NI ESTÁN TODOS LOS QUE SON,
NI SON TODOS LOS QUE ESTÁN(1)

 

O sea justa satisfacción que El Pensador Mexicano da a los beneméritos europeos, agraviados sin razón por algunos incautos escritores. Especialmente se dirige a favor de los señores oficiales que han servido y actualmente sirven en el Ejército Imperial.(2)

 

 

Españoles ilustres y beneméritos amigos de la patria: yo he leído con mucha displicencia algunos folletos en que la ignorancia, antes que la malicia, os zahiere e injuria so pretexto de amor a la nación. ¡Ay de aquel, dice Dios, que siembra la cizaña entre sus hermanos!(3) Maldición terrible que arrastra sobre los autores de semejantes fárragos alarmantes de algunos, lo repito, acaso más ignorantes que perversos.

Verdad es que el antiguo gobierno español sepultó a esta América en la ignorancia, el abatimiento y la miseria.

Verdad es que tales gajes los sufrió la España quizá, y sin quizá, con más rigor que nosotros, porque la fuerza del despotismo se siente más, cuanto más cerca.

Verdad es que muchos españoles ingratos, abusando de nuestra docilidad, y engrandecidos con nuestro oro, fueron en otros tiempos nuestros primeros tiranos.

Verdad es que si no nos hacemos independientes con las armas, nuestra libertad no se nos concediera en fuerza de la razón y la justicia. A lo menos se nos trasluce por los Universales de 5 y 16 de junio.

Verdad es, finalmente, que, aún hoy, que no bastarán las fuerzas infernales para hacernos recibir más leyes ni más dominación sino la que éstas, dictadas por nuestros representantes, nos impongan. Hoy, que derrocado el gobierno español de nuestro solio, sus agentes sin autoridad, y sus auxiliantes sin armas, aún hay muchos díscolos que ansían por echarnos las cadenas del despotismo antiguo, y no perdonan medios para realizar sus inútiles esperanzas y para ejercitar sus viles y cobardes venganzas, como hemos visto.

Pero al mismo tiempo es verdad que el mal gobierno antiguo de España no es España.

Verdad es que toda nación tiene sus preocupaciones y las sostiene, mientras que puede, con las armas.

Verdad es que para dominar siempre se han buscado pretextos en la ley civil y en la divina.

Verdad es que muchos no son todos, y así, la culpa de muchos no debe reclamarse de todos los que componen una nación.

Verdad es que las costumbres se mudan con el decurso de los siglos.

Verdad es que los malos españoles que hay entre nosotros cuentan con el auxilio de muchos más criollos pícaros y traidores a su patria.

Verdad es que aun en el sexo débil, entre las mujeres, ora sean señoras, ora mujeres comunes, hay infinitas que sostienen el chaquetismo,(4)es decir, la esclavitud de su patria bestiamente, porque no discurren; pero si por ellas fuera, no quedaría un solo americano que no fuera esclavo de su marido europeo, o de su amigo aunque no fuera marido. Mas a estas lúbricas prostitutas es menester compararlas con los machos y mulas que no discurren, como dice el Espíritu de la Verdad: Sicut equus et mulus quibus non est intelectus. ¡Cuscas(5) infelices, aunque rueden coche!, que se explican contra la Independencia y contra sus paisanos no por amor al rey, que no conocen; a la religión, que ignoran; a la razón, que no comprenden; ni a sus maridos, que adulan, sino por el sórdido interés a que circunscriben su amor y sus conocimientos.

Verdad es que no sólo hay en nuestra patria algunos malos europeos que repugnan nuestra libertad civil; hay, empero, muchos pícaros criollos que no merecen ninguna consideración, que atizan a los primeros por su demasiada bestialidad, y de quienes debe dudarse si son hombres o monos en dos pies.

Verdad es, por fin, que hay muchos europeos españoles a quienes ni el oro los deslumbra, ni la preocupación los ciega, sino que, obedientes a la razón, no sólo nos aman, sino que han expuesto sus heroicos pechos a las balas disparadas por los egoístas y bárbaros americanos en contra de la patria, por estos insensatos y mal agradecidos que hoy los confunden y denigran por las prensas, haciéndose el objeto de la execración de los juiciosos.

Sí, heroico Chávarri,(6) valiente Negrete,(7) famoso Erdozain,(8) arrogante Ramiro,(9) decidido Hidalgo,(10) intrépido Arango,(11) impávido Filisola,(12) y otros mil de quienes no me acuerdo, yo os saludo, yo os elogio, héroes valientes, yo os doy millones de gracias por vuestra ilustración y patriotismo. Sí, grandes hombres, esta patria siempre será vuestra, aunque no hayáis nacido en ella. Vosotros habéis concurrido a hacerla libre; yo os he visto en la campaña exponer vuestros nobles pechos a las balas; yo he sido un testigo de vuestras conversaciones filantrópicas; yo os he visto rodar por los caminos y experimentar lo que no padecieron esosamantísimos de la patria, que os confunden con los malos europeos que nos odian; yo he visto algunos de vosotros morir entre nuestras filas, cuando esos patriotas que os insultan roncaban en Méxicoen sus camas, y yo, en fin, seré quien daré la vida por vosotros, pues si semejantes acciones no se agradecen, no sé qué es lo que se debe agradecer.

Ni se diga por los ingratos, que lo hicisteis por vuestra conveniencia y porque previsteis que el partido español debía sucumbir a la fuerza americana. Decidles, nobles españoles, que os decidisteis cuando estaba no equilibrada sino perdida por vosotros la victoria, pues en Iguala no había ochocientos hombres cuando os decidisteis a jurar la Independencia el 2 de marzo, cuando el conde del Venadito, hombre de honor y humano a toda prueba, tenía en Cuernavaca, es decir, a dieciséis leguas de distancia, un ejército de tres mil hombres disponibles, y de quienes acaso no quiso usar en favor de la humanidad y por economizar la sangre americana.(13) ¡Loor eterno al piadoso Apodaca!, a quien defendí entonces con mi pluma, a quien elogio, y de quien jamás tuve ni pretendí el más mínimo favor. El elogio por interés o por adulación es sospechoso; el que se da sin estas notas, acredita la virtud del elogiado. Yo le ofrecí públicamente al cristiano Apodaca que jamás se vería denigrar por mi pluma, aun cuando no fuera virrey; se me presenta la ocasión de hacerlo ver, y lo alabo.(14)

Por tanto, españoles, todos los que amáis a los americanos, españoles heroicos que os habéis decidido a cooperar a nuestra libertad, perdonad como generosos a cuatro tontos que os insultan, decid como Jesucristo en la Cruz: "Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen", y recibid los afectos y buenos sentimientos de los americanos que os aman, que os aprecian y os agradecerán hasta la muerte vuestros servicios, y, entre todos estos que son todos los buenos, se os repite por vuestro más fiel y agradecido amigo, [José] Joaquín Fernández de Lizardi.


VIVA LA RELIGIÓN,
VIVA LA INDEPENDENCIA,
VIVA LA UNIÓN
CON NUESTROS AMIGOS LOS ESPAÑOLES.


Y vivan siempre los oficiales españoles que han expuesto sus vidas por hacer la felicidad del Anáhuac.

Muera por siempre la desunión y la discordia.

 

 


(1) México, Oficina de don Celestino de la Torre, 1821.

(2) El mismo tema en El Pensador Mexicano, tomo II, número 4 (jueves 23 de septiembre de 1813); Obras III, op. cit., pp. 168-173. En El Hermano del Perico que Cantaba la Victoria núm. 4: "Pero has de saber que en muchos papeles he dicho que no aborrezco a ningún español por español. Tengo confesado el mérito, de muchos"; en Obras IV, op. cit., pp. 56-57. También en Elogio a la memoria de las recomendables virtudes de don Nicolás del Puerto (1813), y en No rebuznó con más tino el pobre acalde argelino (1820); en Obras X, op. cit., pp. 149-158 y 353-370.

(3) Prov. 6, 16-19.

(4) chaquetas. Cf. nota 13 a Chamorro y Dominiquín. Segundo diálogo...

(5) cusca. Puta disimulada, pelanduzca, piruja. Santamaría, Dic. Mej.

(6) José Antonio Echávarri (1792-?). Nacido en España, peleó en el lado realista en la guerra de independencia mexicana. Al promulgar Iturbide el Plan de Iguala Echávarri se le unió. En 1822 era general de división. En 1827 fue desterrado porque se creyó que estaba involucrado en la conspiración del padre Arenas. Se cree que murió en los Estados Unidos poco tiempo después.

(7) Pedro Celestino Negrete (1777-1846). Militar español que vino a México muy joven y fue uno de los jefes realistas más destacados. El 13 de junio de 1821 se adhirió al Plan de Iguala.

(8) Pablo Erdozain. Nació en la villa de Urroz (España). Después de haber participado en la lucha por la independencia de su país vino al nuestro, en la expedición de Mina. En el sitio de Los Remedios se distinguió por su valor; en uno de los asaltos de las tropas comandadas por el realista Pascual de Liñán sobre el fuerte, Erdozain resultó herido y perdió un brazo. Continuó su carrera militar durante largo tiempo. Murió en la ciudad de México el 3 de junio de 1847.

(9) Rafael Ramiro (1774-1846). Militar español nacido en la provincia de Córdoba. Participó en la lucha contra el ejército insurgente en 21 acciones, y se unió al Ejército Trigarante en 1821; fue comandante, de la 4ª División, mayor general del Ejército, ayudante de campo de Iturbide y vocal de la Junta Consultiva de Guerra. Ascendió a general de brigada en octubre de 1821. Cuando estaba retirado del Ejército murió en la ciudad de México.

(10) Francisco Manuel Hidalgo. Teniente coronel español que firmó el acta de adhesión y fidelidad al plan de independencia de Iturbide.

(11) Luis Arango (¿-1858). Fue oficial en el taller tipográfico que Morelos estableció en Oaxaca, en 1812, aunque ya andaba en las filas del ejército insurgente en 1811. En 1821 reapareció como director de la imprenta del Ejército Trigarante. Murió en la ciudad de Morelia.

(12) Vicente Filisola (m. 1833). Militar mexicano nacido en Italia; estuvo en el lado realista al comenzar la guerra de independencia, pero se unió a Iturbide al proclamarse el Plan de Iguala. Fue el primer jefe del ejército independiente que entró en la ciudad de México, el 24 de septiembre de 1821, a la cabeza de una división de cuatro mil hombres, tres días antes de que entrara el Ejército Trigarante.

(13) Una de las medidas que el virrey estaba usando para reprimir pronto la revolución de independencia, que nuevamente se encendía, fue la siguiente: "la reunión de fuerzas en la hacienda de S. Antonio, a tres leguas al Sur de México, camino a Cuernavaca, para formar un cuerpo de 4 a 5,000 hombres, a que se dio el nombre de Ejército del Sur, cuyo mando se confirió al mariscal de campo D. Pascual de Liñán, y por su segundo fue nombrado el brigadier Gabriel, yerno del virrey. Este ejército tenía por objeto impedir que Iturbide avanzase de improviso sobre la capital, y atacarlo en el territorio que ocupaba, si así convenía. Dióse orden para que marchasen prontamente a México algunos cuerpos, y por efecto de estas disposiciones, fueron llegando sucesivamente el batallón de Castilla con su coronel Hevia, que vino de Orizaba, el del infante D. Carlos, alguna caballería del príncipe, y 5 piezas de artillería. Entró también en la capital Rafols, que con las tropas europeas de la sección de Tejupilco, se retiró a Toluca a donde llegó el 6 de marzo, y en el mismo día se le reunió en aquella ciudad el capitán D. Ramón Vieitiz, con las dos compañías de órdenes militares que estaban en Alahuistlan, habiendo salido de aquel lugar luego que tuvo noticia de la revolución [...]. A Armijo se le volvió a dar la comandancia del Sur." Lucas Alamán, Historia de México, op. cit., t. V, p. 111.

(14) "De El Pensador se puede fiar vuestra excelencia, sí, de mí puede creer que jamás variaré de opinión. El tiempo lo dirá. Yo respondo por mí, y le aseguro bajo mi palabra de honor que aunque se vaya o aunque se muera, jamás se verá de mi pluma una sílaba contra su buena opinión." En Dar que vienen dando, Obras Xop. cit.,p. 343. En El Amigo de la Paz y de la Patria, núm. 2, lo incluye entre los gobernantes déspotas que suspendieron la libertad de imprenta. Obras V-Periódicos, recop. ed., notas y est. preliminar de Mª Rosa Palazón Mayoral, México, UNAM, Centro de Estudios Literarios, 1973 (Nueva Biblioteca Mexicana, 30), pp. 9-16.