MAS QUE SE ENOJEN LAS VIEJAS,
TENGO DE SER FRANCMASÓN,
SI SON COMO DIZQUE SON A
Este papel es una sátira contra los cristianos hipócritas y fanáticos,
que desmienten con las obras la misma religión que afectan defender
con tanto celo: religión que ignoran, y celo inútil, pues la fe sin caridad
BOLERAS
Si aquel que ama a su patria
es francmasón...
yo, como mucho la amo,
también lo soy.
Si esto es pecado,
que pequen norabuena
los diputados.
Dizque los francmasones
son tan perversos,
que se aman unos a otros
con mucho extremo.
Nos, los cristianos,
les damos harto ejemplo
de lo contrario.
Ellos aman a todos
sus semejantes.
¿Esto no es un delito
imperdonable?
De nos aprendan,
que nos aborrecemos
por mil frioleras.
Ellos, unos a otros,
los francmasones
se auxilian, se aconsejan
y se socorren.
Y nos miramos
al que se muere de hambre,
y lo dejamos.
Ellos, en sus tertulias
no admiten bestias,
nosotros repugnamos
gentes discretas.
Esto es muy bueno,
jamás hay pueblo esclavo
si antes no es necio.
Ellos admiten toda,
cualquiera secta;B
y los cristianos riñen
dentro de la iglesia.C
¡Y muy bien hecho,
esto sí es entender
el Evangelio!D
Los francmasones todos
guardan secreto,
como si perjurarse
fuera un misterio.E
Nos, los cristianos,
muy en gracia de DiosF
nos perjuramos.
no se descubren,
por más autoridades
que les pregunten.
Nos los cristianos,
aun sin que nos pregunten,
nos delatamos.G
Cuando en sus logias entra
el duro hebreo,
jura sobre los libros
del Evangelio.H
Esto sí pasma,
como los francmasones
cristianos hagan.I
Aquel que a Jesucristo,
moro desprecia,
en siendo francmasón
lo reverencia.
Y el reformado,
al Dios Trino respeta
como el cristiano.
Dizque los francmasones
son muy piadosos,
y para caridades
tienen sus fondos.
Los que reparten,
sin distinción de sectas,
gentes ni clases.
Dicen que a los pupilos,
doncellas, viudas,
y a otros menesterosos
prestan ayuda.
Con tal sigilo
que ignoran de do viene[n],
los socorridos.
No salgo por garante
de estas virtudes.
Si son ciertas, son loables,
nadie lo dude.
Y yo deseara
que en esto los cristianos
los imitaran.J
A Entiendan esto los virtuosos, antes de escandalizarse.
B Menos ateístas, ni materialistas. Cualquiera que entra en sus logias ha de confesar la existencia de Dios y la inmortalidad de la alma.
C Los francmasones aman a todos los hombres como a sus semejantes; aunque sean de diversas comuniones. Nosotros, en el seno de la iglesia católica nos vemos unos a otros con total indiferencia, y a veces nos aborrecemos de muerte.
D Esta locución es irónica. Nunca es bien hecho el tenernos odio, el zaherirnos, desacreditarnos ni injuriarnos, y mucho menos con pretexto de religión. Esto es no entender el Evangelio.
E No es un misterio, es un delito que lo cometemos con la mayor facilidad.
F Según lo poco que se nos da de perjurarnos, parece que no es ni pecado venial, sino una acción muy acepta a Dios.
G De esto se vio mucho en la época pasada de la insurrección. ¡Cuántos infelices fueron víctimas de las pérfidas y voluntarias denuncias de sus amigos, deudos, y lo más extraño, de sus mismas mujeres y de sus más amados hijos! La humanidad se estremecía al ver perecer tantos desgraciados en las cárceles, en los presidios y suplicios, sacrificados por la más torpe ignorancia, por la más vil adulación, y por el más sacrílego fanatismo. ¡Cuántas denuncias no debieron su origen a los confesonarios! Y cuántos sacerdotes, cristianos y prudentes, no embarazaron que se verificaran otras que no reconocían sino este principio. ¡Loor eterno a tan dignos ministros del Dios de la paz y la misericordia!
H Y observan religiosamente el juramento.
I Si no hacen cristianos, hacen que los que no lo son respeten nuestra religión. Ya quisiéramos que entre nosotros la respetaran muchos, como los francmasones en sus logias. Habría más hombres de bien.
J Es una vergüenza ver entre nosotros tantos ricos que gastan con demasiada profusión en coches, bailes, modas, paseos, lujo y demás, no sólo indiferente sino pecaminoso, al tiempo que su bolsa está cerrada para el infeliz y desvalido que perece de hambre a las puertas de su casa, como Lázaro a las del avariento Epulón.(3)
Otros y otras hay, tan miserables y mentecatos que no sólo no sirve su dinero a los pobres, pero ni a ellos mismos. Estos por no gastar, ni pecan, pues no pecan de obra si el satisfacer una pasión o un apetito ha de costarles el más pequeño desembolso; y así sus privaciones no son efecto de virtud, como aparentan, sino de su sórdida avaricia. ¡Qué infierno tan amargo han de tener estos malvados!
Por lo regular, entre estos bichos se hallan los hipócritas más finos. ¡Qué arreglo no se observa en sus casas! ¡Qué modestia en su traje! ¡Que economía en el gasto! ¡Qué frugalidad en sus mesas! ¡Qué frecuencia de sacramentos! ¡Qué rosarios, novenas y camándulas! ¡Qué santas escuelas y vía crucis! ¡Qué moderación en sus palabras! Apenas hablan algunos de éstos por no gastar ni saliva. Pero ¿y la caridad? Sólo eso falta.
Es cierto que en sus casas no se oirá una palabra descompuesta, no se verá una botella de aguardiente, no sonará una cuerda de bandolón, no se leerá un libro profano, ni se verá en sus estrados una muchacha bonita sospechosa. Pero ¿la caridad? Tampoco ha entrado por sus puertas.
Todo cuanto bueno hay, harán; menos socorrer una infelicidad ni sostener la humanidad afligida. Ellos, por una parte, manifiestan un celo ardientísimo por la religión de Jesucristo. Se compadecen de que se hayan suprimido los hospitalarios, lloran por la extinción de los jesuitas;(4) lamentan el libertinaje de este siglo, se asustan al oír el nombre de jacobinos y francmasones, se escandalizan al ver que salen al público apologías de estos malditos herejotes; y querrían que resucitara la Inquisición,(5) para que, poniendo un bracero en cada calle, pudiera freír a todos los cristianos relajados. ¡Qué santidad! ¡Qué celo! ¡Qué virtud! Pero ¿y la caridad? No quiso jurar el Plan de Iguala.(6)
Ellos ven, con la más cruel indiferencia, las llagas del mísero mendigo; ven al decrépito infeliz que se arrastra por las calles, en pos del alimento cotidiano; ven la virtuosa y desamparada doncella expuesta a ser, por su necesidad, el pasto de la sensualidad y del libertinaje; ven al hombre honrado y sin fomento, que se entrega a la desesperación sin tener arbitrio para sostener a su familia; ven a la triste viuda, que rodeada de sus inútiles y pequeños hijos, perecen de hambre en su desamparo sin tener qué darles que comer; ven... ¿Pero qué me canso? Todas éstas y mayores miserias ven estos hipócritas de cristiandad, con ojos alegres y tranquilos. Las lágrimas de la afligida humanidad jamás han penetrado sus corazones de mármol y diamante, sin salir de sus casas; dentro de sus propias familias suena el melancólico llanto de sus deudos, pobres y desvalidos; pero sus oídos están ensordecidos para oír los clamores del infeliz, y sus manos paralíticas no se abren jamás en beneficio del menesteroso.
Otra clase de hipócritas hay, aún más escandalosos y ridículos. Éstos son los que se espantan de oír hablar de reforma de cleros, de arreglo de curatos, de francmasones y defensas, etcétera, etcétera. Cada uno de ellos parece un Elías, según el celo que manifiesta por su religión.(7) Pero examinémosles su conducta, y veremos que estos escrupulosos, unos conservan la amistad ilícita con escándalo de sus súbditos y menoscabo de sus familias; otros sostienen unos comercios usurarios; aquéllos no tratan de reconciliarse con su enemigo; éstos no se espantan de malversar la testamentaría o el albaceazgo que manejan con perjuicio de sus pupilos, etcétera, etcétera, etcétera.
¿No es ésta una grosera y ridícula hipocresía? ¿Acaso la religión de Jesucristo consiste solamente en declamar contra lo que no entendemos, al tiempo mismo que quebrantamos todos sus preceptos, al tiempo que manifestamos no conocer la caridad ni el amor a nuestros semejantes, que tanto nos recomienda el Evangelio?
¡Qué mal estaba el Salvador con los hipócritas! Ocho veces los maldice en el mismo Evangelio. Oigan y tiemblen.
"¡Ay de vosotros, fariseos hipócritas! Que debiendo como doctores de la ley, abrir a los otros la puerta del cielo, con doctrinas falsas y escandalosos ejemplos, agravando los pueblos con muchos preceptos inútiles, que vosotros no observáis, les cerráis la entrada.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que consumís las casas de las viudas, fingiendo que hacéis largas oraciones por ellas!
"¡Ay de vosotros, fariseos hipócritas! Que rodeáis el mar y la tierra para hacer un prosélito de vuestra ley, y después que lo habéis conseguido, lo precipitáis al infierno.
"¡Ay de vosotros, guías ciegos! Que decís: si alguno jurare por el templo, no está obligado al juramento; pero si jurare por el oro del templo, entonces sí, etcétera.
"¡Ay de vosotros, fariseos hipócritas! Que diezmáis la hierbabuena, el eneldo y comino; y no observáis los preceptos más graves de la ley.
"¡Ay de vosotros, fariseos hipócritas! Que limpiáis por fuera la copa y el plato en que bebéis y coméis, pero por dentro los tenéis llenos de rapiña e inmundicias.
"¡Ay de vosotros, fariseos hipócritas! Que sois como sepulcros blanqueados, que por lo exterior parecen muy curiosos, y por dentro están llenos de huesos de muertos y prodredumbre. Así vosotros, en el exterior queréis aparentar virtud ante los hombres, pero en vuestras conciencias sois unos hipócritas inicuos.
"¡Ay de vosotros, fariseos hipócritas! Que edificáis y adornáis los sepulcros de los profetas, preciandoos de que si hubierais vivido en sus días, no hubierais manchado vuestras manos en su sangre."
Todo esto dice Jesucristo de los hipócritas por el evangelista san Mateo.(8) Quiera él mismo que nos convenzamos de que la religión católica se funda en los dos preceptos de la caridad: amar a Dios más que a todo, y a nuestros semejantes como a nosotros mismos.(9) Donde no hay esto no hay virtud, no hay religión, no hay fe viva ni puede haber salvación; aunque sobren escrúpulos, escándalos farisaicos, supersticiones y fanatismo.
VAYA POR VÍA DE CONSULTA,
A QUIEN SEPA RESPONDERLA...
El señor Clemente XII,(10) en su Bula contra los francmasones, excomulga a cualquiera que los proteja, auxilie o favorezca de algún modo. Ahora bien, yo estoy en la puerta de mi casa y llega a ella un hombre que yo, claramente, sé que es francmasón; él viene trémulo, descolorido, y con voz lánguida me dice: "Por Dios, permítame usted recobrarme en su casa y darme un vaso de agua, porque me muero, no sé qué tengo."
Yo, impelido de la natural compasión que inspira la humanidad afligida, y acordándome que Jesucristo me manda auxiliar a mis semejantes en tales casos,(11) y aun me dice que lo que hiciere con un infeliz es como si lo hiciera con Su Majestad. Tomo del brazo a mi buen francmasón, con ánimo de meterlo a mi casa, franquearle mi cama y ministrarle cuantos auxilios pueda; pero he aquí que me detiene un amigo y, manifestándome la Bula, me dice: ─¿Qué vas a hacer? ¿No ves que ése es francmasón y te excomulgas si de alguna manera lo favoreces?
He aquí el problema que yo deseo que me resuelvan. ¿Qué debo hacer en este caso? Dios y la naturaleza me mandan socorrer a aquel desgraciado; dos papas me lo prohíben. Si lo abandono, desobedezco a Dios; si lo socorro, desobedezco al papa. ¿Qué haré?
E[l] P[ensador] M[exicano].
(1) México, Oficina de Betancourt, 1822.
(2) perro. Mote que los conservadores daban a lo liberales. Santamaría, Dic. mej.
(4) hospitalarios... jesuitas. Cf. nota 21 a Segundo sueño...
(5) Inquisición. Cf. nota 4 a de don Servilio al clamor...
(6) Plan de Iguala. Iturbide presentó su plan de emancipación en dos actas, del 1 y 2 de marzo de 1821; en esta segunda fue jurado el Plan de Iguala, que había sido promulgado el 24 de febrero de ese mismo año. A la letra dice: "Es llegado el momento en que manifestéis la uniformidad de sentimientos, y que nuestra unión sea la mano poderosa que emancipe a la América sin necesidad de auxilios extraños. Al frente de un ejército valiente y resuelto he proclamado la independencia de la América Septentrional. Es ya libre, es ya señora de sí misma, ya no reconoce ni depende de la España, ni de otra nación alguna. Saludadla todos como independiente, y sean nuestros corazones bizarros los que sostengan esta dulce voz, unidos con las tropas que han resuelto morir antes que separarse de tan heroica empresa. No le anima otro deseo al ejército que el conservar pura la santa religión que profesamos y hacer la felicidad general. Oíd, escuchad las bases sólidas en que funda su resolución:
1. La religión católica, apostólica, romana, sin tolerancia de otra alguna.
2. La absoluta independencia de este reino.
3. Gobierno monárquico templado por una Constitución análoga al país.
4. Fernando VII, y en sus casos los de su dinastía o de otra reinante serán los emperadores, para hallarnos con un monarca ya hecho y precaver los atentados funestos de la ambición [...]. Americanos: He aquí el establecimiento y la creación de un nuevo imperio. He aquí lo que ha jurado el ejército de las Tres Garantías, cuya voz lleva el que tiene el honor de dirigírosla. He aquí el objeto para cuya cooperación os incita. No os pide otra cosa que la que vosotros mismos debéis pedir y apetecer: unión, fraternidad, orden, quietud interior, vigilancia y horror a cualquier movimiento turbulento. Estos guerreros no quieren otra cosa que la felicidad común. Uníos con su valor, para llevar adelante una empresa que por todos aspectos (si no es por la pequeña parte que en ella he tenido) debo llamar heroica. No teniendo enemigos que batir, confiemos en el Dios de los ejércitos, que lo es también de la Paz, que cuantos componemos este cuerpo de fuerzas combinadas de europeos y americanos, de disidentes y realistas, seremos unos meros protectores, unos simples espectadores de la obra grande que hoy he trazado, y que retocarán y perfeccionarán los padres de la patria. Asombrad a las naciones de la culta Europa; vean que la América Septentrional se emancipó sin derramar una sola gota de sangre. En el transporte de vuestro júbilo decid: ¡Viva la religión santa que profesamos! ¡Viva la América Septentrional, independiente de todas las naciones del globo! ¡Viva la unión que hizo nuestra felicidad! Iguala, 24 de febrero de 1821. ─Agustín de Iturbide." Felipe Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México, op. cit., pp. 114, 115 y 116.
(7) Alusión a la lucha de este profeta judío contra la idolatría. Re. 18-22.
(9) Mt. 22, 34-39; Mr. 12, 30-31; Lc. 10, 27; Jn. 12, 13, 15, 34.
(10) Clemente XII condenó a la masonería en su Bula In eminenti apostolatus, en 1738. Benedicto XIV ratificó la condena en su Bula Providus romanorum. En 1751.