[NÚMERO 11]
UNDÉCIMA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
SACRISTÁN: ¿Cómo va, compadre?
PAYO: No hay más novedad, sino que cada día tiene uno más desengaños en el mundo.
SACRISTÁN: ¿Pues cuál es el nuevo que usted ha tenido?
PAYO: No otro, sino los malditos duendes que se han soltado.
SACRISTÁN: ¿Qué duendes ni qué alforjas, compadre? ¿Todavía está usted creyendo en brujerías?
PAYO: ¿Qué duendes? ¡Frioleras! Los que hay y no vemos, aunque sentimos sus efectos. Vea usted: nosotros tenemos nuestras conversaciones privadas, y ello es que ya se saben en el público.
SACRISTÁN: ¿Se saben, compadre?
PAYO: ¡Toma si se saben! El duende que las imprime no pierde ni una coma.
SACRISTÁN: ¡Hola! ¿Con que ya andamos de letra de molde?
PAYO: Sí señor; en un comunicado que salió el 29 del pasado septiembre en el periódico de El Sol(2) nos dan buena antecogida, y ponen de asco a El Pensador, a quien hacen autor de nuestras conversaciones.
SACRISTÁN: ¿Y qué le dicen?
PAYO: ¡Oh! Treinta mil sandeces de las que acostumbran los necios, cuando a falta de razones echan mano del sarcasmo y el sofisma.
SACRISTÁN: Pues en buenas manos está el pandero, ya le responderá El Pensador a su antagonista por el mismo conducto. ¿Y cómo se llama su enemigo?
PAYO: Si no se firma con su nombre
SACRISTÁN: Ésa es la ensayada de los enemigos de El Pensador, decirle mil injurias, amontonar disparates, y no tener valor para sacar la cara en el público. ¡Valientes habladores!
PAYO: Pero, compadre, no es él solo a quien le echan de la gloriosa, en ese mismo número de El Sol del 29 citado, sino también a los señores canónigos, por la poca o ninguna afición que manifiestan a nuestro actual sistema.
SACRISTÁN: Bastante se les ha dicho a esos señores. Ya es necesario que renuncien las prebendas o que se enmienden.
PAYO: No, sí se enmendarán. Ya verá usted qué bien se portan en las próximas funciones que se han de hacer por la publicación de la Constitución de los Estados Unidos de la Federación Mexicana. Rosita ha estado disgustadísima con lo frión e insulso de las que ha visto. Yo le he prometido que ahora se va desquitar. "Ya verás —le he dicho—, qué suntuosas funciones se hacen en la Catedral. Mira, no habrá alhaja que se esconda, ni gallardete ni colgadura que no desempolve en esos días; las armas reales que están en la lámpara, se limarán con tiempo, y en su lugar se pondrán unas aguilitas sobredoradas, auque sean sobrepuestas; pues, porque es una vergüenza y aun rebeldía, el que en días semejantes, tengamos a la vista las armas de nuestros opresores; te digo que es rebeldía, porque si no me engaño, creo que está mandado por el Soberano Congreso que se quiten las tales armas de todos los parajes públicos y, sin embargo, están fijas en la lámpara de Catedral, en la águila de la pila de la plazuela de Santo Domingo(3) y en otras partes. Fuera de México es un poco peor. En Chalco(4) se ven sobre la fachada de la puerta principal de la parroquia, dentro de la iglesia en los ambones, y aun el retrato de Fernandote en su marco bien dorado; pero creo que en las fiestas de la Constitución ya no habrá cosa que huela a dominación española. Verás, pues, qué iluminación tan completa en Catedral, qué música tan ensayada, qué asistencia tan completa, qué misa tan solemne y qué discurso tan brillante, liberal y análogo a las circunstancias, pronunciará el eclesiástico de mayor dignidad, según que se ha mandado por el Soberano Congreso.
"También veras las disposiciones de nuestro excelentísimo Ayuntamiento (de cuyo patriotismo no se puede dudar) para que estas funciones sean con toda la magnificencia posible. Habrá su bando preventivo y muy solemne, mandando el adorno de las calles y la mejor iluminación general. Los repiques no parecerán dobles ni rogativas, como los de estos días. Las funciones del teatro serán excelentes, y todo manifestará que somos republicanos de veras, y no a empujones o porque no se diga, como parece." "Dios lo quiera —me dijo Rosita—, pero santo Tomás, ver y creer."(5)
SACRISTÁN: A lo menos por lo que toca al Cabildo Eclesiástico, quién sabe qué le diga a usted; pues, porque los intereses de las clases privilegiadas y condecoradas están en oposición con los generales de las repúblicas, que consisten en la más posible igualdad. Como nuestro actual sistema, si se lleva a puro y debido efecto, es preciso que cercene en mucho las escandalosas rentas que se absorbe el clero alto, éste no puede estar muy contento con tal sistema; y digan lo que quieran decir, yo he de creer lo que quiera creer.
PAYO: A lo menos yo no las tengo todas conmigo, pues en efecto, mientras el pueblo no distinga entre la religión y el dinero, no estamos muy zafos de ver una santa revolución dentro de casa.
SACRISTÁN: ¿Cómo revolución? ¿Quién le ha de hacer?
PAYO: Pues, yo no digo que los señores canónigos, ni menos los señores obispos... ¡Jesús!, no. No soy tan temerario ni mal cristiano que me echara por esos trigos a pensar mal de los ministros del señor.
SACRISTÁN: Pues entonces, ¿quién hará esa santa revolución?
PAYO: Un bicho que anda por ahí muy conocido y se disfraza con diferentes trajes. ¿Sabe usted cómo se llama? Pues oiga usted en la oreja sin que nos oiga el duende.
SACRISTÁN: Vamos, ya escucho.
PAYO: Pues compadre, se llama el interés. Este maldito que vestido de magistrado tuerce la justicia más recta; vestido de diplomático, intriga con los gabinetes y pierde los reinos nacionales; y vestido, en fin, de diferentes trajes, causa en el mundo los daños que sabemos. Cuando le importa afianza el manto augusto de la religión, se emboza en él, empuña la espalda con la mano derecha y con la izquierda un Santo Cristo, y presentándose ante el pueblo fanático y que desconoce sus derechos, con un tono entre reconquistador y misionero, le dice de esta suerte: "Oídme pueblo, atiende la voz del Pastor de Israel. Yo soy el ministro del Señor, el maestro de la ley y el depositario de sus misterios. Nada de cuanto se te dice, contra mí o contra mi dinero, es más que error, masonismo y herejía. Ni son tributos ni gabelas injustas las que pagáis mil veces a vuestros sacerdotes, sino emolumentos, limosnas y derechos, con la que nada menos aplacáis que la ira de los Cielos. Si alguno os persuadiese en contra de esto, ¡anatema, anatema eterno! Este Señor volverá por su causa y vosotros, en su defensa, empuñad las espadas y guerra sin perdón contra todo hereje libertino, que yo el primero, al frente de vosotros, sacrificaré mil vidas, asegurando de que si muriere en la demanda de vuestra compañía, nuestros espíritus serán llevados en brazos angelicales a las eternas mansiones de la gloria, la que os deseo en el nombre del Padre, etcétera."(a)
SACRISTÁN: ¡Compadre! ¿Está usted loco? Se me ha vuelto usted predicador entre las manos.
PAYO: No he hablado sino en el mismísimo tono que habla el interés humano, cuando se disfraza con la capa de la religión divina.
SACRISTÁN: ¿Pues qué más dijera usted si supiera que de resultas de la determinación del honorable Congreso Constituyente del estado libre de Veracruz sobre evitar "los llamados responsos en el día y octava de finados, las ofrendas y procesiones nocturnas, la colectación de limosnas por los religiosos de cualquier orden que, a manera de especulaciones mercantiles, se introducen por los pueblos foráneos, las ventas o comercio público que se hace en las iglesias o lugares inmediatos, de estampas, medallas, escapularios, rosarios, mediditas y cosas semejantes", se ha levantado, digo, una polvareda en Puebla tan terrible, que plegue a Dios no nos empañe el horizonte?
PAYO: ¿Cómo, compadre, pues qué ha sucedido?
SACRISTÁN: Tengo carta a la vista de que consta que el señor obispo ha convocado junta de las autoridades eclesiásticas, y después de largas conferencias se ha resuelto se diga al Congreso de Veracruz, que si no retira su decreto se le declarará incurso en las excomuniones de tal y tal papa, de éste y aquel concilio.
PAYO: Bien ¿eso qué tiene de nuevo, ni menos de aparato de opacar el horizonte? El Congreso de Veracruz es muy católico, y desde luego retirará el decreto, continuará todo como estaba y se acabaron pleitos.
SACRISTÁN: Que ése sea el fin de las amenazas nadie lo duda; pero que el Congreso, por el temor de ella, revoque un decreto justo y benéfico al Estado, es lo que falta en saber. Regularmente querrá sostenerse, y entonces ¿qué se hará?
PAYO: Ya le respondió a usted mi misionero: encender una nueva revolución, masque se maten en hora y gloria de Dios, a bien que se irán al Cielo derechitos.
SACRISTÁN: Compadre, no lo permita Dios de las misericordias.
PAYO: Éste es el fruto de la indiferencia con que el primer Soberano Congreso oyó quejas de El Pensador en su ruidosa e injusta excomunión.(6) Los serviles, habiendo perdido votación, no tuvieron más desquite sino comenzar a divulgar que los nuevos diputados eran masones, con el fin de desconceptuarlos con el pueblo. No contentos con esto, imprimieron en castellano la Bula contra fra[n]cmasones expedida por el señor Clemente XII. El Pensador que conoció a dónde se dirigían aquellos tiros, impugnó con juicio y solidez la dicha Bula. Al momento, sin citarlo, ni oírle una palabra, lanzó sobre él el difunto provisor el rayo del Vaticano con la ilegalidad más declarada. También conoció El Pensador el objeto de esta animosidad, que no era otro sino intimidar el gobierno con el chispazo de la excomunión fulminada contra él para sobreponérsele con la misma arma cuando se ofreciera. Así, claramente, lo dijo El Pensador en laExposición(7) que se hizo y que se leyó en el Soberano Congreso el día 7 de marzo del año [1]822 y corre impresa. Oiga usted sus palabras.
"No ha de medir vuestra majestad este ruidoso acaecimiento por la pequeñez de mi individuo, sino por la extensión de todas las órdenes y clases del Estado, y lo que es más, por el supremo poder, decoro y dignidad de este augusto Congreso. La tentativa que ha hecho el provisor, viene a ser como una sondaleza para tocar en el fondo del sufrimiento, disimulo, o indiferencia de vuestra majestad con el doble objeto de atacar en sus propias trincheras al santuario de las leyes, si en esta vez no se reprime con toda la energía y severidad que corresponde un atentado, de cuyo escarmiento o tolerancia depende el vigor de la presente legislatura, o su desprecio o degradación, no sólo para el concepto de los sabios de este Continente, sino para el de todas las naciones de la culta Europa." Hasta aquí El Pensador no parece sino que hablaba en profecía.
SACRISTÁN: Es verdad, me consta, tengo el impreso y supe que él bien pudo haberse quitado el lazo prontamente; pero lo sufrió creyendo que sería protegido y que la autoridad civil se haría respetar. Mas, ¡cuánto se engañó!, cinco veces ocurrió al Soberano Congreso, y en tantas fue desatendido. El asunto pasaba de comisión a comisión, y jamás se decretó nada a su favor hasta que cansado de sufrir lo que Dios sabe y viendo que los más interesados lo abandonaban, cortó el asunto como todo saben; pero ya se ve el efecto de aquella indiferencia. Ya se amenaza con excomuniones no a un pobre Pensador, no a un individuo particular sin representación ni dinero, sino a todo un Congreso depositario de la soberanía del Estado.
Lo peor es que no ha de ser ésta la última amenaza. Algún día se acordarán de Lizardi. Mientras los supremos poderes de la Federación traten de contemporizar con el clero o, a lo menos, mientras no se atrevan a reformar los abusos que se notan por temor de las excomuniones... ya veremos lo que sucede.
Los señores eclesiásticos son ciertamente muy respetables por su instituto; pero son ciudadanos y deben ser muy obedientes a las leyes. San Pablo dice que todos deben respetar a las autoridades, aunque sean presbíteros o apóstoles, y Jesucristo dijo que su reino no era de este mundo y que se debía dar a Dios lo que era suyo y al césar lo que le pertenecía. Si la amenaza del señor obispo de Puebla(8) es cierta y esta chispa enciende un cisma, no sé cómo subsanará su conciencia este ilustrísimo.
PAYO: Compadre, quiera Dios o que sea falso, o que el señor obispo no haya verificado la amenaza. Es sabio y americano, con lo que basta para que por su parte no se empañe el horizonte de nuestra libertad.
SACRISTÁN: Así lo debemos esperar de su prudencia, y aun pedírselo a Dios a todas horas. Hasta el miércoles.
México, 2 de octubre de 1824.
El Pensador
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.
(2) El Sol. Cf. nota 7 a El Payaso de los Periódicos.
(3) Plaza de Santo Domingo. Está a dos cuadras del noroeste de la Catedral. Aquí estaba el convento del mismo nombre. Al este de la plaza e iglesia estaba la calle de Santo Domingo, que corría de norte a sur, y que actualmente se llama República de Brasil.
(4) Chalco. Distrito del Estado de México con varios pueblos, barrios, haciendas y ranchos. En este distrito están los volcanes Popocatépetl e Ixtaccíhuatl. Sus municipalidades principales son: Chalco, a la que se refiere Fernández de Lizardi, Amecameca, Atlauta, Ayapango, Cocotitlán, Ecatzingo, Ixtapaluca, Ozumba, Temamatla, Tenango del Aire, Tepelixpa, Tlalmanalco y Xuchitepec. La municipalidad de Chalco está en la ribera este del lago que llevó su nombre y que fue desecado para aprovechar los terrenos en la agricultura. Chalco es una población que fue fundada en el siglo xvi, y su nombre primitivo fue Chalca, palabra que significa "poseedora de bocas". El 14 de noviembre de 1861 se dispuso llamar a esta villa Chalco de Díaz Covarrubias.
(5) santo Tomás, ver y creer. La forma más conocida es "Ver y creer, como santo Tomé."
(a) Nadie se finja escandalizado, ni haga del mojigato al leer estos desatinos de boca del interés disfrazado con la capa de la religión; porque hemos oído peores blasfemias y herejías, no de boca de personajes ideales, sino de sacerdotes reales y verdaderos. No hay sino acordarnos de la pasada insurrección. De los sacerdotes sabios y virtuosos nada hay que temer. De los hipócritas y necios, todo. Judas era [un] sacerdote de éstos, y entregó a su Maestro.
(6) excomunión de El Pensador. Decreto que firmó Félix Flores Alatorre debido a la defensa que hizo Fernández de Lizardi de los francmasones en 1822. Flores era provisor y vicario general del Arzobispado de México. En su Exposición, Fernández de Lizardi reproduce la calificación de la Junta, el Decreto del provisor y el Rotulón que se puso en la Catedral y parajes públicos. En la calificación se acusa al impreso de Fernández de Lizardi de: "erróneo, sospechoso de herejía, escandaloso, ofensivo a los oídos piadosos, temerario, injurioso a las autoridades tanto civiles como eclesiásticas del Estado, y también fautor del cisma y del indiferentísimo sobre religiones o sectas". Cf. p. 6 de laExposición, que citamos a continuación.
(7) Exposición al Soberano Congreso de 7 de marzo de 18822. el título completo es: Exposición del ciudadano don José Joaquín Fernández de Lizardi. Leída en el Supremo Congreso de Cortes el día 7 de marzo del presente año, en la que se reclama su protección contra la pública censura fulminada por el señor provisor de este Arzobispado doctor don Félix Flores Alatorre, por su papel titulado: Defensa de los francmasones, México, impreso en la Oficina contraria al despotismo de don J. M. Benavente y Socios, 1822.
(8) señor obispo de Puebla. En la sesión de Cortes de 9 de agosto de 1825 se habla de una Pastoral, que publicó para apoyar la Independencia el 24 de septiembre de 1824, en contraposición a la que expidió el papa.