MÁS VALE TARDE QUE NUNCA,(a) Y ZURRA
AL DOCTOR DON JOSÉ EUSTAQUIO FERNÁNDEZ(1)

 

¿Para qué es encubrir la cosicosa, s

i así te ensucias más, querida Rosa?



Mi doctor:(2) dice el padre Isla, en sus Cartas de Juan de la Encina, que una muchacha llamada Rosa estaba en el corral de su casa haciendo una diligencia no muy limpia, y a este tiempo entró su querido; ella, para disimular su ocupación, se sentó de plano sobre su porquería y se puso como se deja entender. Entonces el galán le dijo:

 

¿Para qué es encubrir la cosicosa,
si así te ensucias más, querida Rosa?(3)

 

Aplique usted, mi doctor: escribió usted contra mí, y sin provocarlo yo, treinta desatinos en su desgraciado Buscapiés. Cogíle las alforzas, y usted, para enmendado, ¿qué hizo?, se aplastó sobre su cosicosa, embarrando dos pliegos y una cuartilla de papel con treinta mil disparates lógicos, teológicos, políticos y críticos; pero eso sí, todos borlados y sostenidos autoritate qua fungor.(4) ¡Pobre de usted si ha creído que por doctor, teólogo y sacerdote, me ha de insultar impunemente! El carácter de usted lo venero en el más tonto y más triste; pero su literatura la desprecio y me río de sus amenazas. 

 

Guerra declaro a todo monigote,
y pues sobran justísimos pretextos,
palo habrá de los pies hasta el cogote.

 

Así lo dijo su amigo de usted, el padre Isla, en la sátira que me cita, la que le viene a usted que ni mandada a hacer.(5)

No crea usted, empero, que me voy a tomar el trabajo de criticado profamotiori, o punto por punto. No. Eso sería honrar a usted demasiado, en sentencia de Iriarte, y fastidiar a los lectores. Me contentaré con darle una buena zurra sobre lo primero que me ocurra de su papasal, y el público imparcial hará juicio de la crítica, urbanidad y literatura de usted, quien, si como tiene orgullo, tuviera sabiduría, sería ciertamente un antagonista temible; pero no hay nada de esto último, mi doctor, y véase.

Dice usted, con mucha satisfacción de sí, que no debía entrar en lid conmigo porque me conoce mucho y sabe que sólo puedo herirlo con armas prohibidas (advierta en esta expresión el lector) como disparates, injurias, chocarrerías, etcétera, etcétera.(6) Quien leyere esto sin haber leído mis papeles, dirá que usted es el más atento, político y moderado con la pluma, pues los disparates, injurias, chocarrerías, etcétera, los califica de armas prohibidas, y lo son en efecto entre los buenos literatos; pero veamos a ver quien a quién dice esto. El doctor Fernández a El Pensador, en cuyo papel titulado Primer bombazo(7) no se lee una palabra injuriosa a usted, y usted, en este farragón que acaba de imprimir, me injuria a tutiplén, llamándome monsieur Cancelada, tonto, burro, guajolote, alimaña, Pensador por antífrasis, farraguista, maula, monsieur Freron y qué sé yo qué más.(8)

Qué tal, mi doctor, ¿no es usted atento, comedido y bien criado con la pluma en la mano? ¡Vea usted quién dice puta, la Méndez!(9) ¡Quién me teme las armas prohibidas, el que las usa contra mí sin justicia ni razón! Sin justicia, porque ni su teología, de usted, ni su borla, ni su carácter lo autoriza para insultar a nadie con la pluma, y si como yo trato de enseñar a usted a criticar con urbanidad, y la tengo, no la tuviera, éste era un lance de resolverle sus denuestos impunemente. Sin razón,porque nunca la hay para maltratar a otro y menos al que, como yo, no le da motivo.

Pero se fía en su borla, en su teología y en su carácter. Acaso por éste uso con usted de la moderación que se ve; pero este mismo carácter, lejos de servirle de parapeto para insultar a nadie, debería servirle de un freno para contenerlo en sus deberes, para enseñarme (si supiera) con caridad y con dulzura, no con desvergüenzas y dicterios.

Con mucha arrogancia dice usted (página 13): "Sabe usted, señor teologastro de capote, que soy doctor teólogo y sacerdote"(10) Y ¿qué tengo yo con eso? Lo sacerdote no lo disputo, lo teólogo no lo creo, y lo doctor no lo parece. Más valía que antes que doctor fuera usted docto, ¿o cree que yo tengo por sabios a cuantos tienen borlas en la cabeza? No, señor, la ciencia no está anexa a cuatro colgajos de seda, ni a un título, acaso más colorado que un jitomate. La ciencia se consiguesolamente con el talento y el estudio, no con los ornatos exteriores. Éstos puede darlos el favor o la casualidad. El sabio Arnaldo, en su Arte de pensar, dice:

 

Yo con mi poco saber
dudo si puede en rigor
ser uno necio y doctor,
y dizque bien puede ser.(11)

 

Conque, amigo mío, no hay que mosquearse ni atenerse a la borla para disparar, porque ya ve usted que bien puede ser uno necio y doctor.

Tras de un atajo de disparates y sofisterías peripatéticas y pedantes, con que ensució usted un pliego cabalito de papel, dice en la página 9: "Cita usted como su favorito a Voltaire."(12) Señor doctor, por amor de Dios, no me levante testimonios a mí ni a él, ni yo he citado a Voltaire, ni éste es autor de mis palabras citadas. Cité al filósofo de Ginebra,(13) a quien usted no conoce, y le echó las pedradas a Voltaire. Léase mi papel, y se verá que el señor doctor ni noticia tiene de quién fue el filósofo ginebrino. De milagro no echó usted la culpa a D'Alembert,(14) Diderot(15) u otro filósofo.

Para probar usted que injurio al respetable cuerpo de curas, ensarta unos silogismos a su gusto, concediéndose una proposición que yo le negaré a pies juntillos [sic], y es ésta: "decir que la mayor parte del cuerpo de altas era infractor de la Constitución, cuando ésta regía, es injurioso al cuerpo de curas." (16) Ésta es la negada. Injuria, dice el Diccionario de la lengua castellana "es hecho o dicho contra razón... especialmente contra justicia". Luego, cuando lo que se dice no es contra razón ni contra justicia, sino muy al contrario, no hay injuria; así es que, aun cuando yo dije que "las más veces hacían los pueblos sus elecciones al gusto de los curas",(17) no injurié, ni pude, al cuerpo de curas; pero ni a los mismos infractores, pues ni aun a éstos se injuria cuando se refiere de ellos un delito público; así como no injuria la justicia al reo a quien precede un pregonero gritando: "ésta es la justicia que manda hacer el rey contra este hombre por ladrón", etcétera. Yo me sostengo en lo dicho: "las más veces se hacían las elecciones al gusto de los curas". Un cajón tengo de cartas, de todo el reino, de estos procedimientos. Si usted no lo quisiere creer, poco me importa. El público sabe que no miento. El cura que con persuasiones, o de cualquier modo, intrigó contra la libertad del pueblo, fue infractor de la ley: si fueron muchos, muchos los infractores, y si usted fue uno de estos muchos, también fue un infractor, sin que ni usted en tal caso, ni muchos, ni los más, puedan ofender con tal procedimiento la buena fama y conducta de los señores párrocos, observantes religiosos de la Constitución. A otra cosa.

Dice usted que creyó que yo deseaba ser diputado en Cortes por algunas conversaciones que ha sabido mías. Como jamás lo he deseado, estoy seguro de que en la vida referirá, ni acreditará con testigos honrados tales conversaciones; y así, éste es un efugio tan falso, como ridículo el que sigue de que "usted, en Tacubaya,(18) vio con sus propios ojos que en el número 3 del Chamorro, que iba a imprimir, decía de mi letra, dirigiéndome a mí mismo, una expresión semejante a ésta: no veo las horas de verte diputado en Cortes."(19) Ésta si es camotada.(20) Yo finjo en mi diálogo dos personas, y una de ellas es Dominiquín, que, burlándose deChamorro, le decía eso, y el señor doctor asegura que yo me dirijo esa palabra, y ¿por qué me hace Chamorro y no Dominiquín? Porque se le antojó y nada más.(21)

Dice usted que me aclare si le quiero decir maromero(22) o equilibrista,(23) y que entonces me dará con mis mismos papeles una sacudida que me parecerá día del juicio.(24) ¡Caramba, qué bravo es el doctor! Pero sépase que yo no le digo que no ha sido maromero, porque lo temo. Si supiera sus maromeadas se las diría; pero desde México no puede saber lo que pasa en Monterrey el que no tiene allá correspondencia. Sin embargo, sólo por ver esa sacudida, le digo que jamás lo he tenido por de los más decididos a su patria. Puedo equivocarme, pero me parece que usted se decidió a la Independencia así que la vio frita y guisada.(25)

Lo cierto es que ni usted ni esotros escritores; aduladores, que en estos días han afilado sus plumas contra mí y contra mis Cincuenta preguntas,(b) son capaces de probar su adhesión a las tres garantías con documentos más antiguos y públicos que yo. Oiga usted y oigan ellos para que vean si pueden empatármelos.

Religión. En favor de ésta tengo publicadas dos apologías. Aprobadas ambas con elogio. La primera por el ilustrísimo señor doctor don Pedro Fonte, dignísimo arzobispo de México,(26) y la segunda por el muy reverendo padre, doctor y maestro, exprovincial de la Merced, fray Manuel Mercadillo.(27)

A más de esto, todas mis obras respiran el más puro catolicismo y la moral más sana, tanto que el sabio (aunque sin borlas) bachiller don Manuel Sartorio(28) me dice por elogio y cariño: "el teólogo y misionero de capote". A usted le darán cólera los elogios de estos señores; pero más se satisface mi amor propio con una alabancita de un sabio de esta clase, por más que conozco no merecerla, que lo que se ofende por los vituperios de usted, y de otros como usted. Antes si otros que me ultrajan, será por envidia o caridad, y son menos que usted, me alabaran, sentiría mucho, acordándome que

 

si el sabio no aprueba, malo;
y si el necio aplaude, peor.(29)

 

Trata usted de malquistarme con el respetable cuerpo de curas y con todo el estado eclesiástico, sin acordarse que yo, sin pertenecer a este estado, reclamépúb1ica y enérgicamente su inmunidad el año de [18]12 a un Venegas, por lo que se suprimió la libertad de imprenta y fui arrastrado a una prisión que sufrí siete meses.(30) En lo particular tengo la satisfacción de que con mi tosca pluma he sacado a dos sacerdotes de la cárcel. Uno fue el padre Lequerica,(31) y otro el señor canónigo San Martín.(32) ¿Éstos que ahora dicen que soy discípulo de Voltaire, jacobino, masón y antieclesiástico, sin saber lo que hablan, presentarán iguales pruebas de su catolicismo y afecto al estado eclesiástico? Verlas deseo.

Independencia. Desde el 1º de marzo del año pasado, y sin saber lo que pasaba en Iguala, ni si a otro día se había de jurar allí la Independencia, la proclamé justa, justísima, de necesidad y de derecho, en esta capital, a la faz del gobierno y en medio de sus bayonetas, por lo que sufrí otra prisión no tan pesada como la anterior.(33)

Este papel que titulé Chamorro y Dominiquín(34) fue muy bien recibido del público, hizo muy buen efecto, ayudó a que muchos se acabaran de decidir, afirmó la opinión en la mayor parte del ejército y en algunas divisiones lo hicieron leer por orden de sus jefes. El señor brigadier don Joaquín Parres(35) me escribió de Querétaro, con fecha de 8 de julio, entre otras cosas, lo siguiente: "Usted tiene tanta o más parte que todas nuestras espadas en la grande obra (de la Independencia) como que la ha tenido principalmente en la opinión. Por fin nosotros nos decidimos, seguidos de bayonetas y espadas, y usted lo ha hecho solo, en medio de las enemigas y sin otro escudo que su natural valor." Yo quiero ver si usted u otro de mis insultadores presenta iguales documentos justificantes de su adhesión a la Independencia; pero me quedaré queriendo.

Unión. Bien lejos estábamos de pensar en el Plan de Iguala cuando manifesté mi afecto a los buenos europeos con escritos y palabras. Desde el año de [18]11 se han leído en mis impresos expresiones sinceras de unión y confraternidad. Luego que se publicó la Constitución española en su segunda época, abrí una lámina alusiva a la unión, inventé una cinta bicolor, blanca y verde, y algunas bandas para señoras, en lo que gasté más de cien pesos; las di gratis, y se las pusieron muchos en las casacas y las señoras en los bailes, aludiendo asimismo a la unión. Abrí una suscripción a favor de las familias de las víctimas de Cádiz del 10 de marzo; me subscribí el primero con diez pesos; se colectó alguna cosa, y se les remitió a aquellos infelices por conducto del señor don José Ignacio Aguirrevengoa, siendo alcalde de primer voto.(36) En esta época escribí un papel titulado: Ni son todos los que están, ni están todos los que son.(37) En él hago un merecido elogio a los señores oficiales y soldados europeos que se decidieron a nuestro partido, exhortando a todos a la unión. Últimamente, en medio de mi mezquina suerte, he hecho tal cual beneficio a algunos europeos, y hoy mismo los estoy haciendo, con la satisfacción de que ni uno de ellos hay que pueda quejarse de ningún agravio mío.

Digan ahora mis rivales si me las pueden apostar a trigarante, después que con documentos incontestables tengo probado haberlo sido antes del Plan de Iguala. Pero ya se ve, estos miserables hablan sin memoria, sin crítica y sin conocimiento de causa, sino sólo por saciar su envidia, su mordacidad y adulación. Punto aparte.

Ha impreso usted que me ha "oído decir que de pensar me mantengo." (38)Perdone usted que le diga en buen castellano que es mentira. Jamás le he dicho tal cosa, ni pudiera, porque se suelen pasar las semanas y los meses sin que dé un papel al público, y si me sostuviera sólo de la pluma, claro es que entonces se moriría de hambre mi familia, a no ser que existiéramos con ideas intelectuales. Usted creo que es un rancio peripatético, y cuando escribí que yo me mantenía depensar, se acordó de aquella famosa cuestión de su condiscípulo: utrum, si la quimera en el vacío come segundas intenciones.(39) O fuérase que usted asentó tal mentira y disparate para decir que soy pobre y cuando puedo no desperdicio mi trabajo.

¿Y qué tenemos con eso, mi doctor? ¿Qué cosa nueva o pecaminosa es que el escritor se mantenga de lo que escribe, como el letrado de lo que alega, el médico de lo que cura, el artesano de lo que trabaja, y el sacerdote de su misa y ministerio?¿El abad, de lo que canta yanta? Todos comen de su ejercicio y nadie trabaja de balde, ni usted regaló sus diabólicos Buscapieses, con ser tan malos. Si quiso usted decir que yo soy pobre, no mintió, todos lo saben; pero yo no tengo la culpa de mi suerte. A la vez a todos nos llega la necesidad, y usted mismo se acuerda que venía a mi casa a buscar a su sobrino Antoñico algunas veces, y. punto en boca porque peor es meneallo.

Dice usted que "recibí caballo y dinero del Ejército Trigarante." (40) Ésta es otra falsedad que desmiente en una certificación el excelentísimo señor don Anastasio Bustamante,(41) cuando asegura que serví de director de las imprentas y en cuanto se me consideró útil, sin sueldo ni asignación alguna.(42) El caballo lo saqué de México, y si alguna vez tuve alguna cortedad, no fue del ejército, sino del bolsillo de aquel excelentísimo señor, mi protector y amigo.

Yo no me opuse a que nadie repartiera sus impresos de balde, como usted dice, ni yo podía disponer de lo ajeno. A lo que me opuse fue a que se llevasen algunos los papeles del ejército, de balde, para hacer con ellos granjería, aprovechándose de su producto de coca,(43) y vendiéndolos públicamente como todos lo vieron en las plazas de Tepotzotlán,(44) Cuautitlán,(45) Azcapotzalco(46) y Tacubaya.(47) Usted no regaló sus Buscapiés, ni necesitó de mi oposición para no darlos dados.

Dice usted, por último, afianzándose a dos manos de su borla, que "para perder la gracia basta un momento; para recobrada no basta ese solo momento"... porque "no se justifica el hombre en el instante que él quiere justificarse"... porque para esto se necesita que el pecador se disponga o prepare para la justificación, y los actos que debe hacer para prepararse a ella no son de un momento." (48) ¿Será capaz que asiente tales cosas un doctor teólogo y sacerdote? Yo no lo creería a no verlo impreso y subscrito bajo su firma. Vamos por partes.

¿Conque para perder la gracia basta un momento, y para justificarse no? ¡Doctrina nueva! Es verdad que no se justifica el hombre en el instante que él quiere justificarse, si sólo quiere y no pone de su parte los medios necesarios, porque éste es un querer frío; ineficaz e inútil, o por mejor decir, en no querer; así como lo sería el querer tener dinero sin trabajar, sanar sin curarse, y ser sabio sin estudiar. Pero si en un momento quiere justificarse y pone los medios necesarios, en un momento, ayudado de la divina gracia, se justificará, pues el Dios de las misericordias sólo espera el momento en que el pecador arrepentido deveras solicite su gracia para perdonarlo; y para arrepentirse deveras, para convertirse a Dios, de corazón, no se necesitan muchas horas. El tiempo que se necesita para decir, un pecavi(49) de corazón, es suficientísimo para que el hombre se justifique ante Dios, y para que este señor eche a la espalda sus culpas y las olvide como si no hubieran sido: porque es tan liberal y tan misericordioso que se le hace tarde... Permítaseme esta locución común pero expresiva. Sí: se le hace tarde a Dios, no ve la hora de que el pecador se arrepienta para perdonarlo.

Ofrece que nos dará el perdón de nuestras culpas y nos abrirá el paraíso en el momento que llamemos a las puertas de su misericordia. Petite et accipietis. Pulsate et aperietur vobis,(50) y no dice: preparaos a pedir, preparaos a clamar por mi gracia. No, sino pedid y se os dará, porque Dios tiene más interés en nuestra salvación que nosotros mismos. Sólo espera que nos convirtamos a Él para convertirse a nosotros; así lo ha dicho: convertimini ad me et ego convertar ad vos.

No halla voces el santo rey David para expresar las misericordias del Señor. Lea usted el Salmo 102, y verá qué lindamente dice: "es piadoso, es misericordioso el Señor, es largamente y mucho misericordioso. No se enoja con el pecador eternamente. No nos retribuye según nuestros pecados... Como se apiada un padre de sus hijos, así Dios se apiada de los que le temen, porque conoce nuestra miseria, se acuerda que somos polvo, frágiles como el heno y como las florecillas del campo."(51)

En virtud de todo esto, responda usted mi doctor: ¿puede el hombre en el momento que quiera, ayudado, se entiende, de la divina gracia, porque nisi Dominus aedificaverit domum, in vanum laboraverunt qui aedificant eam,(52) puede el hombre justificarse en un momento, o no puede? Si dice usted que puede, canta la palinodia, y es fuerza que confiese que su distinción entre conversión y justificaciónes impertinente, huele a escolasticismo; et diende la morosidad que usted exige para arrepentirse, y que Dios perdone, no se halla prevenida ni por la Escritura, ni por el Evangelio, ni por ningún santo padre, ni por ningún concilio, ni por ningún teólogo, sino solamente por usted.

Esto sale si confiesa, como debe, que el pecador puede justificarse en un momento. Así se justificó David, la Samaritana, Pedro, Pablo, Dimas, la Magdalena y... tantos otros.

Si usted se sostiene, como hasta aquí, en que no puede, sino que necesita el pecador de muchas horas para convertirse y Dios para perdonarlo, es un hereje, porque desmiente la doctrina de Dios y de su Iglesia.

¿Qué tal, señor doctor? ¿El teologastro no le ha dado a usted con su capote una sacudida que le ha parecido día del juicio? Usted a lo menos no la aguardaba tan fuerte. Ya se ve que usted dice: "el pobre Pensador es poco pollo para mí" (página 9).(53) ¡Qué satisfacción! Sigamos.

Despreocúpese usted doctor: para justificarse mediante la contrición, basta unmomento; para justificarse mediante la atrición, junta con el sacramento de la penitencia, basta una hora, y aun menos tiempo, según fuere la necesidad, pues la sangre de Jesucristo suple superabundantemente en el sacramento la perfección de la contrición.

Yo he dicho que si la ley manda que entre el delito y la muerte del delincuente no haya más que una hora de tiempo, en esta hora puede disponerse a morir y a morir bien. Esto escandalizó a usted y lo hizo escribir tantos errores, que juzgo no cree usted de corazón; porque entonces sería necesario hacerlo entrar a sínodo con todo y borla, para examinarlo sobre atrición y contrición, sobre gracia santificante y auxiliante, sobre auxilios suficientes de esta gracia y eficaces; etcétera, porque creo que todo esto se le ha olvidado. Et tamen apellamini doctores? O tempora o mores!(54)

Yo he dicho que una hora es tiempo suficiente para morir como cristiano, con el auxilio del sacramento de la penitencia;(55) éste es el caso de la cuestión. Usted lo ha negado y se ha ratificado en ello (página 15 de su furiosa Sacudida).(56)

Ahora bien, le dan a uno una grave puñalada, llaman a usted a confesarlo, llega, ve que aquél se está muriendo y que probablemente no le puede durar la vida diez minutos. ¿Qué hará usted en este caso? Si lo confiesa usted, canta la palinodia de su negada; si no lo confiesa, es un mal ministro, un impío, un hereje y un temerario en prevenir los juicios del Altísimo.

Aún hay más: lo confiesa usted, lo absuelve, se muere, y se le aparece allí El Pensador preguntándole: "Mi doctor, ¿qué juicio forma usted de la suerte de ese pobre que acabó de confesar? ¿Se salvó o se condenó?" Según yo, y confiado en la misericordia ilimitada de Dios, piadosamente se debe creer que se salvó; según lo que usted ha escrito en su Sacudida a El Pensador, a saber, que "no es suficiente una hora para justificarse", éste se ha condenado. Lo que me respondiera usted en ese caso, respóndase a sí mismo y advertirá su error.

Decir (como dice usted en la página 14) que "para perder la gracia basta un momento; para recobrada suelen no bastar muchas horas ni aun días, porque la dificultad de recobrarla pende de las circunstancias de cada pecador."(57) Es una impertinencia, porque no es ese el caso de la cuestión. Ya se ve, mientras que el hombre no haga lo que está de su parte para justificarse, no digo días, ni aun años le basta para recobrarla; pero repito que esa no es la cuestión, sino si podrá disponerse a morir bien un reo dentro de una hora con los auxilios de la Iglesia. Yo digo que sí, y usted ha dicho, redicho y firmado que no. El juicioso lector decidirá quién de los dos acierta, si usted con su teología y su borla o yo con mi Catecismo y mi capote.

Sería menester difundirme demasiado para impugnar sus equivocaciones, pero no puede ser. Señalaré las últimas notables. Dice usted que "en la opinión común se tienen por repentinas las muertes que se verifican dentro de dos horas." (58) No hay tal cosa. Repentino es lo pronto, impensado, no prevenido; y así la santa Iglesia pide a Dios que nos libre de las muertes repentinas, esto es, no prevenidas y violentas. A subitanea et improvisa morte, como la causada por un rayo o un insulto. De que se sigue que al que le dicen que se disponga para morir dentro de una hora, no le coge la muerte de repente, ni tal muerte es imprevista, sino muy prevenida.

En fin, dice usted que la buena hora no depende del reo sino de Dios.(59) Mi doctor: esa buena hora de la reconciliación del pecador con Dios depende no sólo de Dios, sino también del hombre. Dios está pronto a levantarnos de la culpa y restituirnos a su gracia; pero quiere que hagamos un empuje de nuestra parte. Por más que hagamos, si nos atenemos a nosotros, no nos levantaremos en la vida; pero si no hacemos ninguna diligencia de nuestra parte, seguro está que Dios nos dé la mano, porque qui fecit te sine te, non salvabit te sine te.(60)

Concluyo suplicándole a usted que, si sigue escribiendo, economice las desvergüenzas, pues a más de que esto le hará honor, sabe bien que la oposición de las ideas intelectuales en materias literarias no debe trascender a las voluntades, y en esta inteligencia, disponga de la de su afectísimo amigo y servidor que su mano besa.


José Joaquín Fernández de Lizardi.

 

 

NOTA INTERESANTE

 

En mi papel titulado Válgame Dios qué de cosas hay en el mundo que ver, etcétera, hablando de la igualdad ante la ley, y probando que no puede haber tal igualdad mientras haya fueros privilegiados, se leen en la página 7 estas palabras: "desgraciada nación aquélla en donde el soldado crea ser más que el paisano, el sacerdote más que el militar en el orden." Así, es un disparate de que puede salir una herejía, pues da a entender que no es el sacerdote nada más que el secular por el orden sacerdotal, cuando en expresión de san Pío V "no hay en el mundo dignidad más excelente que el orden sacerdotal."

Es, pues, errata de imprenta, como consta de mi original, que dice: en el orden civil, pero la palabra civil se quedó en la caja. Estas erratas son frecuentes a los impresores, y aunque corrijan los autores, no se libran de incurrir en ellas, ya porque al mismo autor se le pasan, y ya porque, aunque las corrijan, se suelen volver a olvidar.

Unas erratas son disimulables, y luego se conocen que son de imprenta, como aquella que puso un impresor diciendo que el poeta Anacreonte se había ahogado con un caballo, en lugar de con un cabello, pero otras son muy trascendentales al autor por la duda que dejan de su legítimo dueño, como la presente.

Por tanto, en obsequio de la religión, del estado eclesiástico y de mi catolicismo, suplico, a cuantos tengan dicho papel, corrijan como puedan esa errata, y si no pueden corregirla, rómpanlo, para que no vaya a inducir contra mi voluntad un escándalo grave en los que lo lean sin saber que es yerro de imprenta.

 

 


(a) Esto alude a lo tarde que sale este papel por las ocupaciones de la imprenta.

(1) México, Imprenta (contraria al despotismo) de D. J. M. Benavente y Socios, 1822.

(2) Se refiere al doctor José Eustaquio Fernández. Cf. nota 13 a Satisfacción al público...

(3) "Y se repitió el casico curioso de aquella dama púdica que, sorprendida de repente por su galán, en la postura de cierta natural evacuación, queriendo afectar que estaba sentada, se sentó de veras y muy de plano sobre la mala cosa; el mozuelo, que era bellaco y algo arriscado de narices, conoció al punto la maula, y asiéndola blandamente del brazo, la levantó, diciéndola con ternura picaresca: ¿Para qué es encubrir la cosi-cosa, / si así te ensucias más, querida Rosa?" Cartas de Juan de la Encina, en Obras escogidas de José Francisco de Isla, op. cit., p. 404.

(4) El Cohetero. D. J. E. F., Buscapiés a El Pensador Mexicano, sobre sus ideas políticas y liberales, México, Imprenta de D. Mariano Ontiveros, 1821. Se trata delBuscapiés número 5. Conocemos también el Buscapiés numero 6: Buscapiés al autor del importante voto de un ciudadano. Núm. 6, México, Imprenta Imperial de D. Alejandro Valdés, 1821. Desconocemos el título de los Buscapiés números 2, 3 y 4. Del número 1 tenemos la noticia siguiente: "Quizás el periódico Ejército Imperial Mejicano de las Tres Garantías suspendió la publicación con el número 11 (13 de julio de 1821), ya que a poco más de un mes del último número por nosotros conocido, y en la imprenta misma 'Portátil del Ejército' ─aunque los tipos de letra parecen diferentes─, se confeccionó otro que con el título Busca-piés y con el subtítulo A los españoles y americanos que aún sostienen temerariamente en Méjico el cómico gobierno del Sr. Novella, salió, probablemente, a últimos días de agosto de 1821. El Busca-piés, en su primer y único número conocido, publica un artículo firmado con las iniciales D. J. E. F. y fechado en Tepozotlán el 24 de agosto de 1821. Es por este detalle que podemos situar el mes en que se publicó el periódico ya que carece de fecha y no se señala, tampoco, lugar de impresión. Figura confeccionado, como ya hemos dicho, en la 'Imprenta Portátil del Ejército', con la novedad de que se dice dirigida por Rafael Núñez. Constaba de cuatro páginas." J. M. Miquel i Vergés, La independencia mexicana y la prensa insurgente, op. cit., p. 299.

(5) Los versos no son del padre Isla sino de José Gerardo Hervás y de la Torre, que, bajo el seudónimo de Jorge Pitillas escribió una Sátira contra los malos escritores. Véase en Poetas líricos del siglo XVIII. Colección formada e ilustrada por el excelentísimo señor don Leopoldo Augusto de Cueto, Madrid, Ediciones Atlas, 1952 (Biblioteca de Autores Españoles, LXI), t. I, p. 91. José Eustaquio Fernández, en su folleto Una buena sacudida a El Pensador Mexicano, pp. 5-6, cita y aplica a Lizardi algunos versos de la Sátira de Pitillas.

(6) "Yo no debía entrar en lid con usted, porque lo conozco mucho, y sé que sólo puede herirme con armas prohibidas, como disparates, injurias, chocarrerías, etcétera, etcétera." El Cohetero viejo, sacudidor del nuevo Cohetero chambón. Doctor José Eustaquio Fernández, Una buena sacudida a El Pensador Mexicano, don Joaquín Fernández Lizardi, con una rueda de cohetes, México, Imprenta Imperial de don Alejandro Valdés, 1822, pp. 1-2.

(7) Primer bombazo por El Pensador. Al doctor José Eustaquio Fernández.

(8) "Así es bueno meterse a escritor: se escriben verdades y disparates; impugnan éstos, y ya hay qué imprimir respondiendo H H o R R a Dios te la depare buena. Esto, monsieur Cancelada mexicano, no es ser buen escritor, ni escritor siquiera, sino farraguista maula. Bajo esta regla del gran Pensador, le pregunto si es falsa la conclusión del silogismo siguiente: Ningún bruto es guajolote; todo Pensador es bruto; luego ningún Pensador es guajolote. El silogismo es legítimo; las dos premisas son falsas; y si no lo es, como de facto no es falsa la conclusión, la regla del Pensador es muy mala. Si la conclusión es falsa, luego su contradictoria es verdadera. Su contradictoria es: algún Pensador es guajolote; y esto no he de consentir yo de ninguna suerte, porque temo que, entrando a votación, se la saquenemine discrepante el autor del Bombazo [...]. Y ahora entro yo con una reflexión. Si es tanto el influjo de los curas y jueces, ¿qué importa que el pueblo nombre inmediatamente compromisarios o diputados? Así como aquéllos, bien pueden éstos ser nombrados por dicho influjo. Luego, mientras monsieur Cancelada Lizardi no proponga medios de quitar dicho influjo, el que nombre el pueblo mediata o inmediatamente sus diputados nada hace al caso; bien que monsieur Freron no escribe lo que viene al caso, sino a la pluma." Una buena sacudida a El Pensador, pp. 7, 8 y 11.

(9) ¡Mira quién llama puta a la Méndez! Lo encontramos registrado en Rodríguez Marín, Más de 21.000 refranes castellanos, p. 308. Hay una variante: ¡Mirad quién me dijo puta!, en 12.600 refranes más no contenidos en la colección del maestro Gonzalo Correas, ni en "Más de 21.000 refranes castellanos". Allególos con ayuda de pocos, pero buenos amigos, Francisco Rodríguez Marín, Madrid, Tipografía de la "Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos", 1930, p. 209.

(10) J. E. Fernández, Una buena sacudida a El Pensador.

(11) Se trata de Antoine Arnauld, quien, en colaboración con P. Nicole escribióLogique de Port-Royal ou Art de penser (1622).

(12) "Cita usted como su favorito a Voltaire; y en verdad que tanto él como usted dicen dos disparatones de marca: él, cuando afirma que la soberanía consiste esencialmente en la voluntad general; y usted, cuando asegura que la soberanía es el ejercicio de la voluntad general de la nación." Una buena sacudida a El Pensador, p. 9.

(13) Lizardi citó a Rousseau en el Primer bombazo; cf. la nota 8 a ese folleto.

(14) Jean le Rond D'Alembert (1717-1783). Las ideas liberales eran estigmatizadas diciendo que procedían de la Ilustración.

(15) Denis Diderot (1713-1784). También fueron estigmatizadas sus ideas liberales.

(16) "El Pensador niega que injuria al respetable cuerpo de curas. Pruebo que lo injuria. El que dice una cosa injuriosa a la mayor parte de aquel cuerpo, lo injuria. Esto parece inconcuso. Es así que el Pensador dice una cosa injuriosa a la mayor parte del cuerpo de curas: luego lo injuria. Pruebo la menor. Decir que la mayor parte del cuerpo de curas era infractor de la ley constitucional, cuando ésta regía, es injurioso al cuerpo de curas, esto afirma el Pensador: luego, etcétera. Pruebo la menor porque la mayor la juzgo clara. Era infractor de dicha ley el que no permitía al pueblo hacer libremente la elección de los compromisarios; esto afirma el Pensador de la mayor parte del cuerpo de curas: luego, etcétera. La mayor parte parece indudable; pruebo, pues, la menor. Para que las más veces no fueran libres los pueblos en dicha elección por los curas, preciso era que la mayor parte de curas impidiera dicha libertad; es así que el Pensador dice que no elige libremente porque las más veces elige a la voluntad de los curas: luego el Pensador afirma que la mayor parte de los curas no permitía hacer libremente las elecciones de compromisarios. Luego injuria la mayor parte de los curas: luego al respetable cuerpo de ellos." J. E. Fernández, Una buena sacudida a El Pensador, p. 10.

(17) Lo escribió Lizardi en sus Ideas políticas..., cf. la nota c a ese folleto. Sobre el mismo tema: "Comunicado" de El Amigo de Andar Derecho, inserto en El Conductor Eléctrico, número 24, en Obras IV, op. cit., pp. 426-428.

(18) Tacubaya. Actualmente pertenece a la Delegación Miguel Hidalgo, en el Distrito Federal. En tiempos de Fernández de Lizardi era un pueblo que distaba de la ciudad de México unas siete mil varas.

(19) Una buena sacudida a El Pensador, p. 11. Fernández de Lizardi había escritoChamorro y Dominiquín. Diálogo jocoserio sobre la independencia de la América yChamorro y Dominiquín. Segundo diálogo jocoserio sobre el cuaderno... Tal vez J. Eustaquio Fernández citó lo que Lizardi escribiera en un tercer diálogo: Chamorro y Dominiquín. Diálogo jocoserio sobre asuntos interesantes y del día, desgraciadamente lo tenemos incompleto.

(20) camotada. Bobería.

(21) Fernández de Lizardi casi confiesa ser Chamorro en su primer diálogo: "Unión, fraternidad y paz es lo que a todos desea El Pensador... No me acordaba de que estaba hablando Chamorro." En Chamorro y Dominiquín... independencia...

(22) maromero. Cf. nota 20 a Primer bombazo...

(23) equilibrista. Cf. nota 17 a Primer bombazo...

(24) "Se pone usted a hacer su ejecutoria de buen patriota, y de que no ha sido maromero ni equilibrista. Si esto lo hace usted por acomodarme dichos epítetos, aclárese más, que lo público y cierto no injuria; como usted dice; y entonces, con sus mismos papeles, le he de dar tal sacudida que le parezca día del juicio." J. E. Fernández, Una buena sacudida a El Pensador, p. 12.

(25) la vio frita y guisada. La vio dispuesta y arreglada.

(b) Es cosa rara. Desde el 18 de noviembre escribí mis Cincuenta preguntas, y hasta el 13 de diciembre, que van veintiséis días, nadie escribió contra mí; pero apenas en el dicho día 13 tronó contra ellas un papel ministerial, cuando han llovido sobre las tales preguntas y su autor, injurias, dicterios y calumnias a millares. Si S. A., por un descuido de pluma, en lugar de las Cincuenta preguntas de El Pensadorpone los catorce artículos de la fe, me cortan las orejas si estos necios aduladores no salen impugnándolos al momento. ¡Infelices! [Cincuenta preguntas de El Pensador a quien quiera responderlas; cf. la nota 2 a ¡Válgame Dios qué de cosas...! LasCincuenta preguntas de Lizardi fueron condenadas por atacar directamente "las bases del sistema de nuestra Independencia", junto con otros folletos, comoConsejo prudente sobre una de las Garantías y la Abispa de Chilpancingo número 5, en la Gaceta Imperial Extraordinaria de México, tomo I, núm. 38 (jueves 13 de diciembre de 1821)].

(26) Pedro José de Fonte y Hernández Miravete (1777-1839). Último arzobispo español de la Nueva España. Doctor en cánones de la Universidad y canónigo penitenciario en Zaragoza. En 1802 fue nombrado provisor y vicario de la Catedral; también fue cura del Sagrario y fue electo arzobispo en 1816, cargo que cumplió hasta 1823. En un principio se opuso a la independencia, hasta que en 1821 la reconoció; el 12 de octubre de dicho año celebró una misa de acción de gracias por su implantación. Regresó a España poco después.

(27) Efectivamente fueron dos apologías: "Apología compendiosa de nuestra sagrada religión y de la dignidad del estado eclesiástico", (en El Pensador Mexicano, t. II, núms. 11-15; Obras III, pp. 219-251), e Impugnación y defensa del Bosquejo de los fraudes. Discurso primero. Apología de nuestra sagrada religión. Al publicar su segunda Apología, Lizardi incluyó el "Dictamen" de Mercadillo (Manuel Mercadillo. Cf.nota 21 a Impugnación y defensa... Apología...).

(28) José Manuel Sartorio (1746-1829). Sacerdote y escritor mexicano. En el gobierno virreinal fue censor de libros y periódicos. En la etapa independiente fue vocal de la Junta Provisional Gubernativa. Escribió Poesías sagradas y profanas, que fueron editadas en 1832.

(29) "Guarde para su regalo / esta sentencia un autor; / Si el sabio no aprueba, ¡malo! / Si el necio aplaude, ¡peor!" Iriarte, Poesías, p. 9.

(30) Cf. la nota 10 a Reflexiones interesantes...

(31) padre Lequerica. Cf. nota 9 a Tentativa de El Pensador...

(32) canónigo San Martín. Cf. notas 5 y 8 a Tentativa de El Pensador...

(33) Cf. nota 7 a Ideas políticas... 1, y nota a al Primer bombazo...

(34) Chamorro y Dominiquín. Diálogo jocoserio sobre la independencia de la América.

(35) Joaquín Parres. Oficial del ejército realista que se pronunció en favor del Plan de Iguala. Gozó de la estimación de Iturbide quien lo ascendió de grado. Posteriormente fue gobernador de Jalisco y, en el año de 1833, Ministro de Guerra. Murió en 1836.

(36) Cf. la nota c a Observaciones político-legales...

(37) Cf. en este volumen.

(38) En Una buena sacudida a El Pensador, p. 9.

(39) Utrum chimaera bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones,escribió el Padre Isla en su Fray Gerundio de Campazas... "'Si una quimera zumbando en el vacío puede comerse segundas intenciones'. En esta disparatada cuestión se parodia la fórmula estilística de las questiones de Santo Tomás en laSumma Theologiae, y las de Duns Scotus y otros escritores escolásticos." Nota de Russell P. Sebold a José Francisco de Isla, Fray Gerunidio de Campazas, introducción y notas de Russell P. Sebold, Madrid, Espasa-Calpe, 1962 (Clásicos Castellanos, 149), t. II, p. 25.

(40) "Usted recibió, según sé, caballo y dinero del Ejército Trigarante, fue nombrado director de imprentas, etcétera, etcétera." Cf. Una buena sacudida, p. 12.

(41) Anastasio Bustamante. Cf. nota 5 A las valientes tropas...

(42) En septiembre de 1821, los hermanos Miramón (Joaquín y Bernardo), que eran dueños de una imprenta, le facilitaron a Iturbide un retal con el cual se publicó el Diario Político Militar Mejicano, primero en Tepotzotlán, luego en Naucalpan y posteriormente en Tacubaya. "Un vecino de México a quien conocemos tan sólo por las iniciales D. F. M. T. atribuyó su fundación y dirección a José Joaquín Fernández de Lizardi. Carlos María de Bustamante señala, recogiendo la versión y matizándola que El Pensador Mexicano tuvo una parte importante en el Diario Político Militar Mejicano[Cuadro histórico, tomo v], y Lucas Alamán afirma, categóricamente, que Lizardi 'comenzó a publicar el periódico' [Historia de México, t. V)." J. M. Miquel i Vergés, La independencia mexicana y la prensa insurgente, p. 307.

(43) de coca. De gorra, de balde.

(44) Tepotzotlán. Cf. nota 7 de A las valientes tropas...

(45) Cuautitlán. Cuidad cabecera del municipio del mismo nombre, en el Estado de México.

(46) Azcapotzalco. Cf. nota 16 a Gloria al Dios de los ejércitos...

(47) Tacubaya. Cf. la nota 18 a este folleto.

(48) J. E. Fernández, Una buena sacudida a El Pensador, p. 13.

(49) peccavi. Yo he pecado. Locución latina que se emplea en sentido familiar para confesar la falta que uno ha cometido.

(50) Petite, et accipietis (pedidle, y recibiréis): Jn. 16, 24. Pulsate, el aperietur vobis(llamad, y os abrirán): Mt. 7, 7 y Lc. 11, 9.

(51) Sal. 102, 8-10 y 13-15.

(52) Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican. Sal. 126, 1.

(53) Una buena sacudida a El Pensador, página citada.

(54) "¡Oh tiempos! ¡Oh costumbres!" Cicerón, Catilinarias 1, 1 y Verrinas: De signis,25, 56. En sus Conversaciones del Payo y el Sacristán (t. I, núm. 21) Lizardi también agregó: Et tamen apellamini doctores (Obras V, p. 233).

(55) Lo escribió Lizardi en su Primer bombazo.

(56) "Si lee usted el libro segundo de los Reyes verá usted que la conversión de David no fue de momento, pues para su buena disposición le preparó Dios con la derrota de su ejército, que consta en el capítulo once, y con la parábola y aplicación de ella que le hizo Natan; e ínterin obraba internamente la gracia. El ejemplo de la Magdalena prueba igualmente lo que digo, pues no se justificó sino cuando Jesucristo le aseguró que quedaban perdonados sus pecados; pero antes buscó a Jesús, como a su médico, porque conoció su mal, que deseaba se curase: antes lloró a los pies de Jesús, y se los limpió con su cabellera. Todo esto demuestra que la conversión y preparación de la Magdalena no fue en un momento, aunque su justificación fue instantánea como la de todo pecador [...]. Por último, nada de lo que usted dice convence que basta una hora para morir bien dispuesto. Lo de san Dimas, que parecerá a los ignorantes un hecho terminante, no es, según los sabios, sino una conversión portentosa en el orden de la gracia; y no se deben esperar, en los destinados a pronta muerte, semejantes portentos; porque al lado del Redentor, y en la misma hora que san Dimas se convirtió y justificó, se endureció en su pecado y se condenó el otro ladrón. Vaya ahora, monsieur Lizardi, a inspirar confianza con sus ejemplos fuera del caso, traídos a remolque." Una buena sacudida..., pp. 14-15.

(57) Una buena sacudida a El Pensador.

(58) Una buena sacudida..., p. 16.

(59) Idem.

(60) "El que te crió a ti sin ti, no te salvará a ti, sin ti." San Agustín, "De libero arbitrio" III, 17, 47. Ciudad de Dios, libro V, caps. IX y X.