NO REBUZNÓ CON MÁS TINO
EL POBRE ALCALDE ARGELINO
Por J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi](1)
le contesta de camino
El Pensador Mexicano
a un miserable Argelino,
Señor don J. N. T.(4) Muy señor mío: negarle a usted el talento, la instrucción y el amor a su patria que manifiesta en todos sus escritos, sólo porque me ha criticado en su carta,(5) sería la última prueba de una ignorancia ciega, de una torpísima necedad y de un corazón soberbio y vengativo.
Yo pude equivocarme en lo que escribí, y usted también en lo que critica. Cada uno escribe lo que piensa, y piensa según sus luces, comprensión o pasiones que lo agitan. Todos somos pensadores, erramos y acertamos a la vez en nuestros pensamientos y discursos. Ni uno hay que todo lo acierte o todo lo yerre, y por la debilidad de nuestro talento o por la corrupción de la naturaleza coinquinada(6) por la culpa, todos estamos sujetos al error, en el que incurrimos a cada paso o por engaño del entendimiento o por malicia de la voluntad.
En esta inteligencia, ¿a quién le cogerá de nuevo el que yo yerre? ¿Sabe usted a quién? Al que siempre acierte y haya acertado en cuanto ha escrito. Pero, quis est hic et laudabimus eum?(7) ¿Quién es este omniscio soberano o este favorecido Salomón? Désenos a conocer para alabarlo. No se encuentra en este triste mundo. Pues bien, quédeme el consuelo de que si yerro, es fuerza que yerre como todos yerran por ser hombres.
Aquí se me viene una reflexioncilla. Qué sé yo si será oportuna, y es ésta: ¿por qué estando todo el mundo convencido de la verdad que dejamos sentada, hay genios tan malditos, como el del Argelino que impolítica y groseramente nos compara con los alcaldes rebuznadores, que no parece que tienen por oficio sino el criticar cuanto no les acomoda y esto sin moderación, sin urbanidad, sin principios, sino con sarcasmo y bufonadas, ajenas siempre de la conducta de los sabios y hombres de bien?
El gran Horacio no se ofendía cuando encontraba algunos defectos en obras buenas, porque conocía que esto es propio de nuestra débil naturaleza, y que aun el bueno Homero dormitaba de cuando en cuando.(8) Mas estos miserables criticastros nada perdonan, nada disimulan, nada toleran. Todo lo quieren perfecto y acabado, y ningún escritor está seguro de su sangrienta férula.
Lo peor es que sus mal cortadas plumas siempre se desentienden de la utilidad y bellezas de un escrito y de la recta intención de su autor, y sólo se acuerdan de los descuidos que encuentran o quieren encontrar. Son linces para notar los defectos; pero muy topos para advertir las perfecciones; galgos para cazar venialidades y tortugas para alcanzar el mérito. Pero dejemos estos momos literarios, estos ratones del templo de Minerva,(9) que sólo saben murmurar y no escribir; roer y no hacer; destruir, no fabricar; y pasemos a contestar a usted diciéndole que si no me engaño, se ha equivocado altamente en el juicio que forma de mi Defensa a su excelencia(10) y me acusa faltas en que no he incurrido, usando, hermanito de mi alma, de un estilo magistral y orgulloso, lleno de satisfacción y que parece que ya me concluyó y que no me deja qué responderle. Vamos por partes.
El Auto Acordado que trae usted por epígrafe de su carta está mal traído. Dice el rey: "Es mi voluntad que no sólo se me represente lo que se juzgare conveniente con entera libertad cristiana, sino también que se replique a mis resoluciones, siempre que se juzgare convienen a cualquier cosa que sean."(11) ¿Y qué hace esto contra mí, si eso es lo que yo digo? "Reclamemos enhorabuena (son mis palabras) el cumplimiento de la Constitución,(12) acusemos sus infracciones, quejémonos de los que la infrinjan con descaro; pero hagámoslo todo con la moderación que exige en todos casos la religión, la política y la ley. Lo contrario será atropellar con las leyes divinas y humanas: autorizar la insubordinación en los ciudadanos, sembrar el espíritu antisocial y revolucionario y atacar sin vergüenza el mismo Código que se pretende defender." Esto es, señor mío, lo que quiso el rey: esto es querer que se replique o se reclame lo que no conviene y que se represente lo conveniente con libertad cristiana, no con libertad de verduleras, insultando a las autoridades.
Trae usted, como por ostentar erudición, la costumbre de Tillotson(13) que pintaba bien las virtudes y ennegrecía a los virtuosos. Me compara usted con él, y dice que yo en mi papel pinté las virtudes políticas y morales de un magistrado, y cuando hago el retrato de mi héroe, lo dejo sin ninguna virtud, que eso quiere decir que lo dejo como la corneja de Esopo.(14)
Confieso, amigo mío, que no sé ni dónde hago esa pintura, ni menos dónde despojo de las virtudes políticas y morales al señor Apodaca.(15) El hablar de la virtud, no es pintar las que convienen a un magistrado; y el recomendar las de nuestro jefe político, no es dejarlo como la corneja de la fábula.
Tampoco mi papel tiene visos de panegiris.(16) Una cosa es que por incidente necesario lo elogiase, y otra que el objeto de mi escrito fuera panegirizarlo, aunque bien lo merece su excelencia.
Mi objeto está muy a la vista y se reduce a dos puntos. Primero: poner a cubierto a su excelencia del errado concepto en que están muchos que tiene la culpa de cuantas infracciones se notan de la carta. Segundo: que aun en ese caso y aunque no fuera adicto a ella, jamás será lícito el escribir cáusticamente contra él, ni menos insultarlo procazmente llamándolo déspota, servil, visir, etcétera, porque entonces se ultraja la ley que se pretende defender, pues ésta nos prescribe el respeto a las autoridades.
Para reclamar la observancia de la Constitución y la conservación de nuestros derechos, estamos bastante autorizados. Para faltar a los preceptos divinos y civiles no tenemos parco que nos valga, ni respecto a nuestros iguales, ¿qué será respecto a nuestros superiores? Si no me es lícito llamar a un igual mío droguero, ladrón ni petardista(17) para cobrarle mil pesos que me deba, ¿cómo podré lícitamente apodar a mi jefe con esos términos, aunque sea por igual motivo?
Dije que el caballero M. faltó a estas consideraciones en su papel que tituló El Liberal a los bajos escritores,(18) y me sostengo en lo dicho. Mientras usted no pruebe que él hizo bien y que yo digo mal, nada concluye contra mí. Todas sus críticas son extemporáneas porque se desentiende del asunto principal de la mía. ¿Qué será cuando usted me levante testimonios, cuando no me entienda, o cuando sofísticamente quiera defender a su cliente contra la razón? Pues oiga usted.
Dije que era discutible la adhesión de su excelencia al Código, y lo repito, sin que de aquí se infiera que no la tenga. Lea usted sobre esto mi papel titulado: Dar que vienen dando,(19) y verá cómo se lo sostengo a un escrupuloso que escribió con elSuplemento al Noticioso General, número 751 y suscribió con el título de "El Observador del Observador J. V."(20)
Lo que a él digo en cuanto a lo discutible, puede usted entenderlo como si se lo dijera, pues no permite ese papel extenderse en repeticiones; pero mientras no me saque usted u otro de mi error (si lo es), yo insisto en que la tal adhesión es discutible, no para unos, sino para otros. Esto es, no para los que conocen a fondo el corazón de su excelencia, sino para los que no lo conocen ni lo han tratado.
De esta discusión no hay duda. O más claro: no hay duda en que se ha puesto en los papeles públicos su adhesión como en problema. Algo más: se ha negado, a pesar del empeño que tiene el crítico de Argel no pretender que la tal adhesión es inconcusa. Ya se ve... el jabón debe ser oloroso y las navajas suaves para que no lastimen; pero nuestro jefe político ya conoce que hoy es virrey que te estás,(21) y no le faltarán barberos(22) semejantes, no digo que lo rasuren, sino que lo desuellen, si se ofrece.
Pero este mismo jefe conoce, y bien, cuánto más vale una verdad desnuda, dicha con respeto, que no una mentida adulación, aunque la dore la elocuencia de Demóstenes.
Bien sabe su excelencia que él no puede todo lo que quiere;(23) que es el jefe superior del reino; que por más que se afane porque la Constitución se cumpla, mil veces no se pueden llevar al cabo sus providencias; que de aquí nacen los mal contentos, y que para esto es fuerza que sea discutible su adhesión; pero de aquí no puede deducirse que basta para que no pueda obtener los cargos de jefe superior del reino. Ésta es una consecuencia muy mal sacada por usted, así como es mal traído para el caso el decreto de 9 de marzo último.(24)
Si yo hubiese dicho: el virrey no es adicto a la Constitución, bien. Entonces todo era oportuno, porque no debe obtener empleos ni cargos honoríficos, ministeriales, etcétera, el que no sea adicto al sistema y no manifieste con indicaciones o protestas contrarias al espíritu de la Constitución, como dice el decreto de 26 de marzo.(25) Pero no dije tal, sino que era discutible su adhesión, que vale tanto como decir: para unos es el virrey adicto y para otros no. ¿Y de aquí se puede inferir que no es adicto? Creo que usted, así que advierta lo que imprimió, se avergüenza de su lógica. Apuremos más.
Si yo dijera: es discutible si María Santísima fue concebida o no en gracia original, ¿sería buen lógico el que me arguyera de este modo: tú dices que esto es discutible, luego basta para creer que no fue concebida en gracia? Amigo mío, el estilo de la escuela no es propio para cartas familiares que se escriben privadamente; pero para cartas que lee el público, y de las que debe sacar instrucción, me parece conveniente, alguna vez, en obsequio de la claridad. Vamos al grano.(26)
Conque tenemos hasta aquí que de que sea discutible la adhesión del virrey al Código, no se arguye que no sea adicto. De consiguiente los decretos están citados fuera de hora. A esta misma hay quien dispute (no por las prensas) si nuestro amado Fernando adoptó el Código por convencimiento de su utilidad o por condescender con el voto común de la nación. Vea usted cómo, para los que así piensan, es discutible la adhesión del mismo monarca, que tantas pruebas nos ha dado de que espontáneamente la juró. Conque no hay que hacer de un piojo un caballero,(27) ni menos que torcer el sentido de las proposiciones sencillas.
Dije también: "excelentísimo señor se le imputan culpas que no son suyas; que el jefe político no es el único responsable, pues no es de quien únicamente dependen los remedios". Me sostengo en lo dicho, a pesar de que usted, como si hubiera leído una herejía, exclama "¡Cuánto hubiera yo dado porque hubiera pensado cuando escribió esos renglones! Sepa usted señor Pensador que hay muchas infracciones en la Constitución, de las que el jefe político es el único responsable."(28) ¡Cuánto diera yo porque usted no sacara tan malas consecuencias!
Yo digo que al virrey se le imputan culpas que no son suyas, y doy la causal, y usted dice que hay muchas infracciones de las que es sólo él responsable. Permitida la proposición de usted, nada arguye contra lo que he dicho, pues de que yo sea responsable de mis pecados, no se infiere que lo sea de los ajenos. Inte[l]igenti pauca.(29) Yo quisiera que el excelentísimo señor se decidiera a dar al público más claras pruebas, que las que nos ha dado, de su adhesión al Código para acallar a los que aún dudan de ella.
Quisiera (y esto no suena a consejo sino a deseo) ver algunas proclamas suyas incitando al cumplimiento de la ley en toda su extensión, y que, así como los verdaderos constitucionales vivieran seguros de su consideración, así los serviles infractores temieran de su celo el castigo de la ley. Mas no nació este señor para hacer mal: su corazón piadoso, propenso siempre a la beneficencia, encuentra mucha repugnancia aun para aplicar el castigo a los malvados. No quiero decir que ultraja la justicia dejando impunes los delitos, sino que le es la piedad tan gentil que se huelga de que halle el delincuente algún recurso legal con que escaparse.
Sin embargo de esto, y a pesar de su natural bondad, no podemos menos sino confesar que se halla en el caso de advertir bien la clase de consejos que le den; de examinar el carácter e inclinaciones de los consejeros y, si los conoce chanfainas,(a)arrojarlos de su lado; de fiarse de los legítimos adictos al sistema, que hay muchos en México hombres de bien y sabios, bastantemente capaces de dirigirlo con seguridad por el nuevo sendero de gobierno; y, por último, se halla su excelencia en el caso de usar, como buen médico político, de los remedios cáusticos y dolorosos, ya que no bastan los emolientes y laxantes. Cruel sería el médico que dejase perecer al enfermo por no cortarle el miembro cancerado. Pues nuestro cuerpo político tiene muchos, es menester que se pierdan algunos para que se salven todos. Destiérrense los malos; dispónganse de los empleos a cuantos no manifiesten hasta por sobre la ropa(30) un espíritu constitucional; no tengan mando en los pueblos aquellos que han sido déspotas, crueles, tiranos y ladrones por naturaleza. Sus crímenes anteriores y presentes están bien conocidos, y su conducta no puede disfrazarse. Hecho esto, yo aseguro que la Constitución se cumplirá, y que no será problemática la adhesión de nuestro excelentísimo Apodaca.
Vamos a otra cosa: me tiene usted por espantadizo, y no se manifiesta menos cuando asegura que "ni en Guinea, ni en el Malabar, ni en Coromandel (por poco dice que ni en el infierno) es capaz de sostenerse la maldita máxima" (mía) de que el jefe político es uno y él solo "no puede ni determinar lo malo ni oponerse a lo bueno".
Amigo mío, está usted muy delicado. Pero, ¿quiere usted ver la dicha máxima sostenida en México? Pues no trunque mi proposición. Ésta dice así: "Lea el Liberal lo que toca a las diputaciones provinciales y verá que si no se hacen muchas cosas buenas, y si se toleran otras malas, la culpa será de estas diputaciones y no del jefe político que las preside, porque éste es uno, y él solo no puede ni determinar lo malo ni oponerse a lo bueno."(31) Así es a la letra mi proposición; pero usted me la trunca para formar una algarabía intolerable y concluir diciendo con la mayor satisfacción: "desafío a todo el universo literario a ver quién pone más disparates en tan corta línea".(32)
Pues ya está admitido el desafío. No para poner disparates, sino para sostener mi proposición. Yo no hablé del jefe político considerado como gobernante absoluto o independiente, sino del jefe político considerado como presidente de la diputación provincial y dependiente del mayor número de votos. Y, en este caso, es más claro que la luz que él por sí solo no puede ni determinar lo malo, ni oponerse a lo bueno, pues se ha de sujetar al mayor número de votos como se sujeta todo presidente, sea el que fuere, en semejantes casos.
¿Ve usted con qué facilidad quedó probada la proposición que tanto lo escandalizó? Desengañémonos: en truncando las proposiciones y desquiciándolas de su genuino y literal sentido, la mejor se puede convertir en herejía. En las Sagradas Letras se lee: "dijo el necio en su corazón no hay Dios".(33) Esto así como está, es verdad infalible; pero si omitimos aquellas palabras "dijo el necio en su corazón", resultara una herejía. Seamos justos y criticaremos con más juicio.
Lo mismo digo sobre el sentido en que se debe tomar la palabra visir acomodada por el Liberal a su excelencia. Usted bien conoce que no la escribió para elogiarlo; y así, el decirnos usted que hay visires con virtudes morales y políticas, es una noticia sobre muy vieja, impertinente.
Concluiré, amigo, pues si usted no me puede seguir paso a paso, yo no le puedo dar alcance ni a brincos, según lo que corre. Concluiré, digo, agradeciéndole el consejo que me da de que "evite el mismo vicio que imputo a otros". Pero le ruego que me diga en qué parte de mi papel trato al Liberal con palabras indecentes.(34) Yo no las encuentro por más que las busco. Y sé bien, sin que usted me lo acuerde, que no tengo derecho para ello, pero tampoco lo tiene su amigo de usted para insultar a cuanto escritor es adicto al virrey, como lo hizo llamándonos bajos, esclavos, perversos, serviles, miserables, descarados hipócritas, serviles aduladores, etcétera. Esto sí se llama maltratar, injuriar y zaherir a metralla.(35) Conque aun cuando yo lo hubiera tratado de igual suerte, no habría hecho sino corresponder a la moderación con que nos trata; pero ni aun esto hice. Lea usted despacio mi papel. Ya se ve, el señor M es amigo de usted y le pasa todo y a mí nada, porque usted respecto de él dice:
"Si quieres que nos queramos
ha de ser con condición
que el Liberal te maltrate,
pero tú al Liberal, no."
Para admitir este partido carabino(36) es necesario un gran fondo de moderación que no todos tienen ni pueden usar en todas ocasiones.
Tome usted primero los consejos que me da, asegurado de que no los necesito, pues los observo mejor que usted.
He contestado su papel sin zaherirlo con ironías, sin llamar ratera su crítica, sin decir que ha escrito disparates,(37) etcétera, con que me dice: cura te ipsum,(38) y cuente con el afecto de su amigo.
J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi]
Por posdata: Venga usted acá, señor Argelino: "erró El Pensador (dice usted) en suponer discutible la adhesión de nuestro jefe".(39) Lea usted bien, amigo. Yo no supongo lo discutible, eso lo digo afirmativamente. Creo que es adicto su excelencia al sistema, y supongo que no lo fuera para hacer ver al Liberal que aun en este caso supuesto, no es lícito el denigrarlo de modo alguno. Conque, ¿quién rebuzna más recio en este punto, usted o yo?
Con mucho garbo asegura usted que erré "en suponer que las clases altas y las ínfimas no pueden amar la Constitución".(40) Señor mío, yo he dicho una verdad a mi parecer, muy probable y en partes evidente; pero usted no la entendió. Si cuando digo clases altas, etcétera, usted entiende que no exceptúo a nadie de los que las componen, es seguramente más bárbaro que yo y rebuzna más recio, porque debe entender que éste es un modo de hablar figurado, no literal, y este modo de hablar exagerativo o hiperbólico es demasiado común en el estilo familiar, y esto lo saben hasta las mujeres y los niños. Para ponderar que hace mucha calor dicen se quema el mundo, y ni se quema, ni todos tienen calor en una hora. En un año malo dicen: se ha perdido el maíz, y no se entiende que todo se perdió y no se levantó ni una sementera. El santo rey David dijo: "todo hombre es embustero", y en otra parte: "no hay quien haga bien", etcétera.(41)
Si fuéramos a entender todo esto como suena, resultarían unos absurdos sin tamaño; pero estas generalidades se entienden y se deben entender de la mayor parte y no del todo, como usted entendió.
No hay duda en que en las clases altas e ínfimas hay muchos amantes al sistema constitucional; pero la experiencia, la razón y usted me aseguran que no son todos ni los más.
Usted mismo confiesa que no son todos, cuando dice: "ni todos aquéllos (los de las clases altas) son egoístas. ni todos éstos (los de las clases ínfimas) ignorantes."(42) Luego, algunos de aquéllos y de éstos son ignorantes y egoístas, y nunca serán amantes del sistema.
La Constitución equilibra la preponderancia del noble, del magistrado y del rico con la humildad del ciudadano honrado, mediante la igualdad civil que nos declara, y he aquí un motivo para que los más de aquéllos la detesten, porque advierten que su despotismo, autoridad y orgullo se deprimen.
No han sido ciertamente en ningún tiempo individuos del estado medio los que han conspirado contra el sistema constitucional. ¿A qué clase corresponderán los perjuros que suscribieron el infando memorial contra las Cortes? ¿Quiénes han sido hoy los autores de la llamada Misión apostólica, gloriosamente destrozada por los gallegos? ¿En qué clase colocaremos al arzobispo de Zaragoza que acaba de erigirse cabeza de una sangrienta y horrorosa conspiración contra el sistema? ¿Dónde?. Pero ¿para qué hemos de citar más ejemplares, cuando en México mismo vimos que un Venegas y un Calleja(43) fueron los primeros y más declarados enemigos de la Constitución?
¿No está evidenciando que aquí y allá se hallan éstos entre las clases altas del Estado? ¿No es más claro que el sol que a nadie puede gustarle lo que concibe que le perjudica de algún modo? ¿Pues cómo creeré, aunque me lo jurasen padres descalzos, que todos los virreyes y capitanes generales de provincia, que todos los inquisidores, oidores, canónigos, grandes de España, ministros de consejos, etcétera, amen la Constitución de bueno a bueno?(44) A unos se les deprime la autoridad, a otros enteramente se les quita; a éstos se les disminuyen las rentas, a aquéllos se les estancan las comisiones, y a todos se les cercena la autoridad y el dinero en beneficio general de la nación.
Según esto, ¿erraré en creer que en las clases altas se hallan muchos, muchísimos que no aman la Constitución, aunque la juren,(b) ni la amarán en la generación presente? ¿Acaso todos son héroes como el gran Fernando para desprenderse voluntariamente del rango, comodidades, riquezas y poder que obtendrían a merced del despotismo, de la preocupación o la ignorancia? Créalo usted, si quiere, mientras yo me río de su candor.
Ya se ve que cómo lo ha de creer cuando confiesa que "no todos han de ser opuestos por hallarse en altos empleos".(45) Eso mismo digo yo: no todos; pero probablemente los más. ¡Ojalá y me engañe! ¡Cuánto le diera a usted por errar el cálculo medio a medio!
Las clases ínfimas del reino tampoco pueden amar la Constitución porque no la conocen ni la pueden conocer mientras no se les explique y perciban los frutos que les prepara.
Y digo: ¿usted ha oído a los curas párrocos explicar la Constitución a sus feligreses los domingos y fiestas de guardar, según está mandado por real decreto de 24 de abril de este año? Nuestra ínfima plebe, que no sabe ni leer, ¿entenderá la Constitución sin que se la expliquen? Sin entenderla, ¿la amará? Responda usted que sí, mientas todos dicen que no.
Con muchas alharacas dice usted: "llamar ignorante a la plebe es mal principio para conservar el pacto social que nuestra inmortal Carta nos describe".(46) En primer lugar, yo no he llamado ignorante a la plebe, lo que dije fue que "las clases ínfimas no pueden amar el bien que aún no conocen". Conque, no levantarás falso testimonio ni mentirás.(47)
En segundo lugar, que aun cuando yo las hubiera llamado ignorantes, usted no sólo lo concede, sino que las pone en peor clase cuando dice: "ni las ínfimas clases son tan estúpidas que dejen de conocer sus verdaderos intereses"(48) ¡Ojalá y fuera esto cierto! Pero vamos al caso: cuando usted dice que no son tan estúpidas, asegura no sólo que son ignorantes, sino brutos, estólidos, insensatos, que todo eso significa la palabra estúpida. No me crea usted: abra el Diccionario de la lengua castellana.
¿Conque ya ve usted hermano Alcalde cómo rebuzna más recio que yo? Pues oiga lo que falta que ya es poco.
"Podía usted para coronar la obra (son palabras de vuestra reverencia en la página 7 de sus rebuznos) haber gritado con El Pensador que nos quitasen las pensiones, aunque fuera quebrantando el artículo de la Constitución."(49) Quiere usted decirme, ¿en dónde he escrito semejante desatino? ¿Eso más, rebuznador y mentiroso? ¿Mal crítico y buen calumniador? No está eso en el orden de la caridad. Cuidado con el alma.
Contra las pensiones que he declamado ha sido contra las arbitrarias, no contra las legítimamente establecidas.
Con que si yo tengo costumbre de errar, usted tiene la misma. Es decir, que si yo rebuzno, usted también y más recio. ¡Pobre de usted si lo antecoge el Canoero!(50)No le ha de valer hacerle la barba,(51) pues lo encaja en el Cayo(52) si no halla a su madre.
Usted sabrá si se enmienda o sigue criticando como hasta aquí. Haga lo que quiera, entendido de que:
Solamente le convino
al rebuznador de Argel,
en un pliego de papel.
NOTA
Los sensatos extrañarán la aspereza de esta crítica; pero a ella da lugar la impolítica e inmoderación con que me trata el señor Argelino. Para criticar no es necesario lastimar ni traspasar los límites que prescribe la urbanidad.
Desde el título me insulta el autor, y yo no le trato con más respeto para que vea que le hablo en su lengua, y entiendan todos mis rivales que bailaré el son que me toquen. Al caballero Troncoso le respondo con la atención que usa en su escrito. Critiquen todos los que quieran con juicio y urbanidad, si quieren que la usen con ellos.
Abreviada impugnación al Comunicado inserto en el Noticioso General, número 760.(53)
No se necesitan anteojos para ver el espíritu del autor de esta bella producción. Se nos comienza a presentar con piel de oveja y a lo último nos descubre la garra del tigre.
Aparenta mucha moderación a los principios, reprobando el infando Suplementonúmero 741. Pero esto se hace con dos objetos: primero, rebajar el crimen atroz de su autor D.; segundo, acriminar a los escritores del día, imputándoles culpas que no se pueden deducir de sus escritos. Ambos conocidos fines están mal conseguidos con el Suplemento citado, y veámoslo en abreviatura, mientras que pluma más sabia que la mía lo impugna con la extensión y claridad debida.
Ya es moda llamar a todo papel que dice la verdad con franqueza, incendiario, subversivo, injurioso, antimónaco, irreligioso, impío y endemoniado, porque es moda, y muy vieja, enojarnos con los que nos dicen la verdad. Por ella degollaron al Bautista, crucificaron al Hijo de Dios y asesinaron a sus innumerables confesores.
Veritas odium parit,(54) se dijo muchos siglos ha. La verdad hace enemigos; pero, ¿quiénes son éstos? Ya se sabe.
Conque no es mucho que el autor del Suplemento que vamos impugnando, coloque en la clase de papeles incendiarios y alarmantes la Incitativa, el Concordato, el Manifiesto del licenciado Cañedo, que políticamente llama papelón, el Informe del señor Bodega, etcétera, etcétera.
La mayor parte de estos papeles y otros de que se ha hecho tanto mérito en nuestros días, no tienen más objeto que reclamar la igualdad de la representación americana en Cortes; excitar el más cabal cumplimiento de la ley y declamar contra sus infractores, acordándose de los males en que nos sumergió el pasado gobierno.
Y pregunto: ¿éstas serán las notorias imposturas y atroces calumnias con que en ellos se ha ofendido a los europeos? Nada hay más cierto que la justicia de las quejas de los americanos. Los mismos españoles en la Península la han reconocido, y se han quejado por nosotros: Feijoo, Macanaz, Inclán, Ulloa, Remesal, Calancha,(55)etcétera, etcétera, son testigos sin tacha lo mismo que los 74 navarros que acaban de publicar una representación a favor de la diputación americana.
A más de esto, ¿en todos tiempos no se han quejado los españoles de sus malos gobiernos? ¿No gritaron contra el de un conde duque de Olivares, de un padre Lacroy, de un marqués de Esquilache, de un Godoy?(56) ¿Y hoy mismo no están ansiando por el castigo de los que vendieron el Congreso y sumieron a la nación de los males que sabemos?
¿Pues por qué a todos ha de ser lícito lamentarse del mal que han padecido, y en nosotros se ha de considerar como un crimen?
Decir que estos papeles insultan a los españoles es una calumnia sin tamaño. Que me manifieste el autor del Suplemento 760 un papel que hable directamente contra los españoles. Declaman contra los déspotas y serviles, contra los tiranos e infractores en general, sean americanos o europeos; mas no contra los españoles. El que de éstos sea tirano, déspota o infractor de la ley, allá se lo haya,(57) le vendrá el saco lo mismo que al americano malo.
El autor del Suplemento número 741 no tuvo estas medidas. Cara a cara, y sin el menor disimulo, ultrajó a todos los americanos en derechura. Si los escritores claman por la unión, es por la de los españoles con nosotros, no por hacer rancho aparte,(58) como equivocadamente piensa el autor del Suplemento. Días ha que lo gritamos aquí y en la Península. Esta unión es la que a todos nos interesa.
Conque sacamos que ni los escritos de los americanos son criminales, ni contra los españoles europeos, ni merece ninguna disculpa el autor del libelo infamatorio. Sobra qué alegar, pero basta por ahora.
(1) México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, año de 1820.
(2) El texto de Juan Nepomuceno Troncoso a que se alude está editado en Puebla. Cf. nota 8 a Justa defensa.
(3) Fefaut el Argelino escribió No rebuznaron en balde el uno y el otro alcalde, México, impreso en la Oficina de don J. M. Benavente y Socios y reimpreso en la de don Pedro de la Rosa, año de 1820.
(4) J. N. T. Juan Nepomuceno Troncoso (1779-1830). Escritor, periodista y abogado mexicano. Aunque nació en Veracruz, fundó el periodismo poblano con La Abeja Poblana que editó a partir de 1820. Escribió a favor de la Independencia.
(5) Carta a El Pensador Mexicano, Puebla, Oficina del Gobierno, 1820. También escribió Dar que van dando, carta a un Argelino, residente en México y autor de un papel titulado No rebuznaron en balde el uno y el otro alcalde, Puebla, Imprenta Liberal, 1820.
(6) coinquinada. Adjetivación de coinquinar, o sea, manchar, ensuciar.
(7) Ecli., 31, 9. Blanchard cita: "¡Feliz, dice el sabio, aquel que no ha corrido detrás del oro!, ¿quién es este hombre?, y lo alabaremos1 (1 Quis est hic? Et laudabimus eum. Eccli., 31)". Blanchard, Escuela de las costumbres, op. cit., t. IV, p. 89.
(8) Nicolás Jamín, capítulo XXV, pensamiento VI, escribe: "'En un poema, dice Horacio, en que brillen muchas bondades, no me ofendo de percibir algunas manchas escapadas por negligencia, y de que el espíritu humano, tal como es, no puede librarse. Yo siento quando por acaso le sucede a Homero dormirse: pero este pesar se calma, luego que reflexiono que es imposible dexar de caer en algun descuido en una obra larga'" Cf. El fruto de mis lecturas, op. cit., p. 293. Cf. al respecto la nota 23 de Quien llama al toro... o sea crítica..., "Aliquando bonus dormitat Homerus", El Quijote, II, 3. "Todo el día se la pasa en averiguar si dijo bien o mal Homero en tal verso". El Quijote, II, 3.
(9) ratones del templo de Minerva. Pequeños sabios, roedores de la sabiduría.
(11) La Carta dice: "Siendo en el gobierno de mis reinos el único objeto de mis deseos la conservación de nuestra religión. el bien y alivio de mis vasallos, la recta administración de justicia. es mi voluntad que no sólo se me represente lo que se juzgare conveniente con entera libertad cristiana, sino que también se replique a mis resoluciones, siempre que se juzgare contravienen a cualquier cosa que sea. y yo descargo sobre mis ministros... no pudiéndome tener por dichoso, si mis vasallos no lo fueren debajo de mi gobierno", p. 1.
(12) Constitución. Cf. nota 4 a El día nueve de julio.
(13) Juan Tillotson (1630-1694). Prelado protestante inglés, predicador afamado, primer vicario en Herfordshire, primer deán de San Pablo y arzobispo de Canterbury. Fue educado en el puritanismo y más tarde defendió los principios de la iglesia anglicana. Sus Sermones fueron editados en 1694. Sus otras obras se componen de discursos. Opúsculos y del tratado The Rule of Faith. "Hasta nuestros días Tillotson había sido único en su género y usted solamente ha sabido imitarlo en toda su originalidad. Este arzobispo agota los adornos de la elocuencia cuando hace elogio de las virtudes, y usa toda la acrimonia de la crítica cuando refiere las acciones de los santos", p. 1.
(14) "Usted, señor Pensador, en la Defensa del excelentísimo señor Apodaca, nos pinta las virtudes políticas y morales de un magistrado, y cuando hace el retrato de su héroe, lo deja como la Corneja de Esopo", p. 1. Seguramente la fábula XIX, del Libro Cuarto, "La corneja y la oveja": "E las iniurias que se fazen a los innocentes el Ysopo recuenta tal fabula. Una corneja ociosa et folgazana, subio se encima de una oveja: et assí se estaua folgando allí. E como muchas vezes usasse de fazer este enojo a la oueja, dize se que ella le dixo assí: si al perro enojasses o temptasses segund que a mi lo fases, no suffririas sus ladrados ni la yra de su boca. La corneja fabla desta manera a la oveja: yo me assiento en los collados fuertes et sea quien tengo de enojar o no, ca soy de muchos años et soy mala et aspera con los buenos et humiles, et muy amiga de los malos et fuertes et tal me criaron los dioses. Esta fabula increpa aquellos que a los innocentes et buenos injurian et prouocan: et no osan solamente mirar a los malos et mas fuertes." Cf. Fábulas de Esopo. Reproducción en facsímile de la primera edición de 1489. Publícala por la Real Academia Española, Madrid: Tipografía de Archivos. 1929, p. XXVI.
(15) Apodaca. Cf. nota 4 a El indio y la india. "Yo voy a manifestarle que las razones en que usted funda la Justa defensa del excelentísimo señor Apodaca son claro-oscuros que afean y descomponen el retrato", p. 1.
(16) panegiris. Cf. nota 3 a Elogio a la memoria...
(18) El Liberal a los bajos escritores. Cf. nota 10 a Justa defensa...
(20) Observador del Observador J. V. Cf. nota 2 a Dar que vienen dando.
(21) "No es lo mismo virrey que se va, que virrey que llega" es un refrán cuyo sentido es la ingratitud humana que olvida la grandeza de lo pasado por lo que es.
(22) barbero. Cf. nota 13 a Dar que vienen dando.
(23) No puede todo lo que quiere. Idea de san Agustín, porque sólo Dios puede lo que quiere. Cf. Confesiones, libro VIII, capítulo IX, 21, y La ciudad de Dios, libro V, capítulo IX.
(24) "Dice usted que si el virrey es adicto o no a la Constitución, es discutible; pues amigo esto basta para que no pueda obtener cargos de jefe superior, etcétera, del reino. No me crea usted bajo palabra, oiga el decreto real de 9 de marzo de 1820: 'Exigiendo la marcha de los negocios en estas circunstancias extraordinarias [...] que se pongan al frente de las instituciones constitucionales sujetos familiarizados con ellas, que gocen de popularidad, conozcan perfectamente la opinión pública, y estén en disposición de trabajar con la actividad que exige el servicio,' etcétera. Señor Pensador: este decreto no puede cumplirse en un jefe que tiene en problema su adhesión a la Constitución", p. 2.
(25) El decreto de 26 de marzo dice: "el que use de protestas o indicaciones contrarias al espíritu de la Constitución, queda en el mismo hecho destituido de todos los honores, empleos, etcétera", p. 2. Copiamos este decreto aparecido en elNoticioso General número 695 del 12 de junio de 1820, pp. 3-4.
"Siendo la Constitución de la Monarquía, que he jurado, la ley fundamental que arregla los derechos y deberes de todos los españoles, con respecto al Trono, á la Nación y entre sí mismos, y considerando que los que rehusan reconocer la ley fundamental de un Estado renuncian por el mismo hecho a la protección de dicha ley, á todas las ventajas de la asociacion que la reconoce, y aun á vivir en su territorio; he venido en declarar, en conformidad con el decreto de las Córtes generales y extraordinarias de 17 de agosto de 1812, y de acuerdo con la Junta provisional, que todo español que se resista a jurar la Constitución política de la Monarquía, ó al hacerlo use de protestas, reservas ó indicaciones contrarias al espíritu de la misma, es indigno de la consideracion de español; queda en el mismo hecho destituido de todos los honores, empleos, emolumentos y prerrogativas procedentes de la potestad civil, y debe ser separado del territorio de la Monarquía, y sufrir ademas la ocupación de las temporalidades, si fuese eclesiástico. Y encargo, bajo la mas estrecha responsabilidad, á los gefes políticos y demas autoridades constitucionales la ejecución del decreto y penas referidas. Tendreislo entendido, y dispondreis lo conveniente para su cumplimiento.— En Palácio á 26 de marzo de 1820.— Está rubricado.—A D. Jacobo María de Parga. (Gacetas de Madrid.)"
(26) vamos al grano. Omitamos lo superfluo.
(27) no hacer de un piojo un caballero. Equivalente a "de un mosquito hacer un elefante", "hacer de una pulga un camello o elefante", "hacer de una pulga un caballo". Se dice de la gente que exagera asombrosamente asuntos pequeños, creando disgustos y compromisos.
(29) Intelligenti pauca. Al inteligente, pocas palabras. Frase latina que equivale al refrán español: "al buen entendedor, pocas palabras bastan".
(a) "Serviles". Es frase del autor de La Mujer Constitucional [existen dos textos deLa Mujer Constitucional a El Pensador. La ley se ha de cumplir, y antes que ceder, morir, México, Oficina de Alejandro Valdés, 1820, 8 pp. Y La Mujer Constitucional o quejas de ésta a El Pensador Mexicano, México, Imprenta de Ontiveros, 1820] a quien no he respuesto porque no necesitan respuesta las verdades que estampa.
(30) hasta por sobre la ropa. Hasta, preposición "que se usa para explicar el término adonde puede llegar una cosa ò cantidad: y assi se dice hasta las nubes, hasta un millón". Cf. Dic. de autoridades.
(31) "Dice usted que 'jefe político es uno y él solo no puede determinar lo malo ni oponerse a lo bueno. Ni en Guinea, ni en Malabar, ni en Coromandel es capaz de sostenerse tan maldita máxima: ¿quiere usted decirme señor Pensador de qué libro lo sacó? Según esto, el Liberal no es culpable porque es uno, y él solo no puede, según usted, ni determinar lo malo ni oponerse a lo bueno", p. 4.
(33) Sal. 13, 1 y 52, 1. San Agustín, La ciudad de Dios, libro V, capítulo IX.
(34) "Tiene usted libertad para criticar al Liberal, a mí y a quien gustare; pero hágalo con solidez, citando hechos, manifestando razones o contradiciendo las pruebas del contrario. Haciéndolo con generalidades y voces vagas merecerá usted el desprecio de los sensatos: piense usted antes de escribir, y escriba sin precipitación, y evite el mismo vicio que imputa a otros. Usted no tiene ningún derecho para tratar al Liberal con palabras indecentes: dé usted ejemplo de juicio y solidez en sus escritos, y cuente con la voluntad de su afectísimo", pp. 5-6.
(35) zaherir a metralla. Reprender sin parar y sin orden. "Dar en rostro con alguna accion ù beneficio, reprehendiendo al sugeto. Usase tambien para reprehender de qualquier modo." Cf. Dic. de autoridades.
(36) partido carabino. Partido desigual, desventajoso. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(37) "Desafío a usted y a todo el universo literario a ver quién pone más disparates en tan corta línea", p. 5, y "voy a demostrarle su infundada y ratera crítica", p. 1.
(38) Jamín, en el Prefacio a El fruto de mis lecturas, repite el proverbio "médico eres, cúrate a ti mismo", p. VIII.
(39) Fefaut, No rebuznaron el balde..., p. 1.
(41) Sal. 115, 15 y 13, 1 y 3.
(42) "Ni todos aquéllos son egoístas, ni amigos de su privativa conveniencia, ni todos éstos ignorantes", p. 1.
(43) Venegas. Cf. nota 18 a Elogio a la Memoria... Calleja. Cf. nota 2 a la Proclama de El Pensador...
(44) de bueno a bueno. Avenirse en algo.
(b) Todos los infractores citados y otros no citados han jurado la Constitución. ¿Y qué tenemos con sus juramentos?
(47) Dt. 5, 20; Ex. 20, 16 y Lv. 19, 11.
(49) p. 7. Y continúa: "que manda la permanencia de las antiguas, para que, verificado ese gran pensamiento, quedásemos como aquel que hostigado del vestuario viejo lo quemó, sin haber comprado género para el nuevo".
(50) Canoero. Cf. nota 22 a Rociada de El Pensador...
(51) hacerle la barba. Cf. nota 14 a Dar que vienen dando...
(52) Cayo. Cf. nota 61 a Rociada de El Pensador...
(c) Faltan los que le coja don J. N. T.
(53) Dice a la letra: "Número 104.— Artículo comunicado del Noticioso General de México número 760 de 10 de noviembre de 1820.
"Señor Editor del Noticioso. Yo soy el primero en reprobar el Suplemento al periódico de usted número 741 de 27 de septiembre, y en desear que no hubiese visto la luz pública semejante producción. Así no extraño, sino que reconozco la justicia de la incomodidad que han manifestado sus impugnadores, y disimulo por esto la inexactitud de algunas interpretaciones con que han agravado su criminalidad, y los medios y términos de que han hecho uso para repeler la ofensa. El ánimo irritado no observa la veracidad y delicadeza que exige la sinceridad y buena fe: propende a la ponderación y acriminación del agravio recibido y a su repulsa, sin guardar los límites de una justa defensa.
"Pero si es prudente esta indulgencia hacia el exceso de un justo resentimiento, no lo es en la parte en que da una idea falsa del estado de las cosas, de los males que experimentamos y de su origen, por la trascendencia que tienen los errores de esta clase. Quien vea el exordio de la Reflexión importante sobre el último Suplementodel Noticioso General; quien reflexione sobre todo su contenido; quien lea algunos otros papeles impresos con este motivo; quien observe el tenor del Auto de 2 del corriente del señor diputado electo de Cortes y juez de letras de esta capital, licenciado don Juan Gómez Navarrete, que usted inserta en el Noticioso de ayer, en el cual se reprende la falta de cumplimiento de lo mandado en cuanto a la entrega del Suplemento citado, aun a pesar de estar experimentando los gravísimos males que ha causado, quien sepa que se habla con conocimiento de ser un europeo el autor de dicho Suplemento, y que bajo este concepto se le atribuye de tantos modos, sin contradicción, que ha sido la causa de haberse roto la paz y la unión de los españoles europeos y americanos y de los males que producen los papeles sediciosos e incendiarios que nos atormentan; pensará que es cierto, y que antes nos hallábamos en tan perfecta conformidad que nada teníamos que desear. Sin embargo, es preciso decir, en obsequio de la verdad, que por desgracia no es así. No es razón cargar el autor del Suplemento de tanta responsabilidad: censúrese enhorabuena; condénesele; pero no se quiera suponer lo que no hay.
"No había tal pretexto hasta 27 de septiembre. Sin embargo reconocen una época anterior a su publicación las impresiones y reimpresiones de la Incitativaescrita en Valladolid de la Península; el Concordato del señor Vidaurre; el papelón del licenciado Cañedo; el del padre Oronoz; el Indio Constitucional; el Informe del señor Bodega; elTapaboca al ciudadano Paz; Manos besa el hombre que quisiera ver quemadas; Con las plumas y la espada se destruye la maldad; El Genio de la Libertad; El liberal a los bajos escritores, la Memoria dirigida por el licenciado don Carlos Bustamante desde Veracruz al Ayuntamiento de esta capital; y qué sé yo cuántos otros papeles de igual clase. No quiero encargarme de su contenido, porque ellos dan testimonio de sí mismos, y de su espíritu. Al ver las notorias imposturas y atroces calumnias con que en ellos se ha ofendido a los europeos, sin que en su defensa hayan escrito siquiera una palabra, aun agravándose los insultos y las provocaciones diciendo que el Informe del señor Bodega no es otra cosa que una serie de hechos que han pasado por nuestra vista, y los que produjeron y fomentaron la bárbara guerra que nos ha desolado; y que en sus rasgos se descubre la mano de un pintor maestro que no hizo más que copiar a la naturaleza, el lector imparcial calificará si el autor del Suplementoha sido, como se da a entender, el agresor, o podrá con más razón excepcionarse con la agresión de los americanos, aunque yo estoy muy lejos de disculparlo aun con esta defensa. Al ver el contenido de esos papeles anteriores a la publicación delSuplemento, y compararlos con los posteriores, calificará también si el espíritu, los fines y los planes de sus autores son siempre unos mismos; atizar los resentimientos, hacer odiosas la dependencia de la Madre Patria y las autoridades establecidas; ponderar los bienes de la Constitución, para hacer resaltar más el abuso y la criminalidad del gobierno, en querer privar de ellos a los americanos; gritar como energúmenos, y declamar vagamente faltas de cumplimiento o infracciones, por inocente que se halle el gobierno, y por insensatas y malignas que sean las pretensiones de coger los frutos cuando apenas puede desmontarse para sembrar, a fuerza de tiempo y venciendo mil dificultades; extraviar las ideas, la opinión y los sentimientos del pueblo con falsas impresiones acerca de sus derechos y obligaciones; arrancarle hasta la esperanza de disfrutar los beneficios de la Constitución, suponiendo ser éste el cruel destino y la desdichada suerte de los americanos; excitarlo por tales medios, y con expresas invitaciones y acalorados impulsos a buscar el remedio en su unión y fuerza (en lugar de los que dicta la misma Constitución cuando los abusos y las infracciones fuesen efectivos), a sacudir la subordinación y respeto de las autoridades a la sublevación y a la anarquía.
"Doloroso es decirlo; pero haciendo pocas excepciones, ésta es la sustancia de casi todas las producciones que hemos visto desde el restablecimiento de la benéfica libertad de imprenta, con profundo sentimiento de todos los buenos americanos y europeos; pues si bien conocen que un reducido número de individuos es el que hace este abuso, los efectos que produce por la miserable condición humana, propensa a creer y adoptar lo peor, especialmente cuando hay preocupaciones y predisposición anterior; son como si hablaran la verdad, el acendrado patriotismo y la uniformidad de votos, como estamos viendo en la capital, en que esta clase de papeles tiene as