Ninguno diga quién es,

que sus obras lo dirán(1)

 

Pues en carnestolendas

se venden tantas

máscaras en la calle,

lonjas y plazas,

quiere mi musa

vender las mascaritas

que muchos usan.

 

MÁSCARA 1ª

 

Con máscara de español

un mulato se presenta,

y parece en lo que ostenta

que no lo merece el sol;

si por su dicha o su maña

ha adquirido algún dinero,

piensa que es tan caballero

como el monarca de España;

mientras más lo favorece

la suerte y le da caudales,

él desdeña a sus iguales

y a los nobles aborrece;

pero por más que él en sí

piense creen que es bien nacido,

ya todos tienen sabido

que es negro carabalí.

 

MÁSCARA 2ª

 

Con un vestido brillante

y un hablar desenfadado

se presenta enmascarado

por sabio algún ignorante.

Y aun en la conversación

que no entiende palotada,

habla mucho y dice nada,

por sostener su opinión;

pero por más que se esponje

por pasar por entendido,

todos tienen bien sabido

que el hábito no hace al monje.

Y más que le dé coraje,

yo le diré que es más necio

si cree se le debe aprecio

por la apariencia del traje.

 

MÁSCARA 3ª

 

Quizá un señor currutaco

esta máscara se pone,

pues por más que se compone

no trae en la bolsa tlaco;

con casaca y sin camisa

y brillo de señoría,

suele andar al medio día

oliendo dónde se guisa;

sin convite y de rondón,

se encaja en una visita

esta pobre mascarita,

para comer de gorrón.

El ser pobre no es pecado

ni hay quien lo pueda decir;

pero es simpleza fingir

de rico un pobre pelado.(2)

 

MÁSCARA 4ª

 

Con la máscara de amigo

suele esconderse el traidor:

la experiencia esto mejor

lo dice que yo lo digo.

¡Cuántos pobres son despojos

de esta máscara maldita,

por creer a la cascarita(3)

de las voces y los ojos!

Al pobre de don fulano

hace el traidor mil lisonjas

en su casa, y en las lonjas,

no le deja hueso sano.

Áspides disimulados

son éstos entre las flores,

y sin duda son los peores

entre los enmascarados.

 

MÁSCARA 5ª

 

Máscaras, si lo reparas,

tienen también las mujeres,

pues en varios pareceres

saben hacer a dos caras.

Máscaras a cada rato

suelen mudar con primor:

máscara tienen de amor

y máscara de recato;

máscara de compasión;

máscara de celos tienen,

y si acaso les convienen,

máscaras de devoción;

máscara tienen de honradas,

máscara de coquetillas,

máscara de muy sencillas

y máscara de ilustradas;

máscara de bachilleras,

máscaras de humilde llanto,

de ira, de dolor, de espanto;

de vengativas y fieras;

en fin, de las señoritas

(no de todas), de las más,

si cuentas bien, no podrás

contarlas sus mascaritas.

 

MÁSCARA 6ª

 

Con máscara de devoto

se esconde el viejo usurero;

también al ladrón cajero

su mascarita le noto.

Numerar no solicito,

en fin, tanta hipocresía,

que quererlo hacer sería

proceder en infinito.

Pues por tan distintos modos

veo disfraces importunos,

pocos serán, o ningunos,

si no se enmascaran todos.

El gato esconde en la mano

la uña, hasta que ve al ratón;

pero cuando hay ocasión,

¿no las saca el escribano,

el sastre y el zapatero,

procurador, relator,

el boticario, el dotor,

demandante, vinatero

y otros...? que no quiero hablar

ni quitar créditos, pues

viene la cuaresma y es

preciso irse a confesar.

 

LETRILLA

 

Están los huevos caros;

de consiguiente,

cascarones este año

pocos se venden.

Mas ¿qué hablo yo,

cuando no hay otra cosa

que cascarón ?

 

¿Qué cosa es el caballero,

que a pesar de su dinero

es un pobre ignorantón?

cascarón.

 

¿Qué cosa es doña Pomposa,

presumida, vanidosa

y más fea que la tarasca?

hojarasca.

 

¿Qué es el viejo macilento,

usurero y avariento

y tolerado ladrón?

cascarón.

 

¿Qué otra cosa será aquella

que nos dice que es doncella,

y su descoco da basca?

hojarasca.

 

¿Qué podrá ser el marido

que se hace desentendido

cuando le suena el bolsón?

cascarón.

 

¿Y qué es aquella casada,

que aunque no la digan nada,

con el que puede se enfrasca?

hojarasca.

 

¿Qué cosa es el negociante,

que como el lucro adelante,

mas que pierda la opinión?

cascarón.

 

¿Qué cosa es la coquetilla

de túnico(4) y de mantilla,

que al disimulo se rasca?

hojarasca.

 

Cuantas vemos necedades

del mundo, son vanidades,

y todo él, en conclusión,

cascarón.

 

SONETO

HECHO EN EL MIÉRCOLES DE CENIZA
DEL AÑO DE 1811

 

¿Ya ves del rey el cetro dominante?

¿el celo del ministro diligente?

¿del soldado el acero reluciente,

y de los grandes, cruces de diamante?

¿El solícito afán del comerciante?

¿el oro y la riqueza del pudiente?

¿el estudio del sabio permanente

y de la dama, en fin, el buen semblante?

Pues todo ese poder, esa grandeza,

ese esplendor y gloria imaginada,

ese marcial espíritu y braveza

es en la muerte, al fin de la jornada,

cetro, instrucción, acero, afán, belleza,

polvo, sombra, ceniza, viento y nada.



(1) Pliego suelto, 8 pp. en 8° S. 1. ni f. de i. González Obregón (NM, p. 106) lo sitúa entre 1811 ó 1812. Spell se inclina por esta última fecha, porque el poema se menciona en el informe de la Censura para marzo de dicho año, extendiéndose el permiso de impresión a doña María Fernández de Jáuregui. Podría dudarse la fecha indicada por uno y otro, debido al soneto "hecho en el miércoles de ceniza de 1811" con que termina esta composición y estrechamente relacionado con ella, salvo que haya sido agregado posteriormente, o que la publicación ocurra el año siguiente. RE, pp. 100-108.

(2) pelado. Que está sin recursos; específicamente sin dinero. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(3) a la cascarita: por las apariencias. Cf. Periquillo, libro I, cap. III: "miraba las cosas más allá de la cáscara".

(4) túnico. Las definiciones que figuran en los diccionarios de la Real Academia Española, Santamaría, Malaret, etcétera, no son aplicables al túnico de los tiempos de Fernández de Lizardi. A juzgar por las sátiras que se leen en el D. de M. e incluso por lo que Fernández de Lizardi escribe en diversas composiciones, el túnico era el vestido femenino a la moda francesa de los tiempos del Directorio a los primeros años del Imperio, tardíamente llegada a la Nueva España. Por extensión, durante algunas décadas siguió aplicándose ese nombre a los vestidos femeninos en general, aunque ya no fuesen en forma de túnica sino compuestos de corpiño y falda muy ancha.