[NÚMERO 14]

CORREO SEMANARIO DE MÉXICO(1)

Miércoles 21 de febrero de 1827


El precio de la subscripción a este periódico serán 6 reales mensales en México y un peso fuera. Se reciben las subscripciones en esta capital en la Librería del difunto Ontiveros; en Durango,(2) en casa del ciudadano Pedro Carrasco; en Guadalajara,(3) en la del ciudadano José Ignacio Herrera; en Tlacotalpan,(4) en la del ciudadano coronel Joaquín García Terán; en Perote,(5) en la Administración de Correos, y se irá advirtiendo en qué otras de otros lugares, según se proporcionen correspondientes.

 

PAPAS

SIGLO VI

52 HORMISDAS

De 514 a 523

Este sumo pontífice fue elegido en 26 de julio de 514, y murió en 6 de agosto de 523. Su elección fue celebrada en presencia del famoso Casiodoro,(6) cónsul de Roma, secretario del rey Teodorico, que lo comisionó para intervenir en la elección a fin de que fuese pacífica, evitando los peligros de otro cisma. Mis lectores pueden ir notando los muchos casos en que consta la intervención del soberano temporal en las elecciones de papas o confirmaciones de las hechas sin asistencia del magistrado. Todos estos ejemplares repetidos desde la conversión de Constantino Magno, condenan las orgullosas usurpaciones del papa Gregorio VII y sucesores, que no sólo negaron este derecho legítimamente adquirido a los emperadores de Alemania, sucesores de Carlo Magno, y de otros que lo poseyeron, sino que, pasando de un extremo al otro contrario, tuvieron la osadía de atribuirse derecho para intervenir en la elección, confirmación y coronación de dichos emperadores, y aun para deponerlos, como se verificó algunas veces.

El papa Hormisdas consiguió, año 518, la reconciliación de la iglesia de Constantinopla y tranquilidad del Oriente, después de un cisma de treinta y cinco años. Los escritores que miran los sucesos por el lado favorable a los papas, admiran la firmeza de los sumos pontífices Félix III, Gelasio I, Anastasio II, Símaco y Hormisdas contra los emperadores Zenón, Anastasio I y Justino I, así como contra los patriarcas de Constantinopla: Acacio,(7) Frabito, Eufemio,(8) Macedonio,(9)Timoteo y Juan II.(10)

El que lea la historia de aquel cisma con ojos filosóficos imparciales, no puede menos de escandalizarse de la dureza de los papas y de su espíritu ambicioso de mandar, en todo ser superiores a todos, y obedecidos por todos sin ceder en nada aun cuando interesen en ello la Iglesia y la caridad cristiana, sirviendo siempre de pretexto la religión misma, y el celo de conservarla pura. El cisma comenzó, año 484, excomulgando el papa Félix III al patriarca Acacio, porque había comunicado con algunos obispos herejes eutiquianos, enemigos del Concilio General de Calcedonia.(11) El emperador, el patriarca y muchos obispos despreciaron la excomunión diciendo ser nula mediante que Acacio era católico y su comunicación con los enemigos del Concilio no había sido en materias dogmáticas sino civiles. El papa se ofendió; anatematizó al patriarca; lo declaró depuesto del patriarcado y se explicó en términos ofensivos contra el emperador. Murió Acacio: se nombraron sucesores; el papa mandó borrar de las Dípticas, canon o catálogo de obispos muertos, el nombre de Acacio, y no se le obedeció. Se trató muchas veces de reconciliación, especialmente cada vez que había papa nuevo, sucesor de Félix. Siempre dejó de verificarse únicamente porque los papas lo resistieron, afirmando vigorosamente que jamás podía ser mientras no se borrase de las Dípticas el nombre de quien murió excomulgado por el sucesor de san Pedro. El emperador Justino y el patriarca Juan II se allanaron, por último, a cuanto quiso el papa Hormisdas, mediante constarles el estado de la opinión pública de los cristianos del Oriente que vivían sumamente descontentos del cisma y culpaban a los emperadores y patriarcas.

¿No fue tenacidad orgullosa de los papas el negarse a reconciliación por un motivo tan despreciable? ¿Cuál era la importancia de borrar el nombre de Acacio? Sólo interesaba el orgullo pontifical de que prevaleciera la potestad romana. Por lo demás, los papas confesaban que Acacio era buen católico, condenador de los eutiquianos y defensor de la doctrina del Concilio de Calcedonia. La excomunión lanzada contra él sonaba ser porque comunicaba con herejes, pero su origen verdadero fue la mala disposición de los papas contra los patriarcas de Constantinopla. Desde la elevación honoraria de éstos en el Concilio General(12) del año 384, todos los papas fueron émulos suyos, porque preveían el gran poder que les proporcionaría la corte del Oriente, y sospechaban que los obispos de Roma decaerían por grados aun en el Occidente, porque sus emperadores residían en Ravenna. El Concilio General de Calcedonia confirmó, año 451, las sospechas, elevando a jurisdiccional el patriarcado que sólo había sido de honor, y eternizando la memoria de origen verdadero de la extensión de potestad del primado romano. Los pontífices no pudieron llevar en paciencia lo uno ni lo otro. San León Magno no encontró entre sus virtudes la de conformarse con las novedades del tiempo: y si un santo tan grande manifestó el excesivo celo del engrandecimiento de su silla y los celos del que veían en la de Constantinopla, menos libres estuvieron los sucesores. En vano buscaremos otro principio sólido para la dureza de los papas para con Acacio y los que le sucedieron.

El papa Hormisdas se puso en contradicción consigo mismo por esta conducta, pues él comunicaba con el rey Teodorico, hereje arriano, y con todos los herejes que le convenía para sus ideas romanas. Aun en el asunto mismo de la reconciliación con el patriarca y emperador constantinopolitanos, consultó primero con Teodorico, para lo cual hizo un viaje directo desde Roma a Ravenna. Recibió también de Teodorico varios dones en ofrenda para la iglesia de San Pedro de Roma: cosa expresamente prohibida en los cánones, porque recibir las ofrendas de los herejes es comunicar con ellos en las cosas divinas; extremo a que nunca llegó Acacio con los eutiquianos. ¡Tanto ciega la pasión en causa propia!

 

53 JUAN I

De 523 a 526

Este pontífice fue a Constantinopla como embajador extraordinario del rey Teodorico al emperador Justino, con el encargo de pedirle que no prosiguiese persiguiendo a los arrianos y les restituyese las iglesias que les había quitado, protestando que de lo contrario haría otro tanto con los católicos en Italia. Justino cesó en la persecución, pero no restituyó los templos. El papa de regreso a Ravenna fue puesto en prisión y murió en ella por enfermedad natural a poco tiempo. Los romanos cuentan a Juan I en el número de los santos mártires. Es bien difícil probar que lo fuese. La causa de su prisión fue puramente política, es decir, la sospecha de prevaricación en la embajada. Lo cierto es que si hubiera procedido en ella con sinceridad hubiera hecho a Justino restituir las iglesias.

Para testimonio de la constancia del sistema romano, conviene saber que Epifanio,(13) patriarca de Constantinopla, ofreció su iglesia patriarcal al papa Juan, para celebrar los divinos oficios si gustaba; y el romano pontífice no quiso aceptar sino con la condición de ocupar primera silla preferente a la de Epifanio, aunque éste alegaba la reputación de los cánones en iglesia de otro prelado. Juan dijo serlo de todas las del orbe cristiano, y que así residía siempre dentro de la iglesia propia. Se conoce bien cuál espíritu dominaba en los papas.

 

54 FÉLIX IV

De 526 a 530

Este papa fue elegido por el rey Teodorico en 24 de julio de 526 con aplauso del Senado Romano que lo reconoció por sumo pontífice. El rey murió a 30 de agosto, y sin embargo Félix fue consagrado papa en fines de septiembre. Edificó la iglesia de San Cosme y San Damián y reedificó la de Saturnino.

He aquí un papa elegido por un rey hereje, soberano del país como los antiguos césares. Ningún cristiano de aquel tiempo ni de los cercanos imaginó poner en dudas la legitimidad de la elección. Los papas y sus curiales dedicaban en el siglo VI toda su ambición a consolidar el primado romano sobre el patriarcado de Constantinopla, única dignidad eclesiástica que les daba recelos por la protección inmediata de los emperadores de Oriente. Sufrían lo demás con paciencia, porque no se les ocultaba su menor importancia. El clero romano sentiría muchísimo no haber celebrado su elección pontificia, pero adoptó la hecha por el bien de la paz, y no entró en disputas tan perjudiciales como inútiles.

 

55 BONIFACIO II

De 530 a 532

CISMA V

Muerto Félix IV en 18 de septiembre de 530, fue ordenado sucesor suyo Bonifacio II, en 13 de octubre, por una parte del clero romano; pero en el mismo día otra parte del propio clero hizo consagrar por soberano pontífice a Dióscoro, de lo que resultó el quinto cisma. Duró casualmente poco tiempo por haber muerto Dióscoro en 16 de octubre. Había fallecido el rey Teodorico en 30 de agosto de 526, y reinaba su nieto Amalarico, muchacho de 13 años, bajo la tutela de su madre viuda Amalasunta,(14) hija única legítima de Teodorico. La minoridad del rey y la circunstancia de ser el reino gobernado por una mujer, dio a los clérigos romanos ánimo para intentar la reivindicación de sus derechos de elegir; pero al mismo tiempo el espíritu de ambición que dominaba en sus propias almas no les permitió la conformidad necesaria para persuadir con ejemplos prácticos que la razón era su norte y guía. ¿Cómo se ha de persuadir a los protestantes ni a nadie que las elecciones de los papas son obras del Espíritu Santo, cuando vemos serlo del espíritu de ambición y de imperio? Los cismas tan frecuentes como queda visto, ¿no dan testimonio eterno de esta verdad?

El mismo papa Bonifacio II lo dio grande, pues llevó su resentimiento hasta el grado de perseguir a su émulo aun más allá de la muerte, condenando la memoria de Dióscoro como cismático, cuando ya no tenía necesidad. Hizo por violencia que el clero reconociera y firmase por legítima y justa la declaración para ponerla en los archivos de Roma. Como si esto no marcase bastante su carácter, convocó luego Concilio de obispos sufragáneos y clero diocesano, en el cual hizo que como electores del pontificado le cedieran su derecho, autorizándose para nombrar la persona que debería ser papa después de su muerte. Obligó a los congregados a firmar que reconocían por sucesor suyo a Vigilio, diácono entonces de la iglesia romana. Posteriormente receló malas consecuencias de su atentado; juntó nuevo Concilio y revocó las disposiciones del otro, declarándolas nulas como contrarias a los cánones, y confesó que se consideraba reo de lesa majestad.

Esta confesión descubre todo el misterio. Su elección y la de Dióscoro habían sido hechas sin licencia ni autoridad del soberano territorial, al que tampoco se había pedido confirmación. Amalasunta, regente del reino por su hijo Amalarico, manifestaría su resentimiento y lo aumentaría mucho más cuando viese los progresos de la infracción de los derechos del trono, y verosímilmente amenazó a Bonifacio; de cuyas resultas éste concibió temores y deshizo su atentado.

Por otra parte, merece atención la poca firmeza de los obispos suburbicarios de Roma y de su clero. ¿Qué reverencia se pretende que tengamos a los Concilios Particulares Romanos que tan frecuentemente se nos citan para muchos objetos de controversia? Los dos de Bonifacio II, los varios del papa Símaco, referidos en su lugar, y otros tantos, no merecen el nombre de Concilios, sino sólo de resoluciones pontificias, arbitrarias y despóticas que un amo hace a sus criados firmar contra su voluntad por temor de su indignación. Si el mayor número de obispos españoles, franceses y alemanes, y todos los italianos, cedieron por fin en el Concilio General Tridentino(15) a la voluntad de los papas, aun en perjuicio suyo y de la Iglesia, y destruyeron los fundamentos del respeto a los Concilios Generales, ¿qué podemos pensar de los Particulares celebrados en Roma? Los protestantes se contentaban con que se celebrara en Alemania el Concilio. Yo diría que todos en el Oriente, donde nada pudiese influir el papa sobre los votos de los obispos.

 

56 JUAN II

De 532 a 535

La elección de este sumo pontífice, verificada en 22 de enero de 533, después de tres meses de vacante, dejó grandes sospechas de haber sido simoníaca, y de positivo consta que los expectantes (entre los cuales pudo ser uno el electo) procuraron conquistar votos, prometiendo pagarlos con bienes si se conseguía el papado. El defensor de la Iglesia recurrió al rey hereje Amalarico, haciendo relación de esto, y pidiendo nulidad de toda enajenación de las cosas eclesiásticas. Es un sonrojo de los católicos romanos la necesidad de semejante recurso, y lo es mayor que un hereje diese leyes para reformar tales abusos.

Con este motivo se descubren otros testimonios de cuánto aquellas elecciones distaban de ser obra del Espíritu Santo; pues dando el rey por supuesto que solían ocurrir disputas sobre valor o nulidad de la elección, y que le pertenecía ser juez, señaló por ley la tarifa de las cantidades de dinero que permitía dar a sus oficiales regios por dirimir las disputas, y por expedir el título de confirmación real. Designó tres mil sueldos de oro por la del papa; dos mil por la de arzobispos, y quinientos por la de obispos; cuyo arancel mandó fijar en el atrio de la iglesia de San Pedro. ¿Cabe tampoco mayor prueba de la regalía de confirmar las elecciones pontificias y episcopales?

 

57 AGAPITO

De 535 a 536

San Agapito, arcediano de Roma, hijo del presbítero Gordiano, fue elegido a 3 de junio de 535, y murió en 22 de abril de 536, en Constantinopla, a cuya corte había ido por mandado del rey hereje, Teodato, sucesor de Amalarico. Nada consiguió de cuanto le había encargado pretender Teodato, para evitar la conquista de Italia que premeditaba el emperador Justiniano, pero logró lo que importaba más a sus ideas pontificias. Celebró allí Concilio, depuso del patriarcado imperial a Antimo(16) por hereje eutiquiano, y fue reconocido por jefe de todos los patriarcas. Escribió desde allí al de Jerusalén, reprendiéndole de no haberle avisado los errores de Antimo y su translación del obispado de Trebisonda al de Constantinopla contra los cánones. A pesar de los progresos que los papas habían hecho ya en la extensión de su autoridad eclesiástica, vemos que por fin estaban aún sumidos a la potestad temporal, de modo que obedecían haciendo viajes largos y penosos cuando se les mandaba. ¡Qué diferencia de los tiempos posteriores en que no sólo envían ellos embajadores, sino que se creen dueños de los imperios y reinos para destronar emperadores y reyes, y darlos a otros con la condición de que los nuevos poseedores se confiesen tributarios de la silla romana!

 

REVOLUCIÓN RIDÍCULA

El 9 del corriente, en la fábrica de puros en el estanco,(17) unos pocos riñeron contra unos muchos por la siguiente causa:

Tienen los pureros la loable costumbre de juntar entre todos una pequeña gratificación que dan a uno de sus compañeros porque les lea los papeles públicos que adquiere otro de sus mismos compañeros. Pues, señor, sucedió que el día citado leyendo mi papel de Dudas de El Pensador consultadas a doña Tecla,(18)llegando a aquello de que no es de fe la Concepción en gracia de la Santísima Virgen, y que el que quiera lo creerá y el que no, no peca por no creerlo, se escandalizaron unos cuantos cristianísimos que allí estaban, y comenzaron a impedir la lectura del papel: los otros se opusieron y la cosa se encendió, de modo que echaron mano a las cazuelas del almuerzo, y de la campaña parece que resultó un roto de cabeza.

Alborotóse la oficina, tembló el maestro mayor, se pidió socorro, vino en su favor un triste auxiliar, quien informado de lo que dio motivo a la contienda, decretó viva voce, que no se volvieran a leer allí impresos ningunos.

Entonces los pureros destacaron una comisión que viniese a informarme del hecho y aconsejarse conmigo, pues les era muy sensible se les privase del único arbitrio que tenían de instruirse, a causa de que su salario es tan ratero que no les permite comprar un papel.

Penetrado de su justicia, escribí una atenta carta al señor auxiliar, haciéndole ver que la libertad de la imprenta era sagrada, que su prohibición era una infracción de ley que ni el mismo presidente de la República podía hacerla y otras cosas, persuadiéndolo a que alzase a los pureros el entredicho que les acababa de poner. Ni me contestó el dicho alcalde: ya se ve que no sabe escribir, y merece disculpa.

No así el administrador Félix Senande:(19) a éste [...] se u otra carta llena de atención, y este déspota no la tuvo ni aun para volverme el sobre, como si yo fuera algún cochero o pilguanejo de su casa. Ya se ve que como es tan viejo, se le habrán olvidado las leyes de la urbanidad y buena crianza.

Qué sé yo cómo llegó esta ocurrencia a noticia del señor ministro Esteva,(20) y su excelencia pasó al estanco y públicamente levantó a los pobres pureros el entredicho de la lectura que les habían impuesto el auxiliar, el beato, Correa y Senande. ¡Gloria eterna al señor Esteva por su justicia y por sus filantrópicas y liberales ideas a favor del hombre libre y de la propagación de las luces; así como anatema y maldición eterna contra todo déspota ignorante y enemigo de la ilustración! Sepúltense estos búhos o lechuzos miserables en los subterráneos y cavernas, ya que la luz es su enemigo capital.

Pero volviendo a estos mandarines escrupulosos que se escandalizan de la lectura de un impreso, quisiera preguntarles ¿cómo es que a cada paso hollan y pisan la justicia distributiva, colocando no a los más ameritados, sino a los de su mayor devoción? ¿Cómo permiten que en ese estanco se estén robando diariamente diez o doce pesos con título de limosna para éste y otro santo, para las monjas y para el padre Pacheco,(21) ese fraile ignorante que anda blasfemando en los púlpitos contra los masones y contra los escritores, sin conocer a los primeros ni ser capaz de medir su pluma con los segundos?

Limosna contra la voluntad de sus duelos, es limosna porque si no, como decía el ladrón. Así en el estanco se exige este tributo a los infelices que ganan medio o un real, y cuidado como no se da breve y con buen modo, porque se les amenaza con la calle. Éstas sí son infamias, supercherías y latrocinios. Esto había de impedir Senande, que no la lectura de los impresos, y esto haré yo que llegue a noticia del gobierno en obsequio de aquellas pobres gentes.

La limosna debe ser voluntaria, sin el más mínimo viso de fuerza. Donde hay esto, ya no es limosna sino contribución o tributo.

A más de esto, debe ser razonable, esto es, dada con orden, y no puede razonablemente dar limosna un pobre estanquero o estanquera que apenas gana para ayunar, pues con medio, un real o dos, nadie puede decir que gana para comer. De que se sigue que nada vale que diga Senande ni ningún mandarín del estanco que la dan voluntariamente, lo primero, porque nadie se los ha de creer, por la razón muy obvia de que el que necesita pedir no puede dar, y lo segundo, porque aun cuando fuesen tan necios que quisiesen privarse de esa parte de su trabajo por vía de limosna, Senande y sus subalternos no lo debían permitir, siquiera porque la presunción de que la dan a fuerza está en su contra.

Conque amigos estanqueros, leed cuanto podáis, procurad instruiros y salir del estado de autómatas en que os constituyó el gobierno español, y en que os quería perpetuar Senande, y cuando os [de] sobre medio real, que lo dudo, y querráis darlo de limosna, socorred con él a un pobre infeliz, y no se lo deis al padre Pacheco a ferias de desatinos; y si os quisieran obligar a tributar con nombre de limosna, ocurrid al señor ministro, y no dudéis que su excelencia cortará por el pie tales abusos.

 

NOTICIAS EXTRANJERAS

Las más interesantes que hay son las que refieren que, habiendo emigrado a España una porción de portugueses enemigos de la Constitución, desde allí concertaron invadir a Portugal, como lo verificaron, sin que lo hubieran impedido las autoridades españolas, como debían haberlo hecho, conforme sus tratados de neutralidad con la casa de Braganza. La princesa regente de Portugal,(22) la más antigua aliada de la gran Bretaña, viendo invadir sus reinos a sombra de la España, ha ocurrido implorando el auxilio de Jorge IV, quien ha enviado cinco mil hombres con buena artillería, y ha interpuesto sus respetos con España a fin de que observe los pactos sagrados que la ligan.

Esta nación es muy regular que procure evitar un rompimiento con Inglaterra, y si atenida a su natural orgullo, prosigue auxiliando a los rebeldes de Portugal, la guerra con la Gran Bretaña será indefectible.

Esta ocurrencia nos proporciona hacer las reflexiones siguientes:

1ª. En todas partes hay traidores enemigos de la libertad de su misma patria.

2ª. La España protege a cualquiera clase de gente que se declare enemiga de las instituciones liberales.

3ª. ¿Faltarán aquí americanos viles y traidores como los portugueses de que hablamos?

4ª. Y no faltando, ¿dejará España de protegerlos cuando traten de abatir el sistema de libertad de las que llama sus colonias?

 

POLICÍA

Por ahí anda un viejo muy sucio y asqueroso, vivo retrato del fanatismo personificado. Su cara macilenta se esconde en un espeso bosque de barbas y patilla, viste una turca o capotón(23) negro, puerco y roto, su cabeza la cubre un sombrero maqueado de mugre,(24) trae en la mano una alcancía y unas estampas, y a título de loco, anda proclamando públicamente a Fernando VII, pues sin el más mínimo temor grita: ¡viva el rey, traidores, viva el rey, mecos!(25)

Este loco que lo será tanto como yo, tiempos hace que anda insultando impunemente a los patriotas con semejantes vivas. Él me parece un hipócrita zaragate(26) de buen tamaño, con sus puntas y collares de realista sedicioso. Antiguamente se adornaba el pecho con un grande crucifijo de bronce.

No sabemos con qué licencia pide limosna, para quién es ésta, ni la inversión que le da. No hay en México quién no lo conozca, a excepción de las autoridades, que lo consienten andar insultando a todo el mundo, y quién sabe si seduciendo en lo privado a los incautos.

El señor gobernador del distrito, y aun los alcaldes constitucionales, debieran recoger a este vagabundo, y si es loco, lo que no creo, encerrarlo en un hospital por si logra restaurar su salud.

 

NOTICIAS FRESCAS

Anoche se publicó en esta capital la siguiente

El plenipotenciario que tenía la República de México en Inglaterra, ciudadano Rocafuerte,(27) ha llegado a Veracruz,(28) y comunica a nuestro gobierno que: está ya todo concluido, que nuestra Independencia es ya reconocida por el gabinete británico, que trae consigo los tratados y que nuestro nuevo enviado a aquella nación, ciudadano Camacho,(29) ha sido recibido por el rey de Inglaterra, en los mismos términos y con las mismas ceremonias que los enviados de las demás naciones.

Se dice que nuestra escuadrilla ha llegado también al mismo puerto con cinco presas; pocos días hace que se dijo estaba bloqueada por una fuerza española, mayor que la nuestra. ¡Viva la patria, mexicanos, confúndanse los enemigos! Febrero 19 de 1827.

El simple reconocimiento de nuestra Independencia por la Gran Bretaña, podrá ser un paso favorable a la República; pero no el más seguro ni apetecido. Éste fuera el tratado de alianza y amistad. Mientras no haya esto, no tenemos que fiar en semejante clase de reconocimientos. Éstos son insignificantes por su naturaleza. ¿No reconoce Inglaterra la independencia de la España de las demás naciones? Sí, ¿y no se ha manifestado neutral en su presente guerra? Sí, pues lo mismo será con nosotros, a pesar del reconocimiento. Su amistad, alianza y protección es lo que nos importa mucho.

 

DUDAS SOBRE EL CATECISMO DEL PADRE RIPALDA(30)

Muchos de mis subscriptores de fuera de México han oído hablar de este mi papel y desean verlo: por tanto, las iremos incluyendo en nuestro periódico y añadiremos algunas más.

Duda primera. Traduciendo el padre Ripalda el Decálogo, del latín al castellano, dice: el sexto, no fornicarás. Bien sé lo que quiso decir; pero no entiendo lo que dijo: porque el verbo fornicar no significa rigurosamente la acción de la cópula entre hombre libre y mujer libre, sino más bien idolatrar o pecar generalmente. San Pío V, en su catecismo Ad parrocos, parte 3ª capítulo 2º, dice: zelus vero qui Deo tribuitur nullam animae significat perturbationem, sed divinum illum amorem et caritatemqua Deus nullam a se animam patitur impune fornicariquotquot autem ab eo fornicatur perdit. Lo que traduce de este modo el padre fray Agustín Zorita: "Este celo que se atribuye a Dios, no significa perturbación alguna de ánimo, sino aquel divino amor y caridad, por la cual no permitirá que alma ninguna que se atreva a ofenderle se le vaya sin pagarla, porque pierde a todos los que quebrantan sus leyes."

¿Ve usted aquí, señora maestra, cómo no siempre significa fornicar lo que comúnmente siempre se cree? Si yo fuera escriturario sagrado y entendiera el teclado de explicar con san Pablo lo que dijo Jeremías, con todo aquello de estilo místico, literal, alegórico, etcétera, ya me tomaría el trabajo de citarle a usted algunos textos de la Biblia en comprobación de esta verdad.

Pero aun suponiendo que el verbo fornicar signifique lo que quisieron aquellos autores de quienes lo aprendió el padre Ripalda, me queda esta duda, que no significa adulterar, lo que era menester que significara para que estuviera bien traducido el texto sagrado. Éste dice: non mechaboeris, no adulterarás, y bien se conoce la diferencia que hay entre fornicar y adulterar. Ahora bien, el texto latino prohíbe expresamente el adulterio y el texto castellano la fornicación. Aquí entra la duda. ¿A cuál de los dos textos debemos estar?

Duda segunda. El padre Ripalda nos da la gran noticia de que tenemos cinco sentidos. Es de agradecer porque si no nos lo avisa este buen jesuita, no había quién lo supiera; pero la duda es ésta ¿qué tiene que ver con el dogma católico o con la doctrina cristiana esta noticia? Si tiene alguna conexión con el dogma, dígalo usted, doña Tecla; y si no tiene ninguna, confiese que fue un candor de suincomparable maestro escribir tal cosa.

Duda tercera. En la explicación de los pecados capitales, pregunta el padre Ripalda: ¿son pecados mortales la soberbia, avaricia, etcétera?, y responde: "no todos sino los que son contra la caridad de Dios y del prójimo." ¿Y cuándo son contra la caridad? "Cuando se quiebra por ellos algún mandamiento de Dios o de la Iglesia." Es así que no puede haber un acto de soberbia, avaricia, lujuria, etcétera, que no sea una infracción de algún precepto del Decálogo, luego todos los pecados capitales son pecados mortales. Ello ya se ve que no es así, porque ustedes los señores teólogos y teólogas dicen que para que una culpa sea mortal es necesario que la infracción sea en materia grave; mas esto lo dicen ustedes que distinguen el pecado mortal del venial, pero el padre Ripalda no hace tal distinción, y yo dudo si él o ustedes se engañan en la definición.

Duda cuarta. En la misma declaración pregunta el padre Ripalda: ¿qué cosa es lujuria?, y responde: "apetito torpe a cosas carnales." Bien sabe usted, tía Tecla, que esta palabra torpe no siempre significa cosa deshonesta, también significa cosa tardía, floja, sin gracia ni habilidad. Según esto, creo que la definición de la lujuria no es muy exacta; pues a serlo, se seguiría que uno que tuviera tal cual apetito de comerse un guajolote en mole, cometería un pecado mortal de lujuria, pues en efecto tenía apetito de cosas carnales, y ya se sabe que los guajolotes no son de palo.

En la misma declaración pregunta: ¿qué cosa es castidad?, y responde: "inclinación a la limpieza." Esta definición me parece peor que la antecedente, pues puede haber mil y mil inclinados a la limpieza, y no a la castidad, así como puede haber hombres castos por una parte y sucios y desaliñados por otra. Toda definición que no explica bien y exactamente lo definido, es viciosa. ¿Qué le parece a usted?

Duda quinta. Pregunta el padre Ripalda, ¿quién nos enseñó la Salve Regina?, y responde: "la santa Iglesia la tiene y usa." Si las respuestas deben ser conformes a las preguntas, según aquello de interrogatio et responsio, creo que esta respuesta no casa para nada con la pregunta, antes es demasiado extraviada. ¿Qué dice usted?

Duda sexta. Pregunta el padre Ripalda: ¿quién quebranta el séptimo mandamiento?, y responde: "quien a otro hace alguna manera de daño injusto o es causa de que otro lo haga." Luego el que adultera con la mujer de Pedro, o hiere sin razón a Juan, quebranta el séptimo mandamiento, el sexto y el quinto. ¿Qué dice usted, cuál quebranta? A mí no me satisface la definición.

Duda séptima. En la misma declaración pregunta: ¿quién cumple el octavo mandamiento?, y responde: "quien no juzga males ajenos ligeramente, ni los dice,ni los oye sin fines buenos." Ahora bien, el inferior, en cuya mano no está el taparle la boca a su superior y le oye hablar mal del prójimo, ¿pecará? ¿Qué dice usted? Sí o no. Si sí diga usted por qué, pues ya sabemos que para que haya culpa se necesita la deliberación de la voluntad; y si no, es preciso confesar que aquí también la erró su incomparable maestro. ¿Qué dice usted?

Duda octava. En la primera declaración, hablando de Jesucristo, pregunta: ¿cómo es Dios?, y responde: "Porque es natural hijo de Dios vivo." Ya ve usted que la causal que señala el padre Ripalda para que Jesucristo sea Dios, es porque es natural hijo de Dios vivo, es así que el Espíritu Santo no es hijo de Dios, luego no es Dios. Todos los cristianos creemos que Jesucristo es Dios porque es una de las tres personas de la Santísima Trinidad. Si así lo hubiera dicho, no tendría yo la duda de si erró esta respuesta.

Se continuará.

 

 


(1) México: 1827. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros.

(2) Durango. Cf. nota 2 al núm. 1.

(3) Guadalajara. Cf. nota 3 al núm. 1.

(4) Tlacotalpan. Cf. nota 4 al núm. 1.

(5) Perote. Cf. nota 5 al núm. 1.

(6) Magno Aurelio Casiodoro (480-575). Político y escritor latino. Secretario del rey ostrogodo Teodorico. Pasó sus últimos años en un monasterio fundado por él. Entre sus obras contamos: Discursos panegíricos (fragmentos de un manuscrito de Bobbio conservados en bibliotecas de Milán y Turín); Crónica o Historia universal, desde Adán hasta el año de 519; Historia gothorum, Institutiones divinarum et saecularium litterarumDel alma, De la ortografía y un comentario a los Salmos.

(7) Acacio. Cf. nota 20 al núm. 12.

(8) Eufemio. Cf. nota 6 al núm. 13.

(9) Macedonio. Cf. nota 24 al núm. 9.

(10) "El papa Hormisdas, por conducto de un conde del consistorio imperial, por nombre Grato, recibió un escrito firmado por el nuevo emperador, por el sobrino de éste, y por Juan de Constantinopla, en el que se le suplicaba se trasladase personalmente al Oriente para restablecer allí la paz o que, por lo menos, mandase allí sus legados con condiciones de paz y plenos poderes para concluirla." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 154.

(11) Concilio General de Calcedonia. Cf. nota 10 al núm. 10.

(12) Concilio General. Cf. nota 23 al núm. 9.

(13) Epifanio. Patriarca de Constantinopla de 520 a 536. Condenó y anatematizó a los monofistas. Autor de varias cartas dirigidas al papa Hormisdas.

(14) Amalasunta. Reina de los ostrogodos. Sus súbditos la odiaban porque estaba influida por la cultura romana. Se casó con su primo Teodato, quien la encerró en la prisión, y allí fue envenenada.

(15) Concilio General Tridentino. Cf. nota 27 al núm. 2.

(16) "Al entrar a Constantinopla fué saludado el pontífice rindiéndosele honores por parte de los representantes de Justiniano; él, sin embargo, se negó a comunicar con el patriarca áulico Antimo, porque su promoción había sido inválidamente hecha, y en cuanto a su fe, dejaba mucho que desear. Aunque la Corte le protegía, el pontífice, resistiendo las amenazas y a la política de la emperatriz Teodora, le depuso y le sustituyó por el sacerdote y monje Mena..." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 171.

(17) estanco. Se decía "estanco del tabaco" porque el tabaco no era producto de venta libre sino que, desde la época de la Nueva España, estaba legalmente "estancado" o monopolizado, primero por la Corona, luego por el Estado, que daba concesiones exclusivas para la compra, elaboración y venta de tabaco. De allí que los establecimientos autorizados para venta al público de cigarros, se denominaran "estanquillos", nombre que aún perdura.

(18) Dudas de El Pensador consultadas a doña Tecla. Cf. nota 40 al núm. 8.

(19) Félix Senande. De este personaje también habla en el núm. 18 del t. I de lasConversaciones del Payo y el Sacristán.

(20) Esteva. Cf. nota 8 al núm. 1.

(21) Pacheco. Sólo conocemos a Nicolás Pacheco. Franciscano de Zacatecas, notario apostólico y calificador de la Inquisición.

(22) María de la Gloria.

(23) capotón. Capote largo, basto y pesado.

(24) maqueados de mugre. Maqueado era y es barnizado con goma laca u otro barniz equivalente. La frase equivale a barnizados de suciedad.

(25) mecos. Cf. nota 29 al núm. 1.

(26) zaragates. Personas despreciables, truhanes, pillos, pícaros, tarambanas. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(27) Vicente Rocafuerte (1783-1847). Estadista ecuatoriano que cuando estaba en México fue nombrado secretario de la legislación que se enviaba a Londres. Allí, en ausencia del ministro Mariano Michelena, quedó de Encargado de Negocios. Siguió de secretario con Sebastián Camacho. Hizo entrega de la legislatura a mediados de 1829 a don Manuel Eduardo de Gorostiza. En 1827 viajó a México a traer el tratado con Inglaterra, e inmediatamente regresó a Londres.

(28) Veracruz. Estado de la República Mexicana. Sus límites son: al norte, Tamaulipas; al este, el Golfo de México, Tabasco y Chiapas; al sur, Oaxaca y Puebla; al oeste Puebla, Hidalgo y San Luis Potosí.

(29) Sebastián Camacho (1791-1847). Abogado, diputado constituyente en Veracruz (1825), y después al Congreso de la Unión. Encargado de la Secretaría del Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores en el gobierno de Victoria. Primer representante del gobierno independiente ante Cortes europeas, ministro plenipotenciario ante Inglaterra. Después fue senador y gobernador por Veracruz (1831). En 1841 fue nuevamente secretario de Relaciones Exteriores. Tradujo lasNoches romanas de Benjamín Constant y escribió un Tratado de procedimientos judiciales.

(30) Ripalda. Cf. nota 84 al núm. 5.