[NÚMERO 10]

DÉCIMA CONVERSACIÓN DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)

 

Después del pendolero o regidor que llevaba el estandarte nacional, seguían asimismo a caballo todos los tribunales. Iban también los hijos de Minerva, los doctores del claustro de la Universidad(3) con borlas y capelos en famosos caballos. Después la Audiencia, vestida de corte y sin aquellas golillas y trajes góticos que confundían a sus individuos con los escribanos y alguaciles; seguían el honorable Congreso Mexicano con su presidente, y asimismo el general. Cerraban la comitiva los enviados extranjeros y los generales que acompañaban al Supremo Poder Ejecutivo, rodeado de sus alabarderos. Al fin de todo, seguían las tropas y coches de gala.

Ya ve usted, que el paseo fue de lo más lucido. La función de teatro, en lo que toca a las decoraciones y todo lo perteneciente a los actores, estuvo brillante, pero la comedia titulada El severo dictador, en que se alaba la intriga, el capricho, la venganza y la tiranía de un déspota furioso que se escudaba con las leyes, no podía ser más adecuada al objeto de la complacencia general, que era el recuerdo de haber salido de tales tiranos. Últimamente, las continuas salvas y repiques, el cortinaje y adorno de las calles, la iluminación universal de los templos, calles y palacios, la variedad de danzas, músicas y máscaras que se notaron en la Alameda,(4) no dejaba duda del gozo y entusiasmo de que estaban poseídos todos los mexicanos en memoria de la restitución de su libertad que, después de catorce años de sangre y de devastación, consiguieron el 27 de septiembre de [1]821. La función no pudo haber sido más completa, a lo menos Rosita no se quedaría disgustada, y se habrá formado de nosotros, los señores mexicanos, el concepto que merecemos.

El 27 de septiembre debía solemnizarse por los mexicanos incomparablemente con más brillantez que la que con que festejaban los españoles el 13 de agosto. Usted se acuerda qué función tan clásica era ésta en aquellos días, ¡qué paseo!, ¡qué lujo!, ¡qué saraos!, ¡qué función de iglesia, y qué todo! Dos días nos ponían a la vista en un balcón de las casas de Cabildo entre alabarderos o soldados al señor don Pendón, esto es, a la señal de nuestra esclavitud. El pueblo lo miraba con respeto. Ocho o quince días se representaba sin cesar la comedia de la Conquista de México. La gente se atropellaba para verla, y al desarrollarse en el vuelo el muchacho que hacía a Santiago, el mismo pueblo ignorante y fanático se moría de gusto y celebraba a palmotazos la odiosa representación de la sangrienta conquista de sus padres, de ellos y de sus hijos venideros, y cuando el Santiago gritaba: A ellos, a ellos, Cortés valeroso, entonces este sencillo pueblo reventaba en aplausos de sus tiranos. En el día, si no los celebraba, tampoco tiene lugar de aplaudir a los restauradores de su libertad.

No sé por qué el excelentísimo Ayuntamiento y la Nacional Universidad no han señalado unos premios para el autor que haga la mejor pieza para el teatro que represente las épocas felices de nuestra Independencia y libertad. Somos materiales; por los sentidos recibimos las mejores impresiones. El teatro es el lugar más a propósito para ilustrar al pueblo y para inspirarle las virtudes civiles y sociales. Si los españoles supieron aprovecharse de él en términos de entusiasmar al pueblo contra sí mismo y hacer que celebrara su esclavitud, ¿por qué nosotros no nos valemos del mismo teatro para hacerle ver la felicidad que disfrutamos con ser libres, excitándolo a conservar esta libertad?

 

CIUDADANOS

"Tal día se van a celebrar en vuestras parroquias las elecciones que vosotros debéis hacer de los primeros electores, esto es, de los que han de elegir vuestros diputados. Consultad entre vosotros mismos los individuos que merezcan más vuestra confianza, sin atender ni al dinero ni al puesto que ocupen, sino únicamente a su virtud, y elegidlos en persona, pues de esto depende la felicidad general; entendiéndose que la votación será precisamente individual y vocal, y no se admitirá por apoderados, ni menos por cédulas escritas o impresas."

Esto sólo haría, y creo que contendría las intrigas y serían las elecciones más libres, populares y legales.

México, 29 de septiembre de 1824.

El Pensador

 


(1) Oficina de don Mariano Ontiveros.

(2) Etna. Volcán de la isla de Sicilia. Su actividad ha sido constante desde la antigüedad. Tucídides mencionó sus erupciones. También se ha llamado Mongibello. Durante la Edad Antigua se pensaba que Vulcano tenía su fragua en él.

(3) Universidad. Cf. nota 5 al núm. 1 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.

(4) Alameda. Cf. nota 12 al núm. 1 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.

(5) El grito de la libertad en el pueblo de Dolores. México, Oficina de Ontiveros, 1825.