LO QUE ESCRIBE EL PENSADOR
TODO ES DEL GOATEMALTECO(1)

 

 

Venid acá, malditas criaturas, descomunales enemigos míos, que con el mayor empeño andáis publicando que cuanto yo escribo no son producciones mías, sino delGoatemalteco. Venid acá, taimados envidiosos: y ¿qué demonios se os han metido en los entrecijos para desconceptuarme, y hacerme bajar de estimación entre todos los que yo había tenido la fortuna de engañar, haciéndoles creer que sabía pensar como el que más, y trasladar al papel mis pensamientos? Pero, ¡ah, malvados!, con vuestras lenguas viperinas y boquiflojas habéis descubierto ya el misterio, y muy en breve acabará de dar en tierra mi reputación y buen nombre si alguno me ha quedado entre los que me tienen por autor.

Yo os quiero preguntar, follones nigrománticos, ¿qué interés habéis tenido en descubrir esta verdad? ¿Es posible que no se os pueda fiar un secreto? ¿No sabéis depositar en el silencio una trampa legal, muy familiar a muchos escritores, parecidos a la corneja de la fábula,(2) y de cuyo arbitrio yo me he valido siempre, para adquirir fama de literato y asegurar una subsistencia honesta y descansada? ¡Almas bajas! ¡Hombres degradados y ligeros!, en cuyas laxísimas entrañas no puede reposar un secreto, por interesante que sea, sino que como si fuera un violento emético, lo vomitáis en el instante con perjuicio notable de vuestro prójimo.

En hora menguada, en hora mala llegásteis a saber que el Goatemalteco me inspiraba, cuando ya lo publicáis con la mayor seguridad por esas calles, plazas y portales de Dios; porfiáis y argumentáis, como que lo sabéis tan de cerca, tan a raíz y que, en efecto, decís una verdad. ¡Mal haya!, amén, el pícaro que os la dijo, y el falso amigo que me ha vendido con vosotros, descubriendo lo que siempre les encargaba que ocultasen. Pero ya es fuerza cantar la palinodia en obsequio del infeliz Goatemalteco.

Es verdad que yo desde el año de [1]810 que tomé la pluma en la mano para escribir al público,(3) no la tomé como autor, sino como mero amanuense de otros individuos que, no atreviéndose a presentar sus producciones como suyas, me encargaban que las presentara como mías. El primer tomo titulado, El Pensador Mexicano,(4) me lo dictaron los señores don Jacobo Villaurrutia(5) y don Carlos María de Bustamante.(6) Es verdad que el estilo y erudición de estos señores, cuya sabiduría envidio con respeto, distan tanto de uno y otra míos, como la luz de las tinieblas: es claro que ellos lo negaron y lo niegan, y que el señor Bustamante, que vive con nosotros, jurará por la cruz de su rosario que jamás me ha dado una manita.(7) Pero todo esto nada importa. Ellos, aunque no quieran o lo ignorasen fueron en ese tiempo mis sopladores.(8) Así lo dijísteis, entonces, ¡oh bravos enemigos míos!, y era preciso no desairar vuestra palabra.

También es cierto que, habiendo salido de México dichos señores, quedé yo en la cárcel,(9) en la que no dejé de escribir. No sé a quién le echasteis entonces las pedradas. Salí de la prisión, y algunas veces me habéis dejado en posesión del título de autor; pero las más habéis asegurado serlo el tantas veces dicho Goatemalteco, especialmente en estos días de la escandalosa excomunión.(10). MiExposición al Soberano Congreso, mis Cartas al Papista, mi Sueño(11) y cuanto escribo en esta época fatal, nada es mío: todo decís que me lo ha sugerido el Goatemalteco; y pues vosotros lo aseguráis así, es necesario confesarlo mal que nos pese. Sí, lector, el Goatemalteco me ha seducido, él me ha pervertido, haciéndome escribir las herejías que habéis visto claras y patentes en todos mis escritos. Él me dictó dos apologías en defensa de la religión católica,(12) contra su modo de pensar, si, como se dice, es judaizante. Él ha sido quien me ha hecho hablar con veneración y decoro de la alta Providencia, de Jesucristo, de los Sacramentos, de la Iglesia, de sus ministros, etcétera, etcétera, como se lee en mi Periquillo, Quijotita, Noches tristes, Miscelánea(13) y en una multitud de papeles.

Este mismo Goatemalteco ha sido tan desinteresado de honor y de dinero, que ha visto con la mayor indiferencia que se me han tributado mil elogios, ya públicos y ya privados por sus producciones, sin mosquearse ni espantarse como el quejumbroso de Virgilio que, porque un buen hombre se apropió un dístico que hizo en loor del César, no lo pudo sufrir con paciencia, sino que luego luego se quejó, poniendo en carteles públicos su demanda:


Los versos hice yo, y otro malvado

el honor que era mío me ha arrebatado.

Después se comparó con las abejas que liban la miel y no la aprovechan, con las ovejas que crían la lana y no es para ellas, con los bueyes que labran la tierra y no cogen sus frutos...

Hasta los eruditos a la violeta, como yo... quise decir como el Goatemalteco, pues él es quien me dicta este papel, hasta los eruditos a la violeta(14) han leído estas quejas de Virgilio en sus aplaudidos versos que comienzan:


Ego versiculos feci, tulit alter honores.

Sic vos non vobis, etcétera.

¿Y por qué pensáis que fue tanto escándalo de Virgilio? ¿Cuál fue la gran producción que se apropió el follón descomunal y malandrín? Oídla. Coronóse un emperador romano: llovió toda la noche, el día siguiente amaneció sereno y dio lugar a las públicas diversiones. Aprovechó Virgilio esta casualidad, y escribió estos versos:


Nocte pluit tota, redeunt spectacula mane.

Divisum Imperium cum Jove Cesar habet.

Los que si el lector permite traduzca el Goatemalteco Pensador, será[n] así:

Llovió toda la noche, mas el día

para la diversión fue muy sereno.

Lo que hace ver que Júpiter y el César

se dividen el mando de los cielos.(15)

Esta sacrílega adulación fue el objeto de la admiración de Roma y del agrado del César, quien, deseando premiar al autor, indagó por él, y no [a]pareciendo el verdadero, se apareció el postizo, y llevó el premio, cosa muy frecuente en el mundo. Yo mismo, digo el Goatemalteco, pudiera quejarse de igual suerte y citar casos; pero del caso no es; pésele a Góngora.

Enójose Virgilio de que se hubiese aprovechado otro de sus musas y quejóse en los versos que he dicho. ¿Y quién pensáis que era Virgilio? Un pobre, pero famoso poeta, según dicen los que han leído sus obras, y tan modesto que dejó encargado que quemasen su Eneida.(16) Prueba nada equívoca de su mucha humildad, pues deseaba que, en caso de aparecer en público, fuera perfecta, o jamás pensó en que era digna de que la viesen todos. Pues este gran Virgilio no tuvo paciencia para que otro le arrebatara el honor, haciéndose dueño de sus producciones, y nuestro Goatemalteco la ha tenido, sufriendo que públicamente y por las prensas en México, en todo el Imperio, y fuera de él, me tributen algunos elogios, que, aunque en verdad no los merezco, sin embargo, no dejan de hacer cosquillas al amor propio más dormido. Pero el Goatemalteco, más modesto que Virgilio, sufre que yo lleve las alabanzas y él el trabajo. Bien que éstas no hinchen barriga; pero ¿y los mediecillos que suelen dejar algunas impresiones no le incitarán su interés? Tampoco. El Goatemalteco trabaja y me deja el honor y el dinero. Esta virtud sí que es heroica, y a fe que no la imitaréis vosotros.

Es verdad que todo esto no lo disculpa de un gran cargo que le resulta, y es que él es duende, brujo, vampiro o brucolaco, porque en donde quiera que esté, aunque sea preso, me inspira donde yo me hallo. Así es que me dicta en mi casa, en la cárcel, en el campo y en todas partes, y me inspira sin verlo yo, por más que hago.  Habéis extendido tanto esta noticia, ¡oh descomunales y follones enemigos de mis glorias!, que no ha veinte días vino a mi casa un pobre de Goatemala preguntándome por su paisano; yo le dije: "Amigo, todos dicen que me visita; pero yo jamás lo veo en mi casa. Donde lo dicen tantos, es fuerza creerlo; pero estoy por asentir a la opinión de Pitágoras acerca de la trasmigración de las almas.(17) ¡Qué mano(18) que la alma del Goatemalteco se me ha metido en el cuerpo sin sentirlo! Así debe de ser y entonces no hay duda en que yo no soy autor de lo que escribo sino el Goatemalteco que me anima. ¡Ojalá mis envidiosos malandrines hubieran persuadido esta fechoría a los antiguos gobiernos, y no que éstos jamás se persuadieron que el Goatemalteco era El Pensador. No, nunca creyeron Venegas,(19) Calleja,(20) Bataller,(21) Apodaca,(22) los Barberitos(23) y chismositos fiscalitos de censura, ni esta Junta,(24) que yo no era autor de los papeles que los incomodaban, sino que, firmes y porfiados en que era yo mismísimo, me echaban el guante y me enviaban a visitar a don Mariano Sotarriba."

El pobre hombre viene solicitando al Goatemalteco para avisarle que han muerto sus deudos y que tiene un buen caudal que heredar. Conque sirva este aviso para que la persona que sepa de este infeliz, lo participe al mismo, pues puede serle muy interesante el aviso, y yo me alegraré de que siquiera en su vejez tenga algún descanso este desgraciado.

¿Ya habéis visto, miserables, como yo mismo os he ayudado a mentir y de letra de molde? ¿Ya veis como os he allanado el camino para que vuestro disparate no tropiece con las terribles objeciones que le salen al paso? Pues, en cambio de mi docilidad, os suplico me digáis: ¿por qué no creéis que yo escribo lo que imprimo? O es bueno, o es malo. Si bueno y me lo negáis, decís que no soy capaz de escribir una cosa buena, y entonces me hacéis un agravio o, por mejor decir, se lo hacéis a la razón y a la experiencia, pues ambas persuaden que todo hombre es capaz de hacer algo bueno alguna vez. Si lo que escribo lo reputáis por malo, entonces me hacéis un favor en no creerme autor de ello, y en este caso sois acreedores a mi gratitud aunque milita contra vuestra opinión la máxima dicha de que todo hombre es capaz de todo.

También quisiera me dijeseis ¿por qué echáis la culpa al Goatemalteco de lo que escribo, y no a otro? Yo lo diré: creéis bárbaros, sin leer ni entender mis escritos, que están llenos de herejías, y no decidiéndose a juzgarme extraviado en mi catolicismo por malicia, os persuadís a que me ha seducido y seduce el pobre Goatemalteco, que en nada se ha metido. En doce años me ha hecho dos visitas, de las que ninguna llegó a media hora. En estas visitas trató de matemáticas, que fue hablarme en griego; mas no se tocó punto alguno de religión, ni soy tan bárbaro que moviera esa tecla, sabiendo que es falta de educación hablar sobre una materia que al fin debía de ser odiosa a los dos, y más a las primeras vistas.

Esto es lo que hay, y lo que ha habido en orden al Goatemalteco. Pero sois muy necios: ¿no advertís que si el hombre dicho me dictara los discursos que doy a luz, no había de mostrarse constante defensor del cristianismo, siendo de opinión muy opuesta? Pues leed mis papeles, preguntad qué significa judaizante, y sacaréis o que el Goatemalteco no es mi soplón, o que nunca ha dejado de ser cristiano.

Concluyo diciendoos que, al fin de todo, lo que importa es refutéis mis argumentos, pues si son tales que os hacen enmudecer, poco del caso es que yo los diga, o Perico de los Palotes.  La verdad ni gana ni pierde por salir de esta o aquella boca, si es verdad, y yo me contentaré con que digáis: no tiene respuesta lo que dice el Goatemalteco por la pluma de El Pensador.


 


(1) México, Imprenta de don José María Ramos Palomera, en el Convento Imperial de Santo Domingo [edificio donde estuvo el Santo Oficio, situado en la esquina de la Perpetua y Santo Domingo, hoy Venezuela y Brasil], 1822.

(2) Fernández de Lizardi era afecto a citar la fábula XIX del libro IV, "La corneja y la oveja" de Esopo: "pintaba bien las virtudes y ennegrecía a los virtuosos [...], dice que ya en mi papel pinté las virtudes políticas y morales de un magistrado, y cuando hago el retrato de mi héroe, lo dejo sin ninguna virtud, que eso quiere decir que lo dejo como la corneja de Esopo." Obras X, op. cit., p. 355. "E las iniurias que se fazen a los innocentes el Ysopo recuenta tal fabula. Una corneja ociosa et folgazana, subiose encima de una oveja: et assi se estaua folgando allí. E como muchas vezes usasse de fazet este enojo a la oueja, dize se que ella le dixo assí: si al perro enojasse o temptasses segund que a mi lo fases, no suffririas sus ladrados ni la yra de su boca. La corneja fabla desta manera a la oveja: yo me assiento en los colladosfuertes et se a quien tengo que enojar o no, ca soy de muchos años et soy mala et aspera con los buenos et humildes, et muy amiga de los malos et fuertes et tal me criaron los dioses. Esta fabula increpa aquellos que a los innocentes et buenos injurian et prouocan: et non osan solamente mirar a los malos et mas fuertes."Fábulas de Esopo. Reproducción en facsímile de la primera edición de 1489. Publícala la Real Academia Española, Madrid, Tipografía de Archivos, 1929, p. XXVI.

(3) En realidad su Polaca que en honor de nuestro católico monarca el señor Fernando VII cantó J. F. de L. fue impresa en México, en la Oficina de doña María Fernández de Jáuregui, calle de Santo Domingo, en 1809. La celebración tuvo lugar el 29, 30 y 31 de julio del año anterior. En Obras I-Poesías y fábulas, investigación, recopilación y edición de Jacobo Chencinsky y Luis Mario Schneider, estudio preliminar del primero, México, UNAM, 1963 (Nueva Biblioteca Mexicana, 7).

(4) El Pensador Mexicano, en Obras III, op. cit.

(5) Jacobo Villaurrutia (1757-1833). Periodista, abogado y político de origen dominicano. En 1785 figura entre los fundadores de la Academia de Literatos Españoles, y como colaborador del Correo de Madrid. En México fungió como regente de la Audiencia de la capital. Autor de los ensayos Pensamientos escogidos de las máximas filosóficas de Marco Aurelio y Federico II de Prusia (1786). Con el seudónimo de Diego Rulavit y Laur publicó La escuela de la felicidad (también usó el seudónimo de Jaime Villa López). En 1807 publicó sus artículos sobre Un sistema de educación pública. Fundó y colaboró en el Diario de México, varios de sus artículos se hallan firmados bajo el seudónimo de Diarista.

(6) Carlos María de Bustamante (1774-1848). Abogado mexicano. En 1805, con Jacobo Villaurrutia fundó el Diario de México. Una vez promulgada la Constitución de Cádiz (1812) publicó El Juguetillo. En Oaxaca, Morelos lo nombró brigadier e inspector general de caballería. Manifestó sus ideas contrarias a Iturbide en La Abispa [sic] de Chilpancingo, por lo que fue encarcelado. En 1827 fue auditor de Guerra. Desde 1833 fue nuevamente perseguido. En 1837 se integró como uno de los cinco miembros del Supremo Poder Conservador. Rechazó el cargo de Consejero de Estado que le ofreció Santa-Anna. Sus obras principales son: Cuadro histórico de la revolución de la América mejicana...; Continuación del cuadro histórico ...; El gabinete mejicano... administración del Presidente Anastasio Bustamante hasta la entrega del mando [aAntonio López de Santa-Anna...; Apuntes para la historia del gobierno del general don Antonio López de Santa-Anna...; El nuevo Bernal Díaz del Castillo, o sea la historia de la invasión de los angloamericanos en Méjico... Dio a conocer la Historia general de las cosas de la Nueva España de fray Bernardino de Sahagún. En su periódico El Juguetillo usó el mismo estilo irónico de El Pensador Mexicano "aunque en un lenguaje más castizo." Nicolás Rangel, "Folletos y periódicos" en la Antología del Centenario.  Estudio documental de la literatura mexicana durante el primer siglo de la independencia. Primera parte (1800-1821), obra compilada bajo la dirección del señor licenciado don Justo Sierra... por... don Luis G. Urbina, don Pedro Henríquez Ureña y don Nicolás Rangel, México, Imprenta de Manuel León Sánchez, 1910, t. II, p. 1068.

(7) dado una manita. Dar una manita o una mano. Ayudar, prestar auxilio o colaboración. Santamaría, Dic. mej.

(8) sopladores. Soplar es decir la respuesta en voz baja al estudiante que es preguntado y no la sabe. Santamaría, Dic. mej.

(9) Cf. nota 42 a Segundo sueño...

(10) Fue excomulgado por su Defensa de los francmasones, México, Imprenta Americana de don José Ma. Betancourt, 1822.

(11) Exposición del ciudadano don José Joaquín Fernández de Lizardi, leída en el Supremo Congreso de Cortes el día 7 de marzo del presente año. En la que reclama su protección contra la pública censura fulminada por el señor provisor de este Arzobispado, doctor don Félix Flores Alatorre, por su papel titulado Defensa de los francmasones, México, Impreso en la Oficina, contraria al despotismo, de D. J. M. Benavente y Socios, 1822; Carta primera de El Pensador al Papista, México, Oficina de Betancourt, 1822; Carta segunda de El Pensador al Papista, México, s/edit., 1822; Carta tercera de El Pensador al Papista, México, Oficina de Betancourt, 1822; El sueño de El Pensador no vaya a salir verdad, México, Oficina de D. José María Betancourt, y por su original en Puebla en la Liberal de Moreno Hnos., 1822.

(12) La primera apología apareció en El Pensador Mexicano: "Apología compendiosa de nuestra sagrada religión y de la dignidad del estado eclesiástico" (1813). Obras III, op. cit., pp. 219-251. La segunda: Impugnación y defensa del Bosquejo de los fraudes. Discurso primero. Apología de nuestra santa religión (s/edit., 1821).

(13) El Periquillo Sarniento y Ratos entretenidos o miscelánea útil y curiosa y La Quijotita y su prima en Obras VII, op. cit., y Obras VIII y IX-Novelas, prólogo, edición y notas de Felipe Reyes Palacios, México, UNAM, 1982 (Nueva Biblioteca Mexicana, 82 y 87).

(14) eruditos a la violeta. Alusión a la obra de José Cadalso Los eruditos a la violeta(1772), sátira dirigida contra los eruditos superficiales.

(15) La frase sic vos, non vobis se aplica al que hace un trabajo, llevándose otro la gloria. "El origen de esta frase es el que sigue: Cuenta Tiberio Claudio Donato, en su Vida de Virgilio, que, tras una noche de abundante lluvia, apareció en las puertas del palacio de Augusto el siguiente dístico:


Nocte pluit tota; redeunt spectacula mane;

Divisum imperium cum Jove Cesar habet.

(Llueve toda la noche, pero mañana se darán de nuevo espectáculos, pues el César comparte el Imperio con Júpiter). El Emperador preguntó cúyos eran estos versos, y se los apropió el poetastro Batilo, por lo que la noche siguiente se leyó en la misma puerta el hexámetro.


Hos ego versiculos feci; tulit alter honores


(Yo hice estos versos y otro se llevó la gloria), seguido del hemistiquio sic vos, non vobis, repetido por tres veces. Batilo no supo completar los tres versos, por lo cual tomó la mano de Virgilio, diciendo:


Sic vos, non vobis, nidificatis aves.

Sic vos, non vobis, vellera fertis oves.

Sic vos, non vobis, mellificatis apes.

Sic vos, non vobis, fertis aratra, vobes.

(Así vosotros, pájaros, hacéis el nido, y no para vosotros. Así vosotras, ovejas, producís lana, y no para vosotras. Así vosotras, abejas, hacéis la miel, y no para vosotras. Así vosotros, bueyes, lleváis el arado, y no para vosotros). Con ellos se evidenció que el autor había sido el propio Virgilio." Enciclopedia universal ilustrada, Madrid, Espasa-Calpe, 1966, t. VI, p. 1120.

(16) En las enciclopedias se cita que antes de morir Virgilio dispuso que se quemara su Eneida; pero que Augusto impidió que se cumpliera su última voluntad, encargando a Vario y Tucca, amigos de Virgilio, que publicaran el texto sin enmiendas ni correcciones. La Enciclopedia universal ilustrada. op. cit., t. XIX, p. 297 dice que esto es "pura leyenda".

(17) En El Hermano del Perico que cantaba la Victoria, Fernández de Lizardi rescató esta creencia pitagórica: el perico protagonista es una encarnación del alma de Pitágoras. Obras V, op. cit.

(18) mano. Percance. Lance desfavorable. Santamaría, Dic. mej.

(19) Francisco Javier Venegas, marqués de la Reunión de la Nueva España (1760-1838). 59° virrey de la Nueva España (1810-1813). Luchó contra los franceses durante la invasión de España. Teniente general y gobernador de Cádiz. Formó un ejército para combatir a los insurgentes. A su regreso a la Península se le nombró capitán general de Galicia.

(20) Félix María Calleja del Rey, conde de Calderón (1755-1828). 60° virrey de la Nueva España (1813-1816). Organizador y jefe del Ejército del Centro (1810-1812) durante la guerra de independencia.

(21) Miguel Bataller. Regente de la Audiencia. Gobernador de la Sala del Crimen y auditor de guerra. Se marchó a raíz del decreto de la junta del 8 de octubre, que fijaba las reglas para el cumplimiento del artículo 16 de los Tratados de Córdoba, y por el cual debían salir del imperio los empleados desafectos al nuevo orden de cosas. En la Carta segunda de El Pensador al Papista (1822), se lee que Venegas publicó un Bando que suprimía la libertad de imprenta después de que Bataller y socios lo habían alarmado. El mismo Bataller tomó una declaración preparatoria a Fernández de Lizardi, de la que resultó su libertad en 1812.

(22) Apodaca. Cf. nota 11 a Barbero rapa Barbero.

(23) Barberitos. Cf. nota 2 a Alerta mexicanos...

(24) Junta de Censura. La formaron entre otros, José Nicolás Maniau y Torquemada, José Miguel Guridi y Alcocer, Pedro González, Agustín Iglesias, Juan Bautista Díaz Calvillo y Manuel Mercadillo.