[NÚMERO 13]

TODOS LOS BUENOS CRISTIANOS TOLERAN
A SUS HERMANOS

 

DECIMATERCIA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)

 

El Pensador habla de los vicios de un mal cura, no de todos los curas; del alevoso proceder del obispo de Sonora, no de todos los obispos; de la altanería y chaquetismo(4) público de algunos canónigos, no de todos los capitulares; del abuso que hace del púlpito el fraile Acal, y otros como él, no de todos los frailes, y así de todo. Si declamar contra los abusos de algunas gentes, prueba aborrecimiento hacia ellas, bien se podrá decir que los predicadores aborrecen a todos los seculares, pues que sin cesar declaman contra los incontinentes, ebrios, tahúres, ladrones, etcétera, etcétera. El señor Inválido no ha de querer concluir con esta lógica contra los predicadores y misioneros. ¿Cómo, pues, quiere persuadir que El Pensador aborrece al estado eclesiástico, porque declama contra los públicos defectos y aun delitos de algunos de sus individuos?

No sólo con las palabras, con el ejemplo mismo manifestó Jesucristo, que era el más dulce, más amable y más tolerante de los hombres, como que era la misma bondad y la justicia misma. Él no sólo no se escandalizaba de los defectos de los demás hombres, sino que los disculpaba con el mayor amor. A todos generalmente trataba con dulzura y caridad, familiarizándose con los pecadores, cismáticos y paganos, y por eso lo vemos conversando y visitando amigablemente a los samaritanos, saduceos y toda clase de personas, curando sus dolencias, consolándolos y enseñándoles la virtud con sus acciones. ¿No es verdad que Jesucristo fue el más tolerante del mundo y que con sus hechos y palabras nos enseñó la misma tolerancia? Pero, ¡qué más!, el mismo Ser Supremo es tolerantísimo por esencia: pudiera desaparecer de sobre la faz de la Tierra a los que le ofenden o no protestan la religión de Jesucristo, mas todo lo contrario, a todos nos tolera y favorece. Las aguas del cielo caen sobre el justo y sobre el impío, y el sol nace sobre el protestante y el pagano, lo mismo que sobre el cristiano y el judío. ¿Por qué, pues, cuando el Ser Supremo, y cuando el mismo Jesucristo nos enseñan la confraternidad y dulzura, la caridad y tolerancia, nosotros, a pretexto de religión, y fascinados con la hipocresía y el fanatismo, hemos de ver con ojos torvos a los que no se conforman con nuestra creencia? ¿Por qué a título de cristianos, separándonos de las máximas y ejemplo del Divino Fundador de nuestra religión, hemos de hacernos no sólo intolerantes, sinointolerables y ridículos a los ojos de todo el mundo?

La soberanía religiosa puede hacer prosélitos de nuestra religión; pero la intolerancia siempre hará enemigos y deturpadores(10) de ella misma. Por eso san Pablo aconsejaba que la mujer fiel casada con gentil, no lo abandonase ni se separase de él, porque muchas veces el marido infiel, se convertía por medio de la dulzura y amable trato de la mujer cristiana. ¿No es esto persuadir el apóstol la tolerancia?

Por otra parte, en todo el mundo son tolerantes a excepción de la caduca y supersticiosa España, de donde hemos aprendido a ser ridículos cristianos; mas en las demás partes del globo se toleran las religiones unas a otras. En Francia, cuyo rey se denomina cristianísimo, hay tolerancia pública de cultos; en Londres, solamente, hay catorce parroquias de católicos, donde a éstos se les permite el ejercicio libre de su religión; en Prusia, Rusia y Alemania, lo mismo. Los moros no sólo son tolerantes, sino que permiten conservar a los cristianos los santos lugares de Jerusalén. Pero ¿qué más?, en Roma, en el centro mismo de la unidad cristiana, hay tolerancia pública de cultos, con que yo no alcanzo la razón que favorezca a los americanos para ser intolerantes, en vista de que [tolerante] lo es todo el mundo, lo fue san Pablo y los apóstoles, lo fue Jesucristo, y lo es el mismo Dios.

Cuando un asesino intolerante mató al pobre inglés en las Escalerillas, a pretexto de que no se quiso hincar en la puerta para adorar al Sacramento del Altar, todos los sensatos abominaron el hecho y al hechor.(11) El cónsul británico prometió públicamente un premio de dos mil pesos a quien lo entregara, y el gobierno no sólo no tuvo a mal ni impidió esta oferta, sino que manifestó su indignación, mandando por un Bando que tratasen a los extranjeros con la moderación y respeto debido, y amenazando gravemente a todo el que los insultase con cualquiera pretexto. ¿Esta amistad y esta defensa con que el gobierno garantiza la seguridad de los extranjeros, es otra cosa más que una pública tolerancia?

¿Ni cómo pudiera el gobierno dejar de ser tolerante, siendo republicano su sistema? República sin tolerancia es una ridícula complicación que no se puede ni concebir; porque declararse nuestro territorio país libre, llamar a él a todos los hombres del mundo y no tolerarles sus opiniones religiosas, es lo mismo que convocar a los músicos para que me diviertan, con la condición de que han de abandonar sus instrumentos y sólo han de tocar la viola que yo toco. ¿No es verdad que saldría el concierto divertido?

¿Qué escándalo no hubieran recibido nuestros padres ahora cuarenta años si hubieran oído decir que se podía comer carne en la Cuaresma, representarse en ella comedias, haber conciertos en Semana Santa, fusilarse sacerdotes, maldecirse públicamente a los inquisidores, no necesitar los confesores de la Bula de la Cruzada para absolver a los penitentes, etcétera, etcétera? ¿No es claro que aun la proposición de estas cosas hubieran calificado de herejía delatable al Santo Tribunal? Y ¿qué ha sucedido?, que todo se ha practicado y ya no hay quien se espante de nada. Pues lo mismo mismísimo sucedería con la tolerancia de cultos.

Las ventajas que ésta ofrecería a la República en la colonización, agricultura, comercio y artes son evidentísimas; y no lo es menos la seguridad que proporcionaría a la República la concurrencia de miles de extranjeros que, tolerados, se enlazarían con nuestras hijas, se reproducirían en millones de millares de hijos americanos, harían comunes los intereses de todos, y la misma tolerancia de todas las naciones del mundo sería un equilibrio que mantendría el orden entre sí. Tal es mi opinión.

México, abril 13 de 1825.

El Pensador

 


(1) Imprenta de don Mariano Ontiveros.

(2) Por más que hable El Pensador no hemos de ser tolerantes, sino cristianos como antes, firma El Inválido, México, Imprenta de Alejandro Valdés, 1825.

(3) cosicosas. La forma común es quisicosa: enigma u objeto de pregunta muy dudosa y difícil de averiguar.

(a) Los buenos teólogos deben ser tolerantes, si quieren ser consecuentes con sus doctrinas.

(4) chaquetismo. Cf. nota 6 al núm. 2 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.

(5) estrupar. Forma arcaica de estuprar.

(6) monederos falsos. Los que acuñan monedas falsas o subrepticias, o bien les dan curso a sabiendas de su falsedad.

(7) Luc. 9, 56.

(8) Mar. 6, 10-11.

(9) Mat. 18, 15-17.

(10) deturpadores. De deturpar. Cf. nota 6 al núm. 19 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.

(11) Alusión a Seth Hayden. Cf. nota 3 al núm. 2 de las Conversaciones del Payo el Sacristán.