A todos y a ninguno 
mis advertencias tocan:
quien las siente se culpa;
el que no, que las oiga.
Y pues no vituperan
señaladas personas,
quien haga aplicaciones
con su pan se lo coma.
Iriarte. Prólogo y fábula I(1a)

 

LA QUIJOTITA Y SU PRIMA(1)
 
CAPÍTULO I

En el que el coronel discurre sobre lo útil que sería
que las mujeres aprendiesen algún arte u oficio mecánico
con que subsistiesen en caso de necesidad


Al fin de los(2) cinco años de mi(3) ausencia me(4) regresé, según he dicho, a esta capital; y luego que llegué a ella, fui a buscar a mi buen amigo el coronel.

Se deja entender que al efecto me dirigí a la casa de don Dionisio Langaruto, quien con su esposa doña Eufrosina me recibió con bastantes muestras de cariño; me hicieron mil preguntas y repreguntas acerca de las tierras [por](5) donde había estado, a las que yo contesté unas veces con verdad y otras sin ella, seguro de que todo cuanto dijera lo habían de creer, sólo porque yo decía que lo había visto; bien que en esto no hice más que mentir con la autoridad de viajero.

Así que estos señores se cansaron de preguntarme, les pedí razón del caballero coronel y su familia, y me dijeron que ya no vivía con ellos porque, habiéndose enfermado doña Matilde, fue preciso al coronel llevarla al paraje que llaman la Tlaxpana(6) a que mudase temperamento, y que cuando se restableció su salud, tomó casa frente de la Alameda,(7) por ser más cómoda que la que ocupaba en su compañía.

Luego que supe esto, les pedí las señas de la casa, me las dieron, y al instante me despedí de aquellos señores porque ya se me hacían siglos los minutos que tardaba en ver a mi apreciable don Rodrigo.

Cuando entré estaba doña Matilde tocando en su clave, y el coronel leyendo un libro; pero no bien me vieron, cuando dejaron ambos los objetos de su diversión y se levantaron apresuradamente para abrazarme.

Yo correspondí sus cariñosas demostraciones(8) con las palabras y señales que en semejantes casos dicta la urbanidad, el amor y la gratitud. Doña Matilde disparó sobre mí una descarga cerrada de preguntas acerca de las particularidades de mi viaje y de las tierras que había visto, a lo(9) que yo contesté con más prudencia que en casa de doña Eufrosina, y procuré, cuanto pude, economizar las mentiras, como que sabía que el coronel no era nada vulgar y podía sorprenderme cuando yo estuviera mintiendo más alegre.

Mucho sentimiento manifestaron estos dos señores cuando supieron que había fallecido mi padre. —Ciertamente que me es muy desagradable la noticia, me dijo el coronel, porque tu padre fue mi amigo verdadero, lo traté mucho, analicé su carácter, y siempre lo advertí virtuoso sin superstición, sabio sin vanidad, benéfico oculto, buen padre, buen esposo, buen amo y hombre de bien a toda prueba. Los que lo conocieron como yo en esta capital, y los que por tantos años lo trataron así dentro como fuera del real colegio de Tepotzotlán,(10) donde fue un médico apreciable, serán perpetuos panegiristas de sus virtudes.(11) Ni dudo que los pobres de aquel pueblo llorarán(12) su falta y acompañarán(13) con lágrimas su entierro. El llanto de los infelices socorridos siempre riega los túmulos de sus benefactores. Procura, pues, no olvidar las máximas que te inspiró de religión y de moral cristiana, y de esta manera honrarás su memoria, pues por el fruto se conoce el árbol.

Acabó su discurso el coronel, que se me quedó bastante impreso en la memoria, y después de haber hablado de otras cosas, le pregunté por la niña Pudenciana. —Está allá adentro, me dijo su mamá, y con visita, ¿quieres verla? —Sí deseo verla, le respondí; pero si está con visita, cumpliré mi deseo otra ocasión. —Vamos ahora, dijo el coronel, pues la visita que tiene es de confianza, y ella misma se alegrará de verte. Diciendo esto, nos levantamos de los asientos y fuimos a ver a Pudenciana.

Entramos a su cuarto y la hallamos muy divertida bordando un pañuelo. Luego que me vio, se levantó y me hizo aquel buen(14) recibimiento(15) que yo debía esperar de su cariño y bien dirigida educación.

Muy diferente fue el tratamiento que recibí de Pomposa, que estaba allí de visita, pues embelesada en componerse un rizo, se miraba al espejo con tal atención que no la tuvo para saludarme, hasta que doña Matilde la llamó de su éxtasis diciéndola: —Mira, niña, quien está aquí. ¿Qué ya no lo conoces? Háblale. Entonces Pomposita volvió la cara, me reconoció un breve rato, y con un aire de protección sólo me dijo: —Beso a usted la mano.

Yo no pude(16) menos que sorprenderme al advertir un estilo tan vano y petulante, que se propasaba a impolítico, porque sin hablarme otra cosa, dirigió la palabra a su tía, diciéndole: —Estoy hecha un veneno contra la maldita costurera. Vea usted qué caracoles(17) me hizo tan feos: parecen escaleras arruinadas. Unos más altos, otros más bajos; éstos de aquí más grandes y los de este lado más chicos, y todos ellos sin proporción ni simetría, y lo peor es que así he venido por la calle. ¡Voto a mis pecados! ¡Qué no me lo advirtiera mi mamá! ¡Qué habrán dicho de mí las gentes! El coronel se sonrió y la dijo: —Pues acaba tu obra y vamos a comer que ya es hora. Con esto nos fuimos todos a la sala, y la dejamos atareada en su importantísimo negocio.

Pudencianita me contó cómo ya sabía leer, escribir, contar, coser, bordar, dibujar y estaba aprendiendo a tocar el clave con su madre. —Otra cosa sabes que no le has dicho a Joaquín, dijo el coronel. —Es verdad, se me había olvidado, dijo Pudenciana: ya sé componer relojes. —¡Componer relojes!, repetí yo con mucha admiración. Ese oficio o arte es propio de los hombres, y por lo mismo en usted será una rara habilidad. —Pasará por tal, dijo el coronel; pero sólo entre aquellas personas preocupadas que piensan que en la almohadilla se encierra todo lo que necesitan o lo que pueden saber las mujeres. Aunque yo no encuentro una razón sólida para que sean excluidas del conocimiento de los(18) artes y oficios en que se ejercitan los hombres. De aquellos(19) artes, digo, que no requieren fuerzas físicas, sino sólo una constante aplicación.

Mucho más extraño esta exclusión cuando considero que las mujeres son infatigables en el trabajo que pueden soportar, por prolijo que éste sea. ¿Quién tendrá la paciencia que ellas para sacar a(20) un cambray(21) superfino, con mucha cuenta y cuidado, treinta mil hilos, para dar dobles puntadas y lazaditas y hacer unas filigranas primorosas? ¿Quién no se cansará solamente de verlas ensartar, guardando dibujo y proporción, millares de cuentecillas de chaquira para hacer una trenza, una cigarrera u otra cosa? Lo mismo digo de todos sus artefactos.

Pero si a proporción del premio hemos de juzgar del mérito de las obras, ninguno tiene(22) las de las mujeres, porque ningunas hay más mal pagadas. ¿Y esto de qué proviene, sino de que la aguja, el dedal y las tijeras son los únicos instrumentos que manejan todas? Esto es, todas las que son mujeres. Para una camisa hay doscientas costureras, y para una cosita de primor y curiosidad, hay comunidades y congregaciones de curiosas.(a) Por esta razón, las que trabajan por necesidad, abaten el precio de sus costuras hasta el extremo, para encontrar algo que hacer. Esto consiste en que todas las mujeres, que quieren serlo, no saben sino una misma cosa. Si todos los hombres fueran pintores, la miniatura más preciosa valdría dos reales.

De que sea tan mal pagado el trabajo de las mujeres, resulta que aun las más laboriosas no pueden sostenerse con la aguja; y si alguna lo consigue, es a costa de su salud y siempre a las orillas de la miseria.

La viuda que queda pobre y con hijas grandes y bonitas, como no tenga más arbitrio que la almohadilla para sostenerlas, bien se puede considerar en el camino del precipicio, a no ser que la detenga una virtud muy sólida, pues por una parte la constante seducción que las ofrece mejorar de suerte en un momento, y por otra, la necesidad que urge y oprime sin cesar, son unos alicientes que conducen a la prostitución con tal vehemencia, que para resistirlos es necesario todo(23) el poder de la divina gracia.

Para precaver estas fatales consecuencias sería de desear que todos los padres de familia, especialmente los pobres, enseñasen a sus hijas algún arte u ejercicio que fuese compatible con la delicadeza de su sexo. No encuentro yo embarazo para que las mujeres pobres, según su inclinación, se dedicasen a ser sastres, músicas, plateras, relojeras, pintoras y aun impresoras.(b) Cualquier oficio de éstos seguramente les proporcionaría más ventajas en los tiempos críticos de la necesidad, que no(24) las costuras más [bien](25) trabajadas.

Mas esto no quiere decir que no se apliquen las mujeres a la aguja, a la cocina y a todos los quehaceres domésticos en su primera edad. Ésta fuera una herejía social. Cada miembro del estado debe estar en aptitud de desempeñar aquellos cargos a que ordinariamente se destinan los de su clase, y siendo el primer cargo de la mujer cuidar de su marido, de sus hijos y su casa, es de su primera obligación aprender a cumplir con este cargo, el que no llenará nunca la mujer, rica o pobre, que ignore a lo menos cómo se sazona un puchero, cómo se hace una camisa, se asiste a un enfermo y se conserva el orden económico y aseado(26) en una casa.

Por tanto, toda mujer, desde su niñez, debe instruirse en estos pormenores, solamente porque es mujer, aunque sea rica, porque no sabe si llegará a ser pobre; pero las que no tengan facultades, después de saber lo más preciso, podrían con mejor fruto aprovechar el tiempo que gastan en aprender a bordar, deshilar, labrar, embarcenar,(27) ensartar chaquira y hacer florecitas de seda o de papel. Yo hablo aquí como en mi casa y como padre de mi hija, cada uno en la suya hará lo que le dicte su prudencia o su gusto.

A este tiempo entró Pomposita en el comedor hecha una Filis,(28) con los rizos tan bien puestos como si se los hubiera medido a compás y con la más exacta geometría.

Nos sentamos a la mesa, y durante la comida se habló de varias cosas. Entre ellas me contó el coronel cómo doña Eufrosina había dado a luz dos niños, que existieron poco en el mundo, porque las chichiguas(29) y pilmamas(30) les dieron prontamente sus pasaportes para el cielo. Doña Matilde no tuvo más que a Pudenciana, y acaso se esterilizó por alguna imprudencia con que la trataron en su parto, según el coronel temía.

No dejó de hablar una que otra cosa(31) Pomposita; pero con un aire de orgullo y de(32) satisfacción, que yo no cesaba de admirar, y no tanto por su vanidad cuanto por su estilo ampolludo(33) y pedantesco.

Finalmente, se concluyó la comida, las dos niñas se fueron a divertir con los pájaros y macetas, y nosotros nos fuimos a la sala a pasar la siesta.

Entonces me dijo el coronel cómo se había separado de la casa de su cuñada, por excusar un rompimiento a causa de las frecuentes disputas que se ofrecían, por no ser las dos familias de igual modo de pensar. —Yo quiero mucho a Pomposa y a sus padres, añadía el coronel; pero no puedo conformarme con sus costumbres. Una de las cosas que me hacían contrapeso para la educación de mi hija era el genio de Pomposa y el mal ejemplo que la daba. Ya tú conoces mi carácter y el de Matilde, como que casi te criaste con nosotros, y ya verás qué bien me parecería que quisieran hacer a Pudenciana andariega, ociosa, bailadora, vana, preumida y altiva; pues todo esto y algo [más](34) peor sería al lado de su buena primita; porque las malas costumbres se contraen muy fácilmente, y [más] cuando hay ejemplos que las insinúen, y partidarios que las justifiquen o que pretendan justificarlas.

Yo siempre procuraba irle a la mano a mi cuñada en muchas cosas, pero gastaba en vano mi saliva. Ella es de capricho, y quererla persuadir [de](35) una verdad que no le acomoda, es lo mismo que querer ablandar una bigornia(36) con la mano.

Reflexionando seriamente en las fatales consecuencias que podía acarrearnos su tan inmediata compañía, la he separado, pretextando primero la enfermedad de Matilde, y después la comodidad que me proporciona esta casa, y de este modo hemos salido en paz; aunque yo no he conseguido enteramente el fin que me propuse; pues como por una parte nos amamos y por otra los vínculos de la sangre estrechan nuestra amistad, lo que se ha logrado es alejar las casas y disminuir las ocasiones; pero no cortar éstas del todo, que es lo que yo deseara. Todos los domingos viene Pomposita o envían por Pudenciana, y no hay paseo ni frasca(37) a que no nos conviden con instancia; y lo peor es que muchas veces es preciso contemporizar por no ofender las leyes de la amistad o de la política, y(38) por no parecer ridículo o misántropo.

Apoyé, como era justo, el discurso del coronel, y por saber qué juicio hacía del afectado estilo de su sobrina, le dije: —Entre las nulidades que usted ha observado en la niña Pomposita, luce su instrucción lo mismo que una perla entre muchas piedras falsas. A lo menos, así me parece, después que en la mesa la oí explicarse en algunas materias con términos técnicos o propios de lo que se trataba, lo que me hace creer que está bastante instruida.

—Debía estarlo, contestó el coronel, porque tiene bastante capacidad; mas ha llenado su entendimiento de impertinencias y bagatelas, y con esto ha conseguido hacerse una erudita a la violenta y bachillera perdurable. Los hombres de juicio la compadecen al [mismo](39) tiempo que los tontos la celebran.

Toda la causa de la ignorancia y pedantería de Pomposa ha sido la indolencia y falta de precaución de su padre. Al principio no cuidó de que se instruyera, y después la permitió leer indistintamente los libros que él había comprado para adornar su gabinete. Con esto la muchacha ha picado de todos y de cada uno sin el menor discernimiento y se ha llenado de multitud de ideas heterogéneas o diferentes entre sí, las que saca a la plaza cuando quiere; y como carece del verdadero conocimiento de las materias que trata, al mismo tiempo que de la legítima significación de los términos con que se expresa, las más veces habla unos desatinos tremendos; y en verdad que es una lástima que no haya aprovechado sus luces, pues cuando raciocina con juicio se conoce que no es tonta y que(40) ha leído algo.

—Y aun eso es una maravilla, dije yo, porque siempre he oído decir que la mujer más hábil no pasa de tonta... Usted dispense, señora doña Matildita, que yo no digo lo que siento, sino lo que he oído decir, y esto porque el señor coronel me diga si aciertan o no los que se profieren de ese modo.

—Seguramente no, dijo don Rodrigo, y tú me has oído decir varias veces que las mujeres pueden saber tanto como los hombres más instruidos. Esto se prueba por la causa y por el efecto. Por la causa, porque siendo la alma el receptáculo de la sabiduría, y no careciendo las mujeres de alma, se sigue que tienen la misma aptitud que los hombres.

Ahora, que esta disposición sea en unas mayor o menor que en otras, que las más no la cultiven, no prueba que [no](41) la tengan, ni que no la puedan ocupar en cosas útiles. Ya adviertes que hablo del entendimiento. A los hombres sucede lo mismo. Entre ellos, unos tienen más talento que otros, y unos mejor que otros lo emplean.(42)

La educación, bien o mal dirigida en ellos y la clase de vida a que nacen sujetos, hace que unos tengan entendimientos ilustrados y otros vulgares o incultos; pero así como fuera necedad decir que todo payo, que todo cargador o cochero es tonto por ser cochero, cargador o campesino, así lo es persuadirse a que toda mujer es tonta solamente porque es mujer, pues la que tenga una regular capacidad y aplicación, podrá aprender lo que la enseñaren y hacerse sabia, como se han hecho innumerables, cuyos ejemplares prueban esta verdad por el efecto.

Un gran catálogo se podría escribir(43) de las mujeres que se han distinguido en el mundo por sus sobresalientes luces. Desde el siglo XIII comenzó a brillar el sexo en la carrera de las ciencias. La primera mujer que se nota, dice monsieur Tomás en su Pintura de las mujeres,(44) es la hija de un caballero bolonés que cultivó el estudio de la lengua latina y de las leyes. A los veinte y tres años había ya pronunciado en la iglesia mayor de Bolonia una oración fúnebre en latín; sin que hubiese menester para ser admirada, ni las gracias de su juventud, ni de los demás hechizos de su sexo. A los veinte y seis recibió el grado de doctor,(45) y leyó públicamente en su casa la Instituta de Justiniano.(46) A los treinta logró por su grande reputación una cátedra, en que enseñó el derecho a un prodigioso concurso de todas las naciones. Reunió en sí las gracias de mujer y las ideas de hombre, y cuando hablaba, hacía olvidar el mérito de su belleza.

En el siglo XIV se renovó el mismo ejemplar en dicha ciudad, y se repitió otro semejante en el XV.(47)

Por los años de 72 y 73 del siglo pasado desempeñó una mujer una cátedra de física en Bolonia.

En el siglo XVI(48) se distinguieron en Venecia dos célebres mujeres; la una (Modesta di Pozzo di Zorzi)(49) compuso muchas obras buenas en verso serio, jocoso, heroico o tierno, y algunas églogas que fueron representadas en los teatros. La otra (Casandra Fidele),(50) una de las mujeres más sabias de Italia, escribió con igual suceso en las tres lenguas de Homero, Virgilio y Dante, así en verso como en prosa. Fue muy sabia en la filosofía de su siglo y demás precedentes; cultivó la teología, defendió conclusiones, enseñó públicamente en Padua muchas veces, añadiendo la música a todos estos conocimientos, y ensalzó mucho más sus talentos por sus buenas costumbres, las cuales le granjearon el aplauso de los sumos pontífices y el homenaje de los reyes.

En Milán hubo una ilustre doncella de la casa de Tribulcio que pronunció en la lengua antigua de los romanos muchos elocuentes discursos en presencia de algunos soberanos.

En Nápoles, la llamada Sarrochia(51) que compuso un famoso poema, y fue en su vida comparada con el Tasso.

En España lució una Isabel de Foyá y Roseres(52) que, habiendo predicado con aplauso en la catedral de Barcelona, fue a Roma en tiempo de Paulo III, donde convirtió muchos judíos con su elocuencia, y comentó con aplauso a Juan Scoto en presencia de papas y cardenales.

Hubo también en España una Isabela de Córdoba(53) que supo el latín, el griego y el hebreo, y siendo ya célebre por su hermosura, reputación y riquezas, recibió el grado de doctor(54) y después el de teóloga.

Catalina de Rivera,(55) en el mismo siglo, compuso varias poesías.

Aloisia Sigea de Toledo,(56) más célebre que las tres antecedentes, además del latín y griego, supo el hebreo, el arábigo y siriaco; escribió una carta en estas cinco lenguas al papa Paulo III, y fue después llamada a la corte de Portugal. Allí compuso muchas obras, y murió joven.

Ustedes se cansarían de oír hablar de semejantes mujeres, si yo tratara de compilar sus nombres. Baste saber que en todos los tiempos han sobresalido muchas en las ciencias, y en todos los pueblos cultos, a proporción que ha reinado en ellos el buen gusto.

En lo antiguo maravillaron a Roma y a Grecia, y en lo moderno, Italia, España, Francia, Inglaterra y la Europa toda ha sido teatro en que han lucido los talentos elevados de las mujeres. Aún hoy vive en España la señora doña María Rosa Gálvez,(57) famosa poetisa como lo acreditan sus obras y especialmente sus tragedias.

Ni se ha quedado nuestra América envidiosa de tales glorias. Muchas señoras americanas han sido pruebas(58) de esta verdad, y si no fuera por no singularizar, yo nombraría algunas que México conoce.

Todo lo que manifiesta que las mujeres sabrán a proporción de sus talentos y del cultivo que les dieren, sin que sea su sexo un estorbo para aprender, ni menos un motivo que justifique su ignorancia.

Esto digo porque se observa frecuentemente que muchos padres y madres no sólo no se afanan en cultivar los talentos de sus hijas, sino que se creen exentos de esta obligación, y tienen por perdida toda la instrucción que pudieran recibir. La niña lee mal, escribe peor, no conoce un número, ignora los fundamentos de su religión, comete al hablar mil barbarismos, está llena de supersticiones, y últimamente, es una criatura la más ignorante de la familia, no importa, es mujer, no ha de ser sacerdotisa, ni jurista, ni médica, etcétera, etcétera, y así nada se pierde con que no sepa ni hablar.

Así se explican muchos padres con su método de educación, creyendo que porque sus hijas son mujeres quedan a cubierto de la nota de ignorantes, y ellos de la que les acarrea su indolencia; pero en realidad ellos siempre pasan por unos descuidados entre los sensatos y hacen a sus hijas un agravio; pues abandonar a éstas por mujeres, es lo mismo que decir: mi hija es mujer, pues más que(59) sea una bestia.

Lo peor es que al tiempo que se descuidan en enseñarles a las mujeres lo útil, se pone el mayor esmero en llenarles la fantasía de necedades y en que aprendan lo que jamás debían saber.

Si son bonitas, desde muy tiernas se les hace conocer su mérito con las repetidas alabanzas que se les tributan; si son de genio vivo, se les persuade que tienen gran talento; si son locuaces o habladorcillas, se les significa que son sabias, y en una palabra, si bailan, si cantan, si tocan o tienen alguna mínima habilidad, se la encarecen con los más lisonjeros encomios. Las pobres mujeres creen que no tienen más que saber y que son en su clase Salomones.

Con semejante método ¿qué hay que extrañar que el común de las mujeres sea necio, superficial, vano y soberbio? ¿Pueden ser más cuando no se les enseña otra cosa? ¿Y culparemos al sexo ignorante y futil(60) o a los padres que lo educan entre bagatelas e ignorancia?

Los ejemplos de estas mujeres ilustres que he citado prueban hasta la evidencia que el sexo es capaz de saber y de pensar lo mismo que los hombres enseñados; mas no por esto digo que se dediquen todas las mujeres a los estudios serios y abstractos, ni que todas aspiren a merecer regentear una cátedra, ni pronunciar una oración en una iglesia. Esto sería pretender que saliesen de su esfera. Las mujeres sabias y varoniles, no son comunes; pero se citan para demostrar que el sexo no es embarazo para tener ni saber cultivar un buen talento, como se piensa vulgarmente.

Sin embargo, estas mujeres raras(c) son más para admiradas que para seguidas, y yo estoy muy lejos en(61) persuadir que se hagan las mujeres estudiantes. A la verdad, que no han nacido sino para ser esposas y madres de familia. En sabiendo cumplir con estas obligaciones, seguramente serán mujeres sabias en su clase, y utilísimas a la sociedad; ¿pero acaso es muy poco lo que tienen que aprender las que desean desempeñar estas cargos perfectamente..? A este tiempo entró el ranchero Pascual, y su visita interrumpió el discurso del coronel, que continúa en el capítulo segundo.(62)



(1a) 1ª, 2ª, 3ª y 4ª omiten este epígrafe.

(1)  El encabezado incluye "Historia muy cierta con apariencias de novela". Lo eliminamos para uniformar con el tomo I.

(2)  4ª omite "los".

(3)  4ª omite "mi".

(4)  4ª omite "me".

(5)   Añadido en 3ª y 4ª; 2ª: "de".

(6)  Tlaxpana. Entre el bosque de Chapultepec y la calzada México-Tacuba.

(7)  Alameda. Cf. nota 57 al cap. VI.

(8) 1ª decía "demostraciones", corregimos de acuerdo con 2ª, 3ª y 4ª.

(9)  4ª: "las".

(10)  Tepotzotlán. El seminario de San Martín se fundó en el pueblo de Tepotzotlán (municipalidad del distrito de Cuautitlán) en 1548 a solicitud de los padres de la Compañía de Jesús. Su fundador fue Martín Maldonado. Cuando los jesuitas fueron expatriados, el colegio fue destinado por Alonso Núñez de Haro y Peralta, arzobispo de México, a servir para instrucción de jóvenes ordenados. Al volver los jesuitas a México, Manuel Bolea Sánchez de Tagle fabricó un nuevo noviciado. El colegio y convento fueron expropiados por las leyes de Reforma.

(11)  Fernández de Lizardi fue hijo de un médico de Tepotzotlán. Así pues, por lo menos en esta parte, echa mano de elementos autobiográficos directos.

(12)  3ª y 4ª: "llorarían".

(13)  3ª y 4ª: "acompañarían".

(14)  4ª omite "buen".

(15)  2ª: "recebimiento".

(16)  2ª: "puedo".

(17)  caracoles. Caireles.

(18)   2ª, 3ª y 4ª: "las".

(19)  3ª y 4ª: "aquellas".

(20)  4ª: "de".

(21)  cambray. Tela de hilo muy fino que se fabricaba en Cambray, Francia.

(22) 2ª: "tiene".

(a) Tales son las Vizcaínas [colegio fundado en 1732 por Manuel Aldaco, Francisco de Echeveste y Ambrosio Meave], Belén [la fundación del Colegio de San Miguel de Belén, siglo XVII, se debió a fray Domingo Pérez de Barcia], la Enseñanza [sor María Ignacia Azlor, monja benedictina, fundó este convento en 1754. Limitaba al norte con la calle de la Encarnación; al este y oeste por casas particulares y al sur, con la calle de Cordobanes (hoy cuarta de Donceles). En 1811 el obispo Márquez de Castañiza fundó el de Betlemitas o Enseñanza Nueva, era un monasterio para indígenas que se llevó a varias religiosas de la Enseñanza Antigua. Se hallaba en la calle del Colegio de Guadalupe. Después, las religiosas fueron trasladadas al convento de San Juan de Dios, y posteriormente al de la Orden Hospitalaria de los Betlemitas. Finalmente, volvieron a la Enseñanza Antigua. En la actual calle de Donceles se encuentra la iglesia de la Enseñanza], y todos los conventos de religiosas y colegios de niñas.

(23)  2ª y 4ª omiten "todo".

(b)  Cuantas objeciones generales se pueden oponer a este dictamen son tan débiles, que se destruyen con un soplo. Quítense del mundo las preocupaciones y serán más felices los mortales.

(24)  4ª omite "no".

(25)  Añadido en 3ª y 4ª.

(26)  4ª: "aseo".

(27)  embarcernar. Ejecutar cierta especie de bordado en lana o seda, entresacando los hilos de la tela y haciendo luego labores matizadas. Cf. Santamaría, Dicmej.

(28)  Filis. Reina de Tracia. Tuvo amores desgraciados con Demofonte, hijo de Teseo, según las lamentaciones que escribe Ovidio en la segunda de las Heroídas.

(29)  chichiguas. Cf. nota 22 al cap. V.

(30)  pilmamas. Cf. nota 1 al cap. II.

(31)  2ª y 4ª omiten "una que otra cosa".

(32)  3ª y 4ª omiten "de".

(33)  4ª: "ampollado". Ampolludo o ampollado es ahuecado, ampuloso. Es "la cosa, ó el cuerpo elevádo sobre su natural, y lleno de áire." Cf. Diccionario de autoridades.

(34)  Añadido en 2ª y 4ª.

(35)  Añadido en 3ª y 4ª.

(36)  bigornia. Yunque con dos puntas opuestas.

(37)  frasca. Cf. nota 45 al cap. VII.

(38)  2ª, 3ª y 4ª omiten "y".

(39)  Añadido en 4ª.

(40)  3ª y 4ª omiten "que".

(41)  Añadido en 3ª y 4ª.

(42)  4ª: "y unos lo emplean mejor que otros".

(43)  4ª: "formar".

(44)  Pintura de las mujeres. Cf. nota 9 al cap. IV.

(45)  4ª: "doctora".

(46)  Justiniano I. Emperador de Oriente. Por su iniciativa, los juristas reunieron dos grandes obras: Digesto o Pandecta y Codex, que contienen el conjunto de constituciones imperiales. Más tarde a estas colecciones se añadió el Instituta (Instituciones). Las constituciones posteriores fueron reunidas bajo el denominador común de Novellae. Las cuatro obras legislativas constituyen el Corpus iuris civilis.

(47)  4ª: "XVI".

(48)  4ª: "XIV".

(49)  Modesta Pozzo (1555-1592). Poetisa italiana. Dominó varios idiomas, además de la geografía, la historia, las matemáticas, el dibujo y la música. Publicó sus poesías con el seudónimo de Fonte. Algunas de sus obras son: Il floridoroLa passione del Christo, in ottava rimaLa resurrezione di ChristoIl merito delle donne.

(50)  Cassandra Fedele (1465-1567?). Sabia italiana. Nació en Venecia. Desde su infancia ya era objeto de admiración. Sabía literatura griega, latina, filosofía, historia, teología, poesía y música. Mantenía correspondencia con el papa León X, el rey Luis XII de Francia y con Fernando de Aragón. Isabel de Castilla quiso tenerla en su corte; pero no se le permitió ir. Su especialidad era la elocuencia. En varias ocasiones pronunció discursos en latín. Uno de ellos lo pronunció en Padua (1487) con motivo de que un pariente suyo canónigo recibió el lauro de doctor. Otros tuvieron como tema el nacimiento de Cristo y las bellas letras. Cuando enviudó se hizo monja y llegó a ser la superiora del convento de Santo Domingo de Venecia.

(51)  4ª: "Sarrochie".

(52)  Isabel de Foyá (o Foxa) y Roseres. Española del siglo XVI versada en ciencias y lenguas antiguas. Tanto Thomas en su Historia de las mujeres cuanto madame de Mongellas en La influencia de las mujeres en las costumbres y la suerte de las naciones, la citan como portento de sabiduría.

(53)  Isabela de Córdoba. "Dama ilustre española. Vivió durante el siglo XVI en Toledo y en Sevilla. Muy versada en latín, griego, árabe y hebreo. Poseyó los grados de doctora en filosofía y teología. La alabaron cumplidamente Vives, Lebrija y los hermanos Valdés. Nada más se sabe de ella." Cf. Federico Carlos Sáinz de Robles,Ensayo de un diccionario de mujeres célebres, Madrid, Aguilar, 1959, p. 292.

(54)  4ª: "doctora".

(55)  Catalina de Rivera. Fue una poetisa española del siglo XVI. Conocía el griego y el latín. Fue monja de Santa Inés en Sevilla. Thomas en su obra dice que compuso poesías devotas y poesías amorosas.

(56)  Por Luisa Sigea de Velasco (1530?- 1560?). Humanista española. Se le llamó la Toledana. Tuvo gran renombre por sus conocimientos de las lenguas latina, griega, caldea y hebrea. Escribió en latín y español cartas y poesías.

(57)  María Rosa de Gálvez (1768-1806). Poetisa española. Amante de Godoy, llamado "Príncipe de la Paz". Entre sus obras tenemos: Los figurones literariosLa familia a la modaUn loco hace cientoBlanca de Rossi y El egoísta. Sus obras fueron conocidas por 3 volúmenes titulados Obras poéticas, que contienen varias poesía líricas, comedias, tragedias, óperas, y piezas en un acto y unipersonales; Madrid, 1804.

(58)  3ª y 4ª: "prueba".

(59)  3ª omite "que". 4ª: "aunque".

(60)  2ª: "sutil". 4ª: "inútil".

(c)  Raras en comparación de todo el sexo; pero muchas en lo particular y bastantes a hacer regla para nuestro intento.

(61)  4ª: "de".

(62)  2ª: "capítulo sexto". 3ª y 4ª: "capítulo XIII".