LAVATIVA A UN GACHUPÍN,
Y A CABRERA SU ARLEQUÍN(1)
Quien mal pleito tiene, a bulla lo mete,(2) señor Aza.(3) A nada de lo que le digo contesta sino con pitos(4) y majaderías. Le tocan a usted un valse y salta bailandoLa cucaracha;(5) usted no escribe ni por amor a la patria, porque no se lo tiene, ni por ilustrarla, porque prius est esse;(6) primero fuera que usted tuviera talento, ni por sostener sus opiniones, porque nada se le da de que lo convenzan; en fin, usted no escribe sino por buscar el mediecillo(7) del incauto, que se sorprende con sus títulos fraudulentos, como el de Los ahorcados de mañana, Defensa de El Payo del Rosario(8) y el Destierro de El Pensador.(9) De modo que más trabajo le cuesta estudiar el título, que escribir el papel, pues éste lo llena usted de las simplezas que primero le ocurren, y queda bien.
Yo harto conozco que me degrado en mantener con usted una lid tan desigual, en la que riño sin enemigo, pues usted no puede serlo; sin embargo, escribo con dos objetos: el primero, divertirme a costa de usted, y dar a conocer sus virtudes y talento admirable; y el segundo, experimentar hasta cuándo conoce el público que nada bueno debe esperar de usted ni de la imprenta de Cabrera, por más que se apure el pobre por acreditarla, haciendo imprimir las blasfemias de usted con los plomos del señor Valdés,(10) y mintiendo de letra de molde cuando dice: Oficina del ciudadano liberal Juan Cabrera, que es tan liberal como usted americano. Ya se alegrara el pobrete de tener tan buena letra, tal vez ya hubiera ahorcado a usted. Entraremos en materia.
¿Conque usted soñó que me desterraba el gobierno por escritor variable, y que usted iba de mi escudero?(11) Pues, amigo, gracias a Dios que fue sueño, pues si el destierro era malo, la compañía de usted era peor. Más quisiera que me acompañaran con un burro; al menos éste, callada su boca, no me incomodaría; pero usted, de que comenzara a disparatar, me había de ser más fastidioso que el borrico con sus rebuznos.
Pero dígame usted: ¿qué ha contestado a lo que yo le he dicho? Tengo manifestadas algunas faltillas de usted, de las que se desentiende con el mayor descaro. Voy a repetírselas en clase de interrogatorio, para que responda en orden.Interrogatio et responsio eodem casui coherent. Pregúntele usted al monaco, su auxiliar o al clérigo A., que también le da su manita,(12) qué quiere decir esto. Ya se ve que quién sabe si lo podrán construir. Les ahorraré a todos ese trabajo. Oiga usted lo que quiere decir el latincito, y en verso, para que no se le olvide:
La pregunta y la respuesta
siempre deben concertar,
pues como Aza disparar,
es locura manifiesta.
Interrogatorio a que no ha contestado y se espera que conteste
el sapientísimo, eruditísimo y nunca bien ponderado
escritor José María Aza:
¿Es usted gachupín maleta o no?
¿Reconoce más patria ni más amistad que el dinero?
¿Por éste será capaz de vender a su padre, a su madre y aun a usted mismo?
¿Es verdad que ha escrito usted contra los americanos?
¿Es verdad que ha escrito contra sus paisanos los gachupines?
¿Es verdad que usted es un falso amigo y un ingrato?
¿Ha protegido a usted en su casa [a] El Payo del Rosario(13) con la mayor generosidad?
¿Después de eso, no ha hablado usted mal de él conmigo mismo?
¿No lo desafió usted una vez en el Portal(14) y se fueron hasta el paseo de la Orilla,(15) y allí lo fue usted a insultar; no en fuerza del valor que usted no conoce, sino ateniéndose a la cojera de El Payo, que no podía correr tras de usted, y que si conforme llevaba un puñal, conque espantó a usted, hubiera llevado una pistola, acaso le sale a usted la burla muy pesada?
¿No es cierto que en ese mismo día repitió la burla en el Portal?
¿Es cierto que el brigadier Hernández(16) favoreció a usted en la Inquisición,(17)lo acogió en su casa, le dio a ganar algunos pesos,(18) e hizo de usted una confianza desmedida?
¿Es cierto también que usted ha correspondido a esta amistad y confianza hablando mal de él? ¿Es verdad que, una que otra vez, yo mismo he socorrido a usted en la prisión y en el hospital con la miserable ratería de una peseta?(19)
¿Es también cierto que jamás le he hecho el más mínimo agravio, sino antes lo he tratado en mi casa con la mejor amistad y política?
¿Está usted en buena correspondencia, actualmente, injuriándome, o no?
¿El hombre que comete acciones tan villanas merecerá el título de hombre de bien, o el de pícaro?
¿Tiene usted algún defecto que sacarme en mi conducta moral, pública o privada, como de tahúr, borracho incontinente, etcétera? Si lo encuentra, le permito lo publique por las prensas, eximiéndolo como parte de la responsabilidad ante la ley.
¿Usted se atreverá a hacerme igual invitación?
¿Tiene usted oficio o modo de vivir conocido; o por el contrario, es usted un vago sin casa, sin familia y sin capa en el hombro?
En este último caso, que es el cierto, ¿es usted ciudadano?
En vista de estos datos innegables, ¿podrá usted ponerse conmigo en paralelo, esto es, en cuanto a conducta?
En cuanto a ilustración, ninguno diga quién es, que sus obras lo dirán.(20)Cualquiera que lea los papeles de usted y los míos, advertirá la diferencia que se nota entre unos y otros.
Me ha echado usted en cara cosas que resultan en brillo de mi honor. Me he defendido muy sólidamente de sus cargos; usted no se defiende de los que le hago, sino que salta con pitos y flautas, saliéndose de la cuestión. ¿Quién será el tonto, usted o yo?
Usted rompió el nombre para estafar al público, suponiéndose defensor de El Payo y Amigo de los Desgraciados, y nada de esto ha desempeñado. Ese papel lo dio usted y su arlequín Cabrera para estafar al público, prevaliéndose de la novelería de México, y del reciente caso de El Payo del Rosario; pero aunque ustedes ganaron con su paparrucha(21) más de veinte pesos, ni medio para dulces le dieron a la tiernecita y huerfanita hija de El Payo. Lo mismo hubiera sido si hubieran ganado ciento. ¿Dónde está ese amor a los desgraciados? ¿Dónde esa amistad a El Payo del Rosario? El caso era engañar y estafar a los tontos como ustedes, a saber, usted y su payaso Cabrera con papeles necios y títulos fraudulentos o engañosos.
Yo, por el contrario, oponiéndome como me opongo a la opinión de mi buen amigo y buen patriota, mal aconsejado Villavicencio, lo amo, lo quiero, me intereso en aliviarle sus desgracias, y este amor no es estéril: he abierto públicamente una subscripción a su favor, le he buscado amigos que cooperen a socorrerlo, a él y a su familia, con la friolera que puedan cada mes. Por mi parte, le doy tres pesos mens[u]ales, que a esta fecha, correspondientes a diciembre, los ha tomado la niña en su manita, y el recibo de la madre obra en mi poder. Va la pregunta: ¿quién será más amigo de los desgraciados, usted o yo? Basta de interrogatorio, al que usted no contestará en su vida; y por mero juguete, por si se diere el caso de que un tonto compre los papeles de usted y los necios, quiero indemnizarme de los cargos que usted me supone en su ridículo mamarracho.
Me acusa usted de escritor variable, cita en prueba un apóstrofe mío (bien que usted no sabe lo que es apóstrofe)... que dirigí al señor Iturbide(22) en la efervescencia de mi gratitud; por este papel me dio las gracias; y en ese día, es decir, al segundo de haber entrado en México triunfante (29 de septiembre de 1821), cuando todo el mundo..., digan ahora lo que quieran sus enemigos, lo proclamaba Agustín I, yo, conociendo que él en su Plan(23) proponía que habían de venir a dominarnos los Borbones, dije que no ellos, sino él, fuera rey; lo mismo digo ahora; si algún día mi patria ha de ser gobernada por reyes, yo quiero que la mande no Fernando VII, no Leopoldo, no Carlos X de Francia, no Jorge VI, inglés, ni ningún monarca de la Europa, ni el santo padre con sus tres coronas, sino el indio carbonero(24) de mi casa.
Éste fue mi sentir cuando escribí mi papel; y en prueba de ello, y acordándome del maromero(25) manifiesto del señor Bárcena,(26) canónigo de Valladolid,(27) en que pedía de limosna a la Europa un rey para la América, dije estas terminantes palabras: “La Europa dirá: ¿qué tan necios serán los americanos, que teniendo un héroe a quien coronar en casa, pidan un extraño que los mande?, ¿o estaban tan bien hallados con la esclavitud, que al tiempo de hacerse independientes de España, quieren depender de cualquiera casa de la Europa, por tal de no tener un rey de la suya?”(28)
Este periodo siempre manifestará mi patriotismo entre los americanos sabios y sensatos. Ciñéndose a las circunstancias, y en el caso de ser rey de América un infante de España, o un americano, compatriota nuestro, que acababa de hacer nuestra Independencia y a quien privaron de la vida los buenos y violentos Tamaulipas:(29) mejor era que fuera un criollo(30) que un gachupín. Saltaremos a otra cosa.
Esa oración o glosa del Padre Nuestro, que cita usted inoportunamente, dizque para probar que soy escritor variable,(31) me hace bastante honor; pero usted calla lo que le conviene, y de camino falta a la gratitud en este caso, como siempre lo tiene de costumbre.
A poco de haber entrado el Ejército Trigarante(32) en esta capital, y cuando se desataban los necios en invectivas contra los españoles paisanos de usted, salió a luz una glosa antiquísima y tontísima del Padre Nuestro contra los gachupines; me incomodé al ver tal paparrucha, y para manifestar que en todas las naciones hay hombres perversos, escribí un papel(33) en el que dije al editor de la oración que ¿qué les parecería a los criollos si un gachupín les compusiera un Padre Nuestro por el estilo de las tres estrofas que usted cita? ¿Se nota aquí alguna variedad, o antes una virtud en no querer que se ultrajasen a los gachupines buenos? De consiguiente, ¿este modo de pensar disuena del elogio que tributé justamente a los buenos españoles que tomaron parte en nuestra gloriosa Independencia? De ninguna manera. Solamente usted me cuenta por vicios mis escritos más recomendables; pero eso consiste en que no lo entiende; por eso dice que en las estrofas citadas injurié a toda la nación americana, sin advertir que solamente habloal criollo hipócrita, tonto y fanático, y la nación americana no se compone únicamente de esta clase de gentes.
Muchas cosquillas le hace a usted mi capitanía;(34) y por eso cada rato anda conque me la dieron de caridad, de gracias y otras sandeces propias de su caletre. He dicho a usted que no se me ha dado de gracia, sino de justicia, en premio de los pequeños servicios que presté a mi patria, desde el año de [18]10, cuando usted estaba en la Península adorando la peana de su amo y señor don Fernandote el Siete. La Junta de Premios,(35) por unanimidad de votos, calificó de buenos y meritorios mis servicios, y me hizo mucho honor consultando al gobierno que mejuzgaba acreedor a la capitanía que solicitaba, mientras que la nación encontraba cosa mejor con que premiarme. Algunos generales amigos míos me felicitaron este ascenso, diciéndome que se alegraban que siquiera de algún modo se hubiesen premiado mis servicios.
No por eso entienda usted que me tengo por mal premiado; todo lo contrario, estoy muy contento y muy agradecido a la patria y al excelentísimo señor presidente,(36) que me confirió dicho empleo en nombre de ésta; traigo estas cosas para hacer ver a usted que no soy capitán de caridad, sino de mérito, y ya le he dicho que se acerque al Ministerio de la Guerra(37) y vea mis servicios públicos y documentados, si acaso aquellos señores quisieren manifestárselos a su real persona. Si tiene usted tanta envidia a los tres galoncitos, haga méritos para obte[ne]rlos; y ya que no tiene valor para ser soldado, pretenda a lo menos el chinesco(38) de un regimiento, para cuyo manejo no se necesita ni valor ni disposición; quizá con el tiempo, al fin es usted criatura, llegará usted a ser capitán de bandoleros; pero, mientras, absténgase de andarme insultando ni poniendo en ridículo mi empleo, pues que en eso no me ultraja a mí, sino al supremo gobierno que me lo ha conferido, y a la respetable oficialidad del ejército. Ya algunos oficiales mis amigos le habrían dado a usted una paliza por atrevido, si yo mismo no me hubiera empeñado en contenerlos; conque no se descuide usted con sus costillas.
Asegura usted que tendrá por un sinvergüenza al que fuere mi amigo en lo de adelante,(39) y yo digo que es necesario tener a usted por un botarate y charlatán, que no sabe lo que habla. ¿Quién es usted, miserable sabandija, para hacer tan indecorosa calificación de mis amigos? ¿Sabe usted quiénes son éstos? Pues sepa que me honran con su amistad personas de la más alta categoría; desde el señor presidente de la República para abajo, no sólo en éste, sino en otros Estados de la federación; y si no lo quiere usted creer, venga a casa y le enseñaré cartas y firmas que lo confundirán; verá qué clase de sujetos son mis amigos, a quienes usted se atreve a ultrajar.
Concluiré con decirle que nada me importa que se pierda usted y Cabrera por imprimir sus porquerías; lo que me incomodó fue saber que ha hablado mal de mí en mi ausencia; esto se llama ser falsos amigos, dos caras y villanos. Para nada necesito su amistad.
La paridad que usted quiere hacer de Alcalde con Cabrera,(40) es como suya. Don José Alcalde me imprime, pero no habla mal de mí, ni me adula como Cabrera a usted.
Mientras que le dé gana, puede usted seguir disparatando; pero le advierto que no se me vaya de la cuestión. Satisfaga ese interrogatorio que le pongo, y no vaya a contestar este papel con las coplas de la zarabanda.(41) Aconséjele a su payaso Cabrera que eche a usted a palos de su imprenta, para que no la desacredite más de lo que está. Dígale que creo más que si lo viese que de muy buena gana imprimiera mi ejecución de justicia, si por desgracia se le cumplieran sus deseos, porque es tan interesable que si hubiera un remedio para resucitar, ya hubiera dado motivo para que lo ahorcaran setenta veces, por tal de haber impreso su ejecución de justicia él mismo. A Dios, amigo, hasta otra vez.
México, diciembre 10 de 1825.
El Pensador.
(1) Oficina del finado Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos…]. Gachupín. Cf. nota 22 a Breve sumaria... Cabrera. Cf. nota 1 a Mañas viejas...
(2) quien mal pleito tiene, a bulla lo mete. Fernández de Lizardi utiliza este refrán en el título de su folleto Quien mal pleito tiene, a voces lo mete (1821), publicado enObras XI, op. cit., pp. 3-14.
(3) Aza. Cf. nota 2 a Respuesta de El Pensador...
(4) pitos. Cosas (o personas) inútiles o de ninguna importancia, algo baladí. “Después de publicada [la ley], sólo nos toca obedecerla, desde el presidente hasta el pito” Conversaciones del Payo y el Sacristán núm. 24, en Obras V, op. cit., p. 251.
(5) La cucaracha. En La Quijotita y su prima, t. III, cap. III, cita La cucaracha: “Coro: Un capitán de marina, / que vino en una fragata, / entre varios sonecitos / trajo el de La Cucaracha. / Dúo: ¡Ay que te (me) pica! / ¡Ay que te (me) agarra / con sus colmillos / La Cucaracha! / Primera voz. Zafa demonio. / Zafa la garra, / que me lastima / y arde hasta el alma. / Segunda voz: Sufre nanita, / sufre y aguanta, / que el placer dura / y el dolor pasa. / Primera voz: No me divierten / chanzas pesadas: / Zafa te digo, / zafa la garra. / Vete a la porra, / cara de sarna, / barriga sucia, / piernas chorreadas. / Estribillo: ¡Zafa, zafa, demonio, mal haya tu estampa!” Nota hen Obras VII, op. cit., p. 373.
(6) prius est esse. Spes in Livo (Luis Espino), en El profeta Jeremías nacido en Valladolid (México, Imprenta a cargo de Martín Rivera, 1825), criticando el folleto intitulado Traición descubierta contra la libertad de imprenta, escribió: “¿Qué hay en este papel? Nada de bueno ni de malo; no bueno, porque todo es impertinencia; no malo, porque prius est esse, quam taliter esse (¡Santoyo me valga!). Entre lo poco ó mucho que he leído, he encontrado confirmado el proloquio de que no hay obra que no tenga algo de bueno y de malo, y sólo a usted le estaba reservada la particularidad de no entrar en la regla.” Reproducido por Bustamante en el Diario histórico de México, op. cit., t. III, vol. 2, p. 238. Encontramos la locución siguiente:prius est esse quam operari, primero es ser que obrar.
(7) mediecillo. Cf. nota 2 a Consejo de Guerra...
(8) Defensa de El Payo del Rosario. Cf. nota 5 a Respuesta de El Pensador...
(9) Destierro de El Pensador y de su escudero Aza, México, Imprenta de J. Cabrera, 1825.
(10) Valdés. Cf. nota 3 a La vieja de la jeringa...
(11) Destierro..., pp. 1-2: “El gobierno ha determinado desterrar a El Pensador Mexicano, me dijo [el capitán Vargas], por escritor variable, y a usted le ha impuesto la pena de ponerlo de su escudero para que lo acompañe en sus aventuras.”
(12) dar una manita. Le da su manita: lo ayuda y le presta auxilio. Santamaría, Dic. mej.
(13) El Payo del Rosario. Cf. nota 52 a Qué mal hará...
(14) Portal. Cf. nota 2 a La vieja de la jeringa...
(15) Orilla. Cf. nota 55 a Qué mal hará...
(16) Hernández. Cf. nota 81 a Impugnación que los gatos...
(17) Inquisición. Cf. nota 16 a Calendario histórico...
(18) pesos. Cf. nota 4 a Mañas viejas...
(19) peseta. Moneda que equivalía a veinticinco centavos.
(20) ninguno diga quién es, que sus obras lo dirán. “Este refrán viene de tiempos muy lejanos; tomó vida como tal, al ser desprendidos los dos primeros versos de una cuarteta dirigida el Excmo. Señor don Juan de Acuña, Marqués de Casafuerte, Virrey que fue de la Nueva España (1722-1734), por el muy famoso improvisador José Vasconcelos, más conocido por el seudónimo de El Negrito Poeta. El origen de dicho refrán está en lo siguiente que copio de la obra de Rubén M. Campos, Elfolklore literario de México: ‘Habiéndolo socorrido el Virrey Casafuerte por las improvisaciones que han quedado consignadas antes, el Negrito le envió su agradecimiento en esta cuarteta cuyos dos primeros versos puso cien años más tarde don José Joaquín Fernández de Lizardi, como epígrafe de su famoso libro El Periquillo Sarniento.” Horacio López Suárez, La paremiología en la obra de José Joaquín Fernández de Lizardi, México, 1970. Tesis. UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, p. 183. El citado epígrafe aparece en el capítulo II del tomo III Cf. la versión publicada en Obras IX, op. cit., p. 27. Lizardi utilizó el mismo refrán para intitular un poema que escribió hacia 1811 o 1812; Cf. Obras I, op. cit., pp. 90-95.
(21) paparrucha. Cf. nota 2 a Dentro de seis años...
(22) Iturbide. Cf. notas 17 a La tragedia de los gatos... y 23 a Respuesta de El Pensador... Alude a su folleto El Pensador Mexicano al excelentísimo señor general del Ejército Imperial Americano don Agustín de Iturbide, México, Imprenta Imperial, 1821, en Obras XI, op. cit., pp. 281-288.
(23) Plan de Iguala. Cf. nota 35 a La tragedia de los gatos...
(24) indio carbonero. Los indios que fueron confinados a vivir fuera de la Ciudad de México y se quedaron en los alrededores de ésta, frecuentemente la abastecieron de carbón, producto muy apreciado en el siglo XIX.
(25) Aza escribió: “ha dicho y se ha desdicho; ha hecho y ha deshecho como el mejor maromero cuanto se le ha antojado.” Destierro de El Pensador..., p. 4.
(26) Manuel de la Barcena. Era de Santander, España, y vino de pequeño a Michoacán, donde estudió en el Colegio de Valladolid; ahí fue catedrático de filosofía. Recibió en México la borla de doctor. Obtuvo por oposición la canonjía lectoral de la catedral de Valladolid y las dignidades del tesorero y maestrescuelas. Fue miembro de la Regencia de 1821 y 1822, junto con Iturbide, O’Donojú, José Isidro Yáñez y Manuel Velázquez de León. Fue gobernador del obispado de Michoacán. Escribió:Elogio fúnebre del ilustrísimo señor fray Antonio de San Miguel, del Orden de San Jerónimo (1804); Sermón de gracias en la solemne proclamación de Fernando VII en Valladolid de Michoacán (1808), y Varias proclamas a nombre del Cabildo Eclesiástico de Valladolid (1813).
(27) Valladolid. Cf. nota 31 a La tragedia de los gatos...
(28) En El Pensador Mexicano al excelentísimo señor general del Ejército Imperial Americano don Agustín de Iturbide, op. cit., pp. 287-288.
(29) Agustín de Iturbide. Cf. nota 11 a Calendario histórico... y 16 a Las sombras de Concha...; Tamaulipas. Estado de la República Mexicana que limita al norte con los Estados Unidos, al este con el Golfo de México, al sur con Veracruz y San Luis Potosí, y al oeste con San Luis Potosí y Nuevo León.
(30) criollos. Cf. nota 33 a La tragedia de los gatos...
(31) Aza en Destierro de El Pensador..., p. 6. En el folleto mencionado está escrito: “El criollo hipócrita, tonto / delante de un lego se hinca / y le dice: Padre nuestro; / al rico siempre lo adula, / y como tengas dinero, / aunque seas un Barrabás / dirá: que estás en los cielos / Porque en teniendo monedas / aquí el hombre más malvado, / dicen que es hombre de honor, / que es justo y santificado.” Obras XII, op. cit., p. 81.
(32) Ejército Trigarante. Cf. nota 25 a Las sombras de Concha...
(33) Alude a la Oración de los criollos hecha por un gachupín (1822), en Obras XII, op. cit., pp. 81-90. Es una contestación a la Oración de los gachupines, que apareció el 11 de julio de 1822.
(34) Cf. nota 59 a Impugnación que los gatos...; lo llama “señor” y “nuestro capitán”, ibid., p. 2; “capitán araña”, p. 8.
(35) Junta de Premios. Cf. nota 61 a Impugnación que los gatos...
(36) Guadalupe Victoria. Cf. nota 55 a La tragedia de los gatos...
(37) Ministerio de la Guerra. Cf. nota 51 a Impugnación que los gatos...
(38) chinesco. Instrumento que usaban las bandas militares, compuesto de una armadura metálica guarnecida de campanillas y cascabeles.
(39) “es tan tonto el capitán de caridad que no sabe el daño que le resulta, porque ¿quién ha de querer ser en lo de adelante su amigo?” Ibid., p. 8.
(40) “¿Qué le pareciera a usted si yo dijera que el administrador de la imprenta del finado Ontiveros, don José Alcalde, es su parcial porque le imprime cuantas insolencias le dicta su destemplado caletre?” Ibid., p. 8.
(41) zarabanda. Danza picaresca y de movimientos lascivos. “Pleno conocimiento tuve, desde niño, de las excelencias de aquel diablillo que por su precipitado lanzamiento del cielo y caída de golpe en la tierra, quedó tan estropeado, aunque sin detrimento de su ingenio y travesura. Decidor, alegre, bullicioso trajo al mundo, según referencias que de él hizo el famoso narrador don Luis Vélez de Guevara, la zarabanda y los enredos.” García Cubas, El libro de mis recuerdos, op. cit., p. 243. ElDiccionario de autoridades define la zarabanda como tañido y danza viva y alegre que se hace con “repetidos movimientos del cuerpo poco modestos [...] aquel Poema sucio, y deshonesto que dicen zarabanda, en el qual se tañe danza, y canta juntamente. Quevedo.”