LA QUIJOTITA Y SU PRIMA(1)

 

CAPÍTULO I

En él se da razón de quiénes fueron estas dos señoras,
y de la primera educación de ambas


En una de las casas de esta populosa ciudad vivía doña Eufrosina Contreras, mujer de don Dionisio Langaruto, y hermana de doña Matilde, esposa de don Rodrigo Linarte, coronel retirado de no sé qué regimiento.

Estos últimos señores vivían pared enmedio de la casa de don Dionisio; pero tan inmediatas estaban las habitaciones, como distantes los genios de las hermanas y concuños, porque don Dionisio era semijoven, rico y totalmente dado al lujo y a lo que dicen gran mundo, y el coronel ya frisaba(2) con los cuarenta y cinco años de edad, su fortuna era harto(3) mediana, y su carácter serio y cortesano.

El primero sólo pensaba en el juego, bailes, tertulias, modas y paseos; y el segundo, sin declinar en ridículo ni extravagante, se divertía sin disiparse y se entretenía lo más del tiempo que tenía desocupado en la lectura de buenos libros.

Como las mujeres, por lo común, siguen el ejemplo de los maridos, la(4) Eufrosina era una petimetra(5) o curra(6) de las últimas modas; su casa una perfecta sociedad de caballeretes almidonados, y su vida un continuado círculo de diversiones y alegrías.

Doña Matilde, por el contrario, acostumbrada desde muy niña al reposo de su marido, se divertía grandemente con el cuidado de éste y de su casa, y cuando quería desahogarse lo hacía con su clave, que tocaba diestramente.

Ya se ve que(7) no por esto se entienda que su esposo era un mono(8) que la privaba de otra clase de diversiones honestas. Nada menos: ella tenía y correspondía sus visitas, y se franqueaba a cuantos convites la(9) hacían, especialmente a aquellos cuya asistencia prescribía la amistad y política; pero siempre en compañía de su esposo, y nunca tratando de sobresalir en lujo; sencillez que la hacía más estimable de las gentes sensatas.

Sin embargo de lo opuesto de los naturales de estas dos familias, se amaban con extremo, ya por los vínculos de sangre y ya por la prudencia del coronel y su esposa, que jamás se oponían a sus hermanos ni chocaban contra su gusto, antes condescendían con ellos en cuanto no les era perjudicial, con cuyo arte cultivaban el cariño de día en día.

Tanto creció éste, que no pudiendo sufrir las hermanas la separación de casas, aunque tan inmediatas, trataron de que se abriera una puerta en la pared que las dividía, haciendo de este modo de las dos casas una, y facilitando el vivir juntas y separadas a un mismo tiempo.

Abrióse, pues, la puerta y(10) se estrechó más la comunicación como era regular, y esta puerta me facilitó observar más de cerca la conducta de ambas familias, porque yo pertenecía a la de don Rodrigo, con quien vivía por ser mi tutor.

Casi a un tiempo estuvieron grávidas(11) las dos hermanas, y casi a un tiempo dieron a luz los frutos de sus vientres con la mayor felicidad, aunque éstos no la lograron igual en el discurso de su vida.

Doña Eufrosina, después que parió a su hija, a quien pusieron por nombre Pomposa, la entregó al brazo secular de las tías y nodrizas, y no la volvió a ver hasta que la sacó a misa. Su mayor cuidado y conato fue curarse y fortalecerse con buenas gallinas y ricos vinos, los días que la preocupación(a) señala de cama a las paridas.

Con tan(12) semejante esmero se levantó famosa y rozagante, al mismo tiempo que su hermana doña Matilde tenía algo quebrado el color por razón de que criaba a sus pechos a su niña Pudenciana.

Entre las visitas de la casa no faltaban algunas señoritas que celebraban la robustez de Eufrosina, apoyándola(13) el arbitrio de no criar a sus hijos. —Haces(14)muy bien, niña, la decían, haces muy bien de no criar a tus hijos. Yo así lo hago y ya ves qué buena salud gozo después de haber parido ocho muchachos.

—Con razón, decía otra: yo pariera veinte y no criara uno; porque la crianza acaba a las mujeres, y por fin no es moda ni se quedan estas cosas para las personas de nuestra clase, sino para las pobretas y gente ordinaria. —Ya se ve que sí, decía otra, ¿qué dijera la marquesa Tijereta, ni(15) la Tremenda ni(16) otras señoritas que visitan esta casa, si vieran a Eufrosina criando a su hija como una chichi alquilona?(17)—¡Jesús!, ni pensarlo, decía una chatilla remilgada; a mí nada me va ni me viene; pero se me [en]coge(18) el corazón de ver a tu hermana Matilde cargando al nene todo el día, y a(19) éste chupándole la mitad de la vida; no en balde está la pobre tan descolorida y flaca que parece gato de azotea. ¡Qué ordinario y qué mezquino debe de(20) ser el viejo de su marido!

—Yo harto me mortifico de estas cosas, respondía Eufrosina; harto le decimos a don Rodrigo, y aun nos hemos ofrecido a pagarle la chichi; mas no hay forma de entrar por el aro; siempre nos sale con que ésa(21) es obligación precisa de las madres, que la que no lo hace así no merece este nombre, y otras tonterías semejantes.

—Sí lo creo, decía la chata; si vieras qué trabajo me costó imponer a mi marido a que pagara chichiguas(22) para sus hijos, ¡oh!, eso fue mucho. Sobre que el señor mío estaba acuñado a la antigua, y presumía de muy filósofo y racional. ¡Qué sermones me echaba! ¡Qué comparaciones me ponía, y qué cuentecillos me hacía leer!; pero no le valió. Mi constante respuesta era decirle que todas éstas eran faramallas, vejestorias y arbitrios de mezquinos; que yo era una señora decente, y era muy mal visto en las de mi rango esa clase de trabajo y tarea, propia de la gente ruin y miserable, y que, por último, yo estaba resuelta a ahogar a los muchachos, antes que permitir que ellos me exprimieran la última gota de mi sangre.

Cuando mi marido oía semejantes razones, hacía del enojado y se marchaba a la calle. Me acuerdo que en mi primer parto, en una de éstas se fue y no vino hasta la noche sin traer chichigua, creyendo que yo me había de ablandar a los gritos del muchacho, ¿pero cuándo? Él lloró hasta que se cansó, sin querer tomar la leche que le daban las criadas; mas no probó la mía. Ello(23) hubo en casa la de San Quintín(24) cuando lo supo mi marido; pero yo conseguí salirme con la mía y que lo criara una negra retobada(25) como el diablo y creo que gálica,(26) por señas que el niño se murió a pocos días medio podrido, y desde entonces ya mi marido tiene buen cuidado de buscar chichis robustas a sus hijos.

Algunas de estas conversaciones pasaban delante de doña Matilde, y ésta sencillamente las refería a su marido, quien la decía: —Hija, no hagas caso de las producciones de esas locas. El ídolo que adoran es su carita, y con tal que ésta no desmerezca, poco cuidado se les da de atropellar las leyes de Dios y de la naturaleza.

Mucho y bien han declamado los sabios contra este abuso; pero nunca lo bastante para exterminarlo de las sociedades...

A este tiempo tocaron la campanilla de la escalera, abrieron el portón y entró, haciendo un terrible ruido con las espuelas, precipitadamente a la sala,(27) y seguido de una vieja, un payo con su mangota embrocada,(28) su paño de sol en los hombros,(29) sus botas de campana(30) y dos perritos en las manos, y sin quitarse el disforme sombrero, dijo: —Ave María, seor amo... —¿Qué es esto, Pascual?, le preguntó el coronel. ¿Qué te ha sucedido, qué tienes que te vienes ahogando?

 

 

 

 

—¿Qué he de tener, señor?, decía Pascual (que era mayordomo de un ranchito que tenía el coronel)?, ¿qué he de tener? Éstas son unas picardías, unas perradas(31) que no se pueden aguantar entre cristianos. No sé cómo no quen(32)rayos a manojos y acaban con la ciudá.

—Pues vaya, repetía el coronel; ¿qué te ha sucedido? —Qué me ha de suceder. En malhora me encargó el señor cura de mi tierra que tragiera una carta en la calle de... de... quén(33) sabe cómo se llama la calle; pero ello es que el rétulo de la carta era para la señora Lustrina... —Ludovina se llama mi ama que no Lustrina, decía la vieja muy enojada: ¡habráse visto!, ¿qué hasta eso más es usted ponenombres?, ¿o ya se metió a arzobispo para confirmarla? —Todo está güeno, decía el payo; ¿cómo dice que se llama su ama? —La señora doña María Liduvina... —¡Axcan!,(34)ansina, eso es, reponía Pascual; ansí se llamará; sino que como yo tengo mal güido se me había olvidado; pero el cuento es, seor(35) amo, que yo juí a la casa, y llegué, ¿y qué hago?, subo, entro de sopetón hasta la recámara, y me jallo a la señora Luterina dándole de mamar a estos dos cachorros, sin tener tantita caridá de un probe muchachito de tres meses que estaba tirado a sus pies en una zaleyita,(36)dando el probe angelito unos gritos que hasta se desmorecía,(37) y croque era de hambre porque se chupaba las manitas y se revolcaba como culebra.

Yo no me puedo sofrenar, y ansí le dije a la señora: —¿No juera más(38) mejor que le diera de mamar a ese probe niño que al fin es cristiano como nosotros, y no a esos perros que tiene colgados de las chiches?(39) ¡Si a mano viene será su hijo el muchacho! Lumbre le quemaron en los lomos a la tal Lustrina o como se llama porque, poniéndose más colorada que un huachichil,(b) me dijo: quítese de aquí el payo, bruto, barbaján, majadero, entremetido, ¿qué le va o qué le viene que yo dé de mamar o no a mi hijo? Yo le dije: sí me va, porque la leche que le da a los perros, más mejor se la diera a ese niño, y yo no he de consentir tal picardía, y diciendo esto le arrebaté los cachorros y me salí corriendo para ca(40) en casa; pero en la calle me alcanzó esta maldita vieja, que a pura juerza quere que se los dé y yo no se los quero dar, porque son más güenos para el rancho, a conforme están de gordos y grandotes.

—Sí, señor, ansina es como el señor lo cuenta, decía la vieja; pero ya verá su mercé, que desde anoche se jué la chichi y no se jalla otra, ni por Dios ni por sus santos, y por eso lloraba el niño; porque como la leche de mi ama está retesa,(41)no se la puede dar porque se empachará el probecito.(42)—¡Mire qué caso!, decía Pascual; y ¿quién le ha mandado que la deje retesar?, ¿por qué no le dio de mamar dende los prencipios,(43) que a fe que no se le retesara? —¿Qué cuentas tengo yo con eso?, replicaba la vieja; ¿acaso yo la mando o es mi hija? Pero, señor, [a](44) la probe de mi ama le viene tanta leche que por más remedios y porquerías de la botica que le mandan los médicos, no se le puede retirar, y por eso cada rato es menester que los perros le vacíen los pechos; ¡ya se ve que es tan enferma la probe señora!...

—¿Qué enferma ha de ser?, respondía Pascual, si la viera, mi amo, qué colorada está y más gorda que un marrano capón, y con dos tetas tamañotas, que a fe que para vaca chichigua valía un dineral. Mañosa será ella que no enferma. Muy rala será la mujer que no pueda criar a sus hijos por enferma. ¿No mira a mi ama doña Matildita cómo está criando a su niña y no se enferma?

—Pues, en fin, yo no vengo a chismes ni averiguaciones, decía la vieja; deme usted mis perros y acabadas cuentas, que Dios sabe los pasos que me cuesta andar la seca y la meca en busca de los perros y ansí haberlos,(45) que ya me voy y se me hace malobra.(46)

—Pues yo no doy los perros, es gana,(47) decía Pascual; dos tigres le diera yo para que le comieran los entresijos a su ama por verduga de su hijo, y ya se puede ir de aquí la señora alcahueta de los perros, porque si no, por vida mía, que colicencia del amo, le he de cortar las orejas con este cuchillo. Diciendo esto se sacó de la bota un puñal y amenazó a la vieja, con tan buen aire de enojo, que la pobre huyó más que de paso, rezongando sesenta retobos(48) y desvergüenzas contra el payo; pero iba tan de prisa que por poco tira a su amo, que a este tiempo iba entrando por la sala, el cual se quedó sorprendido al ver a Pascual, con los perros en una mano y con el cuchillo en la otra, amenazando de muerte a su cocinera.

Apenas don Rodrigo advirtió, por algunas palabras sueltas, que aquel caballero era el esposo de doña Liduvina, cuando, haciéndole tomar asiento, lo satisfizo con toda urbanidad del desacierto de su criado Pascual. A lo que el caballero dijo: —Ya yo veo que este buen hombre ha hecho esto por amor de mi hijo, lo que es de [mi](49) agradecer. También le tengo dicho a Liduvina que se ponga en los pezones botellas con agua caliente, y no perros, que puedan darle una mordida y costar caro; pero ella no entra por el aro. Está decidida por los perros, porque dice que éstos chupan breve y no con la broma de las botellas.

—¿Pero no fuera mejor, decía el coronel, que la señorita criara a su niño, supuesto que tiene tanta y tan buena leche? Seguramente en este caso el niño se criará(50) más sano y robusto, y se ahorrarán ustedes de médicos, boticas, nodrizas, perros y botellas.

—Es verdad, reponía el señor de los perritos; pero ¿qué quiere vuestra señoría, si es menester condescender con las mujeres? Como yo estoy recién casado y la mía es joven y bonita, trata de cuidarse, y es preciso darle gusto. Si fuera fea, seguramente yo no me metería en tantos cumplimientos:(c) ella criara a sus hijos no los criara; pero es de mérito y es menester cuidarla. Ahora mismo me mandó por los perros y me ha de hacer vuestra señoría favor de que los lleve, porque si no habrá en casa una del demonio.

El coronel no quiso contestar más con aquel necio; y así mandó en tono de amo a Pascual que diera los perros a aquel señor, pues cada uno sabía lo que había de hacer en su casa.

Pascual, con alguna repugnancia, volvió los perros, y el interesado los entregó a la vieja, que los recibió con mil manos, y llenándolos de besos les decía: ¡ay hijos [míos](51) de mi alma y en qué grandes peligros [se](52) han estado!

Acabada la ridícula ceremonia de la vieja, los envolvió en su rebozo, y amo y criada se despidieron del coronel y de su esposa; pero no del payo, que los miraba con ojos encarnizados. Por fin se fueron, y de este modo acabó la graciosa aventura de los perritos de leche.

Luego que los de [la](53) casa estuvieron solos, el coronel hizo sentar a Pascual, y encaminando la conversación a su mujer, la dijo: -¿Ves confirmado lo que te acabo de decir de que es difícil exterminar este abuso de las sociedades que llaman cultas? Él es tan antiguo como funestas sus consecuencias. En la historia romana se cuenta que, siendo dictador Cornelio Scipión,(54) cometieron un grave delito unos oficiales de guerra, por el que fueron condenados a muerte. Se empeñó lo principal de Roma para conseguirles el indulto; mas fue en vano. El juez estaba inexorable. Se empeñó su hermano de Cornelio,(55) y nada pudo conseguir. Últimamente, y por no dejar diligencia(56) o que hacer, interesaron para el mismo empeño a una hermana de leche del dictador, y apenas ésta rogó por los delincuentes, cuando fueron declarados, por libres. Esto no pudo menos que agraviar a su hermano, quien manifestó su queja a Cornelio; pero éste se disculpó diciéndole: "Hermano, te aseguro que yo tengo por más madre a la que me crió y no me parió, que a la que me parió y al instante me abandonó a ajenos brazos, pues(57) ésta no es verdadera madre; y pues sólo a la que me crió tengo por madre, justo es que a ésta(58) la tenga por verdadera hermana y muy amada."

Con tan oportuna respuesta quedó reprendida la conducta de la madre, vengado el hijo, premiada la nodriza, satisfecho el hermano, y acallada la murmuración de los que no comprendían este misterio.

De los dos Gracos,(59) famosos romanos, se lee también que tuvieron un tercer hermano, bastardo, muy valeroso y afortunado en la guerra, el cual, viniendo triunfante de la Asia, entró en su casa, y hallándose en ella a su madre(60) y a su ama de leche, o chichigua, como acá decimos, regaló a la madre una cinta de plata y a la chichi un joyel de oro y piedras finas. La madre se agravió por la desventaja; mas él la avergonzó diciéndola: "No te admire, madre, que haga esta distinción, pues tú solamente me cargaste en tu vientre nueve meses, y nacido me echaste de tus brazos, recogiéndome en los suyos mi nodriza, alimentándome y cuidándome tres años con el mayor cariño. Mira si puedo decir que le debo más que a ti." ¡Justa reprehensión que debe escuchar la madre que con mucha robustez abandona a sus hijos a otros brazos por el criminal motivo de no desmejorar su semblante!

Todavía no se ve en este reino, ni Dios lo permita, otra circunstancia más cruel en el mismo caso, que se ha visto en otras partes, y es enviar los hijos, luego que nacen, a que los críe la nodriza en una aldea o pueblo lejos de la ciudad en que viven las madres, quienes no vuelven a verlos hasta que andan, hablan y comen por su mano. ¡Abuso excesivo, que ha sido causa de mil equivocaciones funestas, que después nos han divertido en comedias o tragedias!

Reinando Alejandro en Macedonia, [y](61) siendo rey de los epirotas Artabano,(62)tuvo éste un hijo, al que desterró a una aldea en poder de una chichigua. Algunos lo supieron y, sobornando a ésta con dinero, la hicieron tuviera(63) en su casa a un niño hijo de un principal caballero, quien se llevó al hijo del rey a su casa y lo nombró de hijo. En este error se mantuvieron los dos niños hasta que murió el rey padre, y dejó por heredero al que creía que era su hijo, esto es, al que volvió la nodriza de la aldea. Iban ya a coronarlo cuando la ama declaró que aquél no era hijo del rey, sino el que tenía en su casa el caballero fulano. De esto resultaron dos partidos, y de ellos una guerra intestina tan cruel, que en ellas se mataron los dos pretendientes a la corona en una batalla que costó muchas vidas a los infelices ciudadanos.

Por este motivo estableció el Senado una ley por la que mandaba: "Que todas las mujeres criasen a sus propios hijos, y que las princesas y señoras enfermizas criasen a lo menos al primogénito." "Yo aseguro, dice un autor español,(d) que no dejará de haber algunos mayorazgos sin hijos ni herederos, y que los legítimos andarán, tal vez, vendiendo arena y ladrillo o siendo peones de albañil. Lo cierto es que sólo el que cría la madre a sus pechos puede asegurar que es su hijo, o el que se cría en casa y siempre a la vista."

Aquí no hay tanto exceso; pero yo he conocido más de dos señoras que, luego que paren, entregan el niño a la que se encarga de cuidarlo y criarlo, y no lo vuelven a ver hasta que anda. Tú conoces a tu hermana, no es necesario ir muy lejos.

La enfermedad verdadera, o una causa legítima como la conservación de la pública honestidad, excusan a las mujeres de criar ellas mismas a sus hijos. Una madre que no puede lucir el fruto de su vientre sin detrimento de su honor, o una contagiada del mal venereo u otro igual, no debe criar a sus hijos:(64) está excusada de esta obligación. Pero en este caso se debe pulsar con mucho tiento la elección de las nodrizas, y no dar al niño la primera que se halla a mano. "Cuando las madres no pudieren criar a sus hijos por alguna razón de primera necesidad, dice un sabio escritor de nuestra México,(e) juzgo que deben buscarse unas nodrizas virtuosas y con proporción a la naturaleza del niño." Por lo que respecta a la pureza de costumbres, encarga san Gerónimo(65) que no sea vinosa(66) ni lasciva ni patrañera.(67) Plutarco y Ludovico Septalio quieren que las nodrizas sean de una complexión muy semejante a la de la madre; pero, en especial, que sean sanas, y de buenas costumbres, apacibles, castas, sobrias y afables. La ley 3, título 7(68) de nuestro código español dice: "que deben darse a los niños amas sanas, robustas é de buen linage, ca bien como el niño se gobierna é se cría en el cuerpo de la madre fasta que nace, otro si se gobierna y se cría del ama desde que le da la teta, fasta que gela tuelle é porque el tiempo de la crianza es mas luengo que el de la madre, por ende no puede ser que no reciba mucho del contenente, é de las costumbres de la ama."

No está la naturaleza un punto ociosa; pero la tiranía de muchas madres frustran sus fines con notable daño de la humanidad.

"Las nodrizas deben ser de veinte a treinta y dos años; la leche no ha de pasar de cuatro a cinco meses; que no hayan tenido partos difíciles; que tengan, si puede ser, el pelo negro o castaño; porque las rubias o azafranadas suelen tener la leche agria", dice Ballejerd,(69) quien quiere que no tengan mal olor en la boca, y la dentadura blanca y fuerte, pues ésta es señal de buena linfa, y por consiguiente de leche muy buena.

"La leche para ser buena debe ser blanca, sin olor, y de poco sabor; no muy aguada ni muy espesa, sino de un medio racional, pues será mala la amarga o salada, de color desigual y muy espesa o muy delgada...

"Finalmente, del régimen de vida de las que crían depende generalmente la buena o mala constitución de los niños; pues se ha observado que aun las(70)complexiones más débiles y enfermizas se han restaurado con encomendarlos(71) a una nodriza robusta y cuidadosa de sus obligaciones, lo que no se paga con ningún oro. Semejantes nodrizas deberían ser premiadas con un lugar distinguido en las familias, y aquellos niños que se han alimentado a sus pechos debían apreciarlas como a segundas madres [y protegerlas](72) cuando crezcan(73) y se vean(74) en unos puestos capaces de influir a sus comodidades con su protección."(75)

Por el juicioso discurso de este escritor advertirás que hay ocasiones en que es indispensable el saberlas elegir adornadas de las cualidades dichas, o siquiera con las menos tachas(76) que se pudiere.

Esta indulgencia se extiende a las madres que por una causa legítima no pueden criar a sus hijos; no a aquellas que por no acabarse y por no ponerse descoloridas buscan(77) pretextos de debajo de la tierra, aparentando enfermedades que no tienen, lo mismo que para no ayunar las que pueden; y lo peor es que se hallan médicos liberalísimos para lisonjear con su opinión el deseo de las pretendientes. ¡Pobres médicos! No obstante, si tú quieres... —¡Ay no, ni pensarlo!, decía la amante Matilde. ¿Yo había de abandonar a mi hija a otros brazos por no ponerme descolorida? Así entendiera morirme.(78) Ella es mi hija, y el rato que la tengo colgada de mis pechos la quiero más que nunca. Es imposible que mi hermana quiera a Pomposa como yo a esta peloncilla(79) de mi vida.

Diciendo esto la apretaba y la llenaba de besos con la mayor ternura; y el coronel rebozando la satisfacción que sentía en estas escenas, abrazaba a su esposa y la decía: —Tú sí eres verdadera madre; tú sí cumples con los deberes de la naturaleza. Ella, yo y tu hija tenemos en ti el imán de nuestras delicias. La naturaleza humana reconoce en ti un individuo suyo propio, yo una digna esposa, y tu hija una amante y verdadera madre, bastante a desempeñar este sagrado título.

Así pasaron como dos años en la primera crianza de estas niñas, al cabo de los cuales observó lo que leeréis en el capítulo segundo.(80)

 


(1) La cuarta edición añade a este encabezado "La educación de las mujeres o". Apartir del segundo capítulo omite todo el encabezado.

(2)  2ª y 4ª: "se acercaba a".

(3) 4ª: "algo".

(4)  4ª omite "la".

(5)  4ª: "Petrimetra". Petimetra. Persona con pretensiones de elegante.

(6) curra. Moza almidonada. Señora bien puesta. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(7) 4ª omite "ya se ve que".

(8) mono. Envanecido, orgulloso, presumido. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(9) La 4ª emplea el leísmo en vez del laísmo. En las tres primeras ediciones hay un uso bamboleante del laísmo, leísmo y loísmo.

(10)  4ª omite "y".

(11) grávidas. Grávido significa lleno, cargado. Por extensión, grávida significa mujer embarazada.

(a) La preocupación consiste en que sean precisamente 40 días de cama y no más ni menos, cuando este tiempo se debiera ordenar según la constitución y robustez de la paciente, y no según una rutina que inventó el chiqueo [mimo, halago] y no la necesidad.

(12) 4ª omite "tan".

(13)  4ª: "apoyando".

(14) 4ª: "luces".

(15)  4ª omite "ni".

(16)  4ª: "y".

(17) chichi alquilona. Del verbo mexicano chichi que significa mamar. Por extensión, ama de leche. En Yucatán, chichí es el nombre que cariñosamente se da a la abuela o a las nanas y criadas viejas. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(18) Corregimos de acuerdo con la 4ª.

(19) Añadido en 4ª.

(20) 4ª omite "de".

(21)  3ª y 4ª omiten "esa".

(22) chichigua. Literalmente significa "la que posee tetas". Es una voz mexicana equivalente a nodriza. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(23) 4ª omite "ello".

(24) hubo en casa la de San Quintín. Es más frecuente la forma "armar la de San Quintín": haber una gran contienda entre varias personas.

(25) retobada. Respondona, indómita, obstinada, redomada.

(26) gálica. Sifilítica.

(27) 4ª: "y entró precipitadamente a la sala, haciendo un terrible ruido con las espuelas".

(28) mangota embrocada. Con una manga o sarape a modo de casulla. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(29) paño de sol. Pañuelo o pañolón de suficiente amplitud como para cubrir los hombros del sol.

(30) botas de campana o campaneras. "Parte del traje de rancheros y charros, que consistía en una pieza grande de gamuza con que se envolvía la pantorrilla, sujetándose abajo de la rodilla con un atadero, y bajaba hasta tocar la espuela. En la parte exterior, tenía corte diagonal y avanzaba hasta la punta del pie, lo que le daba cierta semejanza con una media campana. Las había también de lujo, bordadas en seda y metales, con ataderos de igual material." Cf. Santamaría, Dic. mej.

(31) perradas. Acciones desleales, vilezas.

(32)  3ª y 4ª: "caen".

(33) 4ª: "quién".

(34) 1ª, 2ª y 3ª: "ascan"; corregimos de acuerdo con la 4ª Axcan: Término náhuatl que funge como adverbio con el significado de "así", "está bien" o "ahora".

(35) Más adelante Fernández de Lizardi modifica este giro dialectal, y en boca del propio Pascual emplea "señor".

(36) zaleyita. Zalea pequeña: pedazo de cuero o piel de oveja o de carnero.

(37) desmorecía. Sentir una pasión con violencia. Desmorecerse de llanto o de gritos es llorar o gritar con exceso, en términos de turbarse la respiración. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(38)  4ª omite "más".

(39) chiches. Tetas.

(b) Frijol de color punzó que no se come. Úsase de esta frase vulgarmente para significar que alguna persona se pone muy colorada.

(40) 4ª: "acá".

(41) retesa. Tener las mamas llenas, en plenitud.

(42) 4ª: "pobrecito".

(43) 3ª y 4ª: "principios".

(44) Añadido en 4ª.

(45) En la 2ª y 3ª decía "a verlos", corregimos de acuerdo con la 4ª.

(46) malobra. Mala obra. Asimilación que se hace por choque vocálico.

(47) es gana. Es imposible. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(48) retobos. Protestas.

(49) Añadido en 2ª; 4ª: "debo".

(50) 2ª: "criara". 4ª: "estará".

(c) Es una observación. Pocas desairaditas por la naturaleza tienen chichiguas que críen a sus hijos; así como pocas bonitas, con tal cual proporción, dejan de tenerlas. ¿En qué estará eso?

(51) Añadido en 4ª.

(52) Añadido en 2ª y 3ª.

(53) Añadido en 4ª.

(54) Llamado "el Africano".

(55) Llamado "el Asiático".

(56) 4ª: "diligencias".

(57) 4ª: "porque".

(58) 4ª: "su hija".

(59) Se refiere a Tiberio Sempronio Graco, hijo del político y militar del mismo nombre. Tribuno de la plebe en 133 a. C. Y a su hermano Cayo Sempronio Graco, tribuno de la plebe en 123 a. C. No tenemos noticia del hermano bastardo.

(60) Alude a Cornelia, hermana de Publio Escipión el Africano.

(61) Añadido en 4ª.

(62) Artabán I, II y III fueron reyes de los Partos. Los reyes de Epiro fueron: Pirro, Admetes, Tarrutos, Aletus I, Arimbas, Neoptolomeo II, Alejandro I, Eacidas, Aletas II, Pirro II, Neoptolomeo III, Alejandro II y Pirro III.

(63)  4ª: "tener".

(d) Don Esteban Colomer.

(64) 4ª añade "y".

(e) El licenciado Barquera en los diarios de esta capital de diciembre de 1816.

(65) San Gerónimo. Sacerdote del siglo IV que no quiso pertenecer a ninguna iglesia. Escribió una versión latina de la Escritura, varios comentarios al Antiguo y Nuevo Testamento, un Tratado de la vida de los escritos de autores eclesiásticos, Continuación de la crónica de Eusebio, Historia de los padres del desierto y otras obras.

(66) vinosa. Propensa a embriagarse con vino.

(67) patrañera. Que suele inventar o contar patrañas o mentiras.

(68) La ley 3, título 7 de la Segunda Partida dice: "Fazer deue el Rey guardar a sus fijos de dos maneras. La primera, que non fagan contra ellos, nin les digan cosa sin razon sea, porque ellos menguassen su bondad, ni en su honra. La segunda que non consientan a ellos, que fagan nin digan cosa que les este mal, ni de que les venga daño: ca todo el amor, ni la criança, que diximos en estas otras leyes, non les valdría nada, si la guarda desta guisa non fuesse. E los que primeramente deuen fazer esta guarda, ha de ser el Rey e la Reina. E esto es, en darles amas sanas, e bien acostumbradas, e de buen linage: ca bien assi como el niño se gouierna e se cría en el cuerpo de la madre fasta que nasce; otrosi se gouierna y se cría del ama, desde que le da la teta fasta que gela tuelle: e porque el tiempo desta crianza es mas luengo que el de la madre, por ende non puede ser, que non resciba mucho del contenente, e de las costumbres del ama. Onde los Sabios antiguos, que fablaron en estas cosas naturalmente, dixeron, que los hijos de los Reyes deuen auer a tales amas, que ayan leche assaz, e sean bien acostumbradas, e sanas, e fermosas, e de buen linaje, e de buenas costumbres, e señaladamente, que non sean sañudas. Ca si ouieren abondanza de leche, e fueran bien complidas e sanas, crian los niños sanas e rezios. E si fueren fermosas, e apuestas, amarlas han mas los criados, e auran mayor plazer, quando las vieren e dexarlos han mejor criar. E si non fueran sañudas, criarlos han mas amorosamente, e con mansedumbre, que es cosa que han mucho menester los niños, para crescer ayna: ca de los sosaños, e de las feridas, podrían los niños tomar espanto, porque valdría menos, e recibirían ende enfermedades, o muerte. Onde el Rey que desta guisa non los fiziere guardar, venirle ha gran daño; como que rescibiria grand pesar de la cosa que rescibir esperava grand plazer". Cf. Los códigos españoles concordados y anotados, tomo segundo; Código de las Siete Partidas, tomo I, que contiene la Primera y Segunda Partida, Madrid, Imprenta de la Publicidad a cargo de M. Rivadeneyra, 1849, pp. 352-353.

(69) Alude a J. Ballexserd, autor de Dissertation sur l'éducation physique des enfants depuis leer naissance jusqu'à l'âge de puberté, París, 1762. La traducción de este libro la hizo Patricio de España con el título de Crianza física de los niños desde su nacimiento hasta la pubertad. Hubo tres ediciones de la obra: Madrid, 1765, 1787 y 1806.

(70) 4ª añade "de".

(71) 1ª y 2ª decían "encomendarlas", corregimos de acuerdo con la 3ª y 4ª.

(72) Añadido en 4ª.

(73) 4ª: "crecen".

(74) 4ª: "ven".

(75) 4ª: "de proporcionales comodidades y descanso".

(76) tachas. Faltas, imperfecciones, defectos.

(77) 4ª: "sacan".

(78) Así entendiera morirme. Frase hecha para significar "preferiría morirme".

(79) peloncilla. Muchacha de corta edad. Cf. Santamaría, Dic. mej. Más exactamente es la niña de pocos meses o hasta que le empieza a crecer el pelo.

(80) 4ª: "siguiente".