[NÚMERO 1]
CONVERSACIONES FAMILIARES DEL PAYO
Y EL SACRISTÁN(1)
Conversación Primera
SACRISTÁN: Compadre, ¿tan pronto ha dado usted la vuelta por acá?
PAYO: Esta maldita pierna tiene la culpa.
SACRISTÁN: ¿Cómo así?
PAYO: Porque ya usted sabe que el temperamento de mi tierra es frigidísimo, y el maestro herrador, que es nuestro médico, dice que el frío es mortal enemigo de los reumáticos porque encoge las cuerdas y los tendones, y así duelen mucho como los esparavanes de los caballos, y qué sé yo cuántos más desatinos me dijo. El caso es que yo desde que llegué me empeoré, y si aquí solía andar a pie con mi muleta, allá ni a pie ni a caballo puedo dar paso. Agregue usted a esto la tristeza que pasaré en aquel poblacho donde no se conoce la sociedad, ni hay qué leer ni con quién hablar.
Por todo esto resolví dejar mis interesillos encomendados a mi cuñado Marcos, que sabe usted que es un viejo honradote, y venirme a esta ciudad, donde con el cariño de mi hija Rosita, la amistad de usted, el diferente clima y la mayor oportunidad de auxilios pienso restablecerme un poco, si Dios es servido. Ayer llegué; estoy en casa de mi hija, y hoy vine luego que descansé, a visitar a mi compadre.
SACRISTÁN: Mil gracias. Esta casa es de usted, como siempre, y yo su compadre y amigo. Pero dígame usted, ¿qué tal recibió a usted don Jacinto?, porque los yernos no suelen recibir muy bien a los suegros.
PAYO: Pues este yerno me recibió muy bien, porque es muy bueno, y yo no soy muy malo. Si los suegros y las suegras, especialmente, fueran más prudentes, esos parentescos postizos se convertirían en unas eternas amistades; pero si los suegros quieren ejercitar sobre sus hijos casados la patria potestad como si no lo fueran, si quieren usurpar a los maridos sus facultades y dominar a los hijos y a los yernos, es preciso que éstos se sacudan, y de aquí nacen los disgustos, que degeneran en odio las más veces.
Conmigo no habrá pleitos, porque tengo hecho el ánimo de ser únicamente un juez de paz entre mi hija y mi yerno, esto es, mediar en sus disensiones domésticas; pero nunca tomar partido por ninguno. Los casados, y más los muchachos, riñen todo el día y la noche los pone en paz, ya sé bien cómo se hacen esos milagros; y así esos pleitecillos de casados, cuando no llegan al honor, no son funestos, y por lo mismo no merecen cuidado; mas esta conversación no me llena. Dígame usted, ¿qué tenemos de cosas políticas? ¿Cómo va de Cámaras? ¿Qué hay de canónigos? ¿Se sostuvo Jalisco?(2) ¿Se arreglarán las rentas del culto? ¿Han pintado los señores capitulares de México las armas de la América sobre la fachada de la puerta principal de Catedral? ¿Se rendirá el Castillo de Ulúa?(3) ¿Vendrá la Santa Liga?(4) ¿Quedará o no federal esta ciudad? ¿Ganará el congresito o el congresote? ¿Se suprimirán las facultades dadas por el último Congreso Extraordinario al presidente?(5) ¿Santana...?(6)
SACRISTÁN: Poco a poco compadre, que pregunta usted más que el catecismo. Ya no me acuerdo de nada. ¿Trae usted lista?
PAYO: ¿Cómo lista?
SACRISTÁN: En nuestras fondas o almuercerías se usa que los mozos del servicio tienen unas listas en que constan los guisados que hay para que los tengan presentes los marchantes.
PAYO: ¿Y por qué se hace eso?
SACRISTÁN: Porque antiguamente se acostumbraba preguntar a los mozos, ¿qué había de almorzar?, y éstos rezaban una retahíla de guisados, lo que era muy difícil de retener en la memoria, porque respondían, por ejemplo, mole de guajolote, chiles rellenos,(7) sesos fritos, guisado de pollo, estofado de ternera, lomos adobados, higadillas, arroz guisado, mole de pecho,(8)enchiladas,(9) envueltos,(10) etcétera, etcétera. Tan larga letanía se olvidaba al marchante y tenía que volver a preguntar y el mozo que responder. Para ahorrar estas preguntas y respuestas, usan hoy tener en lista sus guisados, esto es, sus nombres, como yo quisiera que tuviera usted sus preguntas; porque, compadre, me ha disparado usted una descarga cerrada de ellas, que le aseguro que ya no me acuerdo ni de la primera.
PAYO: Pues respóndame usted en cualquier cosa, porque no traigo lista y a mí también se me han olvidado las preguntas.
SACRISTÁN: Pues, compadre, yo le diré lo que sepa o pueda y según que me ocurra.
PAYO: Con eso me contento.
SACRISTÁN: Pues, amigo, los señores canónigos no se determinan a poner las armas americanas en la fachada de nuestra Catedral.
PAYO: ¿Cómo es eso de nuestra Catedral?
SACRISTÁN: Porque es nuestra y muy nuestra y no suya. Esto es, la Catedral es un templo nacional en que no reconoce propiedad ninguna corporación, sino la nación en general, y decir lo contrario está condenado por el sistema actual republicano, y aquí me parece que encaja bien el patronato.
PAYO: Yo no entiendo de eso; aunque entiendo que la tal fábrica no ha costado ni medio real a ningún canónigo, habido ni por haber, y lo mismo se debe entender de todas las catedrales del mundo; pero por fin, ¿no se han puesto las armas?
SACRISTÁN: No, señor.
PAYO: Es muy mal hecho. Tal omisión, después de reclamada setenta veces por las prensas, arguye muy poca adhesión a nuestro sistema republicano; y en eso sí que no se admite parvedad de materia: cualquiera poca adhesión a nuestras instituciones generales, huele a una traición criminal; pero, en el caso, no tienen los canónigos toda la culpa.
SACRISTÁN: ¿Pues quién?
PAYO: Yo no puedo decir que el gobierno, a quien debo mi más profundo respeto, acaso no lo habrá advertido; pero sí diré que cuando se nota un muchacho malcriado, que a vista y paciencia de su padre usa mil llanezas con sus mayores impunemente, se disculpa al muchacho con la indolencia de su padre. Así aquí, el Cabildo Eclesiástico de México está insultando al pueblo (que es su mayor y a quien debe el más alto respeto) con no pintar ni con carbón una aguilita donde estaban las armas de los reyes de España: está dando un gravísimo mal ejemplo de chaquetismo,(11) y por fin, está diciendoeste claro se reserva para volver a colocar las armas de nuestro rey y señor natural, al momento que llegue la Santa y deseada Liga. Si tales palabras no se profieren con la boca, con las obras se dicen con mayor energía.
¡Ah, si viniera la maldita Liga! Yo le aseguro a usted, por vida de mi madre, que a los ocho días de aposesionada de México, vería usted en ese lugar las armas de España, no pintadas con carbón ni almagre, sino hechas de oro macizo. Es gana, compadre, título de Castilla y canónigo republicano de veras, no lo he de creer aunque me ahorquen. Hipócritas habrá, pero liberales de corazón, quiero que me los claven en la frente.
Sin embargo de todo, los señores canónigos de México harán muy bien de hacerse sordos y no poner nada en ese hueco. En él, así como está desocupado, tienen un padrino, un testimonio de su eterno borbonismo, y si yo fuera de sus señorías, esculpiría en ese blanco este lema: PARA CUANDO VUELVA. ¿Ve usted qué conciso y cuánto dice? Para cuando vuelva a dominar nuestro augusto y adorado monarca Fernando VII. Esto ya se ve que es un insulto al gobierno, que puede quitar este escándalo con medio pliego de papel no lo hace, ¿qué diremos?
SACRISTÁN: Qué sé yo.
PAYO: Pues yo sí lo sé. El gobierno bajo la dirección del muy esclarecido y recomendable Victoria no puede ser más americano. Por Dios que jamás nos hemos contado más seguros; pero para que nadie culpe al gobierno, yo quisiera en esto una poquita de más energía. Yo me atrevo a dictar el oficio con que el señor presidente pudiera quitarnos este escándalo.
SACRISTÁN: ¿Cómo sería?
PAYO: Así: "Siendo escandalosamente notable la omisión de este venerable Cabildo en no colocar las armas de la América sobre la fachada principal de Catedral, prevengo a vuestras señorías tomen este negocio en consideración, hagan se labren del mismo metal que sirvió a las armas de España y se coloquen en el lugar indicado, dentro del preciso término de quince días, en la inteligencia que de no verificarlo exigiré a esa corporación diez mil pesos de multa, para con ellos ponerlas de plata sobredorada, Dios, etcétera."
SACRISTÁN: Está bravo el oficio.
PAYO: Así se necesitaba en el caso. La demasiada condescendencia en los gobiernos es tan peligrosa como el demasiado rigor. Ya es notable la que se tiene con los señores capitulares en esta parte. Aun cuando sean desafectos al sistema republicano, pudieran disimularlo un poco, adoptando unas exterioridades que nada cuestan; pero por una parte no adornar la fachada de la Catedral con las armas nacionales, y por otra no quitar las armas españolas de la lámpara de la misma iglesia, es atropellar la ley públicamente, es desacatarse contra el gobierno, insultar la nación y darle mal ejemplo.
SACRISTÁN: A fe que en punto a defender los intereses, un apóstol es cada canónigo. Se convoca el nombre de Dios: se busca y rebuscan textos autoridades y Concilios; se amenaza con los rayos del Vaticano; se imprimen y se regalan apologías; se reclama la autoridad del papa y la jurisdicción de la Iglesia, y no se deja piedra por mover a efecto de que no se haga ninguna innovación sobre rentas. ¡Ah!, yo he leído con asombro un papel de Jalisco titulado Sobre la cuestión del día, y otro de esta ciudad titulado La soberanía. Sí, yo leo ambos papeles, penetro el espíritu de sus autores, conozco sus sofismas, y veo que a presencia de la sana razón, del interés espiritual y temporal de los pueblos, del Evangelio de Jesucristo y de las autoridades de los padres y Concilios de la primitiva Iglesia, se desvanecen como la niebla ligera a la presencia de los rayos del sol; pero también advierto que hasta ahora no hay quien los rebata. No creo que este silencio proviene de la justicia de los impresos dichos, ni menos de que falten hombres sabios capaces de rebatirlos, sino de que hay mucho miedo a las testas coronadas, poco patriotismo y ningún amor a la humanidad. A pesar de mi ignorancia y con el auxilio de usted, veré si puedo demostrar las equivocaciones en que abundan ambos discursos, y probar hasta la evidencia que el arreglo de las rentas eclesiásticas es de primera necesidad, y que lo resuelto últimamente por el Soberano Congreso sobre el caso, no prueba que deban quedarse en el pie en que están, ni menos que al gobierno civil no le pertenezca hacer tales reformas. La materia es bien delicada y mis luces muy débiles, pero haremos lo que podamos.
PAYO: Pues tomo la palabra, compadre. Hasta el sábado.
SACRISTÁN: Sí, compadre. Expresiones a Rosita.
PAYO: Mil gracias.
México, enero 12 de 1825.
El Pensador
NOTA. Las personas que quieran suscribirse a este periódico podrán verificarlo en la imprenta de don Mariano Ontiveros, siendo el precio de la suscripción veinte reales por veinte y cinco pliegos, más que menos; pero no habiendo fundadas esperanzas de que haya suscriptores que soporten todos los costos, se hacen las advertencias siguientes:
1. Si a los dos o tres números se advierte que no costean las impresiones, se suspenderá el periódico, avisándoles por rotulones a los que se hayan suscrito para que ocurran a la misma imprenta por el resto de su dinero.
2. Por este mismo temor no se puede pagar repartidores; y así si algunos individuos se suscriben tendrán la bondad de pasar o enviar a la misma imprenta por sus papeles los miércoles y sábados.
3. Las personas que gusten ilustrar este periódico podrán remitir sus comunicados, bajo cubierta, a la misma imprenta.
OTRA NOTA. Mi Calendarito(12) para el presente año, dedicado a las señoritas patriotas mexicanas, adornado con notas curiosas y seis estampitas, se hallará en la librería de Ontiveros al precio de cuatro reales si fuere un ejemplar; pero si se comprare alguna cantidad para fuera de México por vía de negociación, se tratará de ajustar en la misma librería, donde se darán con la más posible equidad, siendo ésta más, a proporción del mayor número que se compre.
En la misma librería se reciben las suscripciones a la obra de El Periquillo Sarniento(13) en los términos que se han anunciado al público por los periódicos y rotulones.
Asimismo, teniendo que reimprimir ocho números del primer tomo de Las Conversaciones del Payo y el Sacristán, que faltan para completar algunas colecciones, se reciben suscripciones a ellas al precio de dos pesos, que es casi por la mitad de su valor.
Últimamente, en la misma librería se hallarán los dos tomos de La Quijotita(14) y los otros dos de la Miscelánea en que están las Noches lúgubres de Cadalso, y las tristes(15) de El Pensador. Cada obrita a tres pesos en pasta.
(1) Oficina de don Mariano Ontiveros. El tomo II de las Conversaciones del Payo el Sacristán consta de veinticinco números más dos alcances a los números diecinueve y veintiuno (296 páginas en 4º). Cada número con su propia numeración. Catorce tienen ocho páginas; siete, doce; dos, veinte; dos, dieciséis; uno, cuatro, y el último veinticuatro. Cada uno tiene su propia fecha, salvo el alcance al veintiuno que posiblemente sea del 21 de junio porque aparece después del diecinueve y antes del veintidós de ese mes y en la primera línea dice: "El día 20 de este mes se fijaron..." No existe regularidad en lo que se refiere a los días de aparición. El número uno lo titula Conversaciones familiares del Payo el Sacristán. Conversación primera. A partir del dos pone Segunda Conversación del Payo y el Sacristán; Tercera Conversación... etcétera. Los títulos que varían o llevan algún añadido corresponden a los números: seis, siete, ocho, nueve, diez, once, trece, catorce, diecisiete, diecinueve, veinte, alcance al veintiuno, veinticuatro y veinticinco.
(2) Jalisco. Cf. nota 20 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(3) Castillo de Ulúa. Cf. nota 19 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(4) Santa Liga. Cf. nota 19 al núm. 1 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(5) Congreso Extraordinario. La última sesión fue el 1º de enero de 1825. Se debe referir a la del 24 de diciembre de 1824. Conocemos los poderes del presidente porque se establecen en la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos. En la parte sobre el Supremo Poder Ejecutivo se dice que el poder reside en un individuo: el presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Para ostentar ese cargo o el de vicepresidente se necesita ser mexicano por nacimiento, tener por lo menos treinta y cinco años en el momento de la elección y residir en el país. El presidente no podrá ser reelecto en igual cargo sino después de cuatro años de haber cesado en sus funciones. En la sección que trata de las prerrogativas del presidente y vicepresidente, se consigna: que pueden hacer propuestas o reformas de ley al Congreso; hacer observaciones sobre leyes y decretos que pasen al Congreso General. Las atribuciones y restricciones de sus facultades son: 1) Publicar y hacer guardar leyes y decretos del Congreso General; 2) dar reglamentos, decretos y leyes generales; 3) poner en ejecución leyes y decretos que conserven la integridad de la Federación, defender su independencia en lo exterior y su unión y libertad en lo interior; 4) nombrar y remover los secretarios del despacho; 5) cuidar la recaudación y decretar la inversión de las contribuciones generales con arreglo a las leyes; 6) nombrar jefes de oficina de Hacienda, comisarías nacionales, diplomáticos, cónsules, coroneles y demás oficiales superiores del ejército permanente, milicia activa y armada, con aprobación del Senado, y, cuando éste se halle en receso, del Consejo de Gobierno; 7) nombrar los demás empleados del ejército permanente, armada y milicia activa y de las oficinas de la Federación, arreglándose a lo que disponen las leyes; 8) nombrar, según propuestas de la Suprema Corte de Justicia, los jueces y promotores fiscales de circuito y distrito; 9) dar retiros, conceder licencias y arreglar pensiones de los militares conforme a las leyes; 10) disponer de la fuerza armada permanente de mar y tierra y de la milicia activa para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación; 11) disponer de la milicia local para los mismos objetos, aunque para usar la de los Estados requiere aprobación del Congreso General o, en su defecto, del Consejo de Gobierno; 12) declarar la guerra, previo consentimiento del Congreso General y conceder patentes de corso conforme las leyes; 13) celebrar concordatos con la silla apostólica en términos que designa la facultad 12a. del artículo 50; 14) dirigir negociaciones diplomáticas y celebrar tratados de paz, amistad y alianza, tregua, federación, neutralidad, armada, comercio y otros. Mas para dar o negar su ratificación a cualquiera de ellos debe proceder la aprobación del Congreso General; 15) recibir ministros y otros enviados de las potencias extranjeras; 16) pedir al Congreso General la prorrogación de sus sesiones hasta 30 días hábiles; 17) convocar al Congreso para sesiones extraordinarias en el caso de que lo crea conveniente y lo aprueben las dos terceras partes de los individuos presentes del Consejo de Gobierno; 18) convocar al Congreso a sesiones extraordinarias cuando las dos terceras partes de individuos presentes del Consejo de Gobierno lo consideren oportuno; 19) cuidar que la justicia se administre pronta y cumplidamente por la Corte Suprema, tribunales y juzgados de la Federación y de que sus sentencias sean ejecutadas según las leyes; 20) suspender hasta tres meses de sus empleos y privar hasta de la mitad de sus sueldos, por el mismo tiempo, a los empleados de la Federación que infrinjan sus leyes y decretos, e incluso formarles causa y pasar los antecedentes de la materia al tribunal respectivo; 21) conceder pase o retener decretos conciliares, bulas pontificias, breves y rescriptos con consentimiento del Congreso General, si contienen disposiciones generales, oyendo al Senado y en su receso al Consejo de Gobierno, si tratan de negocios particulares o del gobierno, y a la Corte Suprema de Justicia si se expidieron sobre asuntos contenciosos.
(6) Antonio López de Santa-Anna. Cf. nota 9 al núm. 2 de El Hermano del Perico que cantaba la Victoria.
(7) chiles rellenos. Generalmente es el chile poblano relleno de picadillo o de queso.
(8) mole de pecho. Del azteca molli, salsa. El poblano se prepara con caldo, jitomate, cebolla, ajonjolí, chocolate, cacahuate, yerbas de olor, chile ancho y chile pasilla, azúcar y sal. Se le pone carne de pavo, en este caso la pechuga.
(9) enchiladas. Tortilla de maíz rellena con pollo o cerdo y cubiertas de mole u otras salsas.
(10) envueltos. Tortilla de maíz guisada.
(11) chaquetismo. Cf. nota 6 al núm. 2 de las Conversaciones del Payo y el Sacristán.
(12) Calendario para el año 1825. Dedicado a las señoritas americanas. Especialmente a las patriotas por El Pensador Mexicano. Oficina de don Mariano Ontiveros, 1825. Contiene biografía de las heroínas de la Independencia e ilustraciones en cobre sobre pasajes de la vida de estas patriotas.
(13) La primera edición de El Periquillo Sarniento se hizo en México, Oficina de Alejandro Valdés, 1816; la segunda fue impresa en México, Casa de Daniel Barquera, calle de las Escalerillas; la tercera es de 1830-31, México, Imprenta de Galván a cargo de Mariano Arévalo.
(14) La educación de las mujeres o La Quijotita y su prima. Historia muy cierta con apariencias de novela. La primera edición se hizo en la Oficina de Mariano Ontiveros, 1818, 2 vol. en 8º.
(15) Se desconocen los datos de esta edición. La obra de Fernández de LizardiNoches tristes y día alegre se editó en México, Oficina de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1818. En 1819 fue reimpresa en la Oficina de Alejandro Valdés; fue reeditada en 1831 en la Oficina de la Calle del Espíritu Santo núm. 2 a cargo de José Uribe y Alcalde.