Fábula XVII

LA VACA, EL BECERRILLO Y LOS ORDEÑADORES

 

Un pobre Becerrillo

a quien el hambre mata,

luego que vio a su madre,

a la teta se llega por mamarla.

Pero ella, ingratamente,

lejos de sí lo aparta,

valiéndose para esto

del corvo cuerno y de la hendida pata.

El infeliz Becerro

mugiendo lamentaba

su triste situación

y de su madre la crueldad extraña.

Cuando en esto, al corral

entró Juan, de buena alma,

con su mujer Chafina(1)

y sus dos hijos Anacleto y Pancha.

En el instante mismo

comienzan a ordeñarla,

llenando sus vasijas

de la espumosa leche que sacaban.

La Vaca, muy paciente,

inmóvil cual estatua,

que la expriman permite

las llenas ubres de la leche blanca.

El Becerrillo triste

desde lejos miraba

hartarse los rancheros

con lo que a él su madre le negaba;

y no pudiendo ya

sufrir injuria tanta,

a la Vaca así dice,

con los ojos tristes rebalsando en agua:

—Madre cruel, ¿por qué niegas

a tu hijo tan avara

lo que tan francamente

preparó para mí natura sabia?

¿Por qué para otros eres

tan liberal y franca,

y al hijo que pariste

niegas el alimento? ¡Cruel, ingrata!

A estas reconvenciones

enmudecía la Vaca,

sin osar responder

al pobre Becerrillo una palabra.

 

Mas ¿qué ha de responder

el padre cruel que afana

porque su hijo perezca,

disipando él con otros su substancia?


(1) Chafina. Parece ser hipocorístico de Serafina.