[NÚMERO 12]
DUODÉCIMA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
SACRISTÁN: Compadre, se habrá usted divertido mucho en estos días. Yo considero que Rosita lo habrá estado más por ser la primera Semana Santa que pasa en México.
PAYO: Sí, se ha divertido bastante; pero no le gusta mucho la incansable ruidera de las matracas.(2)
SACRISTÁN: Tiene razón, pero otras matracas que no hacen ruido son las que me incomodan más a mí, y esto que no soy yo mala matraca. No hay forma, los señores canónigos de quitar las armas españolas de la lámpara de Catedral, ni de pintar sobre la puerta principal las nacionales.
PAYO: Es ya esta resistencia no sólo sospechosa sino criminal a puerta abierta. Ni falta advertencia ni dinero, y tanto en esto como en no haber levantado el mausoleo que mandó el Congreso se erigiera a las respetables cenizas de los primeros héroes mexicanos, ha faltado y está faltando este venerable Cabildo a la ley con la mayor impudencia; y no es lo peor, sino que el gobierno lo está mirando y tolerando: yo no entiendo el misterio.
SACRISTÁN: Pues si no me equivoco, el misterio consiste en que se cree que el clero tiene un influjo sobre el pueblo capaz de moverlo a su opinión, sea la que fuere; y por evitar una guerra religiosa, el gobierno disimula los abusos de algunos de sus individuos, siendo el resultado la impunidad de los crímenes del obispo de Sonora, las ventajas que el Cabildo de Jalisco(3) consiguió sobre aquel Congreso, el desaire que el gobernador de Valladolid(4) sufrió de aquel Cabildo, la humillación del gobierno de Guatemala a cuatro frailes, la socarronería de nuestros canónigos en punto de armas, y la preponderancia actual del despotismo eclesiástico sobre el despotismo civil y militar, pudiendo ser el primero funestísimo, en faltando energía al gobierno. Ya El Pensador días ha que lo anunció en un papel titulado La nueva revolución que se espera en la nación.(5)
PAYO: En efecto, el disimulo de los delitos aumenta la audacia de los delincuentes. El clero mexicano no tiene en el día sobre el pueblo el influjo que ahora diez años. Las preocupaciones pierden terreno según que avanzan las luces. El pueblo se convence mejor por lo que ve, que por lo que oye, y si hay alguna cosa bastante a mantenerlo en su error grosero de respetar más al clero que al gobierno, es la diferencia con que sucumbe éste a cuanto aquél quiere. He leído, con escándalo, en El Sol número 657, el ridículo artículo de lo ocurrido en Guatemala, transcrito con fecha de 28 de febrero sobre que el jefe político, ciudadano Antonio Rivera, prohibió que los frailes de propaganda fide no comenzaran su misión cuaresmal sin que prestasen el juramento de obedecer la Constitución de aquel Estado, lo que no habían querido hacer ni tampoco los demás frailes. La determinación de aquel jefe fue muy patriota y religiosa, pero aquel Poder Ejecutivo, medroso como un niño, temió (así se lee en el periódico citado), temió que si faltaba la misión, se disgustaría y alteraría el pueblo, y por eso hizo que el jefe político revocara su orden y que permitiera a los padres hacer su misión sin jurar, como en efecto se hizo, después de varios alborotos que un pueblo ignorante, insubordinado y fanático hizo reunido en favor de unos religiosos rebeldes al obedecimiento de las leyes, hasta llegar este populacho idiota a gritar: viva la religión,muera la herejía y los que no quieren misiones, señalando a personas determinadas, es decir, a las autoridades.
Los mismos frailes halagados por el gobierno, contuvieron ese tumulto popular, y dice con mucha gracia el Indicador de Guatemala que así que el gobierno sucumbió a los frailes, "el pueblo se tranquilizó y volvió a su natural moderación y dulzura".
¡Qué dulzura tan envidiable! ¡Qué moderación tan edificativa! Después que Juan, marido de María, consintió en que ésta viviera a pierna suelta con su amigo Pedro, se acabaron las riñas en su casa, a merced de la natural moderación y dulzura de María. ¿No es verdad que ésta era tan suave como la paloma y Juan tan bueno como el padre del cabrito? Pues ese honor le hace el periodista de Guatemala a su gobierno. A un populacho alzado no se reduce al orden con frailes, ni con cristos, sino con soldados y bayonetas. Si aquel Poder Ejecutivo sostiene la justísima orden del jefe político, valiéndosede la fuerza armada, y deshaciendo aquellas reuniones tumultuarias, aunque hubiera sido a costa de cuarenta léperos(6) muertos, él se hubiera hecho respetar, y el clero regular de Guatemala fuera, en lo de adelante, el primer sostenedor de sus resoluciones; pero con esta ensayada, y como sabe que el gobierno le besa la mano, cuando quiera se le pondrá de uñas, y a fe que hará muy bien.
SACRISTÁN: Tan mal ejemplo no quisiera yo que siguiera en ningún tiempo el gobierno de México. Los clérigos y frailes protegidos por las leyes del país, deben estar tan sujetos a ellas como los demás ciudadanos: con respecto a la subordinación civil, no es más el obispo que el zurrador; y si esto no es verdad, no hay libertad, no hay independencia ni república. Si una corporación se puede sobreponer al gobierno sólo en razón de su opinión, aún más podrá otra con opinión y con armas, es decir, si el clero auxiliado de la preocupación del vulgo, y valiéndose de sus armas, de papel o excomuniones, se puede sobreponer al gobierno, más fácilmente podrá la tropa, que cuenta con la opinión general y con las bayonetas. De tan mal ejemplo no puede prometerse ningunas ventajas la sociedad.
PAYO: Diga usted más: que el gobierno no tiene facultades para hacer excepciones sobre el cumplimiento de las leyes generales; y así cuando disimula las infracciones de la ley, incurre en notoria complicidad, porque tanto peca el que mata la vaca, como el que le tiene la pata.(7) Tanto peca el que infringe la ley, como el que lo permite, teniendo autoridad para castigar al infractor. Si yo no obedezco la ley, me castigará el gobierno justamente, ¿pues por qué a los canónigos de México, que no obedecen las leyes que expresamente les mandan que erijan un sepulcro público a las cenizas venerables de nuestros héroes, y que quiten los signos de la dominación española de los lugares públicos, los deja impunes, no les reconviene ni los obliga al cumplimiento? O no se han de decretar las leyes, o una vez decretadas, se han de hacer obedecer por todos, sin excepción; porque donde cabe la excepción, no cabe la igualdad, y donde falte la igualdad, falta la justicia.
SACRISTÁN: Compadre, habló usted como un santo Tomás; pero con todo eso, verá usted cómo los canónigos de México ni levantan el mausoleo a las santas reliquias de nuestros héroes, ni quitan las armas españolas de la lámpara, ni ponen las nuestras en la puerta de Catedral.
PAYO: Yo soy un pobre payo ranchero; pero que me autorice el gobierno, y veremos si dentro de un mes no está levantado el cenotafio, quitadas las armas españolas de la lámpara y puestas en su lugar las nacionales. A fuerza de multitas de a seis mil pesos había de cumplir con la ley el Cabildo Eclesiástico de México, o les había de fundir hasta la lámpara para cobrar las multas. Yo no puedo sino gritar al gobierno contra este escándalo. Si pudiera más, obrara, no hablara.
SACRISTÁN: Ése es efecto del buen celo que a favor de la patria nos anima. Cada uno cree que tiene el talento necesario para gobernar el mundo, y tal vez no sabe gobernar su casa. En todas las revoluciones las pasiones se desenfrenan, los intereses se chocan y los partidos se aumentan. De consiguiente, no siempre pueden los gobiernos remediar prontamente los males que escandalizan a los pueblos; así que, es necesario la calma y el disimulo muchas veces, pues las medidas violentas en vez de remediar los daños, suelen causarlos mayores.
PAYO: Yo convengo en todo eso, pero el hacer obedecer las leyes, no admite calma ni tampoco las injusticias admiten disimulo. Por ejemplo, acabamos de ver que la legislatura de San Luis Potosí(8) ha reemplazado al señor Mendizábal con el señor don Francisco Antonio Cendoya,(9) para senador por aquel Estado.
SACRISTÁN: ¿Y en eso qué injusticia halla usted?
PAYO: Ésta: en 7 de septiembre de 1823 la Junta Electoral llamada entonces Provincial, reunida en San Luis Potosí, a efecto de nombrar diputados para el Congreso General Constituyente Mexicano, declaró por votación nominal que el señor Cendoya no podía ser electo diputado.
Lo mismo y en iguales términos declaró segunda vez la Junta Electoral del Estado en el segundo domingo de septiembre del año próximo pasado, al nombrar diputados para la actual Cámara de Representantes. Es más que evidente que la voluntad general de aquel Estado, explicada en dos juntas electorales, funcionando en las atribuciones propias de su encargo, ha resistido la elección en el señor Cendoya; y por eso, así el Congreso Constituyente, como la actual Cámara de Diputados, al tocar este punto en las discusiones, no contrariaron, antes bien pasaron por la resolución de aquellas dos juntas electorales. Todo esto consta en las actas archivadas en la secretaría de la Cámara, en los extractos de las sesiones del Congreso, y muy claramente en el periódico titulado Águila Mexicana, número 238 del miércoles 8 de diciembre de 1824, en donde consta lo que sigue: "que el señor Cendoya, educado en España, y formado en la Universidad de Valencia, fue siempre enemigo de los insurgentes, y mucho más de la Independencia, pues apenas oyó el sonoro grito de Iguala, cuando tomó la pluma, escribió e imprimió un cuaderno titulado: Avisos patrióticos a los habitantes de San Luis Potosí, en el que procura persuadir que la Independencia es injusta y origen de todo mal, y donde a nuestros primeros héroes Hidalgo(10) y Allende(11) les aplica los ignominiosos epítetos deabortos de la naturaleza, procurando de mil modos mantener en la esclavitud española a los pueblos de su Estado, a quienes circuló de su cuenta dicho impreso".
SACRISTÁN: Ésos no son méritos para ser senador, sino para estarse encerrado en su casa sin hacer papel en la sociedad; mas como no somos dueños de nuestra opinión, el señor Cendoya habló entonces engañado; pero después confesaría y lavaría su error.
PAYO: No ha habido nada de eso: reconvenido por los periódicos de México para que diese una satisfacción al público, retractando aquella opinión, se ha obstinado en callar, y ya se sabe que qui tacet consentire videtur, o quien calla otorga, lo que prueba, en concepto de algunos maliciosos, que el señor Cendoya es antindependiente como siempre.
SACRISTÁN: Es que se sabe que hace pocos días que envió a San Luis Potosí unos documentos privados en que constan los esfuerzos que hizo para derrocar a Iturbide.
PAYO: Esa prueba de patriotismo es muy equivocada. Al señor Iturbide trataron de destronarle los serviles y los liberales, los monarquistas y los republicanos y, en una palabra, los borbonistas y los independientes. Los primeros lo detestaron como monarca americano y factor principal de la final consecución de la Independencia, y los segundos como a monarca déspota, prescindiendo de su origen y sus servicios. De manera que contra este hombre desgraciado se conjuraron por diversos fines los buenos y los malos: el señor Cendoya sabrá en su corazón a qué número pertenece y con qué fin cooperó a su caída; pero entre tanto no nos lo diga, este hecho solo no puede alegarse, no digo para ser senador, pero sí para ser portero del Senado.
SACRISTÁN: De manera que usted cree que la voluntad general del estado de San Luis no está en favor del señor Cendoya, que éste jamás merecerá su confianza por su acreditado gachupinismo,(12) pues aún conserva los modales y acento que trajo de la Península; y el no haber satisfecho al público de que ha retractado sus opiniones que virtió en su impreso, manifiesta que las conserva.
PAYO: Eso es lo que yo digo. No tengo el honor de conocer al señor Cendoya; tendrá mucho talento, mucha virtud moral; podrá ser no ya senador, sino presidente de la República; le protesto no sólo mi reconocimiento sino mi sincera amistad; pero como, amicus Plato sed magis amica veritas, es más justo amar la verdad que amar a los hombres, creo que el mismo señor no se agraviará porque diga que la legislatura de San Luis Potosí se ha equivocado mucho, ha atropellado la voluntad de aquel Estado y ha faltado notoriamente a la justicia distributiva, otorgando su mayoría de votos, pero no siempre para éste o aquel empleo determinado. El señor Cendoya será bueno para todo, menos para senador por San Luis.
SACRISTÁN: Basta, compadre, es menester que las Cámaras digieran esto. A Dios, hasta otra vez.
PAYO: A Dios, compadre.
México, abril 7 de 1825.
El Pensador
(1) Imprenta de don Mariano Ontiveros.
(2) matracas. Rueda de tablas fijas en forma de aspa entre las que cuelgan mazos que, al girar ella, producen gran ruido. Cuando en el párrafo siguiente dice "no soy yo mala matraca " significa hombre porfiado con pesadez y necedad.
(3) Jalisco. Cf. nota 20 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(4) Antonio de Castro. Abogado. En diciembre de 1823 asumió el cargo. El 6 de abril de 1824 entró en funciones la primera legislatura del Estado, la cual dispuso que mientras se nombraba gobernador interino continuara en funciones el licenciado Castro. El 8 de abril se declaró gobernador interino Francisco Manuel Sánchez de Tagle. Éste no aceptó el cargo y hubo de sustituirlo Castro. Una vez verificadas las elecciones para poderes del Estado, la primera legislatura de Michoacán, en decreto de 13 de agosto de 1823, declaró gobernador constitucional al licenciado Antonio Castro y vicegobernador al general José Salgado. Castro tomó posesión de su cargo el 6 de octubre de 1825. No terminó el periodo para el cual fue electo porque, habiéndose decretado la expulsión de los españoles, no cumplió el decreto del gobierno ni publicó el de la legislatura local; prefirió dejar el cargo. Lo sustituyó el general Salgado, antiguo insurgente que llevó a cabo la disposición citada.
(5) La nueva revolución que se espera en la nación. México, Imprenta del Autor, 1823.
(6) léperos. Cf. nota 2 al núm. 3 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(7) Tanto peca el que mata a la vaca, como el que le tiene la pata. Refrán que juzga iguales las responsabilidades que tienen todos los coautores de un delito o una acción negativa. Cf. Darío Rubio, Refranes, proverbios, dichos y dicharachos mexicanos.México, 1937.
(8) San Luis Potosí. Cf. nota 9 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(9) Francisco Antonio Cendoya. No hemos encontrado el dato que consigna Fernández de Lizardi. Sólo sabemos que Alejandro Serratón o Zerracón fue diputado por San Luis Potosí en sustitución de Luis Gordon.
(10) Hidalgo. Cf. nota 8 al núm. 2 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(11) Allende. Cf. nota 3 al núm. 8 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(12) gachupinismo. Cf. nota 11 al núm. 4 de El Hermano del Perico que Cantaba la Victoria.