MEMORIAL DE LA MADRE DE SAN FELIPE DE JESÚS(1)

 

Presentado en Cabildo el viernes 26 de enero del año de 1629(2)

 

 

"Antonia Martínez, viuda, mujer que fue de Alonso de las Casas, familiar del Santo Oficio y madre de san Felipe de las Casas, santo canonizado, nacido y criado en esta ciudad de México, y protomártir de ella,(3) digo: que ha veinte años falleció dicho mi marido, dejándome pobre y viuda y con cuatro hijas, las cuales he procurado criar con todo recogimiento, cristiandad y virtud, correspondiendo al valeroso ejemplo que su santo hermano nos dejó;(4) y esto con tanta necesidad y pobreza, sin tener más remedio ni refugio que el trabajo corto y limitado de nuestras manos, y éste falta por mi vejez y por las enfermedades de mis pobres hijas, que me cuestan tantas lágrimas y cuidado su desamparo; y no es el menor el de una hija doncella de notorio recogimiento y virtud. Y ha querido nuestro Señor que, al tiempo que he recibido de su mano la mayor honra y dicha que ha visto mujer en el mundo, llegando a ver por mis ojos un hijo que tuve en mis entrañas adorado y reverenciado por santo en la Iglesia, nuestra santa madre,(5) a ese mismo tiempo hayan cargado los trabajos y necesidades tan de golpe que no se pudiera templar tanta pena y necesidad, menos que con tanta alegría y consuelo. Y considerando la obligación que tiene esta ilustre, noble y leal ciudad en honrar como honra a su santo patrón, hallándose obligada a esto por tantas razones, puesto que el santo mártir la ennoblece y autoriza con su glorioso triunfo, no será obra de menos crédito, piedad y caridad socorrer y amparar a su pobre madre. Por lo cual, humildemente pido y suplico a esta muy noble ciudad, por la sangre de Jesucristo, que por ella derramó la suya mi querido hijo san Felipe, me favorezca y ampare, ayudándome con un rincón en que viva y con un pedazo de pan que coma, y al remedio de una hija doncella, pues tanto resplandecerá esta obra en los ojos de Dios y del mundo, como la primera, fiando mi remedio y amparo de tan limosnero y cristiano celo. Antonia Martínez."

 

 

REFLEXIONES

 

Del memorial que han visto los lectores se perciben dos reflexiones interesantes. La una, que es indisputable que san FELIPE DE JESÚS es natural de la ciudad de México, contra lo que muchos émulos de nuestras glorias han dicho y escrito fundados en que no se encuentra en ningún archivo parroquial la fe de su bautismo, siendo ésta una objeción debilísima, ya porque tal vez la incuria del tiempo la perdería, o ya la emulación u otras causas que nosotros todos ignoramos.

Fuera de que, si el no hallarse la fe de bautismo de Felipe fuera prueba de que no era criollo, también lo sería de que no era cristiano, pues no se halla tal documento ni en la España ni en La Habana.

Pero contra tal objeción está el presente memorial y el testamento de su misma madre en que dice: "Item: declaro que fui casada y velada, según el orden de la santa madre Iglesia, con el dicho Alonso de las Casas, y durante nuestro matrimonio hubimos y procreamos por nuestros hijos legítimos de legítimo matrimonio primeramente al gloriosísimo santo mártir san Felipe de Jesús y de las Casas, mártir del Japón, de la orden del seráfico padre san Francisco, descalzo, criollo de esta ciudad, cuya festividad se está celebrando estos días en esta Ciudad de México; y está nombrado patrón de ella",(6) etcétera.

Estos documentos, al paso que justifican la verdad, nos honran demasiado, por comprobar que el glorioso protomártir san Felipe de Jesús es nuestro compatriota y patrón de esta ciudad.

Pero al mismo tiempo ponen en mal la memoria de aquellos nuestros paisanos de aquel tiempo, pues manifiesta la ingratitud y mezquindad más vergonzosa.

En vista del Memorial de la respetable madre de nuestro santo paisano, resolvió el Ayuntamiento que se le socorriese con un peso diario... ¡Qué mangificencia, y en aquel tiempo! Ello es cierto que el día 21 de febrero del año citado, en que se enterró el cadáver de la feliz matrona en el Convento del señor san Francisco, asistió la ciudad al funeral, lo cargó y bajó del féretro; pero hubiera sido mejor que le hubiera señalado, mientras vivía, una decente renta para ella y para durante la vida de sus hijas.

Esta lección nos enseña a abrir los ojos para no fiarnos de los hombres, pues si se desentienden de las que dan santos a su patria, ¿qué esperarán las que dan perversos?

¿Y será esta desunión carácter de los americanos? De ninguna manera. La poca ilustración de aquel siglo y las críticas circunstancias, que siempre hay circunstancias críticas para no socorrer al infeliz, sería la causa; pero, ¿hoy qué motivo hay para que nos desentendamos de darle un culto especial a nuestro santo paisano? Apenas se ve la función de iglesia, una mezquina iluminación y nada más. Quisiéramos que nuestros compatriotas manifestaran en sus cultos exteriores los afectos interiores hacia su santo paisano, asegurando a su nombre que nos miraría como tal y desempeñaría su título con su protección.


J[osé Joaquín] F[ernández de] L[izardi].

 

 


(1) México, Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, 1821.

(2) La beatificación de san Felipe de Jesús fue celebrada el 5 de febrero de 1629 y el testamento de Antonia Martínez, su madre, tiene fecha del 27 de febrero del mismo año, según datos de Orozco y Berra (cf. nota 6 a este folleto); por lo tanto, este Memorial es anterior al testamento.

(3) san Felipe de Jesús. "Se le venera en el México católico, como el protomártir mexicano. Nació en la casa número 12 de la calle de Tiburcio de la ciudad de México [que corresponde actualmente a la segunda cuadra de Uruguay, contando de poniente a oriente), el día 1 de mayo de 1575; sus padres se llamaron Alonso Canales y Antonia Martínez [algunos biógrafos identifican al santo por Felipe Canales Martínez; en el testamento de su madre, ésta dice haberse casado con Alonso de las Casas. Comenzó a estudiar latinidad en el Colegio de San Pedro y San Pablo, que no concluyó allí por haber determinado abrazar el estado religioso, como lo verificó tomando el hábito de franciscano en el convento de Santa Bárbara de Puebla. A poco tiempo dejó el hábito y volvió al mundo. Sus padres para castigar su veleidad, lo pusieron, según la tradición primero de aprendiz de platero, y después lo despacharon a Filipinas con los medios necesarios para que siguiera la carrera del comercio. En Manila volvió a tomar el hábito de franciscano en el convento de Santa María de los Ángeles. Con el fin de volver a México, se embarcó en Cavite el 21 de julio de 1596 en el navío San Felipe, pero un fuerte temporal obligó a la tripulación a buscar auxilios en las costas del Japón. El gobernador del puerto aseguró la carga del buque y dijo que éste no podía hacerse a la vela sin licencia del emperador. Fue comisionado, para ver al emperador, Felipe con otros religiosos; los comisionados volvieron sin haber conseguido su objeto. Presentáronse entonces otros asuntos de la orden y se encargó a Felipe para informar de ellos al padre comisario general, que residía en Macao. Cumplió Felipe con su cometido y estando para regresar a México, el 19 de noviembre fue cercado el convento y aprehendidos, el padre comisario, Felipe, tres frailes más y doce japoneses cristianos. El 30 de noviembre fueron conducidos a la cárcel donde les cortaron la oreja izquierda y de allí a Nagasaki, donde fueron crucificados el 5 de febrero de 1597. Treinta años después, Urbano VIII beatificó a Felipe Canales [...]. Su beatificación se celebró en México con grandes fiestas, a la que es fama que concurrió la madre del santo." Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac, Diccionario de geografía, historia y biografía mexicanas, op. cit., pp. 323.

(4) La madre del santo mexicano, abogaba por sus cuatro hijas: María, Úrsula, Catalina y Mariana. Además de éstas tuvo otros cinco hijos varones: Alonso, Matías, Juan; Francisco y Diego. Juan y Francisco fueron religiosos agustinos. Juan de las Casas murió en 1607, asaeteado por paganos en las Islas Filipinas.

(5) Pío IX canonizó a Felipe de Jesús el 8 de junio de 1862.

(6) Dice Manuel Orozco y Berra que la beatificación del santo fue celebrada en la ciudad de México el 5 de febrero de 1629, "con la extraordinaria y rara circunstancia de asistir a ella su madre, Antonia Martínez, natural de Salamanca en los reinos de Castilla, a quien apresuró la muerte el gozo de tanta dicha, consiguiendo la de poder decir en su testamento, que otorgó en 27 del mismo mes y año, estas palabras, ni dignas de omitir, ni fáciles de leer sin que perturben el uso de la vista, las lágrimas en que ejecuta a la piedad el nunca visto contesto en esta cláusula. 'Item declaro: que fui casada y velada, según orden de nuestra santa Iglesia, con el dicho Alonso de las Casas. Y durante nuestro matrimonio hubimos y procreamos por nuestros hijos legítimos de legítimo matrimonio; primeramente al gloriosísimo santo mártir, san Felipe de Jesús y de las Casas, mártir del Japón, del orden de Nuestro Padre San Francisco, criollo de esta ciudad de México, descalzo cuya festividad se ha estado celebrando estos días en dicha ciudad de México, y le han nombrado por patrón de ella, &c.'"Véase el artículo "Ciudad de México", en el Diccionario universal de historia y de geografía, México, Imp. de F. Escalante y Cía., 1854, t. V, pp. 675-676.