Fábula III
LA TORTUGA Y LA HORMIGA
Una Tortuga en un pozo
a una Hormiga así decía:
—En este mezquino invierno,
dime, ¿qué comes, amiga?
—Como trigo —la responde—,
como maíz y otras semillas,
de las que dejo en otoño
mis bodegas bien provistas.
—¡Ay! ¡Dichosa tú! —exclamaba
la Tortuga muy fruncida—;
¡qué vida te pasas!
¡Oh, quién fuera tú, sobrina!
y no yo, ¡infeliz de mí!
que en este pozo metida
todo el año, apenas como
una que otra sabandija.
—¿Pero en todo el año qué haces?
—preguntaba la Hormiguilla—,
y la Tortuga responde:
—Yo, la verdad, todo el día
me estoy durmiendo en el fondo
de este pantano o sentina,
y de cuando en cuando salgo
a asolearme la barriga.
—Pues entonces no te quejes
—la Hormiguilla respondía —
de las hambres que padeces
ni de tu suerte mezquina;
porque es pena natural,
y aun al hombre prevenida,
que a aquel que en nada trabaja
la necesidad persiga.
