LA VOZ DEL PUEBLO(1)
(Gratis a los señores subscritores)
Pensador: cuando acabo de entrar en posesión de la alta soberanía que me pertenece, y he arrancado de las manos de los déspotas a vos y a los demás periodistas y escritores, toca velar sobre los particulares que los aduladores impiden lleguen a noticia del gobierno, y estar alerta sobre los asaltos más indirectos de la arbitrariedad, procurando que la felicidad común sea la base fundamental de nuestra economía política. Así que, decid al gobierno que el mismo motivo de justicia y necesidad que le obligó a imponer contribuciones a nuestras casas, y sobre los víveres de primera necesidad, le manda ahora imperiosamente que atienda con particularidad a nuestras urgencias, toda vez que se le presentan arbitrios. Estamos hoy en ese caso. Decidle que con motivo del último convoy se ha vendido el trigo a razón de 16 pesos carga, cuando ayer estaba a 21, y en cuya razón nos daban sólo nueve onzas por caricata. ¿Por qué pues, por lo menos, no se da libertad para que el panadero que tenga conciencia pueda aumentar el peso del pan en razón de tan notable baja de su precio? Decid también que cuando se impuso la contribución a los víveres fue por ejemplo 2 reales a cada carga de frijol, y en el momento los vendedores la expendían con 6 reales más, y a este tenor los demás efectos. ¿No sería muy propio de la equidad que debe caracterizar a nuestro gobierno que al mismo tiempo que impone esas cargas para la utilidad general, velase aún con más vigor sobre la conducta de los codiciosos, avaros y monopolistas para que no abusasen con tanta infamia de esta ocasión de sus crímenes? Pues está sucediendo así a nuestro pesar, y el gobierno desde luego no lo sabe. Escritores, advertir estos particulares a quienes pueden remediarlo, si tratáis de cumplir con vuestro ministerio, y Dios os ayudará y si no, os lo demande. El Pueblo.
Yo que he menester poco, al recibir semejante papel, me atufé, y dándome cuatro puñetazos exclamé: ¿a mí garvetes,(2) a mí advertencias y amenazas? Por vida de la Giralda de Sevilla, que han de ver quién es Carranza. Y ¿qué hago? Agarro un pedazo de papel, tajo mi pluma y pongo el siguiente
ESCRITO
Señor Corregidor Intendente
Don José Fernández de Lizardi (alias El Pensador Mexicano) español fijodalgo, pobrea nativitate, etcétera, ante la justificación de vuestra señoría, con el respeto debido y bajo las protestas del derecho, digo en dos palabras: que he recibido el papel que acompaño, y según mi leal saber y entender, y lo que he oído in abstracto et in concreto decir acerca del punto a que se refiere esta queja, tiene mil razones la señora voz del pueblo, porque cuanto dice es la purísima verdad.
Yo, señor, soy muy flaco y muy enfermo, parezco gato enlagartijado, no soy útil (y lo juro) para coger el fusil contra los enemigos de la patria; pero tengo bastantes fuerzas, expedición y unos cuantos cañones de huajolote para disparar a carga cerrada mucha metralla de chismes contra los enemigos de nuestros estómagos, que nos están apretando el sitio, dentro de México, no tanto por escasez de víveres, cuanto por abundancia de codicia.
Suplico a vuestra señoría a nombre del pueblo, se sirva hacer que las panaderías no estén estancadas, sino que todo el que quiera fabrique pan y lo venda como se le antoje; ítem, que cuando vengan convoyes de harina, no se encierren, sino que se vendan en público. Con sólo esto, vuestra señoría habrá cumplido con Dios, el Pueblo estará contentísimo y satisfecho de tan benéfica providencia, El Pensador cierto de que ha hecho algo bueno en esta vida, y los pobres, que somos un montón, señor, un montón, no cesaremos de encomendar a vuestra señoría a Dios en nuestras oraciones para que le ayude en cuanto mano ponga. Amén. Por tanto, a vuestra señoría suplico así lo provea luego luego que es justicia. Juro, etcétera (que es tiempo de juramentos).
El Pensador
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui. Año de 1812.
(2) garvetes. El único dato obtenido es garbear: robar o andar de pillaje; verbo que Cervantes empleó en Rinconete y Cortadillo. Quizá sea una sustantivación del verbo significando robos, pillajes.