[NÚMERO 10]
EL DESTIERRO DEL OBISPO DE SONORA,
SUS CAUSAS Y CUARTELAZO AL FRAILE CARMELITA
EN LA DÉCIMA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
SACRISTÁN: ¿Cómo va compadre?
PAYO: Muy aliviado. Las plausibles noticias de estos días de que la Gran Bretaña ha reconocido nuestra Independencia, son capaces de dar la vida a un muerto.
SACRISTÁN: Es verdad; pero yo como más tonto, no estoy tan contento como usted; porque mientras no entablemos con la Inglaterra relaciones de alianza y amistad, sino que ésta nos reconozca independientes con el objeto exclusivo de sacar ventaja de nuestro comercio, no hemos conseguido mucho.
PAYO: Explíquese usted más, pues según lo que yo oigo por esas calles de Dios creo que estamos como la polaca, que habiéndonos reconocido libres la Inglaterra ya no tenemos más que apetecer.
SACRISTÁN: Así será; pero mientras que Pedro me reconozca dueño de mi casa para ver qué ventajas saca de mí, con título de comercio, siendo yo rico, sin declararse por mi amigo, no creo que me sea muy ventajoso, pues el interés de sacarme los doblones de mi baúl, a cambio de reconocerme dueño de mi casa, es de Pedro no mío; porque yo siempre he de ser dueño de ella, que quiera Pedro o que no quiera, que comercie conmigo o no comercie. Así es que yo, sin despreciar el reconocimiento de la Gran Bretaña, no lo tengo por tan ventajoso como muchos creen: lo que celebraría fuera unos tratados de alianza y de amistad, esto es, que la Inglaterra se comprometiera a ser nuestra eterna amiga y aliada, y que su primera prueba hubiera sido enviarnos diez fragatas de guerra a disposición de nuestro gobierno para desalojar del Castillo de Ulúa(2) ese grupo de heroicos españoles que sin vergüenza amenazan nuestra independencia y libertad. Entonces sí hubiera puesto yo en mis ventanas mis sábanas, mi sobrecama y aun la carpeta de mi mesa; pero como no hay nada de esto, yo no he hecho nada. Quizá a este sencillo conocimiento se debe la tibieza con que el vecindario de México ha recibido esta noticia. Desengáñese usted, compadre, en el día en un café, entre cuatro amigos, se critican las noticias y se discuten los asuntos políticos con tanta penetración y finura como en las Cámaras.
PAYO: Es que dicen que a consecuencia de este conocimiento seguirá la alianza.
SACRISTÁN: Diga usted lo que quiera; pero obras son amores, y lo más pronto es lo más decente. Allá los que entienden de politiquerías, sabrán si la Inglaterra, en virtud de este reconocimiento mercantil, está obligada a oponerse con la fuerza armada a la invasión que mañana nos haga la Santa Liga.(3) No nos cansemos. Yo sé una receta que me dio un político para que las naciones reconozcan nuestra Independencia y hagan con nosotros tratados de amistad, sin que tengamos mucho que agradecerles.
PAYO: ¡Admirable receta!
SACRISTÁN: Óigala usted. Récipe:(4) de fusiles listos con bayonetas bien afiladas y sus respectivos soldados, doscientos mil; de artillería, obuses, morteros, bombas, granadas, pólvora y balas, lo que baste; de quintaesencia de unión y amor patrio destilado por alambique, dos arrobas; todo esto se mezcla y se guarda para el uso, bien tapado para que no se evapore.
Ya prevenido este medicamento, quedará al cuidado del gobierno determinar los astringentes necesarios para contener la diarrea de oro y plata que sin cesar padece la nación, debilitándose siempre con la evacuación de estos preciosos humores.
PAYO: Es extraña la receta, pero segura: en teniendo nosotros fuerzas suficientes para defendernos de cualquiera agresión extranjera, y en eso economizando la salida de nuestra plata, las potencias europeas tendrán a mucho honor que les franqueemos nuestra amistad y comercio. Colombia, después de la total derrota de los españoles y cuando se aseguró en sus fuerzas, fijó un plazo para que la Europa reconociera su Independencia, amenazando de cerrar sus puertos al pabellón que se resistiera a reconocerla. Las consecuencias de esta medida quedan al juicio del prudente lector; pero dígame, compadre, ahora que me acuerdo, ¿ha sabido usted del obispo de Sonora?
SACRISTÁN: ¡Oh!, ese caballero es cosa grande. Él es el rey de Sonora(5) y Sinaloa.(6) Parece que se empeña en despreciar a las autoridades, en oprimir a aquellos infelices, y en prepararnos una revolución. Su ilustrísima, aliado con el europeo don Manuel Martínez, don Pedro Treto, los tres padres Espinosas, a saber: don Miguel María, cura de Culiacán, don José de Jesús, cura de Mocorito, y don Carlos, su provisor,(7) con el licenciado presbítero, don Manuel Sepúlveda,(8) tienen a los pueblos de aquel miserable Estado bajo la más rigorosa tiranía. No le bastaba al padre obispo su prestigio episcopal, ni quizá se hallaba seguro con el auxilio de sus edecanes, los curas, y así se hizo compadre de don Fernando Espinosa, quien era capitán de milicias urbanas que nunca hubo en Culiacán y, por influjo de su hermano el padre don Carlos, que es el obispo de Sonora, tuvo el señor Iturbide la debilidad de darle el grado de teniente coronel y por empeño del obispo y del padre don Carlos, que es otro obispo de Sonora, quedándose de comandante con agravio del benemérito capitán Mayagoitia que lo era por el señor Cordero.(9) He aquí a nuestro fray Bernardo con las armas de la Iglesia y las del Estado a su disposición para oprimir a aquellos infelices habitantes.
PAYO: Con tales auxilios hará horrores su ilustrísima.
SACRISTÁN: Ya se ve que los hace. Como su compañero el padre don Carlos es diputado del Congreso de Sinaloa y los caudales de obras pías se reparten y han repartido a su arbitrio, así como los curatos se dan por su influjo... no vaya usted a pensar que por algún medio simoniaco, míreme usted el ojo, se sigue que tiene a su devoción a los eclesiásticos diputados de Sonora que están en contradicción con los de Sinaloa, porque el buen don Carlitos tiene gracia para empatar con sus sufragáneos las votaciones que quiere; y así aquel Congreso está paralizado, no pueden constituirse, los abusos están en pie, y la soberanía de aquel Estado hecha juguete de un obispo orgulloso y de cuatro clérigos díscolos y aduladores.
PAYO: Son muchos excesos los que me cuenta usted de su ilustrísima.
SACRISTÁN: Fáltale a usted oír otros más escandalosos. Se opuso a la instalación del Congreso, valiéndose para ello del presbítero licenciado don Juan Sepúlveda, quien unido con el español don Juan Manuel Díaz, vecino del Fuerte,(10) y con los Espinosas, trató de tachar las elecciones de los diputados de Sinaloa, que son los que están por nuestro actual sistema.
En efecto; el buen Sepúlveda llevó al cabo sus intrigas, sedujo a la mayor parte del Ayuntamiento de Sinaloa, y éste anuló las elecciones por medio de un acta, que dirigió a varios Ayuntamientos de aquel Estado; éstos, como era natural, se sorprendieron con tan escandaloso proceder, se resistieron a obedecerla, y quedó el Congreso instalado.
Un atentado semejante no podía dejar de llegar a noticia del Supremo Gobierno de la nación, quien libró orden al jefe político, ciudadano Francisco Iriarte,(11) para que castigase a los revoltosos, y otra al obispo para que castigase a Sepúlveda; pero... o praeclarum custodem ovium! ut aiunt lupum.¡Famoso guardián de las ovejas es el lobo! El santo obispo cumplió su comisión divinamente: facilitó a Sepúlveda para que excomulgase a cualquiera que procediese contra su persona e intereses. ¡Qué tal! ¿No obedece su ilustrísima como debe a las primeras autoridades de la nación? ¿No da a sus ovejas el saludable ejemplo de resistir a las potestades superiores, contra el expreso precepto del Evangelio: dad al César lo que es del César, tan recomendado por san Pablo?
Antes de este atentado y para impedir la instalación del Congreso, se valió del arbitrio de despojar de su capellanía al bachiller don Antonio Fernández Rojo,(12) y la capellanía era fundada por su abuelo don Francisco. Al licenciado Orrantia,(13) cura de la villa del Fuerte, lo tuvo detenido, bajo el ridículo pretexto de una causa, o sea caramillo, que le formó un español, sólo porque no quiso levantarse a las tres de la mañana a velar a una parienta suya que se había casado.
Sabedor el gobierno de aquellos excesos, dio orden para que dichos eclesiásticos marchasen al Fuerte, para que no se entorpeciera la instalación, pues ambos eran diputados. El jefe político cumplió la orden. Los eclesiásticos caminaron a su destino; pero no quedaron sin sufrir la venganza del obispo, pues a Orrantia lo privó de su beneficio de cura y a Rojo, porque introdujo recurso de fuerza, lo suspende de la administración de los Sacramentos, a pesar de sus notorias luces y pública virtud. Aún hay más.
Sabedor el señor Iriarte, jefe político entonces, y hoy gobernador de aquel Estado, del despojo violento que el reverendo obispo infirió al bachiller don Antonio Fernández Rojo, y a los legítimos herederos de su finado abuelo don Francisco, de las tierras de Iraguato, sobre las cuales fundó una capellanía de cuatro mil pesos en la ciudad de Durango,(14) mandó al alcalde de primer voto que amparase en la posesión de su capellanía al despojado y a los herederos, conforme a las leyes de la materia. ¡Proceder muy justo del gobernador por el recurso de fuerza que se le interpuso! Pero el resultado fue que el padre obispo tres veces amenazó con censuras al mismo Gobernador para que revocase su decreto. Éste se resistió, se quejó de tamaños atentados al Supremo Gobierno y al pasado Congreso y... no sabemos que se tomara ninguna providencia enérgica y ejecutiva contra el obispo, como el caso lo demandaba.
Mirando este prelado que se le toleraban sus excesos, se determinó a circular el sedicioso manifiesto que le impugné, y por el que, sin otro antecedente, merecía haber sido extrañado de la República y ocupadas sus temporalidades, ¿cuánto más habiendo vertido en el púlpito de Culiacán(15)sus detestables máximas?
Este buen prelado, antindependiente por principios y borbonista eterno, tiene a aquellos infelices pueblos con el auxilio de sus curas aduladores y amigos españoles en la mayor abyección y estupidez: allí se ignora lo que es libertad, y como se ven oprimidos por una parte y, por otra, seducidos por el obispo y sus satélites, atribuyen todos sus males al nuevo sistema de gobierno y ansían por el antiguo opresor. Se creen engañados, pues al ver que las autoridades les quieren persuadir una cosa y el obispo les persuade otra por los púlpitos y las prensas, negando que la soberanía reside en la nación, atropellando al Congreso y al gobernador, cuyo bajo le hacen bien sus paisanos y curas favoritos, quedándose impunes tales crímenes, dicen aquellos pobres que el obispo dice bien puesto que no se atreven a castigarlo.De esta manera, aquel Congreso tiene ojos y no ve, boca y no habla, manos y no obra, y últimamente está paralizado, pues no pueden hacer nada sin consentimiento del obispo. Referiremos un hecho escandaloso en comprobación de esta verdad.
Los curas de Culiacán, Mocorito,(16) Sinaloa y otros amigos de su ilustrísima llevan por los bautismos de los indios y pobres dos pesos, y por los casamientos los mismos derechos que a los ciudadanos ricos, que son cuarenta y tantos pesos, y como los pobres no pueden pagar tan exorbitantes gabelas que llaman derechos, se sigue de aquí el libertinaje, la despoblación y el escándalo.
Para ocurrir a tantos daños, el ciudadano diputado Antonio Iriarte(17)propuso se pidiesen al obispo los aranceles para reformarlos. Admitida la proposición por el padre don Carlos y sus aliados, se libró la orden correspondiente al obispo para el efecto. Éste contestó que el Congreso no tenía facultades para exigírselos; ya se ve, como que en su concepto el Congreso y todos los de la América no son sino unas congregaciones de ateístas, rebelados contra su rey y señor don Fernando VII. Volvió, en fin, la respuesta a la Comisión, y repitiendo ésta su primera resolución, se admitió por segunda vez a discusión, y... aquí llamo la atención de los lectores contra las intrigas del obispo: los mismos que aprobaron la proposición la primera vez, la reprobaron luego que oyeron la respuesta de su amo fray Bernardo. De esta manera aquellos pueblos infelices han quedado con el mismo gravamen, los abusos en pie y el Congreso desairado y hecho un pupilo del déspota prelado. Todo esto consta por expedientes dirigidos al Supremo Gobierno y al anterior Congreso, a cuyas pruebas me remito.
PAYO: Por Dios que no creyera a usted si no afianzara su verdad con sus últimas expresiones, ni me cabe en el juicio cómo nuestro gobierno ha podido tolerar por tanto tiempo un obispo tan déspota y tirano, ni cómo ha podido desentenderse de las justas quejas y reclamaciones de aquellos pueblos infelices, sin prever que esta tolerancia aumenta de día en día el orgullo de aquel opresor mitrado y sedicioso, quien creyendo que la prudencia del gobierno es debilidad o miedo que le tiene, puede avanzar a formar una revolución general en favor de su amo Fernando VII.
SACRISTÁN: No nos es lícito criticar las operaciones del gobierno, sino indicar los males que pueden sobrevenir a la nación por su tolerancia o disimulo. Acaso a esta hora ya habrá tomado sus provi[den]cias de precaución; y cuando no, es preciso que las tome contra ese obispo traidor y criminal para que se satisfaga la vindieta pública(18) tan altamente ofendida por sus excesos.
PAYO Y a esta hora se le antojó a la pierna dolerme. Me voy a curar, compadre, hasta otro día.
SACRISTÁN: Que se alivie usted, compadre, me alegraré.
México, 16 de marzo de 1825.
El Pensador
NOTA DE EL PENSADOR. El domingo 13 del corriente se presentó en el púlpito de Catedral un furioso fraile carmelita, que según malas lenguas se llama fray Manuel de la Expectación,(19) dizque ministro de su convento, quien, en defensa de su amigo y confraile el obispo de Sonora, predicó mirabilia contra mí, llamándomeescritorcillo, charlatán y atrevido porque impugné las máximas subversivas de aquel prelado venerable (para su reverencia); se espantó mucho de que yo hubiera escrito que el obispo debía purificarse los labios para pronunciar los respetables nombres de Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Hobbes y otros filósofos y publicistas más sabios y virtuosos, más humanos y liberales que el obispo de Sonora, si pudiera caber comparación entre éste y ellos. Para que más le arda al de la Expectación le repito y le espeto la misma proposición; que la denuncie: ya verá que la escribí prescindiendo de las opiniones religiosas de esos autores.
El miserable fraile dizque incitó al gobierno para que me castigase o desterrase, como si el gobierno fuera fraile, o a lo menos tan idiota como su reverencia, quien charló a su gusto, convirtiendo la cátedra de la verdad en parapeto para desahogar sus serviles y fanáticas pasiones. No siempre es el púlpito la cátedra del Espíritu Santo, a las veces también es el trípode del diablo; y si así se abusa del púlpito para trastornar el orden público y hacer odioso el actual sistema, teniendo sobre sí a las autoridades, ¿cómo no se abusará de los confesonarios, donde los juicios son privados y la seducción más libre y sin peligro?
Disparató a su gusto fray Manuel, se cansó el tiempo de sufrirlo. El reloj tocó la campana, pero su reverencia no quiso oírlo. Continuó su charla hasta que acabó de abortar sus mal formados conceptos. Así se hace: en el púlpito, amigos, en el púlpito se desatina francamente y sin vergüenza, porque se desatina sin contrario. Los hombres de bien impugnan por las prensas, los que no lo son, en el púlpito, donde no hay quien les diga ¡xo!, ni ¡arre! Le apuesto a fray Manuel de la Expectación dos obispos de Sonora como éste, contra todo el Monte Carmelo, a que no tiene bragas para imprimir su sermón conforme lo predicó, pero ya les he dicho a sus compañeros fray Juan de Santa Teresa(20) y fray José Acal, con ocasión semejante, y se lo repito a su reverencia, que si ellos tienen púlpitos para insultarme, yo tengo prensas para defenderme, y la ventaja está por mí, porque las palabras se las lleva el viento, y los escritos permanecen. ¡Pobres frailes chaquetas(21) carmelitas!
PÉSAME DE EL PENSADOR
A FRAY MANUEL DE LA EXPECTACIÓN
Después de puesto en la planta este papel hasta donde va, supimos que el Supremo Gobierno envió a Sonora un comisionado para que intimase a aquel reverendo obispo el destierro de la República Mexicana a que se había hecho acreedor por sus muchas gracias, habilidades y declarado borbonismo. El obispo supo anticipadamente el objeto de la misión del comisionado, y, para entorpecerle, le envió a seis leguas de distancia una descubierta de sus curas y clérigos favoritos para que intimándole censuras, suspendiera su marcha, no llegase a Culiacán y se quedaran ilusorias las órdenes del Supremo Gobierno. Así lo hicieron en efecto; pero el diablo del comisionado, que no entiende sino de cumplir con sus deberes, atravesó por toda la distancia hasta llegar a casa del obispo.
Aún allí se le quería impedir la entrada, a pretexto de que estaba muy malo su ilustrísima. Nada valió. Este porfiado militar penetró hasta su mismo lecho, y con el mayor decoro y atención dizque lo condujo hasta el puerto de Mazatlán,(22) donde lo embarcó para que fuera a restablecer su salud bajo el cuidado y chiqueo(23) de su amo y señor don Fernando VII de Borbón.
He aquí una de las providencias sabias, oportunas y silenciosas que siempre harán honor al heroico presidente de los Estados Unidos Mexicanos, pues cuando el estado de Sonora, yo y todos nos lamentábamos de la indiferencia con que, a nuestro parecer, el gobierno veía los crímenes de fray Bernardo, su excelencia el presidente trazaba el modo de quitarnos de encima este enemigo hipócrita y temible.
Sonora, yo y todos los buenos patriotas tributamos a su excelencia las más debidas gracias por este sabio y enérgico comportamiento, asegurándole que mientras dé tales golpes macizos y oportunos a los enemigos de nuestro actual sistema, sin respetar clase, condición, ni dignidad alguna por alta y elevada que sea, nuestra Independencia y libertad serán garantidas, su autoridad respetada e idolatrada su persona de todos los americanos que merezcan honrarse con tan glorioso nombre.
¿Y qué os diré a vos, fray Manuel de la Expectación? Yo me conduelo de vuestra triste pena, os acompaño en vuestro justo sentimiento, y os doy el pésame en esta funesta desventura. Vuestro querido paisano y compañero de frailería e ideas, va navegando mal de su grado y se aleja de estas malditas tierras que le proporcionaban la bona vita y llenar de oro y plata evangélicamente sus costales. Él ha sido un golpe terrible para su ilustrísima, para vuestra reverencia y sus aliados; pero cómo ha de ser: paciencia y barajar, estos malditos tocomates(24) han dado en ser libres, en no dejarse dominar sino de sus compañeros según la ley, y en echar fuera de sus playas a cuanto traidor extranjero pretenda agriarles la conserva. ¡Qué bien ha probado su sermón de usted! Aprenda a ser agradecido al país en que se ha puesto gordo, so pena de correr peor suerte que el obispo, quien cuando se muera, per misericordiam Dei requiescat in pace. Amén.
OTRA NOTA. Me dicen que los señores canónigos de esta Santa Iglesia aún dan misas cada mes por los reyes de España. Cuidado como lo averiguo, porque se lo he de avisar al presidente y a la nación para que les haga cargo de este abuso. Pidan por Fernando, enhorabuena, en los momentos privados de la misa, como por los herejes, los paganos y nuestros enemigos; pero no como por su amor, porque ésa es una desvergüenza intolerable. ¿Aún no les basta no quitar las armas de España de la lámpara, estando mandado por la ley...? Ya lo veremos.
(2) Castillo de Ulúa. Cf. nota 19 al núm 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(3) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(4) Récipe. Palabra que solía ponerse, generalmente en abreviatura, a la cabeza de la receta.
(5) Sonora. Cf. nota 39 al núm. 6 del t. II de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(6) Sinaloa. Cf. nota 17 al núm. 5 del t. II de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(7) Espinosas. Una glosa que hace Héctor R. Olea de la queja de 24 de octubre de 1824 de los vecinos del pueblo de Tepahui, enviada al Supremo Poder Ejecutivo de México, donde se hace una relación de los malos tratos recibidos de parte de fray Bernardo del Espíritu Santo, dice al final: " 'Es tan apasionado, que jamás se arregla al derecho y ciegamente se precipita contra todos a excepción de los Espinosa de los Monteros de Culiacán, que lo cercan y mandan a su voluntad'." Cf. Héctor R. Olea, Infidencias de fray Bernardo, obispo de Sonora, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1946, p. 35. La queja se refiere a Fernando Espinosa de los Monteros, jefe de las armas, y a sus hermanos Carlos, secretario de la mitra y al presbítero Miguel.
(8) Juan Manuel Sepúlveda. Antonio de Quirós, subdelegado y primer presidente del Ayuntamiento de Culiacán informó al Congreso el 12 de junio de 1824 que el cura y licenciado Juan Manuel Sepúlveda que, por muerte del licenciado don Francisco Angulo, fue nombrado cura a "empeño" de los Espinosa de los Monteros, para anular las elecciones hechas en los diputados del Congreso de ese Estado. El 16 de junio de I824, el jefe político de Sonora, Francisco Iriarte reafirmó, en un comunicado que envió al Supremo Poder Ejecutivo, la insubordinación de Sepúlveda, y decía que este religioso era uno de los "motores" de los desórdenes de Sinaloa puesto que quería declarar nula la elección de diputados al Congreso de aquel Estado.
(9) Antonio Cordero (1753-1823). Gobernador español de Sonora y Sinaloa. Vino a México con el Regimiento de Zamora. Estudió la carrera militar. En 1783, siendo capitán, mandó las compañías presidenciales de Jarros y San Buenaventura, en el norte del país. Como teniente coronel mandó, en 1789, la cuarta sección de tropas de Nueva Vizcaya (hoy Durango), en 1791 era comandante de las mismas. Participó en la expedición para reabrir el camino de Arizpe a Santa Fe (Nuevo México). En 1796 se le nombró gobernador de Texas; pero al final fue a Coahuila con el mismo nombramiento. El insurgente Jiménez lo derrotó en Agua Nueva el 7 de enero de 1811. Presidió el Consejo de Guerra, que sentenció a varios jefes insurgentes. Brigadier en 1813, se le mandó gobernar Sonora y Sinaloa. Posteriormente tuvo el gobierno de Coahuila (1817) y de Nueva Vizcaya (1818). Tuvo a su cargo las Provincias Internas y nuevamente gobernó Sonora y Sinaloa. En junio de 1820 juró la Constitución española, y dispuso que se jurara en todos los pueblos de su mando. Se negó a reconocer el Plan de Iguala y se marchó a Chihuahua, donde lo secundó. Se transladó a México y fue nombrado caballero de la Orden de Guadalupe y comandante general de las Provincias Internas de Occidente (julio de 1822). En diciembre de ese mismo año ascendió a mariscal de campo. No siguió el Plan de Casa Mata y se retiró del mando el 6 de marzo de 1823. Murió en Durango.
(10) Fuerte. Distrito del estado de Sinaloa. Está en la cuenca del río de su nombre.
(11) Francisco Iriarte (¿-1832). Industrial, minero y gobernador de los estados de Occidente y Sinaloa. Vocal de la Diputación Provincial de Sinaloa; en 1823 fue su presidente. Estuvo al mando de la misma de junio a septiembre de 1824; fundador de la logia del rito escocés en el Estado de Occidente. Vicegobernador del mismo Estado, se encargó del poder del 7 de octubre de 1824 al 27 de abril de 1825. Nuevamente fue gobernador en 1825. Inhabilitado por el Congreso General para ser gobernador, cesó el 29 de noviembre de 1827. En 1829 vuelve al ejercicio del poder, que entrega el 1º de abril de 1830. Gobernador electo, toma posesión el 28 de mayo de 1831; se separó del cargo el 18 de junio siguiente.
(12) Antonio Fernández Rojo. Olea dice: "En aquellos lejanos dominios casi se carece de la crónica militar de las gestas insurgentes; pero llega la Independencia, en los ideales conocidos, a través de una gran inquietud social. Los hombres públicos del Occidente: Luis Martínez de Vea, Francisco Orrantia, Antonio Fernández Rojo, Carlos Espinosa de los Monteros, Manuel Escalante y Arvizu, José Tomás de Escalante, Fernando Domínguez Escobosa, José Francisco Velasco, Francisco de Iriarte, Simón Elías González y otros más entablaron una de las más apasionadas luchas políticas y, algunos vistiendo sotanas religiosas, desde su curul del Congreso de Occidente, instalado en la ciudad de El Fuerte, el día 12 de septiembre de 1824, dejaron oír sus voces, destilando las teorías sociales de Montesquieu, Voltaire y Rousseau, y otros sus catilinarias para defender el poder del clero, en la discusión de los Aranceles Parroquiales o al disculpar las infidencias de Fray Bernardo, Obispo de Sonora. En esta política tenaz y sorda nacieron las provincias a la vida republicana". Cf. Héctor R. Olea, op. cit., p. 45.
(13) Francisco de Orrantia, cura de Villafuerte, fue diputado de Culiacán. Fray Bernardo le impidió su marcha a Villafuerte para instalar el Congreso.
(14) Durango. Cf. nota 11 al núm. 3 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(15) Culiacán o Culhuacán. Pueblo fundado por la tribu colhua, una de las primeras nahuatlacas que vinieron al Valle de México. Es un distrito del estado de Sinaloa.
(16) Mocorito Distrito del estado de Sonora.
(17) Antonio Iriarte. Diputado que formó parte de la Comisión de Hacienda.
(18) vindieta pública. Satisfacción de los delitos que se debe dar a la justicia para ejemplo del público.
(19) Fray Manuel de la Expectación. Cf. nota 36 al núm. 6 del t. II de lasConversaciones del Payo y el Sacristán.
(20) Fray Juan de Santa Teresa. Fraile carmelita y después dominico. Predicó contra Fernández de Lizardi el día de san Ildefonso, el año de 1820. Cuando nuestro escritor ingresó en el ejército lo amenazó con propinarle una zurra junto con doce frailes. Cf. Héctor R. Olea, op. cit., p. 62.
(21) chaquetas. Cf. nota 6 al núm. 2 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.