Señores suscriptores: así o asado, ya he cumplido mi palabra y llenado el número de pliegos que ofrecí dar cuando abrí esta subscripción. Suspendo por ahora mi efímero periódico, porque el papel me ha costado y está costando muy caro, de modo que no me ofrece cuenta proseguir; si abaratare se continuará.
A los que han admitido el dicho periódico con aplauso, lo agradezco, y a estilo de volantín pido perdón de las faltas cometidas, protestando que nunca ha sido mi intención zaherir sino al vicio y no a persona determinada.
Sé muy bien que a unos no les acomodarán los primeros números, a otros los últimos y a muchos ninguno; pero si ya los compraron y los leyeron, que es el peor tabardillo que se pueden haber pegado, ¿qué remedio? "Paciencia y barajar", como dijo Merlín a Don Quijote en la asombrosa cueva de Montesinos.
Tempore felici multi numerantur amici(2)
Tempora si fuerint nubilia, solus eris.
Es lo mismo que decir: "En la cama y en la cárcel se experimentan los amigos."
SONETO
Mal hayan los amigos (exclamaba
un infeliz, ardiendo en calentura)
cuyo favor en la bonanza dura,
pero en la adversidad al punto acaba.
Mal haya, amén (otro infeliz gritaba
preso en su calabozo ¡qué amargura!),
quien se promete apoyo o lo asegura
en la vil amistad que lo adulaba.
Justos son, dije yo, vuestros enojos.
Lo mismo siento en la dolencia mía;
amigos el infeliz tiene a manojos,
y ni uno encuentra en la desgracia impía.
Diógenes con farol y con anteojos
no halló en Athenas uno al medio día.
Regalito a los embusteros
Cuando la Europa y las Américas arden en unas sangrientas guerras, combate a los pacíficos el terrible ejército de las mentiras. Sus falanges matan las honras, saquean las reputaciones, devoran los buenos conceptos, destruyen las familias, incendian los corazones y hacen todos los males que sabemos, sin pólvora ni bayonetas. Un trocillo de carne musculosa, dirigido sin prudencia o con malicia, es todo el armamento y fornitura de estos bravos campeones. Ejército vil, a la verdad, porque su general es no menos que el perverso Satanás. Nada tienen sus soldados que esperar de honores. El pre[st] que gozan son las más o menos creederas de los incautos; y con todo eso, en todo el mundo se alistan diariamente bajo tan infames banderas innumerables reclutas de todo sexo, edad, condición y carácter, de manera que, en sentir de un santo profeta, casi todos los mortales son atletas de tan odiosos regimientos.
En ellos hay sus jefes, brigadieres, coroneles, capitanes, sargentos y hasta pitos, según son más o menos embusteros, criminales y embrolladores; y estando este ejército formidable repartido en toda la extensión del globo, sin excepción de reinos ni provincias, no podía México gloriarse de estar limpio de semejante polilla.
Sí, por cierto; tenemos en esta capital una respetable división de mentirosos, que trabaja incesantemente en distinguirse sobre todos los embusteros del universo.
¡Válgame Dios, y cómo mienten con el mayor descaro! Basta que les parezca una cosa posible para que la aseguren como positiva. Un sueño, una palabra no entendida, una sospecha, la venden los tales por una verdad infalible, pintándola con los coloridos más eficaces que les sugiere su ignorancia, su perversidad y su malicia.
Mienten con desvergüenza, se perjuran con facilidad y no dudan ponerse de testigos para apoyar su fábula en cosa que ni han visto.
El cuartel de esta gente miserable está en toda la ciudad, pero sus academias y plazas de armas son el portal, cafés y billares. Allí se juntan, se reconocen y comunican estos incidentes comilitones; allí se dan los plácemes y enhorabuenas de sus conquistas; allí se adiestran en el grosero manejo de su temible armita; allí se enseñan a tirar el blanco del marido pobre, de la doncella honesta, de la buena casada, del útil ciudadano, y, finalmente, allí ejercitan sus evoluciones y asestan, sin temor ni riesgo sus depravados tiros contra los indefensos prójimos.
Uno de estos pobres blancos en los presentes días, ha sido El Pensador. ¡Jesús y cómo han traceado y hecho pedazos a este infeliz! No le han dejado a su honor hueso sano; han mentido sobre él a rienda suelta sin ningunos datos seguros. Han dicho "que ha enredado más de cuatro trompos. ¡Pobre hombre!" ni de muchacho le gustó ese juego, ni tiene ni ha tenido trompos ni pita con qué enredarlos; y sobre todo, el que lo dude vaya a donde hoy vive y busque un trompo enredado por su mano, y si no lo halla (como no lo hallará), téngase por un mordaz y cuantos con él juzguen y hablen con igual ligereza.
Han dicho también que un pobre indio se quedó triste, y sólo porque su amo se fue y lo dejó, por causa de El Pensador. Embuste claro. En su vida ha visto El Pensador la cara ni la letra de ese señor, ni jamás lo ha comunicado, ni aun sabe cómo es el eco de su voz, con que en semejante extrañeza ¿no es evidente que no podía tener el más mínimo participio en su separación del indio, pues faltándole toda relación de comunicación, conocimiento o amistad con el dicho sujeto, no se le podía a éste seguir por su parte el menor daño? Pues así ha sido; y el que lo dude, infórmese y luego hable.
Han proferido que El Pensador fue causa de que se huyera de su casa un perrito, que dizque andaba con un farolito en la boca. Otra mentira tamaña. Puede ser que fuera causa remota, pero no próxima, porque me aseguran que El Pensador apenas trató al perrito, y eso de lejos, como dicen. La prueba de esta verdad es que, después de diez o doce días que El Pensador no salía de su mesón por cierta enfermedad que lo tulló, entonces se fue el falderillo; pues tiempo sobró para haberle hecho daño, si hubiera sido por su causa. Dígase lo que se quiera; pero no se me imputen culpas que no he cometido.
Pero ¡que más!, han dicho que los últimos cuatro números del periódico los ha dado a la luz a fuerza El Pensador. Embuste tonto e impolítico porque nadie lo podía forzar a semejante cosa; ni El Pensador es hombre que se dejara forzar del mismo rey, como decía Sancho. Una cosa es que sus papeles hayan salido corregidos y enmendados por la previa censura, según está mandado, y otra que haya sido violentado.
De este modo han ensartado en el particular más mentiras que mostaza dan por medio. La ignorancia o la malicia se pueden perdonar, pero es imposible al amor propio no defenderse de la calumnia, y más cuando lo favorece la inocencia.
Vamos a dar por conclusión una ligera idea de estos soldados de la mentira, para que se guarden de ellos todos nuestros semejantes. Tráela Juvenal(3) en la sátira cuarta y dice así:
Absentem qui rodit amicum,
qui non defendit alio culpante, solutos
qui captat risus hominum, famamque dicacis,
fingere qui non visa potest, commisa tacere
qui nequit, hic niger est, hunc tu, Romane, caveto.
Traducción libre
OCTAVA
El que robe al ausente o no defiende
el honor del amigo vulnerado;
quien la risa contra él tal vez pretende
o asegura por cierto lo inventado,
y así la fama con su lengua ofende;
quien publica el delito que ha observado,
éste es amigo vil y mentiroso.
Guárdate de él, oh tú, lector juicioso.
DIÁLOGO FINGIDO DE COSAS CIERTAS
ENTRE UNA MUCHACHA Y TATA PABLO
MUCHACHA: Tata, ¿qué comeremos hoy? No hay más que medio.
TATA: ¿Qué hemos de hacer, hija? Haz unos chilaquiles.
MUCHACHA: Si no alcanza, tata; mire usted: cuartilla de tortillas, que son seis y parecen obleas; tlaco de chiles que dan dos, y chiquitos, son tres tlacos, y tlaco de manteca (que más se le unta a un gato en el hocico para aquerenciarlo), ya es el medio caballito. ¿Y el carbón?
TATA: Pues hija, trae tres tlacos de tortillas y tlaco de chile, y comeremos eso, que para semejante guiso no se necesita lumbre.
MUCHACHA: ¡Válgame Dios!, si me hace tanto daño.
TATA: Pues hija, si no hay otro remedio, ¿qué hemos de hacer?
MUCHACHA: ¡Ay, tata! ¡Jesús, cómo está todo! No en balde hay tanto ladrón; si ya no se puede vivir en México. Por una parte, no halla la gente en qué buscar un real; y por otra, el día que lo tiene, no le alcanza ni para frijoles, porque de todo dan una herejía. Reniego de los insurgentes; ellos tienen la culpa de todo; nada dejan entrar aquí, y ya los pobres ladramos. ¿No es verdad, tata?
TATA: Sí, hija, la mayor parte de nuestras desdichas se ha originado por los insurgentes, pero aquí dentro hay quienes les ayuden y cooperen a aumentar nuestra miseria.
MUCHACHA: ¿Y quiénes son ésos, tata?
TATA: Hija, los monopolistas: aquellos que son mucha parte de la carestía y escasez de los víveres o semillas.
MUCHACHA: ¡Ay, tata! ¿Y esos monospodristas son animales a modo de los gorgojos, que se comen el maíz, el trigo, el frijol y todo?
TATA: Sí, hija, animales son, y grandes.
MUCHACHA: Pues entonces serán capaces de comerse cargas enteras de semillas.
TATA: No digo. Atajos enteros se tragan.
MUCHACHA: ¡Qué barrigas tan grandes no tendrán!
TATA: Sí las tienen, y algunas son de quince o veinte varas.
MUCHACHA: Pues ¿dónde andan estos terribles animales tan grandes que yo no los conozco ni los he visto?
TATA. Sí los has visto, sino que no los has advertido, porque ellos andan solos y sus estómagos los dejan en su casa.
MUCHACHA: Usted me vuelve loca, tata, ¿cómo puede ser eso?
TATA: Mira, inocente, los monopolistas son hombres como todos, pero sus comercios son criminales. Entre dos o tres abarcan un convoy de víveres; lo encierran y les ponen a las semillas el precio que quieren; y, tal vez, para poder hacerlo con más libertad, suelen comprar a los vendedores menos pudientes los rezagos que tienen de aquellos efectos, para que no les hagan mala obra y para que el público, quiera que no quiera, les compre a ellos solos al precio que se les antoja vender.
MUCHACHA: ¿Conque, según eso, estos hambrientos animales son los comerciantes de víveres?
TATA: Pues; pero no todos. Hay muchos cristianos, arreglados, y que hacen cuanto beneficio pueden al público.
MUCHACHA: ¿Y dónde viven estos buenos, para ir a comprarles?
TATA: Yo no puedo señalarte sus casas, pero de que los hay, los hay; el caso es dar con ellos.
MUCHACHA: ¡Qué diablura! ¿Qué hiciera yo para saber dónde viven? Pero sabe usted, tata, han de ser tan pocos que se han de perder de vista. Yo creo que todos son unos, porque me he cansado de remudar tiendas y más tiendas, y en todas me dan el propio recaudo y la lagaña de Melchor.
TATA: Pues no, hija mía; de todo hay en el mundo, bueno y malo.
MUCHACHA: Sí, pero más malo que bueno.
TATA: Es verdad; ya me has platicado, anda y mira qué haces de comer, que es tarde.
MUCHACHA: Sabe usted, estaba yo pensando ir a vender esos zapatos que acabó usted ayer, a ver si me dan cuatro reales por ellos.
TATA: ¡Pero si no están sellados ni tenemos el medio real para pagar la selladura!
MUCHACHA: Con este medio, tata, la pagaremos.
TATA: ¿Y si no se venden los zapatos, no quedamos peores?
MUCHACHA: Es cierto, pero ¿para qué es esta gabela a los zapateros?
TATA. Para el ángel de la Semana Santa.
MUCHACHA: ¡Qué ángel, ni qué calabaza! Mejor era que nos dejaran a los pobres esos medios y esas cuartillas para pan, y no que muchas veces nos hacen falta para comer, como ahora. Sabe usted, estoy pensando irlos a vender a escondidas; porque yo sé que le tienen a usted de costo dos y medio; cuando más darán por ellos cuatro reales, y si pagamos el medio de la selladura, le sale a usted su trabajo por un real, que es brava sinrazón.
TATA: ¿Cómo ha de ser, hija? Así está mandado y no puedes venderlos ocultamente, porque si te los ven te los quitan.
MUCHACHA: Ésa es otra. ¿Y por qué?
TATA: Porque no pagas.
MUCHACHA: ¿Y por qué usted y los pobres rinconeros han de pagar esa contribución?
TATA: Porque no tenemos tienda pública.
MUCHACHA: ¿Y porqué no la pone usted y nos quitamos de estas cosas?
TATA: Porque no soy maestro.
MUCHACHA: ¿Y por qué no lo es usted? ¿Qué le falta? Porque todos dicen que es usted un oficial de los buenos y que hace unos zapatos que no les faltan más que hablar.
TATA: ¿Sabes por qué? Porque no tengo catorce pesos y medio para la media annata,(4) cuatro para el mayor, dos para cada veedor y treinta o cuarenta para el festejo.
MUCHACHA: ¡Jesús, Jesús, y cuánto se necesita para ser maestro! Por eso no será maestro tío Simón, el sastre, ni don Ciriaco, el platero; y todos dicen que son unos oficiales de primor.
TATA: Por eso no lo son efectivamente.
MUCHACHA: ¡Válgame Dios! A mí no me cuadran esas cosas. ¡Qué bueno fuera que hubiera libertad para que todos los artesanos pudieran tener sus casas o talleres públicos, como les dicen, sin más examen que su habilidad! De esto resultara que el público hallaría sus obras más baratas por la abundancia de oficiales; éstos tendrían más desahogo, sobrarían más aprendices y no habría tantos vagamundos. Y qué bueno fuera también que se les prohibiera a estos monopodristas, que podridos los vean mis ojos en San Lázaro, el que abarcaran los efectos de primera necesidad, sino que todos éstos de la Aduana se condujeran a las plazas de esta ciudad y allí se vendieran con arreglo a la guía o factura, públicamente y por menor, por espacio de tres días, de modo que después de habilitados los pobres, entonces pudieran los ricos resgatear(5) lo que sobrara. ¿A qué no había tanto orgullo en los semilleros? ¿Ni tanto pobre hambriento? Todo esto era bueno. Verá usted, tata, qué buen pan comemos y qué tortas tan grandes nos darán con la libertad que el superior gobierno acaba de conceder para amasar y venderlo; de modo que el que quiera hacer pan malo y chiquito, se lo comerá; porque ¿quién se lo ha de comprar, habiendo pan más grande y mejor en otra parte? Pues lo demás es tan fácil de hacer libre, como el pan, y sus resultas no serán menos ventajosas al público.
TATA: Tú dices muy bien, y no hay otro remedio.
MUCHACHA: Yo pienso que en todo hay monopodrio.
TATA: Sí, en efecto; y yo leí una vez en un papel de lentejuelas que el señor Jovellanos decía que "contra el monopolio, la libertad"; pero dejemos eso para los que lo entienden. Anda, mira si te prestan dos reales sobre los zapatos, que tengo mucha hambre.
MUCHACHA: Entonces quedan en dos y medio, porque don Preciso no presta menos de ocho con dos.
TATA: Maldito sea él, tan ladrón. Anda a la esquina de aquí a la vuelta, que allí es el amo don Pascacio, un santo; no más lleva un real en cada peso, que es decir el doce y medio por ciento, sin riesgo, pues presta uno sobre lo que vale diez.
MUCHACHA: ¡Qué angelito! Ése se va al Cielo hasta con la tajadera. Eso sí, cuidado como pasa la prenda de los seis meses, porque la vende y no vuelve nada de demasías, como en el Montepío; y lo más que sucede cuando las sacan a tiempo es que salen roídas de rata o meadas de gato, y algunas se pierden y no tiene el dueño ni acción ni constancia para cobrarlas.
TATA: Deja que hagan lo que les dé gana, y anda a ver qué te dan, que ya no veo.
MUCHACHA: Pues ya vengo.
MI DESPEDIDA
Pensaba yo que para escribir sobraba tener un regular talento y tal cual erudición. Engañéme, porque he sabido que es preciso tener conocimiento de mundo, tino, discreción y prudencia; y he visto que más de cuatro escritores en esta época hemos estado faltos de estas virtudes. En obsequio de tan feliz conocimiento, me despido de mi pluma y demás arneses de escritor, en el siguiente
SONETO
Aquí, pluma, te cuelgo de esta estaca,
apago a mi candil el triste moco,
derramo mi tintero poco a poco
y la arenilla viertóla en la cloaca.
Trueco mis cuatro libros por chancaca,(6)
porque de nada sirven a un motroco,(7)
que si a un Quijote saben volver loco,
a un pobre Pensador harán matraca.
No soy demente, no; cargue otro el saco,
mientras a sacristán yo me dedico.
Ya probé de mi espíritu lo flaco
y no quiero preciarme de borrico.
y pues para escritor no valgo tlaco,
sacristán he de ser, y callo el pico.
Puede imprimirse
México, 10 de enero de 1813
Dr. Beristáin
(1) En La imprenta de doña María Fernández de Jáuregui. Año de 1813.
(2) La cita correcta es: Donec eris felix, multos numerabis amicos... (Ovidio, Tristia,libro I, IX, versos 5-6).
(3) Es un error de Fernández de Lizardi. Se trata de Horacio (Satirarum, libro I, 4, versos 81-85).
(4) media annata. La media anata era el derecho que se abonaba al ingresar en cualquier beneficio eclesiástico, pensión o empleo secular, y consistía en la mitad de lo que el beneficio producía en un año; también la cantidad que se abonaba por los títulos y empleos honoríficos.
(5) resgatear. Cf. t. I, núm. 3, nota 2.
(6) chancaca. Raspadura o zurrapas de azúcar. Pan hecho con estos residuos. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(7) motroco. "Que no termina las cosas ni las hace bien." Cf. Santamaría, 2ª acepción.
(8) Termina el número con una lista de suscriptores al tomo I, que transcribimos a continuación:
Señores subscriptores al periódico titulado El Pensador Mexicano, según el orden con que se han subscripto.
|
Reverendo padre exprovincial fray Ángel Dorrego.
|
D. Alexandro Sesé.
|
|
Licenciado don José del Cristo y Conde
|
D. José Carmona.
|
|
Doctor Rafael Sagaz
|
D. Estanislao Garcia.
|
|
Sr. Marqués del Selva nevada
|
R. P. Fr. Agustín Montiel.
|
|
Lic. D. Benito Guerra.
|
D. Manuel Valentegomez.
|
|
Vista D. José María Ximenez
|
D. Cristóbal Díaz Guante.
|
|
Cap. D. Ramón de la Roca.
|
D. Felipe Pérez de Texada.
|
|
Sr. Arcediano Dr. D. José Mariano Beristáin.
|
D. José María Espino.
|
|
Sr. Dr. D. Francisco Maniau
|
Doña María de la Luz Burgos.
|
|
Lic. D. José María Espino
|
D. Fernando Verde.
|
|
R. P. Lect. Fr. Mariano Barreda
|
Cap. D. Francisco Muñoz.
|
|
D. Antonio Echegaray
|
R. P. Fr. Joaquín Soriano.
|
|
Lic. D. José María Villalobos.
|
Lic. D. Manuel Cerquera, Argente fiscal.
|
|
D. Francisco Menéndez Valdés.
|
D. Ramón Villalobos.
|
|
D. Luis Sagasola.
|
D. Mariano González y Molina.
|
|
Sr. Conde de la Valenciana.
|
Lic. D. José Ignacio Espinosa.
|
|
D. Luis Escobar.
|
D. José María Burillo.
|
|
D. Nicolas Rey.
|
D. José del Marzo.
|
|
D. José Natal Espinosa.
|
Sr. Dr. Maniau Canónigo.
|
|
D. Tomás Murphi.
|
D. José Madero.
|
|
Br. D. Santiago Vivanco.
|
D. Miguel José Terradas.
|
|
R. P. Fr. Diego Muñoz Jurado.
|
D. Juan Baptista Arizpe, por otro exemp.
|
|
D. Francisco Venero.
|
D. Mariano Cárcamo.
|
|
Ss. Perera y Arochí.
|
D. Vicente Montesdeoca.
|
|
D. Juan José Ximénez.
|
D. José María Aguilar.
|
|
Sr. D. Silvestre Diaz de la Vega. Director que fué de tabacos.
|
D. José María Arizmendi.
|
|
D. Juan Baptista Arispe por 3 ejemplares.
|
D. Francisco Jácome.
|
|
D. Bartolomé Taboada.
|
D. Manuel Otero.
|
|
Br. D. Miguel Pablo Alacio, Presbítero.
|
D. Agustín del Rivero.
|
|
D. Manuel Cartami.
|
Br. D. Mariano Estrada.
|
|
Sr. D. Juan Cervantes, alcalde ordinario.
|
D. Francisco Iglesias, Teniente de Comercio.
|
|
D. Juan Garcia.
|
P. D. José Urueña.
|
|
Lic. D. Juan Ignacio Vicuña.
|
D. Gabriel de Lambarú.
|
|
Doña Juana Valero.
|
D. Mateo Velasco.
|
|
D. Pedro Prieto.
|
D. Francisco Sánchez.
|
|
D. Mariano Orellana
|
D. Ignacio Avilés.
|
|
D. Rafael Gondra
|
D. Andrés Barrueta.
|
|
D. Juan Vazquez.
|
Sr. D. Juan María Ibañez Diput. de Cortes por Oaxaca.
|
|
D. Juan José Espejo.
|
D. Ignacio Varas y Calero.
|
|
D. Mariano Espino.
|
D. Ramón Vera.
|
|
D. Francisco Aníceto Palacios.
|
D. José María Almaraz.
|
|
Dr. D. Joaquín Román.
|
D. Sebastian Fernández.
|
|
Sr. Intendente Corregidor.
|
D. José María Echave.
|
|
D. Matilde Falcón.
|
Sr. Ten. Cor. D. Manuel Solórzano.
|
|
D. José Ramírez.
|
Ten. D. Joaquín Sta. Coloma.
|
|
D. Manuel Ballarta Cap. y de la Aduana.
|
D. Pedro Carrión.
|
|
D. Alexandro Valdés.
|
D. Antonio Orellana.
|
|
D. Manuel Telechea.
|
D. José María Moya.
|
|
D. Rafael Castillo.
|
Don José Zustacta.
|
|
D. Antonio Prieto.
|
P. D. José María N.
|
|
Doña María Josefa Lara.
|
D. José María Roa.
|
|
D. Juan Antonio Ayerdí.
|
D. José Labrada.
|
|
D. Miguel Nagera.
|
D. Manuel Galindo.
|
|
D. José Terradas.
|
D. José Garay.
|
|
D. Diego Liño.
|
D. Nicolás González.
|
|
D. José Lubián.
|
D. José María Martínez.
|
|
Lic. D. Juan Guzman, Argento fiscal.
|
D. José María Quero.
|
|
D. José Rivera.
|
Sr. Canónigo D. José Gazano.
|
|
Fr. Antonio Guisper.
|
Doña María Espinosa.
|
|
D. Mariano Ximénez.
|
D. José Agustín Frias.
|
|
Lic. D. José Gómez.
|
P. D. Joaquín Calderón.
|
|
D. Juan Francisco Fernández.
|
D. Agustín de Orta.
|
|
Br. D. Mariano Salas.
|
R. P. Fr. Vicente Velasco.
|
|
D. Ángel González.
|
Sr. Lic. D. Fernando, S. Salvador Asesor de la Intend.
|
|
D. José Enriquez.
|
Dr. D. Isidro Icaza.
|
|
Dr. D. José Ignacio Arcos Romero.
|
D. Antonio Baez.
|
|
Br. D. José Morales.
|
D. José Olguín.
|
|
D. José María Ortega.
|
D. Antonio Vega.
|
|
D. Manuel Monzón.
|
D. Joaquín Aldana.
|
|
D. José Rivera.
|
D. Matías Flores.
|
|
Doña Ignacia Lubián y Vieyra.
|
P. D. José María Espinosa.
|
|
D. Manuel Sedano.
|
D. Ignacio Miranda.
|
|
D. Ciriaco García.
|
D. Vicente Castro Virgen.
|
|
Sr. Coronel D. Bernardo Villamil, secretario del Señor Calleja.
|
Br. D. José Antonio Archundia.
|
|
Cap. D. Joaquín Garcilaso.
|
D. Juan Nepomuceno Truxillo.
|
|
R. P. Fr. Tomás Montesdeoca.
|
D. Vicente Cañizares.
|
|
Br. D. Francisco Pérez.
|
D. Mariano Fragoso.
|
|
R. P. Fr. Mariano Muñoz.
|
D. Francisco Ramón Sotelo.
|
|
D. Manuel Fernández Arias.
|
D. Manuel Cervantes.
|
|
Sr. Conde de Xaia.
|
D. Antonio Velasco.
|
|
Subt. D. Mariano Martínez.
|
R. P. Fr. Ildefonso Guerrero.
|
|
Teniente Coron. D. Mariano Cuevas.
|
D. Agustín Moctezuma.
|
|
Br. D. Mariano Leca.
|
R. P. Prov. Fr. Domingo Vidal.
|
|
D. José María Valdivieso.
|
D. Juan Nepomuceno Iglesias.
|
|
D. Cristoval Pimentel.
|
D. Francisco Valdivia.
|
|
D. Mariano Porto.
|
D. Joaquín de Arizaga.
|
|
Señora Marquesa de Villaermosa.
|
Félix Montanches.
|
|
D. Mariano Becerra.
|
D. Gerónimo Piedracardenas.
|
|
D. Felipe Vega, Cirujano.
|
D. Ignacio Miranda.
|
|
D. Juan Baptista Obregón.
|
D. Miguel Munguía.
|
|
Sr. Coronel Marqués de Guadalupe Gallardo.
|
D. Crisanto Durán.
|
|
D. Félix Guzmán.
|
D. Santiago Aldasoro.
|
|
D. Juan José Mendoza.
|
D. Manuel Ruiz.
|
|
D. Ignacio León.
|
D. José de la Cueva.
|
|
D. Manuel Alfaro.
|
D. Mariano Ruiz Castañeda.
|
|
D. José María Romero.
|
D. Manuel García.
|
|
Baball. Dr. D. Juan Arechedeta.
|
D. José Joaquín Piña, por 2 exemp.
|
|
D. Nicolás Ortega.
|
D. Abundo Muñoz.
|
|
Br. D. Javier Vargas.
|
P. Fr. Francisco Betosolo.
|
|
Procur. D. Andrés Alcántara.
|
D. José María Begero.
|
|
Doña Teresa Dávila.
|
Doña María Salazar, por 2 exemp.
|
|
D. José María Berrueco.
|
D. José Manuel Estela.
|
|
Teniente Coron. D. Juan Urquidi.
|
Doña Josefa Villalobos.
|
|
D. José Horta.
|
D. José María Arellano.
|
|
D. Manuel Vasconcelos.
|
D. José Miguel Septién.
|
|
D. Juan de Dios Zaragoza.
|
Br. D. Mariano Ximénez.
|
|
D. José Brito.
|
D. José Ortega.
|
|
D. Pedro López.
|
En el cajón de subscripciones por 6 exemplares.
|
|
R. P. Lect. Fr. José Puig.
|
|
|
Sr. Marqués de Rayas.
|