado Latrocinio de Éfeso. El Concilio lo repuso. Su famosa carta al obispo Persa Maris —uno de los llamados Tres capítulos— fue condenada por el segundo Concilio de Constantinopla.

(13) Teodoro de Mopsuestia (¿-356). Prelado y escritor eclesiástico. Amigo de san Juan Crisóstomo. Escribió comentarios a casi toda la Sagrada Escritura. Partidario de su discípulo Nestorio.

(14) Teodoreto de Ciro. Cf. nota 22 al núm. 9.

(15) Teodoro de Capadocia. Sólo tenemos noticia de Ascidias, monje del convento de Nova Laura y arzobispo de Cesarea durante el reinado de Justiniano I. Sus doctrinas origenistas fueron condenadas por el Concilio celebrado en 563.

(16) Orígenes. Cf. nota 23 al núm. 6.

(17) Nestorio. Cf. nota 7 al núm. 12.

(18) Eutiques. Cf. nota 9 al núm. 13.

(19) Narses (478-569?). Caudillo bizantino. Un eunuco que fue figura principal del Imperio de Justiniano. Destruyó los ejércitos de los reyes Totila y Teia. También venció a los francoalemanes, invasores de la Península. Gobernó Italia durante quince años con el título de patricio.

(20) Pedro Damiano (1007-1072). Cardenal italiano. Introdujo la flagelación en su orden: los camaldulenses. Luchó contra la inmoralidad y simonía de los clérigos. Fue obispo de Ostia. Compuso un Officium beatae virginis e inició la costumbre de consagrar los sábados a la Madre de Dios, costumbre sancionada por el Concilio de Clérmont. Sus obras comprenden ciento cincuenta y ocho cartas y setenta y dos sermones, vidas de santos y diversos tratados ascéticos.

(21) Baronio. Cf. nota 10 al núm. 8.

(22) Ripalda. Cf. nota 84 al núm. 5.

(23) Guanajuato. Estado cuyos límites son: Querétaro, Michoacán, Jalisco y San Luis Potosí.

(24) obispo de Oaxaca. Cf. nota 25 al núm. 9.

(25) Oaxaca. Cf. nota 34 al núm. 7.

(a) Estas donaciones fueron tan justas como las que Alejandro VI hizo a los reyes de España de estas Américas. Nada de cuanto aquellos emperadores dieron al papa, era suyo: todo fue usurpado a otros.

(26) Manuel Roda y Arrieta, marqués de Roda. Abogado español, ministro plenipotenciario de España en Roma. Ministro de Gracia y Justicia. Apoyó a Carlos III para la expulsión de los jesuitas. Escribió Historia de la Inquisición.

(b) Ocios de los españoles emigrados, tomo 2, folio 309.

(c) Melchor Cano. Parecer dado a Carlos V.

(27) Quizá Martín Vargas. Religioso y reformador español. Tomó el hábito de san Jerónimo. Confesor del papa Martín V.

(28) Granvella. Antonio Perrenot de Granvela (1517-1586). Cardenal y ministro de Carlos V y Felipe II.

(29) Pedro Rodríguez, conde de Campomanes (1723-1803). Político, escritor y economista español. Miembro y presidente de la Academia de Historia, presidente del Consejo de Castilla, fundador de la Sociedad Económica de Amigos del País. Escribió: Disertaciones históricas del orden y caballería de los Templarios; Antigüedad marítima de la república de Cartago; Discurso sobre el fomento de la industria popular;Memoria sobre los abastos de Madrid; Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento, y otras obras.

(30) José Moñino y Redondo, conde Floridablanca (1728-1808). Fiscal español del Consejo de Indias. Organizó la administración pública y la marina. A él se debe el establecimiento postal, la construcción del observatorio astronómico, el gabinete de Historia Natural, la creación del Banco de San Fernando, la Compañía de Filipinas, etcétera. Carlos III pidió a su hijo Carlos IV que conservara este auxiliar. El nuevo monarca lo exoneró de sus cargos y permitió que se lo llevaran preso a Pamplona. Ya en libertad, quedó al margen de la cuestión pública hasta la invasión francesa, frente a la que creó la Junta Central. Sus escritos le valieron ser incluido en el catálogo de autoridades de la Academia de la Lengua.

(d) En el citado discurso.

(31) ética. Sabemos que el hético era el tísico. La fiebre hética era la fiebre del tísico.

(32) Anáhuac. Se dio este nombre a los terrenos contiguos al valle de México. Más tarde se hizo extensivo a todo el país conocido por los mexicanos. Cuando llegaron los españoles, el territorio del Anáhuac comprendía los que actualmente son estados de Colima, México, Puebla, Oaxaca, Guerrero y partes de Chiapas, Tabasco, Veracruz y Querétaro. Durante la Independencia ya se llamaba Anáhuac a toda la República Mexicana.

(33) Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra (1765-1827). Doctor mexicano en teología. Cooperó con el movimiento de Independencia y más tarde fue diputado. Iturbide lo apresó. Entre sus obras se cuenta: Historia de la Revolución de la Nueva España, Cartas de un americano al español, Apología, Manifiesto apologético, yMemorias.

(34) Arenas. Cf. nota 15 al núm. 10.

(35) Prisciliano Sánchez. Cf. nota 31 al núm. 8.

(36) Jalisco. Cf. nota 32 al núm. 8.

(37) Zola. Por Sola. Municipalidad del distrito de Zimatlán, estado de Oaxaca. A su vez, Sola es el pueblo cabecera de la municipalidad del mismo nombre.

(38) Tellechea. Cf. nota 18 al núm. 2.