[NÚMERO 11]
CORREO SEMANARIO DE MÉXICO(1)
Miércoles 31 de enero de 1827
El precio de la subscripción a este periódico serán 6 reales mensales en México y un peso fuera. Se reciben las subscripciones en esta capital en la Librería del difunto Ontiveros; en Durango,(2) en casa del ciudadano Pedro Carrasco; en Guadalajara,(3) en la del ciudadano José Ignacio Herrera; en Tlacotalpan,(4) en la del ciudadano coronel Joaquín García Terán; en Perote,(5) en la Administración de Correos, y se irá advirtiendo en qué otras de otros lugares, según se proporcionen correspondientes.
PAPAS
41 ZÓSIMO
De 417 a 418
Este papa, elegido en el domingo 18 de marzo de 417 y difunto en 26 de diciembre de 418, dejó en su corto pontificado de un año y pocos días, más de nueve meses, grandes testimonios del espíritu ambicioso de mandar en toda la Iglesia despóticamente, que se había comenzado a manifestar en el papa Víctor del segundo siglo, y había ido creciendo por grados, como hemos visto.
Prescindiendo de lo que obró contra Pelagio,(6) Celestio(7) y otros de su opinión, aunque podía censurar mucho su conducta si yo me dejase arrastrar de las declaraciones de monsieur Prudhome;(8) pero no sucede lo mismo con el exceso de nombrar a Patroclo,(9) obispo de Arlés, por vicario suyo en las provincias eclesiásticas y civiles de Francia, nombradas entonces una de Narbona y dos de Viena del Delfinado. Le dio potestad para dar letras firmadas, es decir, en nuestro tiempo testimoniales, a cualesquiera clérigos de su voluntad, para que en su virtud fuesen éstos recibidos a comunión en donde quiera que se presentasen. Asimismo, para ordenar que ahora decimos consagrar obispos en las tres provincias designadas; para conocer de todas las causas eclesiásticas que ocurriesen en ellas, excepto las que mereciesen el dictado de mayores (las cuales se reservaba su santidad), y para nombrar jueces que decidieran esas mismas causas.
Un exceso de esta naturaleza produjo los malos efectos que debieron haberse previsto. Los obispos metropolitanos de aquellas provincias y aun los diocesanos no metropolitanos resultaban perjudicados en cada uno de los artículos de las facultades de vicario pontifical. No pudieron llevarlo en paciencia. Se turbó la paz de la iglesia galicana; y resultó cierto cisma perniciosísimo, queriendo unos obispos sostener sus derechos, y consintiendo otros la usurpación por respeto a la silla de san Pedro, que ya empezó a ser respetada en una manera supersticiosa, esto es, bajo el concepto de que consistiera su veneración en dejar al pontífice romano hacer lo que se le antojara en el nombre de san Pedro, sin otra responsabilidad que la del tribunal de Dios. Esta máxima que comenzó en Francia, con el motivo indicado, es el origen verdadero de haberse aumentado notablemente desde entonces el despotismo pontifical; pues si todos los obispos franceses hubieran procedido con uniformidad, resistiendo la usurpación del papa Zósimo, hay motivos de presumir que los sucesores hubieran sido moderados; mas como el éxito de aquella empresa correspondió a los deseos, sirvió de presupuesto para avanzar por días a nuevos proyectos, citando el ejemplar mismo como testimonio de posesión de los sumos pontífices y de reconocimiento de su justicia por parte de los obispos.
Con efecto, muy pronto se resolvió Zósimo a considerarse libre de la observancia de los cánones y superior a las leyes eclesiásticas pues, abusando de las palabras materiales del Concilio de Sárdica,(10) tomó conocimiento de una causa terminada ya en Concilios de África.(11) El presbítero Appiario,(12) condenado por Urbano, obispo de Sicca, hizo recurso a Roma, con escándalo general de los obispos africanos. Constaba que todas las causas debían ser finalizadas dentro de la provincia cuyos obispos congregados por el metropolitano habían de ser últimos y supremos jueces. Zósimo admitió el recurso, porque le era muy agradable que los obispos y clérigos de todo el orbe cristiano vivieran persuadidos a que la cátedra de san Pedro era el trono de un monarca eclesiástico a donde todo el mundo podía pretender justicia, sin contar con sus jueces naturales ni con las leyes de su país. Los emperadores debieron impedir este abuso no tolerando que los vasallos eludiesen las leyes de sus provincias. Era contra la buena policía civil el dar lugar a viajes dilatados y dispendiosos que empobrecían las familias. Pero los emperadores del Occidente, Honorio y los que le sucedieron, habían caído en una debilidad extraordinaria y miraban con indolencia las usurpaciones de los papas. Éstos aprovecharon perfectamente la ocasión y dejaron a los sucesores la herencia de sus excesos con el sobrescrito virtuoso de celo y con la ventaja de poderlos citar como testimonio de posesión de las prerrogativas que ninguno de los doce primeros papas conoció ni pensó apropiarse.
42 BONIFACIO I
De 418 a 422
CISMA III
La muerte del papa Zósimo produjo un cisma cuya historia es parte muy principal de la que escribimos porque nos hace ver la fuerza de la intervención de la soberanía temporal, que se terminó por su decisión. El emperador Honorio dio fin al cisma por su autoridad propia, mandando que se tuviese a Bonifacio por verdadero pontífice. No haré caso de las declamaciones de Prudhome, fundadas sobre una narración poco sincera de los hechos. La Historia eclesiástica de Fleuri(13) es más fiel; y los documentos originales que se citan en ella bastan por sí solos para convencer a qué grado de usurpación han llegado los papas de siglos posteriores, procurando causar olvido de la suma dependencia en que sus antecesores habían estado, y el reconocimiento hecho en repetidas ocasiones de que al soberano temporal corresponden una multitud de casos que después se procura persuadir ser espirituales, ajenos de la potestad secular.
Murió Zósimo en 26 de diciembre de 418, y el prefecto de Roma, Símaco,(14) sin embargo de ser idólatra, exhortó al pueblo que se mantuviera tranquilo y dejase al clero elegir libremente nuevo papa. Se reunieron luego muchos obispos de la comarca de Roma para celebrar la elección. Antes que se acabasen los oficios de funerales de Zósimo en el día 27, fueron a la iglesia de San Juan de Letrán el arcediano de Roma Eulalio con todos los diáconos de la ciudad, algunos presbíteros y grande multitud de personas del pueblo; cerró las puertas del templo, y resultó papa, cuya consagración le dio en el domingo siguiente, día 29 del mes, el obispo de Ostia, a quien por costumbre pertenecía la prerrogativa de consagrar los papas.
Antes que se realizase la consagración, se juntaron después de los funerales de Zósimo casi todos los presbíteros de Roma, grande parte del pueblo y algunos obispos en la iglesia de Teodora, y resolvieron elegir a Bonifacio, presbítero antiguo de la ciudad. Deputaron tres presbíteros que fuesen al templo de Letrán, e intimasen a los reunidos que no pasasen adelante sin comunicar todas sus gestiones con la parte mayor del clero de Roma, que era la congregada en el templo de Teodora. Los partidarios de Eulalio trataron mal a los diputados y no hicieron caso del requerimiento; pues hemos visto que procedieron a la consagración.
El prefecto Símaco hizo comparecer ante sí a los principales del partido deBonifacio en el sábado, día 28, y les intimó que no hiciesen nada contra las reglas, porque serían castigados si las quebrantaban. Ellos creyeron o aparentaron creer que no faltaban a las reglas congregándose, como lo hicieron, en la iglesia de San Marcelo, nueve obispos, setenta presbíteros y gran multitud popular en el citado domingo 29. Allí consagraron solemnemente a Bonifacio. Mientras en Letrán el obispo de Ostia hacía otro tanto con Eulalio. Bonifacio fue conducido con pompa y aplauso al templo de San Pedro.
Símaco escribió aquel mismo día, enviando las actas de todo al emperador Honorio, residente en Ravenna, diciendo que a su majestad correspondía aprobar la elección que debiese prevalecer, y que esperaba sus órdenes. Honorio resolvió en 3 de enero de 419 que fuese tenido Eulalio por legítimo pontífice, y que Bonifaciosaliera de Roma. El prefecto Símaco recibió esta orden día 6 de enero, en que se había de celebrar procesión y gran solemnidad de estación por la fiesta de Epifanía. Hizo intimar a Bonifacio el decreto imperial. Y lo mismo fue saberse que haber sedición popular en Roma con muertes, heridas, atropellamientos y demás calamidades consiguientes.
Los electores de Bonifacio escribieron al emperador, informándole a su modo para que se conociera ser sediciosa, ilegítima y contra las reglas la elección de Eulalio, prometiendo comparecer todos ante su majestad con el mismo Bonifacio; y pidiendo se mandase otro tanto a Eulalio y sus partidarios, para que, oyendo su majestad a todos, resolviese definitivamente. Honorio tuvo por justa la solicitud y mandó en 15 de dicho mes a Símaco que, suspendiendo la ejecución del rescrito del tres, intimase a todos comparecer en Ravenna, día ocho de febrero, bajo la pena de reputarse perdido cuanto derecho tuviera el que no concurriese.
Al mismo tiempo, el emperador mandó a varios obispos acreditados de África, Italia y Francia, pasar a Ravenna para celebrar Concilio y determinar la cuestión del cisma romano. El prefecto Símaco escribió, en 25 de enero, al emperador estar cumplida por su parte la orden del día quince. Los obispos congregados opinaron con tanta variedad que consideró forzoso el emperador convocar otro más numeroso para el día primero de mayo, mandando que entre tanto hiciera de papa en Roma Aquiles,(15) obispo de Espoleto, principalmente en la festividad de Pascua de 419, día treinta de marzo, residiendo siempre fuera de la ciudad Eulalio y Bonifacio, sobre lo cual escribió el prefecto en quince de dicho mes de marzo. Entre los obispos nuevamente convocados, los más notables fueron: san Paulino, san Agustín, san Alipio,(16) san Evodio y Aurelio,(17) primado de África.
Eulalio desobedeció al decreto imperial. Despreciando su prohibición, entró en Roma día 18 de marzo. En el 21 llegó Aquiles, obispo de Espoleto, para cumplir las órdenes imperiales. La parte del pueblo partidaria de Eulalio se tumultuó y causó gran sedición, que no pudo el prefecto cortar por de pronto, a pesar del auxilio de los principales ciudadanos: porque otra multitud de esclavos se presentó con armas en la Plaza de Vespasiano contra los partidarios de Eulalio. El prefecto escribió pidiendo órdenes positivas para el día treinta, que era la Pascua, bajo el supuesto de saber que los dos partidos se preparaban a guerra civil, y el emperador resolvió día 25 en esta forma:
Habiendo entrado Eulalio en Roma contra nuestra orden, debe salir indispensablemente para quitar el motivo de la sedición, bajo la pena de perder su dignidad y aun su libertad. No se le admitirá la excusa de ser forzado por el pueblo. Todos los que comuniquen con él serán castigados, a proporción de sus respectivas culpas, sean clérigos o legos. El obispo de Espoleto hará los oficios santos de Pascua en todos sus días. La iglesia de Letrán no se concederá a otro alguno.
Los oficiales del prefecto Símaco fueron encargados de la ejecución del decreto, con responsabilidad de sus cabezas y grandes multas.
Símaco hizo intimar el decreto a Eulalio; pero éste conmovió el pueblo, no salió de Roma con su auxilio, se apoderó de la iglesia Lateranense y celebró el Sábado Santo, bautizó solemnemente y practicó varias gestiones de verdadero papa. El prefecto juntó gentes, echó de la iglesia y ciudad a Eulalio. Aquiles, obispo de Espoleto, hizo todas las fiestas solemnes de la Pascua. El emperador envió a su destierro a Eulalio y castigó a varios clérigos autores de la sedición. En 3 de abril declaró que debía quedar Bonifacio por verdadero papa. El decreto imperial fue recibido en Roma, día ocho. Y el pueblo, que deseaba ya la tranquilidad, aplaudió la resolución. Habiéndose conformado Eulalio, se le nombró obispo de Nepi, con lo que tuvo fin el cisma, sin que llegase a tener efecto el Concilio convocado para el día primero de mayo por no considerarse ya necesario.
Una multitud de consecuencias de política y derecho resultan del suceso. Se demuestra quién fue juez de la causa sobre cisma del sumo pontificado, y cuán reconocida estaba la prerrogativa soberana de hacer ineficaz la elección de los papas mientras no constase aprobación imperial. Si esta práctica hubiese durado siempre, no leeríamos en la historia tantas guerras escandalosas, que desolaron la Europa, por haberse los papas arrogado preeminencias superiores a la imperial, olvidados o afectando estarlo de un caso tan decisivo y terminante como el de Eulalio y Bonifacio.
Este papa está citado también como santo no sé por qué; lo cierto es que su partido produjo muchos homicidios y sediciones, como el otro: que si no hubiese habido grande ambición de mandar, se hubiera omitido la elección de Bonifacio después de la del arcediano Eulalio, bien o mal hecha; que el derecho de éste hubiera prevalecido, sino por las desobediencias a las órdenes de Honorio; y que aun así se consideró forzoso darle obispado distinto, levantando su destierro; circunstancias todas que debilitan mucho las presunciones de virtud de Bonifacio en grado heroico. Si como se trata de un obispo de Roma fuese del de Constantinopla, no estaría Bonifacio en el catálogo de los santos.(a)
Éste es el asunto favorito de las conversaciones del día. No se oye hablar por todas partes sino de la conspiración del padre Arenas. En los papeles públicos se da la noticia de la prisión de varios individuos más, y entre ellos algunos frailes. Unos escriben y hablan con ardor, exigiendo el severo castillo de este conspirador, y otros, los únicos, los editores de El Sol,(19) tratan de desvanecer este atentado horroroso en términos de que es de esperar que mañana digan que es falso cuanto se ha publicado en la materia y, tal vez, que no existe en el mundo tal padre Arenas, sin advertir los dichos editores que ya por ser los únicos que tratan de hacer despreciable este serio negocio, ya por el empeño que toman en ello y ya, finalmente, por las fútiles razones en que se apoyan, se están haciendo muy sospechosos, y ya saben que la opinión pública es harto respetable y temible.
Nosotros, empero, desconfiados siempre y siempre celosos de la seguridad de la patria, no tememos asegurar que hay mucho y muy atendible en el particular, que los planes deben ser muy combinados y aun tener su origen en el gabinete de Madrid que, el que no se hayan descubierto más cómplices, ni entre ellos alcomisionado regio existente en México, según el padre Arenas, no prueba que no los haya, sino lo seguros que están en el carácter de éste, de no ser descubiertos, o en que quizá aun en este caso no tendrá documentos con qué justificárselos; mas esto quiere decir: previsión o precaución de los criminales, no inexistencia. Si el señor presidente(20) y el señor Mora(21) se conducen con más calma, y amacizan la cosa, a esta hora había de haber más de cuatro lamentos, pero su lealtad y su temor los precipitó a poner preso al padre Arenas antes de tiempo, con cuya ruidosa campanada despertaron todos los conspirados, y han tenido tiempo de quitarse el golpe sin darse a conocer.
No obstante, quedan innumerables enemigos libres, y no estarán ociosos, sino amasando otra conspiración que salga más segura. Siempre llevaremos el susto, aunque sea a costa de un ratito más de dilación, si el gobierno se olvida de practicar aquellas diligencias políticas y prontas que son de ejecutarse en estos casos en que se interesa la salud de la patria.
COSAS INCOMPRENSIBLES
Vamos a tratar de algunos asuntos políticos del día que serán, tal vez, de la más fácil resolución para los que lo entiendan; pero que son para nuestra ignoranciaincomprensibles, y deseáramos encontrar algún piadoso instruido que nos sacara de nuestras confusiones. Por si lo hubiere, propondremos nuestras dudas.
En sesión pública hizo proposición, días pasados, el señor Zererecero(22) a efecto "de que el gobierno diese cuenta a las Cámaras con lo que supiese de la correspondencia española tomada en el Hércules,(23) a lo menos con aquellas cosas que no exigieran la reserva." Esta proposición fue desechada.
No comprendo el motivo. Pues qué, ¿tan poco les importa a los representantes del pueblo nuestra seguridad, que ni siquiera desean saber cómo se piensa en Madrid acerca de esto? ¿Qué clase de correspondencia traía el bergantín para Cuba? ¿Quiénes son en esta isla nuestros primeros enemigos? ¿Qué disposiciones toma la corte de España contra nosotros? ¿Qué combinación pueda tener esta correspondencia con México?, etcétera, etcétera.
¿Es posible que, cuando todos los mexicanos desean saber algo de esta correspondencia interesante, no sólo al señor presidente de la República y sus ministros, sino a toda la nación en general, los diputados no quieren saber nada, ni aun invitados por su compañero Zerecero? ¿Qué objeto llevarían para no admitir una proposición tan razonable?
Este mismo diputado hizo proposición el 25 del presente para "que el gobierno procediera sin demora a recoger multitud de armas que se encuentran en manos de los dependientes de varias fincas rústicas, cuyos dueños son españoles, pagando las que se recogieran por sus justos precios." El señor Fajardo(24) pidió que se declarara urgente esta proposición y no se acordó.
Para mí es incomprensible por qué razón se negó la Cámara a tan justa solicitud. ¿Conque, cuando acaba de descubrirse una conspiración contra la libertad e Independencia, cuando este descubrimiento casual no supo ser conducido con prudencia, sino que sólo sirvió de que los cómplices se precavan, sin que por esto se juzgue que desisten de sus intentos, cuando estamos pisando el cráter del volcán que puede reventar a nuestros pies, cuando no cabe duda de que nuestros enemigos permanecen entre nosotros incógnitos y libres, con armas y dinero, y, en una palabra, cuando toda buena policía aconseja que en estos casos ninguna precaución está por demás, entonces, entonces, es cuando la Cámara de Diputados no juzga urgente que se recojan las armas a nuestros enemigos? A la verdad no comprendo en qué se fundarían para tal denegación. Una mala resolución de las Cámaras o del gobierno induce una mala sospecha. Tal vez será ésta falsa; mas no podrá redargüirse de injusta, atendidas las circunstancias. Si un amigo me dice: "tú tienes enemigos que viven en tu casa y quieren asesinarte; éstos son fulano y mengano; están armados, quítales las armas lo más pronto". Y otro dice: "no, no corre prisa esa diligencia, no es del momento, no es urgente", ¿qué juicio me deberé formar del segundo opinante? Cuando me lo forme piadoso, creeré que se interesa poco en mi seguridad. Yo aseguro a los señores diputados que, si por una desgracia, alguna vez se realizan los planes de nuestros enemigos, ni un cuchillo para la mesa se les permitirá a los americanos, y ¿los representantes de los pueblos, aquellos en quienes éstos han depositado sus confianzas, han de ser tan considerados con los españoles, que no traten de desarmarlos prontamente? Pues ello es cierto que tienen muchas armas, y especialmente en las haciendas del sur. El día que explote la mina que se nos prepara, espérense de ese rumbo tropas de negros armados y montados que, a la imperiosa voz de sus amos, harán su deber hasta morir, como lo hicieron en las Cruces, como se sostuvieron hasta lo último en la época de la Independencia, y como lo harán siempre que puedan.
No es menester ser profundos políticos para conocer que es de toda preferencia el desarmar al enemigo luego que se descubre. Ni se puede disculpar a la Cámara de Diputados en este caso con que tendría asuntos más ejecutivos de que tratar; pues además que no hay otro que reclame más imperiosamente la vigilancia de las Cámaras y del gobierno, vemos que no falta lugar para tratar otros asuntos particulares que nada interesan al bien común de la nación.
También es incomprensible para nosotros el empeño que por alguno se ha manifestado sobre facultades extraordinarias: las juzgamos no sólo innecesarias, sino ominosas, porque siempre hay peligro de abusar de ellas, y aun de valerse de su supuesta necesidad para satisfacer pasiones viles cuando se quiera. El poder ilimitado siempre es temible, y sólo en el caso de la disolución de las Cámaras, y estando sin constituirnos, las creyera útiles en la crisis de una revolución ya estallada; mas no habiendo nada de esto, y estando constituidos y con leyes, que dirigen al Ejecutivo, me parece un absurdo la reunión de los Poderes en un solo individuo.
EL DEFENSOR DE LA RELIGIÓN
Con este rumboso título ha comenzado a publicarse en Guadalajara un periódico del que hemos visto el número I.
Lo orgulloso del título nos hizo pensar que sería una obra llena de magisterio y brillantez, y más cuando, en el periódico de El Águila,(25) de 25 de éste, leímos el grande elogio que sus editores hacen de este papel, del que aseguran que está escrito con mucha moderación, sin sarcasmos ni palabras que irriten a los que tratan de convencer.
Pero, ¿cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que (aun lo que copia) es bastante común? Después (y esto entrará en la defensa) arremete con el editor delCorreo Semanario por lo que dijo Llorente(26) de san Telésforo. Parece que con este escritor debía ser el pleito; pues no señor, el negocio lo intrinca con El Pensador, y a fuer de moderado, como dicen los editores de El Águila, lo trata de escritor miserable y asegura que insulta la religión, como si ésta la constituyeran los abusos que le ha mezclado la superstición, el fanatismo y la codicia.
Con endosar la libranza contra Llorente, quedaba yo eximido de toda contestación; pero quiero hacer mía su doctrina por ver hasta dónde apura el discurso este famoso defensor de san Telésforo.
Digo, pues, que el santo no obró bien en turbar el orden social ni en perturbar al gobierno político a pretexto de religión. No obedeció en esto a Jesucristo, pues este Gran Maestro no mandó a sus apóstoles que fueran a trastornar los imperios ni a desobedecer las leyes civiles. Antes bien, él mismo dio el ejemplo de subordinación a las autoridades, ya obedeciendo al empadronamiento del César, huyendo de Herodes, ya diciendo que se diera al César lo que le pertenecía, y ya, en fin, sujetándose a ser juzgado por Pilato.
A los apóstoles les mandó que fueran a predicar el Evangelio por todo el mundo;(27) pero también les dijo que, si en alguna parte no los querían admitir, que se salieran y sacudieran el polvo de sus zapatos. San Pablo, corroborando esta doctrina, dice que: "toda alma está subordinada a las potestades civiles." Omnis anima potestatibus sublimioribus subdita sit. (Ad Romanos, capítulo 13.)
Ve aquí el señor defensor cómo Jesucristo no mandó a los suyos introducir la rebelión en los Estados ni desobedecer las leyes civiles de otros reinos: todo lo contrario. Esto contrario hizo san Telésforo, y en eso desobedeció a Jesucristo, y murió como un perturbador de la República. O este argumento es bueno, o hacemos incurrir a Jesucristo en una contradicción monstruosa, mandando unas veces obedecer a las autoridades civiles, y otras mandándoles introducir la rebelión en sus Estados.
Ahora, si esta obligación de predicar el Evangelio entre los que no lo quieren admitir, es un precepto de Jesucristo a los apóstoles, y en ellos a sus sucesores, en cuya virtud y cumplimiento predicó san Telésforo contra la idolatría, es claro que tal precepto es extensivo a todos los obispos de Roma; y entonces pregunto a El Defensor ¿por qué no ha ido ni va ningún papa a predicar el Evangelio a Constantinopla ni Pekín? ¿Por qué desobedecen este precepto especial de Jesucristo? ¿Será porque no quieren correr la suerte de san Telésforo?, pero en este caso los papas son unos infractores de los preceptos del Salvador.
Aun hay más, en Londres y en los Estados Unidos del Norte, así como en otras partes, hay tolerancia pública de cultos, es decir, se permiten en esos países a los católicos, sacerdotes y seculares, y se les tolera el ejercicio de su religión; pues ¿por qué no predica ninguno contra las demás comuniones? En Jerusalén ¿no hay frailes franciscanos cuidando los Santos Lugares?, ¿pues cómo es que jamás les predican a los moros la doctrina del dulce Jesús, sino que, antes bien, les tributan parte de las limosnas que recogen? ¿Dónde, pues, está ese celo tan decantado por la religión? ¿Dónde la observancia del precepto de Jesucristo de "id y predicad mi Evangelio por todo el mundo"? ¡Ah!, que ya las naciones y sus soberanos conocen y defienden sus derechos y los sucesores de los apóstoles no quieren ir al Cielo por la puerta del martirio.
Desengáñense los preocupados: Jesucristo no vino a trastornar a los Estados, sino a extirpar los errores y a establecer una religión de paz, y esta religión quiso que se extendiera por medio de la suavidad y de la práctica de las virtudes. Mi yugo es suave, dijo, y mi carga ligera. Él que no quiso que bajara fuego del Cielo contra Samaria, según solicitaban los apóstoles, menos querrá que se trastornen los Estados, se inviertan las leyes civiles, se desobedezca a las autoridades, se encienda la guerra civil y se envuelvan sus hijos en sangre, desolación y muerte, por sostener su religión, la que se sostendrá sin tan horrorosos, sangrientos, impolíticos y reprobados medios cuales son la insubordinación y sedición.
Admitida la doctrina de El Defensor de san Telésforo, teníamos los elementos necesarios para ser envueltos en la anarquía. Con que un obispo se ponga a predicar que la Independencia es una usurpación, que el sistema es herético y que debemos volver a la obediencia de Fernando, ya estamos metidos en la revolución, como parece que se intenta, según la conspiración frailesca descubierta en estos días. La fortuna es que los pueblos conocen sus derechos, que saben que no es el amor a la religión el que dicta estas medidas y arterías impolíticas, sino el amor a conservar el prestigio en que se han mantenido los sacerdotes para dominar y exprimir al miserable pueblo, como siempre; pero el gobierno supremo y los respectivos de cada Estado tendrán buen cuidado de velar sobre los falsos apóstoles y verdaderos enemigos de la libertad y de la ilustración.
NUEVO RAMO DE COMERCIO
Hemos sabido que en esta ciudad se ha inventado un nuevo ramo de comercio, cual es traspasar a las pobres mujeres que han tenido la desgracia de declararse coquetas; por manera que Juan, actual tratante con Flora, o porque tiene que ausentarse de México, o porque ya se cansó de ella, o por otras causas, le busca marchante, y la ajusta en tanto más cuanto, traspasando a la moza con todos sus usos, costumbres y servidumbres. La muchacha convenida en el ajuste, y tal vez interesada en él, pasa al nuevo dominio, sin replicar palabra. El nuevo poseedor conserva el mismo derecho de enajenar cuando quiera, y he aquí a estas infelices mujeres reducidas a la vil clase de esclavas o de mulas de alquiler, pero cómo ha de ser, todo es comercio. Quizá no está lejos el tiempo de que los padres mismos las vendan en los mercados públicos, como se hace con las circacianas y georgianas.
GRAN PROYECTO
El patriota coronel ciudadano José Jerónimo Hernández(28) ha trabajado y está trabajando en el gran proyecto de establecer en esta capital un banco nacional, sobre el fondo de doscientos mil pesos, para dar un nuevo impulso al importante ramo de minería. De este establecimiento son presidentes los excelentísimos señores Guerrero(29) y Bravo;(30) secretario don Tomás Ramón del Moral;(31)tesorero don Antonio Velasco de la Torre, y vocales las personas contribuyentes.
El plan se ha publicado en la Oficina de Ontiveros con el título de: República Mexicana, compañía bajo este nombre para trabajar minas, cuya lectura recomendamos a los aficionados.
POSDATA
Últimamente se ha dicho en algunos periódicos que es falso lo de facultades extraordinarias y que ningún ministro las ha solicitado, lo que debemos celebrar.
FRAILES INOCENTES
Sabemos que en esta capital y la de Oaxaca(32) hay como ocho o diez frailes presos con el carácter de conspiradores; pero en algunos periódicos de México parece que se trata de desvanecer estos crímenes, pues en El Águila del domingo 28 del que acaba se dice: "que todo es asunto de frailes, que no son gentes de armas llevar, que sólo, sólo con sermones querían reconquistamos; pero que eso se remediaría con predicar otros en contra, y que el pueblo bajaría a pedradas a los misioneros realistas". Otros periódicos dicen que: son frailadas; otros, que es empresa de fanáticos...
Así se va preparando el camino para que los conspiradores queden impunes. Las razones que se alegan a su favor no son de ningún peso. ¿Conque los frailes no son gentes de armas llevar? ¡Pobrecitos!, suéltenlos y veremos que no sólo las llevarán ellos, sino que las harán llevar a sus paniaguados y seducidos. ¿Conque son frailadas? Eso es lo peor: menos malo sería que fueran comerciadas, soldadadas o gachupinadas;(33) pero frailadas, ¡santo Dios!, eso es peor que todo por el influjo que se saben dar entre los tontos. ¿Conque son intentonas del fanatismo?, y ¿qué se ha olvidado que este monstruo ha derramado más sangre que todos los negocios de los gabinetes? Las terribles matanzas de san Bartolomé, las Cruzadas, la Conquista de las Américas, etcétera, etcétera, ¿han reconocido otro principio que el fanatismo cruel? La guerra sangrientísima que sufrimos desde el año de 1810 hasta 1821, ¿no debió su tenacidad y ferocidad más bien a los sermones y excomuniones del clero ignorante y fanático, que al número y valor de las tropas españolas? ¿Y así se pretende desvanecer estos crímenes, con que son efectos del fanatismo? Eso vale tanto como decir: no es cosa la herida de fulano, apenas le han pasado el corazón.
Para persuadirse a que el pueblo bajaría a pedradas a los misioneros chaquetas, es menester o no conocer el pueblo donde se escribe, o afectar ignorarlo. Nuestro populacho no está en ese punto de ilustración: cree más a un fraile en el púlpito, aunque diga herejías, que al patriota más elocuente. En fin, ya veremos lo que sale de esta confianza.
(1) México: 1827. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros.
(2) Durango. Cf. nota 2 al núm. 1.
(3) Guadalajara. Cf. nota 3 al núm. 1.
(4) Tlacotalpan. Cf. nota 4 al núm. 1.
(5) Perote. Cf. nota 5 al núm. 1.
(6) Pelagio. Heresiarca contemporáneo y adversario de san Agustín y de san Jerónimo. Negaba que el pecado de Adán se hubiese trasmitido a su descendencia.
(7) Celestio. Heresiarca escocés. Se pronunció, como Pelagio, en contra del pecado original.
(8) Prudhomme. Cf. nota 18 al núm. 1.
(9) Patroclo. "Zósimo, apenas elegido, favoreció a la sede de Arlés con muchos privilegios, protegiendo visiblemente a su obispo Patroclo, al que hizo vicario... en toda la extensión de la Galias, casi como el obispo de Tesalónica era vicario del Ilírico y, por ende, encargado de transmitir a los obispos de la región las cartas sin las que no podían presentarse en Roma". Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 93.
(10) Concilio de Sárdica. Celebrado en 342 o 343 a iniciativa del papa Julio I y presidido por Osio, obispo de Córdoba, para poner acuerdo entre los obispos de la iglesia oriental, de tendencia arriana, con los de la occidental.
(11) Concilios de África. Los africanos juzgaban acremente las doctrinas de Pelagio y Celestio. El papa era benévolo con ellos. "Pero los obispos de África estaban demasiado seguros de la bondad de su causa para dejarse llamar a engaño por las protestas de los sectarios. Así pues, en un Sínodo cartaginés suplicaron al papa que no diese en este asunto un paso más hasta que ellos le enviasen otras pruebas de juicio." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, p. 94, Zósimo, respondió que había escuchado a un acusado, dejando la situación inalterada. Los obispos de África al ver la carta del papa se citaron, en 418, en un Concilio en Cartago y enviaron una carta sinódica al papa. San Agustín era el alma de todo aquel movimiento. Zósimo se había convencido, entretanto, de las herejías de Pelagio y Celestio de modo que condenó sus doctrinas.
(12) Appiario. "En Sicca Veneria (El Kef) un sacerdote por nombre Apiaro fué excomulgado por su obispo Urbano. El excomulgado recurrió a Roma en vez de interponer recurso de apelación ante las autoridades africanas. El derecho canónico africano no admitía tales apelaciones; pero el pontífice Zósimo aceptó el recurso y reexpidió a Cartago por medio de los legados Faustino, obispo de Potenza (en el Piceno) y dos sacerdotes romanos." Cf. Carlos Castiglioni, op. cit., t. I, pp. 94-95.
(13) Fleuri. Cf. nota 10 al núm. 1.
(14) Símaco. Por Símmaco, partidario de Eulalio, quien obtuvo que Honorio se mostrara partidario de éste frente a Bonifacio, ordenándole que se alejase de Roma. Los partidarios de Bonifacio y él dirigieron una serie de protestas. El emperador citó un Sínodo en Spoleto. Mientras se prohibió la entrada de ambos en Roma, cosa que Eulalio no cumplió. La violencia que propició inclinó al emperador a favor de Bonifacio.
(15) Aquiles. Por Aquileo. En la Pascua —30 de marzo— se requería disponer un obispo que pontificase en lugar del papa. No había papa por las luchas habidas entre Eulalio y Bonifacio, y fue elegido Aquileo de Spoleto. Al saber esto, Eulalio entró en la ciudad, lo que tenía prohibido por un edicto de proscripción.
(16) Alipio de Tagaste. Combatió a los donatistas.
(17) Aurelio (¿-475). Obispo y mártir de África.
(a) Hasta el siglo V de la Iglesia, se acostumbraba a celebrar las vigilias de los mártires reuniéndose en sus templos hombres y mujeres, los que, según san Agustín entre otros, se divertían toda la noche en cantar versos obscenísimos; después se bailaba, y aquella santa devoción paraba en cosas peores.
Este papa conmutó en ayunos las vigilias o tangos de la Iglesia. Si estos abusos tan escandalosos se notaron en principio del siglo V, ¿qué tenemos que admirarnos por lo que se ha notado después?
(18) Arenas. Cf. nota 15 al núm. 10.
(19) El Sol. Cf. nota 7 al núm. 1.
(20) José Guadalupe Victoria. Cf. nota 27 al núm. 8.
(21) Mora. Cf. nota 16 al núm. 10.
(22) Zerecero. Cf. nota 18 al núm. 10.
(23) Hércules. Cf. nota 26 al núm. 8.
(24) Fajardo. Ya era miembro del gobierno el 29 de enero de 1827.
(25) El Águila. Cf. nota 33 al núm. 4.
(26) Llorente. Cf. nota 9 al núm. 1.
(27) Mr. 16, 15, Lc. 8, 2, Mt. 28, 19.
(28) José Jerónimo Hernández. Suponemos que se refiere al insurgente que en 1821, después de numerosas luchas, se unió al general Celestino Negrete, y con él asistió al sitio de la ciudad de Durango. Obtuvo el grado de coronel por méritos en campaña.
(29) Vicente Guerrero (1783-1831). Caudillo de la Independencia y presidente de la República.
(30) Nicolás Bravo (1776-1854). Caudillo de la Independencia.
(31) Tomás Ramón del Moral. Ingeniero mexicano. Fue catedrático en el Colegio de Minería, jefe de la Comisión Científica del Estado de México, diputado en su legislatura y al Congreso de Toluca.
(32) Oaxaca. Cf. nota 34 al núm. 7.
(33) gachupinadas. Acciones propias de los gachupines. Cf. nota 36 al núm. 4.